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viernes, 15 de enero de 2016

CRISIS HUMANITARIA. "La próxima crisis de refugiados". Santiago Roncagliolo

   En "El País":

La próxima crisis de refugiados

Más de cinco millones de palestinos viven en campos de Siria; si un nuevo estallido de violencia les obliga a huir la cifra de quienes se dirigen a Europa se duplicará. Es urgente encontrar una solución política al conflicto palestino

 31 diciembre 2015
La próxima crisis de refugiados                                                                      RAQUEL MARÍN
"Yo nací aquí. Y he pasado toda mi vida aquí. Pero soy de otro lugar”.
 A sus 49 años, Hatim Mihjiz jamás ha salido de la franja de Gaza. Aun así, cuando le preguntan de dónde es, sigue respondiendo que del pueblo de Al Jiyya, cerca de Ashkelon.
En realidad, el que vivía ahí era su padre, Ibrahim, hasta la guerra árabe-israelí de 1948, cuando Israel ocupó la zona y echó a los palestinos. Ibrahim fue enviado al sur, al campo de refugiados de Beach, en la costa de Gaza, donde acabó sus días, y donde sus descendientes siguen esperando el momento de volver.
Para gran parte de la opinión pública europea, los refugiados son un fenómeno surgido este año, cuando la violencia empujó a centenares de miles de sirios hacia el Mediterráneo y hacia los titulares. En cambio, para Hatim, “refugiado” es casi una nacionalidad. Nació en esa condición. Quizá muera en ella.
Su barrio, Beach, no se parece a los campos que uno ve por televisión. En seis décadas y media, ha dejado de ser un campamento para convertirse en un conjunto habitacional de cemento y asfalto. De no ser por las pintadas en árabe de las paredes, se confundiría con cualquier chabola de Lima o Bogotá. Los refugiados tienen descendencia —hoy son más de un 1.300.000, dos tercios de la población de la franja—, y el espacio no crece por arte de magia. Gaza ostenta una de las mayores densidades humanas del mundo.
Cuando Hatim se casó, dividió con un tabique el piso familiar y se instaló ahí con su esposa. Trabajaba en una fábrica textil. Tenía expectativas. Pero el huracán de la historia se llevó su futuro. Cuando llegó su segunda hija, Ola, estalló la segunda Intifada. Mientras nacía el tercero, Waseem, Israel levantó muros alrededor de Gaza, y ya nadie pudo entrar ni salir sin permiso. Las dificultades para comprar y vender obligaron a cerrar la fábrica, dejando a Hatim sin trabajo. Tras el nacimiento de su quinto hijo, Lama, el grupo radical Hamas tomó el poder de la franja por la fuerza y el cerco israelí se endureció.
Hoy, Hatim, su esposa y sus siete hijos se amontonan en dos habitaciones. En la franja, el desempleo alcanza al 42% de la población, la mayor tasa del planeta. Entre la contaminación y el hacinamiento, Naciones Unidas calcula que Gaza será inhabitable en cinco años.

Como Hatim, más de cinco millones de refugiados palestinos viven en campos de Siria, Líbano, Jordania y la propia Palestina bajo gestión de la United Nations Relief and Works Agency (UNRWA). Estos parias no son aceptados como ciudadanos ni por Israel ni por los países árabes. Para ellos, UNRWA es lo más parecido a un Estado. La agencia ofrece educación, salud, alimentos, algunas infraestructuras y servicios sociales, como centros para mujeres y préstamos para microempresas. Además, es la principal fuente de empleo: 29.000 de sus 30.000 empleados son refugiados.Hoy, Hatim, su esposa y sus siete hijos se amontonan en dos habitaciones. En la franja, el desempleo alcanza al 42% de la población, la mayor tasa del planeta. Entre la contaminación y el hacinamiento, Naciones Unidas calcula que Gaza será inhabitable en cinco años.
El problema es que, tras 65 años —los últimos 15 de encierro a cal y canto—, la paciencia se agota y la presión aumenta. Aparte de Gaza, los asentamientos de Israel asfixian a los beduinos palestinos de Cisjordania: sus familias no pueden acceder al agua. Sus casas son sistemáticamente demolidas. Sus rebaños son confiscados cuando traspasan los límites —cada día más estrechos— de sus pueblos.
En este espeso pantano, la violencia cría sus larvas: periódicamente, adolescentes de los campos cisjordanos se rebelan y arrojan piedras o palos al otro lado del muro. Algunos acuchillan. En respuesta, los militares israelíes disparan. En dos años, el porcentaje de refugiados heridos de bala aumentó un 139%. En 2014 murieron así 53 palestinos, 21 de ellos refugiados. Y solo en octubre de este año, 71 palestinos y 8 israelíes han perdido la vida en ataques armados.
Hasta hoy, lo único que ha evitado una revuelta violenta o un éxodo de la población palestina es UNRWA. Con un presupuesto de unos 2.500 millones de dólares anuales, equivalente al de un país pobre, la agencia se las ingenia para crear oportunidades, proteger los derechos básicos de la población y mantener la paz social. Sin embargo, la guerra en Siria está reventando las costuras del statu quo. La violencia desestabiliza los campos sirios y encarece el mantenimiento de todos los demás. Este año, UNRWA necesitó un fondo de emergencia de 420 millones de dólares extra. Para el año que viene, faltan por cubrir 81 millones de dólares.
El último verano, los refugiados se asomaron al abismo: un déficit de 101 millones de dólares estuvo a punto de impedir que se abran los colegios en los campos de UNRWA. Aparte de cancelar el porvenir de millones de personas, el cierre habría dejado en la calle a cientos de miles de jóvenes sin nada que hacer excepto, por ejemplo, descargar su frustración contra los militares israelíes. O tratar de saltar los muros.
La situación se salvó in extremis con una inyección de fondos a cargo de la Unión Europea, Estados Unidos, algunos Estados europeos a título individual y varios países árabes. Gracias a ellos, el déficit quedó cubierto justo a tiempo. Los colegios abrieron. La bomba del tiempo detuvo el temporizador. Pero una nueva crisis es cuestión de tiempo. Los costos y la presión no paran de crecer.
¿Es eso un problema entre israelíes y palestinos? ¿Es una cuestión que debe resolver Oriente Próximo?
No. Desde este año es también, crucialmente, un problema europeo. ¿Es eso un problema entre israelíes y palestinos? ¿Es una cuestión que debe resolver Oriente Próximo?
La gran emergencia de refugiados hacia Europa estuvo cerca del millón de personas. Pero en los campos de UNRWA se acumulan cinco millones más. Si un estallido de violencia los obliga a huir, con que solo el 20% busque un futuro en la UE, la cifra de refugiados en el Mediterráneo se duplicará. La agencia calcula que 52.000 pobladores de los campos sirios pueden haber emigrado ya hacia Occidente. Y habrá que sumar a ellos los desplazamientos de población que produzcan los bombardeos contra el Estado Islámico.
Convertirse en refugiado es como saltar de un rascacielos en llamas: solo se hace si resulta peor quedarse. En Oriente Próximo, no es posible contener la huida de las zonas arrasadas por la guerra. Pero la comunidad internacional sí puede presionar a las partes para encontrar por fin una solución política al conflicto palestino. Un acuerdo de paz es la única forma de evitar un nuevo foco de violencia y éxodo en la región. Y permitiría reasignar enormes recursos a las nuevas emergencias.
La familia de Hatim lleva 65 años esperando esa solución. Hoy, Europa también la necesita.
Santiago Roncagliolo es escritor.

