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martes, 6 de mayo de 2014

PRENSA. "Los retos de un país envejecido"

   En "El País":

Los retos de un país envejecido

La crisis y la pérdida de población generan tensiones en la estructura demográfica

El gran desafío será la jubilación masiva de la generación del ‘baby boom’


El problema no son tanto las personas mayores como el paro de los más jóvenes. / SAMUEL SÁNCHEZ
España envejece mientras pierde población, y todo ello a un ritmo que rompe estadísticas en un contexto de aguda crisis económica. En tres años habrá más fallecimientos que nacimientos (solo ha sucedido en la Guerra Civil y la pandemia de gripe de 1918). No es este el único hito demográfico sobre el que ha advertido el Instituto Nacional de Estadística (INE). El avance del padrón a fecha de enero de 2014 muestra la mayor caída de población extranjera en un año: 545.980 (el 9,9%). En parte por quienes han adquirido la nacionalidad española, pero sobre todo por los expulsados por la crisis, una tendencia que ha marcado el retroceso de población de los últimos dos años, que la ha dejado en 46,7 millones. Y que, según los últimos cálculos estadísticos del INE a largo plazo, apuntan a una pérdida de 4,6 millones hasta 2051 para caer por debajo de los 42 millones de habitantes.


PROYECCIÓN DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA.  / MARIANO ZAFRA / EL PAÍS
¿Hay motivos para preocuparse? Sí, si a todo ello se suman los efectos de una profunda recesión, con una caída del empleo e ingresos de la Administración menguantes (impuestos, cotizaciones...) para sostener a una población cada vez más envejecida (pensiones, gasto sanitario), como trasladan demógrafos y economistas consultados por este diario. Un problema que se agudizará en las próximas décadas a medida que las generaciones de jubilados estén más pobladas y mengüe en las de activos.
En buena parte, el problema que tiene España sobre la mesa tiene que ver con la gestión de un éxito. Por una parte, por haber alcanzado una de las tasas de esperanza de vida más altas del mundo (con datos de 2012, las españolas son las mujeres más longevas de Europa con 85 años de expectativa al nacer). Por otra, debido a la reducción de la natalidad, en buena medida, por la incorporación de la mujer a la actividad laboral.

