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lunes, 14 de diciembre de 2009

CUENTOS DE NAVIDAD. ALUMNOS/AS DE 1º ESO. "Una Navidad diferente", de Bárbara Maestre



UNA NAVIDAD DIFERENTE
Hace mucho tiempo, en un pueblo dejado de la mano de Dios, vivía una familia un poco diferente, puesto que la formaban dos mujeres con sus 2 hijos (adoptados, ¿qué pensabais?...).
Eran el hazmerreír del pueblo, porque eran la única pareja formada por dos mujeres. Ya llegaba la navidad, cuando de repente, un día de enero, a las 8.00 de la mañana,María, una de las hijas de ellas, se despertó llorando porque decía que había visto una sombra muy, muy, muy, pero que muy grande, que parecía un soldado de plomo. El hermano, que se llamaba Carlos, no se creía nada de lo que decía la hermana.Él decía:
- Claro,claro…
-¡Sí, mamá! Yo lo he visto, !te lo juro¡ -respondía ella.
Ya le ocurría antes, comentaba la pareja.
Ya era preocupante, pero lo dejaron pasar. A la hora de cenar, se oían ruidos extraños en el cuarto de María, pero nadie los oyó. Eran las 3 de la madrugada, cuando, de repente, María volvió a ver la sombra.
Sin miedo, se levantó de la cama y fue detrás de ella. Estaba bajando la escalera cuando de pronto vio un resplandor. Resultaba ser un soldadito de plomo muy chiquitito, con muchos amigos.
Había dos bolitas de árbol azules y un ángel, y muchos regalos de todo tipo. Lo que les hacía más grandes era el cariño de los niños. Ya no eran tan grandes porque los niños de hoy en día sólo piensan en las consolas, ordenadores, y todo tipo de objetos electrónicos, y dejan de lado las cosas de la navidad y los regalos de antes. Ya les dan igual. Por eso, fueron a casa de María, Carlos, y sus madres. Todos los acogieron con mucho cariño. Entonces,se iban haciendo grandes, grandes, grandes…
CONTINUARÁ…

CUENTOS DE NAVIDAD. ALUMNOS/AS DE 1º ESO. "El pavo y yo", de Marina Lucena Expósito



EL PAVO Y YO
En una granja, a las afueras del pueblo Tabú, vivía un pavo muy grande. Él tenía miedo porque, cuando sus antepasados llegaban a esa edad, y por esas mismas fechas, no se les volvía a ver. Temía que le pasara lo mismo.
Esa granja tenía una cosa muy curiosa, y es que alimentaban a los pavos con garbanzos, para tenerlos bien gorditos, y así, cuando llegaban las navidades, tener una buena cena.
-Todavía lo recuerdo perfectamente. Era un sábado, sobre las... 2.30 de la tarde. Estaba metido, junto a otros compañeros garbanzos, en un recipiente blanquecino. Nos habían metido ahí e íbamos a ser devorados… ¡por un pavo! Yo, listo de mí, pegué un salto y salí de allí con rapidez. El horrendo pavo, al verme, se asustó. Los dos chillamos y salimos corriendo, uno para cada lado. Yo me escondí debajo de una hoja, aprovechando que soy pequeño de estatura y quepo en cualquier sitio. El pavo, que por aquel entonces no sabía cómo se llamaba, corriendo despavorido, me pisó y solté otro chillido.
Una buena manera de conocer a un nuevo amigo, ¿no?
Bueno, el caso es que una cosa llevó a la otra y nos hicimos amigos. Me di cuenta de que los dos teníamos bastantes cosas en común: los dos íbamos a morir comidos por un “animal” de otra raza, los dos teníamos miedo de ser comidos por un “animal” de otra raza… Así que hicimos un trato. Gracias a mi “gran” cerebro y a su fuerza idearíamos un plan para escaparnos de allí. Así fue. Con su pico hizo un agujero en la verja y los dos salimos… pero… ¡EL DUEÑO NOS VIO! Salimos corriendo hasta perderle de vista y, cuando nos dimos cuenta, estábamos en frente de una gran puerta de colorines.
Los dos teníamos hambre, así que entramos en la casa. ¡No os podéis imaginar lo bien que olía allí adentro! Registramos la casa de arriba a abajo en busca de comida, pero nada. Pepe, el pavo, estaba desesperado, y, acostumbrado a comer garbanzos, se lanzó hacia mí con intención de comerme, pero, justo cuando estaba a punto de devorarme, apareció un extraño humano que le frenó. Era como yo, pero mucho más grande y gordo. Tenía una larga barba blanca y vestía de rojo y blanco. Lo llamaban Papá Noel.
Dijo: ¿Cómo os llamáis?
Nosotros ni siquiera intentamos decírselo.
Pensamos que, como la mayoría de los humanos, no podría oírnos, pero, para nuestra sorpresa, sí pudo. Le explicamos que nos querían comer y que hicimos un plan para escaparnos, que todo parecía ir bien hasta que nos perdimos.
Nos ofreció quedarnos a vivir allí y nosotros aceptamos. Durante las primeras semanas, pensábamos que su intención era comernos.
Pero no, aquí estamos después de 7 años, vivitos y coleando, y contando la historia de nuestra vida a vosotros, nuestros nietos.
Y, como en todos los cuentos, vivieron felices y comieron... comida.

