Mostrando entradas con la etiqueta adolescencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta adolescencia. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de febrero de 2015

PRENSA. ANDALUCÍA. "Las otras violencias contra la mujer"

   En "El País":

Las otras violencias contra la mujer

La normativa tiene lagunas para afrontar el acoso en Internet o en el trabajo




Una adolescente revisa un mensaje de móvil. / PACO PUENTES
“Estabas en línea, te he escrito un whatsapp y no me has respondido. ¿Por qué, qué haces, con quién estás? Respóndeme. He visto que te has conectado por última vez de madrugada ¿Con quién hablabas? Como no me hagas caso cuelgo en Internet una foto tuya sin ropa. ¿Quién es ese que has agregado al Facebook? ¿Es verdad que estás con tus padres? Mándame una foto. Envíame tú ubicación”... Estas frases son algunos ejemplos de otras formas violencia contra la mujer. En este caso, ligadas a las nuevas tecnologías y de especial incidencia entre los más jóvenes. Pero hay más, como el acoso callejero, el laboral, la trata o las violaciones. Según la normativa estatal, si no se ejercen en ámbito afectivo no son consideradas como violencia de género y a todos los tipos de agresiones se les suma la dificultad para demostrarlas.

Amenazas en el ámbito económico

La violencia económica incluye la privación intencionada de recursos para el bienestar físico o psicológico de la mujer y de sus hijos o la discriminación en la disposición de los recursos compartidos en la pareja. “Puede estar vinculado a los casos en los que las mujeres no pueden llegar a ser independientes, aunque trabajen o hayan trabajado, porque los hombres controlan los recursos de ambos”, explica la profesora especializada en género Belén Zurbano.
Este tipo de violencia, que se ha visto agravada con la crisis, trasciende al ámbito laboral. Eli García, secretaria regional de la mujer en CC OO, detalla que llevan mucho tiempo atendiendo situaciones de acoso en el trabajo, pero que el paro, la crisis y la persistencia del machismo extienden las conductas discriminatorias.
García explica que el observatorio de su formación lleva años denunciando discriminación tanto en los criterios de selección, donde se excluyen a mujeres que quieran tener hijos, como en las ofertas, donde se establecen condiciones que fomentan la desigualdad.
No les llegan denuncias de una práctica que admite como posible y sobre la que considera “interesante” que se piense en generar “mecanismos de alarma” o de “prevención”. Se trata del acoso que se registra durante las entrevistas de trabajo aprovechando la situación de necesidad de la demandante de empleo. Al registrarse cuando aún no hay una relación laboral, entra en una categoría distinta, pero se da. “Es fácil que las personas con perfiles machistas se muestren así en estas situaciones, que no se han identificado como un problema laboral”, advierte.
Una vez en el trabajo, la situación puede llegar a niveles espeluznantes. En octubre, la Audiencia de Huelva condenó a 58 años y ocho meses de prisión a un exdirector de una aseguradora por acosar, abusar y atentar contra seis de sus empleadas durante años.
“Hay mucha más violencia además de la física. Ahora hemos perfeccionado lo que miramos. Identificamos más fenómenos que antes estaban normalizados, y algunos de ellos siguen viéndose así. Son otras violencias contra la mujer no consideradas dentro del concepto ni de las leyes de violencia de género”, explica Belén Zurbano, profesora e investigadora de la Universidad de Sevilla en este ámbito. “Prácticamente los únicos indicadores que hay para medir la violencia son las muertes, las denuncias y la morbilidad hospitalaria, así que hay mucha información de agresiones que se pierde y que no está ni en el paradigma social ni en la ley”, explica Zurbano.
Las más novedosas de estas formas de acoso o agresión son las vinculadas a las nuevas tecnologías. “La violencia en las redes sociales está presente 24 horas al día y siete días a la semana y su detección es casi imperceptible para los profesores o los padres de los jóvenes”, considera la psicóloga especializada en género Laura Ocaña. "Existen problemas de control, persecución y acoso entre jóvenes a través de las redes que no tienen diferencia con la violencia de género”, añade Encarnación Aguilar, directora general de Violencia de Género de la Junta. Según los datos que manejan, un 7,9% de chicas admite ser víctima de ciberacoso, en cambio, solo un 2,9 de ellos reconoce ser acosador. En este sentido, la investigadora Zurbano advierte que las nuevas tecnologías se han convertido en una “herramienta más de control y dominación en la pareja, generalmente contra las mujeres”.
Pese a la constancia de la existencia de estas otras formas de violencia, es complicado que se tengan en cuenta desde el punto de vista legislativo. De entrada, la norma estatal solo considera la que se da en el ámbito afectivo, aunque la ley andaluza (2007) es más abierta. Añade la violencia económica a las amenazas, coacciones, privación de libertad y agresiones físicas, sexuales y psicológicas. También amplía la consideración de actores violentos. Además de los cónyuges, excónyuges o personas ligadas por relaciones de afectividad, incluye a los hombres del entorno familiar, social o laboral.

