Blog de la biblioteca del IES "Maimónides" (Córdoba).
TU BIBLIOTECA: TU CENTRO DE RECURSOS.
A las aladas almas de las rosas/
del almendro de nata te requiero,/
que tenemos que hablar de muchas cosas,/
compañero del alma, compañero.
MIGUEL HERNÁNDEZ
Es difícil sintetizar un magma tan generoso en vínculos, puentes y ventanas como El mundo, un escenario: Shakespeare, el guionista invisible (Anagrama), donde las múltiples herencias de la obra del Bardo se reflejan en películas, desde los clásicos hasta la más ignota serie B, o en series televisivas, sin dejarse ni un eco, ni un recodo inesperado: Jordi Balló y Xavier Pérez entienden, felizmente, la crítica como juego de espejos o jardín de senderos que convergen.
Que Shakespeare lo inventó todo (o casi todo) se ha dicho ya, pero pocas veces con la claridad, la minuciosidad, la pasión contagiosa y la alegre erudición de este libro. Anoto, entre muchos, cinco conceptos clave: 1) el verbo poético que construye la imagen en el oyente y se hace visión aunque no llegue a visualizarse; 2) la construcción, con Hamlet a la cabeza, de una conciencia que “habla mientras piensa y se escucha a sí misma”; 3) la “poética de democratización”, según la cual sus obras son, en bella frase, “dramaturgias corales en las que no existe secundario que no sea tratado como un monarca”, es decir, con un momento de rotundo protagonismo; 4) los personajes que se convierten en “pura encarnación del exceso y titanes de la obstinación”; 5) los villanos que logran crear, como bien aprendió Hitchcock, una insólita complicidad con el público.
Me encanta que Pérez & Balló, detectives, relacionen la melancolía del diálogo entre Falstaff y Maese Shallow en Enrique IV con la conversación frente al río de James Stewart y Richard Widmark en Dos cabalgan juntos, de Ford. O cuando señalan que la velocidad de la gran screwball comedy americana de los años treinta y cuarenta nace de los duelos de ingenio de las parejas shakesperianas: Benedict y Beatrice, Katharina y Petruccio, Rosalind y Orlando. O que afirmen que una de las aportaciones del teatro isabelino fue el comic relief, “mediante el cual una posible escena trágica o violenta queda diferida a través de un oasis de comicidad autónomo”, y para ilustrar la idea comparan el diálogo inicial de Sansón y Gregorio en Romeo y Julieta con el de John Travolta y Samuel L. Jackson en Pulp Fiction. O la noción del vacío paisajístico en El rey Lear como expresión nihilista, que heredan dramaturgos como Beckett o cineastas tan dispares como Nicholas Ray y Monte Hellman.
El mundo, un escenario es auténtico ensayo interactivo. De haberse publicado en el Reino Unido, la BBC no tardaría en filmar una miniserie en la que sus autores dialogasen frente a la cámara esmaltando su conversación con los pasajes de cada obra y las secuencias que ejemplifican su huella: una lección magistral para todos los públicos, a caballo entre Playing Shakespeare, de John Barton, y Changing Stages, de Richard Eyre y Nicholas Wright.
El número de septiembre de la prestigiosa revista francesa Esprit aborda el detallado análisis de lo que llama de manera elocuente “nuevo desorden mundial”. Se podrán compartir o no acercamientos concretos a algunos conflictos regionales, pero es difícil negar los dos presupuestos que, a juicio de los colaboradores de la publicación, explican este “desorden” cuya expresión más evidente son la situación de Ukrania y la del Próximo Oriente. Esos dos presupuestos son 1) la decadencia rapidísima de la hegemonía estadounidense (y, desde luego, europea), que habría durado apenas una generación (1989-2003) y que no habría sobrevivido al aventurerismo criminal de Bush en Iraq, y 2) la incapacidad de las llamadas potencias emergentes (en torno al grupo BRICS) para ofrecer alternativas, tanto en el plano -digamos- civilizatorio como en el puramente pragmático de la resolución global de conflictos. La globalización económica, cuyas “crisis” muy destructivas para las poblaciones han obligado, en todo caso, a acuerdos y negociaciones entre Estados capitalistas, no ha ido acompañada de una globalización política capaz de evitar o amortiguar los conflictos, ni siquiera de manera ‘injusta’, como ocurría bajo el fenecido sistema de bloques en el siglo pasado.