Un hijo menos por motivos económicos

La evolución de la población de un país responde a los nacimientos (que suman habitantes) menos las muertes (que restan) y el saldo migratorio (que suma o resta). Los mayores cambios en el perfil demográfico de España de los últimos años han llegado de la mano de estos últimos movimientos demográficos, el factor más imprevisible de todos ellos, ya que está ligados a los vaivenes económicos (igualmente impredecibles).
Las tendencias de mortalidad y natalidad son bastante más rígidas. Las mejoras en las condiciones de vida y en la medicina han tenido un impacto que se ha traducido en una mayor expectativa de vida. Pero a pesar de la pérdida de población y la mayor longevidad, el número de defunciones seguirá creciendo por el envejecimiento poblacional.
A este respecto, hay poco que hacer. Aunque quizás no en el tercer factor de la ecuación: la natalidad. Es cierto que España sigue la tendencia de los países desarrollados de bajas tasas de nacimientos. Pero hay países de nuestro entorno que mantienen cifras de hijos por mujer superiores a las españolas. La media en España fue de 1,37 hijos en 2010, a la cola de Europa frente a los 2,2 de Islandia, o los dos hijos de las francesas, suecas, británicas, noruegas. Para encontrar tasas similares en España hay que retroceder a 1981, cuando la media por mujer fue de 2,03 hijos.
¿A qué responden estas diferencias? “Es difícil incidir en el número de nacimientos, decidir tener hijos responde a la suma de muchas decisiones individuales”, apunta la investigadora del CSIC Margarita Delgado. “Aunque quizás el ejemplo esté en los países nórdicos”, añade. Delgado destaca la utilidad que tienen medidas de apoyo “estructuradas y de largo alcance” (ayudas económicas directas, escolares, red de guarderías públicas, bajas remuneradas, reserva del puesto de trabajo de la madre...). “Según las encuestas, en España hay un déficit de fecundidad deseada y no satisfecha de un hijo más, de promedio, que no se tiene por razones de tipo económico u organizativo”, concluye.
Estos dos factores, que entraron en juego hace años, ya llevan tiempo dibujando un escenario de envejecimiento progresivo de la sociedad. Pero el inesperado aluvión de inmigrantes de la pasada década maquilló una situación que la acelerada vuelta a casa de extranjeros expulsados por la crisis, más la salida de nacionales en edad laboral, está dejando en evidencia en estos momentos.
España pierde población y se tendrá que acostumbrar a contar con menos habitantes. ¿Es malo perder población? Ni bueno ni malo, responde Margarita Delgado, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). “¿Qué más da un millón más o menos? Lo que importa es la estructura demografica de un país”, responde. Es decir, contar con población suficiente para sostener el gasto de sus generaciones más ancianas.
La gran paradoja que se da en este momento es que, de no sufrir España la crisis tan cruenta que mantiene a casi seis millones de personas en el paro, el país no debería de tener problemas para sostener a la población pensionista, según los demógrafos. La generación del baby boom (la explosión demográfica que se produjo en España entre los años 1958 y 1977) está (o debería estar) en pleno ejercicio profesional, con el pico de población entre la treintena y los 50 años, como refleja la pirámide de población. “España nunca ha tenido tanta gente en disposición de trabajar y tan formada”, apunta Antonio Abellán, especialista en envejecimiento del CSIC. Pero la crisis, al apartar a buena parte de ellos del mercado laboral, ha limitado su capacidad de generar riqueza y aportar recursos para el mantenimiento del sistema con garantías (social, sanitario).
Por ello, demógrafos como Andreu Domingo, subdirector del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autonoma de Barcelona, rechazan que se emplee la estructura demográfica como excusa para los recortes. “Los principales riesgos, que los hay, tanto en el sistema de pensiones o los cuidados de larga duración, no se deben al envejecimiento, sino a la falta de actividad económica, de crédito o la ausencia de políticas de empleo”, comenta Abellán, del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC.
Con todo, lo peor (en cuanto a la estructura demográfica) está por llegar. Y este escenario se planteará a partir de la década de 2030, y sobre todo de las de 2040 y 2050, cuando empiecen a jubilarse en masa losbabyboomers. Será entonces cuando las generaciones más pobladas vayan dejando el mercado laboral mientras, por debajo, unas cohortes sensiblemente más reducidas deban soportar el coste de la atención de las pensiones y sus cuidados sociosanitarios. “Los más vulnerables son el grupo entre los 40 y quienes rebasan los 50 años, apunta Andreu Domingo. “Lo más complicado lo vamos a tener a partir de los próximos 20 años”, insiste Abellán. “Si los políticos son razonables, tendrán que tomar medidas. Los próximos años avanzaremos hacia un desequilibrio mayor”, añade Delgado, “y la relación entre la cúspide y la base será más desfavorable”.
Ese será el momento de mayor tensión en la estructura demográfica, hasta que a medida que vayan falleciendo las generaciones más pobladas, se imponga una estructura de población, que no será ni piramidal ni con forma romboide sino una especie de árbol con un ancho tronco que va perdiendo la copa. Y en el que apenas habrá diferencias en el número de habitantes de las diferentes cohortes de edad.
Esto es lo que apuntan las predicciones a largo plazo, unas proyecciones estadísticas que se elaboran a partir de las tendencias demográficas del momento. Y que podrían variar, no tanto en los aspectos relativos a las tendencias de natalidad o mortalidad, las más rígidas y previsibles, sino en el saldo migratorio, mucho más volátil y directamente ligado al desarrollo económico.
Por ello, pese a lo “complicado de saber lo que sucederá en los próximos años”, según Domingo, la pérdida de población parece clara. “Habrá que acostumbrarse a poblaciones decrecientes”, comenta. El aumento de habitantes solo podrá llegar de la atracción de población extranjera, aunque será cada vez más complicado. “La idea de que los inmigrantes son un yacimiento infinito de empleo desaparecerá. De hecho, ya hay elevada competencia por captar los de mayor grado de formación en el mundo”, añade.
Esta complejidad dificulta las medidas a tomar. Pese a ello, Abellán lanza algunas ideas. Por ejemplo, incrementar la edad laboral. “Hasta ahora, los años ganados a la muerte se los damos a la juventud —formación— y la vejez —ocio— , no a la etapa adulta”. Abellán apuesta por incrementar la edad laboral por coherencia demográfica “y no solo por la sostenibilidad del sistema”.
No es el primero en hacerlo. Una tesis similar la defiende el exresponsable del programa de envejecimiento de la ONU, Andre Kalache, que incluso ha patentado una palabra para definir esta etapa de envejecimiento activo (y contributivo, en lo que se refiere a las arcas públicas): la gerontolescencia.
Otra de las fórmulas que propone Abellán es dejar de compartimentar las etapas vitales de forma que se asigne a la juventud la formación; a la edad adulta el trabajo; y a la jubilación el ocio. “Ganaremos fuerza de trabajo si los jóvenes pueden empezar a trabajar antes y permitimos que se puedan seguir formando años después”, algo que, como él mismo admite, parece complicado de aplicar en un momento como el actual, con tasas de desempleo juvenil que rondan el 50%. Esta entrada temprana en el mercado laboral lo combina el investigador con la mejora de la productividad que se deriva de esta formación continua, “la medida sobre la que más ha incidido la Unión Europea”, explica. “Cuanto más preparada esté la gente, más capaz será de producir riqueza, por lo que con menos gente trabajando se podrá sostener a mayor número de personas no activas”, relata este demógrafo.
Algunas de estas medidas ya se han tomado. Por ejemplo, el progresivo retraso de la edad de jubilación. Ángel de la Fuente, director de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), destaca también el hecho de que en la reforma de las pensiones “se haya adaptado lo que se puede pagar a la situación económica” lo que considera, “un buen paso para que el sistema aguante”. De la Fuente cree que las ratios entre la primera pensión y el último sueldo descenderán con el paso de los años. Aunque confía en que, a medio plazo, las pagas de jubilación seguirán yendo al alza.
La sensación que hay en la sociedad es otra. El Eurobarómetro de abril de 2012 mostraba que el 68% de los españoles está muy o bastante preocupado por no poder vivir con dignidad durante su jubilación.

