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lunes, 20 de abril de 2015

PRENSA. "Justicia al fin para Víctor Jara"

   En "El País":

Justicia al fin para Víctor Jara

El militar acusado del asesinato del cantautor chileno tendrá que responder por cargos de tortura y ejecución extrajudicial ante un juez en Estados Unidos

 Washington 17 ABR 2015  
  • Victor Jara
    El cantautor chileno Víctor Jara, en una imagen sin fechar facilitada por la fundación que lleva su nombre. / EFE

    Cuentan los que acompañaron a Víctor Jara en sus últimas horas de vida en el estadio Chile, uno de los símbolos más siniestros de la dictadura de Augusto Pinochet, que los torturadores no lograron borrarle del todo la sonrisa al trovador del Gobierno de Salvador Allende ni cuando lo golpearon brutal y repetidamente, antes de acribillarlo a balazos. En su cuerpo se hallaron más de 40 disparos.
    Pero el tiro que acabó con su vida fue el que recibió en la nuca, casi a quemarropa, después de que sus torturadores se divirtieran jugando con él a una mortal ruleta rusa. Fue el 16 de septiembre de 1973, cinco días después del golpe de Estado contra Allende y de la posterior detención de Jara junto con cientos de compañeros en la Universidad Técnica del Estado (UTE). El estadio Chile, hoy estadio Víctor Jara, sería todavía testigo mudo de muchos más horrores en los comienzos de la larga dictadura de Pinochet (1973-1990).
    Cuatro décadas más tarde, la familia de Víctor Jara, que nunca dejó de buscar justicia, puede empezar a sonreír otra vez. Un juez de Florida ha ordenado esta semana que el hombre identificado como su asesino, Pedro Pablo Barrientos, responda ante la justicia por cargos de tortura y ejecución extrajudicial.
    Hace años que Barrientos, un exoficial del Ejército chileno, fue señalado como el torturador de Jara que apretó el gatillo del tiro de gracia. Uno de sus subordinados, el soldado José Adolfo Paredes, lo identificó formalmente en un testimonio entregado a la justicia chilena en 2009. El juez que lleva el caso en Chile, Miguel Vázquez, no tuvo dudas de su culpabilidad y en diciembre de 2012 lo procesó como autor de homicidio calificado. Poco antes, un programa de la televisión había descubierto que Barrientos llevaba una vida tranquila y discreta en Deltona, Florida, donde desde los años noventa se dedicaba a la compraventa de coches.
    Ahí entró en marcha el Centro de Justicia y Responsabilidad (CJA), una organización internacional que busca llevar a los tribunales a responsables de violaciones de derechos humanos en todo el mundo.
    Entre sus casos más famosos están, además del de Víctor Jara, el de monseñor Óscar Romero de El Salvador o la matanza de los jesuitas, cinco de ellos españoles, también en ese país centroamericano en 1989.
    Junto con el bufete de abogados Chadbourne & Parke LLP, el CJA interpuso en septiembre de 2013 una demanda en nombre de la viuda de Jara, Joan, y de su hija Amanda, acusando a Barrientos de cargos por delitos de tortura, asesinato extrajudicial y crímenes de lesa humanidad. Tras conocer la decisión de este martes del juez de Orlando, Florida, Roy Dalton, la abogada del CJA Almudena Bernabéu celebró que se abra por fin la posibilidad de que uno de los principales responsables de la muerte del cantautor chileno vaya a tener que responder ante la justicia.
    Cierto es, admitió, que resulta “decepcionante” que el juez desestimara los cargos por crímenes de lesa humanidad, porque “el asesinato de Víctor Jara, y los miles de crímenes cometidos durante el régimen de Pinochet, deberían ser llamados por lo que son: un crimen contra la humanidad”. No obstante, acotó en conversación con este diario, la decisión judicial es un vuelco en el caso. Y es que aunque la familia de Jara lleva décadas denunciando públicamente el asesinato del artista, recordó, “un ámbito formal, un juicio, una audiencia, una comisión de la verdad jamás ha habido en relación con este crimen. Entonces, después de 42 años, este es un paso gigante, para Chile sobre todo”.
    Con las manos destrozadas por las palizas, Víctor Jara todavía logró escribir unos últimos versos a lápiz en una libreta que pudo entregarle a uno de sus compañeros y que hoy conserva la Fundación Jara. “¡Canto, qué mal me sales / cuando tengo que cantar espanto! / Espanto como el que vivo / como el que muero, espanto”. Las heridas de Víctor Jara y de su familia empiezan a curar con cuatro décadas de retraso.

    sábado, 23 de agosto de 2014

    PRENSA CULTURAL. "La novela en español del siglo XXI"

       En "El País":

    La novela en español del siglo XXI

    Lima realizará la I Bienal de Novela Mario Vargas Llosa

    Los expertos crean un retrato de la narrativa hispanohablante


    Ilustración de Fernando Vicente.
    Los mundos totalizadores que explicaban grandes problemas o temas han sido reemplazados por micromundos más personales que contienen el universo. Ese es el no lugar al que ha llegado la novela hispanohablante del siglo XXI, poblado de voces polifónicas nacidas del mestizaje genético, cultural y literario de todos los tiempos y lugares con vocación global y sin prejuicios ni miedos de ninguna naturaleza. Un territorio que será analizado en la I BIenal de Novela Mario Vargas Llosa, en Lima (Perú), del 24 al 27 de marzo.
    Hace seis años largos, en Bogotá, 39 escritores latinoamericanos menores de 40 años empezaron a despejar la geografía de la nueva literatura en español que ellos ayudaban a crear tras la larga sombra de sus maestros. Un día les preguntaron: ¿hacia dónde va la literatura hispanohablante? Y la respuesta quedó recogida en una fotografía en grupo, de Daniel Mordzinski, donde estiraron el brazo y señalaron con el índice al frente, mientras el uruguayo Pablo Casacuberta exclamaba: “¡Hacia allá!”.
    Seis años después de aquello está claro que ya han llegado a Allá, y a todas partes, al lugar que han querido ellos y todos los demás escritores de los 19 países hispanohablantes a lado y lado del Atlántico porque ahora, más que nunca, se habla de una sola literatura en español, diversa y plural. Allá es el no lugar que lo contiene casi todo.

