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lunes, 25 de abril de 2016

POESÍA. Sobre Eduardo García, poeta (1965-2016), "in memoriam"

   En "El Día de Córdoba":

Un hombre mira el mundo en sus poemas

La muerte, el pasado martes en Córdoba, de Eduardo García priva a la poesía española de una de sus voces más auténticas, la de un autor que lograba la identificación del lector con una obra honda y rigurosa
BRAULIO ORTIZ | ACTUALIZADO 24.04.2016 
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El poeta Eduardo García, en una imagen de archivo.
"Reivindico para la poesía, para el hombre y la mujer contemporáneos, los resortes emocionales del misterio", escribía Eduardo García (São Paulo, 1965 - Córdoba, 2016) en su ensayo Una poética del límite, editado por Pre-Textos hace ya una década. "A medida que dependemos -anotaba en ese trabajo- cada vez más de la tecnología y su mentalidad pragmática, que entroniza el dinero como máximo valor; según la oferta de la industria cultural se hace cada vez más superficial y niveladora a la baja; cuanto más parecen imponerse el individualismo y la incomunicación... más necesaria se revela la poesía. Necesitamos devolver la magia a nuestras vidas, de donde nunca debió haber sido expulsada". A esos propósitos, indagar en el misterio, devolver la magia, entablar comunicación con nuestro yo más íntimo y rastrear en lo que no sabemos -no escuchamos- de nosotros, consagró García una producción literaria extrañamente reveladora. "Vengo a hablar del insomne que enumera los sueños que no ven la luz del día, / de ese duende que brota de no sé sabe dónde, con destino a lo más insospechado", apuntó en Duermevela, el libro por el que se hizo con el Premio Ciudad de Melilla en 2014. Unos poemas antes, en ese mismo volumen, el poeta declaraba: "No hay reserva que valga, es preciso escribir con las manos / tendidas al vacío, como el ciego se interna en la espesura, / convocar a las sirenas y a los equilibristas, / desterrar a geómetras, jerarcas y contables".

El autor registra el pulso de su tiempo, pero lo hace desde la luz de la inventiva, en esa adscripción al realismo visionario que defendía. "En la frontera entre realidad e imaginación, pensamiento consciente e inconsciente, brota el poema. Un espacio mítico, psicológico, donde habita una verdad", argumentaba. García se adentraba en la espesura del alma, en propuestas que no eludían el registro coloquial pero a menudo estaban cargadas de simbolismo, aunque su voz nunca resultara opaca o hermética, del mismo modo que su afán de trascendencia y su ambición formal -un estilo que su artífice sometía a una constante renovación- sabían sortear lo solemne. Bendecido por una inusual humanidad, el verso del poeta acababa siendo cristalino, esclarecedor. En Un hombre mira a otro en la ventana, el fragmento con el que arranca su libro No se trata de un juego, el creador describe el proceso de reconocimiento entre dos personajes, tal vez el poeta desdoblado, tal vez el poeta y el lector: "Un hombre mira a otro en la ventana. / Escribe unas palabras. No sospecha /-más allá de la sangre y los caballos / y el viento y la mujer y aquel latido- / que los trazos que araña en el papel / son los versos que el otro lee ahora". Esa escena representa en cierto modo la poética de Eduardo García: su obra siempre acaba llegando al otro, transmitiendo. Quien se acerca a sus páginas se siente reflejado y conmovido en ese corazón que encierra su penumbra -"a pleno sol camino, como todos: / acarreo mi propia oscuridad"-, en el individuo que se sabe un extraño y teme "este allanamiento indumentario, este ocupar las huellas de un desconocido", en ese amante que discierne en su pasión un tránsito a la sabiduría: "Conocí el huracán, la madreselva. / Conocí el ancho cielo interminable. / Conocí las espadas y el enigma, / la boca del dolor, la del deseo, / la súplica que anuncian los labios no besados, / qué tibio el corazón cuando se precipita. / Cuantas mujeres hay en este mundo / las conocí por ti. En ti dormían". La identidad, el amor, la existencia: en el legado que deja Eduardo García centellea, ante todo, el fuego de lo humano.