jueves, 20 de junio de 2013

PRENSA. "La crisis ahuyenta a la cigüeña". Reportaje

Las ayudas para conciliar la atención a los hijos con el trabajo son clave en la natalidad. / ANXO IGLESIAS 
("El País")

   En "El País":

La crisis ahuyenta a la cigüeña

Desde 2008, el número de partos encadena una caída consecutiva de cuatro años

Hay menos mujeres en edad fértil y desciende la tasa de fecundidad

 Valencia 18 JUN 2013

España envejece al compás de la crisis. El hundimiento del empleo, los salarios y las expectativas vitales se han traducido en un retroceso acelerado y constante de la natalidad. Desde 2008, el año en el que comenzó a notarse el impacto de la recesión, el número de nacimientos se ha desplomado casi un 13%, según los datos que hizo públicos ayer el Instituto Nacional de Estadística (INE). Cada vez más mujeres españolas retrasan su maternidad (o incluso renuncian a ella) mientras la población inmigrante ya no compensa la caída del número de recién nacidos. Pero la culpa no es solo de la mala situación económica. Además, el segmento de población fértil (15-45 años) se reduce por la incorporación de generaciones cada vez menos numerosas.
En 2012 nacieron en España 453.637 niños, un 3,9% menos que el año anterior. La caída es notable, pero muy inferior a la que se registra desde 2008 (el 12,8%), cuando la cifra alcanzó los 519.779 bebés. La tendencia a la baja es sólida, ya que se ha mantenido a lo largo de los últimos cuatro años, como refleja el documento Movimiento natural de la población e indicadores demográficos básicos del INE. “Tener un hijo es un proyecto de futuro y en estos momentos, el futuro no es muy halagüeño”, razona a modo de explicación la demógrafa Margarita Delgado, del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). De mantenerse esta inercia, especialmente en lo que se refiere a las bajas tasas de fecundidad (número de hijos por mujer), España se enfrenta a “un problema muy importante a medio y largo plazo” de envejecimiento, explica Juan Antonio Fernández Cordón, demógrafo y economista y ex miembro del Consejo Económico y Social.
De entre todos los motivos que explican el descenso de natalidad, la caída de la tasa de fecundidad quizás sea el más relevante. Y esta cifra no ha dejado de bajar desde 2008. El número de hijos por mujer ha disminuido de 1,44 en 2008, a 1,34 en 2011 y a 1,32 en 2012. Son cifras muy lejanas a la tasa de reposición (2,1 hijos) necesaria para mantener la población estable.

