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sábado, 28 de febrero de 2015

PRENSA. "El reto de las máquinas pensantes"

   En "elmundo.es":

TECNOLOGÍA Debate internacional de expertos

El reto de las máquinas pensantes


El robot HAL en '2001: Una Odisea del espacio', de Kubrick,...
El robot HAL en '2001: Una Odisea del espacio', de Kubrick, un icono de la inteligencia artificial. EL MUNDO


"¿Qué piensa usted sobre las máquinas que piensan?" Ésta es la pregunta que la revista digital Edge ha lanzado, como todos los años por estas fechas, a algunas de las mentes más brillantes del planeta. Hace poco más de un mes, a principios de diciembre, Stephen Hawking alertó sobre las consecuencias potencialmente apocalípticas de la inteligencia artificial, que en su opinión podría llegar a provocar "el fin de la especie humana". Pero, ¿realmente debemos temer el peligro de un futuro ejército de humanoides fuera de control? ¿O más bien deberíamos celebrar las extraordinarias oportunidades que podría brindarnos el desarrollo de máquinas pensantes, e incluso sintientes? Semejantes seres, además, nos plantearían nuevos dilemas éticos. ¿Formarían parte de nuestra "sociedad"? ¿Deberíamos concederles derechos civiles? ¿Sentiríamos empatía por ellos? Un año más, algunos de los pensadores y científicos más relevantes del mundo han aceptado el reto intelectual planteado por el editor de Edge, John Brockman. Ésta es tan sólo una selección de algunas de las respuestas más interesantes.

Nick Bostrom. Director del Instituto para el Futuro de la Humanidad de Oxford:

Creo que, en general, la gente se precipita al dar su opinión sobre este tema, que es extremadamente complicado. Hay una tendencia a adaptar cualquier idea nueva y compleja para que se amolde a un cliché que nos resulte familiar. Y por algún motivo extraño, muchas personas creen que es importante referirse a lo que ocurre en diversas películas y novelas de ciencia ficción cuando hablan del futuro de la inteligencia artificial. Mi opinión es que ahora mismo, a las máquinas se les da muy mal pensar (excepto en unas pocas y limitadas áreas). Sin embargo, algún día probablemente lo harán mejor que nosotros (al igual que las máquinas ya son mucho más fuertes y rápidas que cualquier criatura biológica). Pero ahora mismo hay poca información para saber cuánto tiempo tardará en surgir esta superinteligencia artificial. Lo mejor que podemos hacer ahora mismo, en mi opinión, es impulsar y financiar el pequeño pero pujante campo de investigación que se dedica a analizar el problema de controlar los riesgos futuros de la superinteligencia. Será muy importante contar con las mentes más brillantes, de tal manera que estemos preparados para afrontar este desafío a tiempo.

Daniel C. Dennett. Filósofo en el Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts

La Singularidad -el temido momento en el que la Inteligencia Artificial (IA) sobrepasa la inteligencia de sus creadores- tiene todas las características clásicas de una leyenda urbana: cierta credibilidad científica ("Bueno, en principio, ¡supongo que es posible!") combinada con un deliciosamente escalofriante clímax ("¡Nos dominarán los robots!"). Tras décadas de alarmismo sobre los riesgos de la IA, podríamos pensar que la Singularidad se vería a estas alturas como una broma o una parodia, pero ha demostrado ser un concepto extremadamente persuasivo. Si a esto le añadimos algunos conversos ilustres (Elon Musk, Stephen Hawking...), ¿cómo no tomárnoslo en serio? Yo creo, al contrario, que estas voces de alarma nos distraen de un problema mucho más apremiante. Tras adquirir, después de siglos de duro trabajo, una comprensión de la naturaleza que nos permite, por primera vez en la Historia, controlar muchos aspectos de nuestro destino, estamos a punto de abdicar este control y dejarlo en manos de entes artificiales que no pueden pensar, poniendo a nuestra civilización en modo auto-piloto de manera prematura. Internet no es un ser inteligente (salvo en algunos aspectos), pero nos hemos vuelto tan dependientes de la Red que si en algún momento colapsara, se desataría el pánico y podríamos destruir nuestra sociedad en pocos días. El peligro real, por lo tanto, no son máquinas más inteligentes que nosotros, que podrían usurpar nuestro papel como capitanes de nuestro destino. El peligro real es que cedamos nuestra autoridad a máquinas estúpidas, otorgándoles una responsabilidad que sobrepasa su competencia.

