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miércoles, 12 de marzo de 2014

PRENSA. "Peregrinación literaria al día del horror"

   En "El País":

Peregrinación literaria al día del horror

Aun con dificultad, los escritores son los creadores que más han evocado la matanza

Entre ellos priman las historias de carácter emocional, simbólico y metafórico


Un visitante en la Habitación Azul Cobalto, bóveda de plástico serigrafiada con mensajes de apoyo a las víctimas del 11-M en la estación de Atocha,de Madrid. / CLAUDIO ÁLVAREZ (EL PAÍS)
El enjambre de dolor y miedo suscitado aquel jueves por los 191 muertos y 1858 heridos fue el zarpazo del futuro en España. El preámbulo de una lluvia de sensaciones y emociones sombrías, incertidumbres e insatisfacciones que diez años después no han amainado, y que la creación artística ha abordado de manera muy tímida. Salvo la literatura. Desde el día siguiente de la tragedia en Madrid, 11 de marzo de 2004, las palabras de los escritores iniciaron su empeño por reordenar y ordenar la vida porque a la desgracia se sumó la confusión de palabras manipuladas. Un acercamiento que han hecho sobre todo desde lo emocional y con carácter simbólico o metafórico.
Primero los poetas: “Acaso lo más duro y lo más cruel / no sea abrir lo negro en lo blanco: / en la armonía el caos, / en ojos inocentes un cuchillo de ira, / en los labios más tiernos de juventud / la muerte”,(Antonio Colinas, en Madrid 11 de marzo, Pre-Textos).
Después los narradores: “En el silencio atónito de las gentes se intensificará la soledad de su indefensión y el dolor de las desapariciones”. (Luis Mateo Díez, en La piedra en el corazón, Galaxia Gutenberg).

Fue la irrupción de una realidad que desbordó todo, que no se ha asimilado y que está como un quiste que oculta la insatisfacción política y social que se ha agudizado desde entonces, a la vez que descubre la sensación de vulnerabilidad
A las preguntas de la tragedia, que han tratado de responder docenas de investigadores, historiadores y periodistas en libros de ensayo, siguen las preguntas de por qué las artes no terminan de abordar el suceso. A la falta de perspectiva, tiempo, se suma, según José-Carlos Mainer, catedrático de literatura, escritor y crítico, “la irrupción de una realidad que desbordó todo, que no se ha asimilado y que está como un quiste que oculta la insatisfacción política y social que se ha agudizado desde entonces, a la vez que descubre la sensación de vulnerabilidad. Un síndrome extensivo y responsable del estallido de insatisfacción que llega hasta hoy”.
Mientras el cine, la música, el teatro y las artes plásticas han mirado aquella tragedia por una rendija del tiempo, la literatura ha entrado por su puerta para arrojar luz sobre lo ocurrido y su estela en la gente. Han hecho una ruta similar a la vivida en Estados Unidos, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, con palabras que se abren paso en el tiempo.
“Ya la ciudad vuelve a ser un caudal de vida y tiempo derramados. Pero ha ocurrido algo, la luz ha pasado de un color a otro como si hubiese caído un telón sobre Madrid”. (Adolfo García Ortega, en El mapa de la vida, Seix Barral).
“Las palabras no esperan”, escribió Díez en 2006. Fue uno de los primeros narradores en entrar en aquel día de marzo y escribir no una novela sobre el 11-M, sino una historia que transcurre en el 11-M para convertirse en una especie de tratado de vida, del aprendizaje del dolor, “de la búsqueda denodada de la palabra, del nombre de lo innombrable. De la palabra salvadora”.

