Mostrando entradas con la etiqueta Montero Rosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Montero Rosa. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de mayo de 2015

PRENSA. "El guindo". Rosa Montero

Rosa Montero

   En "El País":

El guindo

Por el simple hecho de llevar un corte de pelo y un aspecto alternativos, Patricia fue detenida, procesada, juzgada y condenada a tres años de cárcel

 

  • Es probable que en la última semana se hayan enterado del caso de Patricia Heras gracias a la emisión del magnífico documental Ciutat Morta en TV-3 y a la polvareda que ha levantado en prensa y redes. Es decir, es probable que se hayan caído del guindo, como yo, hace tan sólo unos días, aunque este caso alucinante se remonte al año 2006. Según sostiene muy convincentemente Ciutat Morta, Patricia estudiaba Filología en Barcelona. Un día, paseando en bicicleta con un amigo, se cayó; acudieron al hospital a curar las heridas y allí Patricia fue confundida con unos okupas también heridos tras un rifirrafe en el que un policía sufrió graves lesiones. Por el simple hecho de llevar un corte de pelo y un aspecto alternativos, Patricia fue detenida, procesada, juzgada y condenada a tres años de cárcel. Hundida, se mató arrojándose desde un séptimo piso durante un permiso penitenciario. Fue en 2011 y tenía 32 años. Hasta aquí la versión del documental, que es partidista. Pero hay datos objetivos, como que la sentencia se basó principalmente en el testimonio de dos policías que años más tarde fueron condenados por torturas, o que Amnistía Internacional denunció que los okupas habían sido torturados. Aunque lo más aterrador es que casi nadie supiera de esta historia antes del remolino que ahora se ha creado. Aún poniéndonos en lo mejor, no cabe duda de que se trata de un caso tremendamente irregular, confuso, discutible. ¿Y por qué no se discutió, por qué no lo reflejaron más los medios? ¿Porque eran okupas, porque llevaban rastas e informes jerséis de lana apelmazada? A ver si aprendemos de una vez que los verdaderos delincuentes, el mayor peligro para la democracia y el sistema, son esos indeseables de corbata de seda, abrigos de pelo de camello y atildados ricitos. Me avergüenza mi ignorancia, nuestra ceguera.

    miércoles, 14 de mayo de 2014

    PRENSA. "Las niñas". Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":

    Las niñas

    El miserable que las secuestró lo ha hecho porque podía, porque su entorno propicia y acepta esta violencia

    Las más de 250 niñas secuestradas en Nigeria desaparecieron el 14 de abril, o sea, hace un mes. Amnistía Internacional acaba de denunciar que el Ejército nigeriano fue advertido del secuestro y que no hizo nada. De hecho, en los primeros días apenas si se dio importancia a la noticia, porque las niñas no llevan petróleo en las tripas, ni diamantes, ni minas de uranio. Luego la cosa empezó a convertirse en un escándalo y los Gobiernos se han visto obligados a actuar. Las niñas fueron raptadas por ir a la escuela. Como Malala. Pero el tiro en la cabeza de Malala es un horror liviano comparado con el destino de estas chicas. Alguna que escapó ha dicho que las violan 15 veces al día y que si se resisten las degüellan. A estas alturas todas tendrán sida, por no hablar de las lesiones físicas y psíquicas, seguramente irreparables.
    El miserable que las secuestró lo ha hecho porque podía, porque su entorno propicia y acepta esta violencia. En el norte musulmán de Nigeria la mujer no pinta nada y las niñas son vendidas como ovejas por elevadas dotes. Las secuestradas provenían de familias más abiertas (algunas cristianas), familias que se arriesgaban a enviarlas a la escuela. Al destrozar a sus niñas, están mandando un aviso a la población: todo lo que sea darle a la mujer más consideración que la que se da a una cabra será castigado. Por eso, porque esa violencia atroz forma parte de la violencia habitual, fue por lo que nadie se movió, aparte de los desesperados padres. No sólo hay que rescatar a las niñas ya, también hay que dar un castigo ejemplar a las alimañas que hacen esto y demostrar que no se puede mantener a media población en semejante nivel de abuso y sufrimiento. Me pregunto qué tara feroz, qué oscura patología arrastran algunos varones, para que ese odio delirante hacia la mujer se repita tanto a lo largo de la Historia.

    martes, 15 de abril de 2014

    PRENSA. "Pobres". Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":

    Pobres

    Hay que luchar contra el sentimiento de humillación, que es la peor trampa, la más destructiva

     4 DIC 2012
    La semana pasada, a raíz de un tuit de Zuriñe, una chica vasca que pedía juguetes para los Reyes de sus hijos, a unas amigas y a mí se nos ocurrió montar una campaña para el reciclaje de juguetes, http://nosinjuguetes.es/, una idea desde luego poco original, aunque, tal como está el patio, creo que viene bien reinventar la gaseosa. Y en estos primeros días de agitación (gracias a todos), he observado que muchas de las personas que necesitan juguetes se avergüenzan de tener que pedirlos, lo cual me parece el más perverso efecto de la crisis. En esta sociedad enferma en la que la única medida de valor es el dinero, la inmensa y creciente oleada de parados, de contratados por sueldos de miseria y de jubilados sin recursos sufre el doble castigo de la pobreza y la culpabilización. Qué mundo tan absurdo: los máximos responsables de esta crisis carnicera están tan campantes y aún no se han excusado por lo que han hecho, pero las víctimas de sus desmanes se sienten culpables por pedir juguetes para sus niños. Hay que luchar contra ese sentimiento de humillación, que es la peor trampa, la más destructiva. El digno coraje de Zuriñe es un ejemplo. Ser pobre es un problema, a veces una tragedia, pero desde luego no es una indignidad. Por eso también me inquietó que algunos dijeran: “¿No es una frivolidad regalar juguetes con la que está cayendo?”, como si los pobres solo pudieran aspirar al extremo utilitarismo del kilo de garbanzos más barato. A la caspa y la pena. Ni hablar: hay que aspirar a todo. Como en el cuento del mercader árabe que entró en una ciudad un día de mercado y le dio a un mendigo dos monedas de cobre. Al irse, horas más tarde, se lo volvió a cruzar, y le preguntó qué había hecho con el dinero. Y el hombre contestó: “Con una moneda compré un pan, para tener con qué vivir, y con la otra una rosa, para tener por qué vivir”. Pues eso.