lunes, 26 de octubre de 2015

PRENSA. "Sesenta millones: los niños chinos dejados atrás"

   En "El País":

Sesenta millones: los niños chinos dejados atrás

El crecimiento económico ha llevado a millones del campo a la ciudad, pero muchos inmigrantes se ven obligados a dejar a sus hijos en sus pueblos de origen


La guardería que gestiona la profesora Ping, en la aldea de Beikou. / M. VIDAL

Xiu Jiaqi tiene cinco años, unas coletas muy largas y una sonrisa pícara. Aunque hoy está un poco más triste de lo normal. Su padre acaba de marcharse de peón, a construir carreteras. A su madre, que trabaja en Pekín, hace meses que no la ve: “Volverá cuando se acabe el trabajo”, cuenta. Ella se ha quedado al cuidado de sus abuelos y se lamenta de que no pueden ayudarla a hacer los deberes. Su profesora, Ping Xiaorong, lo explica: “Son analfabetos”.
Zhao Yicheng, de seis años, se sienta junto a Xiu. Dice que ella no verá a sus padres hasta el Año Nuevo chino, la única vez en todo el año. Entonces “me traerán regalos. Ropa de color rosa, mi preferido. Y jugaremos juntos. El escondite es lo que más me gusta”.
Las dos pequeñas forman parte de un fenómeno causado por el crecimiento económico en China. Desde 1995 más de 300 millones de personas se han trasladado del campo a la ciudad en busca de una vida mejor. Pero muchos de ellos han tenido que dejar a sus hijos en sus pueblos de origen, generalmente al cuidado de los abuelos. Son los niños “dejados atrás”: según la oficial Federación de Mujeres Chinas suman 61 millones, uno de cada cinco de los menores de todo el país.
En la aldea de Beikou, en Songjiazhuang, en la provincia de Hebei (norte de China) solo quedan 1.700 personas, de las 2.600 que vivían allá hace cuatro o cinco años. Las condiciones de vida son durísimas: al pie de la montaña, y cerca ya del desierto del Gobi, en invierno las temperaturas pueden llegar a 30 grados bajo cero. Las mayoría de las casas no tiene calefacción ni agua caliente. En algunas, las ventanas aún son de papel. La oferta laboral es limitada: o pastor o campesino. Y arrancar a la tierra la cosecha anual de cereales —mijo y maíz, sobre todo— cuesta mucho sudor.
“La gente que se marcha de aquí lo hace, sobre todo, por la educación de sus hijos”, explica la profesora Ping. “Aquí siempre tienen garantizado, mal que bien, un plato de comida. Pero la educación, no”. En Beikou solo se imparten un par de años en la escuela primaria; luego, los niños deben trasladarse a un pueblo mayor. Quienes deseen una formación mejor para sus hijos, y puedan permitírselo, deben enviarlos internos a un colegio privado en la cabeza de comarca. Eso cuesta dinero. Y los padres, cuenta Ping, emigran para conseguirlo.
El problema se ve agudizado por los requisitos del hukou, un permiso de residencia interno que se concede en el lugar de nacimiento y sin el cual los inmigrantes de las zonas rurales carecen de acceso a servicios básicos como la educación o la sanidad. Aunque los padres de Beikou se llevaran consigo a sus hijos a Pekín, no podrían escolarizarlos.
Ping tiene a su cuidado 40 niños, entre los dos años y los seis. El año pasado se ocupaba de 60, aunque 20 se han ido a la ciudad o han pasado a la educación primaria. Ella creó hace seis años, de manera completamente privada, la guardería del pueblo, Shibo, ante la falta de opciones donde dejar a su hijo, entonces de cuatro años. En sus clases, los pequeños aprenden mandarín, matemáticas y un poco de inglés que ella aprendió de forma autodidacta.


Las niñas Xiu y Zhao en la guardería de Beikou. / M. V.
Aproximadamente la mitad de sus alumnos, asegura, son niños dejados atrás. “Se nota la diferencia”, cuenta. “Son más retraídos. Una niña el otro día se echó a llorar en clase porque echaba de menos a su padre… Académicamente también suelen ir un poco peor. Hay casos, como el de Xiu Jiaqi, en el que sus abuelos no saben leer ni escribir, y hay que prestarles un apoyo especial”.
Según un informe del proyecto benéfico Road to School, la ansiedad de los niños aumenta de manera exponencial si no pueden ver a sus padres durante más de tres meses. Pero un 15% de los niños dejados atrás solo ven a los suyos una vez al año; y 15 millones solo reciben una llamada telefónica cada tres meses. Son menores más susceptibles de padecer problemas psicológicos, sufrir abusos o caer en manos del crimen organizado.
Para paliarlo, el Gobierno chino se ha fijado el objetivo de formar a tres millones de trabajadores sociales para 2016, una profesión prácticamente desconocida en el país hasta ahora, apunta Tong Xiaojun, catedrática de Trabajo Social en el Instituto para la Juventud y la Adolescencia de China. Un programa piloto ha establecido una red de trabajadores locales en 120 zonas remotas de las cinco provincias más afectadas por el problema, aunque solamente llega a unos 250.000 menores, una cifra aún ínfima.
Otras ONG también tratan de fomentar la comunicación entre los niños dejados atrás y sus padres, y de convencer a las empresas para que faciliten horarios laborales y días de vacaciones más flexibles, explica Pia McRae, directora para China de Save The Children.