La fuerza de la literatura estriba en que llega a la memoria emocional de la gente y fija los hechos como mitos, como relatos. Esto desde Homero
Porque mientras los historiadores hacen Historia, ajustan los pilares de la realidad, lo que cuentan los escritores es lo que suele quedar en el imaginario colectivo, lo que da forma a la vida de la Vida. “La fuerza de la literatura estriba en que llega a la memoria emocional de la gente y fija los hechos como mitos, como relatos. Esto desde Homero”, recuerda García Ortega. Con una advertencia: “Esto vale tanto para la verdad como para la mentira. La literatura también tiene su cara b, que es la manipulación. Es más, la literatura se define como manipulación, para construir o para destruir”.
Una idea compartida por Fernando Reinares, que acaba de afianzar los pilares del suceso madrileño en ¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España (Galaxia Gutenberg). Para el catedrático de Ciencia Política, la literatura puede facilitar la comprensión y un mejor entendimiento de los hechos, “pero siempre que se ajuste a la realidad y con evidencia contrastada. No de literatura que añada más imaginarios a los que ya la sociedad española ha generado al respecto”.
Y aunque la ficción es clave, porque cuenta lo que no cuenta la Historia, “no puede hacer trampas, tiene que tener unas reglas como la Historia”, asegura Manuel Gutiérrez Aragón, autor de La vida antes de marzo (Anagrama). La poca literatura alrededor del 11- M se debe, tal vez, agrega el cineasta y narrador, a que se trata de un suceso puntual, “fue tan único que parece no pertenecer a nuestra Historia. Tan externo que puede ser un punto de partida o de llegada”. Considera que lo escrito hasta ahora está bien y no está enredando los múltiples hilos de un acontecimiento que desde el primer día fue enturbiado al mezclar tragedia, terrorismo, política y mucha opinión pública.
“Oyó el aullido de la ciudad y el cántico de las ambulancias rumbo a Atocha. Sus gafas de mariposa se empañaron. Miró hacia delante y hacia atrás, sin saber qué hacer, y tuvo la impresión de que estaba perdiendo el equilibrio”. (Blanca Riestra, en Madrid blues, Alianza).


En recuerdo de las víctimas en 2006. /RICARDO GUTIÉRREZ (EL PAÍS)
Los pocos libros sobre el tema puede deberse también, según Riestra, a que en España la literatura sigue estando muy ligada al entretenimiento. Y la escritora va más allá: “La literatura como reflexión sobre nuestra historia presente, más aún si se trata de sucesos trágicos como el asunto de Atocha, parece abocada al fracaso. Eso experimentamos muchos de los escritores que publicamos novelas sobre el 11-M, que se hacía un tupido silencio sobre nuestros textos, como si hubiésemos violado alguna regla no escrita”.
Los que han vuelto a aquel día, cuenta Díez, han buscado el sentido profundo de esa experiencia en la experiencia de cada uno, del hecho en sí y del dolor íntimo de una conciencia global de él. Y esa narración lo sitúa mucho más allá del propio suceso y de las connotaciones históricas. “Ese estupor y sentimiento de liquidación absoluta e imprevisto sucede en el momento del despertar que requieren de unas palabras destiladas en lo narrativo como de meditación interior y estar más cerca a la expresividad que rastrea la poesía en su esencia más profunda”.
Novelas que tratan de contribuir a fijar un modo de interpretar la realidad en el marasmo de la confusión, afirma García Ortega. Y lo hacen “posicionando al lector frente a las víctimas, frente a los asesinos y frente a las circunstancias desde el puesto privilegiado de la primera fila, para que el lector sienta, piense, imagine por su cuenta y adquiera ese don, que solo da la literatura, que es la identificación con el otro”.
“Yo miraba los escasos anuncios de las afueras de Vaciamadrid: muebles, sanitarios, alquiler de oficinas.
—La sangre está corriendo. Hay ríos teñidos de rojo y muchos muertos…
La guerra no está tan lejos como algunos quieren hacer creer, la guerra está tras esos montes y se va acercando —dijo Serhane. Ante mí se extendía la tierra baldía, las yeseras, los terraplenes de hierba rala”. (Madrid antes de marzo)