    martes, 18 de marzo de 2014

    PRENSA. "Por un pelo". Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":

    Por un pelo

    Yo no creo en milagros, pero sí en la suerte. Y creo que no sabemos apreciar nuestra buena fortuna

    Las bravatas de Putin y los gruñidos de respuesta de Obama, dos grandes gorilas macho que se aporrean el pecho, me han recordado la crisis de los misiles de 1962, cuando los rusos metieron cabezas nucleares en Cuba y durante 14 días estuvo a punto de estallar una guerra atómica. ¿Cómo suceden las desgracias mundiales? El marxismo imperante en mi juventud tenía una versión ordenada de la historia que resultaba muy tranquilizadora. Sostenía, por ejemplo, que, aunque Hitler no hubiera existido, el nazismo hubiera triunfado de igual modo, porque lo importante son las condiciones económicas y sociales, no las personas. Yo, en cambio, creo mucho más en lo accidental e insensato de la vida; pienso que las circunstancias influyen, pero que luego el destino se decide en un albur. Y así, nos salvamos de la crisis de los misiles por un pelo.
    Ahora Crimea parece augurar disgustos a mansalva, pero, ¿quién sabe? Porque siempre vivimos pendientes de un hilo, pero ese hilo no siempre es catastrófico. Hace tres semanas, un vendaval tumbó un obelisco de 45 metros en el barrio madrileño de Vallecas. No hubo ni un herido porque el monolito tuvo la decencia de caerse a las seis de la mañana y la calle estaba desierta. Algún periódico incluso tituló con la palabra milagro. Yo no creo en milagros, pero sí en la suerte. Y creo que no sabemos apreciar nuestra buena fortuna: cuando enfermamos de gravedad, por ejemplo, siempre pensamos: ¿por qué yo? Pero nunca nos hacemos la misma pregunta cuando estamos pletóricos de salud. ¿Cuántas veces nos habremos salvado por un pelo sin saberlo? De accidentes, de una infección hospitalaria. O de violentos enfrentamientos civiles y de guerras. Por supuesto que hay que seguir remando: parafraseando a Picasso, que la suerte te pille trabajando. Pero, en los momentos de inquietud, alivia recordar que la buena suerte también existe.

    jueves, 10 de octubre de 2013

    PRENSA. "La elección". Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":
     8 OCT 2013 

    “Nada de lo humano me es ajeno”, dijo el romano Terencio, y es verdad: si miramos bien dentro de nosotros ahí está todo, lo sublime y lo atroz, la capacidad para acabar convertido en un ángel o un verdugo. Y, dentro de ese casi infinito abanico de posibilidades, uno escoge. Uno siempre escoge aunque no lo sepa porque la pasividad también es una elección. Que te compromete, y te mancha como cualquier otra. Escogemos todos, pues, los individuos y las sociedades, y podemos dejarnos llevar por nuestros peores instintos, por las emociones más primarias y más bárbaras, o levantar la cabeza, aplicar la empatía y la razón, intentar ser mejores de lo que somos, mirar lo grande que es el cielo, como decía Hipatia en la bella película de Amenábar.
    No son tiempos buenos. Pienso en la delirante carnicería del centro comercial de Nairobi, en la xenofobia creciente y la indiferencia ante morideros como Lampedusa, en la violencia de los matones griegos de Amanecer Dorado. Gabi Martínez cita en su libro Solo para gigantes un brutal proverbio beduino: “Yo contra mi hermano. / Yo y mi hermano contra nuestro primo. / Yo, mi hermano y nuestro primo contra los vecinos. / Todos nosotros contra el forastero”. Y en Yo soy Malala, la autobiografía de la niña paquistaní a la que los talibanes dispararon en la cabeza por querer ir a la escuela, se cuenta que, entre los pastunes, el pueblo de los talibanes y de la propia Malala, las reyertas entre familiares y vecinos son tan comunes que la palabra primo también quiere decir enemigo. Esa actitud tremenda, tribal, hostil, deshumanizadora, violenta, de considerar al otro un contrario a abatir, es un sucio y primitivo veneno que llevamos todos en la barriga. Tenemos que ser capaces de combatirlo. Y para eso hay que elegir. Por cierto: Malala eligió, y en condiciones durísimas. Todo un ejemplo.

    miércoles, 13 de marzo de 2013

    PRENSA CULTURAL. Sobre la última novela de Rosa Montero, "La ridícula idea de no volver a verte"

    Rosa Montero, fotografiada en su casa de Madrid. / BERNARDO PÉREZ ("El país")

