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miércoles, 26 de febrero de 2014

PRENSA. "Operación Évole"

   En "El País":

Operación Évole

Un falso documental sobre el golpe del 23-F genera reacciones encontradas


Gutiérrez Mellado y Suárez se enfrentan a los golpistas. / MANUEL H. DE LEÓN  (EFE)
Algunos se lo creyeron a pies juntillas. Otros no dudaron ni un instante de la falsedad de las imágenes, por mucho que vinieran avaladas por grandes profesionales de la política, el periodismo o el cine. La fábula sobre el 23-F montada por Jordi Évole en Operación Palace (La Sexta) el domingo ha provocado reacciones encontradas: desde la desazón y angustia de espectadores convencidos de que lo que le estaban contando era real, hasta el enfado y la indignación por frivolizar el golpe de Estado del 23-F. ¿Es ético que se dramatice en falso sobre un acontecimiento tan delicado que estuvo a punto de echar por tierra la democracia española? Muchos confiaban en el historial de los programas-denuncia de Évole. Aquellos sobre el accidente del metro de Valencia, las preferentes, el desplome de la sanidad pública... ¡Por fin, una investigación seria sobre la trastienda de 23-F! No fue lo que se encontraron.
“El falso documental es un género bastante codificado. Y, como en el fondo, es un ejercicio retórico y lúdico, si quiere mantener en vilo la credibilidad del espectador necesita abordar temas que contengan aspectos oscuros, desconocidos o inaccesibles”, explica el profesor de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Navarra Alberto N. García. Un formato así “se mueve como pez en el agua en episodios históricos proclives a la conspiración, precisamente porque busca rellenar esos huecos que faltan en el relato”.

La catedrática Amelia Valcárcel lo considera “una broma de mal gusto”
Mucha gente se tragó el anzuelo de Operación Palace (5,2 millones de espectadores, 23,9% de cuota de pantalla). Elegir el 23-F para este juego fue, en opinión de este experto, un acierto. Por dos razones: “En primer lugar es un tema popular, que la ciudadanía ve, con la distancia del tiempo, como una patochada, con final feliz y triunfo de la democracia; no es un tema ni completamente desconocido ni ultrasensible. En segundo lugar, es un episodio histórico que, al tener algunos detalles que aún no se conocen, resulta propicio para levantar teorías y conspiraciones, para ir enhebrando un relato que alumbre todos esos puntos oscuros”.
Tras el monumental revuelo levando por hacer precisamente una simulación del 23-F, Évole explica que antes de tirarse a la piscina hubo “mucha reflexión” en el equipo de El Terrat que pergeñó un programa que se grabó en julio pasado. “No se vendió como un Salvados. El eslogan —“¿Puede una mentira explicar una verdad?”— ya daba una pista de por dónde íbamos. Y antes y durante la emisión fuimos presentando indicios que marcaban la frontera entre la verdad y la mentira. Al menos nosotros hemos dicho que es mentira. En los telediarios vemos todos los días noticias deliberadamente falsas y no pasa nada. Quisimos demostrar lo vulnerables que somos ante los medios”, cuenta el periodista. Quizá por eso, la credibilidad que se ha labrado Évole en Salvados, modelo de periodismo-denuncia, haya podido quedar tocada con este periodismo-novela.
Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED, no es asidua de la televisión pero en la noche del domingo le picó la curiosidad por ver si Évole había realizado un programa serio de investigación. Nada de eso encontró. “Solo una broma de mal gusto, en un tema tan sensible en un país que ha vivido, por ejemplo, una guerra civil. La broma no me hizo gracia. La persona que lo dirigió y las que le ayudaron han jugado con un tema que no es nada trivial. No me imagino nada parecido en otros países sobre un acontecimiento tan grave”. Amelia Valcárcel, que nada más comenzar el falso documental ya se dio cuenta del engaño, desdeña el formato: “Es un petardillo de feria”.
Évole explica que este polémico falso documental no era más que un juego con los espectadores para que averiguaran “dónde estaba el gato encerrado” y, a la vez, un experimento para demostrar que España no es el paraíso de la transparencia y que “33 años después no se pueden consultar los archivos del 23-F. Eso da pie a que se pueda fabular”. Para quienes opinan que aquella es una fecha sagrada, replica: “Yo tenía seis años y si hubiera detectado que algunos de los que estaban en el Hemiciclo aquel día y que participaron en el programa hubieran dicho que no se podía frivolizar no habríamos seguido”.