El recuerdo de los muertos está presente. Todavía no es novela histórica, es novela de la emoción y para eso se cuenta con que el lector también es contemporáneo de los hechos”.
La mayoría de las narraciones están hechas desde la emoción, reconoce Gutiérrez Aragón. Al estar tan cerca el suceso, en esas obras palpita lo que produjo en cada escritor y la sociedad. “No es lo mismo que la Guerra Civil por los que no la vivieron. Esto estaba muy próximo y se nota. El recuerdo de los muertos está presente. Todavía no es novela histórica, es novela de la emoción y para eso se cuenta con que el lector también es contemporáneo de los hechos”.
La novela es consuelo, como debió ser la épica para Homero al pensar la Ilíada, afirma el crítico J. Ernesto Ayala-Dip: “No hay pena ni dolor colectivo que no se nos incruste como el dolor y la pena con el que nos solidarizamos y con el cual nos interrogamos y nos vemos (incluso en la terrible posibilidad de haber sido víctimas o verdugos), a nosotros mismos como individuos”. Recuerda que estas obras españolas, sin olvidar la escrita por el norteamericano Don Delillo, El hombre del salto, 2007, sobre 11 de septiembre del 2001, “cada una en su especificidad estética y argumental, intentaron una explicación o una mínima respuesta a tanto enigma humano y a tanta sinrazón”.
Si Díez considera que también estos libros tienen algo de catártico, Blanca Riestra cree que no han tenido ningún impacto salvador o excelso. Que no hay que crear tabúes. La muerte y la violencia, afirma, “no deben ser sacralizados y la realidad —cualquier realidad— está ahí para que quien quiera la tome y haga con ella literatura”.

Las novelas del 11-M ponen la política en su sitio, es decir, en un lugar muy efímero y coyuntural, incluso amoral
Los primeros en contar lo ocurrido fueron los medios de comunicación. Podría pensarse, reflexiona García Ortega, que la información periodística es el mejor cauce para ello, “pero precisamente el 11-M se estudiará algún día como el modelo de manipulación informativa más taimado de nuestra historia reciente”. Aflora, entonces, el aspecto ineludible: el político. Las novelas del 11-M “ponen la política en su sitio, es decir, en un lugar muy efímero y coyuntural, incluso amoral. La Historia no olvidará gracias a que la literatura siempre estará ahí para denunciarlo”.
“Nada nos hace tan sabios como el dolor. Hay una lucidez en la experiencia del dolor que no se puede conquistar de otra manera que sufriendo. De hecho, si no olvidáramos nuestra experiencia del dolor, creo que seríamos eternamente sabios, y que ya nada nos heriría; por desgracia, incluso la sabiduría del dolor se olvida, y de nuevo recaemos en nuestras viejas costumbres imperfectas”. (Ricardo Menéndez Salmón, en El corrector, Seix Barral).
Fue el jueves 11 de marzo de 2004, en Madrid. Ese día las alegrías heredadas del día anterior fueron sepultadas por tres explosiones, 1858 heridos y 191 muertos. Luego, política y realidad se mezclaron como una gran gota de tinta que cae sobre un vaso de agua. Y los escritores empezaron su peregrinación hacia aquella grieta en el tiempo.

PRENSA. "Radiografía emocional de una década"

   En "El País":