La vida nueva, el poemario que le valió el Premio Nacional de la Crítica en 2009, pone de manifiesto esa capacidad de este cordobés de origen brasileño para propiciar el encuentro con sus lectores: uno termina sus páginas con la certeza de haber acompañado a un hombre en un viaje. Una travesía al interior, emocionante, serena. Un individuo al que contemplamos, al inicio, en la vulnerabilidad más absoluta, poseído por el hastío y el descontento. "Se ha instalado en mi vida la carcoma (...) Es una masa / turbulenta de herrumbre y asco y grasa / manchándome los pasos (...) Ha vencido por fin, no acepta tratos. / Quiere mi corazón en su salmuera". Pero el periplo que aguarda es el de un alumbramiento, un renacimiento. Como un jardinero que aparta las malas hierbas, García invoca en su libro a la fertilidad. "Absorto en el oficio de ser hombre / también yo ahueco tierra pecho adentro, / arranco las raíces, podo la vieja rama, / arrojo al fuego el miedo y la costumbre: / voy talando la muerte en mi camino / para aguardar el don, las aguas de la vida, / para que el tiempo siga cantando su canción".


Ese hombre nuevo en el que ha prendido la esperanza se entrega a la utopía: será del mundo, de todo lo que nace. "Prometo abandonarme a las mareas, / incorporarme al caos, ser yo en la multitud, / y desde allí asomado prometo contemplar / tantas cosas que crecen y germinan". Una voluntad que se reafirmará en poemas sucesivos: "Para ser el hervor la levadura / y no el cemento gris que repta por los muros / pan crujiente en el horno del sol del mediodía fruta madura vértigo / y nunca más sedientos de imposible" será necesario "soñar despiertos siempre, / para no renunciar al entusiasmo, / y que el hombre no olvide su vocación de nube".

miércoles, 20 de abril de 2016

POESÍA. Eduardo García (1965- Córdoba, 19 abril 2016), "in memoriam"




Fábula del violín en la escalera

Como eco de una voz en la escalera
un distante violín viene brotando,
viene rasgando el aire, resonando
por las frías estancias. Mira afuera
del círculo perfecto en que se encierra
tu vida ese violín que va borrando
las sombras de tus días, conjurando
tristeza con tristeza a su manera.
Si de pronto el reloj se detuviera
en el compás preciso, justo cuando
tu corazón se va de contrabando
al temblor de la cuerda y la madera,
seguiría el violín en la escalera
ahuyentando las sombras, resonando
por las calles del tiempo, a su manera.

viernes, 21 de junio de 2013

POESÍA. "Para no renunciar al entusiasmo", de Eduardo García (Sao Paulo, 1965)

Eduardo García


PARA NO RENUNCIAR AL ENTUSIASMO

Soñar despiertos siempre
para que los insectos de la herrumbre nos permitan tejer sin telarañas
para ser el hervor la levadura
y no el cemento gris que repta por los muros
pan crujiente en el horno del sol del mediodía fruta madura vértigo
y nunca más sedientos de imposible
reconocernos en el barro de un parabrisas sucio
soñar despiertos siempre
olvidar el autobús cautivo de su ruta el maquinal semáforo los maniquíes ciegos
abandonar el dique seco de los formularios la astucia del burócrata destilando en la tinta su cianuro
dar la espalda sin miedo a cuanto esperan de nosotros aquellos que veneran dos tristes palmos de suelo bajo sus pies
porque es vasta la tierra y a nadie pertenece su clamor
como nadie puede calcular la trayectoria de una grieta en un témpano de hielo
pero ahí está
desafiando la maquinaria de los astros
fiel a su andadura irregular a la belleza
de lo que niega toda simetría soñar
como rasga el torrente la maleza felino por instinto
despreciando
la fría servidumbre de los surtidores el agua encadenada a geometría
soñar despiertos siempre
para no obedecer la ley del amo las consignas
de los ventrílocuos feroces acudir
al futuro que llama a nuestra puerta pidiendo realidad
porque podemos esculpir la vida verdadera
escuchar la llamada de los sueños para rendir la piedra a nuestro afán
abrir surco en las calles sembrándolas de estrellas y de pájaros
de alamedas de cisnes regueros de palomas corrientes submarinas
una extensión de labios que sonríen de juncos que se mecen de amazonas
soñar despiertos siempre
para no renunciar al entusiasmo
y que el hombre no olvide su vocación de nube el súbito
resplandor incendiando su mirada
alfarero del mundo comadrona
que asiste al parto de sus propios sueños.