Frank Wilczek. Físico del Massachussetts Institute of Technology (MIT) y Premio Nobel

Francis Crick la denominó la "Hipótesis Asombrosa": la conciencia, también conocida como la mente, es una propiedad emergente de la materia. Conforme avanza la neurociencia molecular, y los ordenadores reproducen cada vez más los comportamientos que denominamos inteligentes en humanos, esa hipótesis parece cada vez más verosímil. Si es verdad, entonces toda inteligencia es una inteligencia producida por una máquina [ya sea un cerebro o un sistema operativo]. Lo que diferencia a la inteligencia natural de la artificial no es lo que es, sino únicamente cómo se fabrica. David Hume proclamó que "la razón es, y debería ser, la esclava de las pasiones" en 1738, mucho antes de que existiera cualquier cosa remotamente parecida a la moderna inteligencia artificial. Aquella impactante frase estaba concebida, por supuesto, para aplicarse a la razón y las pasiones humanas. Pero también es válida para la inteligencia artificial: el comportamiento está motivado por incentivos, no por una lógica abstracta. Por eso la inteligencia artificial que me parece más alarmante es su aplicación militar: soldados robóticos, drones de todo tipo y "sistemas". Los valores que nos gustaría instalar en esos entes tendrían que ver con la capacidad para detectar y combatir amenazas. Pero bastaría una leve anomalía para que esos valores positivos desataran comportamientos paranoicos y agresivos. Sin un control adecuado, esto podría desembocar en la creación de un ejército de paranoicos poderosos, listos y perversos.

John C. Mather. Astrofísico del Centro Goddard de la NASA y Premio Nobel

Las máquinas que piensan están evolucionando de la misma manera que, tal y como nos explicó Darwin, lo hacen las especies biológicas, mediante la competición, el combate, la cooperación, la supervivencia y la reproducción. Hasta ahora no hemos encontrado ninguna ley natural que impida el desarrollo de la inteligencia artificial, así que creo que será una realidad, y bastante pronto, teniendo en cuenta los trillones de dólares que se están invirtiendo por todo el mundo en este campo, y los trillones de dólares de beneficios potenciales para los ganadores de esta carrera. Los expertos dicen que no sabemos suficiente sobre la inteligencia como para fabricarla, y estoy de acuerdo; pero un conjunto de 46 cromosomas tampoco lo entiende, y sin embargo es capaz de dirigir su creación en nuestro organismo. Mi conclusión, por lo tanto, es que ya estamos impulsando la evolución de una inteligencia artificial poderosa, que estará al servicio de las fuerzas habituales: los negocios, el entretenimiento, la medicina, la seguridad internacional, la guerra, y la búsqueda de poder a todos los niveles: el crimen, el transporte, la minería, la industria, el comercio, el sexo, etc. No creo que a todos nos gusten los resultados. No sé si tendremos la inteligencia y la imaginación necesaria para mantener a raya al genio una vez que salga de la lámpara, porque no sólo tendremos que controlar a las máquinas, sino también a los humanos que puedan hacer un uso perverso de ellas. Pero como científico, me interesa mucho las potenciales aplicaciones de la inteligencia artificial para la investigación. Sus ventajas para la exploración espacial son obvias: sería mucho más fácil para estas máquinas pensantes colonizar Marte, e incluso establecer una civilización a escala galáctica. Pero quizás no sobrevivamos el encuentro con estas inteligencias alienígenas que fabriquemos nosotros mismos.