       En "El País":

    Cuando Rosa Montero se reflejó en Marie Curie

    La escritora reflexiona sobre el duelo y la vida en su nuevo libro, escrito tras la muerte de su pareja en 2009

     Madrid 11 MAR 2013

    Principio-puñetazo: “Como no he tenido hijos, lo más importante que me ha sucedido en la vida son mis muertos”. La frase con la que Rosa Montero arranca su último libro es dinamita existencial; también el comienzo de un viaje repleto de bifurcaciones improvisadas hacia cualquier parte. La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral) es un libro extraño, híbrido, subyugante como los ojos de una cobra, que se abre pensando encontrar amargura tras esa frase-puñetazo y que se sumerge en aguas luminosas sobre el placer de vivir o la libertad de elegir. ¿Su adiós al duelo por Pablo Lizcano, su pareja durante 21 años, que falleció en 2009 tras un cáncer? “Sí y no. Nunca me había propuesto hacer un libro sobre la muerte de mi pareja. Soy muy pudorosa. Mis novelas no tratan sobre temas autobiográficos. He empezado a hablar y escribir cuando el duelo era no solo mío, sino de todos. No es un libro sobre el duelo, o no solo. Creo que es un libro que celebra la vida, luminoso”.
    En realidad es una caja mágica de la que van saliendo tesoros: detalles autobiográficos, retazos de la vida de Marie Curie, fotografías históricas y personales, reflexiones sobre la pérdida y la intimidad, hashtags, confesiones, deseos, literatura. La escritora lo emparenta con La loca de la casa, aquel inclasificable y delicioso ensayo sobre la escritura y la vida que publicó en 2003. La ridícula idea de no volver a verte nació de un tirón —algo infrecuente en su proceso creativo: dedica unos tres años a cada novela— y derivado de un encargo. Elena Ramírez, acaso con las luces largas de la editora, le pidió a Montero un prólogo para acompañar un librito excepcional, el diario que Marie Curie escribió durante el año posterior a la muerte de su marido, Pierre.

    Incluso en esos momentos de dolor, algo puede hacerte feliz a ratos”
    El paralelismo circunstancial entre ambas era evidente, y a ello se sumó la admiración. La escritora se rindió a los pies de esa científica irrepetible —Nobel en dos ocasiones— que logró aislar dos elementos, el polonio y el radio, trabajando en una especie de cobertizo y que tuvo pasiones igual de radiactivas. Compró biografías y descubrió que, más allá de lo consabido, numerosos aspectos de madame Curie eran poco conocidos. “Cuando leí su diario fue como encontrar un espejo de aumento sobre mis reflexiones. Además acabo de cumplir 62 años, estoy en un momento lógico para intentar entender la vida, cuál es el camino hacia la libertad más allá de lo que esperan los otros de ti, intentar ser libre de verdad, algo tan difícil, y ser feliz”.
    Marie Curie se trastornó con la muerte de su marido, atropellado por un coche de caballos en abril de 1906. Prohibió a sus dos hijas que mencionasen al padre en su presencia. Sentía ganas de aullar. Durante dos meses guardó en su armario ropa con restos de sesos de Pierre, a los que tal vez besaba. Nada que ver con la primera imagen que Albert Einstein se formó de ella: “Madame Curie es muy inteligente, pero es tan fría como un pez”.
    “El dolor puede volverte loco”, afirma Montero. “Marie Curie se volvió loca durante un tiempo. Era una personalidad complejísima”. La reacción ante la muerte desata fenómenos extraños. En el libro la autora de Historia del rey transparente detalla los suyos: “Desde que murió no solo echo de menos su presencia, seguir viviendo con él y verle envejecer, sino que también añoro su pasado. Las muchas vivencias que no conocí”. Ante su duelo, la escritora hizo lo que creía que tenía que hacer: se mudó de casa, se deshizo de su ropa, tapizó el sillón favorito de Lizcano. Luego se arrepintió. “En esos momentos tratas de responder más a las exigencias de los demás que a las propias. En España, y yo también lo hacía, cuando se muere alguien, llegan tus amigos y te dicen ‘Llora, llora’ sin entender que estás agotada, tan noqueada que no encuentras las lágrimas. Y a los dos o tres meses, justo cuando tú estás empezando a llorar, todo el mundo empieza a decirte ‘Venga, se acabó, vete al cine, alegría, alegría’. Los duelos son muy largos, no hay recetas, que cada uno haga lo que pueda. Dos años después te sigue doliendo la pérdida pero el duelo tampoco es un túnel cerrado, la vida es tan maravillosa que incluso en esos momentos cualquier cosa te esponja el corazón y puede hacerte feliz a ratos. Hay que saber cómo colocar el dolor y cómo reinventarse porque ya no volverás a ser la misma”.
    Con el tiempo, Montero se ha incorporado al grupo de artistas que había denostado por exponer un desgarro brutal en público. Piezas durísimas y poéticas, como Tears in heaven, de Eric Clapton, o Paula, de Isabel Allende, creadas tras la muerte de sus respectivos hijos, le parecían hace años un impúdico tráfico con el dolor. Ya no. “He ido siendo menos radical. Cada uno lo maneja como puede, pero el sentido último de la escritura es intentar encontrar un sentido al mal y al dolor, aún sabiendo que no lo tienen”.

    lunes, 18 de junio de 2012

    PRENSA CULTURAL. "Las mujeres matan más", por Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":