Padres infelices

Xu Yingxia, una limpiadora de casas de 41 años originaria de Anhui, en el sur del país, también alega la educación como gran factor para vivir separada de su hijo. El niño, de 11 años, está interno en Hefei, la capital de su provincia natal. “Podríamos tenerlo con nosotros en Pekín, pero para él no sería bueno. Para nosotros, lo principal es que reciba una buena educación y tenga oportunidades en la vida”.
Para los padres la separación también es dura, y algo que hacen porque sienten que no tienen alternativa. Un estudio de la consultora CCR CSR encuentra que un 80% de quienes han dejado atrás a sus hijos se sienten culpables. El 68% alega que no tiene tiempo para ocuparse de los niños; un 53% explica que carece de dinero para cubrir los gastos básicos. Un 30% se lamenta de que en la ciudad sus hijos no pueden tener acceso a una educación u otros servicios sociales adecuados.
Un 59% de estos padres se declara “carente de compromiso con su puesto de trabajo” debido a la separación familiar. Un 38% admite “errores frecuentes” por la preocupación que le generan sus hijos. Un 33% reconoce ser “infeliz y poco entusiasta”.

lunes, 8 de junio de 2015

PRENSA. "El lugar del español en internet". José Antonio Millán

   En "El País":

El lugar del español en Internet

La ciudadanía lingüística no coincide necesariamente con la política. Nuestro idioma está entre la tercera y la cuarta posición en la Red: es rico en relaciones internas pero tiene notables notables carencias en contenidos


NICOLÁS AZNÁREZ

¡Últimas noticias! A lo largo de los últimos años la situación de nuestra lengua en Internet ha ¿mejorado?, ¿empeorado?, ¿variado significativamente?, ¿ganado o perdido sectores clave? La noticia es que no lo sabemos bien…
Repitámoslo: en el principal terreno en el que hoy en día nos relacionamos, compramos, vendemos, nos informamos, leemos, escribimos o estudiamos, estamos lamentablemente carentes de estudios sobre su situación. ¿Es creíble que sobre un sector económico y cultural de primera importancia sólo tengamos informaciones sesgadas, interesadas o incompletas? Pues esa es la realidad. Las razones de esta insuficiencia de conocimientos son la complejidad de la materia, su policentrismo, la carencia de una auténtica política digital en los países hispanohablantes, y la falta de un liderazgo claro entre ellos, como el que Francia ejerce entre la francofonía.
Conocer el español en la Red abarca no sólo el uso de nuestra lengua en ordenadores o en tabletas, sino en artefactos que, como los que aún llamamos impropiamente teléfonos, están en todos los bolsillos, y los que pronto estarán en muchas muñecas. Estamos inmersos en nuestra lengua materna, y tan natural es su uso cotidiano que no nos damos cuenta de que es nuestra principal interfaz: la usamos para buscar una información en Internet, para dar una orden a nuestro teléfono móvil, para traducir un artículo, y ese uso digital moviliza un conjunto inmenso de disciplinas y técnicas, y compendia los saberes que han destilado millones de datos acumulados. Por otro lado, una lengua geográficamente tan extendida como el español se manifiesta digitalmente en un espacio que no pertenece a ninguna nación. Éste lo constituyen por una parte los habitantes de países oficialmente hispanohablantes (que, no lo olvidemos, tanto en España como en América son en una gran proporción bilingües), pero además, está la población emigrada que utiliza su lengua materna en el seno de comunidades extranjeras. Es el caso del español en Estados Unidos, pero también del árabe marroquí dentro de España. Hasta aquí, podemos tener datos de censos de población, que nos dan sin embargo muy poca información sobre el uso real que se hace de las lenguas. Además, está la población dispersa que utiliza por motivos empresariales o académicos una lengua que no es la suya: por ejemplo, los hispanistas estadounidenses o los estudiantes de español de Alemania. No: la ciudadanía lingüística no coincide necesariamente con la política, y cada vez coincidirá menos.
Estas poblaciones, con comportamientos lingüísticos heterogéneos, tienen un acceso diferencial a la Red. En primer lugar, y aunque muchos parecen olvidarlo, no todo el mundo está conectado a Internet. Tampoco todos los que lo están tienen el mismo tipo de acceso ni dispositivo. Es muy diferente la persona con móvil y una cuenta limitada de datos del que dispone de tableta y un ordenador de sobremesa con fibra óptica: pueden hacer cosas muy distintas. Los datos sobre acceso y su modalidad no son uniformes en todos los países hispanohablantes: disponemos sólo de los que proporcionan los Gobiernos o compañías, y pueden estar sesgados por motivos comerciales o políticos. E incluso los más fiables cuantitativamente son poco finos: ¿los usuarios utilizan el 3G para ver el fútbol en sus móviles, o como herramienta de trabajo?
Y estos hablantes de español como primera o segunda lengua además hacen un uso de los medios digitales muy variado. No sólo escriben correos electrónicos y crean documentos y presentaciones; también se relacionan con sus amigos en una red social (aunque no necesariamente todos utilizan la misma en todos los países), para navegar por la Web utilizan buscadores (y, de nuevo, pueden no ser los mismos según los lugares), hablan con sus conocidos utilizando voz por IP, leen periódicos, pero también revistas o blogs; consultan enciclopedias y diccionarios; compran libros; se matriculan en moocs, acuden a webinars, escuchan lecciones por podcast, debaten en foros, participan en videoconferencias, estudian lenguas en sitios web y tienen tutores remotos por Skype; los más activos de ellos además escriben, tuits, blogs o colaboraciones en la Wikipedia, cuelgan vídeos y fotos en distintas redes sociales. Detrás de cada una de estas acciones hay tanto opciones culturales como implicaciones empresariales; los numerosos servicios gratuitos obtienen retornos a través de la publicidad, cada vez más dirigida y segmentada por lo mucho que la Red sabe de nosotros, o mediante la explotación de nuestros datos.

