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lunes, 23 de mayo de 2016

LITERATURA. "Ética y estética en 'El Quijote'". Rafael Sánchez Ferlosio

   En "El País":

Ética y estética en el ‘Quijote’

El escritor reflexiona sobre la figura paródica del personaje de Cervantes, un hidalgo socialmente periclitado

RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO   15 mayo 2016
Entre las cosas que halló Cervantes con el Quijote está la de que todo juicio estético guarda alguna relación con una antigua ética. Así, ya el mismo Don Quijote es figura paródica de un viejo personaje heroico y, por lo tanto, ético, socialmente periclitado, o sea al que no le queda nada que hacer en este mundo nuevo, ni, particularmente, con las armas nuevas a las que impone plantar cara, y cuyo lenguaje es una anticuada jerga literaria sobreactuada o sobrecargada de adjetivos laudatorios que encarecen la nobleza y esplendor de su pintura.
Para Don Quijote “poner en efecto su pensamiento” consistía en actuar al dictado de un texto escrito en el futuro, pero con el lenguaje, ya en su tiempo anticuado, de los libros de caballería.
“Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero iba hablando consigo mesmo y diciendo: ¿Quién duda si no que en los venideros tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escribiere no ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salida tan de mañana, desta manera?: Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus harpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante, y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel".
Si la aventura de Don Quijote consiste en una ficción lúdica y gratuita como la que acabo de transcribir, me parece que habría que reconocerla como una aventura estética o, incluso, literalmente, artística. Y si reparamos ahora en la simulación paródica del lenguaje anticuado que redunda como ficción interna, ficción de ficción, esta aventura lúdico-artística, en cuanto tal parodia no puede ser paródica más que de una aventura ética. Para hacerle el debido contrapunto ético tendríamos así pues que buscar alguna aventura ética no paródica. Como emprendiéramos ese camino llegaríamos a apelar, por ejemplo, al Cantar de Myo Cid, que es, efectivamente, un texto ético pero no paródico; por eso nos conformaremos con la noble y bellísima solución del propio Don Quijote: recurrir al simple encarecimiento de un ayer éticamente digno de añoranza:
“Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina, y corta y acaba en un instante los pensamientos y vida de quien la había de gozar luengos siglos”.

lunes, 8 de junio de 2015

PRENSA CULTURAL. "Ferlosio". Julio Llamazares

Rafael Sánchez Ferlosio

   En "El País":

Ferlosio

Todo el mundo debería leer los pecios reunidos en ‘Campo de retamas’


El para mí mayor escritor español del último medio siglo, ese que algunos creen un vagabundo cuando se cruzan con él por la calle o en el café, el que parece en las fotografías de prensa un samurái perplejo, al estilo de los personajes de su Testimonio de Yarfoz, acaba de publicar un libro que es una verdadera joya no solamente literaria sino también filosófica y hasta política. Se titula Campo de retamas y todo el mundo debería leerlo, aunque sé que pocos lo harán.
Rafael Sánchez Ferlosio, el escritor maldito de verdad, el narrador sin condescendencia consigo mismo ni con su obra, el autor de algunas narraciones que son ya historia de la literatura, pero de las que reniega en público sin ninguna impostación ni intención de epatar a sus lectores, el articulista de prensa siempre original, ha reunido en su última obra (recopilación de aforismos, ensayo, filosofía en pequeñas perlas, cada uno que piense lo que quiera de él) cuya digestión requiere un tiempo diferente a la de la mayor parte de los libros. Si la verdadera literatura es esa que te obliga a detenerte cada poco y a pensar, a regresar sobre lo ya leído, a buscar concomitancias con otros textos del mismo autor o de otros diferentes, a demorarte, en fin, en su comprensión, las retamas de Ferlosio, o —como él se refiere a ellas salvo en el título de la obra— pecios, tejen unas con otras un bosque de matorral que se enreda en las piernas del lector y al mismo tiempo en su pensamiento y le hacen cada vez más difícil su andadura, pero más apasionante precisamente por ello.
Frases como la que inaugura el libro: “Ojo conmigo”, o afirmaciones como la de que “la simpatía es un arcaísmo de quienes creen, quieren creer o necesitan fingir que hay todavía un medio, un ámbito de vida pública en el que los hombres pueden allegarse en algún grado, de manera directa y espontánea, los unos a los otros” sitúan al lector ante una escritura en la que nada fácil se le ofrecerá. Habituados a las lecturas condescendientes y compasivas del actual canon literario, a la sucesión de libros de entretenimiento que gozan del favor del público generalista contemporáneo, las retamas o pecios de Ferlosio obligan a un esfuerzo intelectual a sus lectores (como antes a su autor), lo que no significa que su lectura no sea placentera. Al revés: el placer surge de su dificultad, de la capacidad del autor para convertir las palabras en piedras preciosas y la sintaxis en pensamiento, del propósito irrenunciable de Ferlosio de no bajar la guardia en ningún momento para no decir un solo lugar común, algo que se le agradece en un tiempo como éste en el que la facilidad y lo divertido están tan valorados comúnmente.

lunes, 29 de noviembre de 2010

PRENSA. 29 noviembre 2010

En "El País":

1. La be sigue siendo be. Por Pablo Ordaz y Juan Cruz. Las academias del español acuerdan en Guadalajara mantener la ortografía con nuevas recomendaciones de uso - La Feria está dedicada este año a Castilla y León.

2. Duermen bajo las olas. Reportaje de Jacinto Antón. El danés Carsten Jensen revive una gran saga marinera en 'Nosotros los ahogados' - Viaje con el escritor al pueblo de Marstal, escenario de su novela.

3. No falla la mente, sino el cerebro. Reportaje de Mónica López Ferrado. Los expertos modifican el enfoque de la esquizofrenia, que cambia de dolencia psiquiátrica a neurológica - La enfermedad podría detectarse en estadios precoces.

4. "Hay chicos que leen bien, pero en lo digital se pierden al tercer clic". Entrevista a Andreas Schleicher, responsable del Informe PISA de la OCDE.  

