En "El País":
1. El capricho. Columna de Elvira Lindo.
2. Recordando a 'mister' Holmes. Por Manuel Rodríguez Rivero.
3. El triunfo de los perdedores. Reportaje. Los indignados logran que la clase política se comprometa a ahondar en la regeneración democrática - La banca ignora la protesta.
4. Pisa suspende a uno de cada cinco alumnos en lectura digital. Ser nativo 'on line' no garantiza el uso eficaz de las tecnologías - El primer informe de la OCDE sobre la materia sitúa a España por debajo de la media. Enseñar a los alumnos a pensar. Tras dos años, la implantación del programa Escuela 2.0 es desigual en España.
5. La política en el epicentro de la indignación. Artículo de Antonio Estella, catedrático Jean Monnet de Derecho de la UE, Universidad Carlos III de Madrid.
6. Final conocido. Artículo de Juan Cruz sobre Jorge Semprún.
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miércoles, 29 de junio de 2011
martes, 28 de junio de 2011
PRENSA. 28 junio 2011
En "El País":
1. El agujero. Columna de Rosa Montero.
2. Gracias, Federico Sánchez. La 'Fundación Amigos del Museo del Prado' celebra hoy un homenaje al autor de 'La escritura o la vida', fallecido el pasado día 7. Con ese motivo, el escritor italiano Claudio Magris le rinde tributo en este texto que adelanta EL PAÍS.
3. Céline, intratable. Por Fernando Savater.
4. Democracia directa, sí... pero con cuidado. Reportaje. La experiencia de Suiza y California aconseja manejar con gran cautela las armas del referéndum y las iniciativas populares.
5. La crisis de Europa, una oportunidad para China. Artículo de Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la 'Hoover Institution' de la Universidad de Stanford. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
1. El agujero. Columna de Rosa Montero.
2. Gracias, Federico Sánchez. La 'Fundación Amigos del Museo del Prado' celebra hoy un homenaje al autor de 'La escritura o la vida', fallecido el pasado día 7. Con ese motivo, el escritor italiano Claudio Magris le rinde tributo en este texto que adelanta EL PAÍS.
3. Céline, intratable. Por Fernando Savater.
4. Democracia directa, sí... pero con cuidado. Reportaje. La experiencia de Suiza y California aconseja manejar con gran cautela las armas del referéndum y las iniciativas populares.
5. La crisis de Europa, una oportunidad para China. Artículo de Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la 'Hoover Institution' de la Universidad de Stanford. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
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viernes, 17 de junio de 2011
PRENSA. 17 junio 2011
En "El País":
1. Horizontalidad. Columna de Juan José Millás.
2. Micro y calle. Por David Trueba.
3. Joyce acude al rescate de Dublín en el Bloomsday. Reportaje de Juan Cruz (enviado especial). Fiesta e ironía anticrisis en la conmemoración anual del día en que el autor irlandés situó la acción de su 'Ulises'.
4. La tercera patria de Jorge Semprún. Artículo de Jean Daniel, fundador y editorialista de 'Le Nouvel Observateur'. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
5. Cuestión de Estado. Artículo de Antonio Elorza, catedrático de Ciencia Política.
6. La guerra, cada vez más privada. Reportaje de Silvia Blanco. Libia es el nuevo hábitat de mercenarios contratados por Gadafi y empresas de seguridad militar occidentales - El negocio mueve 100.000 millones al año.
7. CINE. Crítica de cine. Éxodo en ataúd (El viaje del director de recursos humanos, de Eran Riklis. Por Javier Ocaña). La llegada del otro (Naufragio, de Pedro Aguilera. Por Jordi Costa). Puertas a la pesadilla (América, de Joao Nuno Pinto. Por Jordi Costa). Una soledad con alma (Un cuento chino, de Sebastián Borensztein. Por Carlos Boyero).
1. Horizontalidad. Columna de Juan José Millás.
2. Micro y calle. Por David Trueba.
3. Joyce acude al rescate de Dublín en el Bloomsday. Reportaje de Juan Cruz (enviado especial). Fiesta e ironía anticrisis en la conmemoración anual del día en que el autor irlandés situó la acción de su 'Ulises'.
4. La tercera patria de Jorge Semprún. Artículo de Jean Daniel, fundador y editorialista de 'Le Nouvel Observateur'. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
5. Cuestión de Estado. Artículo de Antonio Elorza, catedrático de Ciencia Política.
6. La guerra, cada vez más privada. Reportaje de Silvia Blanco. Libia es el nuevo hábitat de mercenarios contratados por Gadafi y empresas de seguridad militar occidentales - El negocio mueve 100.000 millones al año.
7. CINE. Crítica de cine. Éxodo en ataúd (El viaje del director de recursos humanos, de Eran Riklis. Por Javier Ocaña). La llegada del otro (Naufragio, de Pedro Aguilera. Por Jordi Costa). Puertas a la pesadilla (América, de Joao Nuno Pinto. Por Jordi Costa). Una soledad con alma (Un cuento chino, de Sebastián Borensztein. Por Carlos Boyero).
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jueves, 16 de junio de 2011
PRENSA CULTURAL. Homenaje a Jorge Semprún: "Cinco aproximaciones a un largo viaje" (y 5), por Bernard Henri-Lévy
Jorge Semprún
Cinco aproximaciones a un largo viaje (y 5)
BERNARD-HENRI LÉVY 09/06/2011
Jorge Semprún recibirá el homenaje póstumo de la 'Fundación Amigos del Museo del Prado'. Lo que sigue es el discurso del pensador Bernard-Henri Lévy sobre su legado múltiple que leerá en la ceremonia, prevista para el 28 de junio.
E iba a olvidar al europeo.
Europa es -ustedes quizá no lo saben- uno de los grandes combates de mi existencia.
Ahora bien, considero que Semprún es, desde hace 30 años que lo conozco, uno de los mejores combatientes de esta idea europea.
No hablo solamente de sus tesis o, para hablar como André Suares, de sus vues sobre Europa.
No hablo ni del concepto de "supranacionalidad" que toma prestado del Husserl de las dos conferencias de 1935, en Viena y Praga, ni de su meditación incesante, al margen de las dos mismas conferencias, sobre el cansancio de Europa y los medios de superarlo.
Ni siquiera hablo de su manera de bordar en sus dos últimos libros, El hombre europeo y después Pensar en Europa, alrededor de la frase de Renan: "Francia se muere, no perturbéis su agonía" -frase que él enunciaría: "Es medianoche menos cinco en Europa, ¿qué hacer para perturbar, detener, quizá impedir, su muerte anunciada?"-.
Hablo de él, verdaderamente de él -es decir, indistintamente, de su identidad y su obra-.
¿Su identidad? No hay necesidad de hacerles un croquis. He aquí un hombre que, desde hace medio siglo, vive entre Francia y España. He aquí un escritor que ha nacido español, pero que hablaba el neerlandés a los 16 años, el alemán a los 20 y que redacta, después, la mayor parte de sus libros en francés. Y he aquí -es quizá lo más turbador- un intelectual comprometido que, al salir de la adolescencia, pone su vida en peligro para defender una Francia que debía, imagino, tener un poco por su patria y que, llegado a la edad de la madurez, se pone, al convertirse en ministro, al servicio de una España que debía ser también, para que él lo hiciera, una especie de segunda patria. Y bien, de este personaje fuera de norma, de este doble patriota, de este Jano (haría falta otra palabra para referirnos a la dificultad de la elección de los rostros...) se tienen ganas de decir lo que Gide decía de sí mismo en su debate inaugural con el autor de La colina inspirada: "Nacido en París, de un padre de Uzès y una madre normanda, ¿dónde quiere usted, señor Barrès, que me arraigue?". Y es, por otra parte, aproximadamente lo que él dice cuando, en 1988, Felipe González envía un emisario a sondearlo y enterarse, de paso, de su nacionalidad: "Dígale al presidente que soy bastante apátrida; bilingüe, luego esquizofrénico, luego sin raíces y apátrida" -y además, de manera bastante recurrente para que no me preocupe una referencia demasiado precisa: "No soy ni de aquí, ni de allí, ni tampoco de allá lejos, soy del campo de concentración de Buchenwald". Nada de verdadera nacionalidad. Nada de identidad fijada ni asignada. O sí, una identidad -pero múltiple, hojaldrada, en la encrucijada de sus destinos y sus elecciones-.
¿Su obra? Es la misma cosa. La Franca de La montaña blanca que recupera el italiano cuando dice obscenidades... El soldado americano de La escritura o la vida que recita su Padrenuestro en español en el momento en que, en Buchenwald, descubre las montañas de cadáveres... Karol, en La montaña blanca también, que piensa en checo y sueña en alemán... El narrador de Adiós, luz de veranos, que se identifica como hispano-francés, pero cuyos monólogos interiores fluyen en alemán... Los libros que escribe, lo he dicho, en francés... Aquellos para los cuales, habría debido decirlo, vuelve al español... Los que están escritos, en París, en español y en Madrid, en francés... 'Pensar en Europa', esa colección de conferencias escritas tanto en una lengua como en la otra, pero reescritas en alemán para ser dichas, por él, en alemán... En breve, ese juego con los léxicos del que no se cansa, ese puzle, esa confusión de las inspiraciones, esos desenganches, esas arritmias, esas fulguraciones del castellano que llegan a perturbar la arquitectura del francés, esas reminiscencias del alemán que dan su relieve a su español y su francés, esos atajos entre las palabras, esas asociaciones libres y oblicuas, esa otra memoria que es la memoria de la palabra y de la cual no se siente menos el testigo y el autor.
Semprún, el transmisor.
Semprún como una travesía.
Semprún como una prodigiosa torre de Babel que resuena de todas esas lenguas de Europa.
Es una Europa para él solo.
El espíritu europeo encarnado.
No hay necesidad de hablar de Europa para que Europa, como tal, hable en él y a su través se haga.