Radiografía emocional de una década

Tras el 11-M vino la crisis económica, el nacionalismo y luego el 15-M

La emoción que se ha instalado es la desconfianza, una emoción destructiva


Velas en recuerdo de las víctimas de los atentados del 11-M, en 2006. / RICARDO GUTIÉRREZ
Los cambios sociales pueden estudiarse desde perspectivas muy diferentes. A mí me interesa lo que en términos rimbombantes sería teorías psicogenéticas de la historia. No se pueden comprender los acontecimientos humanos sin conocer su infraestructura emocional, es decir, los deseos, las necesidades, las pasiones que adquieren vigencia social en un momento dado. Es una tradición que comienza en Tácito, la siguieron Adam Smith, Norbert Elias, Theodore Zeldin y muchos otros. ¿Cómo ha cambiado el perfil emocional de los españoles en los últimos diez años? La salvajada del 11-M produjo un estremecimiento de espanto, solidaridad y miedo meramente coyuntural. La llegada al poder de Zapatero provocó un sentimiento de euforia que recogió muy bien la prensa extranjera, y que desapareció cuando llegó la crisis. Entonces se instaló lo que ha sido la emoción dominante durante los últimos años: el miedo económico. Los expertos en miedos sostienen que la intensidad de esta emoción depende de dos factores: la gravedad e inminencia del peligro, y el sentimiento de impotencia para enfrentarse a él. El sentimiento de impotencia —lo que los técnicos llaman helplessness—ha sido fomentado por los grandes partidos, al admitir que hay fuerzas incontrolables que dirigen nuestra vida económica. En este punto, emergen los sentimientos nacionalistas, en especial, el catalán. Creo que no se ha estudiado bien el poder de esta emoción en momentos de crisis. Las críticas sobre su viabilidad son ineficaces porque los nacionalismos suscitan la esperanza de que las lógicas prosaicas no vencerán. Sus mensajes son anfetamínicos, y ahora, junto a las religiones, son los únicos capaces de movilizar energías comunitarias y de pedir sacrificios a la gente. Su fuerza —y su debilidad— proceden de que son emociones supraindividuales. Cuando los ilustrados elogiaban las pasiones comerciales —también individuales— lo hacían porque les parecían menos peligrosas que las políticas.
La crisis hacía presagiar que la emoción predominante debería ser la “indignación”, una emoción que tiene una definición precisa. Es el sentimiento de furia provocado por la injusticia o la humillación. El movimiento 15- M y el descomunal éxito del libro Indignaos, de Stéphane Hessel hicieron pensar que la indignación sería la emoción revolucionaria en este momento, como lo fue en otros momentos de la historia. Fui escéptico sobre la capacidad movilizadora de esta emoción. O mejor dicho, sobre su capacidad transformadora. La indignación une, pero la deliberación divide y la perseverancia aburre. Además, en nuestro caso tenía que luchar contra fuerzas emocionales muy profundas: la impotencia, el hedonismo, el individualismo. Al final, la emoción que se ha instalado en nuestro hábitat político es la desconfianza, una emoción destructiva que se retroalimenta. Produce efectos paradójicos porque la desconfianza no nos lleva al pensamiento crítico, que nos permitiría discernir la realidad de la tomadura de pelo, sino que nos instala en la credulidad. No fiarse de nadie supone admitir que cualquier desmán es posible y cualquier conspiración verosímil. Esta es mi radiografía emocional de una década.
José Antonio Marina acaba de publicar Los miedos y el aprendizaje de la valentía (Ariel)

martes, 11 de marzo de 2014

POESÍA. 11-M. "Identificación de cadáveres". Isabel Pérez Montalbán (Córdoba, 1964)

Isabel Pérez Montalbán

IDENTIFICACIÓN DE CADÁVERES
He visto padres que no reconocen
la ropa muerta del hijo, rechazan
su pequeña medalla muerta; padres
que retrasan la carne de su carne,
reniegan de lo inerte que fue suyo,
precisan la genética y la duda,
dilatan la esperanza como un chicle
mil veces masticado y hacen nido
al dolor en el hueco de las sienes.

Porque salen más víctimas que muertos oficiales
hay más bolsas con restos que número mortal,
y hay dedos de un cadáver ya sin brazos
y una pierna infantil sin ningún nombre.

Los forenses anotan cualquier cosa
por si acaso: el color de una pestaña,
la textura del pelo de una joven
y su constelación de siete pecas.

Me pregunto quién antes realizó
la autopsia de las horas en mala hora,
quién pudo embalsamar todas las sábanas
todavía enfriándose el calor de los cuerpos,
quién alejó de sí la cercanía
y ordenó retirar los desayunos
antes de amanecer con mechas pelirrojas,
antes de interrumpir la corriente y la marcha,
los trenes torrenciales como ríos,
la sangre que madruga tan temprano...
...y entonces la extensión de la barbarie
manchando el sol de primerizo escombro
con cien caños de música que inundan
la orfandad de los móviles que ya nadie contesta.

Porque hay libros salvados que buscan a su dueño:
al estudiante con acné y legañas,
al limpiador de cristales rumano,
al administrativo y la modista
que leían lo mismo: vivir para contarla.