Las tecnologías se usan como herramientas de control y dominio
Y si la incorporación de nuevas definiciones de actores y otros tipos de violencia en la norma ya es difícil, también lo es la demostración de los daños psicológicos o del sufrimiento a través de amenazas, humillaciones, vejaciones, aislamiento, culpabilización o limitación de su libertad. “En este aspecto hay menos índices de estudios y herramientas de detección. Es difícil conocer sus cuadros clínicos y los procesos de traumas. Además, los testimonios de las víctimas suelen ser inconexos o incoherentes, pero no por eso es sintomático de que no haya violencia”, alerta Zurbano.
Desde Justicia reconocen que la violencia psicológica está muy silenciada, que es la primera en aparecer y que es más difícil de demostrar que la física. “Tenemos una unidad de valoración que analiza las evidencias de la víctima. En lo que va de año se han abierto más de 800 procedimientos por violencia psicológica con órdenes de protección. 600 de los ellos por amenazas”, matiza Aguilar. "En la violencia a través de las nuevas tecnologías, los fiscales de delitos tecnológicos indican que los actos dejan rastro en el teléfono o en el ordenador y pueden ser perseguibles", añade.

El daño psicológico es el primero que se ejerce, pero apenas se conoce
Para erradicar cualquier forma de violencia, la solución reside en la educación. El respeto, la libertad, la igualdad y la confianza son cuatro de los pilares sobre los que trabaja Ocaña en sus cursos de formación para jóvenes, para modificar la realidad: el 24% de los jóvenes andaluces considera que el lugar de una mujer está en su casa, con su familia, y el 10% cree que el hombre es el que debe tomar las decisiones.
“Las relaciones de pareja son para hacernos más felices de lo que podemos ser estando solos. Hay que trabajar en eso, cada uno de los cuatro pilares son básicos para una relación sana”, declara Ocaña. “Parte del problema es que no se nos ha enseñado a querernos ni a desarrollarnos bien, parece que la mujer solo se siente válida cuando alguien la quiere, y parece que el hombre no debe mostrar más sentimientos que los de rabia. Hay que trabajar mucho la autoestima y la inteligencia emocional para saber relacionarnos de forma sana”, propone.
El Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) ya ha puesto en marcha una investigación sobre los riesgos y consecuencias de la violencia de género a través de las “tecnologías de las relaciones, la información y la comunicación (TRICs)”. El trabajo incluirá un protocolo de intervención profesional para actuar en estos casos, una guía de orientación a familias, cursos de formación y asistencia psicológica a jóvenes. Además, ha creado una aplicación llamada Detecta amor, para identificar el machismo y aprender a relacionarse en parejas.

jueves, 29 de enero de 2015

PRENSA. "Adolescentes en la era Instagram"

   En "El País":

Adolescentes en la era Instagram

Se mueven entre el pasotismo y el consumismo. Acostumbrados a una vida de entretenimiento y de series, los jóvenes describen el presente como “ inestable e injusto”

Archivado en:


Su idea de una jornada ideal pasa por no acudir a clase, no madrugar, tener una tarjeta black (“pero sin corrupción”) y estar con los amigos y pasarlo bien. Lo cuentan entre risas y algo de rubor seis alumnos, de 17 años, del Instituto Severo Ochoa, en la localidad madrileña de Alcobendas. Chicos de clase media, la mayoría de padres divorciados y con problemas escolares, motivo por el que han sido derivados a Diversificación o al Programa de Cualificación Profesional Inicial Voluntaria, cursos para obtener la ESO con contenidos más bajos. Todos consideran a la familia como un valor fundamental. “La convivencia es buena aunque discutimos mucho. Me repite las cosas muchas veces y me rallo.Ella suele llevar razón pero a veces resulta pesada”, cuenta Daniel León Vargas, de 16. Su sueño sería irse con su novia a vivir a otra ciudad, quizás Nueva York.
 Les mola mazo o les renta pero no se han chinado; viven en la keli y no les va el canteo. Estamos en el recreo, tres horas después de su llegada al centro escolar. Como el resto de sus compañeros entraron en tromba al patio, a las ocho de la mañana. Todavía quedaban unos segundos para una ojeada rápida a la pantalla del móvil y enviar un último WhatsApp. El centro escolar lo deja bien claro en los carteles pegados por las paredes. En clase están prohibidos los móviles, sobre todo para proteger a los profesores de filmaciones vejatorias que luego se cuelgan en Youtube. Para evitar conflictos los dejan sobre una mesa y se los devuelven a la salida. El castigo por usarlo en clase es una semana sin móvil. Los usan en los pasillos y los profes muchas veces hacen la vista gorda. Pillarlos con ellos en la mano supone un conflicto añadido y un enfrentamiento que conviene evitar. De los más de tres millones de adolescentes españoles (muchachos de edades comprendidas entre los 12 y los 17 años) un 84%, posee teléfono móvil para su uso personal, pagado por sus padres, según datos del Instituto de la Juventud, basados en una encuesta de 2012. El sondeo avisaba de la tendencia al alza. Duermen con el móvil y miran la pantalla al menos un centenar de veces al día. España se encuentra en la media de Unión Europea y en todos los estados miembros se comprueba el mismo ascenso y comportamiento. Igual que su relación con las redes sociales que ya ha acabado por generalizarse. Su uso es mayor cuanto menor es la edad. En poco más de tres años se ha pasado del 60% en 2009 al 90% en 2011.
Infantiles, consumistas, críticos, de moral relajada, acostumbrados a una vida de entretenimiento y de series, los adolescentes de la era Instagram ya no van tan a lo grande como sus hermanos mayores. En su playlist suena Nirvana, Arctic Monkeys, Red Hot Chili Peppers, Imagine Dragons, David Guetta y algo del peor reggaeton. Entre sus prioridades no figura cambiar el mundo pero sí su entorno. Son más individualistas que las generaciones que los han precedido. “Mis alumnos son muy de tripas, se mueven por instinto, pueden leer cualquier cosa sin necesidad de intelectualizar nada. En esos años, les afectan sobremanera las separaciones de los padres. Llevan una vida muy de entretenimiento; se ríen con programas como Adán y Eva, la exaltación de la estupidez supina, pero son clientes fieles de series como Homeland o Juego de tronos”, cuenta Victoria Menéndez, profesora de Lengua y de Inglés del Severo Ochoa. Lleva 25 años en la enseñanza y casi siempre con adolescentes. “Antes se rebelaban contra todo, ahora no necesitan pelear tanto como antaño. Disponen de un mundo propio que Internet y las redes sociales han contribuido a crear pero los veo muy positivos y honestos”.