Los expertos avisan sobre los riesgos del envejecimiento poblacional
Para los demógrafos, la zona peligrosa en cuanto al reemplazo generacional comienza cuando se alcanza la tasa de 1,5 hijos y se mantiene a lo largo del tiempo. España lleva años en estos valores, aunque estuvo a punto de salir de ellos en los años anteriores a la recesión, cuando en 2008 se llegó a cifras de 1,44, gracias, en buena parte, a la inmigración.
Pero ahora se asoma a otro umbral aún más peligroso. Hay un término anglosajón que se refiere a sociedades con muy baja fecundidad: lowest low fertility (algo así como la fecundidad baja más baja), con tasas por debajo de 1,3 hijos por mujer, como apunta Delgado. Los últimos datos señalan que España se acerca cada vez más a esta categoría.
“Me extraña que no haya caído aún más la tasa de fecundidad”, explica Teresa Castro, del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. La investigadora destaca como factor determinante en el retraso de la maternidad y la caída de la tasa de fecundidad el hecho de tener un empleo. Y no solo en el caso de los hombres, sino entre las mujeres. “Para tener un hijo, es necesario que el padre y la madre estén ocupados y tener cierta estabilidad, y esto es muy complicado hoy en día”, destaca.

La descendencia es un proyecto de futuro, y este no es halagüeño
Margarita Delgado, demógrafa

En todas las crisis, es común observar cómo se aplaza el momento de tener descendencia, añade la investigadora, una circunstancia que tiene su impacto en la tasa de fecundidad y los nacimientos. En este caso, “todavía es pronto para ver si estamos frente a un descenso real del número de hijos o un retraso en tenerlos”.
Castro subraya la paradoja de que ahora son los países del sur de Europa (también del Este) los que tienen una de las tasas más bajas de fecundidad, frente a los del norte, cuando hace unas décadas sucedía todo lo contrario. En España, por ejemplo, en 1976, la tasa de fecundidad era de 2,8 hijos. En estos momentos, frente a los 1,3 hijos por mujer en España, en Suecia o Francia tienen 2, en el Reino Unido 1,8 y en Holanda 1,7. “Donde hay mayor empleo femenino, además de políticas de conciliación, hay más fecundidad”, añade.
“Ya teníamos bajas tasas de fecundidad antes de la crisis”, recuerda Fernández Cordón. Entre 2000 y 2004, se llegó a valores de 1,23 hijos por mujer. Entonces, España se enfrentó a este problema gracias al alud de inmigrantes que recibió a lo largo de la década pasada, especialmente en su primera mitad. En estos momentos, sin embargo, la situación es distinta. La inmigración está a la baja, por lo que ya no es capaz de compensar los efectos de la caída de nacimientos en las españolas, a pesar del elevado peso que sigue teniendo. De los 453.637 nacimientos registrados en 2012 en España, 86.945 fueron de madre extranjera, el 19,2% (en 2011 fueron el 19,5%).

Cada española tiene una media de 1,32 hijos y la tasa de reposición es 2,1
Pero además, las mujeres de origen extranjero cada vez tienen menos hijos, debido no solo a los efectos de la asimilación sociocultural, sino también a la crisis. El descenso en la fecundidad entre 2011 y 2012 ha sido mayor entre este grupo —al caer de 1,58 hijos a 1,54— que entre las españolas, en las que ha bajado de 1,29 a 1,28 hijos. Si se toma con una perspectiva de diez años, se puede observar como la caída en el número de hijos entre las mujeres inmigrantes ha sido vertiginosa, ya que en 2002, tan solo diez años antes, la tasa media era de 1,86 hijos.
El escenario que dibuja la caída sostenida de la tasa de fecundidad es de un “problema de desequilibrio poblacional a medio o largo plazo, en 15 o 20 años”, si la situación no cambia, según Fernández Cordón. “Los datos hechos públicos ayer no son ninguna sorpresa”, añade Delgado, “y reflejan cómo se complica la estructura de la población y la relación cada vez más desfavorable entre la población potencialmente activa y la dependiente”.