Más de 5 millones de espectadores, el 24% de la audiencia, vieron el programa
El especial de Évole —que no pretendía ser un Salvados convencional— se inspiró en Operación Luna, un documental-ficción producido por la cadena francesa Arte en el que se desmontaba la llegada del hombre a la Luna en 1969 y se explicaba, con testimonios del mismísimo Henry Kissinger y de altos mandos de la CIA que todo había sido una trama orquestada por el entonces presidente de EE UU, Richard Nixon, y el cineasta Stanley Kubrick. Aunque hay otros precedentes. La periodista y profesora de la Universidad Camilo José Cela Alicia Gómez Montano recuerda la emisión en la RTBF, la televisión pública belga, del Bye Bye Belgium, un telediario simulado en el que su presentador habitual anunciaba la independencia del Parlamento flamenco y la abdicación del rey. Se emitió en diciembre de 2006 y los espectadores asistieron atónitos a las valoraciones de periodistas y políticos que se interpretaron a sí mismos. “Está claro que esto no es periodismo. Es técnica periodística para hacer una ficción”, dice Gómez Montano, que enfatiza el hecho de que fuera una producción de una televisión pública la que aborda un tema sensible y sostiene que la emisión “sirvió para abrir un debate sobre una herida que en Bélgica no ha cicatrizado”.
Desde una perspectiva técnica y narrativa Operación Palace es, según del profesor Enrique Guerrero, de la Universidad de Navarra, “impecable”, porque utiliza las técnicas propias del género documental: imágenes reales de archivo, testimonios de personalidades de prestigio, una voz en off que narra los hechos en tono serio... Todo ello “contribuye a convertir una falsedad (historia de ficción) en una realidad verosímil (que tiene apariencia de verdadero)”. La clave del documental-ficción es que aborde un tema de interés general (que genere dudas) y que los personajes que lo cuentan tengan credibilidad. Los testimonios de Federico Mayor Zaragoza, Joaquín Leguina, Iñaki Gabilondo y Fernando Ónega, entre todos, daban una pátina de verosimilitud a lo que solo era una patraña: que el golpe de Estado del 23-F fue una dramatización orquestada por los líderes políticos en el Hotel Palace dirigida por el cineasta José Luis Garci. Aunque, según los autores del engaño no era el único candidato.
Josep Maria Flotats, el actor y director teatral catalán, que fue “rechazado” por Alfonso Guerra para dirigir el montaje del 23-F, no pudo terminar de ver el programa. “Estaba tan atónito, me provocó tal malestar, que lo tuve que apagar. Me lo creí todo, me sentí muy mal y me preguntaba ¿en qué país vivimos?, ¿cómo no salen a pedir perdón a la opinión pública en vez de contarnos todo eso?”. Al apagar el televisor Flotats se perdió la escena en la que su nombre sale a relucir. “Si lo hubiera visto, quizás habría sospechado que no iba en serio”.
Flotats no tiene más que palabras de admiración ante el trabajo de Évole —“es genial, es la demostración perfecta de cómo nos manipulan diariamente”— y no se plantea el dilema ético de que acontecimientos de la importancia del 23-F tengan que estar fuera de ese debate. “Precisamente es con un suceso tan vital para la historia de este país como se provoca la reflexión y el debate. Un tema menor no hubiera tenido el mismo valor”.
Así lo interpreta también la presidenta del Consejo Audiovisual de Andalucía, Emelina Fernández: El programa “ha removido recuerdos y realidades. Y es una llamada de atención sobre la vulnerabilidad de la sociedad ante los medios de comunicación y su capacidad para manipular”, argumenta. Como muchos espectadores, durante un buen rato creyó lo que estaba viendo. “La gente que aparecía, entre ellos un monstruo de la comunicación como Gabilondo, le daba credibilidad. Mi reacción fue de absoluto asombro. El 23-F nos conmocionó a todos. Es un tema delicado que nos afectó de manera muy profunda y comprendo el sentimiento de quienes dicen que no se puede jugar con ello”. Pero aplaude el atrevimiento del programa. “Fue muy arriesgado y pasará a la historia de la televisión en España”.
También el escritor y cineasta Manuel Gutiérrez Aragón destaca la irreverencia y la genialidad de la que hizo gala Évole, aunque asegura que el resultado desde el punto de vista cinematográfico dejó bastante que desear. “Parecía más una broma de colegio mayor. La ficción no estaba conseguida porque de lo que se trata es de proponer un punto de vista distinto de lo que sucedió en la realidad y eso no se consiguió, pero no me parece mal que se desdramaticen de esta manera acontecimientos graves como el 23-F. Toda irreverencia me parece bien”.
Gutiérrez Aragón vio el programa con un amigo y la reacción fue distinta. Mientras él captó casi de manera inmediata la broma, su amigo se quedó muy impresionado por la “verdad” de lo que le estaban contando. El profesor Alberto N. García concluye que “fue un ejercicio de estilo y nostalgia que recuerda lo obvio: que la televisión es un discurso construido y que manipular las imágenes es relativamente fácil”. Aunque Évole simplemente pretendía hacer “un experimento”.