Stephen Pinker. Catedrático de Psicología en la Universidad de Harvard

Un procesador de información fabricado por el ser humano podría, en principio, superar o duplicar nuestras propias capacidades cerebrales. Sin embargo, no creo que esto suceda en la práctica, ya que probablemente nunca exista la motivación económica y tecnológica necesaria para lograrlo. Sin embargo, algunos tímidos avances hacia la creación de máquinas más inteligentes han desatado un renacimiento de esa ansiedad recurrente basada en la idea de que nuestro conocimiento nos llevará al apocalipsis. Mi opinión es que el miedo actual a la tiranía de los ordenadores descontrolados es una pérdida de energía emocional; el escenario se parece más al virus Y2K que al Proyecto Manhattan. Para empezar, tenemos mucho tiempo para planificar todo esto. Siguen faltando entre 15 y 25 años para que la inteligencia artificial alcance el nivel del cerebro humano.Es cierto que en el pasado, los «expertos» han descartado la posibilidad de que surjan ciertos avances tecnológicos que después emergieron en poco tiempo. Pero lo contrario también es cierto: los «expertos» también han anunciado (a veces con gran pánico) la inminente aparición de avances que después jamás se vieron, como los coches impulsados por energía nuclear, las ciudades submarinas, las colonias en Marte, los bebés de diseño y los almacenes de zombis que se mantendrían vivos para suministrar órganos de repuesto a personas enfermas. Me parece muy extraño pensar que los desarrolladores de robots no incorporarían medidas de seguridad para controlar posibles riesgos. Y no es verosímil creer que la inteligencia artificial descenderá sobre nosotros antes de que podamos instalar mecanismos de precaución. La realidad es que el progreso en el campo de la inteligencia artificial es mucho más lento de lo que nos hacen creer los agoreros y alarmistas. Tendremos tiempo más que suficiente para ir adoptando medidas de seguridad ante los avances graduales que se vayan logrando, y los humanos mantendremos siempre el control del destornillador. Una vez que dejamos a un lado las fantasías de la ciencia ficción, las ventajas de una inteligencia artificial avanzada son verdaderamente emocionantes, tanto por sus beneficios prácticos, como por sus posibilidades filosóficas y científicas.

jueves, 11 de diciembre de 2014

PRENSA. "Diez refranes españoles que deberíamos utilizar más, explicados por la ciencia"

   En "elconfidencial.com":


