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martes, 5 de enero de 2016

LITERATURA INFANTIL. "Leer o no leer 'Pippi Calzaslargas"

   En "El País":

Leer o no leer ‘Pippi Calzaslargas’

La reedición de la novela por el 70º aniversario del personaje renueva el debate sobre su ejemplo para los pequeños aficionados


Inger Nilsson, que dio vida a Pippi Calzaslargas en la serie de televisión de 1969.

“¿Desde cuándo los libros han de dar ejemplo?”, se pregunta Ellen Duthie —escritora y filósofa experta en literatura infantil— en el prólogo de Pippi Calzaslargas que acaba de reeditar Blackie Books para celebrar el 70º aniversario de este mítico personaje. La cuestión que se plantea Duthie no es insustancial. Ha propiciado innumerables debates cuando reflexionaba acerca de libros para adultos, pero, ¿qué ocurre con la literatura infantil y juvenil?, ¿debe ser siempre aleccionadora, edificante e instructiva? En tal caso, ¿dejaríamos leer a nuestros hijos historias protagonizadas por una niña de nueve años, huérfana de madre, con un padre pirata —es decir, ladrón—, que no va al colegio, vive con un mono y un caballo que es capaz de levantar con una sola mano, duerme las horas que quiere y desobedece e incluso reta a la autoridad representada por unos policías con pinta de lelos? La respuesta parece obvia. Entonces, ¿en qué misterioso lugar radica el colosal éxito de esta niña sueca que nace justo en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial? “Pippi es un canto a la autonomía, a la individualidad de cada niño, al derecho a la libre opinión y se carga de un plumazo el argumentario del ‘porque sí’ o ‘porque yo mando”, sostiene Clara Porras, responsable de la librería La Mar de Letras de Madrid.

La llegada a España

En España se conoció a Pippi en 1962. La obra de Astrid Lindgren fue publicada bajo el nombre de Pippa Mediaslargas, pues temían que se confundiera el nombre con el término “pipí”. No fue hasta 1974, con el estreno de la famosa serie televisiva, cuando el personaje entró a formar parte del imaginario de los niños españoles. “Pippi se opone a todo lo que nosotros solemos entender por ‘niño’ aunque al mismo tiempo ha sido el personaje con el que más se han identificado millones de pequeños. Algo está pasando ahí…”, explica Alice Incontrada, responsable de la división infantil y juvenil de Blackie Books. Y quizás lo que ahí suceda tenga que ver con una lectura torcida de los roles familiares tradicionales y con una subversión de la pedagogía más convencional. Los adultos en el mundo de Pippi aparecen poco y, cuando lo hacen, quedan muy mal parados: “Los adultos quedan retratados como gruñones algunos, locos otros (el padre pirata) y el resto son autoritarios”, confirma el doctor Carles Lupresti, jefe del servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Quirón de Barcelona.

Algunas críticas provenientes del sector educativo sueco más tradicional sostenían que el sufrimiento de Pippi era inapreciable y que los niños podían llegar a creer que su vida iba a estar exenta de dolor. “Es cierto que no está la representación materna, pero Lindgren aporta un punto de vista de la infancia más independiente, imaginativo y responsable. Ante cualquier problema, el lema de Pippi era que todo tenía solución”, afirma Lupresti. La pena no tambalea o desconsuela a Pippi, más bien le supone una auténtica liberación con el diseño de un mundo que pertenece a un orden muy distinto al infantil.
Todavía existen dos características que hacen singular a este personaje. Por un lado, Pippi influyó enormemente en que Suecia se convirtiera en el primer país del mundo en prohibir el castigo físico infantil en 1979. Eso es lo que se desprende de Si lo hubiera sabido... habría nacido en Suecia, el documental filmado por Marion Cuerq en 2013. Lindgren trazó un personaje para el que la fuerza física de los otros no suponía una amenaza. Su superpoder le permitía levantar cualquier objeto o ser vivo. No en vano, ella era la niña más fuerte del mundo. “¿Y si los niños tuvieran la misma fuerza y autonomía que los adultos? ¿Serían tratados del mismo modo? ¿Y si la obediencia no fuera una virtud?”, parece cuestionarse Lindgren y trasladar a los lectores con las historias de Pippi. “En este tiempo de hijos hiperprotegidos es buena cosa abrir la ventana de libertad que abre Pippi de par en par e incorporarla a la mochila emocional de lecturas de la infancia”, sugiere la librera de La Mar de Letras.

Un cuento que acabó en mito

Astrid Lindgren nació en Vimmerby (Suecia) en 1907.
En 1941 creó a Pippi Calzaslargas, pero el primer libro se publicó en 1945.
Las historias de Pippi se desarrollan en una docena de libros.
El personaje ha sido adaptado para la televisión, con una serie que en los setenta llevó a Pippi a la fama planetaria.
Ha protagonizado también una serie de animación, varias películas y aparece en un videojuego.
La cuestión de género es el otro asunto medular. “Con tantos personajes masculinos que sirven de modelo para las niñas, aquí sucede lo contrario: Pippi es un espejo para los niños”, afirma Incontrada. Sin darse cuenta, Pippi arroja sensatez a cuestiones que los adultos complican sucesivamente. A la pelirroja no se le ocurre pensar que eso de ser niña sea algo tan distinto que ser niño.

El regalo de una madre a su hija enferma

El origen de Pippi Calzaslargas está relacionado con una pulmonía. La que sufrió la hija de su autora. La enfermedad mantuvo a Karin —de siete años— varios días en cama. “Cuéntame algo de una niña que se llame Pippilotta Viktualia Rullgardina Krusmynta Efraimsdotter Längstrumpf”, imploró la niña de pronto a su madre. Así surgió el nombre de Pippi por primera vez.
Tres años más tarde, fue la propia Lindgren la que sufrió un esguince de tobillo. Su convalecencia se convirtió en el momento idóneo para transcribir las historias que había ido contando a Karin. Se trataba del mejor regalo de cumpleaños para una hija que estaba a punto de cumplir 10 años. Justo la edad con la que Pippi comienza sus locas aventuras.

sábado, 4 de abril de 2015

PRENSA CULTURAL. "Relatos iniciales". Antonio Muñoz Molina

   En "Babelia":

Relatos iniciales

Mucho antes que el dominio del lenguaje se ha desarrollado esa herramienta fundamental de la literatura que es el deseo y la capacidad de ponerse en el lugar de otro