5. Solo Alemania puede salvar esta situación. Artículo de Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la 'Hoover Institution' de la Universidad de Stanford. Su último libro es Facts are Subversive: Political Writing from a Decade Without a Name. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

6. Aplausos. Artículo del escritor Rafael Sánchez Ferlosio.

7. Maquiavelo, Churchill y Monnet. Artículo de Santiago Petschen, catedrático emérito de la UCM y Jorge Tuñón, profesor de la Universidad Carlos III. Jean Monnet es un desconocido para muchos. Habría que editar un compendio asequible de sus 'Memorias' para que su pensamiento forme parte del tejido social y político, como ya pasa con Maquiavelo y Churchill.

viernes, 20 de agosto de 2010

PRENSA. "¡Y qué afán de ganar y ganar!", por Rafael Sánchez Ferlosio

Rafael Sánchez Ferlosio
En "El País":
¡Y qué afán de ganar y ganar!

El deporte, actividad sin más objetivo que el de la redundancia de la victoria como fin en sí mismo, se ha convertido en contenido principal, por no decir único, de esa mala pasión que es todo patriotismo

RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO 07/08/2010

La cultura en general y especializadamente la cultura de estadio ha sido siempre, de manera congénita, un instrumento de des-subjetivación política y de control social. Así ha sido en Roma desde el Panem et circenses; y sobre Grecia tenemos el testimonio, indirecto y tardío, de Luciano de Samosata -nació ya en la era cristiana, bajo el dominio del Imperio Romano-, que, en su diálogo Anacarsis o de la gimnasia, se remonta a los tiempos de Solón, al que nos pinta como hospitalario receptor y gentil acompañante de un escita, seguramente rico, Anacarsis, que baja hasta Atenas con el deseo de conocer la cultura y las instituciones de la Hélade. Hay que decir que por "gimnasia" no entiende Luciano solamente la habitual -no sé si cotidiana- de los particulares, sino también la de un estadio -con multitud de espectadores, ya se entiende-; pero en lo que dice de esto último puede haber influido, o por lo menos así lo parece, su conocimiento de los grandes estadios o los circos de la Roma imperial, pues, por añadidura, el texto menciona ya, con veinte siglos de anticipación, la mayoría de los tópicos y gratuidades racionalizadoras y moralizadoras que se reúnen en las actuales apologías del deporte, con la pintoresca coincidencia de que Solón -o más bien el Solón de Luciano de Samosata- las esgrima con la misma inclinación defensiva y encarecedora. Pero Anacarsis no se convence en absoluto por las razones de Solón, y sigue pareciéndole una total indignidad que amigos que no tienen ningún disgusto se peleen rebozados en grasa, en arena, en barro, haciéndose a veces mucho daño y luego sigan tan amigos. A mí esto me ha recordado siempre al Marqués de Bradomín, en la Sonata de estío, de Valle-Inclán, en el pasaje en que dice: "La raza sajona es la más despreciable de la tierra. Yo al ver los puñetazos pueriles y grotescos en la cubierta de la goleta, descubrí una nueva versión de la vergüenza: la vergüenza zoológica".
Que el deporte, actividad sin contenido alguno y sin más objetivo que el de la redundancia de la victoria como fin en sí mismo, haya podido transformarse en contenido principal, por no decir único, de esa mala pasión que es todo patriotismo arroja la más vidriosa sospecha sobre el patriotismo en general, incluido el solo aparentemente no lúdico; ambos, con singular indiferencia respecto de lo cruento o incruento, pertenecen al mismo pragma y tienen el mismo origen. El acreditado grupo de filólogos y antropólogos franceses sobre la cultura griega, formado en torno al gran maestro Gernet, remite dicho origen a los juegos funerarios; por ejemplo, los de las exequias de Patroclo, en la Ilíada, canto XXIII. Parece ser que a toda la subsiguiente y diversificada derivación funcional e institucional puede asignársele por clave la palabra "agón", que yo describiría como relación de competición y de controversia. Yo no he leído nada de Gernet, pero dispongo de la obra de otro miembro del grupo, Marcel Detienne, Los maestros de verdad en la Grecia arcaica, que tiene precisamente a Gernet como el autor incomparablemente más citado, con hasta 45 referencias, de las cuales transcribo aquí la que me parece más idónea y autosuficiente: "En el estudio Droit et sociéte L. Gernet escribe: 'El derecho que empieza a aparecer en escena no lo hace como una técnica especial y profesional: emana, ya como tal, de la vida de los juegos; hay continuidad entre la costumbre agonística y la costumbre judicial". Lo cual apunta al hecho de que el agón se traslada de la competición deportiva a la controversia judicial, pero al fin se conserva en cuanto oposición entre dos partes: en el estadio hay una lucha de cuerpos, en el juzgado hay una de palabras. El extraordinario hallazgo de Gernet sobre el primitivo origen del derecho conforme al esquema de "partes" del agón tiene toda la importancia histórica de un modelo de derecho procesal que pervive todavía hoy: la fórmula dual de controversia entre "acusación" y "defensa" queda perpetuada en el nombre mismo fijado en el derecho: "juicio contradictorio".