    Las mujeres matan más

    Carme Riera ha imaginado, con un refrescante sentido del humor, una serie de crímenes en la universidad. Claudia Piñeiro radiografía la desigualdad y el abuso de poder. Ambas autoras muestran en sus novelas una gran maestría narrativa

     16 JUN 2012

    Aunque el tópico tradicional adjudica al género femenino un temperamento pasivo y no violento, resulta que las mujeres siempre hemos destacado en las novelas de crímenes, desde la archiconocida Agatha Christie, una señora deliciosa cuyos libros encuentro aburridísimos, hasta las últimas reinas de la moda negra, como la sueca Åsa Larsson o la francesa Fred Vargas, por citar tan sólo dos dentro de una legión de narradoras mortíferas. Además de la monumental Patricia Highsmith, que para mí es una/uno de los grandes escritores del siglo XX. Esta contradicción entre la supuesta beatitud innata de las chicas (tesis que también sostienen algunas feministas) y nuestra capacidad para imaginar y describir feroces degollinas, no sólo demuestra una vez más la estupidez de los estereotipos sexistas, sino que incluso podríamos deducir que la represión de los impulsos agresivos atiborra la cabeza de las pulcras damas de ensueños ensangrentados y terribles.

    Por cierto que, como es sabido, una de las reinas de la novela negra, la inglesa Anne Perry, autora de notables thrillers victorianos, ni siquiera sublimó su violencia y antes de llegar a la escritura atravesó por el infierno de la sucia sangre real, del terror y la furia. En 1954, a los quince años de edad, mientras vivía en Nueva Zelanda, Anne, que entonces se llamaba Juliet, mató junto con su amiga Pauline, de dieciséis años, a la madre de ésta. Y lo más terrible fue la forma en que la mataron: con premeditación, torpeza, brutalidad y saña. Metieron un ladrillo en una media y machacaron la cabeza de la mujer hasta acabar con ella (lo cuenta la película Criaturas celestiales de Peter Jackson). Las chicas fueron juzgadas y condenadas, pero, gracias a su corta edad, salieron de la cárcel unos cinco años más tarde, con la condición de no volver a verse nunca más. Supongo que lo habrán cumplido, aunque la historia es tan tremenda y peculiar que no puedo por menos que preguntarme qué sentirá Anne Perry al saber que en algún lugar del mundo está esa antigua amiga por la que llegó a cometer algo tan horrible, esa Pauline con la que quizá se cruce algún día por azar, como quien pisa una bomba en el campo minado que es su vida. Y también me pregunto qué sentirán los familiares de la mujer asesinada al leer las novelas de crímenes que ha escrito la asesina. Pura vida candente, dolorosa y dura.
    En fin, sin duda es mucho mejor escribir e imaginar que llegar a la irreparable brutalidad del acto. Y, para celebrar la destreza narrativa femenina con las historias truculentas, voy a hablar de dos autoras que han publicado recientemente dos novelas negras estupendas. Ya se sabe que la novela policiaca se basa en la trama y propone una especie de rompecabezas que a mí por lo general no me interesa nada, mientras que en la llamada novela negra lo importante no es el misterio detectivesco, sino el retrato social. No es de extrañar que la narrativa moderna esté tan impregnada de los recursos del thriller, porque permite describir y criticar las zonas en sombra de nuestro mundo. Tengo la sensación de que la novela negra es como la picaresca del siglo XXI. Sobre todo en aquellas obras que se permiten el uso del humor más corrosivo.
    Y, en efecto, hay un refrescante sentido del humor, como se advierte ya desde el mismo título, en Naturaleza casi muerta, de Carme Riera, autora, entre otras obras, de En el último azul, aquella hermosa y conmovedora historia sobre los judíos mallorquines que ganó el Premio Nacional de Literatura. Carme, que en la vida real da clases en la Autónoma de Barcelona, ha imaginado una serie de crímenes que suceden en esa universidad, lo que le permite hacer un tronchante y agudo retrato del mundo académico. Y, así, nos enteramos, por ejemplo, de que la decana Dolors Adrover no sólo soliloquia a menudo con su marido fallecido, sino que, además, en las ocasiones solemnes lo hace en latín, porque el esposo, antiguo profesor suyo, se le declaró en esa lengua “a principios de los ochenta, en las postrimerías de su carrera universitaria y de su próstata” (como era mucho mayor que ella, la dejó viuda pronto). O de que el catedrático Bellpuig “era una de esas personas fuerte con los débiles y débil con los fuertes”. Pero por las páginas de este libro no sólo desfilan los profesores: también aparecen, por ejemplo, atinados retratos de los policías autonómicos o de los estudiantes. Con ligereza y admirable maestría, Carme Riera va atrapando personajes memorables como quien atrapa escarabajos para clavarlos con alfileres dentro de una caja. Todo fluye, todo funciona en esta pequeña, elegante, sabia novela, que termina ofreciendo una estupenda colección de bichos.
    También hay mucho humor, quizá en ocasiones algo más feroz, en Betibú, la última novela de la argentina Claudia Piñeiro, que ya ha frecuentado el género negro en obras anteriores, como Las viudas de los jueves o Tuya. Como Riera, Piñeiro muestra una extraordinaria maestría narrativa, esa sedosa capacidad para pasar del punto de vista de un personaje al de otro, llevando siempre atrapado al lector de la nariz sin que se resienta de la deriva. Y luego está la formidable habilidad de Claudia para retratar las desigualdades sociales. De hecho, el primer capítulo de este libro, que narra una sencilla escena matutina en la entrada de una urbanización de lujo (cómo se agolpan ante el control de seguridad los empleados del servicio, cómo una asistenta es rechazada) es un texto magistral que radiografía espeluznantemente el abuso de poder, la injusticia social, la aceptada humillación de los humildes. Es tan bueno el arranque de Betibú, en fin, tan deslumbrante, que, al leerlo, te asaltan las dudas de que la novela consiga mantener ese nivel y no se hunda. Y, ¿saben qué? Pues que Claudia Piñeiro logra mantener la pluma, la gracia, la profundidad disfrazada de nadería, la atención del lector hasta el final. Tanto veneno bajo tanta tersura. Toda una proeza. Un placer poder leer a estas sutiles e inteligentes damas negras.
    Naturaleza casi muerta. Carme Riera. Alfaguara. Madrid, 2012. 250 páginas, 18,50 euros (electrónico: 9,99). Betibú. Claudia Piñeiro. Alfaguara. Madrid, 2012. 354 páginas, 18,50 euros.