¿A quién ofende una broma?

JUAN CRUZ
¿A quién ofendieron Jordi Évole y sus guionistas? A los que no se dieron cuenta de que estaba en marcha una broma. Y, después, a aquellos que quieren sentirse ofendidos para que se sienta cómoda el trozo de la solemnidad que los abriga. Era una broma. ¿Y a quién ofende una broma? En primer lugar, a aquellos que se toman muy en serio, a los que son como aquel caballero de Qué noche la de aquel día,que se ofendía ante la respiración de los Beatles. Monty Python viene de esa escuela, la sátira británica, que ha convertido aquel país tan estirado en un país que aprendió hace rato a reírse de sí mismo. En España no, en España llevamos el ceño en el cuño, y saltamos como si fuéramos monjas subiéndonos a los armarios para ver mejor aquello que creemos que nos va a escandalizar.
Así que el programa de Évole ha ofendido a los que se toman muy en serio. Si al cabo de unos minutos el telespectador no se dio cuenta de que Salvados iba de coña es que algo no funciona entre nosotros. Si estimamos posible que durante tantos años (33, nada menos) tantas personas implicadas en aquel secreto no hubieran dicho ni media palabra de lo que en el programa se dice que pasó, es que algo pasa con respecto al conocimiento que los españoles tenemos de nosotros mismos. Ni la factura del programa reclamaba credibilidad ni había nada en él que no advirtiera de que estábamos ante una gran patraña. Que la persistencia de la credibilidad no se rompiera en seguida solo es posible, digo yo, porque estábamos queriendo que eso que contaban fuera verdad.
Si, además, lo sabían las personas que intervinieron en el fake, incluidos tres importantes periodistas, ¿cómo es posible que quienes estábamos sentados dudáramos de la identidad falsaria del invento? ¿Que algo así no se filtra desde el minuto uno, desde el 23 de febrero de 1981 por la noche? Vamos, hombre.
Somos los españoles muy solemnes cuando no somos nosotros los que nos reímos; nos hemos reído hasta la saciedad (el mismo domingo escuché risas en la radio) de la monstruosa ópera bufa que montaron Tejero y los suyos, tricornios y bigotes incluidos. En la risa estuvieron también los extranjeros, que veían esa pantomima peligrosa, una vez superada, como el resultado de un encargo distraído. Y ahora se ponen estupendos aquellos que consideran que hacer risa de la historia no es también un derecho de los que la han padecido.
Me pareció mucho más ofensivo que en otro canal un caricato de gafas oscuras llamara Bambi (de broma, ya saben) a un expresidente y se tomara a coña casi todo lo que tenía que ver con él y con algunas instituciones gracias a las cuales este país puede mirar sin miedo a los que fueron capaces de ponerlo patas arriba cuando más peligro había.

viernes, 25 de febrero de 2011

PRENSA. 25 febrero 2011

   En "El País":

1. En marcha. Columna de Juan José Millás.

2. Apropiación. David Trueba, sobre la publicidad.

3. Si concilia el jefe concilias tú. Reportaje de Joaquina Prades. Los empleados más satisfechos sobre la compatibilidad con la vida personal son los que responden ante directivos con familia - Concentrar la jornada es la medida más efectiva: mejora la productividad y ahorra gastos a la empresa.