Estamos inmersos en la lengua materna y no nos damos cuenta de que es nuestra principal interfaz
Querríamos saber cuántos hispanohablantes utilizan cada uno de estos servicios, y cómo, pero, ¡ay!: estamos ya en el dominio de empresas privadas, de corporaciones a veces gigantescas y con intereses comerciales planetarios, que no van a desvelar su funcionamiento. Determinadas iniciativas tienen políticas de transparencia envidiables, como la Wikipedia, que es precisamente una mina de datos sobre las lenguas en que está escrita. Pero es la excepción. Otros servicios pueden rastrearse para analizar sus datos, y gracias a eso sabemos, por ejemplo, que el español es la tercera lengua más seleccionada por los usuarios de Twitter (es decir: la lengua de su interfaz; no necesariamente la lengua en que más tuitean o leen).
Por otra parte, es difícil saber cuánto material en español hay en la Web. Por supuesto, no conoceremos los contenidos de la llamada “Web oculta” (protegidos por claves o inaccesibles). Pero los buscadores tampoco indizan todo lo que está visible, porque la Web ha adquirido una magnitud inmanejable, y deben limitarse a rastrear un subconjunto de ella, que comprende los sitios más visitados, que por supuesto estarán en las lenguas dominantes en poder, producción científica... Es decir, los buscadores favorecerán los sitios en inglés. Sí: puede haber datos de cuántos servidores (los ordenadores que constituyen la Internet) hay en cada país hispanohablante, pero no sabremos bien cuántos sitios web contiene cada uno, y además puede haber servidores con contenidos en español en otros lugares. Por otro lado, la lengua que las estadísticas atribuyen a una web suele ser la de su portada, que quizá no refleje los contenidos de su interior.

No existe una auténtica política digital en los países hispanohablantes ni un liderazgo claro
Dado este complejo conjunto de infraestructuras, servicios y contenidos que definen el español en la Red es más explicable que, pese a su gran importancia, ningún país individual ni organismo transnacional haya abordado su análisis. Pero ¿podría éste llevarse a cabo? Al menos puede intentarse reunir críticamente los distintos indicadores existentes y extrapolar los que faltan, para llegar a resultados coherentes que creen un marco de comparación para evoluciones futuras. Esto lo ha hecho para el francés la organización para la diversidad lingüística Maaya (http://maaya.org), por encargo de la Organización Internacional de la Francofonía. Y la buena noticia es que dos de sus miembros, Daniel Pimienta y Daniel Prado, están preparando un documento con las bases metodológicas para el español, que verá pronto la luz. Del borrador que hemos consultado se desprende que el español estaría entre la tercera y la cuarta posición entre las lenguas en la Red, por factores como su extensa demografía y la cobertura de población con acceso, pero sus mayores fortalezas estarían en el uso de redes sociales y la descarga de archivos: es decir, se trataría de un espacio lingüístico consumidor, muy rico en relaciones internas, pero con notables carencias en contenidos.
Como recoge el Libro de los Proverbios hacia el siglo IV antes de Cristo, versificó el poeta persa Ferdusí en el siglo XI y repitió Francis Bacon en el XVII, “conocimiento es poder”. Ojalá haya nuevos esfuerzos en el abandonado terreno del análisis de nuestra lengua en Internet y así se puedan llevar a cabo las acciones, institucionales y privadas, para darle el lugar que podría tener.
José Antonio Millán publicó en 2001 el primer libro sobre una lengua y la Red:Internet y el español.

miércoles, 22 de abril de 2015

PRENSA. "No dejar a nadie en el mar". Roberto Saviano

 
Roberto Saviano

   En "El País":

No dejar a nadie en el mar

El escritor italiano analiza el último naufragio en el Mediterráneo


EL MEDITERRÁNEO convertido en una fosa común. Más de 900 muertos. Muertos sin historia, muertos de nadie. Desaparecidos en nuestro mar y pronto borrados de nuestras conciencias. Ocurrió ayer: un pesquero que vuelca, unos inmigrantes —es decir, personas, hombres, mujeres y niños— engullidos que se convierten en fantasmas. Pero ya sabemos que volverá a pasar mañana. Y en una semana. Y en un mes. Llevando nuestras emociones hasta la indiferencia. Repite una noticia todos los días, con las mismas palabras, con el mismo tono, por triste y afligido que sea, y lograrás que ya no se escuche. Esa historia no recibirá atención, parecerá la misma de siempre. Será la misma de siempre. “Muertos en una barcaza”. Algo relevante para los encargados de los trabajos, historia para las asociaciones, desesperación invisible.