    Una mirada a los derroteros de la literatura desde Lima

    De lunes a jueves se realizará en la capital peruana la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa con la participación de más de treinta escritores hispanohablantes, entre los que figuran Javier Cercas, Héctor Abad Faciolince, Rosa Montero y Sergio Ramírez.
    Durante cuatro días se llevarán a cabo una docena de mesas redondas con temas como El futuro de la literatura, La novela latinoamericana: balance y perspectivas o La creación literaria en el mundo contemporáneo y Literatura.
    El jueves 27 se fallará el Premio Bienal de Novela Vargas Llosa al que optan los escritores Juan Bonilla por Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral), Rafael Chirbes por En la orilla (Anagrama) y Juan Gabriel Vásquez por Las reputaciones (Alfaguara).
    Un territorio donde la novela como género sigue siendo el preferido por escritores y lectores, y donde predomina una línea tradicional, mientras los experimentos parecen más cosa del pasado, e incluso se percibe la poca disposición de los lectores a acercarse a novelas que se salgan de los senderos seguros. Una aproximación a esas geografías de la novela por parte de una veintena de escritores, críticos, agentes literarios, editores y especialistas de España y América Latina deja ver cómo es ese no lugar donde está ahora la novela en español.

    Un paisaje polifónico

    Uno de los escritores que hace seis años señaló al horizonte fue el mexicano Jorge Volpi. Él empieza a despejar ese territorio al decir que “hoy los escritores de América Latina ya no parecen obligados a tocar ciertos temas (o a usar ciertos recursos formales). No hay una deontología crítica que indique sobre qué escribir o sobre qué no escribir. De allí una variedad inusitada de temas y estilos”. Pero antes de cualquier otra cosa, el agente literario Guillermo Schavelzon recomienda que “en algún momento habrá que dejar de hablar de los autores latinoamericanos como si fueran un conjunto o tuvieran una identidad común. Comparten —con variantes— la lengua, pero su voz y su mundo es muy diferente”.
    Javier Cercas no se considera un escritor español sino en español. Para él la narrativa latinoamericana también es su narrativa, y su tradición, cuenta, “se ha enriquecido extraordinariamente en el último medio siglo, porque lo que ha ocurrido en ese lapso en Latinoamérica es lo mejor que le ha ocurrido a la narrativa en español desde Cervantes”.
    Luego vino ese florecer de la literatura española de los ochenta que permite a José-Carlos Mainer, crítico, escritor y catedrático español, asegurar que “después del gran giro narrativo internacional de los años ochenta, los escenarios son urbanos y los protagonistas, perplejos, complicados y un poco culpables. Y, muy a menudo, tratan de indagar en el pasado cercano que creó un presente tan incómodo. O buscan implícitamente el diálogo y la confrontación con las generaciones precedentes por la vía del reproche, de la aceptación o del redescubrimiento de la verdad”.
    Se trata de una novela trasatlántica. Julio Ortega, escritor y crítico peruano y profesor en la Universidad de Brown, dice que es el momento de una época posnacional y posnarrativa. La novela, afirma, “ya no se define por su lenguaje local ni por su linaje regional. Más que el estilo del autor o la temática del relato, la novela cuenta con la inteligencia del lector. Es un espacio en construcción, un ensayo de nuestra libertad”.

    José-Carlos Mainer: “Los protagonistas son perplejos y un poco culpables”
    Cruce de caminos y puerto de llegada y salida, la novela hispanohablante ofrece dos vertientes, según Mayra Santos-Febres, escritora puertorriqueña y organizadora del Festival de la Palabra: la revisión histórica de los años ochenta con las narcoguerras, las guerras de guerrilla, las dictaduras militares revisitadas desde la infancia y la novela íntima experimental. Sin olvidar, agrega, las obras “desde perspectivas de identidades múltiples como lo la identidad gay, o desde lo femenino, o desde la raza”.
    Además de la recuperación de esa memoria, según Enrique Planas, escritor y crítico del diario El Comercio, de Perú, “hay una afirmación de una estética pop que nos habla de una cultura, en el caso latinoamericano, mutante, fruto de migraciones, encuentros y cruces. Nuevos autores que replantean la construcción de la identidad abriéndola a nuevas posibilidades de género, y, por fin, discursos profundamente subjetivos, que apuntan más a las historias íntimas que al gran retrato social”.

    No hay escuelas predominantes ni líneas estéticas maestras”, según Rosa Montero
    Polinización. Mixturas. Hibridación. Mestizaje. Raquel Gisbert, responsable del área de ficción de Planeta en España, lo ve claro: “Los autores echan mano de cualquier técnica narrativa apropiada para expresar lo que desean. Por otra parte, el material íntimo, la búsqueda personal, la explicación de la propia vida, se ha convertido en la masa literaria más apropiada de nuestro tiempo”. La literatura del Yo renacida a finales de los setenta que ha tomado fuerza en la lengua española en este siglo XXI también llama la atención de Rosa Montero. Considera que la novela actual “es posmoderna en el sentido de que no hay escuelas predominantes ni líneas estéticas maestras. Así que una de las características es la pluralidad de temas y formas”. Una novela ecléctica y multifacética, en palabras de la española María Dueñas.