Las pinturas rupestres en la cueva de Chauvet son vestigios de un tiempo marcado por narraciones orales.
Igual que un feto parece atravesar aceleradamente en nueve meses toda la duración de la vida sobre la tierra, desde los primeros organismos unicelulares hasta el Homo sapiens, hacia los siete u ocho años un niño está completando el tránsito desde las culturas orales, el pensamiento mágico y los mitos, hasta la máxima sofisticación del razonamiento abstracto y la lectura.
Hace menos de cinco mil años que empezaron a escribirse historias inventadas. Pero antes de la escritura se extiende un continente, un planeta ignorado de narraciones orales que se urdieron y se contaron a lo largo de al menos cuarenta mil años, quizás desde el tiempo de las primeras representaciones artísticas. Un niño de tres o cuatro años vive en ese mundo, que es el de los cuentos y el de los mitos, el de las primeras tentativas de explicación natural de los fenómenos visibles, y también el de los juegos, en los que aprende precozmente los mecanismos sutiles de la ficción. El juego, como la literatura, se basa en lo que Coleridge llamó "suspensión voluntaria de la incredulidad”", que es justo lo contrario de la creencia. El creyente está convencido de la existencia de seres sobrenaturales y de hechos absurdos. El niño que juega, como el lector de una novela o el espectador de una película, en vez de creer, deja en suspenso la incredulidad, de modo que disfruta cabalgando sobre un palo de escoba, aunque sabe que no es un caballo, o se conmueve hasta las lágrimas por la muerte de don Quijote o la de King Kong, teniendo plena conciencia de que los dos nunca existieron, si bien don Quijote era un hombre verosímil y King Kong una criatura fantástica.
Groucho Marx exclamó célebremente, delante del mapa desplegado de una batalla, que aquel mapa podía entenderlo un niño de cuatro años, y a continuación rogó que le trajeran a un niño de cuatro años. Los mecanismos psicológicos en los que se basa el juego de la ficción forman parte tan integralmente de nuestro patrimonio cognitivo que un niño de cuatro o cinco años los domina por completo, igual que domina con perfecta fluidez las complicaciones gramaticales de uno o dos idiomas.

Un niño de tres o cuatro años vive en ese mundo, que es el de los cuentos
y el de los mitos
Nacemos tan programados para segregar y requerir historias como para buscar el amparo de nuestros padres y el trato con nuestros coetáneos. Mucho antes que el dominio del lenguaje se ha desarrollado esa herramienta fundamental de la literatura que es el deseo y la capacidad de ponerse en el lugar de otro, de adivinar sus pensamientos y predecir sus reacciones. El adulto desvía la mirada hacia un lado y el bebé capta ese movimiento y vuelve los ojos en la misma dirección. Antes de contar historias en voz alta o de escucharlas ya nos las estamos contando a nosotros mismos, estableciendo en silencio hipótesis narrativas sobre lo que nos rodea. De noche, en la cama, en la oscuridad y el silencio, apenas sabiendo hablar y mucho antes de saber leer, el niño y la niña fantasiosos se cuentan cosas a sí mismos, mantienen conversaciones en voz baja con un muñeco o con un padre o un hermano ausentes o imaginarios, o con un dedo pulgar, como el pobre niño asustado y trastornado de El resplandor.
Los cuentos son una deriva natural de ese instinto. La palabra impresa y la lectura son una innovación tecnológica, teniendo en cuenta lo reciente de su aparición, comparada con la amplitud de la experiencia narrativa humana, y más aún teniendo en cuenta lo limitada que ha sido la transmisión escrita hasta hace poco más de un siglo. El niño es un primitivo animista que distingue ojos en los árboles y caras en las rocas y que se rinde al hechizo de una voz, un presocrático que imagina explicaciones insensatas, aunque no milagrosas, para los fenómenos naturales, lo mismo la aparición nocturna de la luna que el soplido del viento o el brillo del relámpago. Su sentido todavía literal del idioma le puebla el mundo de posibilidades asombrosas y hasta aterradoras cuando escucha las metáforas implícitas en las expresiones de los adultos. Que las paredes oyen, que se ve el cielo abierto, que están cayendo chuzos de punta, que en algún sitio hay un gato encerrado, que el alma se cae a los pies, que huele a chamusquina, que a alguien se lo ha tragado la tierra, que se puede caminar con pies de plomo. Cuando yo era niño me perdía en especulaciones sobre cómo sería posible eso que se contaba de algunas personas, que habían tirado la casa por la ventana. Esa resonancia originaria de las palabras comunes es el fundamento de la poesía.

Yo nací a tiempo de conocer el fin de una cultura oral. Recuerdo ciegos mendigos cantando por la calle
Hace más de treinta mil años, en la cueva de Chauvet trabajaban extraordinarios pintores, idénticos en su talento a Miguel Ángel o a Van Gogh: es inevitable suponer que habría también narradores magistrales. Abruma la magnitud de todo lo que se habrá perdido sin rastro, lo que no dura en las cuevas, lo que no tiene existencia tangible, la narración oral, la música. Pero igual que cada vida humana empieza en el origen unicelular y acuático de la vida, la capacidad de fabulación se inaugura en cada conciencia infantil, asistida y modelada por el lenguaje, que sirve por igual para nombrar lo existente y lo inexistente, lo visible y lo invisible, lo que sucedió ayer y lo que todavía no ha sucedido, para decir la verdad y para mentir, incluso para fingir que es verdad lo que el narrador y el oyente saben que es mentira.
Yo nací a tiempo de conocer el fin de una cultura oral. Recuerdo ciegos mendigos cantando por la calle coplas de crímenes y de milagros. Recuerdo a las niñas que acompasaban el juego del corro con romances que se habían transmitido desde hacía siglos. Algunos los he reconocido en antologías de canciones sefardíes. Los más recientes habían tenido su origen en la muerte de la reina María de las Mercedes y el luto de Alfonso XII y en el rechazo popular a las guerras de Marruecos. Las madres cantaban villancicos medievales y cuplés aprendidos en la radio, cada uno de los cuales contenía una historia que subyugaba al niño silencioso y atento, que iba por la casa siguiendo la canción, detrás de las tareas sucesivas de las mujeres. Cada tarde las novelas de la radio alimentaban la misma fascinación por los relatos en voz alta. A la caída de la noche los niños mayores contaban a los otros historias antiguas de miedo o argumentos de películas, y así el cine se agregaba a la tradición oral. El mundo narrativo de las mujeres y el de los hombres también estaba segregado: los hombres cantaban mucho menos y la mayor parte de las historias que contaban tenían que ver con la guerra, la guerra misteriosa y lejana que no había sucedido en el cine.
Pero no hay motivo para la nostalgia amarillenta, ni para la pesadumbre apocalíptica sobre la tecnología. El mundo de los relatos en voz alta no se ha extinguido ni puede extinguirse. Todos estamos siempre escuchando y contando historias. Y cada vez que un adulto, un padre o una madre, un abuelo, empieza a contarle un cuento por primera vez a un niño los dos habitan intemporalmente en los orígenes de la literatura.