No podría haber sido más que la siempre perspicaz e hiperactiva presidenta de la Comunidad de Madrid la que agarrase al vuelo la posibilidad de explotar publicitariamente la ya de por sí desaforadamente delirante explosión de victoria entre los españoles, decidiendo hacer con ella márquetin de Estado, mediante la exposición de la Copa de Oro en la Puerta del Sol, para que todos los madrileños pudiesen adorarla como si fuese el Santísimo Sacramento. Naturalmente, no podía ser más que la auténtica de oro y no una de yeso bañada en purpurina, porque esta sería tan fraudulenta a efectos de irradiar 'Gracia Santificante' como una hostia de cartulina blanca recortada en forma de círculo, y nuestra siempre fidedigna lideresa podría tal vez dar gato por liebre en cualesquiera baratas laicidades o profanas batallitas de una vida política en estado de creciente pequeñez, pero nunca en un rito que ella misma, desde su incontestable 'Fe en España', desde su congénita y profunda españolez, ha querido instituir con carismática categoría sacramental. Por último, para representar al equipo triunfador, no se ha puesto una camiseta de color rojo, que es, por así decirlo, el color titular de la selección, sino que ha preferido endosar una camiseta verde y con el número 1, lo cual está, en sentido objetivo, enteramente puesto en razón, dado que eran el color y el número de Casillas, que no solo ha sido capitán del equipo, sino también uno de los grandes "héroes" de la Selección. Pero en esto tampoco puede excluirse la motivación de una arrière pensée de nuestra siempre rápida y avispada presidenta, sugerida por el azar de que Casillas sea nativo de la provincia de Madrid, en el sentido de aprovechar el dato para dejar un poco de lado a los catalanes, demasiado numerosos en la Selección y con sus propios "héroes", y sobre todo el otro capitán, aunque en África fuera de servicio, Puyol, con su gol de cabeza viniendo desde atrás, como el tebano Pelópidas en Leuctra contra los espartanos. La publicidad que buscaba nuestra siempre omnipresente hiperpresidenta quería ser central, no, en modo alguno, periférica, y solo la que, por feliz coincidencia, se le ofrecía con el castellano Casillas podía ser, para ella, verdadera publicidad de la ya descaradamente designada como "Marca España".
La explotación publicitaria que por obra del Estado y no menos por los medios de comunicación ha tenido esta famosa Victoria de España, rematada por el obsceno culto de la Puerta del Sol, en que los adoradores de la Copa de Oro recordaban a los de la procesión del Corpus de Toledo, que más que a adorar al Santísimo -cosa que puede hacerse en cualquier parte- parecen haber ido a adorar esa secular montaña labrada en oro y pedrería que es la custodia de Arfe, no puede dejar de provocar un repeluco hacia el deporte en general como el que le hizo decir a Léon Bloi: "Creo firmemente que el deporte es el medio más seguro para producir una generación de cretinos dañinos". A veces, en efecto, tan dañinos como los nazis, acerca de los cuales José Ignacio Barbero en su excelente introducción a su propia selección de distintos autores, que titula Materiales de sociología del deporte, nos da esta información: "Hitler convirtió los Juegos Olímpicos en un asunto de vital importancia para el Estado, en una oportunidad histórica para mostrar al mundo los logros del nacional-socialismo y del Tercer Reich"; y en nota a pie de página da una cita de un manual de Kurt Münch: "Todo atleta y deportista del Tercer Reich debe servir al Estado... El deporte alemán es, en el sentido total del término, político". Todos conocen las acciones y propósitos políticos, inmensamente criminales, que a continuación se perpetraron por mano de los propios seguidores de esa doctrinaria concepción de los deportes.
En fin, el patriotismo es una mala pasión, que, con la ya más arriba mencionada indiferencia ante lo cruento o lo incruento (que me parece que al menos en el fútbol hace sólo 30 años no era así) se sustenta y perpetúa en el hecho de que la Victoria, deportiva o guerrera, sea el único o máximo instrumento de autoafirmación colectiva. La mera idea de "lo colectivo" muchos la ennoblecen, porque no es personal; lo personal suele ser arbitrariamente tachado de individualismo y egoísmo; lo colectivo, en cambio, pertenece al Nosotros. Convendría, por tanto, señalar que el Nosotros no sólo en la gramática es tan persona como el Yo, sino también, por añadidura, como se ha visto en la unanimidad del Totalitarismo, muchísimo peor persona.

