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sábado, 11 de junio de 2011

POESÍA. "La noche perdida", de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975)

Alejandro Zambra

LA NOCHE PERDIDA

                  I

El agua de esta parte del mar
El viaje, los trabajos y la espera
Esta noche es la noche perdida
Esta noche es el día siguiente.

                       II

Ella pronuncia palabras antiguas
y teje un abrigo para los tiempos difíciles

Desde sus ojos es posible ver
los árboles cerrados después del invierno
la lluvia de los días anteriores
Ella pronuncia palabras antiguas
como si siempre hubiera que partir.

                       III

Esta noche vuelvo sobre mis pasos.
No tengo frío, pero ya he pasado mucho tiempo
en esta parte del mar. Es la séptima vez
que escribo esta carta.

                       IV

Cuál es la relación
entre el invierno y la ausencia del barco
entre la sal y los peces nuevos
entre esta noche y el porvenir
Esta noche es la noche perdida
Esta noche es el día siguiente.

viernes, 10 de junio de 2011

POESÍA. "Viaje de Laertes", de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975)

Alejandro Zambra

VIAJE DE LAERTES

Mi equipaje ya está a bordo.
Adiós, hermana mía
Cuando los vientos sean favorables
y el barco seguro,
escríbeme.
Y si en mi ausencia tienen lugar
los tiempos difíciles,
guarda estas palabras en el fondo de tu pecho:

Hermana,
Ofrece tus cicatrices al viento
Recuerda los espasmos del océano
Respeta el tronco de un árbol caído
(Duerme, la noche siempre llegará a la misma hora)

Si es necesario que regrese
Será para traer un gesto de neblina
entre los ojos
Será para relatarte
el pasado del mar.
Y entonces
volverás a encontrar
el lugar de tu ventana
Volverás a ser
el reflejo de una lágrima
entre las olas
de la tormenta

jueves, 9 de junio de 2011

POESÍA. "Propiedad de la espera", de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975)

Alejandro Zambra

PROPIEDAD DE LA ESPERA

Trata de sentir el suelo
Sus pies se hunden en la arena seca
Busca sus pies
Detiene el movimiento de sus manos
Ha encontrado sus pies pero no los mira
Todo es igual a como era antes
Necesito explicar que es así,
que todo es igual a un momento anterior,
doloroso.
Supongo que hay mar ante sus ojos
y que ella mira el mar
como mira el centro de un espejo difícil.

miércoles, 8 de junio de 2011

POESÍA. "Poema en un libro vacío", de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975)

Alejandro Zambra

POEMA EN UN LIBRO VACÍO

                Y, con todo, el cuerpo es un lugar donde nada muere
                                                                                        Paul Auster

Observo una de las cuatro paredes
Cuando alce una mano
esa sombra será mi sombra
Hace dos horas es tarde
También es tarde en la pared.

Tomo la posición de un cuerpo cansado
Decido que el viento golpea intensamente en la ventana
Decido la situación de mis ojos
Pienso en una fotografía
En la mesa hay un vaso con agua hasta la mitad
Beberlo es lo único que está pendiente.

Observo una de las cuatro paredes
Cuando pienso, esa sombra es sólo una sombra
con bordes exactos e inevitables
una imagen parecida a un cuerpo
Hace dos horas llegué a este cuarto
Al cerrar la puerta sentí el ruido
que hace algo al destruirse
Quizás era la última nuez
o una fotografía difícil
o los restos de un espejo.
Si abriera la puerta no miraría hacia el suelo.
Para qué.

Observo una de las cuatro paredes
Propongo las orillas de mi sombra
Mi sombra se refiere a la pared
Todo se refiere a la pared
En la pared es tarde
Hace dos horas el viento insiste contra la ventana
Traspaso papeles de una caja a otra
No son recuerdos, son fragmentos
que anticiparon esta hora equívoca.

Miro una fotografía
La oculto en un libro
Si alguien lo abriera
pensaría que marqué la página
en que dejé de leer
o que quise recordar ese poema,
este poema.

Puedo asegurar que no es así.
No es así.