    jueves, 14 de junio de 2012

    PRENSA. "Las moscas", por Rosa Montero

    Rosa Montero
       En "El País":

     12 JUN 2012

    Hace unos días leí en EL PAÍS que, según un estudio publicado en Science, las moscas de la fruta macho se atiborran de alcohol después de ser rechazadas por hembras atractivas (confieso que el adjetivo atractivas me turbó: si hubieran sido feúchas, ¿les hubiera bastado con libar horchata? Y, por otro lado, ¿las moscas hembras eran abstemias o simplemente, como suele pasar, no habían centrado en ellas el estudio?). Lo primero que pensé, aparte de constatar una vez más la alucinante proximidad de las especies, es que las moscas de la fruta tienen suerte, porque sólo se embriagan por penas de amores. O sea, no necesitan darse a la cazalla porque el banco se ha quedado con su piso, porque sus ahorros se han esfumado en unos bonos basura o porque ven el porvenir más negro que la tinta. A los humanos, en cambio, todo esto también nos afecta muchísimo. Estamos deprimidos y jeringados.
    ¿O no? El sábado, mientras se abatían sobre nosotros los truenos del rescate, atravesé Madrid andando. Y fue como haber aterrizado en medio de una inmensa celebración, en unas multitudinarias bodas de Caná que hubieran convertido el agua de la crisis en alegre vino (por seguir con el tema del alcohol). Hervía el centro de la ciudad de vida y estallaba la primavera en el Retiro. Había músicos callejeros, jóvenes haciendo picnic en la hierba, familias enteras deglutiendo helados, padres arrullando a sus bebés, amos arrullando a sus perros, adolescentes arrullándose unos a otros envueltos en una nube incandescente de feromonas. No quiero sonar cursi, pero pocas veces he visto una tarde tan estruendosamente feliz. Y entonces pensé que tampoco somos tan distintos a las moscas en cuanto a lo que son nuestras prioridades. Hay otras cosas, además de las aterradoras noticias económicas. Pese a todo, lo importante es esta pequeña y densa vida.

    miércoles, 16 de mayo de 2012

    PRENSA. "Indignados", por Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":
    Indignados

    Rosa Montero 15 MAY 2012

       La gente ya no está indignada: está desesperada, desolada y angustiada ante el alud de desgracias que nos está cayendo encima cada día. Una muestra: en septiembre van a cerrar el primer hospital público que caerá víctima de la crisis. Es el 'Juan March', en Baleares: 104 camas para enfermos crónicos y cuidados paliativos. Los pacientes, en su mayoría ancianos, están aterrados. ¿Qué pasará con ellos? ¿Los mandarán a sus casas, a sufrir y quizá morir como perros en el conveniente silencio de su indefensión? Siendo viejos, pobres y enfermos, estoy segura de que no darán la lata. Quiero decir que no se manifestarán en Sol (por eso necesitamos que los del 15-M lo hagan).
       Anthony Lake, el director general de Unicef, dijo hace unos días en una entrevista que en las situaciones duras aumenta la empatía de las personas. Es cierto; está comprobado que la gente más pobre participa más en el voluntariado social, y suele haber más solidaridad en las colectividades con pocos recursos. Y esto es así porque la empatía mejora las posibilidades de supervivencia del grupo; digamos que es una respuesta innata e instintiva. Pero no es la única: los momentos duros también pueden fomentar la depredación y la pelea violenta. En España estamos atravesando una de las crisis más severas de nuestra historia, y habría que plantearse qué vía queremos escoger para intentar sobrevivir: la empatía o el enfrentamiento. O hacemos todos un esfuerzo de veracidad y colaboración o será aún más duro. Pero colaborar no es callar y aceptar cualquier cosa; al contrario, es intentar reflexionar sobre cuáles queremos que sean nuestras prioridades. Las mías, por ejemplo, son sanidad y educación. Ese es el debate que están intentando hacer los del 15-M, y no creo que ayude a la empatía social que los aporreen.

    miércoles, 11 de abril de 2012

    PRENSA. "Empeorando", por Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":
    Empeorando