4. El crecimiento del nivel del mar del Mediterráneo se acelera. Reportaje de Diego Narváez. El agua subió 20 centímetros durante el siglo XX y lo hará otros 35 en el XXI - El Instituto de Oceanografía alerta de las consecuencias del cambio climático.

5. La trama civil del 23-F. Artículo de Bonifacio de la Cuadra.

6. Artistas no invitados. Artículo de José María Ridao. En esta esperanzadora ola revolucionaria no se han levantado los "musulmanes", sino los ciudadanos de las dictaduras del Magreb y Oriente Próximo. Su rasgo definitorio no es la religión, sino sus regímenes políticos.

7. La Doctrina Zero. José Ignacio Torreblanca, sobre la revuelta popular en Libia.

8. Un nuevo panarabismo. Por Javier Valenzuela.

9. CINE. Crítica de cine. La familia homoparental (Los chicos están bien, de Lisa Chodolenko. Por Javier Ocaña). Un temazo sin letra (Chico y Rita, de Fernando Trueba, Javier Mariscal y Tono Herrando. Por Javier Ocaña).

domingo, 20 de febrero de 2011

PRENSA (2). 20 febrero 2011

   En suplementos de "El País":

1. 30 aniversario del 23-F. Tres tramas en la sombra. Reportaje de José Luis Barbería y Joaquín Prieto. La dimisión de Adolfo Suárez fue aprovechada por los golpistas para lanzar su intentona, tras un cruce de proyectos golpistas que trabajaban en secreto. Ni el general Armada ni el teniente general Milans del Bosch contaban con la decisiva intervención de don Juan Carlos. DESDE ESTE ARTÍCULO SE PUEDE ENLAZAR CON OTROS TEXTOS.

2. Chicas de novela. Por Elvira Lindo.

3. El precio del pinganillo. Por Javier Cercas.

4. Futuro pluscuamperfecto. Reportaje de Pablo Francescutti. ¿Cómo imaginaban hace 50, 60, 100 años que íbamos a vivir en 2000, 2010, 2011? Volando, comiendo píldoras, de vacaciones en Marte. El paleofuturo es un curioso ejercicio de revisión que se ha puesto de moda.

5. Encontrar la calma en la ciudad. Reportaje de psicología. Por Francesc Miralles. No es necesario encerrarse en un monasterio para gozar de la espiritualidad. También el estrés de la ciudad nos procura oportunidades para crecer y cultivar la paz interior.

6. "Es inapropiado pretender solucionar problemas sociales por la vía del lenguaje". Entrevista a Inés Fernández-Ordóñez. Por Íker Seisdedos. Su familia ha dado grandes hombres a la historia reciente de España. En política, ingeniería, economía. Ahora ella, prestigiosa filóloga, es la séptima mujer en ingresar en la Real Academia.

7. El barrio pagano de la ciudad santa. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. Al Trastevere no se llega por casualidad. Pero en estas calles y en su gente se condensa la esencia de Italia entera: cultura, religión, humor, fortaleza… La vida vibrante que se disfruta en las terrazas que inundan este barrio romano.

8. Los que no sonríen tienen los dientes feos. Por Rosa Montero.

9. El Compasivo y las italianas. Por Javier Marías.

domingo, 28 de noviembre de 2010

LECTURA. Recomendación de lectura: "Anatomía de un instante", de Javier Cercas

   Como se dice en la contracubierta, Este libro es un ensayo en forma de crónica o una crónica en forma de ensayo. Este libro no es una ficción. Este libro es la anatomía de un instante: el instante en que Adolfo Suárez permaneció sentado en la tarde del 23 de febrero de 1981, mientras las balas de los golpistas zumbaban a su alrededor en el hemiciclo del Congreso de los Diputados...

Ahora, unos fragmentos de las primeras páginas:
En cuanto al presidente Suárez, regresa con lentitud a su escaño, se sienta, se recuesta contra el respaldo y se queda ahí, ligeramente escorado a la derecha, solo, estatuario y espectral en un desierto de escaños vacíos.

CAPÍTULO 1

Ésa es la imagen; ése es el gesto: un gesto diáfano que contiene muchos gestos.