jueves, 26 de marzo de 2015

PRENSA CULTURAL. "La pregunta por la realidad". Gustavo Martín Garzo

Gustavo Martín Garzo

   En "El País":

La pregunta por la realidad

Literatura fantástica es ese espacio escondido en los intersticios de lo real


Sí, yo creo que fui un animalito metafísico desde los seis o siete años”, dice Julio Cortázar en una entrevista que Juan Cruz ha rescatado hace poco en este mismo periódico. “Recuerdo muy bien que mi madre y mis tías —mi padre nos dejó muy pequeños a mi hermana y a mí—, en fin, la gente que me veía crecer, se inquietaba por mi distracción o ensoñación. Yo estaba perpetuamente en las nubes. La realidad que me rodeaba no tenía interés para mí. Yo veía los huecos, digamos, el espacio que hay entre dos sillas, si puedo usar esa imagen. Y por eso, desde muy niño, me atrajo la literatura fantástica”.
Ese espacio escondido en los intersticios de lo real es el que explora el mundo de la literatura y del juego. En Las crónicas de Narnia, ese mundo escondido vive en el interior de un armario; en Alicia en el país de las Maravillas,en el hueco de un árbol. El mundo de los cuentos está lleno de huecos así, fisuras en el tejido de lo existente que abren al niño a zonas de lo real donde viven sus verdaderos deseos.
Por eso Blancanieves escapa del palacio de la realidad. Ve ese hueco, y se hace pequeña para entrar por él. Eso es lo que simbolizan esos hombres diminutos con los que se encuentra. Ha entrado en el reino de lo pequeño, que es el reino de los cuentos y los juegos. Las casas de muñecas, los soldaditos, los trenes eléctricos, todos esos objetos que tanto gustan a los niños y de los que se sirven para jugar son el acceso a la habitación de los deseos. También los amantes buscan esa habitación y esa es la razón de que haya tantas historias de parejas que huyen al enamorarse, como pasa con Tristán e Iseo cuando se internan en el bosque para vivir su amor. El amor reclama burlar a los guardianes de lo real, como lo hacen los protagonistas de Sueño de amor eterno, la hermosa película de Henry Hathaway con sus carceleros. Todos los niños burlan a esos guardianes cuando juegan. Todos buscan un lugar indefinible que solo a ellos pertenece, un lugar muy semejante al que luego accederán a través de su sexualidad, pues el sexo como el juego sólo puede tener lugar lejos de la mirada de los padres.
Recuerdo una película sobre Simbad, el Marino. Su prometida ha sido transformada en una criatura diminuta y Simbad tiene que correr todo tipo de peligros en busca de una flor cuyo elixir posee el poder de devolverle su tamaño original. Simbad lleva a la princesita consigo y de vez en cuando la saca de su cofrecillo y la deja correr por la mesa, lo que ella aprovecha para provocarle con sus palabras y sus movimientos. Como si le dijera: para amarme tienes que hacerte tan pequeño como yo. Esas escenas son una metáfora preciosa del amor, porque el amor, como el juego de los niños, es el reino de lo pequeño. Es justo eso lo que significa el anillo que se entregan los amantes. Tienes que caber por este hueco, se dicen el uno al otro cuando se lo ponen. El reino de lo pequeño es el reino del amor y del juego, de ahí el gusto de los que se aman por los diminutivos, su tendencia a tratarse como si fueran dos niños que nunca abandonan del todo el territorio del sueño. El anillo también es una metáfora del acto sexual. Al fin y al cabo, el falo erecto es un cuerpo diminuto. Es hacerse pequeño para poder entrar en un reino escondido. Lo pequeño es el símbolo de lo que está en el umbral, a punto de escabullirse, lo abierto a otras formas de realidad, al lugar donde viven los deseos.

Lo pequeño es el símbolo de lo que está en el umbral, a punto de escabullirse
Pero entonces, ¿por qué llamamos realidad a lo que pasa en el palacio del rey y no a lo que sucede en el bosque? ¿Es el bosque el sueño de los que viven en el palacio, el territorio de sus pesadillas y sus ensoñaciones? No queremos renunciar al espacio del sueño, eso es lo que pasa. No queremos hacerlo porque es allí donde viven nuestros deseos. En el museo de Cluny, en París, hay unos hermosos tapices flamencos que narran el encuentro de una dama con el unicornio. Son seis escenas llenas de símbolos en que ese encuentro es narrado desde la perspectiva de cada uno de los cinco sentidos: el gusto, el tacto, el oído, el olfato y la vista. En el sexto tapiz se ve a la dama a la puerta de su tienda recibiendo al unicornio. En el dintel hay un lema que dice: “A mi único deseo”. Los tapices proceden de finales del siglo XV y han sido amados por multitud de poetas, entre ellos Rilke que, en Sonetos a Orfeo, dedicó uno de los sonetos a esta misteriosa criatura que empieza así: “He aquí el animal que no existe”. Para añadir enseguida: “Y no existe es verdad, pero al amarle, le hicieron un lugar en este mundo”. Es decir, es el amor el que crea un lugar donde poder encontrarle. Es muy poco lo que se sabe del unicornio. Solo que si una doncella se interna en el bosque y se queda dormida en uno de sus claros, acude silencioso a su encuentro. Recuesta entonces la cabeza sobre su falda y se queda dormido sobre su regazo. Entonces se encuentran en sus sueños y tienen una vida secreta que la doncella olvidará al despertar.
También nosotros tenemos una vida así. Una vida a la que debemos renunciar para tener la vida que tenemos cada día. Esa vida secreta, sin embargo, siempre regresa. Lo hace en ciertos instantes, los más reveladores e íntimos. Entonces todo eso que somos y tratamos de olvidar nos llama desde ese otro lado de lo real. Los niños son expertos en esas llamadas. Eso es jugar, crear un espacio para que tales voces puedan escucharse. Los cuentos guardan la memoria de todas ellas, por eso le resultan incómodos a los adultos y no suelen gustarles, porque no hablan de lo que son sino de lo que han olvidado. No se dan cuenta de que al hacerlo les ofrecen una segunda vida. Tal es el milagro de los cuentos, entregarnos la vida que la Bella Durmiente no pudo vivir.