    Rutas conocidas y nuevas

    Celebrado ese multicolor paisaje temático, sus estructuras novelísticas no lo son tanto. El autor colombiano Jorge Franco, dice que “hubo más experimentación y propuestas estructurales en la época del boom latinoamericano. Aunque hay que destacar una fuerte influencia de lo audiovisual y lo cinematográfico”. Opinión parecida a la de Carlos Granés, de la Cátedra Vargas Llosa, quien recuerda que otros autores más que en la arquitectura de la novela exploran con el lenguaje. “Si en una época se sentía más el sonido de Faulkner, ahora es el de Roth”.
    El tronco central sigue siendo la narrativa realista, dice el boliviano Edmundo Paz Soldán. Se trata, afirma, “de narrativas más bien despojadas, poéticas, ingrávidas. Hay también una intensificación del diálogo con los géneros populares, desde el policial hasta el horror”. Para el peruano Santiago Roncagliolo, si hay un movimiento en español en los últimos años es la crónica: “La no ficción crece en todos los países hispanohablantes... menos en España”.


    Montaje 'Biblioteca de Babel',de José Ignacio Díaz, en el Círculo de Bellas Artes. / BERNARDO PÉREZ
    En su país, según Enrique Vila-Matas, abunda la tendencia al realismo en la vertiente serie negra, “o bien en la vertiente la novela comprometida, a veces refugio del clásico hipócrita con conciencia social. Con todo, la peor vertiente es la que se presenta con el síndrome Saviano”. Ese predominio de la novela negra o de sus recursos parece natural, según Rosa Montero, “al ser una narrativa fundamentalmente urbana y la novela negra es la épica urbana y contemporánea por excelencia”.
    El problema, según Javier Cercas, es el trato con la tradición inmediata, sobre todo, la latinoamericana. Ha habido, explica, dos grandes actitudes: “La de los epígonos y la de los parricidas, que son quienes se dedican a decir que los buenos en realidad eran malos o no eran tan buenos y, a partir de ahí, a intentar forjar un canon alternativo. Esta actitud no es tan mala como la anterior, pero su resultado ha sido casi siempre una literatura menor, snob y ornamental”. Está convencido de que el desafío es “liquidar el epigonismo y el parricidio y pasar al canibalismo”.
    Lo crucial es entender, según la escritora española Elvira Navarro, que “no hay un progreso hegeliano en la literatura, donde formas determinadas corresponden a épocas determinadas, y donde esas formas serán superadas por otras. Si no hemos comprendido que lo lineal es tan pertinente en la actualidad como lo fragmentario es que seguimos en el siglo XIX, cuando se creía en la idea de progreso”.
    Hoy coexisten dos ámbitos que se entremezclan, explica Julián Rodríguez, editor de Periférica: “novelas hasta cierto punto experimentales, que obvian los llamados 'rasgos circunstanciales', alrededor del tema o atmósferas, y las novelas que entroncan con esa idea de la búsqueda de la Gran Novela: novelas que tratan de construir un mundo, generalmente más extensas, menos fragmentarias. Pero siempre con trasvases”. En otras palabras, “no son unívocas”, según Juan David Correa, escritor colombiano y director de la revista Arcadia: “Hay escritores que arriesgan más en lo formal y lo estructural, y otros que se aferran a la idea de regresar por el camino de las novelas más tradicionales”
    Con una aclaración del argentino Pablo de Santis: “Las formas vanguardistas se repiten mucho más que la otra literatura, la que acepta que forma parte de una tradición. Ya lo dijo Gore Vidal: ‘Todo cambia en el mundo, excepto el teatro de vanguardia”.

    Un horizonte abierto

     Lo que se constata en las obras de las dos orillas, según el crítico español J. Ernesto Ayala-Dip, “es una mayor porosidad en cuanto a las estrategias y tendencias narrativas. Un mayor diálogo entre las preocupaciones, fundamentalmente en cuanto a los propósitos estilísticos y a la disposición a no abandonar el espíritu de investigación de nuevas o renovadas formalizaciones narrativas”.

    Para Edmundo Paz Soldán “son narrativas más bien despojadas, poéticas”
    Raquel Garzón de la revista Eñe, de Clarín, de Buenos Aires, destaca la vocación de riesgo de los novelistas: “Se escribe con una gran libertad y aunque siempre hay ecos (toda la cultura es un gran palimpsesto), no hay devociones, los jóvenes no sienten la presión de escribir a la manera de tal o cual autor como un mandato”. Una duda la asalta: “La reciente adquisición de Alfaguara y otros sellos antes pertenecientes a Prisa por parte de Penguin Random House abre interrogantes acerca de cuál será el impacto de esta nueva vuelta de tuerca a la concentración del mercado en relación con la diversidad de una literatura tan frondosa como la que se escribe en español. ¿Se apostará por nuevas voces o se irá a lo seguro, a lo rentable?”.