jueves, 20 de junio de 2013

POESÍA. "Canción de la espera", de Eduardo García (Sao Paulo, 1965)

Eduardo García


CANCIÓN DE LA ESPERA

Hay cuchillas que habitan los pliegues de la ropa,
caballos que reposan en la piedra,
tiburones con fauces de niebla y ojos fríos,
burbujas que en el aire se irisan en añil
hasta estallar al roce de la arena

    porque aún no has llegado, porque vienes
    camino de otra parte, porque llegas
    con el negro del luto, con el blanco nupcial,
    con un ramo de rosas deshojado en la mano.

Hay cenizas ardientes que adormece el rocío,
solemnes las sirenas de los transbordadores,
hay polvorientos cauces que se ahogan de sed
y aves ciegas que vuelan en círculos, cetáceos
encallados en rocas de hielo a la deriva

    porque vienes remota, prisionera de un viento
    del desierto que borra las huellas de los pájaros,
    porque a mí te encaminas con los ojos ausentes,
    con los pasos sin huella de las apariciones.

Pero hay también tambores que invitan a la danza,
el eco de la risa retumba en el espacio,
hay pájaros que beben en los poros del aire,
un niño y una niña que juegan a los médicos
y el clamor de la jungla al despertar

    porque ya vas salvando el horizonte,
    vas ajena infiltrándote en mi piel,
    ya en tu ausencia la carne se abre paso,
    la orquesta preparada, los globos de colores,
    y a tu encuentro me brotan los leopardos
    porque tú eres mi fiesta, mi centro y mi agonía.

miércoles, 19 de junio de 2013

POESÍA. "Física aplicada", de Eduardo García (Sao Paulo, 1965)

Eduardo García


FÍSICA APLICADA

Suponiendo que un hombre, una mujer
parten de puntos divergentes, dispersos en un plano,
lugares que se ignoran entre sí,
y a la velocidad del entusiasmo
emprenden la aventura, se ponen en camino,
van por ahí remando en aguas turbias,
van por ahí escuchando el vasto germinar de las semillas,
al acecho, en sigilo, ahuecando la tierra a la esperanza,
suponiendo que trazan trayectorias de curso irregular,
cada cual a su amor, virando al viento,
quebradas trayectorias cuyo sentido puede
al mínimo temblor girar hacia el vacío,
suponiendo el afán, la búsqueda, la sed,
el ensueño del goce, la ilusión y la ausencia,
calculemos, a golpe de intuición,
cuántas veces tendrán las trayectorias
que cruzarse en el brillo de unos ojos,
unos labios que invitan, unas manos que asienten,
para incendiarse a un tiempo, hombre y mujer, sembrar la tierra
de llamas como ráfagas de lluvia.

martes, 18 de junio de 2013

POESÍA. "Casa en el árbol", de Eduardo García (Sao Paulo, 1965)