    Rosa Montero 10 ABR 2012

       Con nuestra habitual estrechez de miras, tendemos a pensar que el momento histórico que vivimos es el más moderno y sofisticado de todos los tiempos. Como si el progreso fuera algo inevitable y nosotros mismos la cúspide del desarrollo humano. Nada más lejos de la verdad; los logros sociales son resbaladizos y volátiles y a menudo se producen regresiones: por ejemplo, la situación de la mujer era mejor a principios del siglo XIX que 100 años más tarde. Nunca hay que bajar la guardia en la defensa de nuestros valores, aunque parezcan sólidos y obvios. A veces los pueblos eligen la involución e incluso el suicidio, como sucedió con la Alemania nazi.
       Digo todo esto ante la coincidencia en las últimas semanas de noticias homófobas. La muerte en el civilizado Chile de Daniel Zamudio, de 24 años, tras haber sido torturado durante seis horas por ser gay; la entrada en vigor de la nueva ley rusa contra los homosexuales, a quienes compara con los pedófilos; o las palabras del obispo de Alcalá de Henares, que no pasarían de ser una mentecatez petarda si no fuera porque las dijo en una misa, o sea, revestido de su poder de brujo, y porque para soltar una homilía así tiene que sentirse socialmente amparado y acompañado. Sí, me temo que damos demasiadas cosas por seguras. Por ejemplo, que los gays ya no tienen ningún problema en Occidente; o que el machismo está superado y hablar de los derechos de las mujeres es una anticualla; o que no existe ningún antisemitismo en España sino indignación por la cuestión palestina (y es verdad que el maltrato a los palestinos es un escándalo, pero además creo ver un antisemitismo creciente y preocupante). Y así, mientras nuestros valores se llenan de polvo arrumbados en una estantería, los retrógrados medran. Y, para peor, en el caldo de cultivo de una recesión. Cuidado con las crisis: engordan a las bestias.

    miércoles, 28 de marzo de 2012

    PRENSA. "Picaresca", por Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":
    Picaresca

    Rosa Montero 27 MAR 2012

       Que una de las mayores aportaciones de España a la cultura universal haya sido la invención de la Picaresca, es algo que no sé si me congratula o me espeluzna. Quiero decir que esas cosas dejan huella. De hecho, la palabra pícaro sigue teniendo connotaciones positivas. Nos parece alguien listo, simpático, admirable por su manera de saltarse la Ley y de engañar al prójimo para sacar provecho. Y es verdad que en esto de aprovecharnos de los demás somos los mejores. No hace falta ni que entre en vigor la reforma laboral para que a los empresarios españoles se les ocurran verdaderas virguerías picaronas. Por ejemplo: conozco a un chico que hace un mes fue contratado por una empresa de limpieza. A la semana le dijeron que firmara un alucinante documento de cese voluntario, sin fecha, para poderlo despedir cuando quisieran. Como se negó a firmar, lo echaron en el acto.
       Lo del autodespido es bastante creativo, pero hay picardías mayores. Un lector me cuenta el caso de una mujer de 60 años en paro a la que sólo le quedan cuatro meses de subsidio. En sus condiciones, acepta todos los trabajos que le ofrecen. Pero en los tres últimos la han contratado un lunes y la han despedido el viernes. Al lunes siguiente se apunta de nuevo en el paro, pero el fin de semana no se lo paga nadie. Y estamos hablando de economías críticas: esta mujer cobra 20 euros al día de subsidio, y si trabaja sólo cinco días, y gasta 6 euros de transporte al día, esa basura de empleo semanal le cuesta dinero. Sí, en España hay gente que vive con esa miseria y que depende de esos miserables que te despiden los viernes. De esos pícaros tan listos que luego dicen que los parados son unos vagos que rechazan los trabajos.

    jueves, 8 de marzo de 2012

    PRENSA. "Todas", por Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":
    Todas

    Rosa Montero 6 MAR 2012

       Impresionante polvareda la que ha levantado el informe de la Real Academia sobre el Sexismo Lingüístico, como evidenciaba ayer el estupendo reportaje de Winston Manrique. El texto de Ignacio Bosque que ha originado la zapatiesta es magnífico y no tiene nada que ver con las rancias gracietas de esos articulistas que se creen ocurrentísimos al escribir “miembros y miembras”. La lengua es como la piel de la sociedad; se adapta a los repliegues del cuerpo colectivo y sigue fielmente sus cambios. Es un tejido vivo que no puede modificarse por decreto: los ortopédicos tropezones de los “compañeros y compañeras” no son más que feísimas verrugas que, de seguir creciendo desordenadamente, terminarán por convertir nuestro cuerpo social en un deformado hombre (mujer) elefante. Es verdad que el lenguaje es sexista, porque la sociedad también lo es. Cuentan las profesoras de párvulos que a los muy pequeños hay que decirles “todos” y “todas”, porque, si no, las niñas no se sienten aludidas. O sea: no es algo natural, sino un orden impuesto y masculino. Pero eso no se arregla con voluntaristas verrugas verbales, sino modificando la realidad. Porque el lenguaje se va adaptando a esos cambios: hace seis años, al comienzo de las bodas homosexuales, nos chocaba que un hombre llamara a otro “mi marido”, pero hoy ya no. Porque refleja una realidad. Yo ya no uso “el hombre” como genérico, porque me chirría. Utilizo “el ser humano” o “los humanos” y las frases quedan, creo, más naturales, porque la sociedad ya ha dejado eso atrás. A veces, estando muchas mujeres con un solo hombre, se nos ha escapado sin querer un “todas” y nos hemos reído. Quién sabe, quizá en el futuro la concordancia se hará con el género que más abunde en cada momento. Pero, de ser así, saldrá naturalmente; y me temo que antes tendríamos que haber cambiado mucho.