Y no hay necesidad de defenderla para que resista, por él, a los malos demonios que la asaltan y la ponen en peligro.
Pues nosotros estamos en esto, señoras y señores. Somos los testigos y seremos, un día, las víctimas de esta nueva fatiga de Europa. La hemos visto construirse y estamos quizá en curso de verla destruirse. Y bien, es una última razón para leer a Jorge Semprún. Es la última razón, a mis ojos, para quererlo como deberían ser queridos los tesoros vivos de la nación europea. Y es mi última razón para dirigirle, aquí, este respetuoso y fraternal saludo.
Traducción de Antonio Abellán "Vio aparecer el coche de Zapata, que llegaba por la rue Froidevaux. Era un Jaguar. En esto, por lo menos, el viejo truhán no había cambiado de gustos. El coche circulaba..." Netchaiev ha vuelto (1987)"Los coches aparcaron junto a la acera. Hubo un ruido de portezuelas que se abrían y cerraban. Se desplegaron los escoltas. Un poco más allá..." Federico Sánchez se despide de ustedes (1993)
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miércoles, 15 de junio de 2011
PRENSA CULTURAL. Homenaje a Jorge Semprún: "Cinco aproximaciones a un largo viaje" (4), por Bernard Henri-Lévy
Jorge Semprún
Cinco aproximaciones a un largo viaje (4)
BERNARD-HENRI LÉVY 09/06/2011
Jorge Semprún recibirá el homenaje póstumo de la 'Fundación Amigos del Museo del Prado'. Lo que sigue es el discurso del pensador Bernard-Henri Lévy sobre su legado múltiple que leerá en la ceremonia, prevista para el 28 de junio.
Quiero hablarles del escritor.
Quiero hablarles del gran prosista que es también, del que se sabe ya que quedará como uno de los más poderosos, más inventivos y más nuevos de la literatura de la segunda mitad del siglo XX y el principio del siglo siguiente.
El maestro en palimpsestos.
El narrador testarudo, un poco loco, cuya obra es como la reescritura interminable de algunas escenas de un pasado que nunca se ha decidido a pasar.
Me gusta ese arte que él inventa, y que no pertenece más que a él, de volver a pasar incansablemente por las mismas estaciones de una vida cuyos sortilegios no acaba de escrutar para desencantarlos.
Me gusta ese arte de la vuelta, el bucle o la espiral que me hace pensar a veces, tanto, en la práctica de la serie en la pintura contemporánea como en el gusto del cuestionamiento, es decir, de la rumia, en un Talmud que, sin embargo, él apenas conoce, que yo sepa.
Me gusta que se pueda encontrar dos veces, tres veces la misma historia del mismo "muchacho de Semur", cada vez con una variante que cambia todo y enriquece el testimonio.
Me gusta ese arte de la nueva toma que le hace volver, y nosotros con él, cada vez con nuevos efectos de transmisión y nunca jamás con la impresión de la redundancia, a Madrid, Joigny, Buchenwald, Praga, La Haya, Autheuil-sur-Eure.
Me gusta esa bella idea de escritor, esa idea posproustiana y apenas menos fecunda, en mi opinión, que la gran hipótesis de La Recherche, según la cual la memoria se nutre de sí misma, crece de lo que escupe o de lo que se saca de ella; me gusta la idea de que los libros no desecan la memoria sino que la avivan; me gusta que él piense, y pruebe, que beber en sus recuerdos no los agota sino que los fertiliza; me gusta, dicho de otra manera, que vaya contra la idea recibida, y tan tonta, de una memoria masiva, pasiva, que esperaría, en el limbo, que se vaya a inventariar, tratar, sus stocks para ponerlos, una vez por todas, a la falsa luz de un relicario; y me gusta que él diga, por ejemplo, que tenía menos imágenes de los campos antes de haber escrito El largo viaje o Aquel domingo que después...
Me gusta que haya hecho teatro: Gurs, esa tragedia política posbrechtiana que mostraba, en 2004, el famoso campo francés donde fueron encerrados los republicanos españoles vencidos y después algunos de los judíos en tránsito hacia Auschwitz; o ese Regreso de Carola Neher, que tampoco he visto nunca representado, pero que he leído, y en el que he sentido un estremecimiento, y un tono, que no había conocido más que en Camus, Giraudoux o Sartre, para limitarme a sus casi contemporáneos.
Me gusta que haya sido un inmenso guionista de cine; lo vuelvo a ver, en Saint-Paul de Vence, en la Colombe d'Or, que es, desde nuestro primer encuentro, una de nuestras casas compartidas; lo vuelvo a ver con Colette, su mujer y compañera, y vuelvo a ver a los dos con Montand, su actor, discutir de una réplica de La confesión o de una situación de La guerra ha terminado como si se tratara de su misma vida; y me vuelvo a ver pensando que esa gracia que le hacía sobresalir tanto en un género como en otro, esa suerte que le permitía dialogar de igual a igual con uno de los mayores actores franceses de la época tan bien como con Shalamov o Alexander Solzhenitsin, eran lo más deseable que había en este mundo.
Me gusta el filósofo -pues también es filósofo- que especula en Buchenwald, con su maestro Halbwachs agonizante, sobre la cuestión del mal radical.
Me gusta que sea uno de los últimos vivientes (¿hay que decir superviviente?) con el que se puede hablar seriamente de esa filosofía alemana de la que nunca ha pensado que haber sido formulada en la futura lengua de los verdugos bastaba para condenarla (el mismo punto de vista, ¿verdad?, que Celan sobre la poesía...).
Y me gusta, naturalmente, que este novelista, este testigo, este hombre de teatro y cine, este metafísico, haya sido también un hombre de acción, y qué hombre de acción: el maquisard, ya lo he dicho; el dirigente clandestino de un partido prohibido, es sabido; pero también, y es quizá lo más notable, el joven héroe que, a los 22 años, el 11 de abril de 1945, toma las armas para, con otros, liberar Buchenwald.
¿Quién puede jactarse hoy de ser este escritor total?
¿Qué queda para perpetuar esa tradición que él no encarna, después de todo, peor que un Sartre o un Malraux?
¿Está Semprún, como sucede muchas veces, demasiado presente, demasiado vivo -es igualmente demasiado modesto- para que salte a la vista, como tendría que hacerlo, la evidencia de esta filiación?
No sé. Pero no me desagrada rendirle esta otra justicia.
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martes, 14 de junio de 2011
PRENSA CULTURAL. Homenaje a Jorge Semprún: "Cinco aproximaciones a un largo viaje" (3), por Bernard Henri-Lévy
Jorge Semprún
Cinco aproximaciones a un largo viaje (3)
BERNARD-HENRI LÉVY 09/06/2011
Jorge Semprún recibirá el homenaje póstumo de la 'Fundación Amigos del Museo del Prado'. Lo que sigue es el discurso del pensador Bernard-Henri Lévy sobre su legado múltiple que leerá en la ceremonia, prevista para el 28 de junio.
Está el Semprún antitotalitario.
Es decir el antifascista, siempre. Pero el antifascista hasta el fin. El antifascista sin límites. El antifascista que no teme reconocer el hocico de la Bestia bajo sus máscaras aparentemente sonrientes, aunque fuera la de la "emancipación comunista", tal como la creyó él mismo hasta su ruptura con el estalinismo, después con el Partido, al principio de la década de 1960.
Está, para ser preciso, el Semprún que, cuando reescribe El largo viaje (esa novela en la que Lukacs veía aún rastros de realismo socialista) para hacer de ella Aquel domingo (esa novela de 1980 que toma al fin toda la medida del fenómeno de los campos de concentración), lo hace a la luz de dos acontecimientos de la Historia real que son también acontecimientos de su historia personal.
La reapertura por los soviéticos en agosto de 1945 de una parte de Buchenwald, rebautizada 'Campo Especial número 2', donde fueron internados hasta enero de 1950 antiguos nazis pero también opositores de todo género: no es que Semprún lo haya ignorado nunca, por supuesto, pero tardó en darse cuenta de ello; tardó, como muchos otros, en creer lo que veía y captar lo que sabía; tardó, por ejemplo, en tomar la medida del gesto de ocultación que consistió en plantar en 1950 un bosque, un bello y risueño bosque, en el lugar de ese crimen redoblado y triplicado por esa ocultación misma; pero cuando tomó nota, cuando comprendió lo que se jugaba en esta tierra alemana que pasó, sin transición, de un totalitarismo al otro, fue como un velo que se desgarra y una evidencia que surge.
Y luego, segundo acontecimiento, la publicación de Un día en la vida de Iván Denisovich, ese libro monumento, de efectos multiplicados por la llegada algunos años más tarde del Archipiélago Gulag, cuya lectura fue para Semprún otra revelación que daba a ver, realmente ver, es decir, pensar, la comunión entre lo que él había vivido en Buchenwald y lo que vivían, en el mismo momento, los zeks del Kolyma: califiqué en su momento la obra de Solzhenitsin de Divina Comedia de nuestro tiempo; dije cómo y por qué había hecho falta esta obra de arte para terminar con las reticencias a escuchar las palabras de Rousset, Ciliga, Istrati; creo que Semprún creía esto; lo sé; y sé que ahí está una de las claves de su conversión al antitotalitarismo radical.
Pues ese Semprún es el Semprún que yo he conocido.
Es el Semprún que, al final de la década de 1970, cuando estalló el escándalo de los nuevos filósofos, fue uno de los pocos grandes intelectuales que vino a nuestro encuentro. Igual que fue uno de los poquísimos, cuatro años más tarde, en venir en apoyo de una Ideología francesa que fue el peor recibido de mis libros y que todavía hoy permanece maldito.
Lo volví a ver en Tiburce, un pequeño restaurante de la rue du Dragon, en París; él tenía sus costumbres.
Era todavía joven, pero tenía ya esa bella cabeza blanca que le hacía parecerse a don Diego de Vivar, el padre del Cid.