Entre la “decadencia” estadounidense y la falta de alternativas, ningún acontecimiento ha acelerado y revelado mejor ambos procesos que las fracasadas revoluciones árabes y el surgimiento desde su seno -el de su fracaso- del Estado Islámico, una “organización militar” y no sólo “terrorista” -por recordar las declaraciones recientes de un responsable del Pentágono- que no cuenta con el patrocinio o apoyo de ningún Estado, que básicamente se autofinancia y que se ha hecho fuerte justamente allí donde la ausencia de Estado (resultado de invasiones extranjeras o dictaduras criminales) acelera la fermentación de sangrientos impulsos de inmediatez comunitaria.
En todo caso, la aceptación de estos dos presupuestos muy ajustados -a mi juicio- a la realidad excluye de cualquier análisis geopolítico sensato tanto a los que, desde la derecha, siguen justificando y alentando el papel “humanitario” y “estabilizador” de los EEUU contra los “Estados canallas” como a los que, desde la izquierda, siguen leyendo ‘cada’ situación como el resultado de un plan de los EEUU, y frente a ese plan siempre victorioso, ven en Rusia, China o Irán (¡o en la Siria de Bachar Al-Asad!) un potencial más desinteresado o más emancipatorio.
Como digo, las revoluciones árabes que comenzaron en Túnez en 2011 han revelado y acelerado la decadencia imperial de EEUU y nada lo prueba mejor que los casos de Libia y de Iraq-Siria.
Hace unos días el eurodiputado de PodemosPablo Iglesias hacía una valiente, imponente y casi refrescante denuncia en el parlamento de Bruselas para recordar con razón que, desde el año 2000 y hasta marzo de 2011, Gadafi fue “nuestro hijo de puta” en la región (contratos petroleros, política migratoria, venta de armas) y que, si luego se aprobó en el Consejo de Seguridad de la ONU la resolución 1973 que abrió paso a los bombardeos de la OTAN, no fue, desde luego, para proteger a una población hasta ese momento abandonada a su suerte. Pero habría que añadir enseguida que la participación de EEUU en esa aventura fue más bien distante y rezongona, que el papel más activo lo asumió Francia y que allí, junto al pragmatismo petrolero, había razones políticas ‘nacionales’ relacionadas sin duda con el financiamiento electoral del expresidente Sarkozy. También hay que recordar que Rusia y China, al igual que la UE y EEUU, tenían contratos petroleros con Gadafi y que no se opusieron a la resolución 1973: su asbtención, cuando podían haber utilizado el veto, era una forma de autorizar la intervención desmarcándose cautelosamente de sus inciertos efectos. Nadie, pues, defendió a Gadafi, pero nadie defendió tampoco al pueblo que se había rebelado contra él (ni al que presuntamente apoyaba al dictador). La intervención precipitada de la OTAN, espoleada por Francia, tenía como objetivo -aparte de la liquidación física de Gadafi- la evitación de que fueran los propios rebeldes los que derrocaran la dictadura (como explica el gran historiador anti-imperialista Vijay Prashad). De hecho, el plan occidental consistía en dar continuidad al régimen a través de un Consejo Nacional Libio, compuesto sobre todo de desertores ‘liberales’, que mantuviese los acuerdos energéticos y migratorios con la UE.
Ese plan ha fracasado, y no sólo porque Libia ha visto reducida su produccion de petróleo en un 90%, sino porque la llamada “somalización” del país deja poco margen de intervención a los EEUU (y de la UE). Hoy casi nadie se ocupa de Libia, pero cuando se hace es para zanjar sumariamente el “caos” reinante como resultado de un conflicto entre “liberales” e “islamistas”. La realidad es mucho más rica y, si se quiere, más inquietante. Como sabemos ahora mismo hay dos gobiernos en Libia. Uno con sede en Toubrouk, a 1.600 km al este de la capital, encabezado por Abdala Athani, que atribuye su legitimidad electoral a las elecciones del mes de junio y que en realidad se apoya en el oscuro coronel Haftar que, el pasado mes de mayo, dio un golpe de Estado -en la linea de Sisi en Egipto- contra los Hermanos Musulmanes. Haftar, desertor del ejército de Gadafi en los años 70, se formó luego en EEUU, pero su retórica “nacionalista” y “anti-islamista” ha atraído asimismo a partidarios del antiguo régimen. Este gobierno, el llamado “liberal”, es apoyado por Arabia Saudí, Egipto y los Emiratos (que, según denunció la administración Obama, bombardearon territorio libio en agosto).