Los cuentos guardan la memoria de todas las voces, por eso le resultan incómodos a los adultos
Una leyenda victoriana habla de los otros hijos de Eva. Eva estaba en el paraíso con sus hijos y Dios los quiso conocer. Pero ella no se los enseñó todos, sino que eligió los más guapos, limpios y educados, para no tener que avergonzarse de los demás, que escondió en el bosque. Mas cuando lo hubo hecho, comprendió que, para que Dios no descubriera su engaño, los hijos que había sustraído a su mirada tendrían que permanecer ocultos para siempre. Y fue de esa estirpe de donde surgieron hadas, elfos, duendes y las otras criaturas ocultas del bosque. El mundo de los cuentos habla de todas esas criaturas. Habla de los niños que mató Herodes, de los niños perdidos de Peter Pan, de los hijos que Eva apartó de la mirada de Dios. En ellos está todo aquello a lo que debemos renunciar al crecer, ese mundo de azoteas y ventanas iluminadas que solo vive en el interior de los sueños. Pero esos niños siempre se las arreglan para regresar. Regresan cuando leemos un libro o escuchamos una canción. Regresan cuando amamos a alguien, cuando jugamos con nuestros hijos, cuando buscamos la compañía de los animales. Regresan en nuestros sueños. Representan todo lo que vive más allá de las fronteras de nuestra razón, todo eso que somos y que no cabe en lo real. Jugar es mirar por los ojos de esos niños perdidos, reunirse en secreto con ellos, hacer lo que nos piden. “Cuánto durará un niño”, se pregunta Julio Cortázar. Y enseguida responde: “Un niño durará todo lo que duren sus juegos”.
Gustavo Martín Garzoes escritor.

lunes, 17 de diciembre de 2012

PRENSA CULTURAL. Cuentos infantiles con personajes homosexuales. Reportaje

Ilustración de 'La princesa Li'. / ELENA RENDEIRO ("el país")

   En "El País":

Érase una vez una princesa enamorada de una valiente chica extranjera

Pequeñas editoriales publican cuentos infantiles con personajes homosexuales que sirven de referente a las nuevas generaciones

 Madrid 10 DIC 2012

Una niña que encuentra un lápiz mágico que vuelve realidad lo que dibuja y una princesa cuyo padre quiere casarla con alguien que no es su amor verdadero protagonizan los primeros cuentos de la recién estrenada editorial Nube Ocho. ¿Qué tienen de especial? Que la niña tiene dos papás, y que la princesa no está enamorada de un apuesto joven, sino de una valiente chica extranjera.
“Son los libros que nuestra generación no pudo leer”, dice Luis Amavisca, creador de esta pequeña firma, que acaba de lanzar ‘El lapicero mágico’ y ‘La princesa Li’ junto con Egales, una editorial con 20 años de experiencia en temas relacionados con la homosexualidad. Nube Ocho se suma a otras pequeñas editoriales, como A Fortiori y Topka, que en la última década han intentado llenar un vacío de referentes literarios para familias cada vez más diversas y visibles, no solo en cuanto a orientación sexual, sino con vivencias como divorcios, adopciones, discapacidad o inmigración.

Son los libros que nuestra generación no pudo leer"
Amavisca, artista plástico devenido en editor y escritor, insiste en que sus cuentos no están orientados solo al colectivo LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transexuales), “sino también, y con más razón, a los heterosexuales”. “A muchos adultos les vendría bien leerlos para replantearse su propia educación y ayudarles a enfocar este tema con las nuevas generaciones”, opina.
“Parece claro que hay una voluntad de incorporar con naturalidad a la edición infantil y juvenil una temática que ya está en la calle y en la escuela”, explica Victoria Fernández, directora de la revista especializada Clij, que recuerda dos de los primeros libros de estas características publicados en España: ‘Oliver Button es una nena’ (Everest, 1979, antecedente de ‘Billy Elliot’), y ‘El príncipe Ceniciento’ (Destino, 1998).


Ilustración de 'El lapicero mágico'. / ALICIA GÓMEZ CAMUS
A diferencia de las grandes editoriales, que normalmente traducen al español este tipo de títulos tras venderse con éxito en países como Estados Unidos o Reino Unido, las pequeñas firmas tratan de abrirse paso con producciones propias, a veces con textos de los propios editores, e ilustradas con mimo, como los dibujos tipo ‘collage’ de Alicia Gómez Camus en ‘El lapicero mágico’ o las preciosas acuarelas de Elena Rendeiro en ‘La princesa Li’.
Las tiradas son pequeñas, y tienen en Internet su gran aliado. Aunque se distribuyen también en grandes cadenas y en pequeñas librerías, lo difícil es lograr que se coloquen bien. Para ello, es fundamental la relación personal con libreros especializados, a los que se pueda explicar y convencer de la idea detrás de estos cuentos.

Hacemos libros a favor de todas las familias, incluidas aquellas que no defienden los obispos"
“Existe mercado, existen autores, pero los editores están en otro punto, solo asumen el riesgo cuando el libro ya ha tenido éxito en otro país”, afirma Lucía Moreno, creadora de Topka, que desde 2006 ha publicado 16 cuentos, todos bilingües español-inglés, al igual que los dos de Nube Ocho. El más vendido, ‘El amor de todos los colores’, está a punto de agotar la tirada, de 2.500 ejemplares.
A Fortiori, creada dos años antes, lleva editados 14 cuentos y tres volúmenes de poesía “en favor de todas las familias, incluidas aquellas a las que los obispos no defienden”, explica su creadora, Natividad de la Puerta. Esta doctora en Historia Económica y “agitadora cultural” recuerda que sus libros nacieron del impulso de proporcionar a sus nietos cuentos diferentes y que promovieran el respeto a la diversidad. “Los cuentos tradicionales son un horror. ¿Qué clase de valores enseña por ejemplo ‘Hansel y Gretel’?”, dice. “Los niños protagonistas eran, con perdón, gilipollas, y al final, matan a la bruja y le roban”, bromea.
Al igual que esta pequeña editorial “suicida”, como la define De la Puerta, Nube Ocho y Topka tienen su origen en las inquietudes personales de sus fundadores, que no encontraban en España lo que buscaban. Moreno, como madre lesbiana de niños adoptados y con discapacidad, y Amavisca, tras reflexionar sobre cómo los sobrinos de su marido, libanés, le aceptaban sin prejuicios pese al tabú que supone la homosexualidad en ese país.
Los tres editores coinciden en que en sus libros, la diversidad, sexual, racial o de otro tipo, es una característica de los personajes, pero no la protagonista ni el motivo de conflicto. “Intentamos hacer libros divertidos, que gusten a los niños y transmitan los valores que queremos”, explica Moreno. Como dice De la Puerta, “los tiempos van avanzando, hay que dar a los niños la oportunidad de leer historias de otro tipo”.

martes, 15 de mayo de 2012

PRENSA CULTURAL. La revista de literatura infantil 'Peonza? cumple 25 años

Pintura de su primer taller de ilustración, en 2000.

