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martes, 17 de noviembre de 2015

POESÍA. "Mañana de noviembre" (fragmento). Jorge Galán (El Salvador, 1973)

Jorge Galán

 La poesía "se adapta" a las circunstancias de la vida, de la realidad (a estas circunstancias nuestras del momento, muy cerca de París). Leamos, si no, este final del poema Mañana de noviembre, de Jorge Galán (escrito el último día de noviembre de 2014).

El mundo es frío. El mundo es bullicioso. Los que están de fiesta
no merecen estar de fiesta. No este día terrible. No
bajo esta luna a punto de explotarme en las manos. No
bajo la tempestad que se produce bajo mi pie tremendo, detenido
sobre los restos de una civilización y un instante.
No puedo repetir las palabras que en la noche me hablan del mar.
La tristeza no es una palabra, es un clamor que se detiene.
El mundo es frío. Y esta mañana sin duda soy el mundo.

jueves, 18 de agosto de 2011

POESÍA. "Anhelo místico", de Jorge Galán (San Salvador, 1973)

Jorge Galán

Anhelo místico

Cuando cierro la boca siempre entrego
mis ojos hacia el cielo
y alzo la frente como si buscara
la santidad de un beso.

Cuando cierro los ojos me vuelvo alma,
es decir, me hago auténtico,
y puedo repetir mi nombre falso
hasta volverlo verdadero.

Si me vieras los ojos, llenarías
mi corazón con Padres Nuestros.

Un hombre sin pasado nunca sabe
cómo decir: he vuelto.
Siempre se está marchando hasta algún sitio
y según él jamás está volviendo.

Quisiera descansar alguna tarde
lleno de luz y de silencio.

miércoles, 17 de agosto de 2011

POESÍA. "Lo inevitable", de Jorge Galán (San Salvador, 1973)

Jorge Galán

Lo inevitable

Mi madre dijo “mañana va a haber viento”,
pero su mañana ya es hoy:
es más de media noche.
El viento hace de los follajes un mar que va y que viene
como el mar mismo.
Hay aves que están muriendo en su propio resguardo.
Algunas ramas se inclinan hasta el suelo y se quiebran
igual que algunos hombres muy cansados
vencidos finalmente por la culpa.
Mi madre también me ha dicho que hará frío,
pero desde hace varios días mis ojos son escarcha.
Ambos bebimos té y hablamos recordando
el sabor de los nísperos
y la lentitud de la miel al esparcirse sobre el pan.
Desde la habitación en donde estábamos
la ciudad cabía en el marco de una ventana,
era perfecta ahí como el cuerpo de una mujer amada
lo es en nosotros muchas veces.
“Mañana”, me repite y entonces quiero decirle y no lo hago,
que el tiempo es una invención tardía de los hombres,
que un instante también es un milenio
y un milenio un instante
y que nada hay más parecido al fin que el principio
que la nada de antes y la nada de después
es solo vacío
y que en medio flota una página en blanco
que alguien llena de palabras a veces banales
y otras veces terribles
y que lo que ella llama mañana ya es hoy en otro sitio
y ese sitio puede estar tan lejos o tan cerca como yo mismo
y que el tiempo es un manto que la eternidad ocupa para vestirse
en un intento inútil de poder comprenderse
porque la eternidad es invisible e incontable y quisiera medirse
e intenta inútilmente recrearse proveyéndose márgenes donde jamás se abarca.
“Mañana vendrá el frío”, me repite otra vez
y pienso, otra vez sin decírselo, que todo es tan sencillo
y que las estrellas son solamente estrellas:
puntos de luz inertes a tan solo unos ojos cerrados de distancia,
y que el cielo es el cielo y la noche la noche y el viento solo viento
y que aunque ahora ya es mañana
resulta inevitable que todo mi presente
sea para mi madre su “después”.

martes, 16 de agosto de 2011

POESÍA. "Niño que se contempla en una fuente oscura", de Jorge Galán (San Salvador, 1973)

Jorge Galán

Niño que se contempla en una fuente oscura.

Mi voz es el murmullo de las estrellas,
lo sé por algún motivo que desconozco.
Me complace saberlo.
Uno debería de amarse alguna vez a pesar de sí mismo;
por eso digo, mi voz es el murmullo de las estrellas,
lo sé y no sé cómo lo sé,
sería impropio de lo hermoso comprender su hermosura.

El viento pregunta por mí al frío.
Altísimos árboles sin acosarme me rodean.
El frío tiene lenguas.
No huyo porque no pueden tocarme.
Soy puro como la flauta que hechiza el cielo del crepúsculo,
fui soplado por la Divinidad un día cuando el alba,
esto también lo sé porque esta tristeza es terrible como todo lo hermoso,
y sé también que el canto del cielo son las palomas de oro de tu pelo
y que eres una lágrima de Dios emocionado
y que mi voz es el murmullo de las tantas estrellas
y eso me hace feliz.