Hijos todos de la mañana niña,
familiares del tajo, los he visto.
y he visto que las cosas y la gente
rescatan de las vías su futuro
mutilado sin jueves, su después imposible:
el anillo de bodas, la foto de los nietos,
el carnet sindical, unas gafas sin ojos,
a muchos metros una mano sola,
la goma dos y el corazón sin brújula.

Fuente: http://www.asociacion11m.org/ver-poema.php?id=40

jueves, 11 de marzo de 2010

POESÍA. El 11-M 2004, en el recuerdo

Hoy hace seis años.
Podemos recordarlo en la web Asociación 11-M.
Allí, entre otros, aparece el siguiente poema:

Canción con corazón
Te doy mi corazón,
amor,
y haz lo que quieras.

Loca de rabia,
pega, pega, pega,
sobre mi corazón.

Loca de pena,
llora, llora, llora,
sobre mi corazón.

Cuando no puedas
llorar, estrújalo.
O, si prefieres
morir,
córtale las venas.

Cuando no puedas
levantarte siquiera de la cama,
ponte mi corazón,
amor,
que yo te mueva.

Cuando el vacío
se te anude en el vientre,
hazle un sitio en el frío,
amor,
al corazón,
asustado y caliente.

La muerte ya pasó,
amor.
Por el amor
no pasa nunca la muerte.
Viven muchas criaturas,
amor, siempre,
en el fondo del corazón.

                               Ana Sofía Pérez-Bustamante

PRENSA. 11 marzo 2010

En "El País":

1. "Perdí el tiempo en la ONU, por eso creé mi fundación". Entrevista a Waris Dirie, símbolo de la lucha contra la ablación. Por Carmen Pérez-Lanzac.

2. Memoria de los esclavos de Franco. Reportaje de Tereixa Constenla. Centenares de nuevos documentos evocan la vida de los presos en los campos de concentración de la dictadura. El Tribunal de Cuentas cede sus fondos a Cultura. El historiador Santos Juliá continúa con el tema, en Aquellos archivos.

3. El automóvil que habla. Columna de Vicente Verdú.

4. Dictadura es siempre dictadura. Reportaje de Cristina Galindo. La muerte de Zapata deja al descubierto a los rehenes de sus prejuicios. La doble moral se impone en sectores de la izquierda y la derecha.

5. La España negra y la tauromaquia. Artículo de Jesús Mosterín, profesor de Investigación en el Instituto de Filosofía del CSIC.

6. El verdadero significado de aquel 11-M. Artículo de Fernando Reinares, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos; acaba de ser elegido director académico de la International Counter Terrorism Academic Community. Una versión más extensa de este artículo aparecerá en el próximo número de Survival, la revista del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres.Los atentados de Madrid fueron obra de una trama 'yihadista' conectada con el núcleo central de Al Qaeda. Para situarlos cabe recordar el vídeo de Bin Laden de 2003 en el que amenazaba explícitamente a España.

7. Acoso a los cristianos en el mundo islámico. Reportaje de Andrea Rizzi. La sucesión de ataques y expulsiones en varios países desata inquietud.

8. Mitad basura, mitad maravilla. Reportaje de Elsa Cabria. Eduardo Galeano reivindica la compleja igualdad entre hombres y mujeres.

miércoles, 11 de marzo de 2009

11-M. En el recuerdo.

Un poema de Elsa López:


EL DESCENDIMIENTO

Desgarrarse del hijo.
Desprenderse de la carne.Trazar una línea imperceptible desde el centro a la luz
y ver cómo la luz parte en dos tus esperanzas,
demuestra cómo el mundo se nutre de lo ajeno.
Así la muerte y sus gestos oscuros.
Así los brazos en cruz
como una interrogación sobre el vacío.
Así la cama desierta
y el ruido de la sangre golpeando las ventanas.
Así las sombras.

Eso fue una mañana
y ya no hubo otros marzos que llevarse a la boca.
El tiempo se detuvo para siempre en el mantel a cuadros
y ella supo, a partir de ese día, del dolor y sus costumbres,
de la lágrima vertida,
de la punzada de vidrio en el centro del pecho,
del grito que se extiende como un bálsamo,
de las grietas del alma,
de la herida.