Rafael Sánchez Ferlosio es escritor.

jueves, 17 de junio de 2010

PRENSA. Artículos de Juan Cruz y Rafael Sánchez Ferlosio

Juan Cruz
Ambos, en "El País":

¡Ultraje a la paella!


Juan Cruz 13/06/2010

Lo que está ocurriendo se parece a lo que ocurrió y así sucesivamente. Hablábamos unos amigos del daño irreparable que le hacen a la patria las fiestas populares (incluida el Corpus, donde se ha querido, otra vez, juntar a la Iglesia con el Ejército, de modo que hasta el Estado ha estado bailando con esas metáforas), cuando Julio Llamazares, el autor de Luna de lobos, resucitó un viejo (¿viejo?) artículo que Rafael Sánchez Ferlosio publicó en estas páginas en 1983, cuando España se hacía un día y se deshacía otro. Como ahora.
El maestro había titulado así su soflama: Situación límite: ¡ultraje a la paella! No era una metáfora; respondía a la resonante reclamación de un diputado conservador que había sentido, en aquel momento, que alguien, en el Gobierno, había ultrajado a la paella. El diputado era Ignacio Gil Lázaro, del Grupo Parlamentario Popular por Valencia. Por boca de don Ignacio, escribía Ferlosio, "la paella valenciana se ha llamado inmediato a agravio" porque en los anuncios previniendo los incendios de entonces se decían, entre otros, los siguientes avisos: "Hay paellas que matan" y "la paella más cara del verano". Explicó el supuesto representante de los agraviados que esa literatura publicitaria "menosprecia gravemente el patrimonio cultural autóctono valenciano".
El fervor popular no tiene límites; se ha visto ahora en el Corpus toledano; se ve en las procesiones (a las que siguen asistiendo políticos) de los pendones de las distintas patrias chicas; se sigue viendo en las romerías y en los fuegos artificiales en los que se siguen adorando las banderas, autonómicas, estatales o de las patrias más chicas. Decía Rafael Azcona que la modernidad había llegado a España cuando la gente empezó a creer que las exhibiciones callejeras de los pollos asados equivalían al final del hambre. Pero la modernidad nunca ha llegado, está ahí, a las puertas, soliviantada por las fiestas populares que siguen llenando, en todas sus formas autonómicas o políticas, el gaznate patriótico hasta el desgañite. En aquel artículo que Llamazares se sabe de memoria, Ferlosio afirmaba ultrajes tan saludables como estos: "(...) Ya desde ahora advierto que, si por un azar, afortunadamente harto impensable, me viese yo algún día -Dios no lo quiera, aunque tampoco dejaría de afrontar valientemente mis responsabilidades- convertido de pronto en presidente del Gobierno, tengo muy meditado que, por el bien de los españoles, mi primer acto de gobierno no podría ser otro que un decreto-ley prohibiendo inmediatamente y sine die los Sanfermines de Pamplona, las Fallas valencianas, la Feria y Semana Santa de Sevilla, la Romería del Rocío y toda especie de fiestas semejantes, amén de incoar, simultáneamente y por la vía de urgencia, un proyecto de ley orgánica para la abolición de la Virgen del Pilar (¡Dios, qué descanso para Zaragoza, para Aragón y para España entera!)".
Si lo hubiera dicho ahora a lo mejor lo queman en esas plazas públicas, pero fíjense por donde entonces estábamos más cerca de la modernidad y más lejos de las fiestas populares, y más cerca de lo que decía Ferlosio, por cierto. Ahora que se habla de la exigencia de ahorrar, la propuesta de don Rafael, lejos de ser tomada como un ultraje, debería ser tenida como un programa económico que contiene recetas, también, para la salud mental de este país tan dado a gritar ¡ultraje! cuando le tocan la paella.