    miércoles, 29 de febrero de 2012

    PRENSA. "Justicia", por Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":
    Justicia
       Rosa Montero 28 FEB 2012

       Me escribe una desolada Judith Torrea desde México. Judith es una periodista independiente española especializada en temas de narcotráfico; lleva 15 años cubriendo la realidad de Ciudad Juárez, que es un sitio espeluznante para vivir (debe de ser la urbe más peligrosa del mundo: 2.086 asesinatos sólo en el año pasado). Judith, que ganó el premio 'Ortega y Gasset' de 2010 por su blog, pide ayuda contra la impunidad y el silencio. El jueves se anunció el hallazgo de una fosa clandestina a una hora de Ciudad Juárez, con los esqueletos de tres adolescentes desaparecidas en el centro de la ciudad entre 2009 y 2010: Jessica Leticia Peña y Andrea Guerrero, de 15 años, y Lizbeth Avilés, de 17. No se conocían pero ahora han aparecido juntas, unidas en su horrible destino. Sin embargo, las autoridades mexicanas siguen sosteniendo que no existe conexión en los feminicidios, que no hay una estructura criminal tras esta inacabable pesadilla de huesos mondos y gritos sofocados.
       Desde hace 19 años, Ciudad Juárez es un matadero de mujeres. Todas muy bellas y muy pobres, la mayoría muy jóvenes. El hallazgo en 2001 de ocho cadáveres juntos enterrados en el Campo Algodonero provocó un escándalo internacional, porque evidenciaba la existencia de una mafia, de una organización, de un plan. De un infierno sistemático que no me siento con fuerzas de imaginar. Pero ni la presión mundial ni la sentencia del año pasado de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el gobierno de México por su negligencia en perseguir estos casos han logrado ningún resultado (según cifras oficiales, el 97% de los crímenes de Ciudad Juárez están sin resolver). Judith cita en su magnífico blog http://juarezenlasombra.blogspot.com/ a Óscar Máynez, el forense que analizó el Campo Algodonero hasta que se vio obligado a renunciar: "Las autoridades hicieron lo imposible por no investigar, por fabricar culpables, por esconder cuerpos, por ocultar el problema". Ahora mismo la madre de Jessica está acampada frente a la Fiscalía con su desesperación, su valentía y un ataúd blanco que contiene los huesitos de su niña. Pide justicia.

    miércoles, 25 de enero de 2012

    PRENSA. "No saber", por Rosa Montero

    Rosa Montero
       En "El País":
    No saber

    ROSA MONTERO 24/01/2012

       Llevo semanas queriendo escribir un artículo juguetón y liviano sobre el sexo (suena promisorio, ¿no?), pero no consigo hacerlo porque la realidad siempre acaba imponiendo un peso negro sobre esa ligereza. O sea, suceden cosas terribles que claman por ser dichas, o al menos yo lo siento así. En esta ocasión se trata de la muerte del disidente cubano Wilman Villar tras 56 días en huelga de hambre. Opositor pacífico a la dictadura cubana, estaba condenado a cuatro años de cárcel por "desacato a la autoridad", una pamema legal que la tiranía utiliza contra los disidentes. Guapo y terriblemente joven (31 años), Wilman tenía dos niñas pequeñitas. A su viuda ni siquiera le permitieron ver el cadáver. Esa dictadura atroz, podrida y tambaleante, morirá matando.
       Pero lo que más me angustia es que no sabíamos nada de Wilman hasta que lanzó el definitivo, supremo y ensordecedor grito de su propia muerte. Y, sin embargo, había sido condenado en una farsa de juicio a cuatro años y llevaba casi dos meses en huelga de hambre. Atormenta pensar cuantísimas personas puede haber ahora mismo en el mundo luchando heroicamente contra el abuso y el poder criminal, arriesgando su libertad y su vida sin que nadie lo sepa, eficazmente silenciadas por sus verdugos. Qué soledad. Por eso son tan útiles los apadrinamientos de Reporteros Sin Fronteras (ahora soy madrina de dos periodistas africanas, Yirgalem Fisseha, de Eritrea, y Agnés Nkusi, de Ruanda, encarceladas en condiciones terribles). Ojalá cada uno de nosotros pudiera apadrinar a una víctima anónima mundial, y denunciar su caso, y mencionar su nombre. Pero, mientras tanto, firmemos esta carta pidiendo al Papa que anule su próximo viaje a Cuba o, si no lo hace, que al menos repudie la represión: http://asopazco.net/2012/01/21/carta-abierta-al-santo-padre/#comment-1687

    miércoles, 11 de enero de 2012

    PRENSA. "El negro", de Rosa Montero

    Rosa Montero

       Artículo de 2005 que las redes sociales han vuelto a poner de actualidad:
       en "El País":
    El negro

    ROSA MONTERO 17/05/2005

       Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.
       Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: "Pero qué chiflados están los europeos".

    miércoles, 21 de diciembre de 2011

    PRENSA. "Vacas", por Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":
    Vacas