   En "blogs.elpais.com":

Veinticinco años girando sobre el eje de la lectura

Por: Elisa Silió 13/05/2012
   La revista cántabra 'Peonza', creada por un puñado de profesores para impulsar la literatura infantil, celebra su cuarto de siglo.

   Que una revista de literatura infantil cumpla 25 años suena milagroso así que con gran alegría los creadores de la publicación trimestral Peonza, editada en Santander, celebran estos días este cuarto de siglo por todo lo alto. Y lo hace con dos ciclos de cine, uno familiar y otro para adultos, en la Biblioteca Central de Santander a los que ha precedido una expsoción en el Palacete del Embarcadero.
   Todo empezó de una forma algo particular. El Ministerio de Educación pretendía por entonces apoyar a las escuelas unitarias rurales, que se sentían aisladas, dotándolas de unos recursos pedagógicos de los que andaban escasos. Y, entre ellos, surgió la revista en principio como un boletín de literatura infantil en el que los maestros y sus alumnos intercambiaban experiencias con otros.
   Tres años después Peonza, que cuenta ya con página web, se integró dentro de una revista educativa ya desaparecida Quima y poco después comenzó a volar sola. Hoy se editan 1.000 ejemplares por número y se distribuye por suscripciones y venta en librerías. No se consideran profesionales del periodismo –pese a la experiencia que arrastran- por lo que ni la redacción ni quieres colaboran reciben dinero a cambio. Todo sea por que los niños se acerquen a los libros. En ningún número falta el análisis de la actualidad, una entrevista, una sección dedicada al álbum ilustrado, críticas de libros y, importantísimo, se incluye siempre una portada original de prestigio nacional o internacional en la que, habitualmente, aparece, cómo no, una peonza. "La elección de Peonza como nombre para nuestra revista no respondió, en su momento, a la improvisación o a la mera casualidad. La decisión tuvo que ver con la esencia del juego de la peonza, tan modesto y sencillo como sugerente y universal", cuentan los padres de la publicación
   Pero editar su revista no era suficiente, pensaron, para engatusar a los más pequeños. Así que le propusieron a El Diario Montañés que consagrase un espacio en sus páginas a la literatura infantil. Su empeño dio sus frutos y en 1995 comenzó a publicarse la sección De hadas y piratas por la que han pasado infinidad de autores clásicos y contemporáneos. El equipo de Peonza, incansable, ha dirigido también las dos ediciones que se han celebrado del Salón del Libro Infantil y Juvenil de Cantabria. Lamentablemente ya no se celebran talleres de ilustración como los que durante cuatro años (2000–2004) se organizaron con la Fundación 'Marcelino Botín' en Santander. A lo largo de cinco meses grupos de 25 alumnos recibían clase dos veces a la semana de un ilustrador del que conocían su obra y con el que conjuntamente ilustraban.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Sobre literatura infantil y juvenil

Ilustración de Isidro Ferrer- ILUSTRACIÓN DE ISIDRO FERRER. ("El País")


   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Una tribu de letras

AMELIA CASTILLA 10/12/2011

   Fantasía o realismo, pero con mucha acción. Los superexcitados niños del siglo XXI se decantan por novelas de iniciación entre las secuelas de Harry Potter o las cuestiones pegadas a la vida. La literatura juvenil apenas sufre la crisis.
  