Los países del sur de Europa son ahora los de natalidad más baja
¿Cómo se puede invertir esta tendencia? Fernández Cordón apunta a experiencias que se han vivido en los países que cuentan con mayores nacimientos por mujer. El caso de Suecia, en los primeros puestos de la clasificación europea, no le acaba de convencer a este demógrafo. Los incentivos económicos que ofreció este país a mitad de la década de 1990 dan resultados a corto plazo, señala. “Las parejas los aprovechan y, de hecho, hubo un subidón de fertilidad, pero al cabo del tiempo, las tasas volvieron a su cauce. Se adelantaron los nacimientos para aprovechar las ayudas y luego volvieron a bajar”. Por ello, este especialista prefiere los modelos basados en asistencia de forma continuada, como puede ser Francia. La clave, está, señala, en ofrecer servicios que permitan a los padres conciliar la atención a sus hijos con su vida laboral. Sobre todo en los primeros años de vida de los pequeños. “El gran problema está en los niños por debajo de los tres años, que necesitan cuidados permanentes”, apunta. “Hacer esfuerzos en materia de servicios así como cierta comprensión en el ámbito laboral mejora la conciliación; tener una familia no es solo una satisfacción personal, también es una aportación a la sociedad que se debe valorar”.
Además de la caída en el número de bebés que tienen las mujeres en España o los cambios entre las costumbres demográficas en la población inmigrante —no solo dan a luz menos niños, también los tienen a más edad— existen otros motivos que explican el descenso en el número de nacimientos.

La fecundidad ha descendido más entre las extranjeras
El informe del INE alude a la progresiva reducción del segmento de mujeres en edad de tener hijos. La crisis de la natalidad de finales de la década de 1980 y principios de 1990 se está dejando sentir desde hace unos años. Las mujeres de estas generaciones son menos numerosas que las que están dejando de ser fértiles, por lo que no las reemplazan. De hecho, la porción de población femenina entre 15 y 45 años está en retroceso ya desde el año 2009.
Además de la natalidad, entre los indicadores demográficos básicos que aborda el informe del INE se encuentra la mortalidad. El informe destaca que año pasado murieron 405.615 personas, lo que representa un 4,6% más que el año anterior. Este incremento supone el mayor de la década, aunque en 2003 (con un 4,4% más de muertes que en 2002) y en 2005 (4,1% más que en 2004) se produjeron situaciones similares.

La esperanza de vida femenina baja levemente, de 82,3 a 82,2 años
Los autores del trabajo explican la “evolución excepcional del número de defunciones” en un “incremento coyuntural de fallecidos en febrero y marzo”. En febrero de 2012, por ejemplo, hubo una mortalidad un 30% superior a la del mismo mes del año anterior. Josep Basora, presidente de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, no se atreve a aventurar los motivos que podrían estar detrás de estos datos. “Para sacar conclusiones, habrá que esperar conocer los datos de causas de muerte [cardiovasculares, respiratorias, tumores...]”, apunta. “Hay algo que no sabemos explicar y debemos saber qué es”, añade Basora.
Existen otros datos del informe del INE que han llamado la atención a los especialistas, en este caso, a los demógrafos, y que tienen que ver con la esperanza de vida al nacer. Lo normal es que este valor suba algunos meses todos los años. Sin embargo, ha bajado ligeramente, al pasar de 82,3 años en 2011 a 82,2 en 2012. Entre los hombres, no hay cambios (79,3 años), pero entre las mujeres hay un leve retroceso (de 85,2 años a 85). “Yo hablaría de un estancamiento, es pronto para concluir que ha habido una caída en la expectativa de vida”, apunta Teresa Castro, “habrá que estar atento a la tendencia a largo plazo”. Delgado es de la misma opinión.
En 2003 también hubo una caída respecto a 2002 (de 79,8 años a 79,7), que no se mantuvo durante los años siguientes. Pero entonces, la sanidad pública española no había sufrido unos recortes que han supuesto una caída del gasto del 10% en los pasados tres años (6.700 millones de euros menos presupuestados). El tiempo dirá si la tijera tiene su reflejo en la esperanza de vida en España.