Tenía esa mirada guerrera, pero que se velaba y se hacía un poco espectral cuando evocaba "sus" muertos: antepasados gloriosos de la guerra de España; "compañeros", como él decía, "idos en humo en Buchenwald"; pero también, desde entonces, muertos del Gulag.
Y luego esa voz melodiosa que podía cambiar bruscamente de registro en la misma frase: bajando un tono, como si revelara un terrible secreto, cuando volvía sobre tal detalle, tal episodio tortuoso y convertido, con el tiempo, en casi incomprensible, de la vida de Federico Sánchez, su doble en la clandestinidad, y subiendo hasta los agudos, casi estridente, cuando se inflamaba sobre tal o cual debate contemporáneo que a mí me parecía zanjado, pero en el que ponía toda su pasión contenida mucho tiempo (si los trotskistas eran estalinistas disfrazados... si existía una alternativa a la economía de mercado... el juego de François Mitterrand con el Programa Común y los comunistas... el caso Régis Debray...).
Para ese Semprún, la cosa no tenía ya duda.
El nazismo era único y comparable.
Excepcional e histórico.
Había que mantenerse firme sobre la singularidad de sus crímenes. Pero haciendo esto, había que servirse de él como de una medida, de una escala que permite juzgar los demás crímenes y, en particular, los crímenes del estalinismo.
Yo no estoy seguro de que hoy seamos conscientes del peso que en esos años podía tener un apoyo semejante.
Me vuelvo a ver aquí, en Madrid, dos o tres años después de la barbarie y mi primer encuentro con Jorge. Salgo de un programa que se llamaba La clave, en el que me había enfrentado a Santiago Carrillo, el viejo secretario general del PCE, que no había aprendido ni olvidado nada y cuyas mentiras yo había denunciado. Un semanario madrileño titularía -pero yo aún no lo sabía- BHL, el que puso KO a Carrillo. Y yo estoy muy inquieto, en ese momento, por la manera en que la opinión democrática y posfranquista habría recibido esa imagen del viejo león golpeado por el nuevo filósofo francés. Ahora bien, he aquí que, ya en mi hotel, recibo una llamada de Federico Sánchez, alias Jorge Semprún, dicho de otra manera, de todos los antiguos camaradas de Carrillo, el que mejor le conocía en la época. Y no pueden imaginar mi alegría, mi más profunda alegría, alivio y orgullo mezclados, cuando oigo la voz clara de este demócrata impecable, de este antifranquista intachable, de este grande de España que es también una de las autoridades morales de la época, decirme que tengo razón, plenamente razón, y que está feliz de haberme oído decir tan alto lo que él, durante tanto tiempo, ha pensado demasiado bajo.
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lunes, 13 de junio de 2011
PRENSA CULTURAL. Homenaje a Jorge Semprún: "Cinco aproximaciones a un largo viaje" (2), por Bernard Henri-Lévy
Jorge Semprún
Cinco aproximaciones a un largo viaje (2)
BERNARD-HENRI LÉVY 09/06/2011
Jorge Semprún recibirá el homenaje póstumo de la 'Fundación Amigos del Museo del Prado'. Lo que sigue es el discurso del pensador Bernard-Henri Lévy sobre su legado múltiple que leerá en la ceremonia, prevista para el 28 de junio.
Luego viene el antifascista. El antifascista más allá de España y a causa de ella. Luego viene la gesta de un escritor cuya obra, en una buena mitad, no tendrá otro objeto, a partir de ahí, que el de instalar a su autor en la posición de Testigo de ese Acontecimiento nazi del que la guerra de España habría sido el anuncio y que él, por una vez, habría recibido en su carne: resistente, primero, en los maquis de Borgoña, luego deportado a Buchenwald, en ese campo de la muerte erigido -él insistía en ello con frecuencia- a ocho kilómetros del árbol de Goethe...
Pongo una mayúscula a Acontecimiento para resaltar la singularidad radical, en la historia general de las matanzas, del momento nazi tal como lo ha padecido y pensado Jorge Semprún.
Y también pongo otra a Testigo para decir que nadie habrá llevado tan lejos como él, tanto la exigencia del testimonio como la reflexión sobre los principios, las reglas y, naturalmente, los límites de dicho testimonio.
En El largo viaje, de 1963, que sigue a largos años de lo que él mismo llamaría la "amnesia voluntaria" de su temporada en un campo de concentración.
En El desvanecimiento, ese bello libro que él calificaría un día -en mi opinión injustamente- de "borrador aproximado de algunos libros posteriores".
En Viviré con su nombre, morirá con el mío, ese post-scriptum al Largo viaje, que comienza con la llegada al campo de una nota pidiendo información sobre un detenido llamado Jorge Semprún, que no tiene otra elección para sobrevivir que tomar prestada la identidad de un agonizante.
Aún en Aquel domingo, del cual fui en Grasset un poco el editor y que él considera, creo, su verdadero gran libro sobre la cuestión.
Y luego La escritura o la vida, que me parece la verdadera obra maestra, pero ¿cómo saber?
Buchenwald, en todo caso, cada vez.
El deber, no de memoria, sino de transmisión de Buchenwald.
La literatura, su literatura, puestas en el torno de la imposible tarea de transmitir lo intransmisible de la deshumanización en Buchenwald.
Y ese vértigo que se apoderó de él, y que también forma parte de su obra, en el momento en que piensa que va a morir, que sus contemporáneos van a morir también, y que pronto no habrá ya nadie para dar testimonio de esa memoria naufragada.
¿Qué permanece, entonces?
¿Qué quedará cuando hayan desaparecido los últimos cuerpos capaces de afirmarse contra el olvido?
La literatura, sí. Todavía y siempre la literatura. Esa literatura que (¡qué oportuno!) es más inteligente, más sabia y además vive mucho más tiempo que lo que de ordinario llamamos los testigos; esa literatura de mala reputación pero bien armada y a la que, más que nunca, habrá que remitirse.
Ustedes están informados, supongo, de la polémica que hizo furor en Francia a finales de 2009 cuando un joven novelista, Yannick Haenel, se introdujo en la vida y la cabeza de Jan Karski, el resistente polaco que fue en 1943 a alertar a Roosevelt sobre la realidad de lo que Semprún, siguiendo a Raul Hilberg, llama "la destrucción de los judíos".
Semprún, en este asunto, estuvo del lado de los derechos de la novela. Lo estuvo con mesura. Prudencia. Es decir, en el interior del parapeto que no omite recordar (comenzando por la recomendación de no ceder jamás a la tentación retórica, empática, él decía en alguna parte "homérica", de servirse de las palabras para añadir horror al horror). Pero al fin lo estuvo. Lo estuvo incluso resueltamente y, si me atrevo a decirlo, naturalmente. Pues, no teniendo la edad del capitán nada que ver en el asunto, lo que era verdadero cuando la travesía de la memoria se hacía bajo el mando de escritores que eran también supervivientes (Primo Levi...) lo seguirá siendo, declaró Semprún, cuando ellos no sean más que escritores.
Antifascismo y literatura.
Escribir, no para sobrevivir, sino para revivir.
Precaria es la ficción. Incierta. Pero cuán poderosa. Es lo que creía Semprún. Antifascista, porque escritor. Devenir escritor para que venga al pensamiento lo impensable del fascismo.
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domingo, 12 de junio de 2011
PRENSA CULTURAL. Homenaje a Jorge Semprún: "Cinco aproximaciones a un largo viaje" (1), por Bernard Henri-Lévy
Jorge Semprún
Cinco aproximaciones a un largo viaje (1)
BERNARD-HENRI LÉVY 09/06/2011
Jorge Semprún recibirá el homenaje póstumo de la 'Fundación Amigos del Museo del Prado'. Lo que sigue es el discurso del pensador Bernard-Henri Lévy sobre su legado múltiple que leerá en la ceremonia, prevista para el 28 de junio.
No puedo hablarles de Jorge Semprún sin comenzar por hablarles de la guerra de España.
Ciertamente, él no tiene más que 13 años en 1936. Dieciséis cuando su padre, José María Semprún, antiguo gobernador civil de las provincias de Toledo y Santander, se exilia definitivamente en Francia después de haber representado en La Haya al Gobierno republicano. Pero tiene, con apenas tres años de diferencia, la edad de mi propio padre al llegar a Barcelona para alistarse en las filas de las Brigadas Internacionales. Como él, admira al George Orwell de Homenaje a Cataluña. Como él, ha leído a Dos Passos y sobre todo a Hemingway, que habían venido a mezclarse en una guerra que no era en principio la suya y que les movilizó cuerpo y alma. "Nuestra guerra", diría él más tarde durante un encuentro en un restaurante de Madrid, en pleno franquismo, con un Hemingway que había vuelto para ver a Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez. "Nuestra guerra", pensaría en esos tiempos irracionales en los que no era ya, o no todavía, Jorge Semprún, sino un falso sociólogo regresado, también él, como Hemingway, bajo una falsa identidad, para seguir el combate entablado por otros, bajo otras formas en 1936. "Nuestra guerra", insistiría, para designar esta guerra civil que él no libró pero a cuya sombra ha crecido y vivido. "Nosotros empleamos siempre este posesivo para nombrar la Guerra Civil. Sin duda para distinguirla de todas las demás guerras de la historia. ¿Cómo compararla, por otra parte, a las demás guerras de la historia? Era imposible". Y el hecho es que en todas sus novelas españolas y, más allá incluso de sus novelas, en todos los compromisos de su vida magnífica, esta guerra ha tenido siempre el mismo sitio: la primera cita, la escena absolutamente primitiva, la primera cornada a la que debieron hacer frente, en una tauromaquia política que no era más que literatura, los hombres libres del siglo XX; ese momento de luz sangrienta en el que la barbarie contemporánea vino a dar sus tres golpes, pero no sin que el espíritu de resistencia, el gusto del coraje y la justicia, la idea de una política ajustada a la grandeza, no se hayan autorizado a responderle.