El gobierno instalado en Trípoli, el denominado “islamista”, presidido por Omar Al Hasi, nace en realidad de la operación ‘Amanecer de Libia’ que, en nombre de la ‘revolución’, desencadenó contra Haftar la milicia de Misrata, la más poderosa sin duda de todas las que se combaten en el país. Esta operación, que tácticamente apoyó en Benghasi a los islamistas radicales de Ansar Acharia, se alejó luego de ellos para formar un gobierno que, por razones comerciales e históricas, está claramente dominado por los Hermanos Musulmanes y su partido Justicia y Construcción, cuyo líder, Mohamed Sawan, es natural de Misrata. Tercera ciudad del país, Misrata no sólo cuenta con el prestigio de sus “mártires” sino con su actividad comercial -en torno al puerto- y sus lazos económicos y políticos con Qatar y Turquía, países que apoyan al Congreso General Nacional de Trípoli (ver, por ejemplo, este enlace).
Libia, por tanto, se ha convertido en otro campo de batalla de la guerra regional entre la alianza Arabia Saudí/Egipto y los Hermanos Musulmanes (apoyados por Turquía y Qatar). EEUU (y la UE) han ido siempre a remolque sobre el terreno y tienen dificultades incluso para tomar partido. Lejos de ser dueños de la situación, puede decirse que el concretísimo caos libio, con sus relaciones de fuerza internas, es la prueba evidente de que los que bombardearon y mataron a Gadafi han quedado -por el momento- bastante fuera de juego.
En el caso de Siria e Iraq, sucede lo mismo, salvo porque allí el juego -un juego que ya no dominan- les obliga a intervenir militarmente de nuevo. La calculada timidez del apoyo estadounidense a la revolución siria contra BacharAl-Asad, incluso tras el uso de armas químicas en Ghouta (casus belli ideal para una intervención que nunca se quiso), contrasta sin duda con la celeridad con que la administración Obama aprueba hoy el envío de armamento a los kurdos y a los rebeldes que antes ignoró y que combaten también contra el EI. Y, por supuesto, contrasta con la diligencia de los nuevos bombardeos de Iraq, pactados con todas las potencias de la zona, incluidos Siria e Irán (con la excepción de la renuente Turquía). EEUU no apoyó a los sirios que protestaban contra la dictadura, pues trataba de debilitar el régimen de Damasco sin derribarlo, y el resultado es el EI y el apocalipsis regional. Su complicidad en la “gran conspiración” contra las revoluciones árabes no sólo le obliga hoy a negociar con sus enemigos en condiciones menos favorables sino a involucrarse militarmente en una aventura que acelerará su pérdida de protagonismo e influencia en la región.
Si en Siria el responsable directo de la irrupción del EI es Bachar Al-Asad (y Obama el responsable indirecto), el responsable directo de todo lo que ocurre en Iraq es sin duda EEUU: los cientos de miles de muertos, la destrucción del Estado y sus infraestructuras básicas, la guerra sectaria, la entrada en el país de Al-Qaeda y después del EI. En cuanto al responsable indirecto es sin duda Irán. Pero nada va a solucionar Obama con bombardeos sobre posiciones yihadistas. Todo lo contrario. Como he escrito otras veces, a falta de democracia (que nadie quiere para la zona), las intervenciones imperialistas y las dictaduras alimentan y legitiman los movimientos islamistas radicales. Imperialismos, dictaduras y yihadismos son las fuerzas del pasado contra las que se levantaron hace tres años los pueblos de la región. El mundo árabe vuelve a estar gobernado por fuerzas que en realidad están muertas; es decir, por zombis que se apoyan entre sí, mientras se alimentan de los vivos, y que, por muy muertos que estén, pueden seguir gobernando durante años o incluso siglos toda la zona -si no triunfa la revolución de los pueblos que todos, a derecha e izquierda, abandonaron en 2011-.
Entre tanto, no estaría mal que saliésemos a las calles a manifestarnos al mismo tiempo en favor de los sirios e iraquíes que quieren democracia, dignidad y justicia social y en contra de los bombardeos estadounidenses. Frente al EI -da la impresión- la beligerancia anti-imperialista de los que apoyaban a Gadafi y hoy apoyan a Damasco, Teherán y Moscú ha bajado muchos grados. En cuanto a los que atizan la islamofobia y la confrontación de culturas y reclaman más y más bombardeos, más OTAN y más guerra anti-terrorista, son en realidad los padrinos de los yihadistas que dicen combatir.