Dicen que somos vagos y que solo estamos para jugar a la play y divertirnos. Estamos hartos de estereotipos”, dice Jaime Alba
Según el estudio Jóvenes y valores sociales, del Centro Reina Sofia, los adolescentes españoles han asumido que les tocará vivir una vida low cost. Han aceptado que deben revisar a la baja sus expectativas, fundamentalmente en relación con perspectivas o proyectos personales. Describen el presente como “incierto, inestable e injusto”. Se sienten engañados y desconfían del sistema. En general culpabilizan a las instituciones adultas —de las que no se sienten partícipes— pero focalizan su desconfianza especialmente en la política tradicional y en la figura del político profesional. Cada vez son más los que apuestan por actitudes de compromiso social y de cambio. El filósofo José Antonio Marina cree que los jóvenes del siglo XXI son conscientes de que se ha roto un pacto social implícito. “Antes la sociedad le decía al joven que si cumplía su alianza y se portaba bien la comunidad estaría en condiciones de responder pero eso se ha fracturado. Hemos ido a una época de impotencia confortable, en el sentido de decir, esto es lo que hay y me voy a ir acomodando para aprovechar lo que tengo, sin grandes esperanzas. Desde hace unos cuantos años, pensando que los estamos cuidando lo que estamos es condenándolos al desánimo, los mimamos para luego abandonarles”.


Las hermanas Nolla estudian cuarto de la ESO en el Instituto Bilingüe Beatriz Galindo, en Madrid. / SAMUEL SÁNCHEZ
Adolescencia. Su uso se ha generalizado pero el concepto teen como tal tiene su origen, en los años cincuenta del siglo pasado. En todas las culturas existía un rito de paso, de final de la infancia a otra vida, pero se ha creado específicamente un espacio formativo que se remonta al final de la Segunda Guerra Mundial y que coincide con mejoras notables como la escolarización total y la llegada de los jóvenes al mundo del trabajo a partir de la mayoría de edad. En ese tiempo se han vertido ríos de tinta tratando de analizar la rebeldía adolescente, algo que básicamente no ha cambiado con el tiempo aunque ahora surjan nuevas teorías sobre esa etapa de la vida. En la adolescencia se desarrollan las grandes capacidades sentimentales e intelectuales. También la mayor parte de las adicciones nacen en esa etapa. Hasta ahora, muchos de los comportamientos escandalosos o un poco arriesgados lo atribuíamos a las pobres hormonas pero nuevas teorías proponen aprovechar esa etapa en lugar de malgastarla.
El talento de los adolescentes (Ariel), nuevo título de José Antonio Marina, anuncia el cambio de modelo que se está viendo en muchos países y por caminos distintos: “No se trata solo de un asunto sociológico y pedagógico, el cambio viene de la mano de la neurología. Hasta ahora, sabíamos que había un gran periodo de aprendizaje que era prácticamente donde se consolidaba todo y eso sigue siendo verdad, pero lo que no habíamos sospechado es que en la adolescencia se produce un rediseño completo del cerebro. Es como si la naturaleza hubiera preparado el cerebro primero para hacerse cargo de un mundo al que el pobre niño llega tremendamente despistado y luego lo vuelve a aprovechar para que se independice y se haga adulto. Es como atravesar dos etapas de enorme plasticidad”.
En el Severo Ochoa, los problemas los dan 25 alumnos de una plantilla de 1050, un porcentaje mínimo pero, como sucede en otros centros escolares, en torno a esos conflictos se articula la leyenda. “Se ha generalizado el mito de la crisis de la adolescencia, cosas como que de repente lo pasan muy mal, con angustia vital, seres imprevisibles e irresponsables y eso no es así, pero si lo repetimos un buen número de veces acabaremos por creerlo”, recalca Marina.
A mediodía, la puerta del instituto madrileño Beatriz Galindo, se transforma en una marea de sudaderas, deportivas, vaqueros y leggins. Solo unos pocos encienden ansiosos un pitillo antes de despedirse hasta el día siguiente. Julia y Clara Nolla, hermanas de 15 años, alumnas bilingües de cuarto de la ESO “odian” que le presenten el futuro que les espera como un mundo donde habrá más pobres y trabajos peor remunerados. “Necesito tener ideales, ya basta de amenazas. Entiendo que nos preparan para ser mayores pero estamos en nuestro derecho de soñar. Pienso en el mañana como algo lejano aunque, sinceramente, espero que se hayan resuelto los problemas económicos cuando sea mayor”, dice Clara. Las hermanas no se dejan llevar por la “yupi vida”. Clara toca el bajo en un grupo, saca buenas notas y no sabe bien lo que quiere ser de mayor, quizás psicóloga. Su hermana Julia comparte esa opinión sobre cómo los adultos tratan de contarles la vida a partir de su experiencia y, claro, ellas quieren vivir su “propia vida”. Ambas dieron un paso al frente cuando se debatía la reforma de la Ley del aborto que proponía el entonces Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. “Mucha gente se quedó en sofá pero pensamos que era el momento de hacer algo. Fuimos a las manifestaciones. Si se juega con nuestro futuro hay que intentar cambiarlo”, cuenta Julia. En el centro escolar disponen de una capilla pero ellas ni son creyentes ni han sido bautizadas. Les gusta que Religión sea una optativa.