Yo tengo 25 años menos que Semprún.
La misma diferencia de edad entre Semprún y yo que entre Semprún y, precisamente, Hemingway.
Pero estoy tentado, yo también, de decir "nuestra guerra".
Una vez al menos, he dicho efectivamente "nuestra guerra" a propósito de una guerra que era, en mi opinión, la repetición de la guerra de España y que era la guerra de Bosnia.
Y todavía hoy, en Bengasi, en la Libia libre, ¿cuántas veces no he visto superponerse, en mí, las imágenes que tenía ante los ojos y las que venían de nuevo de la viva claridad de una memoria tan pronto familiar como literaria?
Y bien, cada vez, en cada una de esas situaciones, en esa extraña mezcla de vida y ficciones que volvía a asediarme y que a veces guiaba mis pasos, debo confesarles que volvían a primera fila -incluso si la guerra de España no era, como tal, el teatro y el argumento- la intriga de La segunda muerte de Ramón Mercader, la de Autobiografía de Federico Sánchez o los fantasmas de Veinte años y un día, la gran novela española de Jorge Semprún.
Tal es mi primer Semprún. El primero que me viene a la mente cuando, incluso en silencio, lo evoco. Y el primero, por consiguiente, al que deseo hoy rendir homenaje. Semprún, el español. Un Semprún cuya herencia, según la célebre frase, no fue precedida de testamento alguno, aunque sea verdaderamente -en mi juicio como, creo, en el de la época- el heredero de la España roja. Nadie es responsable de su ascendencia. Ni, por supuesto, de la temporalidad en la que se inscribe, de buen o mal grado, su destino. Así es.
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jueves, 9 de junio de 2011
PRENSA. "El archipiélago del horror nazi", por Jorge Semprún (1923-2011)
Jorge Semprún
El archipiélago del horror nazi
El escritor leyó en 2010 este discurso en Buchenwald, con motivo del 65º aniversario de la liberación del campo de concentración. Allí asistió entre los 20 y los 22 años a la gran tragedia de su vida y por extensión del siglo XX
JORGE SEMPRÚN 08/06/2011
El 11 de abril de 1945 -hace pues 65 años- hacia las cinco de la tarde, un jeep del Ejército americano se presenta a la entrada del campo de concentración de Buchenwald.
Dos hombres bajan del jeep.
De uno de ellos no se sabe gran cosa. Los documentos asequibles son poco explícitos. Está establecido, en todo caso, que se trata de un civil. Pero, ¿por qué estaba allí, a la vanguardia de la Sexta División Acorazada del Tercer Ejército norteamericano del general Patton? ¿Qué profesión ejerce? ¿Cuál es su misión? ¿Es acaso periodista? ¿O, más probablemente, experto o consejero civil de algún organismo militar de inteligencia?
No se sabe a ciencia cierta.
Está allí, sin embargo, presente, a las cinco de la tarde de un día memorable, ante la puerta de entrada monumental del campo de concentración. Está allí, acompañando al segundo tripulante del jeep.
Este sí está identificado: es un teniente, mejor aún, un primer teniente, un oficial de inteligencia militar asignado a la Unidad de Guerra Psicológica del Estado Mayor del general Omar N. Bradley.
Tampoco sabemos lo que pensaron los dos americanos al bajarse del jeep y contemplar la inscripción en letras de hierro forjado que se encuentra en la verja del portal de Buchenwald: 'Jeden das Seine'.
No sabemos si tuvieron tiempo de tomar nota mentalmente de tamaño cinismo, criminal y arrogante. ¡Una sentencia que alude a la igualdad entre seres humanos, a la entrada de un campo de concentración, lugar mortífero, lugar consagrado a la injusticia más arbitraria y brutal, donde solo existía para los deportados la igualdad ante la muerte!
El mismo cinismo se expresaba en la sentencia inscrita en el portal de Auschwitz: 'Arbeit macht frei'. Un cinismo característico de la mentalidad nazi.
No sabemos lo que pensaron los dos americanos en aquel histórico momento. Pero sí sabemos que fueron acogidos con júbilo y aplauso por los deportados en armas que montaban la guardia ante la entrada de Buchenwald. Sabemos que fueron festejados como libertadores. Y lo eran, en efecto.
No sabemos lo que pensaron, no sabemos casi nada de sus biografías, de su historia personal, de sus gustos o disgustos, de su entorno familiar, de sus años universitarios, si es que los tuvieron.
Pero sabemos sus nombres.
El civil se llamaba Egon W. Fleck y el primer teniente, Edward A. Tenenbaum.
Repitamos aquí, en el 'Appeliplatz' de Buchenwald, 65 años después, en este espacio dramático, esos dos nombres olvidados e ilustres: Fleck y Tenenbaum.
Aquí, donde resonaba la voz gutural, malhumorada, agresiva, del Rapportführer todos los días de la semana, repartiendo órdenes o insultos; aquí donde resonaba también, por el circuito de altavoces, algunas tardes de domingo, la voz sensual y cálida de Zarah Leander, con sus sempiternas cancioncitas de amor, aquí vamos a repetir en voz alta, a voz en grito si fuera necesario, aquellos dos nombres.
Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum.
Así, maravillosa ironía de la historia, increíble revancha significativa, los dos primeros americanos que llegan a la entrada de Buchenwald, aquel 11 de abril de 1945, con el Ejército de la liberación, son dos combatientes judíos. Y por si fuera poco, dos judíos americanos de filiación germánica, más o menos reciente.
Ya sabemos, pero no es inútil repetirlo, que en la guerra imperialista de agresión que desencadena en 1939 el nacionalsocialismo, y que aspira al establecimiento de una hegemonía totalitaria en Europa, y acaso en el mundo entero, ya sabemos que en dicha guerra, el propósito constante y consecuente de exterminar al pueblo judío constituye un objetivo esencial, localmente prioritario, entre los fines de guerra de Hitler.
Sin tapujos ni concesiones a ninguna restricción mortal, el antisemitismo racial forma parte del código genético de la ideología del nazismo, desde los primeros escritos de Hitler, desde sus primerísimas actividades políticas.
Para la llamada solución final de la cuestión judía en Europa, el nazismo organiza el exterminio sistemático en el archipiélago de campos especiales del conjunto Auschwitz-Birkenau, en Polonia.
Buchenwald no forma parte de dicho archipiélago. No es un campo de exterminio directo, con selección permanente para el envío a las cámaras de gas. Es un campo de trabajo forzado, sin cámaras de gas. La muerte, en Buchenwald, es producto natural y previsible de la dureza de las condiciones de trabajo, de la desnutrición sistemática.
Como consecuencia, Buchenwald es un campo judenrein.
Sin embargo, por razones históricas concretas, Buchenwald conoce dos periodos diferentes de presencia masiva de deportados judíos.
Uno de esos periodos se sitúa en los primeros años de existencia del campo, cuando, después de la 'Noche de Cristal' y del 'pogrom' general organizado, en noviembre de 1938, por Hitler y Goebbels personalmente, miles de judíos de Francfort, en particular, son enviados a Buchenwald.
En 1944, los veteranos comunistas alemanes se acordaban todavía de la mortífera brutalidad con que fueron maltratados y asesinados a mansalva, masivamente, aquellos judíos de Francfort, cuyos supervivientes fueron luego enviados a los campos de exterminio del Este.
El segundo periodo de presencia judía en Buchenwald se sitúa en 1945, hacia finales de la guerra, en los meses de febrero y de marzo concretamente. En aquel momento, decenas de miles de supervivientes judíos de los campos del Este fueron evacuados hacia Alemania central por el SS, ante el avance del Ejército Rojo.
A Buchenwald llegaron miles de deportados escuálidos, transportados en condiciones inhumanas, en pleno invierno, desde la lejana Polonia. Muchos murieron durante un viaje interminable. Los que consiguieron alcanzar Buchenwald, ya sobrepoblado, fueron instalados en los barracones del kleine Lager, el campo de cuarentena, o en tiendas de campaña y carpas especialmente montadas para su precario alojamiento.
Entre aquellos miles de judíos llegados por entonces a Buchenwald, y que nos aportaron información directa, testimonio vivo y sangrante del proceso industrial, salvajemente racionalizado, del exterminio masivo en las cámaras de gas, entre aquellos miles de judíos había muchos niños y jóvenes adolescentes.
La organización clandestina antifascista de Buchenwald hizo lo posible para venir en ayuda de los niños y adolescentes judíos supervivientes de Auschwitz. No era mucho, pero era arriesgado: fue un gesto importante de solidaridad, de fraternidad.
Entre aquellos adolescentes judíos se encontraba Elie Wiesel, futuro premio Nobel de la Paz. Se encontraba también Imre Kertesz, futuro premio Nobel de Literatura.
Cuando el presidente Barack Obama, hace unos meses, visitó Buchenwald, le acompañaba Elie Wiesel, hoy ciudadano americano. Se puede suponer que Wiesel aprovechó aquella ocasión para informar al presidente de EE UU de la experiencia de aquel pasado imborrable, de su experiencia personal de adolescente judío en Buchenwald.
En cualquier caso, me parece oportuno recordar aquí, en este momento solemne, en este lugar histórico, la experiencia de aquellos niños y adolescentes judíos, supervivientes del campo de Auschwitz, último círculo del infierno nazi. Recordar tanto a los que se hicieron célebres, como Kertesz y Wiesel, por su talento literario y su actividad pública, como a aquellos que permanecieron, sencillos héroes, en el anonimato de la historia.
Además, no es esta mala ocasión para subrayar un hecho que se perfila inevitablemente en el horizonte de nuestro porvenir.