    Enrique Vila-Matas: “La peor vertiente se presenta con el ‘síndrome Saviano”
    El balance de la novela que hace Claudio López de Lamadrid, director de la División literaria de Penguin Random House, no es tan optimista frente al de la mayoría. Lamenta la poca ambición en las propuestas. Y, sobre todo, no ve una predisposición por parte de los lectores a las obras ambiciosas. “Al intentar adecuarse a los gustos del público, los muchos autores descuidan la investigación y el trabajo con el estilo, el único territorio que les es propio y que les distingue de las formas invasivas, pantallas y demás. Aclaro que la radiografía que acabo de pintarte no es exclusivamente hispana. Sucede lo mismo con las demás literaturas acomplejadas muchas veces con el tirón de las series y el poder de la imagen”.
    Más allá de formas y fondos, a Julia Navarro le preocupa la regular edición y circulación de los autores entre España y los países latinoamericanos. Circulan menos que los escritores, como dijera Ricardo Piglia, cuya idea respalda el editor Jorge Herralde: “Las ediciones de autores latinoamericanos poco conocidos siguen la consigna del ‘optimismo (relativo) de la voluntad’. Y como es sabido, el destino de los autores españoles en América Latina tampoco es nada halagüeño”.Esta relación desigual, asegura Myriam Vidriales, de comunicación de Planeta México,  tiene que ver también "con hábitos no solo de los lectores sino también del mercado, que arriesga poco y más en tiempos de crisis". Una tarea pendiente que parece haber empezado a disminuir con la llegada de las librerías virtuales globales y el aumento del libro electrónico.

    Claves de la novela en español del siglo XXI

    W. M. S.
    - Hay una grata convivencia de autores de diferentes generaciones, lugares y estilos: desde quienes pusieron el nombre de la novela en español en boca de todo el mundo el siglo pasado, y los que se sumaron desde los años noventa, hasta los nuevos, de todas las edades.
    - La hibridación de géneros y estructuras. La norma es que no hay reglas. Es la riqueza de lo heterogéneo.
    - Los mundos totalizadores que explicaban grandes problemas o temas han sido reemplazados por micromundos más personales que contienen el universo.
    - Latinoamericanos y españoles se han quitado la obligación o el peso de escribir necesariamente de sus respectivos países o ciertas temáticas. Escriben de todo y sobre cualquier lugar.
    - Los temas en auge tienen que ver, sobre todo, con la literatura del Yo; líneas y enfoques ensayísticos que se han desplazado hacia la novela; miradas sobre la historia y la política más contemporáneas; la novela negra o asomos de ella al prestarse más para contar las incertidumbres del presente; lo urbano y cosmopolita pero también lo neo-rural.
    - Hay países, o regiones, en las que destacan temáticas concretas, por ejemplo la narcoviolencia en México, la Guerra Civil o la crisis económica y social en España (lo que ya vivió Argentina a comienzos del siglo); o revisión de historias nacionales, el caso de Colombia con la guerrilla y el narcotráfico, o Argentina y Chile con sus respectivas dictaduras.
    - Una clara toma de conciencia y compromiso social, ideológico y cultural que desafía la verdad oficial de gobiernos o partes interesadas.
    - En cuanto a estructuras o arquitecturas novelísticas predomina lo tradicional o clásico, y aunque se aprecian riesgos y apuestas experimentales notables, se echan de menos más exploraciones literarias.
    - El balance sobre el estado de la novela no está claro. Se divide entre los que lo consideran positivo y quienes recalcan la falta general de ambición de los autores e incluso de la poca disposición de los lectores a acercarse a novelas que se salgan de los senderos seguros y claros que algunos novelistas intentan abrir.

    martes, 17 de junio de 2014

    PRENSA. "Infancia del revés"

       En "El País":
    DÍA MUNDIAL CONTRA EL TRABAJO INFANTIL

    Infancia del revés

    Historia de Juan, un niño que se levanta cada día a las tres de la mañana para fabricar ladrillos


    Juan voltea los ladrillos para que se sequen. / FERNANDO DEL BERRO
    Imagínese usted el mundo al revés. Imagínese mañana mismo, a las ocho de la mañana. Cuando se dispone a llevar a su hijo o a su hija a la escuela, descubre que no carga sobre la espalda una mochila, sino un emplomado pico y una pala. No una pala de playa, sino de las de verdad, de las que doblan la espalda y cuartean los dedos. Y cuando va a ayudarle a cruzar la calle ve usted dibujadas en sus manos grietas de duras horas de trabajo bajo el sol. No puede creerlo cuando escucha “voy a trabajar”, con ese tono responsable que se le pone a los críos de 10 años acostumbrados a llevar a casa un sueldo todos los meses. “Esto es el mundo al revés”, piensa usted extrañado.
    Al revés, según desde dónde se mire. Para Juan Huachaca, un niño peruano de 10 años que trabaja haciendo ladrillos en Huachipa, una localidad del extrarradio de Lima (Perú), este es el pan de cada día. Para él y para los 168 millones de niños y niñas que acuden cada mañana a su trabajo, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
    Nos dirigimos a la pampa donde Juan fabrica ladrillos. Es un lugar sediento que cuando no lo erizan los vientos se convierte en piel brillante como la plata. Cualquiera diría que Huachipa se extiende plana como una mano abierta si no fuera porque, de repente, una herida honda deja el terreno socavado, convertido en una inmensa vasija de ladrillos. “Aquí vivo, aquí trabajo”, señala Juan con voz cansina mientras amasa sin parar con sus pies desnudos una amalgama de arcilla y agua rascados al suelo. Vive con su familia en una casa de adobe y hojalata, ensuelada por esteras, con una sola cama a repartir, calentada por un pequeño hornillo de queroseno y ambientada con alegres melodías de radio que a ratos logran voltear esa tristeza sórdida con la que se viste la pobreza. Juan tiene 10 años, tez oscura y un pelo negro y lacio que se vuelca sobre las ventanas de sus ojos. Cada mañana labra la tierra junto a sus padres y hermanos en el interior de estas inmensas heridas del suelo.
    En el mundo al revés de Huachipa no hay terrenos agrícolas, pero eso no impide que el 85% de los niños trabajen en la “labranza”, que es como aquí llaman a la fabricación artesanal de ladrillos. Antes, esta tierra estaba del derecho, pues los antepasados de Juan labraban de verdad sus cultivos. Sembraban maíz, patatas y algodón. Incluso por aquí pasaba el río Huaycoloro. Ahora, en este paisaje yermo donde apenas sobreviven algunos árboles que miran hacia arriba suplicándole a un cielo seco siempre huérfano de nubes y de pájaros, tan sólo brota el barro que dará forma a los miles de ladrillos que diariamente le comen la piel a la planicie.