Rafael Sánchez Ferlosio
 
Ahora, el artículo de Sánchez Ferlosio:
 
Situación límite: ¡Ultraje a la paella!


RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO 08/07/1983

Con esta peste catastrófica de las autonomías, las identidades, las peculiaridades distintivas, las conciencias históricas y los patrimonios culturales, la inteligencia de los españoles va degradándose a ojos vista y se la ve ya acercarse peligrosamente a los mismos umbrales de la oligofrenia. Reciente está todavía, en estas páginas, la oleada de cartas catalanas sobre el inefable pleito de la eñe, con las que ese tremendo vanidoso de Juan Benet ha debido de disfrutar como un enano, aunque a costa de merecer, por lo demás, la tacha de pescador de aguas fáciles, pues es sabido que los catalanes siempre pican; que con ellos es como con las tencas: no hay más que echar el anzuelo y recoger. Sobre el modelo siempre delirante del agravio al abstracto (agravio al pueblo, agravio a la patria, agravio a la bandera y ahora también agravio a la Ñ o a la NY), el furor autonómico propende arrebatadamente a elevar a la categoría abstractiva y a la capacidad simbólica cuantas cosas se muestren mínimamente combustibles a la fallera llama del narcisismo y la autoafirmación, multiplicando pavorosamente el número de cosas susceptibles al agravio. Así hemos venido a llegar en estos últimos días a la situación límite de que hoy puede verse agraviada hasta la propia paella valenciana. No digo esta o aquella paella singular, en la medida en que de éstas sí puede decirse, con algún fundamento de razón y sin agravio de mayor cuantía, que una es peor que otra -aunque por ofendido suele darse más bien el cocinero, sin que el guiso dé muestra de sonrojo o de cólera ostensible-, sino la paella misma, el universal paella, la paella ontológica, la paella sub specie aeternitatis o, en fin, en una palabra, la paella como idea pensada por el mismísimo Platón.
Sí, esta paella ha sido la que, según la Prensa, acaba de llamarse a agravio o, más literalmente, a menosprecio grave, a causa de una campaña preventiva contra los incendios forestales que -por la desgraciada circunstancia de ser precisamente la paella uno de los guisos más frecuentes de las giras campestres y, en consecuencia, motivo recurrente de hacer lumbre en el campo- ha cometido la temeridad de esgrimir los eslóganes de "hay paellas que matan" y "la paella es el plato más caro del verano", queriendo solamente recordar las desdichadas consecuencias para haciendas y a veces para vidas que de cualquier descuido en el manejo de las correspondientes fogatas culinarias se pueden derivar.
Pues bien, por boca de don Ignacio Gil Lázaro, diputado por Valencia del Grupo Parlamentario Popular, la paella valenciana se ha llamado inmediatamente a agravio por los eslóganes transcritos, interpelando al ministro de Cultura, a fin de que en el acto proceda a retirar semejante propaganda, por cuando -transcripción literal de los periódicos- "menosprecia gravemente el patrimonio cultural autóctono valenciano". "¡Cosas veredes Myo Cid -y nunca mejor dicho- que farán fablar las piedras!".
En este punto, no debo yo ocultar que, para mí, la llamada cultura gastronómica es, en su mayor parte, uno de los aspectos más tristes, más lastimosos, más estériles y más deleznables de toda la cultura, ya que su desarrollo más caracterizado se debe fundamentalmente a machos solitarios reunidos en pandilla después de verse expelidos de la cama, ya por su propia incapacidad para el amor, ya por la de sus mujeres, ya, en fin, por ambas cosas a la vez, y es, por tanto, producto, en esa misma medida, de una de las más graves y profundas fracturas en las propias entrañas de una sociedad. Así viene a mostrarlo, de manera difícil de esquivar o de tergiversar, el carácter exclusiva y excluyentemente varonil de las sociedades gastronómicas, en las que la buena mesa se nos manifiesta específica y determinadamente como la anticama.
Lejos de mí tamaña enormidad como la de decir que entre la glotonería y el terrorismo no queda más que un paso (pues, aunque un paso fuera, todo un abismo moral seguiría estando en medio), pero tampoco tengo por casual, en modo alguno, el hecho de que en el País Vasco concurran de manera singular dos clases típicas de comunidades varoniles: las sociedades gastronómicas y las fratrías marciales, representadas éstas, hoy en día, por los etarras.
Pero sea de esto lo que fuere, esto es, independientemente de mi falta de aprecio personal por la llamada cultura gastronómica, no hay desde luego operación más bárbara, más inculta, o sea, más destructiva para cualquier forma de cultura agente y operante, que la de su elevación a patrimonio cultural, con la correspondiente inscripción en el registro de la propiedad central o periférica, ni tampoco podría concebirse insidia más venenosa para cualquier bien sensible que la de convertirlo en algo preñado de significación, por decirlo con esta expresión tan favorita en la jerga periodística de la época de Franco.
Y aunque uno esté tan lejos de ser ningún ferviente partidario del aborto terapéutico como de ser ningún entendido y exquisito degustador de paellas, creo que en el caso de la pobre paella valenciana, que, literalmente violada por la brutalidad de los furores autonómicos, tiene que verse, así, de pronto, preñada de significación, estaría casi a punto de recomendar, como indicado al caso, el inmediato aborto terapéutico, pues apenas consigo imaginarme un comistrajo más incomible y más indigerible que una paella con sabor a patrimonio cultural autóctono y además valenciano, sabor quer no puede ser más que algo así como un repelente deje a herrumbre y naftalina, complementado en este caso con un toque de orines fermentados de Babieca.
Por todo lo cual ya desde ahora advierto que, si por un azar, afortunadamente harto impensable, me viese yo algún día -Dios no lo quiera, aunque tampoco dejaría de afrontar valientemente mis responsabilidades- convertido de pronto en presidente del Gobierno, tengo muy meditado que, por el bien de los españoles, mi primer acto de gobierno no podría ser otro que un decreto-ley prohibiendo inmediatamente y sine die los Sanfermines de Pamplona, las Fallas valencianas, la Feria y Semana Santa de Sevilla, la Romería del Rocío y toda especie de fiestas semejantes, amén de incoar, simultáneamente y por la vía de urgencia, un proyecto de ley orgánica para la abolición de la Virgen del Pilar (¡Dios, qué descanso para Zaragoza, para Aragón y para España entera!).