CUENTOS DE NAVIDAD. ALUMNOS/AS DE 1º ESO. "La muñeca de trapo", de Dámaris Báez Conde



LA MUÑECA DE TRAPO
En el desván de los Ramírez había un viejo baúl, donde habitaba una muñeca de trapo, desde hacía muchos años.
Un día de navidad, por la tarde, subió Mariquilla al desván de su abuelo, donde encontró aquella polvorienta muñeca de trapo. Mariquilla fue corriendo a preguntarle a su abuelo de quién era aquella muñeca. Era de la madre de Mariquilla. Su abuelo le contó que era su muñeca favorita, con la que siempre jugaba. Mariquilla también le preguntó que si podía quedársela.
-Eso se lo tienes que preguntar a tu madre, le contestó.
-Vale, abuelo, se lo preguntaré, dijo ella.
Y fue a su madre a preguntárselo
-Mamá, mamá.
-¿Qué quieres, Mariquilla?, le preguntó su madre.
-Esta muñeca es tuya, ¿verdad?
-Sí, esa es mi vieja muñeca Rosita, le dijo su madre.
-¿Me la puedo quedar?, le preguntó a su madre.
-Sí, pero tienes que cuidarla como si fuera un tesoro, le dijo.
-Vale, mamá, contestó Mariquilla.
Ella se fue corriendo a lavar la muñeca de trapo, y se pasó toda la tarde jugando con ella.
Se le ocurrió una idea, y le escribió a Santa Claus una carta que decía así:
“Querido santa, mi mamá me ha regalado su vieja muñeca de trapo y me he pasado la tarde lavándola. Por eso te escribo esta carta. Quiero que me traigas ropa para la muñeca porque la suya está muy estropeada .Adiós, santa. Felices navidades”.
Cuando se hizo de noche, toda la familia de Mariquilla celebró la navidad. Después de la cena se fueron a abrir los regalos. Mariquilla se puso muy triste al ver que no le habían regalado los vestiditos que ella pidió. Su madre, al verla tan triste, se pasó toda la noche haciendo los vestidos que Mariquilla quería.
Al día siguiente, cuando estaba amaneciendo, la madre de Mariquilla la despertó y le dijo:
-Mariquilla, corre, levántate.
-¿Qué pasa, mamá?, preguntó Mariquilla.
-Es una sorpresa, le contestó su madre.
Mariquilla se llevó una grata sorpresa. Debajo del árbol de navidad había unos regalos para ella. ¡Eran los vestiditos que ella quería!
Se puso muy feliz al verlos. Se fue corriendo a su habitación con los vestidos y se los puso a su muñeca de trapo.
Y al final, tanto la niña como la muñeca de trapo se pusieron muy felices.

CUENTOS DE NAVIDAD. ALUMNOS/AS DE 1º ESO. "El niño y su sueño mágico", de Mª José Rodríguez Díaz