Los diferentes refraneros, no únicamente el español, tienen fama de representar un pensamiento conservador, cuando no directamente desfasado o retrógrado. En muchas ocasiones, los dichos se han ganado esta fama a pulso, como aquel “la mujer honrada, con la pierna quebrada y en casa” que reproducía Benito Pérez Galdós en Tristana. En otras tantas, se trata de principios que anticipan la visión ideológica del karma (“el que siembra vientos, cosecha tempestades”), consuela al débil (“Dios aprieta pero no ahoga”), resume la filosofía del rumor periodístico (“si el río suena, agua lleva”) o parece apuntar a la corrupción política (“el que parte y reparte se lleva la mejor parte”). 
Podemos plantear un ejercicio de ciencia ficción –en el sentido estricto del término– y preguntarnos si alguna investigación surgida de ámbitos sociológicos, psicológicos o científicos ha conseguido demostrar algunas de las máximas de nuestro refranero. Y parece ser que así es, si nos lo tomamos con un poco de guasa: en repetidas ocasiones, la sabiduría del pueblo ha aparecido reflejada en las conclusiones de los estudios de las revistas científicas de mayor impacto, quizá sin que sus autores sospechasen dicha conexión entre lo riguroso y el conocimiento oral. Probemos con algunos de los más conocidos, que han sobrevivido a décadas de desgaste.
A río revuelto, ganancia de pescadores
Esta máxima sugiere que es en las situaciones de confusión o en las que se producen más desencuentros cuando aquellos más hábiles son capaces de sacar tajada. Por una parte, nos puede recordar a que la crisis económica de 2008 no ha empobrecido a toda la población por igual, sino que ha debilitado a las clases medias y bajas mientras que ha enriquecido aún más a las que se encontraban en lo más alto de la pirámide social. Pero, desde un punto de vista más positivo, puede entenderse como que las crisis son el momento ideal para invertir en activos devaluados que con el tiempo aumentarán de valor. Aunque, ¡cuidado! Parece ser que Jenaro García, fundador de Gowex, compartía dicha tesis… 
El que mucho abarca, poco aprieta
Hoy en día ya se encuentra en boca de todos el multitasking, es decir, pensar que somos capaces de hacer varias tareas al mismo tiempo y, todas ellas, bien. Como explicó Nicholas Carr en el célebre Superficiales: ¿qué está haciendo internet con nuestras mentes? (Taurus), los que más cosas hacen a la vez son los que peores resultados obtienen.
Burro grande, ande o no ande
¿El tamaño importa? Aunque no todo el mundo estaría de acuerdo, especialmente el sector menos dotado de la población masculina, una investigación realizada en la Universidad de Rutgers confirmó que, efectivamente, más es mejor. Para aquellos que empiecen a sentirse mal, merece la pena recordar que el tamaño sólo importa a algunas mujeres y para conseguir orgasmos vaginales, como explicó el estudio publicado en el Journal of Sexual Medicine.
No te preocupes: el tamaño sí que importa, pero también hay que saber cómo funciona. (Corbis)No te preocupes: el tamaño sí que importa, pero también hay que saber cómo funciona. (Corbis)
Con la barriga vacía, ninguno muestra alegría
El hambre y sus efectos en el organismo, especialmente en nuestro cerebro, ha preocupado repetidamente a los científicos. Por una parte se encuentran aquellos que creen que el hambre efectivamente agudiza el ingenio, puesto que la grelina, la hormona del apetito, obliga al hombre a buscar alimentos. Pero también se encuentran aquellas investigaciones, como la realizada porJonathan Levav de la Escuela de Negocios de Columbia, que demostraba que los jueces tienden a negar la libertad condicional a quienes la solicitan cuando sienten hambre, puesto que es la opción menos conflictiva para ellos.
El tiempo todo lo cura menos vejez y locura
Las ciencias de la salud han avanzado sensiblemente durante el último siglo y medio, hasta el punto que hemos sido capaces de erradicar un gran número de enfermedades y alargar la esperanza de vida hasta límites insospechados. Pero aún hay algo que se escapa a los médicos, y es la desaparición de las enfermedades neurodegenerativas asociadas con la vejez como el alzhéimer. Lo máximo que podemos hacer es retrasar la aparición de una de las grandes plagas de nuestro tiempo. 
Haz bien y no mires a quien
Innumerables investigaciones, como la realizada por el neurocientífico del National Institute of Health estadounidense Jordan Gaffman, han recordado que dar dinero a los demás nos hace tan felices como obtenerlo. El altruismo previene contra el estrés y la depresión, pero no únicamente con nuestros seres queridos, sino también con los que no conocemos, aquello que ha sido descrito por los evolucionistas como un error evolutivo.
La suerte de la fea, la guapa la desea
En los últimos años, y como han denunciado varias mujeres como Samantha Brick, productora y consultora televisiva para la FOX, la BBC o la MTV, las mujeres bellas parecen estar sufriendo una importante discriminación en el puesto de trabajo, en cuanto que se sienten apartadas por jefas inseguras y otras mujeres que temían temen de ser el centro de atención. No sólo ocurre entre ellas: los hombres también se quejan de que una buena apariencia les impide ascender en sus carreras profesionales.
Las guapas también lo tienen difícil en el lugar de trabajo. (Corbis)Las guapas también lo tienen difícil en el lugar de trabajo. (Corbis)
Más vale prevenir que curar
Aunque el debate aún se encuentra abierto y hay buenas razones para pensar lo contrario (dicha tesis ha llegado a recibir el nombre de la falacia de Beveridge), son muchos los profesionales sanitarios que apuestan por una política basada en la prevención y no en la sanación, puesto que ello permitirá ahorrar una gran cantidad de costes. Se trata de una idea popular en muchos discursos políticos y sociales, incluido el de Barack Obama.
Piensa mal y acertarás
Quizá los pesimistas no siempre tengan razón como sugiere el dicho, pero sí que viven más tiempo, como explicaba un estudio publicado por la Asociación Psicológica Americana. Este demostraba que los ancianos que no tenían grandes expectativas sobre el resto de su vida tendían a vivir más que aquellos que pensaban que tenían unos cuantos años de placeres y felicidad por delante. ¡Ah, qué irónica es la vida!
A nadie le amarga un dulce
Ni siquiera un chocolate: como explicó una investigación publicada en Current Biology, comer una tableta de chocolate puede generar un efecto en el cerebro similar al que se experimenta cuando se consumen drogas, puesto que permite la liberación de encefalina, que provoca una sensación de placer. ¡Cuidado! El consumo exagerado de dulces puede llegar a afectar nuestro rendimiento mental (no digamos ya a engordarnos), así que debemos aprender a rechazar esas tentaciones que se presentan tan seductoras.  

martes, 2 de diciembre de 2014

PRENSA. "¿Podemos fiarnos de la inteligencia colectiva?". José Antonio Marina

   En "Elconfidencial":