Si ahora hablamos del tema, es porque la cifra es desmesurada"
Si ahora, justo ahora, hablamos del tema, solo es porque los muertos son 900, quizá más: una cifra desmesurada, inhumana. Si es que esta palabra aún tiene sentido. Seguimos sin saber nada de ellos, pero estamos obligados a saldar cuentas con la tragedia. Saldar cuentas: porque hablamos de números y nada más. De haberle faltado dos ceros al parte de muerte, ni siquiera habríamos sabido de él. Porque ya no es más que una cuestión de números (o de detalles dramáticos como “inmigrantes cristianos arrojados al mar por musulmanes”) lo que supone la diferencia. No para los individuos, no para las sensibilidades privadas, sino para la comunidad que deberíamos representar, que debería representarnos. Porque a la indiferencia personal, acaso comprensible, la acompaña en el plano político una algarabía de declaraciones: disputas, acusaciones en tonos violentísimos. Nadie consigue hacer lo que necesitamos más que ninguna otra cosa: hacer que se comprenda. Pocos se dedican a ello: Médicos sin fronteras, con la campaña #millonesdepasos, intenta contar lo que ocurre, evitando reducir a estas personas a su problema. Es decir, a “expatriados, inmigrantes ilegales, clandestinos”: palabras que diluyen la esencia humana para que sintamos con menos intensidad la pérdida infinita ante la tragedia. Muchos políticos, incluso en estos momentos, gritan. Salvini habla de “invasión”, cuando en realidad la mayor parte de los que llegan no se queda en Italia, sino que se dirigen a Francia, Alemania o los países del Este. El Movimiento 5 Estrellas, que en sus propuestas había planteado un debate interesante, por desgracia ha caído en la tentación de cambiar el baricentro de la cuestión, del “salvar vidas” a “la expulsión”, asumiendo como cierta esa falsa lógica de que cuanto más difícil sea entrar en Italia de forma clandestina, menos intentos de llegar a nuestras costas se producirán. No es así; no se salvan vidas endureciendo las fronteras, y no solo lo demuestra la experiencia italiana, sino también la estadounidense. Basta leer el libro Los migrantes que no importan, de Óscar Martínez, para comprender que los flujos clandestinos de personas desde México hasta Estados Unidos rara vez se pueden gestionar y son imparables.
La cuestión es que el primer objetivo debería ser precisamente ese: salvar vidas, preocuparse por ellas. En cambio, se ha logrado convertir esa voluntad en algo ridículo, romántico, ingenuo. Cualquier reflexión sobre el dolor de los otros, de los que llegan de un “submundo”, ha de ser contenida. Hay una economía en el sufrimiento. Quien valora el dolor, quien calibra la tragedia humana, quien intenta despertarse del torpor de la cifra de ahogados es tildado e inscrito automáticamente en el movimiento de “los buenos de más”.
“Bueno de más” es la acusación de quienes no quieren dedicar tiempo a comprender y ya tienen la solución: devoluciones, arrestos, detenciones. Es la mezcolanza de frustración personal que busca a un responsable de nuestro desasosiego, la voluntad de considerar que la única solución realista y vencedora es la más autoritaria. Es la bondad considerada un sentimiento hipócrita por definición. Y, lo que es mucho peor, una cualidad moral que solo puede tener el hombre perfecto, inmaculado y puro: ergo nadie más que los muertos, cuya vida queda transfigurada y cuyas acciones ya son pasado. Todo el que intente actuar de otra forma desde su imperfección humana será marcado con un juicio único: falso. Y así la bondad se convierte en un sentimiento sin ciudadanía, ridículo, precisamente porque no puede sentirse más que desde la perfección rotunda. He ahí el cinismo miope, que lo destruye todo con diligente sarcasmo.
Es obvio que, racionalmente, resulta imposible imaginar una acogida universal y desmesurada, sin reglas; sin embargo, la estrategia adoptada, que se basa en admisiones y devoluciones un tanto aleatorias, ya no se sostiene. A Italia no se le reconoció el peso político que debería haber tenido al ser un país bisagra. Teníamos que aspirar a enfrentarnos al resto de Europa por el tema de la inmigración. Teníamos que aspirar a que nos escuchasen, sin que nos endilgaran, sin que delegaran “el problema” en nosotros.
La perenne campaña electoral de Renzi, que en el plano internacional parece estar más interesada en adquirir credibilidad diplomática que en plantear e imponer temas, no nos están ayudando, aunque parece injusto atribuir a este Gobierno toda la responsabilidad. Europa calla, culpable, pero podemos intentar cambiar las cosas. Podemos comprometernos a interpretar, a contar, a no permitir que estas vidas sean aplastadas y desperdiciadas así. Que se queden atrás, tan atrás que desaparezcan de nuestra vista. Convirtiéndose en un fantasma, en un estereotipo, en un incordio.

La estrategia adoptada, que se basa en admisiones y devoluciones un tanto aleatorias, ya no se sostiene"
Inventarnos caminos alternativos, reunir toda la creatividad posible. Hablar del tema en televisión y en Internet, pero de otra forma: como decíamos, “expatriado” o “ilegal” son términos que diluyen la esencia humana construyendo una distancia irreal, que baja el volumen de la empatía.
Tenemos que pedir a los partidos que presenten a candidatos que hayan vivido la experiencia; abrir las universidades a esos hombres y mujeres. ¿Disminuirá todo eso el consenso político, con la cantilena del “primero nosotros y luego ellos”? Probablemente sí, sucederá. Pero solo en primera instancia; pronto nos daremos cuenta del enorme beneficio que supone. La historia de los desembarcos y de los flujos de inmigrantes tiene que convertirse en un tema que el Gobierno considere fundamental dado su consenso.
Renzi y su Gobierno responden con diligencia cuando un tema se vuelve mediático y popular: si perciben que el juicio sobre ellos estará determinado por el problema de la inmigración, empezarán a diversificar, a buscar nuevas estrategias y dar nuevos enfoques. El semestre italiano en Europa ha supuesto una profunda decepción, por lo que respecta tanto a las propuestas sobre los flujos de capital criminal (era una buena ocasión para plantear el tema del blanqueo) como sobre inmigración. Pero ahora es inútil lamentarse de lo que no se ha hecho; es necesario que Europa decida de manera diferente. Dar a los inmigrantes un espacio que no sea esporádico. Que la televisión los reciba, empezando a pronunciar bien sus nombres y los de sus países, contando su día a día y su resistencia.
Los únicos que a esta hora representan lo que Europa debería ser son los italianos; los muchos italianos que salvan vidas todos los días corriendo el riesgo de violar las leyes. La figura que mejor describe a estos italianos honrados es la del pescador Ernesto, en la preciosa película Terraferma de Emanuele Crialese, que viola la orden de la Capitanía de mantener su pesquero alejado de una patera respondiendo con un sencillo, humano y potente: “Yo nunca he dejado a nadie en el mar”.
Traducción de News Clips.

martes, 17 de febrero de 2015

PRENSA. "La idea del segundo hijo pierde atractivo en China"


   En "El País":

La idea del segundo hijo pierde atractivo en China

Menos parejas de lo que esperaba el Gobierno han solicitado tener un segundo vástago



“¿Tener otro hijo más? Ni se me pasa por la cabeza... Uno ya es suficiente responsabilidad”, asegura tajantemente Yao Yi, de 32 años, gerente de una escuela infantil de kung-fu en el noreste de Pekín y madre de una niña de ocho años. Su hija asiste a una selecta escuela pública y los días libres recibe clases extras de pintura, música y kung-fu, un gasto de dinero y tiempo considerables. “No lo podría hacer con otro hijo”, dice Yi.
Yao Yi y su esposo, un hombre de negocios, son una de las parejas jóvenes de clase media de las que el Gobierno chino esperaba que el año pasado solicitaran tener un segundo niño, después de que en 2013 se relajara de manera significativa la política de un solo hijo implantada en los años 80. Con las nuevas normas, pueden solicitar permiso las parejas en los que uno de sus miembros es hijo único. Hasta entonces tenían que serlo los dos.