Sergio Gato y Jaime Alba, de 14 y 15 años, tienen una web de venta de sudaderas. / SAMUEL SÁNCHEZ
El fin de semana, los que no juegan al fútbol salen a “a divertirse” con los amigos. Recalan en los parques cercanos, las boleras o los pubs. Evitan la violencia pero reconocen que en cualquier momento puede llegar un gamba con ganas de liarla. Basta un “¿y tú que miras?” desafiante para que las cosas se compliquen. De vez en cuando, puede caer alguna cerveza, pero no es lo habitual aunque ninguno niega que en su entorno se fuma (porros también) y se bebe alcohol con total naturalidad. Las encuestas más recientes del Instituto de la Juventud apuntan que un 55% puede llegar a casa a la hora que quiere y el 50,6% por ciento puede beber copas sin problemas. “La tolerancia con el alcohol es muy estúpida. No nos preocupa el botellón sino el efecto que produce entre los vecinos”, añade Marina. Sostiene que estamos importando el modelo nórdico: emborracharse cuanto antes consumiendo bebidas fuertes. “Hasta en esto estamos modificando la sana costumbre mediterránea de tomar bebidas suaves que acompañaban la conversación y la fiesta”.
A los alumnos de Victoria Menéndez no les gusta que la policía los trate como delincuentes “por sistema”, una queja que comparten algunos de sus alumnos. En ocasiones, protesta Jonatan Cueva, alumno de Diversificación, “estamos sentados en un banco hablando tranquilamente y los secretas nos piden que nos identifiquemos o que enseñemos las mochilas”. Las multas por beber pueden llegar a los 500 euros.

Pensando que los cuidamos, los condenamos al desánimo, los mimamos para luego abandonarlos", cuenta José Antonio Marina
Virginia del Álamo, compañera de clase, toca en Bus Stop, un grupo de sonidos acústicos, que se foguea artísticamente en pequeños antros.El domingo visitó el Rastro madrileño en busca de banderas anarquistas y republicanas para decorar los locales de ensayo. Toca la guitarra, el bajo y la batería. Se lleva bien con sus padres aunque no le gusta que la fiscalicen o que su padre la llame al móvil cuando está con los amigos exigiendo que vuelva a casa “ya mismo”.
Su compañero, David Alcázar, de 17 años, quiere ser policía. Desde pequeño admira a los agentes que protegen a las mujeres maltratadas y le gustan los documentales de Policías en acción. Ni la profesora ni los alumnos soportan la imagen estigmatizada que se tiene de esta etapa de la vida que la RAE define como aquella en que se pasa de la niñez al desarrollo completo del organismo, lo cual influye en el carácter y en el modo de comportarse.


En la adolescencia se desarrollan las grandes capacidades intelectuales e intelectuales. También las grandes adicciones / SAMUEL SÁNCHEZ
Hace 25 años, cuando Menéndez empezó a impartir clases, leía a sus alumnos Tiempo de silencio, algo impensable en la generación Instagram. “Ahora, no lo entenderían. Usan un lenguaje muy limitado y plagado de onomatopeyas. En clase solo se pueden leer fragmentos. Elegimos los más atractivos y asequibles”. Entre las lecturas recomendadas figuran La Celestina y el Mío Cid, pero algunos profesores, sobre todo si no dependen de grupos cerrados, prefieren iniciarlos en otras lecturas. Ha probado con textos tan dispares como las rimas de Bécquer y algunos fragmentos de Gomorra y ha triunfado: “¿Profe, dónde venden ese libro?”. Le importa un bledo lo que lean con tal de que lean.
Fernando J. López profesor de un grupo de teatro del instituto madrileño San Juan Bautista, en el que participan treinta alumnos de entre 14 y 18 años, comparte plenamente esa tesis. Se rebela ante lo que considera una aberración: “El sistema es mecanicista y eso no favorece la creatividad. ¿Cómo es posible que digamos que los adolescentes no leen en absoluto si luego se agotan determinadas lecturas? la cuestión no es que no leen, sino que no leen lo que nosotros queremos que lean”, dice. Como profesor y escritor, autor de La edad de la ira, un best seller juvenil y una novela de iniciación que narra desde dentro la vida en una escuela de un grupo de adolescentes, trata de ponerse en la piel de los chicos y ofrecerles textos que les puedan interesar para convencerles de que la literatura es fascinante. Su retrato de los jóvenes con los que trabaja a diario rebosa optimismo. “Viven en la edad en la que te formas como persona y trazas las relaciones con tu entorno. Adolescente es el que adolece de algo y ellos están llenos de ganas de hacer cosas, aunque, a veces, no sabemos conectar con eso. Los profesores y los padres marcan mucho, demandan pero no comunican. ¿Qué necesitamos de verdad? un lenguaje común”. A pesar de la edad del pavo o precisamente por ello en esos años se pueden generar vocaciones, intereses y aficiones. La idea de este escritor es que se combine la exigencia con el optimismo. “Los chicos de hoy además de las clases llevan a cabo actividades extra escolares. Son muy capaces”.
Todos conocen y se enorgullecen de Malala, la joven paquistaní de 17 años, que obtuvo en el año que acabó el jueves el Premio Nobel de la Paz. Sergio Gato, de 15 años, y Jaime Alba, de 14, alumnos de cuarto de la ESO en el colegio privado Ramón y Cajal, compaginan los estudios con la exploración de cosas nuevas. “Ya se pasó la época en que buscábamos el vértigo en el parque de atracciones, ahora tenemos un punto de vista diferente de las cosas”, apunta Gato. “Mucha gente piensa que somos vagos y solo estamos para nuestras cosas, que se resumen en jugar a la play y salir los viernes pero nosotros también estamos hartos de clichés”, añade Alba. Ambos han creado con el dinero de sus ahorros (900 euros) una firma de ropa,Kuone, que vende camisetas y sudaderas. Tienen planes de ampliación para el verano. En clase trabajan con el iPad y para la asignatura Iniciativa emprendedora, una hora semanal, diseñaron una web que facilita la comunicación para una parroquia del barrio de Caño Roto, surgido en los años 50 para acoger a los inmigrantes,
Todos los adolescentes consultados para este reportaje darían una oportunidad a Podemos, aunque luego sean como los demás. Gato y Alba sostienen además que todos los partidos son malos y que hay que hacer una limpieza. Y vosotros con quién os quedáis: “Con el partido de en medio”.