   Unos son partidarios de El señor de los anillos y otros flipan con Harry Potter. Hobitts o aprendices de magos en Hogwarts gritan y corren como descosidos. Claro que enamorarse de un elfo puede mitigar la soledad en el patio. La imaginación es un arma invencible, tanto que puede convertir el recreo en algo soportable, mientras los demás juegan y comparten bocadillos en el patio del colegio. No importa que cuchicheen a su lado o que los chicos se metan con ella. Bien pensado, mejor epatar contando que su elfo le ha besado y que juntos se han ido a dar un paseo por el bosque. A veces, los amigos también juegan con ella a internarse en el bosque. Pero no resulta tan fácil para los menos soñadores, se empieza cerrando los ojos y concentrándose mucho. Mejor con la luz apagada y la puerta cerrada de la habitación. "He visto una fuente ¿estoy cerca?", grita uno de los que buscan, sin suerte, iniciarse en los mundos ocultos, mientras en el iPod suena la voz de Lennon en una versión de Imagine. El espacio de la cocinita lo ocupa ahora una mesa nueva donde hacer los deberes y en las estanterías, a las aventuras de Stilton y Kika Superbruja se van sumando tomos heredados de las aventuras de Los Cinco, el cómic Persépolis y la trilogía Memorias de Idhún, entre otros títulos. En el colegio ya han leído El Lazarillo de Tormes, el Quijote o La Eneida. Los besos con príncipes azules, las luchas contra dragones en un mundo mítico más unas dosis de intriga imprescindible, que en un momento dado les puede acercar a la novela negra, forman parte del imaginario literario de una buena parte de los lectores de entre 10 y 13 años. En esa edad, el 100% lee por estudios, un 82,6% lee en su tiempo libre y de ellos el 77,1% lo hace diaria o semanalmente, según el barómetro de hábitos de lectura del Gremio de Editores.
   En esa edad, en la que el cuerpo ya ha empezado a transformarse, su voz suena más grave y se sonrojan por cualquier bobada, un 48% lee revistas, un 26,7 tebeos y un 22,5% periódicos. "A los niños les gusta seguir las modas; la diferencia no resulta nada gratificante cuando estás creciendo. Ellos quieren lo mismo que sus compañeros y si se identifican con el personaje, cuando acaben con un libro buscarán la continuación", asegura Ester Blasco, profesora de Lengua del madrileño colegio "Estilo".
   La adolescencia, en lo que tiene de cambio físico y psicológico, forma parte de la misma esencia literaria. Ahora se lleva un género híbrido compuesto por sagas interminables que suceden en submundos de leyenda con una épica con cierta reminiscencia de la Edad Media, aunque se trate de lugares inventados. Entre los alumnos de este colegio privado se cuentan los chicos que siempre tienen un libro de ficción en la mochila y los que no los tocan y, en este último caso, no se debe a falta de estímulos. Los padres, cuya economía aún no ha saltado por los aires, se apresuran a comprarles los títulos que piden, más lo que ellos creen que les vendría bien leer, pero ¿los leen? Por su experiencia la profesora lo duda. "Los buenos lectores devoran los libros, pero no creo que lleguen al 10%". Surgen también casos excepcionales de niños de primaria leyendo títulos como Rojo y negro o Caperucita en Manhattan.
   Como en otros aspectos de la vida, existen dos bandos bien diferenciados. Frente a los que no leen nada, emerge una generación que lee por todos los demás y un estadio intermedio, con un promedio de lectura de entre cinco y seis libros al año. En otro equipo juegan los que optan por una solución nueva y se quedan en el cómic, que para ellos tiene una recompensa inmediata a través de los dibujos y de un lenguaje exagerado. Expertos del sector editorial apuntan que en la fase siguiente, los jóvenes de entre 14 y 24 años el porcentaje de lectores baja al 68,9%. Una franja en la que el tránsito de una etapa a otra de la vida se hace más evidente y un tiempo en que las narraciones, cuyo desenlace lleva consigo la transformación del personaje, se leen como medicina para el alma. ¿Funciona entonces un término tan ambiguo como literatura juvenil? La librera Ana Escarabajal aconseja cualquier título que acabe por entregarlos en brazos de la literatura para adultos, en un abanico que abarca clásicos como El guardián entre el centeno, El niño con el pijama de rayas o una historia recientísima como Rumble de la dibujante Maitena, con todos los ingredientes para ser considerada como una novela de iniciación.
   En el otro lado, se ubica los que huyen de la lectura, casi un 40%. Estos últimos, aparentemente, se conforman con el ordenador y el cine, algo que acabará por pasarles factura. "La ausencia de lectura revierte en la escritura y el lenguaje, que son los elementos que conforman el aprendizaje. Llegarán a la universidad sin saber construir frases, carecerán de vocabulario y no sabrán expresarse", concluye la maestra de Lengua.
   Los hijos de padres lectores (8 de cada 10 de entre 6 y 14 años) leen una media de 3,3 horas semanales. Para ese círculo Harry Potter o El señor de los anillos juegan el papel que las aventuras de La isla del tesoro o las obras de autores como Julio Verne ejercieron sobre generaciones anteriores. Educados con la Wii o la Play Station, habituales del "Rincón del Vago", habilísimos en manejar buscadores en Internet y acostumbrados a chatear, los jóvenes del siglo XXI necesitan novelas de aprendizaje que se pueden ver más que leer. Siguiendo esa máxima buscan lecturas donde pasen muchas cosas, y donde la cuestión sexual, con o sin resolver, ocupe una parte importante. La nueva literatura juvenil está a la altura de los tiempos que corren; más que divertir y formar se escribe para estimular al instante y en el momento. La educación tampoco se enfoca a potenciar la reflexión. Fuera de clase van sobrecargados de actividades paralelas. Forman parte del mundo de locura de los adultos. Sin tiempo para aburrirse.
   Todos los datos apuntan que la literatura infantil y juvenil sufre la crisis editorial con menor intensidad. Autores de éxito, como Stephenie Meyer, autora de la saga Crepúsculo, Christopher Paolini -su nuevo título de la serie "Eragon", Legado, se puso a la venta en noviembre en Estados Unidos con una tirada de dos millones y medio de ejemplares y ahora sale en español con 100.000 copias - o J. K. Rowling, ayudan y mucho a que las cuentas cuadren a final de año. La publicación de novedades de algunos de estos autores de culto se rodea de una parafernalia animada por las redes sociales y las webs de las editoriales: información puntual del estado de la novela y los capítulos que van escritos, pormenores de los protagonistas, detalles de la nueva portada para, a medida que se acerca la fecha de salida, ir lanzando mensajes de "falta menos de una semana", "apenas un par de días"..., todo ello trufado con entrevistas e información de la vida del autor y, por supuesto, encuentros físicos de fans.
   Los datos en el sector resultan alentadores. Según el Gremio de Editores, un 12% de la venta se corresponde con el género infantil y juvenil, pero la facturación supone casi las tres cuartas partes del mercado interior. Los datos de 2010 sitúan las ventas en 228,23 millones de ejemplares. El precio medio de un título para adultos ronda los 12 euros frente a los 8,89 de los infantiles.
   El panorama actual todavía es consecuencia de revolución literaria que estalló en 1997, cuando la editorial Salamandra adquirió los derechos de Harry Potter y la piedra filosofal. Las aventuras del joven mago dieron un vuelco a las costumbres de los adolescentes. De las historias de poco más de un centenar de páginas con argumentos que contaban con el visto bueno y asesoramiento de profesores y psicólogos, pasaron a una saga de más de trescientas páginas por título. El éxito, como ocurre siempre, fue de los lectores, pero las editoriales no perdieron la ocasión de convertirlo en negocio. Leyeron los siete tomos de la saga de curso en curso -solo en España se han vendido seis millones de ejemplares y otros tantos en América Latina- y crecieron con el personaje; muchos agotaron con esa lectura su primera juventud y de ahí se entregaron a otros géneros.
   Con el éxito del joven mago creció también el poder del marketing como pieza clave del lanzamiento de los libros hasta el punto de identificar lo más vendido con lo mejor. Ahí mismo, las empresas creyeron descubrir un filón argumental en lo que se denomina como fantasy y que no ha parado de crecer desde entonces. Antonio Rodríguez Almodóvar, recopilador de cuentos antiguos, considera el fenómeno como literatura prêt-à-porter. "Funciona porque hay mercado, pero no creará lectores, solo consumo ocasional. La literatura debe tener la pureza de lo espontáneo, no se puede diseñar. Todo se queda en pasarlo bien, no se trata de libros que formen". Entre tanto, las editoriales siguen debatiéndose entre el reino de los vampiros y la moda de lo políticamente correcto, centrada en la educación en valores.

   Góticos y épicos
   - Temerario. El imperio de marfil. Naomi Novik. Traducción de José Miguel Pallarés. Alfaguara. Madrid, 2011. 481 páginas. 17,95 euros.
   - El secreto de Lucia Morke / El secret de Lucia Morke.
   Inés MacPherson. La Galera. Colección Luna Roja. 257 páginas. 16,95 euros.