domingo, 28 de marzo de 2010

PRENSA. 28 marzo 2010

En "El País":

1. Tener ángel. Columna de Manuel Vicent.

2. El horror. Carlos Boyero, sobre Shoah, documento de nueve horas y media sobre el Holocausto.

3. El arte psicótico de Martín Ramírez. Reportaje de Iker Seisdedos. El Reina Sofía dedica una retrospectiva al enigmático pintor y jornalero mexicano.

4. Sea corriente y batirá récords de audiencia. Reportaje de Carmen Pérez-Lanzac. 'Españoles en el mundo' y otros programas de personas que no son famosas llenan la parrilla con éxito - Ante el artificio, el público demanda autenticidad - Lo cotidiano gana terreno. En El éxito de la realidad, el asesor de comunicación Antoni Gutiérrez-Rubí analiza el tema.

5. La dispar lucha por la igualdad. Entrevista a Ellen Johnson-Sirleaf (presidenta de Liberia) y a Tarja Halonen (presidenta de Finlandia), a raíz del V Encuentro Mujeres por un Mundo Mejor España-África. Por Jaime Prats. La pelea por los derechos de la mujer en Liberia arranca en la educación de las niñas - En Finlandia, se libra en la equiparación en los puestos directivos.

6. Pecios. No, si yo ya me iba. Artículo del escritor Rafael Sánchez Ferlosio, premio Cervantes 2004 y premio Nacional de las Letras Españolas 2009. Vivimos tiempos en los que lo de siempre es pomposamente presentado como lo nuevo. Sobre esto y sobre Jesús, Darwin, Almodóvar, Esperanza Aguirre, Aznar y otras gentes reflexiona con humor el premio Cervantes.

7. Marcelas, esto va por ti. Por Yolanda Monge. Un niño de 11 años es el símbolo de la reforma sanitaria de Obama - Su madre murió de un mal cuyo tratamiento no pudo costear porque carecía de seguro.

8. Soy católico. Columna del escritor Justo Navarro.

domingo, 7 de febrero de 2010

LECTURA. CUENTO. "El pensil sobre el Yang Tsé o la hija del emperador", de Rafael Sánchez Ferlosio

Rafael Sánchez Ferlosio
El pensil sobre el Yang Tsé o la hija del emperador
No, ella querrá seguir guardando intacta su digni­dad. Tampoco hoy saldrá a dejarse ver por un ins­tante, ni siquiera velada por el atardecer, entre los tejos y los aligustres de la alta, inaccesible balaus­trada, sin importarle cuánto pueda llegar a anhe­larse un céntimo de cualquier cosa en este mundo, incluso un céntimo de su propia dignidad, en donde lo concedido y recibido no sería ya siquiera ese céntimo en sí mismo (¿quién podría hacerse nada de la dignidad ajena?), sino tan sólo el acto que lo diese; en donde la limosna no estaría ya en la cosa, sino en la limosna misma.
Tampoco hoy, ni aun fingiendo —como de­jándose robar— no saber que hace miles de tardes que la espío, consentirá en perder, con el sólo dejar adivinar su sombra, un céntimo de su dignidad, para verlo caer hasta la orilla pisada y repisada por los pies descalzos de los bateleros junto a los caña­verales despuntados y roídos por las maromas de la sirga. ¿Es que conoce hasta qué punto los ávidos y hambrientos hijos del abuso sabríamos abusar? ¿Adivina tal vez cómo repartiría yo su limosna con vosotros, diciéndoos "¡Mirad!", y cómo haríamos correr y resonar, multiplicándola, de mano en mano, de barcaza en barcaza, su moneda, aguas arri­ba hacia las montañas, aguas abajo hacia la mar, hasta trocarla en una fiesta inmensa? ¿Sospecha acaso que de ese solo céntimo vendría la ruina del Imperio entero?
Hoy también, sólo el viento, una vez más, mueve los tejos y los aligustres de la alta y desierta balaus­trada; sólo el viento, a quien nadie jamás sabrá imi­tar. Y si aun, suponiendo lo imposible, fuese ella lo que realmente se mece entre las ramas, la imitación sería tan prodigiosa que no podría ya redundar en mengua, sino en un nuevo aumento de su dig­nidad.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

PRENSA. 25 noviembre 2009


En "El País":

1. PREMIO NACIONAL DE LAS LETRAS A RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO. "La cultura es un medio de control social" (entrevista de Javier Rodríguez Marcos). Las fuentes más sabias de la lengua, por José Luis Pardo. Contra las convenciones, por José María Ridao. Galardones e isotopía, por Gonzalo Hidalgo Bayal.