viernes, 7 de noviembre de 2014

PRENSA. "Películas y videojuegos no provocan más violencia en las calles"

   En "El País":

Películas y videojuegos no provocan más violencia en las calles

Un estudio analiza el contenido violento de los filmes y videojuegos más exitosos de la historia sin encontrar correlación con la tasa de homidios o delincuencia juvenil

Archivado en:



Carátula de la versión DVD de 'La naranja mecánica', de Stanley Kubrick. Warner Bros.
Un repaso de las películas más taquilleras de la historia apenas ha encontrado correlación entre las más violentas y el número de asesinatos en los años siguientes a su estreno. En el caso de los juegos, la relación es incluso negativa. el aumento de su contenido violento ha coincidido con una reducción de la violencia juvenil en la vida real.
Una búsqueda en Google Scholar, la versión académica del buscador, muestra casi un cuarto de millón de referencias a estudios y libros sobre la violencia de los juegos o las películas y la violencia en la vida real. Por cada uno que sostiene que sus escenas violentas generan actos violentos, hay otro que afirma lo contrario. Aunque el debate no va a terminar con este, un nuevo trabajo usa un enfoque diferente para determinar si existe una relación entre la violencia virtual y la real.
La mayoría de los estudios sobre el impacto de la violencia en el cine o los juegos se han realizado en el laboratorio. Se exponía a los participantes a escenas violentas y se observaba sus reacciones. Pero el profesor de psicología de la Universidad Stetson (Estados Unidos), Christopher Ferguson, ha buscado la conexión en la vida real, comparando la evolución de la violencia en los medios con las cifras de crímenes. Y lo ha hecho en dos estudios paralelos, uno para el cine y el otro para los juegos.

En el primero de sus trabajos, Ferguson recopiló las películas más taquilleras desde 1920 en lapsos de cinco años. Un grupo de colaboradores analizó el minutaje de las 90 películas de la muestra para obtener un cociente de su violencia dividiendo el número de minutos violentos por la duración total. La gráfica resultante la sobrepuso sobre la de la ratio de homicidios en Estados Unidos. El estudio controló otras variables como el nivel histórico de ingresos de las familias, el número de policías en cada momento, la tasa de población juvenil o el Producto Interior Bruto.

No hay correlación entre las escenas violentas de las películas actuales y la tasa de homicidios
En la primera década, los años 20, con títulos como las primeras versiones cinematográficas de Ben Hur o El último Mohicano, las películas eran más violentas que la propia sociedad. De hecho, la introducción del Código Hay por parte de la MPAA, la asociación de productoras de cine, en 1930, redujo la distancia al implantar un sistema de autocensura para rebajar las escenas violentas o de sexo.
Solo durante las décadas centrales del siglo pasado, el estudio presenta una ligera correlación entre la violencia de Hollywood y la real. Correlación que se invierte para ser negativa desde los años 70 y, en especial desde la década del 80, cuando las escenas violentas inundan las pantallas mientras que la tasa de homicidios se reduce.

"Si se observa la tendencia global entre la violencia en el cine y la violencia en la sociedad, encontramos algunas pequeñas correlaciones", dice en un correo electrónico. "Se ven acentuadas a mediados del siglo XX, cuando la violencia en las películas y los homicidios aparecen correlacionados. Sin embargo, este hallazgo se ve cuestionado por las primeras tendencias anteriores a 1940 y desde 1990, cuando la violencia en los medios y la social experimentan una relación inversa. Es una forma de comprobar cómo aunque algunas veces se producen correlaciones, tenemos que ser muy cuidadosos al hacer una lectura causal de los efectos", añade.
Para confirmar sus dudas sobre la relación entre ambos tipo de violencia, Ferguson repitió el análisis pero esta vez con los juegos. Los videojuegos han tomado el testigo de las películas y hoy son señalados como factores que influyen en la conducta de los jóvenes. Incluso la Asociación Americana de Psicología publicó un aviso en 2005 vinculando ambos fenómenos, declaración contestada por centenares de expertos en una carta posterior.