AA
La “inteligencia colectiva” está de moda. Es, sin embargo, un continente a medio explorar, con mapas todavía muy rudimentarios. Los neurólogos han llegado a la conclusión de que no podemos estudiar un cerebro aislado. Uri Hasson, de la Universidad de Princeton, ha medido la actividad cerebral de un par de sujetos que conversan. La actividad cerebral del oyente reflejaba la del hablante. Es muy probable que las fantásticas capacidades de la inteligencia humana tengan un origen social. 
Jerome Bruner, uno de los más importantes psicólogos vivos, escribe: “La inteligencia humana no es un patrimonio de cada persona, sino que es un bien comunal, en cuanto que su despliegue y enriquecimiento dependen de la capacidad de cada cultura para ofrecer instrumentos adecuados a tal efecto”. De esto podemos sacar una consecuencia inquietante: las sociedades pueden ser inteligentes o estúpidas, y esa índole influye en la inteligencia de sus componentes. “¡Qué difícil es no caer cuando todo cae!”, gemía Antonio Machado. Comienza a hablarse de una “inteligencia vygotskiana”, así llamada en recuerdo de Lev Vygotsky, un genial psicólogo de principios del siglo XX, cuya tesis principal era que la inteligencia individual estaba determinada por la cultura en que se desarrollaba. Es un híbrido de genética y cultura. La conclusión es evidente: nos interesa vivir en sociedades con talento.
Junto al entusiasmo por las posibilidades que nos brindan las nuevas tecnologías, aparecen voces más cautas, que hablan de la glorificación del “me gusta” en detrimento de la argumentación
Las nuevas tecnologías nos han introducido en tupidas redes de comunicación, rápidas, globales y baratas que favorecen la interacción entre inteligencias individuales. Esto ha disparado el interés por la inteligencia colectiva. Han aparecido nuevas palabras y conceptos: inteligencia compartida, inteligencia colectiva, epistemic communities,  inteligencia en red, computación social, computación distribuida, groupthink, smart mob, crowdwisdom, wikinomic, groundswell, innovación democrática, evolución espontánea, multitudes inteligentes. La NASA tiene un “laboratory of distributed intelligence”, el MIT elabora un Handbook of collective intelligence. ¿Qué está pasando? ¿Es un progreso científico o una moda?
Bajemos al mundo cotidiano. ¿De quién se fiaría usted más, de un jurado o de un juez? Se debate si es mejor una política económica de austeridad o de expansión. ¿En quién confiaría? ¿En una votación popular? ¿En un grupo de expertos? ¿En una única persona capaz de decidir qué grupo de expertos es más convincente? ¿Quién prefiere que tome una decisión sobre su vida, usted: un médico o un equipo de médicos?
Irving Janis ha estudiado lo que denomina groupthink, los errores que cometen los grupos al tomar decisiones. Analizó el bombardeo a Pearl Harbor, la guerra de Vietnam y la invasión de Bahía de Cochinos. Los trending topics indican lo que en un momento está interesando más a un gran número de personas. ¿Le parece a usted que los asuntos más interesantes son los que interesan a más gente? Junto al entusiasmo por las posibilidades que nos brindan las nuevas tecnologías, aparecen voces más cautas que hablan del “rebaño digital”, del empobrecimiento del sentido crítico, de la glorificación del “me gusta” en detrimento de la argumentación.
Educando en sociedad
Desde el punto de vista de la educación, este es un tema apasionante. El talento de las naciones es un objetivo educativo de primera magnitud,puesto que de él depende en parte el talento de los individuos. ¿Sabemos cómo fomentarlo? El talento es la inteligencia en acción, que elabora buenos proyectos y toma buenas decisiones. Para conseguirlo tiene que buscar la información necesaria, gestionar las emociones de la forma adecuada, y tener acertados criterios de evaluación. La semana pasada les hablé de la“educación del inconsciente”, que es la fuente de nuestras ocurrencias. Podríamos, por extensión, hablar de un “inconsciente social”, es decir, de una enorme red de influencias mutuas que hace que una sociedad desee, piense y actúe de una manera determinada. Si una sociedad está furiosa, se le ocurrirán ideas violentas. Si está movida por un entusiasmo racista, se le ocurrirán acciones racistas. Si no tiene sentido crítico, se le hará comulgar con ruedas de molino. Gigantescos sistemas de adoctrinamiento, propaganda, publicidad, pivotan sobre cada uno de nosotros, intentando motivarnos para algo. No sólo vivimos en medio de una “red de información”, sino de una “red de incentivos” prometidos, que influyen en nuestras creencias, nuestros sentimientos y nuestra acción.