No necesito mirar mis manos
Sé que las tengo cerradas
Miro, en cambio, hacia el lugar
donde está la mesa
Veo el vaso y no veo el agua
Veo el agua y no veo el vaso
Es como si pudiera jugar con las palabras.

Observo una de las cuatro paredes
Si alzo una mano esa sombra será la mía
Si hago el menor movimiento
ocurrirá la sombra de alguien
que toma un vaso de agua
y piensa en sí mismo
como en un extraño.

martes, 7 de junio de 2011

POESÍA. "El día siguiente", de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975)

Alejandro Zambra

EL DÍA SIGUIENTE

Sobre la carga de los días persistentes
En el lugar en que debía estar una sombra
En espera del antiglio roce entre los peces y la sal

Desde aquí es posible escuchar
la respiración de la lluvia

(Observa el movimiento de las aguas.
Cuáles son las sombras que originó tu paso.
Cuál es ese sueño que no recuerdas.
Cuál es tu tristeza. Cuáles son las formas de tu tristeza.
Tu llanto. Cuáles son los colores de tu llanto).

La noche es la invención de la paciencia
Y esta noche todo sucede por última vez

El viento no respeta la forma de los árboles.
Las raíces pierden el sentido de sus años
La música se desvía hacia la orilla del océano
Y tú vuelves a ofrecer
tus cicatrices al viento

Ven, el invierno conoce la duración de tu viaje
Ven, esta noche es el día siguiente

Deja que los dioses calmen tu dolor
Sólo ellos pueden hacerlo
Yo sólo miro por la ventana
Y espero el final de nuestro último abrazo.

lunes, 6 de junio de 2011

POESÍA. "Inverness", de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975)

Alejandro Zambra

INVERNESS

               I

Los barcos regresan esta noche
ensayando con los surcos
en el agua
la última bienvenida
                           (El mar es un
pedazo de lluvia)
El puerto está igual
desde hace años
todavía es invierno
y todo el horizonte
es una mirada
hacia el fondo
de la noche.

             II

                  No quisiera quedarse, ni salir
                                                Ezra Pound

Cuatro paredes cuando sopla
el viento:

sin movimientos
o con el solo movimiento de los ojos
un hombre pone su atención
en el suelo

Mañana hablaremos del mar
Mañana cambiaremos el lugar
de esa ventana.

                   III

Una casa, una ventana
Abrazos para una derrota
Abrazos para un regreso
Una casa, una ventana
y cuatro paredes cuando sopla
el viento.

                   IV

Alguien cambió el lugar del bosque
que antes estuvo aquí
donde sólo quedan pedazos de mar
acercándose a mis manos.

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Entrevista al poeta y narrador chileno Alejandro Zambra

Alejandro Zambra

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Alejandro Zambra, el hombre que lee

LEILA GUERRIERO 28/05/2011

   El poeta y narrador chileno es una de las voces más originales de la nueva generación de autores en español. Elegido en listas como las de 'Bogotá 39' y 'Granta', publica Formas de volver a casa, una historia durante la dictadura de Pinochet

   Que es chileno, que nació en 1975, que es poeta, que es narrador, que en 2010 fue elegido por la revista británica 'Granta' como uno de los veintidós mejores escritores en lengua española de menos de treinta y cinco años, que este mes publicó su tercera novela, Formas de volver a casa, en la editorial Anagrama, donde salieron también sus dos primeras, Bonsái y La vida privada de los árboles. Que Bonsái -cuarenta páginas en formato Word que devinieron, publicadas, en noventa y cuatro- fue traducida al francés, inglés, italiano, portugués, neerlandés, serbio, griego, turco, hebreo y coreano. Que es licenciado en Literatura Hispánica, magíster en Filología y profesor en la Universidad 'Diego Portales', de Chile. Todas esas cosas se saben de Alejandro Zambra. Estas otras se saben un poco menos: que, puesto a elegir, y si tuviera dieciocho, estudiaría japonés y no literatura; que es vegetariano teórico ya que casi lo único que come es carne; que padece migrañas desde pequeño; que, mientras estudiaba en la universidad, no pensó ni una sola vez en ser escritor porque lo que quería, realmente, era leer.
   La casa, en el barrio de La Reina, en Santiago de Chile, está helada. La estufa flamea en su grado mínimo para evitar que el gas, a punto de acabarse, se acabe.
   -De hecho, te estaba esperando para encenderla, así nos dura.
   Es noche afuera y adentro hay dos gatas, un teclado, la estufa, una biblioteca. Alejandro Zambra fuma, bebe una taza de té, dice que en 1998 se topó con una foto de la instalación de un artista plástico en la que se veían árboles envueltos.
   -Eso me disgustó mucho, porque en teoría defiendo la naturaleza y soy súper ecologista y vegetariano.
   -Pero hay dos bifes enormes descongelándose en tu cocina.
   -Por eso: en teoría. Respeto mucho a los vegetarianos, aunque no hago más que comer carne. De hecho, pensaba que podemos ir a comer juntos después de esta entrevista. Hay un sitio aquí cerca. Y sólo sirven carne.
   La anécdota de los árboles envueltos explica el germen de Bonsái, pero ahora la conversación deriva hacia otras cosas -carne, sitios donde la preparan bien- y quizás entonces lo mejor sería empezar por el principio.