    ROSA MONTERO 20/12/2011

       Por fin lo hemos conseguido. Por fin hemos logrado que ya no haya diferencia alguna entre las portadas de la prensa seria y las de las revistas del corazón: ahora todos hablamos del caso Urdangarín. Lo cual demuestra el carácter profundamente democrático de la corrupción. Quiero decir que es un vicio de amplio espectro social y muy nivelador de gustos y de clases, porque baja a las cabañas y sube a los palacios como don Juan Tenorio.
       No es de extrañar la unanimidad en el interés, porque, además de ser un culebrón literalmente majestuoso, podría llegar a tener consecuencias políticas importantes. Henos aquí de nuevo deshojando la eterna margarita entre la República y la Monarquía. Yo creo que, si la Monarquía es constitucional y sin poderes reales, como la nuestra, ambas opciones tienen sus pros y sus contras. Lo peor de los reyes, en general, es que suenan muy antiguos, y que el matiz hereditario despierta lógicos rechazos atávicos y además repugna a la razón. Digamos que es una institución muy poco estética, o que su estética no es del siglo XXI. Pero, por otra parte, de lo que se trata es de encontrar a una figura que represente al Estado de la manera más apartidista y aglutinadora posible. Las repúblicas parlamentarias, como Alemania o Italia, a menudo se las ven y se las desean para hallar una figura así. Mientras que con las monarquías modernas, como yo lo veo, es como si el país criara una raza de jefes de Estado, una suerte de cuidadas vacas Hereford especialmente seleccionadas para su función. No pretendo ser ofensiva: solo digo que son animales simbólicos que desde pequeños han sido obligados a no participar en las luchas sectarias. ¿Quién creen que representaría hoy el Estado de una manera más neutra y menos molesta, alguno de nuestros agotadores políticos o el príncipe Felipe? Esa es la cuestión.

    miércoles, 16 de noviembre de 2011

    PRENSA. "Buenas noticias", por Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":
    Buenas noticias

    ROSA MONTERO 15/11/2011

       Ya se sabe que un pesimista es aquel que piensa que estamos en el peor de los momentos. Mientras que el optimista considera que las cosas todavía pueden empeorar. Hoy me he levantado optimista y, pese a la que está cayendo, creo que tenemos varias buenas noticias que celebrar. La primera, que el 11-11-11 no se ha acabado el mundo. Algo es algo. La segunda, el fin de ese peligroso payaso que es Berlusconi. Y la tercera, que los vecinos del Zaidín, un distrito popular y modesto de Granada, llevan tres meses de movilización contra el cierre de la biblioteca de su barrio.
       La cosa es así: el 8 de agosto, súbitamente, con la alevosía de la canícula, el Ayuntamiento del PP cerró la biblioteca, aunque había prometido a los vecinos que la mantendría. El argumento es que ahora el barrio tiene una biblioteca nueva y más grande, la 'Francisco Ayala'; y que en el Zaidín pondrán un centro de bailes tradicionales (¿por qué me recordará esto a los Coros y Danzas del franquismo?). Pero la 'Ayala' queda lejos, muchos de los usuarios del Zaidín son ancianos y niños y, además, según el Reglamento Bibliotecario de Andalucía, debe haber un centro por cada 20.000 habitantes, y el Zaidín tiene 45.411. Cerrar una biblioteca que lleva décadas sirviendo de catalizador cultural de un barrio deprimido es un disparate. El jueves pasado, la policía se llevó los libros del Zaidín, y para ello tuvo que desalojar por la fuerza a unos 50 vecinos que les impedían el paso, muchos de ellos personas mayores. ¿Y cuál es la buena noticia en toda esta tristeza? Pues la movilización de los vecinos (el jueves habrá una concentración a las 18.00 en la plaza del Carmen), las 10.000 firmas de apoyo que han reunido, la valiente lucha de toda esa gente humilde dispuesta a dejarse la piel para defender su biblioteca. ¿No es conmovedor? Mientras haya personas así, habrá futuro.

    miércoles, 9 de noviembre de 2011

    PRENSA. "La costumbre", por Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":
    La costumbre

    ROSA MONTERO 08/11/2011

       A lo tonto modorro, llevamos ya cuatro años de crisis económica. Cuatro años al borde del precipicio sintiendo cómo el viento del desastre nos lame las mejillas. Recuerdo, al principio, los meses de aguda angustia y la obsesiva sensación de que los bancos (y nuestros ahorros) se iban a derrumbar como castillos de naipes. Cuatro años más tarde, todo es mucho peor y más horroroso. Las amenazas son más grandes que nunca y el pasmoso lío del referéndum griego demuestra una vez más que los que mandan no tienen ni la más repajolera idea de cómo salir de esto. Por no hablar de las hordas de parados y de las decenas de miles de personas que han perdido sus casas. Y, sin embargo, se diría que lo soportamos mejor. Que nos hemos acostumbrado a vivir en la vecindad del Apocalipsis, como los labriegos medievales se acostumbraban a las sangrientas y periódicas incursiones de vikingos. Que nuestro miedo ha perdido su filo y ya ni nos molestamos en comentar la última noticia catastrófica con los amigos. Incluso nos las apañamos para no leerla e ignorarla.
       Ya lo dice el viejo refrán: que Dios no te mande todo aquello que puedas aguantar porque puedes soportarlo casi todo. La estupenda fotógrafa Christine Spengler me contó cómo en la inacabable guerra de Líbano, un instante después del estallido de las bombas e incluso antes de que se hubiera disipado el humo, los vendedores ambulantes de Beirut volvían a vocear como si nada sus muestrarios de relojes y sus varitas de nardos. Es lo que tiene la asombrosa capacidad de adaptación de la especie humana, la flexible tenacidad que nos protege. Sin duda es nuestro mejor recurso de supervivencia, pero, por otro lado, esa adaptabilidad embota el filo crítico. O sea: también nos acostumbramos a los incompetentes y dejamos de pedirles cuentas por este desastre.