Una organización con talento es aquella en que un grupo de personas que tal vez no sean extraordinarias, por el hecho de colaborar de una manera determinada pueden producir resultados extraordinarios
La inteligencia social –la que emerge de la interacción de las inteligencias individuales– es un fenómeno que puede estudiarse a distintas escalas. En todas ellas, produce dinámicas ascendentes o descendentes. Cada relación aumenta o reduce nuestras competencias.
Un caso de inteligencia compartida al que he dedicado mucha atención es la “inteligencia de las parejas”. Las hay triunfantes y las hay fracasadas, según aumenten o disminuyan el talento de sus componentes. También me ha interesado la “inteligencia de las organizaciones”. Una organización con talento es aquella en que un grupo de personas que tal vez no sean extraordinarias, por el hecho de colaborar de una manera determinada, pueden producir resultados extraordinarios. Este plus es el que me interesa, porque es la esencia del progreso social. Ahora estoy embarcado en el estudio del talento de colectividades más grandes: las ciudades o los estados. Pueden ver la web Ciudades con Talento. 
En este momento, una formación política –Podemos– ha apelado directamente a la “inteligencia colectiva” para elaborar su programa. Me interesa como experimento social porque hasta este momento cada partido político se encargaba de presentar un programa a la sociedad, e intentaba persuadirla de que era la mejor solución. El papel de la ciudadanía en una democracia era elegir entre distintos programas o gobernantes. Las propuestas de soluciones venían de arriba abajo. Lo que intenta Podemos es fundar la invención política en la comunidad, es decir, implantar un dinamismo de abajo arriba. Eso supone una confianza completa en la “inteligencia colectiva”. La pregunta decisiva es si esa confianza está fundada. Si la sociedad, por el hecho de existir, ya posee el talento necesario para proponer soluciones a los complejos problemas con que nos enfrentamos o si hace falta un proceso educativo previo para que la alcance. James Surowiecki, en el libro Cien mejor que uno. La sabiduría de la multitud (Tendencias), señala que, dadas unas circunstancias adecuadas, los grupos manifiestan una inteligencia notable, y con frecuencia son más listos que los más listos de entre ellos. El argumento de este libro es que no hay que ir a la caza del experto, porque eso es una pérdida de tiempo y además muy costosa. Lo que debemos hacer es dejar de buscar y consultar a la multitud (que, por supuesto, contiene tanto a los genios como a todos los demás). Tenemos muchas posibilidades de que ella sepa.
Friedrich Hayek.Friedrich Hayek.
En este punto, se producen coincidencias sorprendentes.Quienes están más de acuerdo con las tesis metodológicas de Podemos no son las ideologías comunistas, sino el liberalismo económico. La crítica que hizo Friedrich Hayek, premio Nobel de Economía, a las economías planificadas se basaba en que estas eran incapaces de aprovechar el “conocimiento distribuido” que existía en los consumidores. Ellos sabían lo que necesitaban y lo que querían, no los planificadores encerrados en un despacho entre estadísticas. Para Hayek, el mercado era la única herramienta para aprovechar esa “inteligencia colectiva”. Recordarán que los economistas liberales admiten, basándose en un viejo texto de Adam Smith, la existencia de una “mano invisible” que arregla todos los asuntos económicos por el simple juego de los intereses individuales. “No es la benevolencia del panadero lo que lleva el pan a tu casa, sino su interés en ganar dinero”, era el resumen de su postura. La “mano invisible” no funciona del todo bien.
Podemos se basa en otra metodología: lo que puede aprovechar políticamente la “inteligencia colectiva” es el debate abierto entre todos los afectados. Es la tesis de la “democracia participativa” del alemán Jürgen Habermas. De ese debate surgiría la luz. Lo malo es que cualquiera que haya asistido a un debate parlamentario, a una tertulia de televisión o a una junta de vecinos verá que ese debate ideal no está al principio, sino al final de un proceso de educación política.
Volvemos de nuevo a la necesidad de una educación política capaz de aumentar la “inteligencia social”. Una inteligencia informada, crítica, inventiva, tenaz y justa. Un tema absolutamente prioritario.  