La gráfica muestra la creciente popularidad de los juegos violentos (barra continua) y el descenso de la delincuencia juvenil en Estados Unidos. C Ferguson.
En este estudio, publicado en Journal of Communication, Ferguson tuvo más fácil la tarea de catalogar los juegos. Desde 1996, año en el que inicia su análisis, la patronal del sector califica cada título según la violencia o el sexo de su contenido, recomendando su uso por edades. El psicólogo seleccionó los cinco juegos más vendidos de cada año hasta 2011. La calificación para un juego violento va del 1 al 5, así que la cifra máxima anual sería un valor de 25.
El primer resultado es llamativo: de los 16 años analizados, todos salvo cuatro superaron la cifra de 20 sobre un máximo posible de 25. La media del periodo es de 21,4. Es decir, los juegos violentos son los que más gustan. Pero su segundo resultado lo es aún más: las dos últimas décadas son las que, según las estadísticas oficiales, menor violencia juvenil ha habido en Estados Unidos. Así que hay una correlación pero inversa entre la violencia de los juegos y la violencia de los jóvenes.
¿Se acaba el debate entonces? "Probablemente nunca", opina Ferguson. Para él, "se trata de una cuestión muy emocional, una dialéctica moral que se nutre de guerras culturales y conflictos generacionales. Siempre estará ahí y mientras surjan nuevos medios, habrá reacciones extremas contra ellos".

miércoles, 29 de octubre de 2014

PRENSA. "El porno como educación sexual"

   En "El País":

El porno como educación sexual

El currículo escolar olvida la sexualidad. Con el porno como principal fuente informativa, crece el machismo entre los menores


Más de la mitad de los adolescentes de entre 14 y 17 años han visto porno en Internet. /SANTI BURGOS
Almudena no olvidará el impacto que sufrió el día que descubrió que su hija de 15 años tenía el pubis totalmente depilado. “Me quedé boquiabierta”, dice esta madre que no quiere dar su apellido. “Me pregunté '¿De dónde ha podido sacar esta idea?'. Dice que lo hace por estética, pero yo creo que lo ha sacado de la pornografía, el único sitio donde se ve como lo más normal del mundo”. A Elena, su hija, no hacerlo le daría vergüenza. “Ellos ven raro que no estemos completamente depiladas”, cuenta ya a solas.
La educación sexual de los menores no vive un buen momento en España. Al contrario que en muchos de nuestros países vecinos, aquí no figura en el currículum escolar. Los expertos la califican de “desastrosa”. “Se deja al criterio de los centros educativos, en muchas comunidades se necesita el consentimiento paterno para que los menores la reciban y la puede impartir cualquiera”, se duele Raquel Hurtado, de la Federación de Planificación Familiar Estatal. A pesar de que cada vez más padres hablan de sexo con sus hijos, la desconexión sigue siendo notable. Los menores tienen acceso a su principal fuente de información sobre el asunto con un simple clic: más de la mitad (el 53,5%) de los adolescentes españoles de entre 14 y 17 años ha visto porno en Internet (el dato, de Protégeles, incluye a chicos y chicas). Entre los 11 y los 12, el 4% reciben contenidos sexuales en sus móviles. Y, mal digerido, el porno provoca nuevos comportamientos que los adultos no entienden. “Nuestros cerebros aprenden”, empieza Juan Madrid, el médico del Centro Joven del Ayuntamiento de Madrid. “Si tú te acostumbras a excitarte viendo determinados vídeos luego condiciona tus preferencias”.
Lo cierto es que los adolescentes mantienen su primera relación sexual a la misma edad media de los últimos años: los 17. Pero los que antes se animan a dar el paso, cada vez son más numerosos. El porcentaje que ha tenido su primera relación sexual antes de los 15 se ha más que duplicado entre 2004 y 2012 pasando del 5,2% al 12,3%, según el último informe de sexualidad del Injuve.

“Si una chica no está integralmente depilada, me da asco”, dice un joven
Las adolescentes están acostumbradas a que chicos mayores que ellas las animen a mantener relaciones antes de que les brote el deseo. Patricia es una de ellas. A sus 17 años, esta alumna de un centro privado madrileño perdió la virginidad hace unos meses porque su pareja de entonces le dijo “si no lo hacemos lo vamos a tener que dejar”. “Al final di el paso y ahora que ya no estamos juntos me arrepiento”. A ejemplos como este se refiere Hurtado cuando dice que no le preocupa que los adolescentes tengan relaciones pronto, “si estas son decididas y lo hacen porque les apetece, y no porque hay gente en mi grupo diciendo que lo haga ya”.
Noemí Sánchez es educadora sexual en institutos de Alcalá de Henares (Madrid). “Los chicos ven porno y deducen que su vida sexual va a ser muy parecida”, dice. Ella tiene en cuenta que las nuevas tecnologías, ahora masivas, están plenamente integradas en sus vidas. El 16 de octubre, 35 alumnos de 12 y 13 años del concertado Nuestra Señora de Los Ángeles, en Villaverde (Madrid) escuchan a dos policías del grupo de Participación Ciudadana de la comunidad que les dan una clase de prevención en la que les advierten del peligro de entablar conversación con desconocidos a través de la Red o de compartir imágenes subidas de tono. Un agente les pregunta si utilizan Whatsapp. Levanta la mano toda la clase menos tres chicos. “¿Y sabéis a partir de qué edad es legal disponer de esta aplicación?”, pregunta de nuevo. Los adolescentes se encogen de hombros. “Los 16 años”. Y recibe como respuesta un montón de rostros sorprendidos.
Al este de Madrid, en Coslada, chicas y chicos de entre 17 y 19 años charla en dos bancos enfrentados. Hablan de un vídeo que ha visto todo el alumnado del centro público en el que estudian: “Una chica se grabó tocándose y luego se lo mandó a su novio. Cuando se pelearon, él se lo reenvió a varias personas hasta que lo vio todo el instituto”. La joven se ha cambiado de instituto pero sigue viviendo en el barrio. La consideran “una guarra y una cerda”. “¿Y qué pensáis del chico que difundió las imágenes?”. Silencio sepulcral.