Como ya dije hace cinco años, en el Teatro Nacional de Weimar, "la memoria más longeva de los campos nazis será la memoria judía. Y esta, por otra parte, no se limita la experiencia de Auschwitz o de Birkenau, Y es que, en enero de 1945, ante el avance del Ejército soviético, miles y miles de deportados judíos fueron evacuados hacia los campos de concentración de Alemania central. Así, en la memoria de los niños y adolescentes judíos que seguramente sobrevivirán todavía en 2015, es posible que perdure una imagen global del exterminio, una reflexión universalista. Esto es posible y pienso que hasta deseable: en este sentido, pues, una gran responsabilidad incumbe a la memoria judía... Todas las memorias europeas de la resistencia y del sufrimiento solo tendrán, como último refugio y baluarte, dentro de diez años, a la memoria judía del exterminio. La más antigua memoria de aquella vida, ya que fue, precisamente, la más joven vivencia de la muerte".
Pero volvamos un momento al día del 11 de abril de 1945. Volvamos al momento en que Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum detienen su jeep ante el portal de Buchenwald.
Probablemente, si tuviera muchos años menos, acometería ahora una indagación histórica, una investigación novelesca acerca de estos dos personajes, investigación que abriría el camino de un libro sobre aquel 11 de abril de hace más de medio siglo, un trabajo literario en el cual ficción y realidad se apoyarían y enriquecerían mutuamente.
Pero no me queda tiempo para semejante aventura.
Me limitaré pues a recordar algunas frases del informe preliminar que Fleck y Tenenbaum redactaron dos semanas después, el 24 de abril exactamente, para sus mandos militares, informe que consta en los Archivos Nacionales de EE UU.
"Al desembocar en la carretera principal", escriben los dos americanos, "vimos a miles de hombres, harapientos y de aspecto famélico, en marcha hacia el Este, en formaciones disciplinadas. Estos hombres iban armados y tenían jefes que los encuadraban. Algunos destacamentos portaban fusiles alemanes. Otros llevaban al hombro panzerfausts. Se reían y hacían gestos de furiosa alegría mientras caminaban... Eran los deportados de Buchenwald, en marcha hacia el combate, mientras nuestros tanques los rebasaban a 50 kilómetros por hora...".
Este informe preliminar es importante por varias razones. En primerísimo lugar, porque los dos americanos, testigos imparciales, confirman rotundamente la realidad de la insurrección armada, organizada por la resistencia antifascista de Buchenwald, y que fue motivo de polémica en los tiempos de la guerra fría.
Lo más importante, sin embargo, al menos para mí, desde un punto de vista humano y literario, es una palabra de este informe: la palabra alemana panzerfaust.
Fleck y Tenenbaum, en efecto, escriben su informe en inglés, como es lógico. Pero cuando se refieren al arma individual antitanque, que se denomina bazooka en casi todos los idiomas del mundo, y en todo caso en inglés, recurren a la palabra alemana.
Lo cual hace pensar que Fleck y Tenenbaum, el civil y el militar, son americanos de reciente filiación germánica. Y esto abre un nuevo capítulo de la investigación novelesca que me apetecería acometer.
Pero hay otra razón, más personal, que me hace importante la palabra panzerfaust, o sea, literalmente, "puño antitanque". Y es que yo estaba, aquel día de abril de 1945, en la columna en marcha hacia Weimar, aquella columna de hombres armados, furiosamente alegre. Yo estaba entre los portadores de bazookas.
El deportado 44.904, en el pecho el triángulo rojo estampado en negro con la letra "S", de Spanier, español, ese era yo, entre los jubilosos portadores de bazooka o panzerfaust.
Hoy, tantos años después, en este dramático espacio del 'Appeliplatz' de Buchenwald. En la frontera última de una vida de certidumbres destruidas, de ilusiones mantenidas contra viento y marea, permítanme un recuerdo sereno y fraternal hacia aquel joven portador de bazooka de 22 años.
Muchas gracias por la atención.
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PRENSA. 9 junio 2011
En "El País":
1. Seno alemán. Columna de Maruja Torres.
2. Un tributo de literatura y memoria. Reportaje de Antonio Jiménez Barca. Francia y España se unen en la conmoción por la muerte de Jorge Semprún - El escritor y exministro será enterrado el domingo junto a su esposa Colette. CON ENLACES A TEXTOS DE OTROS AUTORES.
3. Los ciudadanos son de nuevo protagonistas. Artículo de Paolo Flores d'Arcais, filósofo y editor de la revista 'MicroMega'. Traducción de Carlos Gumpert. Sobre Italia y Berlusconi.
4. Una mirada al 15-M. Artículo de Joan Coscubiela, investigador del seminario Comunicación y Sociedad Civil de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC).
5. La contrarrevolución del Golfo. Artículo de Ana Echagüe, investigadora en la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE). Arabia Saudí reacciona a las revueltas árabes convirtiéndose en líder del frente reaccionario. Maneja a la par la zanahoria de su dinero y el palo de la restricción del espacio político y social. La reforma queda descartada.
1. Seno alemán. Columna de Maruja Torres.
2. Un tributo de literatura y memoria. Reportaje de Antonio Jiménez Barca. Francia y España se unen en la conmoción por la muerte de Jorge Semprún - El escritor y exministro será enterrado el domingo junto a su esposa Colette. CON ENLACES A TEXTOS DE OTROS AUTORES.
3. Los ciudadanos son de nuevo protagonistas. Artículo de Paolo Flores d'Arcais, filósofo y editor de la revista 'MicroMega'. Traducción de Carlos Gumpert. Sobre Italia y Berlusconi.
4. Una mirada al 15-M. Artículo de Joan Coscubiela, investigador del seminario Comunicación y Sociedad Civil de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC).
5. La contrarrevolución del Golfo. Artículo de Ana Echagüe, investigadora en la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE). Arabia Saudí reacciona a las revueltas árabes convirtiéndose en líder del frente reaccionario. Maneja a la par la zanahoria de su dinero y el palo de la restricción del espacio político y social. La reforma queda descartada.
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miércoles, 8 de junio de 2011
PRENSA. 8 junio 2011
En "El País":
1. El tocino. Columna de Elvira Lindo.
2. Blandir. Por David Trueba.
3. Muere Semprún, memoria del siglo XX. Por Javier Rodríguez Marcos. El escritor fallece en París a los 87 años - De exiliado a ministro de Cultura, fue deportado al campo de Buchenwald y expulsado del Partido Comunista por disidente. CON ENLACES A TEXTOS DE DIVERSOS AUTORES.
4. En busca de un Valle para todos los Caídos. Reportaje de Natalia Junquera. Un grupo de expertos afronta el reto de arrebatar al dictador su gran símbolo - La colosal cruz se queda - El dilema es qué hacer con Franco.
5. La primavera y el otoño. Artículo de Cristovam Buarque, profesor de la Universidad de Brasilia y senador de la República de Brasil. Traducción de Carlos Gumpert. Sobre las revueltas en el mundo árabe y en Europa.
6. Armonía y derechos humanos en China. Artículo de Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China.
7. La naturaleza del franquismo. Artículo de Álvaro Soto Carmona, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y autor de ¿Atado y bien atado? Institucionalización y crisis de franquismo (Biblioteca Nueva, 2005); y de Pedro A. Martínez Lillo, profesor titular de Historia Contemporánea de la UAM y codirector del Máster en Gobernanza y Derechos Humanos (Cátedra de Estudios Iberoamericanos Jesús de Polanco). La dictadura duró mucho y fue camaleónica, por lo que, sin variar su esencia -poder personal, represión, rechazo de la democracia-, adoptó distintas formas, desde el proyecto totalitario al autoritarismo.
8. Educación extiende los libros digitales a todos los institutos de la comunidad. Por Manuel Planelles. La Junta de Andalucía recomienda a los centros que empleen el soporte electrónico.
1. El tocino. Columna de Elvira Lindo.
2. Blandir. Por David Trueba.
3. Muere Semprún, memoria del siglo XX. Por Javier Rodríguez Marcos. El escritor fallece en París a los 87 años - De exiliado a ministro de Cultura, fue deportado al campo de Buchenwald y expulsado del Partido Comunista por disidente. CON ENLACES A TEXTOS DE DIVERSOS AUTORES.
4. En busca de un Valle para todos los Caídos. Reportaje de Natalia Junquera. Un grupo de expertos afronta el reto de arrebatar al dictador su gran símbolo - La colosal cruz se queda - El dilema es qué hacer con Franco.
5. La primavera y el otoño. Artículo de Cristovam Buarque, profesor de la Universidad de Brasilia y senador de la República de Brasil. Traducción de Carlos Gumpert. Sobre las revueltas en el mundo árabe y en Europa.
6. Armonía y derechos humanos en China. Artículo de Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China.
7. La naturaleza del franquismo. Artículo de Álvaro Soto Carmona, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y autor de ¿Atado y bien atado? Institucionalización y crisis de franquismo (Biblioteca Nueva, 2005); y de Pedro A. Martínez Lillo, profesor titular de Historia Contemporánea de la UAM y codirector del Máster en Gobernanza y Derechos Humanos (Cátedra de Estudios Iberoamericanos Jesús de Polanco). La dictadura duró mucho y fue camaleónica, por lo que, sin variar su esencia -poder personal, represión, rechazo de la democracia-, adoptó distintas formas, desde el proyecto totalitario al autoritarismo.
8. Educación extiende los libros digitales a todos los institutos de la comunidad. Por Manuel Planelles. La Junta de Andalucía recomienda a los centros que empleen el soporte electrónico.
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domingo, 19 de diciembre de 2010
PRENSA. 19 diciembre 2010
En "El País" y suplementos:
1. Todo mental. Columna de Manuel Vicent.
2. "¡He salido ileso!". Por Amelia Castilla. Enrique Morente superó el rechazo visceral de los puristas del flamenco hasta lograr llevar la tradición a su terreno - Los jóvenes vieron un ejemplo en él.
3. Este pez tiene mercurio (y usted). Reportaje de Mónica G. Salomone. La contaminación del pescado cuestiona la recomendación de consumo regular -Compuestos cotidianos afectan al desarrollo cognitivo o al sistema reproductor.