miércoles, 12 de noviembre de 2014

PRENSA CULTURAL. "¿Qué está haciendo internet con nuestra inteligencia?". José Antonio Marina

   En "elconfidencial.com":


AA
“En este momento, perder el smartphone es lo más parecido a sufrir un ictus cerebral”. Esta afirmación, dicha por un neurocientífico, debe darnos que pensar. Las nuevas tecnologías de la información (TIC) ofrecen gigantescas posibilidades, pero la rapidez con que se han implantado, y la profundidad con que han cambiado nuestra vida social, laboral y económica nos han impedido comprender bien sus efectos. Por ejemplo,están transformando el modo como gestionamos nuestro propio cerebro.
Toda actividad cambia el cerebro, porque en eso consiste precisamente el aprendizaje, pero las TIC lo hacen de una forma especialmente poderosa. Son “tecnologías de la inteligencia”. Hay, en efecto, tecnologías que permiten cambiar el entorno material, producir objetos nuevos. Y hay otras que cambian la propia inteligencia que las ha inventado. El lenguaje, la escritura, la notación algebraica y musical, el libro o los ordenadores, por ejemplo. Desde el punto de vista del aprendizaje, posiblemente las TIC están produciendo los mayores cambios desde la aparición de la escritura. Conviene recordar que entonces surgieron voces alarmadas advirtiendo que guardar la información en libros disminuiría la inteligencia humana.
Uno de esos recelosos del libro fue Sócrates, que pensaba que nadie se esforzaría en aprender nada si podía leerlo. Séneca contó la historia de un patricio romano que, sin duda para evitar la lectura, hizo que cada uno de sus esclavos aprendiera un libro de memoria. Ellos podrían darle la información necesaria, en cada caso. La situación se repite, porque hoy día mucha gente piensa ¿para qué voy a aprender algo si puedo encontrarlo en Google? Estoy seguro de que encontraremos un modo de desactivar tan peligrosa idea.
Debemos conocer los efectos que produce la interacción continuada de cerebro y máquina
Las nuevas tecnologías que configuran la inteligencia de los usuarios y sus modos de sociabilidad están dirigidas por la mera expansión tecnológica y por sus aplicaciones económicas. Todo lo que la técnica pueda hacer, antes o después se hará. Por eso es tan importante una reflexión social sobre la técnica. Y el mundo de la educación tiene la obligación de hacerla.
Las TIC como parte del sistema educativo
Se nos pide que enseñemos a utilizar las TIC. Estoy de acuerdo, porque nuestros alumnos viven y van a vivir en ese entorno, pero eso no significa enseñarles los trucos tecnológicos –esos los conocen muy bien–, sino enseñarles a usar inteligentemente la tecnología. “Un burro conectado a internet sigue siendo un burro”, y lo que necesitamos es que delante de la pantalla haya personas inteligentes y lo más instruidas posible, para que no caigan en la tentación de pensar que conectarnos a una máquina inteligentísima nos hace automáticamente inteligentes.
Para decir algo sensato sobre tan complejo asunto, debemos conocer los efectos –buenos y menos buenos– que produce la interacción continuada de cerebro y máquina. Empezamos a tener información de cómo influye en la memoria, la atención y la inteligencia emocional. Nicholas Carr resumió alguna de las investigaciones más llamativas en su libro Superficiales (Taurus). La gestión de la información que el ordenador permite nos obliga a reformular una parte del aprendizaje, en especial lo referente a la memoria a largo plazo, que es la estructura básica de la inteligencia. En ella están contenidos no sólo los datos, sino los procedimientos, las destrezas, los hábitos, los esquemas emocionales.
El cambio en el funcionamiento de la memoria
Picasso pintaba desde su memoria, Rafael Nadal juega desde su memoria, y nos enamoramos todos desde la memoria. Sin la memoria, ni siquiera reconoceríamos a la persona amada o a la pelota de tenis. Gracias a las TIC,la memoria a largo plazo puede estar dividida. 
Una parte puede residir en el cerebro y otra parte en el ordenador. Si acertamos al hacerlo, la inteligencia puede aumentar su capacidad de una manera extraordinaria, pero hay que saber hacerlo. La tarea del aprendizaje es construir la propia memoria y, por lo tanto, también esa memoria compartida, depositada en el ordenador, que no es Google, sino la selección y organización de datos elaborada por cada uno.  
Información inmediata: memoria a corto plazo
Esta es la gran posibilidad, pero ahora debo hablar de un persistente problema. El estilo de acceso a la información que favorecen las nuevas tecnologías –rápido, en formatos multimedia, en hipertextos, en mensajes rápidos, gamificados– facilitan las multitareas, permiten manejar muchísima información en pantalla, desarrollar velocidad de asociación y respuestas, pero el paso a la memoria a largo plazo es difícil.