El número de desplazados y refugiados ha alcanzado su nivel máximo desde la II Guerra Mundial. A finales de 2013, unos 51 millones de personas vivían alejados de sus hogares como consecuencia de los conflictos, la persecución y la violencia generalizada, según un informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) hecho público este viernes. El documento, que recoge cifras facilitadas por los Gobiernos y por los servicios propios de la ONU, muestra que el año pasado unos seis millones de personas se vieron obligadas a abandonar sus casas para escapar de la violencia; el nivel de desplazamiento más alto registrado desde que se contabilizan datos. Un salto, aseguró el alto comisionado de la ACNUR, Antonio Guterres, que se debe fundamentalmente a la intensificación de la guerra en Siria y a los conflictos en Sudán del Sur y República Centroafricana.
El número de personas que escapan de la violencia —como también el número de conflictos— crece sin parar. Andreas Kamm, secretario general del Consejo Danés para los Refugiados, se lamenta del nuevo “récord negativo”, aunque matiza que las cifras manejadas en la II Guerra Mundial —donde se calcula que hubo unos 60 millones de refugiados— son estimaciones. “Además, existen importantes diferencias. Ahora estamos ante conflictos más largos, hay muchas más personas que se mueven dentro de sus propios países y también muchas otras a las que les resulta imposible retornar. Eso aumenta las cifras totales”, dice. En el mundo hay ya unos 33,3 millones de desplazados —se quedan dentro de las fronteras de sus países— y 16,7 millones de refugiados —en otros Estados—. Estos últimos son 2,5 millones más que en 2012, un incremento que no se observaba, según la ONU, desde 1994, momento de la última guerra de los Balcanes y el genocidio de Ruanda,
A finales de 2013 —fecha de los datos del informe—, más de 2,4 millones de refugiados eran sirios. Ahora superan los 3 millones. Son personas que buscan una escapatoria desesperada a una guerra que suma ya su tercer año. La encontraron fundamentalmente en los países de su región, como Líbano (más de un millón), Jordania o Turquía. Este último país acogía a finales del año pasado a más de 600.000 refugiados, según las estimaciones del Gobierno; los últimos datos de la ONU indican que ahora ampara a más de 800.000 sirios.
Por primera vez desde 1945 la ONU registra más de 50 millones de huidos
“En cinco años, Siria ha pasado de ser uno de los países del mundo que más refugiados acogía a ser el segundo mayor productor”, incide Ana López Fontal, experta del Consejo Europeo de Refugiados y Exiliados (ECRE por sus siglas en Inglés). “Hasta allí llegaban palestinos, afganos iraquíes, somalíes... Ahora son los sirios quienes abandonan sus casas forzosamente”, explica.
El ejemplo sirio sirve para radiografiar una realidad que se repite en el resto de países que viven situaciones de violencia. Sus ciudadanos buscan primero una solución dentro de sus propias fronteras —los desplazados internos—. Cuando la situación se deteriora, deciden abandonar también su país. Muchos tardan años en volver a sus lugares de nacimiento. Algunos quizá no lleguen a hacerlo nunca. El 50% de los refugiados lleva ya al menos cinco años instalado en otro país, según ACNUR. Son los llamados “refugiados prolongados”. Como los más de 120.000 birmanos de etnia karen que llevan 20 años en campos de refugiados en la frontera con Tailandia.
Pero los grupos más numerosos de refugiados proceden de Afganistán. De ese país, que sufre la presión de los grupos talibanes y donde aún hay destacadas tropas estadounidenses, han salido al menos 2,5 millones de personas en los últimos años. Muchos de ellos hacia Pakistán o Irán. “Ese país no vive oficialmente una guerra, pero desde luego no hay paz”, abunda Andreas Kamm. A este experto le preocupa mucho la situación de Irak, donde en las últimas semanas la ofensiva de los grupos yihadistas está provocando decenas de miles de desplazados. El danés destaca que las cifras de personas que abandonan forzosamente sus casas seguirán engordando si la comunidad internacional no emprende medidas para apoyar la estabilidad en los países afectados por la violencia.
“Los conflictos se multiplican de forma creciente”, recalcó el alto comisionado de la ONU en la presentación del informe en Líbano —se hizo público simultáneamente en otras muchas ciudades—. “Al mismo tiempo, parece que viejos conflictos no van a terminar nunca”, añadió Guterres.