En cifras

El 53,5% de los adolescentes españoles de entre 14 y 17 años ha visto porno en Internet. Entre los 11 y los 12, el 4,1% recibe contenidos sexuales en el móvil.
El porcentaje que ha tenido su primera relación sexual antes de los 15 se duplicó entre 2004 y 2012: pasó del 5,2% al 12,3%.
En 2012 aumentó un 30% el número de procesos judiciales por violencia machista en adolescentes en España: pasó de 473 a 632. En 2013, se redujo la cifra: 327.
El machismo que condena a la mujer atrevida frente al hombre va a más en los adolescentes. “La mujer se ve como un elemento de posesión del hombre y el poder de controlar que nos dan las nuevas tecnologías se usa cada vez más”, dice Madrid. Un estudio del Ministerio de Sanidad sobre la evolución de conductas violentas y patrones sexistas entre menores concluía que el porcentaje de chicas que reconocía haber sufrido insultos subió del 14% al 23% entre 2010 y 2013. Por esas fechas una encuesta de la Comunidad de Madrid desveló que al 5,3% de las adolescentes de entre 14 y 16 años “el chico con el que salían le había impuesto conductas de tipo sexual” que ella rechazaba.
Tres adolescentes —alumnas de un centro público madrileño— confirman que reciben comentarios machistas: “Nos lo sueltan en plan bromita: 'Vete a fregar. Y luego, si ya somos pareja, pueden decirte: 'Eres solo mía'. 'No hables con otros chicos'...”. Varios educadores sexuales se confiesan escandalizados por la aceptación que hay entre los menores hacia los celos. “Sus patrones de pareja son muy chapados a la antigua, el chico se entiende que es superior y muy posesivo”, dice Sánchez. “Ellos intentan controlar como visten y ellas los justifican”. Sánchez culpa en parte a los modelos que reciben desde fuera en canciones, películas y televisión.
Depilarse integralmente el pubis se ha puesto de moda entre las adolescentes (y también entre algunas adultas). “Los directores de nuestros centros de belleza lo confirman”, dice Juan Carlos Lorenzo, de la cadena Aires. “Lo hago por estética” es la respuesta más habitual de las menores. Aunque también dan otras: “Lo hago por si ligo”, dice una chica de 16 años. “Yo por higiene”, dice una joven de 17 que se está haciendo la zona con láser gracias a 650 euros que sus padres le regalaron para el tratamiento. “¿Y duele?”, pregunta una amiga. “Un poco. Quema”. Álvaro, de 18 años, sostiene que la exigencia va en ambos sentidos: “¡Yo cada tres días me afeito mis partes porque ellas también lo demandan!”, dice. “Si me topo con una que no está integralmente depilada, me da asco”. Isabel Serrano, ginecóloga, no está segura de que el porno haya impuesto esta moda; ella ve otro motivo de preocupación: “Yo lo ubico en el modelo estético actual de gustar al otro, lo que incluye gustarle desde los genitales. 'Si le gusto más, no se irá con otras”.

“Ser 'guay' cada vez se vincula más a ser agresivo con ellas”, reza un informe
En 2012, la Comunidad de Madrid encargó un informe sobre la violencia hacia las adolescentes. “Queríamos entender qué estaba pasando en edades tempranas”, dice Marisa Pires, de Acciones de Salud contra la violencia de género. “Todos los jóvenes creen en la igualdad de sexos”, reza el informe; “pero la forma en que se desenvuelven sus afectos no demuestra que la igualdad presida habitualmente sus relaciones mutuas. La violencia de pareja hacia las mujeres se cuela por la afectividad y no por la ideología”.
Es habitual que los adolescentes sufran (y emitan) agresiones verbales imponiendo modelos femeninos y masculinos que han interiorizado desde la infancia. “La agresión de género se está empezando a poner de moda en determinados ambientes”, dice el informe. “Ser 'guay' cada vez está más vinculado a ser agresivo con ellas”. Al autor del estudio, el sociólogo Luis Seoane, le preocupa que los adultos estemos dejando que la educación sexual de los menores evolucione sola y sin control. “Impera una gran hipocresía”, explica Serrano. “Estudiamos la violencia, pero luego no somos consecuentes con nuestros informes. El Gobierno cree, equivocadamente, que impartir educación sexual hará que aumente el sexo entre adolescentes, cuando es al revés: con una buena educación en la materia son más capaces de decir no”.

lunes, 16 de diciembre de 2013

PRENSA. "Mamá, ¿me regalas una 'lipo'?"