Todo es tan poco siempre.
Este sitio en que te amo es tan pequeño,
mínimo como las alas de un insecto que flota,
como un nenúfar rojo en una fuente blanca,
pero tendría que ser enorme como una sinfonía que también fuese un siglo.

Eres más grande que este sitio en que te amo pero no sé cómo es posible.
Y yo soy el murmullo de las estrellas,
un silencio más amplio,
por eso no me escuchas o acaso me confundes
con el canto de muerte que se anuncia en la frágil garganta de una Aurora.

El siseo del viento en los nuevos bambúes también puedo ser yo.

jueves, 14 de julio de 2011

POESÍA. "El muro", de Jorge Galán (San Salvador, 1973)

Jorge Galán

El muro

Lo quitaron tan tarde, que todos habían olvidado que estaba allí
y nadie recordaba quiénes eran los otros
los del otro lado
por eso no hubo abrazos de bienvenida ni llantos ni vociferaciones
salvo de asombro
días más tarde, quizá meses más tarde,
cuando, serpenteando en los follajes genealógicos
descubrieron que eran parientes, y de ahí esos ojos marrones,
coincidentes, de esas abuelas melancólicas.

miércoles, 13 de julio de 2011

POESÍA. "Lo terrible", de Jorge Galán (San Salvador, 1973)

Jorge Galán

Lo terrible

La luz es un cadáver que flota inadvertido.
Sus pupilas decrecen sobre nuestras pupilas.
Ese sol de esta tarde no es real:
es una gota espesa de llanto inmaculado
que cae sin descanso y flota y cae.
Ni siquiera es real su eternidad.

La muchacha que amé olvidó su nombre.
Hoy es un cuerpo intacto que no puedo llamar.
La muchacha que amé ya no regresa,
bebe su café a solas cada tarde,
le palpa el rostro un viento sin memoria.
Nada que nos recuerde podría regresar.

La muchacha que amé se duerme sola,
ella toda penumbra: ya no puede soñar.

Se va y camina sola y siente frío,
quiere abrazarse y no encuentra sus brazos.
La muchacha que amé no puede más.

Si espera bajo el sol siente más frío,
pero ella espera, cree, no distingue
que ese sol de esta tarde no es real.

martes, 12 de julio de 2011

POESÍA. "Paseo de una niña en la playa", de Jorge Galán (San Salvador, 1973)

Jorge Galán

Paseo de una niña en la playa

Ya sin tocar el suelo, sus pies casi de agua
se deslizan, lentísimos, sobre la arena parda
matizada de espuma. Es casi mediodía,
sobre ella las gaviotas planean dulcemente,
el mar que hizo en la piedra motivo de su furia
no se atreve en sus pies, retrocede, no vuelve
sino en rocíos lentos de un azul menos ávido.
Le toca con su música, con su arrullo y se vuelve
un amante imposible que encuentra en la tristeza
el motivo preciso para intentar dormirle,
hechizarla, volverla su sueño, su deleite.
Frágil como la rama que a punto de quebrarse
se aferra al tronco anciano, así el viento se amarra
a su raíz más honda: su cabello que ondea
como bandera única de un país exquisito.
Esbelta como el aire que de puntillas anda
por las altas palmeras, mínima como el frío
que el corazón del alba guarda en su luz más íntima,
inmensa como el cielo que habita en la pupila,
se vuelve la palabra que el día le musita
a los antiguos siglos: el nombre de su orgullo.
Con su traje de baño, tan ingenua, tan simple,
sin sospechar aquello que en su torno sucede,
o notando, si acaso, la tibieza del agua
o las lentas gaviotas que vagan dulcemente.
Nada posee entonces semejante pureza.

lunes, 11 de julio de 2011

POESÍA. "Trenes", de Jorge Galán (San Salvador, 1973)

Jorge Galán

Trenes

Solo algunos ancianos quedan en la mañana.

Ellos conversan sobre trenes, recuerdan ciertos viajes
hasta ciertos lugares que hace mucho no existen.
Visitan los cafés, las esquinas, las albas, los jardines.
Se detienen para escuchar el murmullo de las lechuzas,
para recoger una almendra del suelo humedecido,
para mostrar una fotografía que siempre ha sido antigua,
para mirar unas montañas que ya no recordaban.
Para ellos el viento siempre será un cabello largo
y el aroma de los jardines ya no será algo más que muchacha.
El calor para otros es una camiseta que baja lentamente,
pero ellos están fríos a la orilla de un río todavía diáfano.
No morirán esta mañana, eso lo saben, por eso están felices,
por eso están hablando que se han vuelto siluetas,
que se han tornado oscuros como sus propias voces,
que su piel macilenta casi se ha vuelto viento.

Solo algunos ancianos permanecen, conversan...

Los trenes que recuerdan son cada vez más lentos.