Un exceso de 34 millones de varones

MACARENA VIDAL LIY, PEKÍN
Pese a que la diferencia se ha reducido en los últimos seis años consecutivos, la proporción de nacimientos anuales de hombres con respecto a los de mujeres sigue siendo anormalmente alta. En 2014 nacieron en China 116 niños por cada 100 niñas. Una década antes, esa proporción era de 121,2 varones por cada 100 mujeres. La proporción natural es de aproximadamente 105 niños por cada 100 niñas.
Ello se debe a una combinación de la política del hijo único con la preferencia tradicional por los descendientes varones, sobre todo en el medio rural. El personal sanitario tiene vetado informar del sexo del feto y los abortos selectivos están prohibidos, pero no es imposible encontrar maneras de saltar esa prohibición. Según el autor He Yafu, “si no hubiera existido la política del hijo único, aunque la mentalidad tradicional está aún muy arraigada en algunas zonas, la gente hubiera podido cumplir su deseo de tener un varón simplemente teniendo varios hijos”.
El desequilibrio, acumulado a lo largo del tiempo, ha creado una “bolsa” de 34 millones de varones más que mujeres, más que toda la población de Canadá, o las de Portugal, Grecia y Bélgica juntas. La televisión estatal CCTV la ha calificado de “épica” y “la más seria y prolongada del mundo”. En un país donde la soltería es casi un anatema, esos “hombres sobrantes” suscitan preocupación sobre posibles problemas de violencia sexual o el incremento de lacras que ya son muy reales, como el tráfico de mujeres procedentes de otros países vecinos más pobres.
En su informe de 2014 sobre tráfico de personas en el mundo, el Departamento de Estado de EE UU señala que la desproporción entre varones y mujeres “puede servir para aumentar la demanda tanto de prostitución como de mujeres extranjeras como novias para los hombres chinos, y ambas pueden procurarse por la fuerza o por la extorsión”, de países como Birmania, Vietnam, Mongolia, Camboya, Laos y Corea del Norte.
Pero en su primer año, la relajación no ha dado los resultados esperados. De los 11 millones de parejas que cumplen el nuevo requisito, tan solo en torno a un millón, o el 9%, han pedido los permisos necesarios, según las cifras de la Comisión de Planificación Familiar. El Gobierno esperaba 2 millones. En Pekín, una urbe de 20 millones de habitantes, solo 30.000 parejas solicitaron la autorización. En Shanghái fueron 16.000, únicamente el 4,6 % de los candidatos potenciales.
En parte porque la idea de un solo descendiente ya está arraigada tras 30 años de política del hijo único, y en parte porque la sociedad china está cada vez más desarrollada, “hoy día la gente ya no desea tanto tener hijos, especialmente en las ciudades. Incluso los que solicitan permiso para un segundo niño no es seguro que vayan a acabar teniéndolo”, dice el demógrafo He Yafu, autor del libro El Incontrolable Control de la Población.
En una sociedad cada vez más competitiva, el gasto para que el único vástago llegue lo más lejos posible puede obligar a que padre, madre y los dos pares de abuelos le dediquen sus recursos económicos. Una encuesta que publicaba el diario Qiangjiang Evening Post cifra en 100.000 yuanes (14.328 euros) el gasto de criar un hijo hasta los 12 años, en un país en el que la renta disponible media es de 20.167 yuanes (2.887 euros) anuales. En otros casos, como puede ocurrir en otras economías desarrolladas, las parejas no quieren volver a pasar las complicaciones de criar un bebé o no quieren sacrificar su carrera laboral.
Esta escasez de nacimientos abre la puerta a una bomba de relojería –un rápido envejecimiento de la población combinado con un desequilibrio anormal en el número de hombres y mujeres, debido a la preferencia tradicional por un hijo varón– que el Gobierno chino contempla con espanto.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas china, la población total del país creció en 2014 un 0,52%, para quedar en 1.370 millones de personas. Pero la población activa descendió por tercer año consecutivo y perdió 3,7 millones de personas, para quedar en 915,83 millones. Esa tendencia crecerá aún más en el futuro, con consecuencias negativas en la demanda interna, la capacidad de producción y la competitividad, según los expertos.
La ONU calcula que para 2035 el país contará con casi 400 millones de jubilados, más del 25% de la población. Dada la muy limitada infraestructura de la Seguridad Social china, no es de extrañar que instancias como el Gobierno local de Shanghái hayan lanzado un llamamiento directo a las parejas cualificadas para que tengan ese segundo hijo.
Pekín confía en que a medida que pase el tiempo y se conozca más la nueva política, las parejas se animen a tener otro bebé. La Comisión de Planificación Familiar espera un aumento significativo en el plazo de dos a tres años. Mientras tanto, el Gobierno ha endurecido las normas contra los abortos selectivos por razón del sexo del feto. Aunque ya estaba prohibido informar del sexo del niño en las ecografías, las parejas no podrán enviar muestras de sangre al extranjero para conocer de esa manera si esperan un varón o una niña. Aunque no es suficiente.

La población total de China creció en 2014 un 0,52 %, pero la población activa descendió por tercer año consecutivo
Según el experto en población Yi Fuxian, de la Universidad de Wisconsin-Madison, a la vista de los problemas que se perfilan el Gobierno chino acabará permitiendo “pronto, quizá en dos o tres años” que cualquier pareja tenga dos hijos. También sugiere medidas complementarias, como “rebajar el alto coste de la vivienda o conceder incentivos fiscales a las parejas que tengan más de un hijo”.
Algunos funcionarios de la Comisión de Planificación Familiar parecen estar de acuerdo. Según cita el diario hongkonés South China Morning Post, el subdirector de ese organismo en la provincia de Shanxi, Mei Zhiqiang, propuso en una reunión esta semana la abolición por completo de esa política: “Debemos asegurarnos de que nuestro sistema y nuestra política permiten a nuestros hijos tener dos hijos... y deben tener dos hijos”.
Aunque está por ver si esas medidas darían resultado. Yao Yi lo tiene muy claro: “Un hijo no es un juguete. No voy a tener otro porque alguien quiera que lo tenga”.

miércoles, 11 de febrero de 2015

PRENSA. "Doce avances que frenan la muerte"

   En "El País":

Doce avances que frenan la muerte

Mosquiteras, lactancia materna, matronas especializadas, bolsitas de alimento o vacunas son algunas de las herramientas que han evitado la pérdida de millones de vidas de bebés


La mortalidad infantil se ha reducido considerablemente. En 1990, más de 12 millones de niños en los países en desarrollo murieron antes de cumplir cinco años. En 2012, la cifra había disminuido casi a la mitad: a 6,6 millones, según datos del Banco Mundial. Lo que sigue son 12 de los avances que han mejorado las posibilidades de supervivencia. Algunos se han consolidado en la última década, otros representan el presente y el futuro.
1. Incubadoras para todos