    El 85% de los niños de Huachipa, en Lima,  trabajan en la “labranza”, como llaman a la fabricación  de ladrillos
    La familia de Juan sigue “labrando”, pero no para obtener plantas de maíz, sino ladrillos. Las empresas constructoras les pagan 32 soles (unos 10 euros o 13 dólares) por “cosechar” 1.000 piezas al día. De no alcanzar esa cantidad diaria no se cobra, por lo que es imprescindible que todas las manos de la familia colaboren, incluso los hermanos pequeños de tres y cinco años. Porque trabajar es lo normal en Perú para más de 1,8 millones de niños y niñas entre los 5 y los 17 años (el 23% de la población peruana menor de edad), la tasa más alta de empleo infantil de Latinoamérica, tras Brasil. Según la OIT, son varias las causas, pero todas ellas responden a la pobreza estructural derivada de la precariedad laboral y de las dificultades de muchas familias para obtener recursos económicos. Por eso los niños trabajan. Porque el sueldo de un hijo es hoy un litro más de leche, o un kilo de arroz para la semana, o poder pagar a final de mes unos cuantos litros de queroseno.
    Juan comienza su jornada laboral a las cuatro de la mañana, pero se levanta a las tres, cuando la intemperie es aún un mar de legañas iluminado por la luna y el aire todavía corre frío como el acero. Es el momento de preparar junto a su padre el barro con la tierra robada a la explanada y el agua bebida de un pozo. Algo que tiene que hacerse de noche, para evitar que el ardor del día seque la mezcla. Después, Juan pasará las horas ceñido a su silencio, cargando con fuerza el barro, en un reiterado trabajo mecánico. Entre gemidos de esfuerzo introducirá la tierra mojada en la gavera, una especie de molde para cuatro ladrillos, que dará la forma a cada pieza. Cogerá una vara con esos dedos casi desmigajados por la humedad y rasurará el sobrante. Después, volcará los más de 15 kilos de molde al suelo y ahí los dejará para que el sol trabaje hasta secar la última gota de sudor a los miles de ladrillos tumbados en la pampa.
    A este árido paralelismo de espejos que hacen tierra y cielo enfrentados, llegan cada día cientos de inmigrantes del interior del país, con sus trastos y omnipresente chiquillería. Vienen atraídos por la esperanza de mejorar su existencia, dejando atrás la cada vez mayor descomposición que sufre la agricultura tradicional en las zonas rurales. Porque muchos campesinos ya no puedan vender sus cosechas en los mercados locales debido, entre otras cosas, a la globalización de la economía. Desde la entrada en vigor del nuevo tratado de libre comercio entre EEUU y Perú en 2009, los baratísimos productos de las grandes compañías agrícolas norteamericanas no tienen competencia en el mercado peruano. La administración estadounidense subvenciona la producción agraria de sus agricultores de tal modo que, por ejemplo, al consumidor peruano le sale más económico el maíz Made in USA que el producido durante miles de años en tierras andinas.
    Entre 2008 y 2012, los programas de la OIT lograron reducir en unos 47 millones el número de niños trabajadores, pasando de los 215 millones a los actuales 168. En Huachipa, la Asociación de Defensa de la Vida (ADEVI) ha logrado al menos convencer a algunas familias, de manera que cada año 100 niños y niñas de la zona dejen de trabajar durante un año y dediquen su tiempo a ir a la escuela regularmente. Algunas ONG admiten el trabajo infantil, siempre que no afecte al desarrollo de los menores y dejando claro las causas que les obligan a trabajar. Una de ellas es Manthoc, una organización peruana que representa a más de 2.500 niños y niñas trabajadores, que reniega del trabajo infantil sólo “cuando se hace en condiciones de explotación, con malos tratos, y vulnerando nuestra dignidad como seres humanos”. Para ellos no tiene sentido que se les prohíba trabajar, mientras por otro lado el propio sistema económico social les hunde en la pobreza.
    Cuando dan las ocho de la mañana, Juan lleva ya varias horas trabajando en los hoyos del terreno. Es entonces hora de ir a la escuela. Aunque no acude con regularidad, pues el trabajo casi definitivamente lo ha regurgitado de ella. Cuando lo hace, sólo asiste hasta el mediodía pues, tras un insuficiente almuerzo, vuelve a la ladrillera de dos a cinco de la tarde. En total son siete horas de trabajo y cuatro horas de escuela, cuando va. “Mi padre me enseñó a cargar ladrillos cuando yo tenía seis años”, dice Juan recordando sus inicios en el oficio, y añade que “al principio solo trabajaba un poco, pero cuando me acostumbré cada vez cargaba más”. El primer día que fue a trabajar iba ilusionado, con esa sensación tan de niño de hacerse mayor de la noche a la mañana. Pero desde entonces su infancia ya no regresó.
    El trabajo en las ladrilleras es, por su particularidad, un empleo en el que son apreciadas características infantiles como el poco peso y la agilidad. Cualidades que permiten manejarse con soltura en el momento de voltear los ladrillos y al ponerlos del revés para que sequen por la otra cara. Y es que contratar a un niño son todo ventajas para el empresario: siempre asume que cobrará menos que un adulto, no suele conocer sus derechos, es más dócil y rara vez se integrará en un sindicato. Los niños son barro fácilmente moldeable. Las ventajas para los niños saltan también a la vista: deformaciones óseas, trastornos músculo esqueléticos ocasionados por movimientos repetitivos, manos ampolladas, contusiones en los pies,...
    Para estas familias, las dificultades económicas se convierten en un círculo vicioso reproducido con cada generación, pues el trabajo provoca que los menores acaben abandonando la escuela. De este modo, cuando son mayores sólo pueden acceder a trabajos precarios. Y entonces se repite la situación, porque sus hijos acabarán trabajando también desde pequeños. Un círculo de pobreza y de exclusión que puede marcar el desarrollo del país. Porque “todo niño que no consigue desarrollarse plenamente y alcanzar las capacidades necesarias, no será capaz de contribuir como adulto a la sociedad y esto lo notará también la economía”, sentencia Kevin Cassidy, responsable de relaciones externas de la OIT. El barro que aparece hoy dormido en la ladrillera, mañana habrá tomado forma y será un edificio de cualquiera de las avenidas de Lima. En cambio, en el mundo al revés de Huachipa, los niños no serán ladrillos con los que construir la sociedad futura.
    Sólo la lluvia podría endulzar la sequedad del aire, pero no parece que eso vaya a ocurrir hoy, porque el cielo sigue sin fondo, como casi siempre en Lima. En un despiste de su padre le preguntamos a Juan qué le gustaría ser de mayor. “De grande quiero ser mecánico de camiones y no trabajar llenando (con barro los moldes para los ladrillos), porque me chanco (estropeo) las manos haciendo el barro y me deja cicatrices”, concluye.
    Imagínese usted a Juan arropándose con la manta en el sofá de su salón. Del suyo, porque la casa de Juan no tiene ni salón ni sofá. Imagíneselo en los charcos de agua. Imagine a Juan en el barro. Pero esta vez no dándole forma al ladrillo, sino regresando a casa con él en las rodillas. Imagíneselo corriendo y bailándole al viento, disfrutando de principio a fin de esos días donde las tristezas no tienen lugar. Pero no. Parece más bien un niño dado la vuelta. A su edad tiene ya las manos salpicadas de años. Su infancia ha sido una piñata frágil, fácil de reventar. Juan es un adulto en un cuerpo de niño. Es un niño del revés.