Eduardo García


CASA EN EL ÁRBOL

En la copa de un árbol construiré nuestra casa,
con tablones y clavos e ilusión y un martillo
alzaré entre las ramas suelos, techos, paredes,
cuartos en espiral, secretos pasadizos
donde obra el azar el don de los encuentros
y de pronto amanece si me miras al fondo
por donde el viento corre a refugiarse,
madera en la madera, crujen las estaciones,
pasan a visitarnos los amigos,
huele a café, huele al árbol en que nos acogemos,
al rumor de las hojas, a la tierra
donde brota su impulso, su sed de los espacios,
se siente allí el verdor de las promesas,
casa y árbol fundidos, una sola criatura,
se es feliz de algún modo impreciso y vital,
con los años al árbol le van creciendo ramas,
gana cuerpo, se inclina hacia las nubes
y de pronto la casa ha ascendido unos metros
y hasta el aire es más puro, más ancho el horizonte,
las estrellas fugaces proliferan, ahora
vigila la espesura, hay luz en la ventana,
a cubierto de todo, suspendida,
luz de hogar en la noche, resplandor,
y una escala de cuerda entre las ramas,
si subes por la escala no hay retorno,
en la cima del viento hallarás nuestra casa.

lunes, 17 de junio de 2013

POESÍA. "Despertar", de Eduardo García (Sao Paulo, 1965)

Eduardo García


DESPERTAR

Ese hombre que camina
con las manos sujetas a la espalda,
nos saluda al pasar, comprueba su reloj,
acude a su quehacer sin preguntarse
si va en su dirección y en su sentido.

No sabe que a su espalda se libra una batalla,
que su mano derecha
aferra sin piedad a la otra mano,
la retiene a su antojo por la fuerza,
prisionera, infeliz, sin voluntad.

Si un buen día la mano sometida
se niega a cooperar y en un descuido
reduce a su adversaria, se hace fuerte,
toma la iniciativa, arrebatando
el rumbo de los pasos, ya se atreve
a estrenar una vida renovada…

¿qué será de ese hombre inofensivo
cuando empiece a arrojarse a la aventura,
a derrochar las suelas y el impulso,
abandonándose al azar
del encuentro feliz, recolectando
a su paso semillas y canciones?

viernes, 14 de junio de 2013

POESÍA. "Refutación de la elegía", de Eduardo García (Sao Paulo, 1965)

Eduardo García


REFUTACIÓN DE LA ELEGÍA

Disculpen la imprudencia, voy de paso,
me caí en esta página, no supe
medir mis fuerzas, apurar la brisa,
resistir su imperiosa invitación,
la página pedía un desaliento
a la altura del llanto y los zapatos,
pero no estaba yo para difuntos,
me brotó una sonora carcajada,
una encina colgada de un trapecio,
un tigre amamantando a una gacela,
un ciempiés saludando innumerable,
nada hay seguro aquí, ya me hago cargo,
a lo peor la página está inquieta,
reclama ya su hastío inmemorial,
y yo en las musarañas, tan contento,
acorazado, en fin, feliz, ya ven,
poco propenso a la melancolía,
convocando el deseo en la figura
de una mujer al término del goce,
sin tristeza post-coitum, no se apuren,
espléndido animal, fruta sin dueño,
deslumbrante en la página, sensual,
una refutación de la elegía,
una celebración de la alegría,
cuerpo fugaz, materia derramada,
se ríe de la página, transpira,
les dejo con su gozo, no sin antes
invitarles a arder por las raíces,
a vivir por la piel a contramano,
no me hago responsable si la página
persiste por inercia en su congoja,
si le gusta sufrir es su problema,
nosotros a lo nuestro, hacia alta mar.

jueves, 13 de junio de 2013

POESÍA. "Sueño con cuchillos", de Eduardo García (Sao Paulo, 1965)

Eduardo García


SUEÑO CON CUCHILLOS

Camino por un bosque de cuchillos.
Sus mangos enterrados
levantan la amenaza del acero.
Avanzo con cautela, sin saber
adónde me dirijo. El aire borra
a mi espalda mi rastro, lo confunde.
Al eco de mis pasos
se vuelven los cuchillos hacia mí,
girasoles de sombra agazapada...

Despierto. Abro los ojos:
el vaso en la mesilla, tu cuerpo junto al mío,
la casa en calma. Es el amanecer.
Vuelvo a cerrar los ojos, miro adentro:

Un bosque de cuchillos me contempla.
No es el bosque del sueño. Tiene una luz más honda
y conoce mi nombre y su penumbra.
Sus filos brotan hacia mí, el clamor
del acero:

                la angustia de los días
transcurridos a ciegas por un túnel
en la lenta tortura del reloj,
el pavor de las noches
aguardando el gemido de un teléfono:
noticias de una vida
suspendida entre luz y oscuridad.