- - - - -

   Había una madre, había una hermana mayor, había un padre que se dedicaba a cuestiones relacionadas con la computación, y había este chico que encontró el gusto por la lectura desde pequeño, y por la escritura también desde pequeño.
   -Una vez escribí un poema, 'Fiestas patrias', o algo así. Tenía nueve, diez años. Un día me cambié de colegio. Pasó el tiempo y fui de visita al anterior. Mi antiguo maestro me hizo entrar a la clase donde había cuarenta y cinco pendejos y les dijo: "Miren quién ha venido. Él es Alejandro Zambra. Ustedes saben muy bien quién es Alejandro Zambra. Pónganse de pie". Se pusieron de pie y empezaron a recitar el poema mío, que él había decidido enseñarles. Fue muy heavy.
   -¿Recordás el poema?
   -No, no me lo acuerdo.
   Pausa pequeña. Y una sonrisa.
   -Sí me lo acuerdo. Pero jamás te lo diría.
   A los 13 años ingresó al Instituto Nacional, donde fue buen alumno -"una pena, porque queda mejor decir que fuiste pésimo"-, y se hizo lector voraz.
   -Tenía claro que quería estudiar Literatura. Quería leer, y estudiar Literatura me parecía casi una estrategia para poder seguir leyendo.
   A los 21 se fue de casa de sus padres y consiguió trabajo como operador telefónico de la compañía 'Axxa Assistance', que ofrece servicios a empresas que, a su vez, ofrecen asistencia en viajes.
   -Atendía el turno de noche, así que aprovechaba para leer. También fui profesor en colegios de niños-problema. Una vez entré a la sala y encontré a un alumno saltando arriba de la mesa del profesor y le dije "¿Qué estás haciendo?". Seguía saltando y gritaba: "¡Es que soy tímido, es que soy tímido!". Lo pasaba como las huevas.
   En 1998, Ediciones Stratis publicó su primer libro de poemas, Bahía Inútil. Pasó 2001 y 2002 en España, haciendo un máster, y, al regresar, todavía rodeado por las cajas de la mudanza, escribió treinta y siete páginas de versos engarzados en métrica de inspiración lujosa: "Me dijeron que avisara treinta días / antes me dijeron que avisara treinta / veces al menos me dijeron que al /menos avisara treinta veces y que / en días como estos no se debe / -no se puede- trabajar. (...)". El poema se llamó 'Mudanza', fue publicado por Quid Ediciones en 2003, y es el responsable de que se lo empezara a mencionar como uno de los mejores poetas de ese país de poetas. Siguió, a eso, su vida como crítico.
   Apenas empezado el siglo nuevo, Zambra era un profesor, un poeta, un lector, y alguien que necesitaba trabajar. Cuando supo que en el periódico popular 'Las últimas noticias' buscaban un crítico literario, se ofreció. Así fue cómo, durante tres años, reseñó libros en una sección llamada 'Hoja por hoja' donde, por ejemplo, y acerca del chileno Hernán Rivera Letelier, escribió: "La obra de Rivera demuestra que la moralina, el engolosinamiento argumental y una inmoderada dosis de pintoresquismo sólo sirven para camuflar inepcias narrativas de marca mayor".
   -Algunos llamaban furiosos. Amenazaban con golpes, incluso.
   Más tarde publicó reseñas en 'El Mercurio', 'La Tercera', 'Letras Libres'. Muchas fueron recogidas en No leer (Ediciones Universidad Diego Portales, 2010), un libro en el que, entre textos sobre Natalia Ginzburg, Kafka, Roberto Bolaño, Nicanor Parra, hay uno, Árboles cerrados, donde cuenta la historia de la novela que lo transformó en uno de los escritores más notorios de su país y de Latinoamérica: Bonsái. "(...) hace nueve años, una mañana de 1998 -se lee en Árboles cerrados-, encontré, en el diario, la fotografía de un árbol cubierto por una tela transparente. La imagen pertenecía a la serie 'Wrapped Trees', de Christo & Jeanne-Claude (...) Y luego di con los bonsáis, tan parecidos, en un sentido, a los árboles de Christo & Jeanne-Claude (...) Escribir es como cuidar un bonsái, pensé entonces, pienso ahora: escribir es podar el ramaje hasta hacer visible una forma que ya estaba allí, agazapada (...)".
   -Me gustaba esa imagen y empecé a mirar manuales de bonsái. Quería escribir un libro de poesía con ese lenguaje. Me fui desplazando hacia la narrativa y escribí un relato corto donde sucedía más o menos lo que sucede en Bonsái.
   Así llegó a esa historia -un hombre enamorado de una mujer, una mujer que se suicida, un hombre que reescribe la novela de otro hombre, un hombre que cuida un bonsái- tallada con un estilo seco, impávido desde la primera frase: "Al final ella muere y él se queda solo (...)".
   -La mandé a varias editoriales grandes, y en una no me contestaron, en otra me la rechazaron. Al final se me ocurrió mandarla a Anagrama. Por si acaso.
   Anagrama publicó el libro -que resultó premio de la Crítica 2006 en Chile- y, apenas un año después, hizo lo propio con su segunda novela, La vida privada de los árboles.