Incubadora MOM de bajo coste. / JAMESDYSONAWARD.ORG
Al nacer, los bebés empiezan a enfrentarse al mundo. Y para algunos llega la primera batalla. Los prematuros necesitan ayuda para adaptarse al nuevo medio y la tecnología médica es su aliada. Algo tan común en los países desarrollados como las incubadoras todavía son difíciles de encontrar en buena parte del planeta. El recién licenciado en la universidad de Loughborough (Reino Unido) James Robert se encontraba un día frente a su televisor y se topó con un documental de la BBC sobre la alta mortalidad infantil en los campos de refugiados sirios. Así lo cuenta él para describir el germen de su creación: una incubadora portátil y considerablemente más barata que las que encontramos en los hospitales (unos 300 euros frente a 33.000). El artilugio está diseñado para consumir la menor energía posible y mantenerse encendido hasta 24 horas sin electricidad gracias a una batería. La incubadora MOM todavía está en fase de estudio, su creador espera que se convierta en habitual en los campos en 2017, y acaba de recibir el premio Jame Dyson, valorado en algo más de 40.000 euros, que cada año se otorga a los “ingenieros del futuro”.
2. Bolsitas salvavidas


Niños etíopes reciben una ración de alimento en bolsas. / KIMBERLY FLOWERS (USAID)
Leche en polvo, cacahuete, aceite, azúcar. Ingredientes que podrían aparecer en la etiqueta de cualquier bote de crema de cacao, pero que en realidad han contribuido a salvar de la desnutrición a miles de niños afectados por terribles hambrunas. Los alimentos terapéuticos preparados, Plumpy Nut como marca comercial, son bolsitas que contienen una especie de pasta que aporta 500 calorías al niño. La idea surgió en la mente del doctor André Briend que tuvo su particular revelación cuando desayunaba Nutella. Bastan dos raciones al día de 92 gramos para alejar el fantasma de la desnutrición. Daniel Martínez, pediatra de Médicos Sin Fronteras (MSF), destaca que el uso de estos saquitos ha reducido en un 90% la hospitalización de los pequeños. “Antes se utilizaba la leche en polvo, que requería agua potable con la que mezclarla, algo de lo que no siempre se dispone, controles gigantescos y personal especializado”.
3. Piel con piel


Una joven dominicana cuida a su hijo con el método canguro. / ORLANDO BARRIA
El método canguro ha seguido en camino inverso al habitual. Nació de la escasez, de la falta de incubadoras para asistir a los recién nacidos con bajo peso. El pediatra colombiano Edgar Rey desarrolló en los setenta una, en principio, sencilla técnica que consiste en unir piel con piel a los bebés con uno de sus progenitores. El mecanismo se basa en tres componentes: control termal, de alimento y la posibilidad de una respuesta inmediata ante complicaciones. Daniel Martínez de MSF recuerda un caso de 2011, en un campo de refugiados en Kenia. “Ella era muy joven, 14 años, acababa de tener mellizos prematuros y no los aceptaba. Así que aplicamos la técnica canguro. Cuando se marcharon del hospital, pesaban dos kilos cada uno”. Martínez advierte de que no es tan fácil como apretujar al bebé contra el pecho un ratito: “Tienen que permanecer así al menos doce horas al día, muy pegados. Hace falta una enfermera que se ocupe de un máximo de cinco mujeres, porque ellas también necesitan apoyo”. Un estudio de Oxford Journals destaca que en la primera semana de vida se produce una reducción significativa de la mortalidad si se comparan los resultados de la técnica canguro con el cuidado estándar. “Si el método alcanzara una mayor cobertura a través de la implementación en los niveles más bajos del sistema sanitario, el millón anual de muertes de niños prematuros se reduciría sustancialmente”.
4. Nada mejor que el alimento materno


La lactancia materna mejora la salud de los niños. / C. BAUTISTA
Los estudios son unánimes en las ventajas de la alimentación materna. Reduce en el niño un 14% la probabilidad de tener un colesterol elevado y un 22% la de sufrir obesidad o sobrepeso. Favorece además una mejor presión sanguínea y un correcto desarrollo neurológico. En el caso de la madre, esta práctica disminuye el riesgo de sufrir cáncer de ovarios y mama y diabetes. Y sin embargo, la falta de una política de lactancia en la mayoría de los países y la desinformación son obstáculos para cumplir la recomendación de la OMS de alimentar exclusivamente de leche materna al bebé en sus primeros seis meses de vida. Algo que trata de promover a través de diferentes programas. En España la tasa de lactancia es del 68% en las seis primeras semanas de vida, una cifra que se desploma hasta el 24% en el primer medio año. Este índice varía mucho en función de los países, de su cultura y de la incorporación de la mujer a la vida laboral. En Estados Unidos el porcentaje de bebés que se alimentan exclusivamente de leche materna en los primeros seis meses es del 13%. En Ecuador este porcentaje se eleva hasta el 40%, en India, es del 46%, en Alemania es del 22% y en Mozambique del 36%. Todos los datos provienen de la base de datos de la OMS sobre la nutrición infantil que recoge las estadísticas nacionales de cada país.
5. La importancia de la vitamina A
Cuando se administra vitamina A a una población carente de ella, el riesgo de mortalidad infantil desciende entre un 12% y un 23%. Un dato aportado por Iniciativa micronutriente, una de las organizaciones que participa en el programa de Unicef destinado a reducir los efectos de la falta de este componente en los niños. La organización lo puso en marcha en 1997. La vitamina A es esencial para el funcionamiento del sistema inmunológico y la falta de ella es un problema mundial que afecta a 250 millones de niños en el mundo según la OMS. Desde que comenzó a abordarse el problema, el 70% de los menores de cinco años en los países prioritarios consume al menos dos dosis anuales de vitamina A. “Llevamos años intensificando estas campañas, combatir este problema nos puede ayudar a prevenir otras enfermedades como la diarrea o la polio”, explica desde Nueva York, Theresa Díaz, especialista en Salud de Unicef.
6. Ni un niño sin vacuna