   - El joven templario. Huérfano del destino. Libro III. Michael P. Spradlin. Traducción de María Jesús Asensio. Bruño. Madrid, 2011. 298 páginas. 15 euros.
   - El joven Sherlock Holmes. La joven desaparecida. Shane Peacock. Traducción de Susana Andrés. Almadraba. Madrid, 2011. 386 páginas. 17,90 euros.
   - Escuela de frikis. El examen final. Gitty Daneshvari. Ilustrado por Carrie Gifford. Traducción de Laura Manero. Montena. Barcelona, 2011. 282 páginas. 15,95 euros (electrónico: 10,99).
   - El ladrón del rayo (Percy Jackson y los dioses del Olimpo). Rick Riordan. Traducción de Libertad Aguilera Ballester. Salamandra. Barcelona, 2011. 288 páginas. 14,50 euros (tapa blanda: 12,50; novela gráfica: 136 páginas. 17 euros).
   - Cielo Rojo. David Lozano Garbala. Ediciones SM. Madrid, 2011. 475 páginas. 17,95 euros.

jueves, 13 de octubre de 2011

ILUSTRACIONES. Literatura infantil en Dinamarca

Ilustraciones de Cato Thau-Jensen

   Desde este enlace accedemos a algunas ilustraciones de los mejores álbumes ilustrados de la literatura infantil de Dinamarca.

sábado, 19 de febrero de 2011

LIBROS INFANTILES: diez tendencias

   Los expertos en literatura para niños de Scholastic, la mayor editorial y dstribuidora de libros infantiles, han publicado una lista de las tendencias en los libros infantiles que han observado en 2010 en el mercado anglosajón.
   Según la presidenta de Scholastic Book Club, Judy Newman, “hemos detectado emocionantes innovaciones en la literatura infantil en 2010, que van desde nuevos formatos hasta plataformas para la narración que están contribuyendo a que los niños se conviertan en amantes de los libros (…). Además, hemos asistido al rejuvenecimiento de algunos géneros clásicos, lo que creo que prueba del poder atemporal que algunas historias y personajes tienen en la vida de los niños.”
   Hemos traducido (y en algunos casos comentado) no sólo la lista de tendencias, sino también la explicación que de ellas se da, pues pese a que los ejemplos son de títulos no publicados en España y Latinoamérica pueden ser ilustrativos para aquellos que trabajen o estén interesados en este sector.

   10 tendencias en los libros infantiles en 2010:

   1.Ampliación del público “joven adulto” (Young Adult –YA–*): Cada vez son más los adultos que leen literatura juvenil, de ahí la ampliación de la audiencia de estos libros.
   [*Se considera público YA a lectores de entre 20 y 40 años. Nosotros lo ampliamos a cualquier lector mayor de 20 que gusta de este tipo de género para todos los públicos, independientemente de la edad.]
LEER COMPLETO

lunes, 31 de enero de 2011

PRENSA. 31 enero 2011

   En "El País":

1. Máscaras. Columna de Almudena Grandes.

2. Otras vidas. Columna de David Trueba.

3. Tú con tu abuela, yo a trabajar. Reportaje de Inmaculada de la Fuente. Más que canguros de sus nietos, algunos se sienten esclavos de sus hijos - Hay expertos que denuncian abusos - Pero muchos ancianos reconocen que el trato con los niños les reporta alegría y hace posible que las madres trabajen.

4. El narrador del cuento tiene dos mamás. Reportaje de Elisa Silió. Los libros infantiles enseñan a abordar con naturalidad realidades y asuntos familiares minoritarios o tabú.

5. ¿Y Marruecos? Artículo de Abdellatif Laâbi, escritor marroquí. Traducción de Juan Ramón Azaola. La mayoría de los marroquíes desea una transición pacífica pero irreversible hacia la democracia. Se necesita un cambio de rumbo que instaure la separación de poderes y la protección de las libertades.

6. Los espectros optimistas de otros Davos. Artículo de Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la 'Hoover Institution' de la Universidad de Stanford. Su último libro es Facts are Subversive: Political Writing from a Decade Without a Name. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

sábado, 12 de junio de 2010

PRENSA. 12 junio 2010

En "El País":

1. Diplomáticos (pocos) contra Franco. Reportaje de Tereixa Constenla. Cónsules y embajadores se pasaron masivamente al bando sublevado - Un libro rescata a los leales a la República y su pelea por vencer el aislamiento internacional.

2. Monstruos de la literatura infantil. Reportaje de Aurora Intxausti. Cuentistas e ilustradores protagonizan un auténtico 'boom' en los países nórdicos - Los altos índices de lectura y escolarización ayudan al auge.

3. La crisis ante los dioses. Columna de Vicente Verdú.

4. Sobre curas casados. Artículo de la escritora y pintora Nicole Muchnik.

5. El síndrome de Jerusalén. Artículo de Josep Ramoneda. La rutina de la violencia ha acabado lastrando a un pueblo irónico, sofisticado y creativo. La obsesión de que todo el mundo es su enemigo bloquea la capacidad de raciocinio de Israel y le lleva a cometer estupideces.

6. Los 25 gloriosos. Columna de Francisco G. Basterra, sobre España y Europa.

sábado, 6 de junio de 2009

PRENSA CULTURAL. "Babelia", 6 junio 2009

1. Dossier CRISIS ECONÓMICA: 1.1. Lo peor no es inevitable (Artículo de Joaquín Estefanía: "La crisis se ha extendido como un pulpo a todos los ámbitos de la vida. Frente al temor de que el capitalismo sin reglas que ha provocado la Gran Recesión desemboque en una nueva burbuja, los ciudadanos han descubierto la prioridad de lo colectivo y la importancia de estar bien gobernados. Varios libros demuestran que el Estado vuelve a tener un lugar en el mundo".) 1.2. Pistas para entender el derrumbe (El interés por la crisis ha explotado y todos quieren saber cómo se ha llegado al borde del precipicio. Los textos sobre economía han logrado atraer al gran público. Reportaje de Claudi Pérez y Alejandro Bolaños). 1.3. La resistente dignidad del ser humano (La Gran Depresión de 1929 provocó en EE UU "una aceleración casi fantástica de la realidad". Títulos clásicos y nuevas ediciones de John Steinbeck y James Agee revelan la altura épica que alcanzaron sus retratos de novela. Escribe José María Guelbenzu). 1.4. "Estamos en la tercera guerra mundial" (entrevista a Vicente Verdú, poeta, periodista, narrador y ensayista, que se ha concentrado ahora en las dificultades del capitalismo. El resultado es El capitalismo funeral. Según el autor, la crisis que recorre el planeta es "social, cultural, moral y, por lo tanto, el principio de un mundo y el final de otro"). Podemos leer las primeras páginas del ensayo.