A finales de 1989, cuando la carrera política de Adolfo Suárez tocaba a su fin, Hans Magnus Enzensberger celebró en un ensayo el nacimiento de una nueva clase de héroes: los héroes de la retirada. Según Enzensberger, frente al héroe clásico, que es el héroe del triunfo y la conquista, las dictaduras del siglo XX han alumbrado el héroe moderno, que es el héroe de la renuncia, el derribo y el desmontaje: el primero es un idealista de principios nítidos e inamovibles; el segundo, un dudoso profesional del apaño y la negociación; el primero alcanza su plenitud imponiendo sus posiciones; el segundo, abandonándolas, socavándose a sí mismo. Por eso el héroe de la retirada no es sólo un héroe político: también es un héroe moral. Tres ejemplos de esta figura novísima aducía Enzensberger: uno era Mijaíl Gorbachov, que por aquellas fechas trataba de desmontar la Unión Soviética; otro, Wojciech Jaruzelski, que en 1981 había impedido la invasión soviética de Polonia; otro, Adolfo Suárez, que había desmontado el franquismo. ¿Adolfo Suárez un héroe? ¿Y un héroe moral, y no sólo político? Tanto para la derecha como para la izquierda era un sapo difícil de tragar: la izquierda no olvidaba -no tenía por qué olvidar que, aunque a partir de determinado momento quiso ser un político progresista, y hasta cierto punto lo consiguió, Suárez fue durante muchos años un colaborador leal del franquismo y un prototipo perfecto del arribista que la corrupción institucionalizada del franquismo propició; la derecha no olvidaba -no debería olvidar- que Suárez nunca aceptó su adscripción a la derecha, que muchas políticas que aplicó o propugnó no eran de derechas y que ningún político español de la segunda mitad del siglo XX ha exasperado tanto a la derecha como él. ¿Era entonces Suárez un héroe del centro, esa quimera política que él mismo acuñó con el fin de cosechar votos a derecha e izquierda? Imposible, porque la quimera se desvaneció en cuanto Suárez abandonó la política, o incluso antes, igual que la magia se desvanece en cuanto el mago abandona el escenario. Ahora, veinte años después del dictamen de Enzensberger, cuando la enfermedad ha anulado a Suárez y su figura es elogiada por todos, quizá porque ya no puede molestar a nadie, hay entre la clase dirigente española un acuerdo en concederle un papel destacado en la fundación de la democracia; pero una cosa es haber participado en la fundación de la democracia y otra ser el héroe de la democracia. ¿Lo fue? ¿Tiene razón Enzensberger? Y, si olvidásemos por un momento que nadie es un héroe para sus contemporáneos y aceptásemos como hipótesis que Enzensberger tiene razón, ¿no adquiriría el gesto de Suárez en la tarde del 23 de febrero el valor de un gesto fundacional de la democracia? ¿No se convertiría entonces el gesto de Suárez en el emblema de Suárez como héroe de la retirada?