Y de pronto el silencio.
Se reflejan mis ojos en sus hojas.
Suena el teléfono:
                           Saltan
sobre mí.

miércoles, 12 de junio de 2013

POESÍA. "Las lluvia", de Eduardo García (Sao Paulo, 1965)

Eduardo García


LA LLUVIA

También la lluvia cede al desaliento,
se demora en sí misma, se derrumba
en bautismo, moja tus labios, huele
a patio de colegio o la ternura
de sábanas recién planchadas
que palpitan.

Feliz el que regresa a su casa despacio,
distraído, a lo suyo, ni triste ni contento,
cuando una lluvia amiga le despierta de pronto
voces perdidas, gestos que el olvido
avariento atesora.

                           Y le moja los labios,
le limpia de tinieblas la mirada,
una ola muy honda le sube por las venas,
le deposita en brazos de una nube
y queda en paz con todos
y dice sí a la vida.

martes, 11 de junio de 2013

POESÍA. "Al otro lado", de Eduardo García (Sao Paulo, 1965)

Eduardo García


AL OTRO LADO

Te digo que esta vez lo digo en serio.
No consigo dormir, me asusta el tiempo
que tengo que pasar sin ver tu risa
liviana apoderarse de la casa.
Noche tras noche vienes y me dejas
más sólo que la luna. Ese recuerdo
me basta para hacer un melodrama
del día que me espera, sin un beso
que llevarme a la boca. Mi mujer
no sospecha de ti; sólo pregunta
de dónde ese aire huérfano, esa leve
sonrisa que me vuelve transparente
me llegan
               y hacia dónde me conducen.
Ya no voy a fingir. Hoy es el día.
Esta noche nos vemos para siempre.
Cruzaré en un descuido la pantalla.
Me quedaré contigo al otro lado.

lunes, 10 de junio de 2013

POESÍA. "Cese de hostilidades", de Eduardo García (Sao Paulo, 1965)

Eduardo García


CESE  DE  HOSTILIDADES

¿Cómo reconciliarse con el mundo
si es tan necio, veleta, tarambana,
que es capaz de albergar al mismo tiempo
el Taj Mahal, los campos de exterminio,
la mezquindad, tu risa, la traición,
los libros, la ignorancia, un cuerpo que fascina,
el carbón y la sal, los muros y el espacio,
el cáncer y las playas tropicales?

Y sin embargo, y no obstante, y pese a todo,
acudimos al día como quien va a una cita
con una vieja amante casquivana,
la sonrisa planchada y el pañuelo
en el bolsillo izquierdo, fiel, solícito,
y hacemos el amor sin credenciales,
o escribimos poemas que interpretan
la vida a su manera,
                                 como si ésta
hubiera de aguardarnos a la vuelta
de la esquina, con su traje de novia
y su ramo de flores
funerarias.

lunes, 30 de mayo de 2011

BIBLIOTECA. POESÍA. ENSAYO. "Escribir un poema", de Eduardo García

Eduardo García

   Lector, poeta, aspirante a poeta, olvídate de tus prejuicios hacia los manuales de creación literaria. Es cierto que el talento es un regalo del azar. Pero también puede y debe cultivarse para hacerlo crecer al máximo de sus posibilidades. Escribir un poema nace con la vocación de arrojar luz sobre las fases del proceso creativo que otros libros de crítica y ensayo no abordan: lo que suce 'antes' y 'durante' nuestra cita con el papel en blanco.
   El poeta Eduardo García acompaña y guía al lector a lo largo de estas páginas. Un hilo de Ariadna con el que internarse en los laberintos del lenguaje en busca de la propia voz: "Solo deseo que este libro acabe por desembarcar en buenas manos, inflamándolas de la pasión de escribir".
   Texto de la contracubierta.

   Editado por "El olivo azul", colección "Errantes", tiene 235 páginas y está en la BIBLIOTECA.