Se está reduciendo drásticamente el tiempo dedicado a interacciones personales directas
Nuestros jóvenes manejan muchísima información en lo que llamamos “memoria de trabajo”, pero luego recuerdan muy poco. Esto quiere decir que debemos perfeccionar nuestros sistemas de aprendizaje para aprovechar las ventajas de las TIC y reducir sus contraindicaciones. 
La influencia de las TIC en los comportamientos sociales
En el mundo emocional sucede lo mismo. Nos permite estar siempre socialmente conectados, pero a través de un medio virtual. Las relaciones presenciales comienzan a hacerse pesadas, complejas, e incomprensibles. Sigo desde hace años la obra de Sherry Turkle, profesora del MIT, es decir, del gran vivero de innovación tecnológica, que lleva treinta años estudiando la repercusión psicológica del uso masivo de nuevas tecnologías. Es autora de una trilogía imprescindible: El segundo yo (es decir, el ordenador personal), La vida en la pantalla (sobre el atractivo de la vida virtual) y Alone Together (sobre el nuevo sentido de la intimidad, de la sociedad y de la compañía). Parece que está cambiando la idea de identidad personal y de relación social.
Estudios de la Universidad de Stanford muestran que se está reduciendo drásticamente el tiempo dedicado a interacciones personales directas, lo que puede ir debilitando las redes neuronales dedicadas a la vida social real. Ayer, en un restaurante, una familia comía cerca de mí. Los padres y dos hijos adolescentes. Cada uno estaba pendiente de su móvil, y no creo que cruzaran más de veinte palabras entre ellos.
La toma de decisiones en la sociedad digital
Jaron Lanier, una gran figura de la tecnología, reconocido como una de las personalidades más influyentes del mundo en 2011 por la revista Time, inventor de la tecnología de la realidad virtual, alerta de la dilución del individuo en la “inteligencia colectiva informática”, en su libro titulado Contra el rebaño digital. Cabe la posibilidad de que renunciemos voluntariamente a tomar decisiones, y se lo encomendemos al sistema digital. 
Para conseguir el máximo provecho de las TIC sin depender excesivamente de ellas, conviene fortalecer las funciones ejecutivas de la inteligencia humana
Todas estas dificultades pueden resolverse, si nos damos cuenta de que son dificultades. Por eso conviene llamar la atención sobre ellas. Las TIC han llegado para quedarse, cada vez serán más poderosas e inteligentes, y nos obligarán a desarrollar un nuevo modo de inteligencia capaz de aprovecharlas bien.
Con mi equipo de investigación trabajo en un modelo de inteligencia que me parece muy prometedor. Pueden ver un resumen aquí. 
Para conseguir el máximo provecho de las TIC sin depender excesivamente de ellas, conviene fortalecer las “funciones ejecutivas” de la inteligencia humana. Es decir, que la capacidad de dirección, de elección, de toma de decisiones debe estar en el sujeto, que sabrá manejar adecuadamente la información, esté en su memoria neuronal o en su memoria informática. Enfocada de esta manera, la función principal de la inteligencia no es manejar información, sino manejar la información, las emociones, las motivaciones, las fortalezas necesarias para tomar decisiones adecuadas y realizarlas.
No abandonarnos a la inteligencia de las máquinas
No podemos caer en el espejismo de reducirlo todo a información. Eso ha sucedido en la economía y nos hemos encontrado con una hipertrofia de la economía virtual, y un maltrato de la economía real. La acción es la culminación de la inteligencia, y todo lo demás, TIC incluidas, son servidores útiles. Si tenemos esto claro evitaremos la excesiva dependencia de las máquinas, sin dejar de aprovecharse de ellas. En su reciente libro Atrapados. Cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas, Nicholas Carr recuerda que en 2013 la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos dirigió a los pilotos un comunicado en el que les pedían que utilizaran las operaciones de vuelo manuales cuando fuera posible.
Varios graves accidentes habían revelado que el exceso de automatización podría llevar al deterioro de la capacidad del piloto para "sacar eficazmente a la aeronave de una situación no deseada". Es un buen ejemplo para comprender las ventajas y los riesgos de las TIC. Los sistemas informáticos han aumentado espectacularmente la seguridad de los aviones, no sólo mediante los sistemas de vuelo, sino también gracias al uso de “simuladores de vuelo” para el aprendizaje de los pilotos. Pero pueden convertirse en un peligro si los pilotos olvidan que ellos son la “inteligencia ejecutiva” del aparato. Pues lo mismo nos pasa a todos.