Un niño recibe la vacuna contra el sarampión en Costa de Marfil. / OLIVIER ASSELIN (UNICEF)
Evitar las muertes de niños debido a enfermedades que a día de hoy tienen cura ha sido uno de los principales objetivos de todos aquellos que luchan contra la mortalidad infantil. Las inversiones del Banco Mundial para los países en vías de desarrollo han permitido la vacunación de casi 600 millones de niños entre 2003 y 2013. En Burkina Faso, por ejemplo, el 100% de la población ya cuenta con acceso gratuito a la vacunación y en Ghana esta cobertura ha ascendido al 79%. ¿Imaginan lo que significa que el sarampión pueda seguir siendo mortal en algunos países? En 2012 hubo 122.000 muertes por este motivo en todo el mundo. Catorce niños por hora fallecieron por una enfermedad curable. Sin embargo hay un motivo para la esperanza: las cosas han cambiado en la última década, la mortalidad por esta causa se ha reducido un 78% desde 2000 y hoy por hoy el 84% de los bebés reciben esta vacuna. “Aún no podemos comparar los datos con los de los países desarrollados, pero poco a poco estamos reduciendo esta brecha”, asegura Theresa Díaz. Más cifras para la esperanza. La poliomielitis se ha reducido en un 99%, en 2013 solo se diagnosticaron 416 casos. Siempre según datos de la OMS. Esta afección incide especialmente en los menores de cinco años, que pueden llegar a sufrir una parálisis que acabe causando la muerte. De 125 países en los que la enfermedad era endémica, hemos pasado a tres (Afganistan, Nigeria y Pakistán). En los últimos 26 años se ha vacunado contra esta enfermedad a más de mil niños al día, según Unicef.
7. Los antígenos llegan más lejos
La dificultad para trasladar las vacunas allí donde son necesarias o de conseguir que los niños lleguen hasta los centros donde se administran han supuesto un freno a su implantación. Sin embargo, en los últimos años se han desarrollado nuevos métodos para conseguir que las vacunas lleguen más lejos. Por ejemplo, ahora las de tétanos y meningitis pueden aguantar hasta cuatro días fuera de la cadena del frío y soportar temperaturas de hasta 40 grados. También se ha evolucionado en los sistemas para aplicarlas, como explica Daniel Martínez de MSF, que pone como ejemplo pharma-jet, un aplicador “semejante a un boli” que puede utilizar cualquier “personal sin un entrenamiento médico especial” y que reduce el riesgo de infecciones.
8. Redes contra el paludismo


Mosquitera impregnada en insecticida para luchar contra la malaria. / REVS+
Algo tan sencillo como una tela que cubre el lugar en el que se duerme puede salvar vidas. Y de hecho lo hace. El Banco Mundial repartió entre 2003 y 2013 150 millones de mosquiteros en los países más pobres para defender a los niños del paludismo o malaria. Esta enfermedad causa la muerte de una quinta parte de la población infantil en África. Las condiciones de vida allí dificultan en la mayoría de los casos una mínima protección contra los mosquitos, por eso, estas redes tratadas con insecticidas son fundamentales. Unicef asegura que la mortalidad infantil se puede reducir un 20% si se duerme con ellos. Según el Informe mundial sobre el paludismo 2011, el 96% de las personas que tienen acceso a mosquiteros, los utilizan. Y esto, junto con otras medidas, ha permitido que en los últimos 14 años se haya reducido un 25% el número de fallecimientos por esta causa. Sin embargo, cada 30 segundos muere un niño por malaria en el mundo. Uno de los avances, lo señala el pediatra de ISGlobal, Quique Bassat, actualmente en Mozambique: son los tests diagnósticos rápidos de malaria. Son pruebas baratas (cuestan menos de un dólar) y fáciles de usar. En pocos minutos, indican con exactitud al médico si está ante un caso de paludismo o si es una fiebre común.
9. Suero de rehidratación oral
En ocasiones, la solución está en casa. Aunque en los países en vías de desarrollo en los que no siempre hay un fácil acceso al agua, no sea tan sencillo. El suero de rehidratación oral puede fabricarse en casa uniendo agua hervida, azúcar y sal. “Con su distribución a amplia escala, la mortalidad asociada a diarrea ha caído de forma significativa en los últimos años”, afirma Bassat. Un estudio de la Universidad de Oxford asegura que este simple tratamiento puede reducir hasta en un 93% el número de muertes por diarrea, una afección que causa 1,7 millones de fallecimientos cada año.
10. La comadrona, la mejor aliada


Una doctora realiza un examen ginecológico en India. / SERENA DE SANCTIS
El momento del alumbramiento es crítico para muchas madres que siguen sin contar con la asistencia adecuada, porque no tienen acceso a ella o porque optan por una matrona no cualificada. Ante esta situación, Save the Children es tajante en su informe sobre comadronas de 2011 Missing Midwives: “Impedir que las mujeres y los niños mueran en el parto es un imperativo moral”. Numerosos estudios demuestran que aumentar el número y formación de matronas podría generar una rentabilidad 16 veces superior al dinero destinado si nos referimos a vidas salvadas y cesáreas evitadas. Según el informe El Estado de las Parteras en el Mundo 2014, elaborado por la ONU, más del 92% de todas las muertes maternas y neonatales se producen en 73 de los 75 países más pobres, pero solo el 42% del personal para atender a las mujeres en el parto se concentra en estas zonas. La falta de acceso a estructuras médicas y en algunas ocasiones, una fuerte tradición de parteras tradicionales, impiden una correcta atención a las mujeres a la hora de dar a luz. El informe de la ONU recoge también que 20 de esos países han aumentado la contratación de parteras y 13, han preparado planes para regular esta labor.
11. Cilindros de oxígeno
La falta de oxígeno (hipoxia) es una causa importantísima de fallo respiratorio y muerte en los niños en sus primeros días de vida. Es un fenómeno que se encuentra muchas veces relacionado con otras graves afecciones que sufre la infancia. Para solucionar este problema hay dos opciones con sus ventajas e inconvenientes. A menudo el aire se administra mediante grandes cilindros, caros, y costosos de gestionar. “Los concentradores de oxígeno lo "fabrican" a partir del aire, y por tanto son una fuente teóricamente inagotable, son caros, pero salen a cuenta cuando usados regularmente”, explica Quique Bassat. El problema: es necesaria una red eléctrica fiable que no en todos los países en vías de desarrollo existe.
12. La advertencia del brazalete


Un sanitario monitoriza el estado de nutrición de un niño en Sudán del Sur. / UNICEF
Once centímetros son los que miden la frontera entre la vida y la muerte. Los brazaletes MUAC (por sus siglas en inglés) consisten en unos sistemas de medición del antebrazo para determinar instantáneamente el grado de desnutrición de los niños inferiores a cinco años. El rojo representa el riesgo más severo. Daniel Martínez, de MSF enumera las ventajas de este sistema: “Supone un gran ahorro de tiempo en momentos de sobrecarga de trabajo y evita problemas como el ajuste de la báscula”.