- - - - -

   Afuera es alta noche y llueve un agua insidiosa. En una o dos horas más, Zambra va a estar comiendo carne en el área de fumadores de un restaurante al que va siempre, pero ahora dice que está aprendiendo a hablar de su nueva novela y que todavía no sabe bien cómo. Formas de volver a casa, que acaba de publicar Anagrama, transcurre en Chile en los años ochenta, durante la dictadura de Pinochet, y cuenta la historia de un niño a quien una niña le encarga la tarea de espiar a un hombre e informarla de sus movimientos. El niño acepta, aunque no entiende cuál es el motivo de esa vigilancia. Veinte años más tarde ambos se reencuentran y las piezas del puzle empiezan a encajar. La novela se organiza en torno a dos partes fundamentales -'La literatura de los padres' y 'La literatura de los hijos'- y devela su propia construcción a través de un diario que lleva el narrador.
   -Mi generación está en alguna medida enferma de nostalgia y esa nostalgia es a veces bien vacía. Uno se encuentra con gente que organiza asados para recordar un tiempo como si ese tiempo hubiera sido bueno y lo hubiéramos pasado bien.
   "En cuanto a Pinochet, para mí era un personaje de la televisión que conducía un programa sin horario fijo, y lo odiaba por eso, por las aburridas cadenas nacionales que interrumpían la programación en las mejores partes. Tiempo después lo odié por hijo de puta, por asesino, pero entonces lo odiaba solamente por esos intempestivos shows que mi papá miraba sin decir palabra (...)". Una novela en la que ser hijo no fuera una excusa. Una novela en la que ser padre no fuera una excusa.
   -No sé si lo logré, pero lo que quería era escribir una novela en la que nadie fuera inocente.
   -¿Y ahora qué sos, en mayor medida: crítico, lector, narrador, poeta?
   -O sea, lo que más soy... O sea... Ahora soy alguien que hace muchísimo rato necesita ir al baño. Discúlpame.
   (Después, el restaurante, el vino, la carne, los cigarros).

   Formas de volver a casa. Alejandro Zambra. Anagrama. Barcelona, 2011. 168 páginas. 15 euros.