4. Rinkeby. Artículo de Mario Vargas Llosa. Un colegio de un barrio del sur de Estocolmo es el espejo de lo que debería ser la sociedad humana. En él conviven niños que hablan 19 idiomas distintos y proceden de un centenar de países.
5. Sakineh y la batalla de los símbolos. Crónica de Bernar-Henri Lévy. La campaña de desprestigio emprendida por las autoridades iraníes contra Sakineh Ashtianí, además de aterrorizar a la víctima, trata de ridiculizar a Occidente y de poner a prueba la firmeza de la opinión pública.
6. Mar de dudas. Por Elvira Lindo.
7. El imperio contraataca. Maruja Torres sobre Wikileaks y la información.
8. 20 prometedores avances del año 2010. Reportaje de Luis Miguel Ariza. La ciencia es todo menos previsible. Se desconocen sus giros futuros. ¿Una nueva forma de energía? ¿Un material más resistente que el acero? ¿Un nuevo estado de la materia? El imposible no existe. Aquí, 20 grandes pasos adelante. Despuntan tecnologías médicas, artefactos voladores, atrevidos robots...
9. "Lo único que he traicionado es a mí mismo". Reportaje de Juan Cruz sobre Jorge Semprún. A estas alturas, con 87 años recién cumplidos y su biografía, ‘Lealtad y traición’, en la calle, Semprún ya poco tiene que callar. Entre sus confesiones, a menudo dolorosas, recuerda torturas, el campo de concentración, su duro enfrentamiento con Carrillo…
10. Competiciones fúnebres. Artículo de Javier Marías.
1. Todo mental. Columna de Manuel Vicent.
2. "¡He salido ileso!". Por Amelia Castilla. Enrique Morente superó el rechazo visceral de los puristas del flamenco hasta lograr llevar la tradición a su terreno - Los jóvenes vieron un ejemplo en él.
3. Este pez tiene mercurio (y usted). Reportaje de Mónica G. Salomone. La contaminación del pescado cuestiona la recomendación de consumo regular -Compuestos cotidianos afectan al desarrollo cognitivo o al sistema reproductor.
4. Rinkeby. Artículo de Mario Vargas Llosa. Un colegio de un barrio del sur de Estocolmo es el espejo de lo que debería ser la sociedad humana. En él conviven niños que hablan 19 idiomas distintos y proceden de un centenar de países.
5. Sakineh y la batalla de los símbolos. Crónica de Bernar-Henri Lévy. La campaña de desprestigio emprendida por las autoridades iraníes contra Sakineh Ashtianí, además de aterrorizar a la víctima, trata de ridiculizar a Occidente y de poner a prueba la firmeza de la opinión pública.
6. Mar de dudas. Por Elvira Lindo.
7. El imperio contraataca. Maruja Torres sobre Wikileaks y la información.
8. 20 prometedores avances del año 2010. Reportaje de Luis Miguel Ariza. La ciencia es todo menos previsible. Se desconocen sus giros futuros. ¿Una nueva forma de energía? ¿Un material más resistente que el acero? ¿Un nuevo estado de la materia? El imposible no existe. Aquí, 20 grandes pasos adelante. Despuntan tecnologías médicas, artefactos voladores, atrevidos robots...
9. "Lo único que he traicionado es a mí mismo". Reportaje de Juan Cruz sobre Jorge Semprún. A estas alturas, con 87 años recién cumplidos y su biografía, ‘Lealtad y traición’, en la calle, Semprún ya poco tiene que callar. Entre sus confesiones, a menudo dolorosas, recuerda torturas, el campo de concentración, su duro enfrentamiento con Carrillo…
10. Competiciones fúnebres. Artículo de Javier Marías.
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lunes, 12 de abril de 2010
PRENSA. 12 abril 2010
En "El País":
1. Fotogramas congelados de Kubrick. Reportaje de Lucia Magi. Una exposición en Milán recoge 200 instantáneas realizadas por el director antes de iniciar su carrera cinematográfica, cuando era un jovencísimo reportero de 'Look'.
2. Cuna de vikinga, tumba de infanta. Reportaje de Jacinto Antón. Una novela recrea la vida de Cristina de Noruega, desposada en Castilla en 1258.
3. Las costuras de la sanidad revientan. Reportaje de Lucía Abellán y María R. Sahuquillo. La crisis pone a prueba el sistema nacional de salud - Sin cambios, el modelo, aquejado de déficit crónico, puede zozobrar.
4. La mujer árabe, hacia la igualdad. Por Patricia R. Blanco. La caída de la tasa de natalidad, los matrimonios tardíos y un mayor acceso a la educación favorecen la difícil emancipación femenina.
5. Los españoles que amaban las tramas negras. Artículo de la periodista y escritora Rosa María Artal.
6. Europa-Turquía: ¿el fin de las ilusiones? Artículo de Sami Naïr, profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Traducción de M. Sampons. La Alemania de la canciller Merkel encuentra en los problemas actuales del euro nuevos motivos para frenar las aspiraciones turcas. Debería, pues, revisarse por completo la idea de la construcción europea.
7. Ángeles y demonios. Columna de José Ignacio Torreblanca, sobre los sistemas políticos.
8. La memoria es la vida. Por Juan Cruz, enviado especial. Jorge Semprún marca con su recuerdo de la barbarie la conmemoración del cierre del campo de Buchenwald. El archipiélago del infierno nazi, discurso de Jorge Semprún en Buchenwald.
1. Fotogramas congelados de Kubrick. Reportaje de Lucia Magi. Una exposición en Milán recoge 200 instantáneas realizadas por el director antes de iniciar su carrera cinematográfica, cuando era un jovencísimo reportero de 'Look'.
2. Cuna de vikinga, tumba de infanta. Reportaje de Jacinto Antón. Una novela recrea la vida de Cristina de Noruega, desposada en Castilla en 1258.
3. Las costuras de la sanidad revientan. Reportaje de Lucía Abellán y María R. Sahuquillo. La crisis pone a prueba el sistema nacional de salud - Sin cambios, el modelo, aquejado de déficit crónico, puede zozobrar.
4. La mujer árabe, hacia la igualdad. Por Patricia R. Blanco. La caída de la tasa de natalidad, los matrimonios tardíos y un mayor acceso a la educación favorecen la difícil emancipación femenina.
5. Los españoles que amaban las tramas negras. Artículo de la periodista y escritora Rosa María Artal.
6. Europa-Turquía: ¿el fin de las ilusiones? Artículo de Sami Naïr, profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Traducción de M. Sampons. La Alemania de la canciller Merkel encuentra en los problemas actuales del euro nuevos motivos para frenar las aspiraciones turcas. Debería, pues, revisarse por completo la idea de la construcción europea.
7. Ángeles y demonios. Columna de José Ignacio Torreblanca, sobre los sistemas políticos.
8. La memoria es la vida. Por Juan Cruz, enviado especial. Jorge Semprún marca con su recuerdo de la barbarie la conmemoración del cierre del campo de Buchenwald. El archipiélago del infierno nazi, discurso de Jorge Semprún en Buchenwald.
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domingo, 11 de abril de 2010
PRENSA. "Dónde han ido los pájaros de Buchenwald", por Juan Cruz. LECTURA: "El archipiélago del horror nazi", por Jorge Semprún
Supervivientes de Buchenwald. 14 abril 1945
Dónde han ido los pájaros de Buchenwald
Jorge Semprún rememora el día en que hace 65 años fueron liberados los presos del campo nazi
JUAN CRUZ
Buchenwald 11/04/2010
Día gris, nevado, hielo puro en Buchenwald. Parece un calco de lo que vivieron Jorge Semprún y miles de supervivientes del horror de este campo de concentración nazi hace 65 años, cuando las tropas aliadas les comunicaron que ya estaban libres.
Semprún dice, en su libro La escritura o la vida, sobre ese momento terrible de Europa, que ese 11 de abril nevaba sobre Buchenwald, y aun así los supervivientes salieron a los caminos, con sus armas, a celebrar la libertad.
Trescientos de esos supervivientes han escuchado a Semprún rememorar ese momento de sus vidas; el relato del escritor español, que ha dedicado gran parte de su obra a esa memoria, es una pieza que prolonga aquel libro fundamental para entender la raíz herida de su memoria europea.
Las edades de los supervivientes hacen presagiar una resta progresiva de la memoria que ellos representan, de modo que este testimonio y los que hoy se escuchan en Buchenwald parecen el campo de batalla a favor del recuerdo, en contra del olvido.
Hay gente de la edad de Semprún, que vino muy joven al campo, y que tiene 86 años, como su compañero asturiano Vicente García, o de la edad del cordobés Virgilio Peña, que tiene 96 años y una jovialidad que le lleva a hablar en metáforas llenas de buen humor. "Tengo más años que un olivo". "Aquel día llorábamos de alegría lágrimas que parecían babas de vaca". Y hay un austríaco, Leitiger, que es el más veterano de todos, tiene 104 años.
Practican aquí, en este campo desolado, la ceremonia de la fraternidad contra el Mal. La frase es de André Malraux, y Semprún la cita reiteradamente en ese libro, La escritura o la vida. "Si recupero esto", escribe Malraux, "es porque busco la región crucial del alma donde el Mal absoluto se opone a la fraternidad".
Una joven historiadora alemana, de Weimar, que organiza ahora exposiciones sobre el dominio nazi y sus consecuencias humanas y políticas en Alemania y en el mundo, nos hablaba precisamente de esto, antes de que los sobrevivientes se juntaran bajo el frío helado del campo de concentración. Ella, Johanna Wensch, una joven estudiosa del pasado nazi, nos decía que empezó a estudiar este periodo porque se preguntaba cómo su abuelo pudo participar en el proceso nazi; muchos lo hicieron por cobardía o porque eran antidemócratas, "gente que no creía en la fraternidad, en el respeto al otro".