2. En el jardín de Sorolla. Muñoz Molina escribe sobre la exposición que el Museo del Prado dedica a Joaquín Sorolla.


3. La cara de la cruz. La literatura clandestina de los moriscos abarca muy diferentes campos y nos introduce en un espacio vedado, con frutos insólitos y a veces de notable calidad literaria. Luce López-Baralt, con La literatura secreta de los últimos musulmanes en España, la rescata para los lectores de hoy. Artículo de Juan Goytisolo.


4. Porque Dios no existe. Crítica de Mañana no será lo que Dios quiera, biografía novelada de Ángel González, escrita por Luis García Montero.


5. ¡Qué alegría, qué tristeza! Reportaje de Inmaculada de la Fuente sobre Literatura Infantil y Juvenil.

martes, 5 de mayo de 2009

PRENSA. La literatura infantil. Un artículo de Elvira Lindo: "La puerta de servicio"


Publicado el 3 de mayo del 2009, en "El País".

La puerta de servicio

Yo entré en la literatura por la puerta de atrás. Yo no tengo nada contra esas puertas, las de atrás; al contrario, las venero. Las puertas de atrás son más bajitas que las puertas grandes, así que, para entrar, una tiene que agacharse. A veces, como es mi caso, una tiene que agacharse tantas veces que se te queda en el alma una especie de humildad patológica, que se advierte en que siempre tienes la cabeza ligeramente echada para adelante, como si estuvieras resignada a que en cualquier momento alguien te puede arrear una colleja. La puerta de atrás en la literatura es la literatura infantil. Hace no mucho, Babelia preguntó a unos cuantos escritores qué diez libros habían sido esenciales en su vida hasta el punto de cambiarla un poco. Que yo recuerde, casi ninguno citó libros de los que leyeron de niños. Con lo cual, o bien nuestros escritores andaban a los diez añitos leyendo En busca del tiempo perdido, o bien no sintieron ni frío ni calor hasta que a los treinta años se atrevieron con Proust o con Joyce. Me sentí, como tantas veces, una inocente, poniendo en el primer lugar de mi lista a Huckleberry Finn, o una tonta perdida, que no entiende que a las preguntas que te hacen en los suplementos culturales nunca debes contestar con sinceridad. De cualquier manera, también mentí, porque de haber dicho la verdad, esa lista de "los diez libros que te trastornaron" estaría copada con los que leí en mi infancia y juventud. Ahí tendrían que haber estado con pleno derecho Mujercitas, Corazón, Tintín, Guillermo Brown, Tom Sawyer, todos los clásicos de Historias Selección, todos los de Enid Blyton. En fin, esa pequeña biblioteca seleccionada sin criterio literario o con un sólido criterio: los libros han de ir directos de los ojos al corazón, de los ojos a la risa, de los ojos al miedo. Hace ya algunos años, dieciséis (qué vértigo), comencé a escribir unos libros que, sin haberlo yo previsto (aunque haya quien sostenga que fue un "producto" malignamente pergeñado para ser un best seller), llegaron a ser popularísimos entre el público infantil. Yo lo vivía con alegría, pero también con cierto complejo, por aquello de haber entrado al templo por la puerta de atrás. Recuerdo el día en que acabé el primer libro: con la emoción del trabajo recién terminado, me eché a la calle; andaba por la Gran Vía cuando me encontré al novelista Eduardo Mendicutti. Nos tomamos un café. Él me dijo que acababa de terminar una novela. Yo no me atreví a decirle que me encontraba en la misma situación. En realidad, estuve conteniendo tontamente todas mis emociones durante muchos años. La emoción de tener de pronto tantos lectores, tan atentos, tan sinceros, tan entregados, tan bulliciosos. La emoción de las colas de niños esperando una firma o el recibimiento en algunos colegios. La emoción de recibir cartas dirigidas al personaje que yo había creado, como si yo no fuera más que una mera transcriptora de sus aventuras. Esa contención se debía, por qué no confesarlo, al complejo de haber entrado a la literatura por la puerta de servicio. No era yo la que generaba espontáneamente ese complejo, en esto te ayudan activamente la condescendencia del mundillo cultural. Recuerdo al político Carod Rovira preguntar: ¿quién es esta señora, aparte de la autora de un personaje que vive en un barrio de Madrid? Los recuerdos de aquellos días manolitescos me vienen con una mezcla de melancolía y felicidad. En los últimos tiempos me llegan más cartas que nunca de jóvenes universitarios que se hicieron lectores con mis aventuras. El cariño con el que me agradecen aquellos buenos ratos de su infancia me conmueve. Algunos de ellos me han seguido en todas las edades de su vida, lo que significa que (ésta es la parte que escuece) me hacen mayor. Algunos me conocieron directamente por los libros, otros me conocieron a través del Pequeño País, en donde cada domingo escribí, y Emilio Urberuaga ilustró, una novela por capítulos. Fue también mi estreno en el periódico, así que cómo no ponerse un poco triste con el cierre de aquel cuadernillo. Para los que no tienen hijos, su falta ha pasado desapercibida; para los que los tenemos ya mayores, también un poco: vas haciéndote más ignorante en materia de tebeos, ilustradores o cuentos. Pero eso no quiere decir que nos olvidemos de la ilusión con que desbrozábamos el periódico y le dábamos al niño su sección. Mi hijo y yo, por estos días primaverales, lo leíamos al solete, en un banco de la calle. Si cuando sea mayor, por la razón que fuera, le preguntaran en algún suplemento cultural cuáles fueron las lecturas más importantes de su vida y no se acuerda del cuadernillo que dirigía (con mano firme) nuestra Ana Bermejo, es que no tiene vergüenza. Sí, sí, él deberá acordarse del pequeño Nicolás, de Matilda, de Tintín, de todos los Zipizapes, Superlópez, del Marsupilami, de lo bueno y de lo malo, de su pequeña librería sin criterio literario, de esos libros que van de los ojos al corazón. Hoy, al fin, expreso mi emoción, aunque sea con la triste excusa de un obituario: entré, con otros, por la puerta de atrás; trabajé, con otros, en el Pequeño País, pero qué grandes nos hemos hecho en el recuerdo de aquellos nuestros pequeños lectores.