2. Las vidas de los ilustres. Artículo de Manuel Rodríguez Rivero sobre la literatura memorialística en nuestro país.

3. 'Palo' y 'zanahoria' para el internauta. Reportaje de Abel Grau. Las medidas contra la 'piratería' digital avanzan mientras se buscan nuevos modelos de negocio. Los usuarios, dispuestos a pagar, aunque poco.

4. Récord mundial de personas vivas con VIH. Por Emilio de Benito. Ya hay 33,4 millones de casos. Las infecciones caen un 17% en ocho años.

5. "Las enfermedades raras ayudan a entender las otras". Entrevista a Paquita Nurden, hematóloga y bióloga.

martes, 24 de noviembre de 2009

PRENSA. Rafael Sánchez Ferlosio, Premio Nacional de las Letras



Rafael Sánchez Ferlosio acaba de ganar el Premio Nacional de las Letras.
Así lo leemos en "elpais.com", firmado por Javier Rodríguez Marcos: Sánchez Ferlosio, Premio Nacional de las Letras Españolas.
Aquí, una entrevista del 2007: "Nunca se convence a nadie de nada". Por José María Ridao.

A continuación, reproducimos un artículo aparecido en "El País" -14 octubre 2009-, sobre el eslógan con el que Madrid aspiraba a ser ciudad olímpica: Corazón arriba, corazón abajo:

En Cartas al director de este mismo diario, el 3 de octubre pasado, don J. A. Cano Barbero lamenta que, en relación con la "corazonada", nadie haya osado salir a los medios, ni antes ni después, a protestar. Empezaré por decirle, para su satisfacción o al menos su consuelo, que el espíquer de Cuatro invitó al público a que el que quisiera le telefonease al estudio diciendo cómo había sentido la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos. El pobre Gabilondo había calculado mal, porque era harto improbable, socialmente, que se diese la redundancia de que llamase alguno de esa "inmensa mayoría" de partidarios que se había dado por supuesto, como no fuese para recargar con culpas el gran disgusto de la frustración: "¡Era ya nuestro, y nos lo han robado descaradamente!". Lo normal, lo esperable, era que llamasen los "negacionistas"; el amigo mío que lo vio en la pantalla añade que el espíquer parecía incluso "esforzarse" porque saliese alguno que "diese positivo". ¡Nadie!, y mi amigo es de fiar. Gabilondo, casi como un afiliado a esa secta nueva del "Pensamiento emocional / positivo", se dolió al constatar tanto negacionismo en una cosa que, como otros muchos, piensa que une a los españoles, aunque, como ya he dicho, el resultado no era, en modo alguno, estadístico, porque no podía ser neutral, como no puede serlo, en principio, ninguna encuesta en que los encuestados son aquellos que escojan libremente responder a la oferta de opinar, y no personas señaladas al azar por los encuestadores. En aquella encuesta voluntaria, a quienes importaba hacer valer su opinión era precisamente a los que se sentían no haber sido dados por supuesto, tanto menos en medio de aquella delirante atmósfera de tan patrióticas como presuntuosas previsiones de unanimidad.
Unanimidad, que, por lo demás, no han compartido las cuatro ciudades aspirantes, en parte, quizás, porque les ha faltado un condotiero emocional tan irresponsable como Ruiz-Gallardón, consciente del valor político del deporte como instrumento de control social, cosa que no es ahora, pero que se ha desmesurado inmensamente con la imponente, jamás imaginable, hipertrofia que ha sufrido el deporte en estos últimos 25 o 30 años, hasta convertirse en máximo o virtualmente único contenido del patriotismo tanto nacional como periférico.
La proclamación solemne la hizo el Abc del 8 de octubre del 2008 en un editorial titulado El orgullo de ser español, que empezaba con estas palabras: "A día de hoy, España es una gran potencia deportiva al más alto nivel internacional". A continuación cantaba las victorias de la selección nacional de fútbol, de Rafael Nadal, de Pau Gasol, de Alberto Contador y otros dos ciclistas, de Fernando Alonso, "heredero genuino de los más grandes pilotos de la historia" ("historia" ponía, sí, es literal). Más adelante se leía lo siguiente: "En tiempos confusos para la vertebración territorial del Estado, el deporte está jugando un papel relevante porque aglutina las emociones comunes y demuestra la fuerza de la unidad frente a las absurdas tentaciones políticas disgregadoras". Pero sobre esta misma preocupación unitaria, el editorial se equivocaba, en cierta curiosa manera indirecta, unos párrafos más abajo, al decir: "... los deportistas no son fáciles de atraer hacia causas localistas y cerradas, como pretenden algunos políticos nacionalistas con su habitual cortedad de miras", lo cual es, en principio, objetivamente cierto, salvo que el Barça, queriendo o sin quererlo, no ha sido tan corto de miras al anticiparse largamente a todos los demás en apuntar más lejos que ninguno de ellos en cuanto a transfigurar el deporte -el "deporte rey", en este caso- en un importante componente o contenido de la patria. Hoy, muchos años después, aquella genial inspiración de "El Barça es más que un equipo" se ha cumplido, a escala nacional, como "España no es más que un equipo".
Sacar adelante al "equipo España" fue lo que se le metió alocadamente en la cabeza al alcalde de Madrid. Por cierto que otros han dicho ya "la marca España" y Naomi Klein, aun más apropiadamente, diría "el logo España", porque sin duda el enorme incremento de las publicidades nacionales, en detrimento de los gastos en "producción administrativa", ha convertido las naciones en puros "logos". De esas permanentes campañas publicitarias forman parte, naturalmente, las actividades deportivas. Gallardón buscaba la grandeza y la gloria de España en el prestigio y la fama de Madrid. La índole publicitaria de los Juegos Olímpicos se manifiesta ya en los procedimientos puestos en juego para conseguirlos, salvo que los estrepitosos movimientos de masas, las multitudinarias convocatorias en torno a estrados de tarima levantados en las grandes plazas, con su cantante y todo, y sobre todo el eslogan estúpidamente sentimental de "la corazonada" son contraindicados, cuando no contraproducentes, para inclinar o doblegar la opinión de un comité de votantes. "Corazonada", que fue indudablemente excogitado para seducir y arrastrar a los madrileños, podría incluso -de haber habido alguna posibilidad de descabalgar a Río- haber resultado indignante para aquel comité: "¿Conque tendríamos que dárselo a Madrid porque el alcalde ha tenido una corazonada? ¡Hasta ahí podríamos llegar!". "Corazonada" es una cosa tan huera y tan mágica como "A la tercera va la vencida".
La fidelidad al propio equipo, que dura toda la vida, hace pensar que el patriotismo deportivo ha emulado a los patriotismos nacionales, fundados en el antagonismo, incorporando el factor de la territorialidad. El patriotismo del deporte representa, por pretendida ficción (Veblen), el antagonismo puro, vacío, sin contenido alguno, o el patriotismo genérico, indeterminado, que, de rechazo, trasluce la propia gratuidad del patriotismo armado.
Trató, en efecto, de seducir al renuente público reconduciendo y compensando su nulidad política corporativa con el astuto recurso populista de incitarla al esperpéntico vicio de la masturbación emocional colectiva. Debía de saber de sobra, o debía haber sabido, como todos sabíamos, que los Juegos Olímpicos estaban dados a Río de Janeiro, a Lula da Silva, el actual amado de los dioses de Occidente. La irracionalidad era su flauta, la corazonada su melodía; sabía que niños y ratones se van tras la música, no tras las palabras, y lo que hizo con los ratones fue lo que hizo el de Hamelin: despeñarlos; y cuando por fin salió que Madrid no, eran muchísimos los que lloraban; pero lo más sorprendente para mí fue que lloraran también muchas mujeres: ¿en qué lucha habían perdido?; me parece que su competición era la de la corazonada, pues los americanos han demostrado hasta qué punto la elección para los Juegos Olímpicos también era sentida, en sí misma, como una competición deportiva de las cuatro ciudades -y sus naciones- entre sí.
El New York Times lo decía de esta manera, sobrentendiendo el presidente Obama: "No sólo ha fracasado en traer el oro a casa, sino también la plata y el bronce".