   En "smoda.elpaís.com":

Mamá, ¿me regalas una ‘lipo’?

Alemania quiere prohibir la cirugía estética en menores. Su objetivo, entre otros, es evitar que se regalen mastectomías en Navidad, cuando aumenta la demanda. Analizamos el fenómeno.

Mamá, ¿me regalas una ‘lipo’?
El número de operaciones ha aumentado por el bullying. Sobre estas líneas, una escena de Orgullo y prejuicio (2005)
Foto: Cordon Press
En Europa, desde hace varias semanas, hay un sector que mira a Alemania. Y no se trata de la Bolsa, ni de la banca, ni de los funcionarios. Los cirujanos siguen de cerca un proyecto de ley que, de aprobarse, prohibirá el aumento de pecho o el embellecimiento de las orejas de soplillo en menores de 18 años. El objetivo de la coalición alemana es evitar que este tipo de operaciones acabe en la carta a los Reyes Magos. «Regalar una mastectomía a una chica de 15 años en Navidades es inaceptable», afirmaba Jens Spahn, portavoz de la Unión Demócrata Cristiana, uno de los partidos en el poder.
No es el primer país en tomar cartas en el asunto: en Italia y en Queensland (Australia) los adolescentes no pueden someterse a una intervención de cirugía estética si no es por salud. Pero la norma plantea varios interrogantes: ¿Es realmente necesaria? Y, sobre todo, ¿cuál es la situación en España?
«Esta industria no es competencia del Gobierno, las comunidades autónomas inspeccionan las consultas. Nosotros nos ocupamos de vigilar la formación, a través del MIR», explica un portavoz del Ministerio de Sanidad en España. Javier Urra, psicólogo y el primer defensor del menor que hubo en España, aclara algo más la situación: «No existe legislación específica. Pero podemos recurrir a dos normas: la del derecho del paciente y la del menor maduro. Un adulto es libre de hacerse un tatuaje o lo que quiera, pero se entiende que un menor de 14 debe tener el consentimiento de los padres. La franja de los 14 a los 18 años genera más dudas».
El experto divide este periodo de edad en dos tramos: «Hasta los 16 años, los médicos suelen pedir la autorización del tutor: la jurisprudencia dice que no son maduros. Pero de los 16 a los 18 no está claro. Una chica de 16 tiene tarjeta sanitaria y puede trabajar. El doctor puede recurrir al secreto profesional y a la ética para decidir si opera o no», razona. ¿Es paternalista la norma alemana? «No lo sé… Nuestra legislación es suficiente: no es necesario prohibir la cirugía en menores. La mayoría de los padres y médicos son razonables». 
Mamá, ¿me regalas una ‘lipo’?

Foto: Getty Images
Cirugía por capricho. ¿Y quién protege a los adolescentes si los padres acceden a todo y el sistema falla? «Si la intervención es lesiva, si se trata de una liposucción importante, el médico informa al Ministerio Fiscal, y este decide», informa Urra.
¿Pasan más adolescentes por el quirófano hoy? En España y Europa no hay cifras. En EE UU, sí: el número se ha quintuplicado en los últimos 15 años y las peticiones han crecido en un 31%. La Academy of Facial Plastic and Reconstructive Surgery (equivalente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética, Secpre) culpa a las redes sociales y a la banalización de la cirugía: «En este sector se gana dinero y eso atrae a muchos… Algunos lo convierten en un catálogo de supermercado y venden operaciones como si fueran lavaplatos, con bonos y descuentos. Mi junta directiva persigue esta conducta entre los 900 cirujanos titulados. Pero ¿qué hay de los 9.000 que operan en España sin diploma? Necesitamos una ley marco», exige Miguel Chamosa, presidente de Secpre.
En Navidad y Año Nuevo las intervenciones aumentan entre un 15% y un 20% en España. «Además, es un buen momento: días libres, paga extra, la ropa disimula las señales… Pero la operación debe realizarla un profesional». Y añade: «Apoyamos la iniciativa alemana, pero con matices. Hay malformaciones congénitas como las fisuras palatinas (en el labio) que es mejor operar en un bebé. Y si a un niño con las orejas despegada lo llaman Dumbo, el cirujano puede solicitar la opinión del psicólogo y operar con el consentimiento paterno». 
Mamá, ¿me regalas una ‘lipo’?
Mujercitas (1949).
Foto: Cordon Press
En España, este defecto se trata pronto. «A los ocho años. Los adolescentes suelen motivar la mayoría de las intervenciones, a causa del acoso escolar», explica Antonio de la Fuente, cirujano de la clínica homónima. Y añade: «Hay chicas de 17 años con unos senos hasta la cintura que no van a la playa porque no quieren ir en bañador. Entonces, operas. Eso lo vivimos aquí; el resto, es caricatura». El médico se refiere a casos como el de Nadia Ilse, una estadounidense que se operó la nariz, la barbilla y las orejas con 14 años. «Se habla de madres e hijas que se inyectan bótox mutuamente [en 2011 una californiana se lo puso a su hija de ocho años], eso no sucede aquí», apostilla.
En otras ramas no existe tanto dilema, pero la frontera entre la cirugía reconstructiva y la estética es fina. «Siempre pongo el caso de una paciente de 17 años con un seno más desarrollado. Si es para buscar la simetría, opero. Pero si la chiquilla solicita delante de la madre, que se queda boquiabierta, que le aumente la talla, no», dice Chamosa.