El coste humanitario de los enfrentamientos, la violencia y la persecución se multiplica. Los presupuestos de cooperación internacional y ayuda exterior han caído en la mayoría de los países. Y la crisis dificulta no solo la acogida, sino también la vuelta. Durante el pasado año, 416.600 refugiados pudieron regresar a sus países de procedencia, una cifra sensiblemente inferior a los 526.000 que lo lograron en 2012
También se han ampliado las diferencias entre aquellos que acogen, destaca López Fontal. “Actualmente son los países en vías de desarrollo quienes reciben al 86% de los refugiados del mundo, el valor más alto en los últimos 10 años”, dice la experta. Los países más ricos han pasado en una década de recibir más del 30% a solo el 14%. De hecho, los Estados que más reciben son Pakistán, Irán, Líbano o Jordania.
La guerra siria y los conflictos en Sudán o República Democrática de Congo han variado también, por tanto, la radiografía de quienes buscan una solución permanente. En 2013, 1,1 millones de personas presentaron una solicitud de asilo; la mayoría de ellos (64.300), sirios. Esta es una opción de apoyo que, según Fontal y Kamm, deberían reforzar los países de acogida.
Un policía inspecciona los alrededores del hotel en el que, desde este viernes, se celebra la Conferencia de Seguridad de Múnich. / TOBIAS HASE (EFE) ("el país")
El arsenal nuclear del que dispone el régimen norcoreano es fuente de comprensible preocupación en muchas cancillerías; las cabezas atómicas repartidas en varios centros de almacenaje en el caótico Pakistán también producen legítimos escalofríos en muchas espaldas, igual que el proliferar de células terroristas en el Sahel y en otras regiones del planeta. Sin embargo, cuando el periodista de The New York Times Tim Weiner –según relató en una reciente conversación en Madrid- preguntó al director del FBI, Robert Mueller, qué le quitaba el sueño por la noche, este no contestó nada de eso. Sino esto: “Un ciberataque múltiple que golpee las redes eléctricas de grandes ciudades y los sistemas informáticos que gestionan sus principales servicios, como el abastecimiento de agua y los transportes”.
No se trata simplemente de la obsesión personal del líder de una agencia civil. Las preocupaciones de los militares no andan muy lejos. Mike Mullen, presidente del Estado Mayor de EE UU entre 2007 y 2011, declaró lo siguiente el año pasado: “Nosotros estamos expuestos a dos amenazas existenciales. Una, es el arsenal nuclear ruso. Pero creo que eso lo tenemos muy bien controlado. La otra son los ciberataques. El desafío, para mí y muchos otros líderes, es realmente comprender esto. Ya no podemos delegar este asunto a algún sector de nuestras estructuras. Tenemos que comprender para poder tomar decisiones, invertir. Este desafío está destinado a crecer”.
Los ciberataques son el primero de una serie de desafíos a la seguridad global que exceden las nociones tradicionales y que, según muchos expertos, van a tener un creciente protagonismo este siglo. “Un ciberataque puede, de alguna manera, ser considerado una suerte de arma de destrucción masiva", comenta Richard Gowan, subdirector del Centro sobre Cooperación Internacional de la Universidad de Nueva York. El desarrollo vertiginoso de la biotecnología también abre un nuevo frente repleto de incógnitas. En otro orden conceptual, factores fuera del control de los Estados también pueden exacerbar tensiones. Uno de ellos es el cambio climático, que amenaza con ahondar las fricciones por el acceso a los recursos y facilitar conflictos. La conferencia de Seguridad de Múnich, que se celebra este fin de semana, dedica desde hace algunos años un creciente espacio a estas amenazas que se suman o exacerban a las tradicionales. A continuación, algunas reflexiones sobre ellas.
CIBERATAQUES
La pesadilla de Mueller y Mullen todavía no se ha materializado en ningún país. “Hasta ahora, afortunadamente no se han producido ciberataques a escala completa. Solo hemos visto episodios”, comenta Liina Areng, asesora de Relaciones Internacionales del Centro de Excelencia para Ciberdefensa de la OTAN, ubicado en Estonia. Sin embargo, algunos de esos episodios son muy instructivos. Precisamente en Estonia, el 26 de abril de 2007, las webs de las principales instituciones del Estado fueron acribilladas por una lluvia de mensajes basura procedentes de ordenadores de medio mundo que colapsó su capacidad de funcionamiento. Posteriores oleadas de ataques se abatieron sobre webs de bancos, periódicos, compañías de telecomunicación y ministerios durante al menos dos semanas. El episodio se produjo poco después del traslado, del centro de Tallín a las afueras, de un monumento a los caídos soviéticos. No paralizó el país, pero asustó bastante.