    miércoles, 23 de octubre de 2013

    PRENSA CULTURAL. "Un Atlas sonoro del español en el VI Congreso de la Lengua, en Panamá".

    Fernando Vicente ("El País")

       En "El País":

    Un Atlas sonoro del español en el VI Congreso de la Lengua, en Panamá

    Hoy comienza en Panamá el VI Congreso de la Lengua

    Escritores de 20 países hispanohablantes más EE UU eligen la palabra más autóctona. Los lectores lo hacen en la web

     Ciudad de Panamá 19 OCT 2013 

    Lo chévere del idioma español es su espíritu patiperro que le permite ser entendido por el 80% de sus cuates. Sus casi 500 millones de hablantes no tienen que bregar en medio del bochinche de otras lenguas, a pesar de lo que digan los engreídos jailones y sin necesidad de huachafiar. Eso sí, a riesgo de que alguno pueda parecer un boludo al no entender las yapas de un idioma que no se cansa de decir asere a las expresiones que van apareciendo. Así surge una especie de parqueadero infinito donde caben desde vocablos curuvicas o cipotes,hasta otros pinches o mensos, que alguien podría interpretar como unc ontradiós. Pero es un idioma que no está en la olla porque sus palabras se sienten tuanis y rumbean sin complejos de ninguna vaina.
    La anterior es una muestra de una lengua polifónica, policéntrica y en expansión, de cuya riqueza y preocupaciones hablarán desde hoy y hasta el miércoles más de 200 expertos en el VI Congreso Internacional de la Lengua Española en Ciudad de Panamá. Como un homenaje a ella y a su diversidad, EL PAÍS ha pedido a 20 escritores del mundo hispanohablante, más Estados Unidos, que den el pie para crear un Atlas sonoro de las palabras más autóctonas del español. Narradores, poetas y ensayistas han elegido el vocablo que consideran que refleja mejor su país para que los internautas continúen con sus propuestas en el blog Papeles perdidos.
    Este Atlas sonoro coincide con la presentación en Panamá de la edición digital del Diccionario de Americanismos, publicado por la RAE y la Asociación de las 22 Academias de la Lengua, a cargo del académico Humberto López. Un libro cuya consulta está disponible gratuitamente en la Red y que contiene más de 70.000 entradas y unas 120.000 acepciones, sinónimos y variantes guapas y nada pendejas.
    Shhh... Así suena el Atlas en palabras de los 21 escritores:

    Cita ent

    Argentina: BOLUDO
    Juan Gelman. Es un término muy popular y dueño de una gran ambivalencia hoy. Entraña la referencia a una persona tonta, estúpida o idiota; pero no siempre implica esa connotación de insulto o despectiva. En los últimos años me ha sorprendido la acepción o su empleo entre amigos, casi como un comodín de complicidad. Ha venido perdiendo el sentido insultante. Ha mutado a un lado más desenfadado, pero sin perder su origen.
    Bolivia: JAILÓN
    Edmundo Paz Soldán. Es alguien de la high society, y la connotación suele ser negativa. Los jailones viajan a Miami o Punta Cana de vacaciones y solo van a los bares de moda. Los jailones no entienden Bolivia porque son... jailones. Se llevarían bien con los fresas mexicanos o los chetos argentinos.
    Chile: PATIPERRO
    Antonio Skármeta.
     Los chilenos tenemos patas de perro. Abandonamos nuestros lares con frecuencia tras vagas ensoñaciones o por apremiantes necesidades que nos impulsan a dejar el país. Encerrados en una tierra estrecha entre el mar y la cordillera de los Andes queremos romper límites, curiosear. El patiperreo con el lenguaje nos ha dado grandes poetas.
    Colombia: VAINA
    Laura Restrepo. Colombianísimo es el uso indiscriminado de la palabra vaina, comodín universal que para todo sirve. Exclamamos “¡qué vaina!”cuando se trata de un desastre, y “¡qué buena vaina!” para referirnos a un triunfo e incluso a la salvación. Para precisar su extenso significado, suele utilizarse precedida por el pronombre demostrativo esa: “Pásame esa vaina”, decimos señalando con el índice, y podemos estar pidiendo desde una aguja hasta un elefante. “Ya salí de esa vaina” alude a cualquier alivio. Al extranjero que visite estas tierras, familiarizarse con el múltiple y versátil manejo de vaina le ahorra tener que aprender español. En cuanto a amplitud de cobertura, vaina solo es equiparable al omnímodo mierda (v. gr. “queda en la mierda”; “se me perdió esa mierda”; “qué es esta mierda”). El cosmos entero cabe en vaina, es el Alfa y el Omega; Vaina es el Aleph.
    Costa Rica: TUANISCarlos Cortés. No viene de too nice, como machaca el cómico mexicano Adal Ramones cuando nos imita, sino de la jerga militar del salvadoreño Malespín en el siglo XIX. Al sustituir la e por la a y la o por la i se crean tuani (bueno), peli (malo) y muchas más. El uso le añadió la s. ¿Todo tuanis? (como pregunta y afirmación) ¿Tuanis o agüevado?(como lema). Tuanis es todo y nada.
    Cuba: ASERE
    Wendy Guerra. En la colección de cubanismos acopiados por Argelio Santiesteban se asienta esta palabra como originaria de África, especialmente de la religión carabalí. Algunos dicen que significa “yo te saludo”, otros dicen que en lucumí significa loco, pero lo cierto es que la nueva generación de cubanos refiere a asere y “asere que bolá” como el saludo más popular y común que ya nos distingue en el mundo.
    Ecuador: YAPA
    Gabriela Alemán. La yapa es algo adicional, un regalo. Cuando tenía diez años en todas las panaderías de Quito se daba una yapa a los clientes habituales, eran uno o dos panes que establecían un pacto de amistad. En uno de esos viajes de ida y vuelta la yapa llegó, en época de la colonia y a través de Louisiana, al inglés como lagniappe. Enchufe TV, canal en youtube de humor ecuatoriano, ha devuelto a la yapa al día a día de los ecuatorianos con sus microyapas semanales. Aquí una de ellas.
    El Salvador: CIPOTE
    Horacio Castellanos Moya. Palabra de uso común sinónimo de niño, joven, adulto inmaduro. Es exclusiva de El Salvador, donde no se le asigna ninguno de los significados castizos (hombre grueso o torpe, miembro viril). Nunca se entendería en El Salvador, por ejemplo, la frase “se le templó el cipote”. Un clásico de la literatura salvadoreña, Cuentos de cipotes, de Salarrué, relata historias de niños. Y a nadie se le ocurriría en el país relacionarlo con Los once mil falos, de Apollinaire.
    España: UN CONTRADIÓS
    Álvaro Pombo. Es un coloquialismo español que se usa para designar un disparate (una cosa absurda o contraria a la razón). Francisco Umbral, en El Mundo (23-4-90): “Una democracia capitalista es un imposible metafísico, un contradiós”. Otro ejemplo, de mi cosecha: “¡Entrar en casa con los tenis embarrados es un contradiós!” (dicho por una madre cabreada). Me parece una expresión esencialmente española, una mezcla de teología y falta de lógica: se pone a Dios (que es la contradicción absoluta) como análogo de la razón o el sentido común. Dios y las cosas divinas y católicas están grabadas a fuego en nuestro léxico y en nuestros usos lingüísticos.
    Estados Unidos: PARQUEADERO
    Sergio de la Pava. Nuestra palabra tiene su origen sospechoso en el spanglish o, mejor, el espanglish. Los idiomas son herramientas de los humanos no al reverso, así que si toca combinarlos para ser entendido con rapidez, como frecuentemente le toca al inmigrante, pues así crecen nuestras raíces. Solo cuida, cuando estés parqueando el carro, que no te den un ticket.