viernes, 16 de octubre de 2009

LECTURA. "El reincidente", cuento de Rafael Sánchez Ferlosio



EL REINCIDENTE

El lobo, viejo, desdentado, cano, despeluchado, desmedrado, enfermo, cansado un día de vivir y de hambrear, sintió llegada para él la hora de reclinar finalmente la cabeza en el regazo del Creador. Noche y día caminó por cada vez más extraviados andurriales, cada vez más arriscadas serranías, más empinadas y vertiginosas cuestas, hasta donde el pavoroso rugir del huracán en las talladas cresterías de hielo se trocaba de pronto, como voz sofocada entre algodones, al entrar en la espesa cúpula de niebla, en el blanco silencio de la Cumbre Eterna. Allí, no bien alzó los ojos -nublada la visión, ya por su propia vejez, ya por el recién sufrido rigor de la ventisca, ya en fin por lágrimas mezcladas de autoconmiseración y gratitud- y entrevió las doradas puertas de la Bienaventuranza, oyó la cristalina y penetrante voz del oficial de guardia, que así lo interpelaba:

"¿Cómo te atreves siquiera a aproximarte a estas puertas sacrosantas, con las fauces aún ensangrentadas por tus últimas cruentas refecciones, asesino?".
Anonadado ante tal recibimiento y abrumado de insoportable pesadumbre, volvió el lobo la grupa y, desandando el camino que con tan largo esfuerzo había traído, se reintegró a la tierra y a sus querencias y frecuentaderos, salvo que en adelante se guardó muy bien, no ya de degollar ovejas ni corderos, que eso la pérdida de los colmillos hacía ya tiempo se lo tenía impedido, sino incluso de repasar carroñas o mondar osamentas que otros más jóvenes y con mejores fauces hubiesen dado por suficientemente aprovechadas. Ahora, resuelto a abstenerse de tocar cosa alguna que de lejos tuviese algo que ver con carnes, hubo de hacerse merodeador de aldeas y caseríos, descuidero de hatos y meriendas. Las muelas, que, aunque remeciéndosele ya las más en los alvéolos, con todo, conservaba, le permitían roer el pan; pan de panes recientes cuando la suerte daba en sonreír, pan duro de mendrugos casi siempre. Viviendo y hambreando bajo esta nueva ley permaneció, pues, en la tierra y en la vasta espesura de su monte natal por otro turno entero de inviernos y veranos, hasta que, doblemente extenuado y deseoso de descanso tras esta a modo de segunda vuelta de una antes ya larga existencia, de nuevo le pareció llegado el día de merecer reclinar finalmente la cabeza en el regazo del Creador. Si la ascensión hasta la Cumbre Eterna había sido ya acerba la primera vez, cuánto más no se le habría vuelto ahora, de no ser por el hecho de que la disminución de vigor físico causada por aquel recargo de vejez sobreañadido sería sin duda compensada en mayor o menor parte por el correspondiente aumento del ansia de descanso y bienaventuranza. El caso es que de nuevo llegó a alcanzar la Cumbre Eterna, aunque tan insegura se le había vuelto la mirada que casi no había llegado siquiera a vislumbrar las puertas de la Bienaventuranza cuando sonó la esperada voz del querubín de guardia:
"¿Así es que aquí estás tú otra vez, tratando de ofender, con tu sola presencia ante estas puertas, la dignidad de quienes por sus merecimientos se han hecho acreedores a franquearlas y gozar de la Eterna Bienaventuranza, pretendiéndote igualmente merecedor de postularla? ¿A tanto vuelves a atreverte tú? ¡Tú, ladrón de tahonas, merodeador de despensas, salteador de alacenas! ¡Vete! ¡Escúrrete ya de aquí, tal como siempre, por lo demás, has demostrado que sabes escurrirte, sin que te arredren cepos ni barreras ni perros ni escopetas!".
¡Quién podrá encarecer la desolación, la amargura, el abandono, la miseria, el hambre, la flaqueza, la enfermedad, la roña, que por otros más largos y más desventurados años se siguieron! Aun así, apenas osaba ya despuntar con las encías sin dientes el rizado festón de las lechugas, o limpiar con la punta de la lengua la almibarada gota que pendía del culo de los higos en la rama, o relamer, en fin, una por una, las manchas circulares dejadas por los quesos en las tablas de los anaqueles del almacén vacío. Pisaba sin pisar, como pisa una sombra, pues tan liviano lo había vuelto la flaqueza, que ya nada podía morir bajo su planta por la sola presión de la pisada. Y al cabo volvió a cumplirse un nuevo y prolongado turno de años y, como era tal vez inevitable, amaneció por tercera vez el día en que el lobo consideró llegada para él la hora de reclinar finalmente la cabeza en el regazo del Creador.
Partió invisible e ingrávido como una sombra, y era, en efecto, de color de sombra, salvo en las pocas partes en las que la roña no le había hecho caer el pelo; donde lo conservaba, le relucía enteramente cano, como si todo el resto de su cuerpo se hubiese ido convirtiendo en roña, en sombra, en nada, para dejar campear más vivamente, en aquel pelo cano, tan sólo la llamada de las nieves, el inextinto anhelo de la Cumbre Eterna. Pero, si ya en los dos primeros viajes tal ascensión había sido excesiva para un lobo anciano, bien se echará de ver cuán denodado no sería el empeño que por tercera vez lo puso en el camino, teniendo en cuenta cómo, sobre aquella primera y, por así decirlo, natural vejez del primer viaje, había echado encima una segunda y aun una tercera ancianidad, y cuán sobrehumano no sería el esfuerzo con que esta vez también logró llegar. Pisando mansa, dulce, humildemente, ya sólo a tientas reconoció las puertas de la Bienaventuranza; apoyó el esternón en el umbral, dobló y bajó las ancas, adelantó las manos, dejándolas iguales y paralelas ante el pecho, y reposó finalmente sobre ellas la cabeza. Al punto, tal como sospechaba, oyó la metálica voz del querubín de guardia y las palabras exactas que había temido oír:
"Bien, tú has querido, con tu propia obstinación, que hayamos acabado por llegar a una situación que bien podría y debería haberse evitado y que es para ambos igualmente indeseable. Bien lo sabías o lo adivinabas la primera vez; mejor lo supiste y hasta corroboraste la segunda; ¡y a despecho de todo te has empeñado en volver una tercera! ¡Sea, pues! ¡Tú lo has querido! Ahora te irás como las otras veces, pero esta vez no volverás jamás. Ya no es por asesino. Tampoco es por ladrón. Ahora es por lobo".

miércoles, 14 de octubre de 2009

PRENSA. 14 octubre 2009


En "El País":

1. Vaya losa. Columna de Elvira Lindo sobre los premios Nobel.

2. Francfort se rinde al libro electrónico. Por Carles Geli.  El 'e-book' ganará al soporte tradicional en 2018. Un 25% del negocio será digital en dos años, según una encuesta.Los editores españoles toman posiciones.

3. "Gabo se empeñó en ser amigo de Fidel Castro, no su bufón". Entrevista a Gerald Martin, biógrafo de García Márquez.

4. Chequera contra el fracaso escolar. Reportaje de J.A. Aunión. Los ensayos para motivar a los alumnos con dinero tienen muchos detractores. El incentivo económico sólo funciona a corto plazo. ¿Está justificado pagar al que no tiene afán de saber?

5. Corazón arriba, corazón abajo. Artículo del narrador y ensayista Rafael Sánchez Ferlosio. No se organizan unos Juegos Olímpicos con un eslogan estúpidamente sentimental. "Corazonada", escogido para movilizar cierto tipo de patriotismo, debe de haber resultado indignante para el COI.

miércoles, 10 de junio de 2009

PRENSA. 10 junio 2009

En "El País":

1. El año cero. Manuel Rodríguez Rivero escribe sobre algunos libros que nos informan de los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial en Alemania.

2. ¿Debemos fiarnos de la Wikipedia? Reportaje. Domina Internet y ha sumido a las enciclopedias tradicionales en una profunda crisis. La 'Británica' y Larousse se abren a la interacción en la Red para intentar adaptarse.

3. Influencia y autoridad. Rafael Sánchez Ferlosio opina sobre la relación entre padres e hijos y el tema del aborto.


En "El Día de Córdoba":

4. Falcones convierte a Córdoba en el centro de un 'best seller' sin "lirismos". El escritor presenta en la ciudad su segunda novela, 'La mano de Fátima', en la que narra la historia de un morisco que lucha por la libertad a finales del siglo XVI. La primera edición consta de 500.000 ejemplares.

jueves, 22 de enero de 2009

RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO. "Pecios. El Mal es un comodín ideológico"

Hoy, en "El País", Sánchez Ferlosio nos invita a reflexionar, por medio de una serie de pequeños apuntes ensayísticos sobre la actualidad.

Una muestra: (Españoleces) "A rajatabla", "a machamartillo", "verdades como puños".
Rafael Sánchez Ferlosio es un gran novelista (El Jarama, premio Nadal en 1955; Industrias y andanzas de Alfanhuí, 1951) y ensayista (su último libro: God&Gun. Apuntes de polemología).

Para su biografía, los siguientes enlace1 y enlace2

Para el artículo, aquí