“El ciberterrorismo, una campaña de ataques a infraestructuras civiles críticas, que son las más vulnerables, es algo relativamente fácil de lograr. No hacen falta enormes recursos. Es una amenaza creciente, más realista que una auténtica ciberguerra entre potencias”, dice Areng, que fue consejera de ciberseguridad del ministerio de Defensa estonio.
Las fuerzas armadas de las principales potencias llevan años preparándose en este dominio, pero la protección de todos los centros civiles que permiten el normal acontecer de la vida moderna –bolsas de valores, bancos, telecomunicaciones, redes eléctricas, acueductos, transportes, etc.- es un auténtico desafío. “Es necesaria mucha cooperación. Entre Estados, entre público y privado y entre privados. Nadie tiene la capacidad para controlar todo lo que ocurre, desde donde puede llegar la amenaza. Sin embargo, todavía hay desconfianzas entre Estados que impiden un flujo de información optimo”, observa Areng.
CAMBIO CLIMÁTICO
Los expertos en seguridad definen el cambio climático como un ‘multiplicador de amenazas’ un factor que, por ejemplo, exacerba las tradicionales tensiones por los recursos hídricos, la producción energética y alimentar. Cleo Paskal, analista del centro de estudios Chatham House especializada en la materia, ofrece un buen ejemplo relacionado con el excepcionalmente caluroso verano ruso de 2010. “Los terribles fuegos que se propagaron ese año tuvieron graves repercusiones en la producción de trigo, del que Rusia es gran exportadora. Eso causó una subida en los precios. El aumento de los precios de los productos alimentarios básicos como el pan fue uno de las causa clave del estallido del malestar social en varios países árabes [a partir de finales de 2010], que a su vez ha provocado un auténtico terremoto geoestratégico”, comenta Paskal.
La pugna por el agua y la energía es consustancial a la historia humana, pero el aumento demográfico y la salida de la pobreza de centenares de millones de personas –con su correspondiente cambio de praxis de consumo, alimentación, etc.- incrementan de por sí la presión sobre los recursos. Varios países ya están comprando o alquilando tierras en otras regiones reducir su dependencia alimentaria. El cambio climático amenaza con multiplicar esas tensiones, afectando la disponibilidad de agua dulce –necesaria para la agricultura pero también para la producción de energía (la hidroeléctrica, naturalmente, pero también la nuclear)- provocando desastres naturales que destruyen infraestructuras y cosechas y, en definitiva, transformando muchas constantes en variables, algo peligroso para la estabilidad.
En otro orden de asuntos, señala Paskal, el deshielo del ártico está abriendo nuevas fronteras y el acceso a nuevos recursos, cuya conquista se antoja potencialmente conflictiva; la subida del nivel de los mares amenaza con hacer desaparecer islas que otorgan a sus respectivos Estados derechos marítimos sobre amplias extensiones.
BIOTECNOLOGÍA
Varios otros asuntos despiertan la inquietud de los expertos. Gowan apunta uno: “Hemos hecho progresos en los últimos años para enfrentarnos a pandemias. La experiencia de la gripe aviar ha fomentado avances y cooperación. Pero, en cambio, creo que no estamos tan preparados para el terrorismo biológico. Los avances de la industria biotech son increíblemente rápidos y complejos. Es un área con poca legislación internacional. Esto es algo acerca de que las agencias occidentales piensan bastante”. Si las tradicionales armas químicas asustan, las futuras armas biológicas aterran.
Se llama Mexican Pictures, pero es más que nada por la procedencia de su autor. Porque las imágenes de esta serie de proyectos personales de Raúl Gutiérrez nos trasladan a lugares tan distantes como China, Pakistán o Texas, para descubrir, sobre todo, a sus habitantes. Fuente: ciberp@ís. 13 julio 2006
En Ciberpaís: Tópicos mundiales El propósito de Culture Crossing es confeccionar una guía con los hábitos y costumbres de todos los países. Se trata de evitar al viajero sorpresas en temas como la relación hombre-mujer, la manera de vestir, negociar o saludar. Han creado una base de datos sobre tópicos y obviedades. Así, nos aclaran que en España no es de buena educación comer con las manos, que en una reunión de negocios en Australia conviene presentarse limpio y arreglado, y que las afganas deben mantener la mirada baja ante un hombre. EN INGLÉS.
Aunque es un sitio de National Geographic, son fotos del mundo, realizadas para un concurso internacional, durante 2008. Veremos gentes, lugares, naturaleza...