    Carteles en 'spanglish' en una tienda de Nueva Jersey (Estados Unidos). / GORKA LEJARCEGI
    Guatemala: KAIBIL
    Rodrigo Rey Rosa. En 1974 se puso en circulación esta palabra de origen maya-mam, kaibil, para designar un tipo de comandos especiales que combatieron en la guerra contraguerrillas en Guatemala, los que se hicieron notorios por su crueldad extrema y porque participaron en numerosos actos de genocidio. Kaibil aparece casi a diario en la prensa guatemalteca, se usa tanto en relatos y novelas como en poemas y ensayos y películas documentales.
    Honduras: PIJA
    María Eugenia Ramos. La palabra pija (denominación del pene) y sus derivados tienen tantas y tan diversas acepciones en el habla hondureña que se ha convertido en parte de nuestra identidad. Es una palabra pijuda, es decir, muy buena, porque con ella expresamos desde entusiasmo a la indiferencia, pasando por el enojo y estados alterados de conciencia. Se usa como sustantivo, verbo y adjetivo. “Me voy a la pija” significa me voy lejos. “Me vale pija”, no me importa; “estar a pija”,estar furioso, pero también estar borracho; pijinear, irse de fiesta, de parranda. Ser pijudo o pijuda es ser una buena persona o algo muy bien hecho.
    México: PINCHE
    José Emilio Pacheco. En México, pinche canceló su acepción normal para adquirir, no se sabe cuándo, las características de un epíteto derogatorio que sorprende por su omnipresencia y durabilidad. Pinche puede ser un empleado, el hábito de fumar, la suerte, un policía, una camisa, un perro, una casa, una persona, el mundo entero, una comida, un regalo, un sueldo o bien lo que a usted se le ocurra. Se trata, pues, de un epíteto que degrada todo lo que toca. Normaliza y vuelve aceptable una furia sin límites contra algo que nos ofende y humilla pero no podemos cambiar.
    Nicaragua: CHUNCHE
    Sergio Ramírez. Un chunche es una cosa y cualquier cosa, un comodín que salta sin descanso, mueble, aparato, herramienta, vehículo. “Montarse en un chunche”, “pásame ese chunche, “quitá de allí ese chunche”..., jamás se aparta de la boca y también es el sexo de una mujer, chunchito, o su admirado trasero: “Qué soberano chunche”.
    Panamá: SINVERGÜENZURA
    Carlos Wynter Melo. Sinvergüenzura es el sustantivo de la infinitud y, en consecuencia, de la libertad absoluta. Una sinvergüenzura es comerse el mundo de un bocado. Es un escape —a veces son inmorales las reglas morales— o el motivo de que exclames de repente, porque te nació de las vísceras: “¡Qué sinvergüenzura!”, para quejarte o decir, oye, es asombroso que los humanoides seamos inmensos.
    Paraguay: CURUVICA
    José Pérez Reyes. De origen guaraní con sufijo español, se trata del pequeñísimo fragmento resultante de la trituración algún material sólido. Como un párrafo desprendido de una obra. Viene al caso porque los escritores por ejemplo, juntamos palabras como curuvicas y de esa suma de restos sale un texto.
    Perú: HUACHAFO
    Iván Thays. Aunque se considera un sinónimo de cursi, su significado es más amplio y va de lo gramatical a lo sociológico. La huachafería es imitar o pretender ser lo que no es. Además, está relacionado a lo ostentoso, falta imperdonable en un país donde se sobrestima el perfil bajo. Su uso es tan subjetivo que resulta incluso huachafo el andar señalando las huachaferías de los demás.
    Puerto Rico: BREGAR
    Mayra Santos-Febres. Yo brego, tu bregas, estamos bregando;“¡chico, brega bien!”. Me imagino que la ubicuidad de la palabra explica todo un modo de vida. Hay que bregar mucho para vivir en Puerto Rico. Hay que estar dispuesto a negociar, resolver, esquivar e inventar soluciones nuevas casi cada día. Vivimos, como dice nuestro gran ensayista Arcadio Díaz, del arte de bregar.
    República Dominicana: OLLA
    Rita Indiana Hernández. La olla es un lugar caliente y letal, pequeño infierno donde terminan los desempleados, viven los pobres y al que hacen referencia constante los de la clase media. El que dice toy en la olla o toy en olla está quebrado, desbaratao, sin un chele. La olla es también un adjetivo, una obra de arte al igual que el discurso de un político puede ser o estar olla (horrible, pobre, ridículo). La isla es una olla adentro de otra. ¡Qué olla!
    Uruguay: CELESTE
    Claudia Amengual. Algún distraído diría que el término celeste proviene de la camiseta de la selección de fútbol, pero lo cierto es que esta lo toma de nuestra bandera. De ahí derivan expresiones como “la celeste” o “soy celeste” que han enriquecido el significado y lo han transformado en una marca de la identidad nacional uruguaya.
    Venezuela: BOCHINCHE
    Rafael Cadenas. No es propiamente un venezolanismo, pero es “voz de origen americano”, según asienta Francisco Javier Pérez en su Diccionario Histórico del Español de Venezuela y añade que es “una de las voces más expresivas del español”. Inicialmente, solo tuvo el sentido de fiesta escandalosa, luego significó desorden, alboroto, tumulto, después pasó al ámbito político. Francisco de Miranda la hizo célebre cuando al ser derrotado, al comienzo de la guerra de independencia, exclamó sobre su tropa: “Bochinche, bochinche, esta gente no es capaz sino de bochinche”. Y bochinchero se aplica a alguien irresponsable, falto de seriedad.
    Y eso es lo que no quiere ser la lengua española. Las palabras propuestas por estos 21 escritores lo confirman como un idioma pijudísimo, que no es cualquier chunche porque sirve, entre otras cosas, para platicar hasta convertirse en una marca igual que la celeste.¡Genial sinvergüenzura!