Lo primero que hay que decir de ese gesto es que no es un gesto gratuito; el gesto de Suárez es un gesto que significa, aunque no sepamos exactamente lo que significa, igual que significa y no es gratuito el gesto de todos los demás parlamentarios -todos salvo Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo-, que en vez de permanecer sentados durante el tiroteo obedecieron las órdenes de los golpistas y buscaron refugio bajo sus escaños: el de los demás parlamentarios es, para qué engañarse, un gesto poco airoso, sobre el que con razón ninguno de los interesados ha querido volver mucho, aunque uno de ellos -alguien tan frío y ponderado como Leopoldo Calvo Sotelo- no dudara en atribuir el descrédito del Parlamento a aquel desierto de escaños vacíos. El gesto más obvio que contiene el gesto de Suárez es un gesto de coraje; un coraje notable: quienes vivieron aquel instante en el Congreso recuerdan con unanimidad el estruendo apocalíptico de las ráfagas de subfusil en el espacio clausurado del hemiciclo, el pánico a una muerte inmediata, la certidumbre de que aquel Armagedón -como lo describe Alfonso Guerra, número dos socialista, que se hallaba sentado frente a Suárez- no podía saldarse sin una escabechina, que es la misma certidumbre que abrumó a los técnicos y directivos de televisión que vieron la escena en directo desde los estudios de Prado del Rey. Aquel día llenaban el hemiciclo alrededor de trescientos cincuenta parlamentarios, algunos de los cuales -Simón Sánchez Montero, por ejemplo, o Gregorio López Raimundo- habían demostrado su valor en la clandestinidad y en las cárceles del franquismo; no sé si hay mucho que reprocharles: se mire por donde se mire, permanecer sentado en medio de la refriega constituía una temeridad lindante con el deseo de martirio. En tiempo de guerra, en el calor irreflexivo del combate, no es una temeridad insólita; sí lo es en tiempo de paz y en el tedio solemne y consuetudinario de una sesión parlamentaria. Añadiré que, a juzgar por las imágenes, la de Suárez no es una temeridad dictada por el instinto sino por la razón: al sonar el primer disparo Suárez está de pie; al sonar el segundo intenta devolver a su escaño al general Gutiérrez Mellado; al sonar el tercero y desatarse el tiroteo se sienta, se arrellana en su escaño y se recuesta en el respaldo aguardando que termine el tiroteo, o que una bala lo mate. Es un gesto moroso, reflexivo; parece un gesto ensayado, y quizá en cierto modo lo fue: quienes frecuentaron a Suárez en aquella época aseguran que llevaba mucho tiempo tratando de prepararse para un final violento, como si una oscura premonición lo acosase (desde hacía varios meses cargaba con una pequeña pistola en el bolsillo; durante el otoño Y el invierno anteriores más de un visitante de la Moncloa le oyó decir: De aquí sólo van a sacarme ganándome en unas elecciones o con los pies por delante); puede ser, pero en cualquier caso no es fácil prepararse para una muerte así, y sobre todo no es fácil no flaquear cuando llega el momento.

Editado por DEBOLS!LLO, tiene 462 páginas.
Javier Cercas

jueves, 16 de abril de 2009

PRENSA. 17 abril 2009

En "El País":

1. Maduros para afrontar el 23-F. La obra de Javier Cercas sobre el golpe se revela esencial para entender la Transición. "El Rey hizo cosas que no debería haber hecho", dice el autor.
2. 'Déjame entrar' es mucho más que otra película de vampiros. Llega a España el filme sueco, una de las sorpresas de la temporada.
3. ¿Qué globalización sobrevivirá? Artículo de Joseph S. Nye, Jr., profesor en la Escuela Kennedy, de la Universidad de Harvard.
4. Elogio de lo superfluo, indulto del error. Los seres humanos tienen diversas formas de abordar el conocimiento. La ciencia es aquella que más se protege contra la ideología de su creador; la literatura, la más eficaz para envolver y transmitir sus creencias. Artículo de Jorge Wagensberg, director del Área de Ciencia de la Fundación 'La Caixa'.
5. Cuando nada es lo que parece. Crítica de la película La sombra del poder.

domingo, 12 de abril de 2009

PRENSA (2). 12 abril 2009

En "El País Semanal":

1. El arte de la obstinación. Reportaje.Cuando alguien siente el arte como la médula de su existencia, nada, ni una parálisis por derrame cerebral, puede inmovilizarle. Es el caso de la artista española Ángela de la Cruz. Su cuerpo está en una silla de ruedas. Su cerebro es pura energía creativa.

2. Hablar sin palabras. Los mensajes no verbales son una carta de presentación. La primera impresión que damos. No hace falta abrir la boca para que nuestro interlocutor sepa cómo somos. Atención a los gestos. Hablan sin voz. Reportaje.

3. 23-F. El juicio de los hijos. ¿Qué pasó aquella noche? ¿Qué papel desempeñó realmente el Rey? ¿Y Suárez? ¿Y los militares? Tal como hiciera con la Guerra Civil en Soldados de Salamina, Javier Cercas aborda en su próximo libro la noche más larga de la transición. Un relectura valiente, polémica y sin prejuicios. Éstas son sus conclusiones y el recuerdo de los hechos con varios protagonistas. Reportaje.

4. La sonrisa de los espejos. Columna-relato de Almudena Grandes sobre la anorexia.

5. Bachillerato con adultos. Artículo de Javier Marías sobre nuestros usos lingüísticos.