Esa es la raíz de la conmemoración, la reafirmación de la fraternidad, y de ello hablan todos los discursos de hoy, incluido el de Semprún, y de ello hablan los viejos militantes que han acudido aquí detrás del señuelo de una alegría que vino después de un sufrimiento indecible, de días que fueron así, como relata Semprún: "Podría contarse un día cualquiera -empezando por el despertar a las cuatro y media de la madrugada, hasta la hora del toque de queda: el trabajo agobiante, el hambre perpetua, la falta permanente de sueño, las vejaciones de los kapos, las faenas en las letrinas, las schlague (golpes) de los S.S., el trabajo en cadena en las fábricas de armamento, el humo del crematorio, las ejecuciones públicas, los recuentos interminables bajo la nieve de los inviernos, el agotamiento, la muerte de los compañeros..."
Esa es la esencia, y el leit motiv es esa reflexión sobre el Mal. Sobrevolando, valga la expresión, los pájaros, o su ausencia. Cuando se produce la liberación, aquel 11 de abril de hace 55 años, Semprún le comentó a uno de los soldados que acudieron a liberarles que no había pájaros, que los pájaros habían huido, que no había pájaros sobre Buchenwald. Porque huyeron del olor de los hornos crematorios. Cuando se adentró en los bosques, hacia la casita que fue de Goethe, Semprún descubrió los pájaros, sintió su rumor, sus trinos, y quedó presa de un ataque, "casi irresponsable", dice, de alegría. Hoy en Buchenwald no había pájaros; los he buscado con la mirada, he querido escuchar sus trinos; no hay, el frío será esta vez el que los ha ahuyentado, en medio de una atmósfera de una extrema melancolía, como si el tiempo estuviera enviando su propio mensaje de fraternidad pero también de rabia por lo que quedó en el tiempo como la metáfora de un olor terrible.
Aquí podemos leer el discurso de Jorge Semprún, El archipiélago del horror nazi.
lunes, 5 de abril de 2010
PRENSA. "Mi último viaje a Buchenwald", por Jorge Semprún
Jorge Semprún
Mi último viaje a Buchenwald
Los escritores son los únicos capaces de mantener vivo el recuerdo de la muerte. En ese campo de concentración, que fue nazi y después estalinista, pueden encontrarse las raíces de la construcción de Europa
JORGE SEMPRÚN 05/04/2010
Ahí, en un antiguo campo de concentración nazi convertido en prisión estalinista, es donde debemos celebrar la Europa democrática. Contra todas las amnesias.
En un magnífico artículo, Catherine Herszberg evocó hace poco (Libération, 13 de febrero) una visita a Auschwitz, con ocasión del 65º aniversario del descubrimiento del campo por parte del Ejército Rojo. Acompañó allí a una vieja familiar, antigua deportada. Y su relato -lleno de ironía corrosiva, una mirada precisa y una emoción contenida- confirma con brillantez una idea que comparto desde hace años: la escritura y los escritores son los únicos capaces de mantener vivo el recuerdo de la muerte. Si no, si los escritores no se apoderan de esa memoria de los campos de concentración, si no la hacen revivir y sobrevivir mediante su imaginación creadora, se apagará con los últimos testigos, dejará de ser un recuerdo en carne y hueso de la experiencia de la muerte.
El texto de Catherine Herszberg se titulaba precisamente, de forma premonitoria, Los funerales de la memoria.
Sin embargo, pese a la pertinencia entristecida de ese relato, pese a su análisis lúcido y desengañado de las trampas, las dificultades y los errores inevitables de las conmemoraciones oficiales, el 11 de abril estaré en Buchenwald, en la explanada en la que se pasaba lista a los prisioneros, para tomar la palabra durante la ceremonia conmemorativa de la liberación del campo por parte de los soldados estadounidenses del Tercer Ejército del general Patton. He aceptado la invitación que me han hecho la ministra-presidenta del Gobierno de Turingia, Christine Lieberknecht, y el director del Monumento de Buchenwald-Dora, mi amigo el profesor Volkhard Knigge.
¿Por qué lo he hecho, por qué motivos?
Por una razón principal, de la que derivan todas las demás, que son complementarias: porque es la última vez. Quiero decir, desde luego, la última vez para mí. Dentro de cinco años (las conmemoraciones oficiales, probablemente para subrayar su solemnidad, se celebran con un ritmo quinquenal), en el 70º aniversario del descubrimiento y la liberación de los campos, yo ya no estaré.
Por última vez, pues, el 11 de abril, ni resignado a morir ni angustiado por la muerte, sino furioso, extraordinariamente irritado por la idea de que pronto ya no estaré aquí, en medio de la belleza del mundo o, por el contrario, en su grisácea insipidez -que en este caso concreto son la misma cosa-, por última vez, diré lo que creo que tengo que decir.
¡Se comprenderá que no quiera perderme semejante ocasión!
En primer lugar, la explanada de Buchenwald, bajo el viento glacial del Ettersberg -un viento de una eternidad mortífera, que sopla sin cesar, incluso en primavera-, es un lugar idóneo para hablar de Europa. Porque Buchenwald fue un campo nazi hasta abril de 1945. Los últimos deportados, partisanos yugoslavos, salieron de él en junio de ese año.
Ahora bien, el campo volvió a abrirse en septiembre con el nombre de Speziallager n° 2, campo especial número 2 de la policía soviética en la zona de ocupación rusa.
Fue en 1950, tras la creación de la República Democrática Alemana (RDA), cuando el campo se cerró y se transformó en lugar para el recuerdo. Pero hubo que esperar a 1989, a la caída del Muro de Berlín y el imperio soviético y la reunificación democrática de Alemania, para que Buchenwald pudiera asumir sus dos memorias, su doble pasado de campo de concentración sucesivamente nazi y estalinista.
Es, por tanto, un lugar ideal, único, para reflexionar sobre Europa, para meditar sobre su origen y sus valores. Para recordar a los jóvenes visitantes -miles cada año-, a los estudiantes del mundo entero que hacen allí cursillos de historia, que las raíces de Europa pueden encontrarse en ese lugar, en las huellas materiales del nazismo y el estalinismo, contra las cuales, precisamente, se inició la aventura de la construcción europea. Unas huellas visibles a simple vista: en lo alto de la colina, la chimenea achaparrada del crematorio, apagada para siempre, recuerda a las decenas de miles de muertos del campo nazi, a quienes encontraron su tumba en las nubes, como escribió Paul Celan. Al pie del Ettersberg, en cambio, en los límites del antiguo campo de cuarentena, un joven bosque plantado por las autoridades de la RDA oculta las fosas comunes en las que están sepultados, en desorden, anónimos, los miles de cadáveres del campo estalinista.
Es un lugar ideal, la explanada de Buchenwald, para recordar el origen de Europa, pero también para pensar en su futuro, en este momento de crisis, involución, falta de aliento y empuje. Un momento en el que viene a la memoria la frase de Edmund Husserl, pronunciada en Viena en 1935, en pleno apogeo de los totalitarismos: "El mayor peligro para Europa es el cansancio".
Hoy, para emplear las palabras del gran escritor europeo Claudio Magris, lo fundamental ya no es luchar contra los totalitarismos, sino combatir los particularismos, convertir esta problemática suma de 27 países libres en una estructura multiforme y orgánica con una misma razón democrática.
Por otra parte, parece que este año participarán en las ceremonias de conmemoración veteranos estadounidenses del Tercer Ejército de Patton. Una ocasión perfecta para recordar el papel decisivo que desempeñaron en la liberación del campo los soldados afroamericanos de los batallones de choque, los jóvenes soldados hispanos del sur de Estados Unidos, con un habla castellana fluida y melodiosa, los hijos de los granjeros de la Norteamérica profunda que descubrieron, en aquella guerra justa y terrible, los valores universales de su democracia. El 11 de abril de 1945, mientras las vanguardias acorazadas de Patton, después de vencer y dispersar a la guarnición de Buchenwald y los hombres de la división SS Totenkopf, atacaban con éxito Weimar -rodeando el campo propiamente dicho, al que los estadounidenses no volvieron hasta 24 horas más tarde-, un jeep del ejército se presentó en la inmensa entrada del recinto.
Un jeep solitario en el estrépito de la batalla. Dos hombres de uniforme. Uno de ellos era civil, quizá periodista. El otro era un oficial, primer teniente. Pero lo importante no es eso. Lo importante son sus nombres. El civil se llamaba Egon W. Fleck, el oficial, Edward A. Tenenbaum. Decid estos nombres en voz alta y contened vuestras risas, contened vuestras lágrimas. Dos judíos norteamericanos fueron los primeros en franquear la entrada al campo de Buchenwald, acogidos como vencedores por los hombres en armas de la resistencia antifascista.
En los archivos estadounidenses puede verse el informe preliminar sobre Buchenwald que redactaron Fleck y Tenenbaum el 24 de abril de 1945 para sus superiores militares. Todavía se sienten su sorpresa, su trastorno y su emoción, tanto tiempo después. Pero esta increíble ironía de la Historia, esta burla ontológica que significa la presencia de Fleck y Tenenbaum (judíos americanos, pero de origen alemán bastante reciente; la prueba está en su informe preliminar, redactado en inglés pero en el que emplean la palabra alemana panzerfaust para referirse al bazuca, el arma individual anticarros) en la puerta de Buchenwald, esta maravillosa casualidad, nos remite a una verdad indiscutible.
Cuando todos los testigos -deportados y resistentes- hayan desaparecido, pronto, de aquí a unos años, permanecerá todavía una memoria viva, personal, de la experiencia de los campos de concentración, una memoria que nos sobrevivirá, que es la memoria judía. El último que recordará, mucho después de nuestra muerte, será uno de esos niños judíos que vimos llegar a Buchenwald en febrero de 1945, evacuados de Auschwitz, después de haber sobrevivido milagrosamente al frío, el hambre, el viaje interminable en vagones de mercancías, con frecuencia a la intemperie, para dar testimonio en nombre de todos los desaparecidos, los náufragos y los escapados, los judíos y los goyim (los no judíos), las mujeres y los hombres. ¡Larga vida al tornasol judío que refleja toda nuestra muerte!
Jorge Semprún es ex ministro de Cultura. Perteneció a la resistencia comunista y fue deportado de Francia a Buchenwald en 1943. © Le Monde, 2010. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
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sábado, 6 de junio de 2009
LECTURA. PRENSA. Jorge Semprún habla del campo de Buchenwald
Artículo de Jorge Semprún, en "elpais.com", con motivo de la visita de Obama al campo de concentración de Buchenwald. Se titula Bienvenido, presidente. Lo reproducimos en su totalidad (Jorge Semprún estuvo prisionero en ese campo, hasta su liberación):El 11 de abril de 1945, mientras los batallones de choque del III Ejército norteamericano de George Patton desbarataban la resistencia de la división SS Totenkopf, en las inmediaciones de Buchenwald, y proseguían su avance hacia Weimar, un jeep tripulado por dos hombres se dirigía hacia la entrada monumental del campo de concentración propiamente dicho.
Al desembocar en un tramo de autovía, los dos estadounidenses (no me resisto a dar sus nombres enseguida: Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum. ¡Estupenda ironía de la historia, memorable revancha: dos judíos norteamericanos, de filiación germánica, son los primeros en penetrar en el recinto alambrado del campo de concentración nazi!), los dos norteamericanos, pues, descubren de pronto "a miles de hombres harapientos, de aspecto famélico (hungry looking men), marchando hacia el Este en destacamentos de combate, armados, disciplinados, encuadrados por sus jefes... Eran los deportados de Buchenwald, dispuestos a luchar...".
Estas líneas figuran en el informe que Fleck y Tenenbaum -no me cansaré de repetir sus nombres- redactan para el alto mando, días después, el 24 de abril. Informe sin duda olvidado, y que resulta oportuno rescatar hoy, día de la visita a Buchenwald del presidente Barack Obama, y que, en cualquier caso, puede consultarse en el Archivo Histórico Nacional de EE UU, bajo las siglas RG 331, SHAEF G5, carpeta 10: Buchenwald, a preliminary report.
Este informe, por muy preliminar que sea, viene a zanjar una antigua discusión de la época de la Guerra Fría, a veces enconada, sobre la realidad de la insurrección armada de Buchenwald. Testigos imparciales, Fleck y Tenenbaum acreditan dicha realidad. Pueden decir, como Francisco de Goya: Yo lo vi...
Es cierto que la propaganda de la Alemania del Este ha presentado durante años una versión mitificada de la liberación de Buchenwald, en la cual se minimizaba, por no decir que se ocultaba totalmente, el papel decisivo del Ejército estadounidense. En realidad, la insurrección armada -preparada durante años de difícil trabajo clandestino; organizada en torno a un núcleo de combatientes antifascistas de la guerra de España, ¡qué novela, señor mío, qué novela!- sólo fue posible porque los soldados de Patton ya habían derrotado a las tropas de las SS, pero tuvo, sin embargo, un valor político y simbólico excepcional. Buena prueba de ello son las frases de sorpresa admirativa de Fleck y Tenenbaum en su citado informe.
Observadores atentos, los dos norteamericanos describen el armamento de los deportados. Some platoons carried German rifles. Some platoons had panzerfausts on their shoulders... Y es sin duda significativo que utilicen, aunque escriban lógicamente su informe en inglés, la palabra alemana para nombrar el bazooka, en la columna armada que descubren los dos norteamericanos.
En su informe, después de describir nuestro armamento -ya puedo hablar en primera persona; ya existo como portador de bazooka, o de panzerfaust (puño antitanque, literalmente) si se prefiere la expresión alemana, puesto que española no hay; ya me ha dado existencia, aunque sólo sea colectiva, genérica, sin distinguirme como individuo, la mirada de los dos norteamericanos-, Fleck y Tenenbaum dicen algo singular, al hablar de los deportados en armas, al hablar de nosotros. They laughed and waved wildly as they walked. O sea, que nos reíamos y gesticulábamos de alegría, al marchar en armas hacia Weimar.
Pues no me extraña. Naturalmente que estábamos alegres, en la gloria de la libertad, de la dignidad reconquistadas. Hambrientos, harapientos, pero vivos, en armas, cantando las canciones revolucionarias de la vieja Europa, en todos los idiomas de la vieja Europa. Y algunas de ellas, las de nuestra guerra, Los cuatro generales, ¡Ay Carmela!, cantadas en varios idiomas a la vez.
Sin duda es un gran acierto, prueba de buen talante y talento político, que el presidente Barack Obama, después del fundamental discurso de El Cairo, comience su viaje a Europa con una visita a Buchenwald. En el momento en que buena parte de sus iniciativas se desmarcan de la política nefasta de su predecesor, y la desmontan estratégicamente, no parece inútil recordar los valores democráticos, generosos, que encarnaron en 1945 los soldados del Ejército de EE UU: los afroamericanos de los batallones de choque de Patton; los soldaditos hispanos cuyos ojos se llenaban de lágrimas, ante los montones de cadáveres apilados en el recinto del crematorio de Buchenwald, y que rezaban en un melodioso castellano el Padrenuestro; los granjeros del Middlewest que descubrían, a través de una guerra durísima pero justa, la dimensión universalista de la democracia norteamericana.
¡Bienvenido pues a Buchenwald, lugar de memoria europea, memoria de libertad y de lucha, presidente Barack Obama!
Al desembocar en un tramo de autovía, los dos estadounidenses (no me resisto a dar sus nombres enseguida: Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum. ¡Estupenda ironía de la historia, memorable revancha: dos judíos norteamericanos, de filiación germánica, son los primeros en penetrar en el recinto alambrado del campo de concentración nazi!), los dos norteamericanos, pues, descubren de pronto "a miles de hombres harapientos, de aspecto famélico (hungry looking men), marchando hacia el Este en destacamentos de combate, armados, disciplinados, encuadrados por sus jefes... Eran los deportados de Buchenwald, dispuestos a luchar...".
Estas líneas figuran en el informe que Fleck y Tenenbaum -no me cansaré de repetir sus nombres- redactan para el alto mando, días después, el 24 de abril. Informe sin duda olvidado, y que resulta oportuno rescatar hoy, día de la visita a Buchenwald del presidente Barack Obama, y que, en cualquier caso, puede consultarse en el Archivo Histórico Nacional de EE UU, bajo las siglas RG 331, SHAEF G5, carpeta 10: Buchenwald, a preliminary report.
Este informe, por muy preliminar que sea, viene a zanjar una antigua discusión de la época de la Guerra Fría, a veces enconada, sobre la realidad de la insurrección armada de Buchenwald. Testigos imparciales, Fleck y Tenenbaum acreditan dicha realidad. Pueden decir, como Francisco de Goya: Yo lo vi...
Es cierto que la propaganda de la Alemania del Este ha presentado durante años una versión mitificada de la liberación de Buchenwald, en la cual se minimizaba, por no decir que se ocultaba totalmente, el papel decisivo del Ejército estadounidense. En realidad, la insurrección armada -preparada durante años de difícil trabajo clandestino; organizada en torno a un núcleo de combatientes antifascistas de la guerra de España, ¡qué novela, señor mío, qué novela!- sólo fue posible porque los soldados de Patton ya habían derrotado a las tropas de las SS, pero tuvo, sin embargo, un valor político y simbólico excepcional. Buena prueba de ello son las frases de sorpresa admirativa de Fleck y Tenenbaum en su citado informe.
Observadores atentos, los dos norteamericanos describen el armamento de los deportados. Some platoons carried German rifles. Some platoons had panzerfausts on their shoulders... Y es sin duda significativo que utilicen, aunque escriban lógicamente su informe en inglés, la palabra alemana para nombrar el bazooka, en la columna armada que descubren los dos norteamericanos.
En su informe, después de describir nuestro armamento -ya puedo hablar en primera persona; ya existo como portador de bazooka, o de panzerfaust (puño antitanque, literalmente) si se prefiere la expresión alemana, puesto que española no hay; ya me ha dado existencia, aunque sólo sea colectiva, genérica, sin distinguirme como individuo, la mirada de los dos norteamericanos-, Fleck y Tenenbaum dicen algo singular, al hablar de los deportados en armas, al hablar de nosotros. They laughed and waved wildly as they walked. O sea, que nos reíamos y gesticulábamos de alegría, al marchar en armas hacia Weimar.
Pues no me extraña. Naturalmente que estábamos alegres, en la gloria de la libertad, de la dignidad reconquistadas. Hambrientos, harapientos, pero vivos, en armas, cantando las canciones revolucionarias de la vieja Europa, en todos los idiomas de la vieja Europa. Y algunas de ellas, las de nuestra guerra, Los cuatro generales, ¡Ay Carmela!, cantadas en varios idiomas a la vez.
Sin duda es un gran acierto, prueba de buen talante y talento político, que el presidente Barack Obama, después del fundamental discurso de El Cairo, comience su viaje a Europa con una visita a Buchenwald. En el momento en que buena parte de sus iniciativas se desmarcan de la política nefasta de su predecesor, y la desmontan estratégicamente, no parece inútil recordar los valores democráticos, generosos, que encarnaron en 1945 los soldados del Ejército de EE UU: los afroamericanos de los batallones de choque de Patton; los soldaditos hispanos cuyos ojos se llenaban de lágrimas, ante los montones de cadáveres apilados en el recinto del crematorio de Buchenwald, y que rezaban en un melodioso castellano el Padrenuestro; los granjeros del Middlewest que descubrían, a través de una guerra durísima pero justa, la dimensión universalista de la democracia norteamericana.
¡Bienvenido pues a Buchenwald, lugar de memoria europea, memoria de libertad y de lucha, presidente Barack Obama!
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