EL NIÑO Y SU SUEÑO MÁGICO
Había una vez... un niño llamado Cristian. Estaba un poco nervioso porque al día siguiente Papá Noel le traería sus regalos. Cristian estaba muy impaciente porque llegase la hora de acostarse.
Llevaba días y días soñando con que llegase el día de Navidad. Esa noche era muy especial para él, porque se reunía toda su familia a cenar.
Su madre estaba en la cocina y de repente le llegó un olor a los pasteles que estaba cocinando. De repente sonó el timbre... Eran mis abuelos, tíos y primos, que venían a cenar. Mi hermana pequeña salió corriendo gritando: ¡Mamá, ya están aquí!
Su papá estaba terminando de decorar el árbol de navidad y también ayudando a preparar la comida y la mesa para que todo estuviera perfecto. Mis abuelos venían con unos paquetes y los dejaron en el cuarto de mi madre Toda la casa era un bullicio de alegría y felicidad. Transcurridos esos momentos, la madre se asomó y dijo:
¡A cenar!
Mis tías y mi abuela ayudaron a mamá a poner los deliciosos manjares que había preparado durante toda la tarde. A Cristian se le estaba haciendo la boca agua, nada más que pensar en el asado que estaba terminando de cocinar mi madre. Yo estaba nervioso, pensando en la noche que me esperaba, de felices acontecimientos.
Nos sentamos todos en la mesa para engullir todo lo que había preparado mi madre, tan rico. Después de cenar toda la familia, cada uno se fue a su casa y mi mamá dijo :¡A la cama, que mañana nos espera un gran día. Me acosté pensando que no podría conciliar el sueño… De repente me quedé dormido... Soñé que caía nieve. Ese siempre fue el sueño que deseaba tener y siempre quise que nevara. Nunca he visto nevar... El tejado estaba recubierto de una una nieve fría y blanca... Soñé que salía a jugar con mi familia. Me desperté y... ¡mi sueño se hizo realidad!
Me asomé a la ventana de mi cuarto y vi la hermosa nieve, y fui corriendo al cuarto de mis padres con mi hermana y salimos a jugar juntos todos… Por fin mi sueño se hizo realidad. Es una maravillosa oportunidad de ver y jugar con la nieve.
Y así ocurrió la historia de Cristian y su sueño mágico, ya hecho realidad.

CUENTOS DE NAVIDAD. ALUMNOS/AS DE 1º ESO. "El caballo de madera", de Patricia Serrano




EL CABALLO DE MADERA
Hace mucho tiempo, en un bosque muy lejano, en una pequeña casa había un caballo de madera, en un viejo desván, que los antiguos dueños de esa casa habían dejado allí. Pero no era un caballo de madera normal y corriente. Era especial porque tenía vida y podía hablar. Era marrón, de ojos brillantes y sobre todo muy viejo.
Al cabo de un tiempo, vino una familia muy alegre para pasar la navidad. Esa familia estaba compuesta por un niño pequeño y los padres.
Un día, el niño subió al desván para ver qué había y, al ver el caballo de madera, se quedó muy sorprendido porque él nunca había visto nada igual. Entonces llamó a su madre y le preguntó qué era. Ella le dijo que era un caballo de madera muy antiguo, que seguramente habían dejado allí olvidado.
Al niño le gustó tanto que decidió quedarse con él como regalo de Navidad. Se lo llevó a su habitación y allí lo limpió y empezó a jugar con él. Pero, ¡cuál fue su sorpresa!, el caballo le sonrió y empezó a hablarle. Le contó la historia de cómo lo habían abandonado hacía mucho años, al ser muy viejo, y la ilusión que le hacía pasar la Navidad con una familia que le quisiera. Entonces, el niño pensó que él le cuidaría y sería siempre su amigo, y le dijo que sería la mejor navidad de su historia y que nunca jamás la podría olvidar. En ese momento, algo extraño sucedió: el caballo de madera ya no era caballo, era una niña pequeña, encantadora, y le explicó al niño que un diablo muy malvado la había embrujado, y, cuando un niño pequeño le diera su amistad, ella volvería a ser humana.
Los padres del niño aceptaron a la niña y fueron las mejores navidades y ninguno de ellos las podrá olvidar.
Esa familia siguió celebrando la Navidad y celebrando que, a partir de ese momento, una niña pequeña se unió a ellos y fueron muy felices.

CUENTOS DE NAVIDAD. ALUMNOS/AS DE 1º ESO. "Cuento de Navidad", de Mª Josefa Ubiña Pérez




CUENTO DE NAVIDAD
Les voy a contar la historia de una familia en navidad.
Todos viven en Barcelona y es una familia numerosa, es una gran familia. Son seis personas: el matrimonio, tres hijos y una hija.
El padre es profesor y se llama Bernardo. La madre se llama Carmen. Trabaja en un banco. Los niños van todos al instituto. Se llaman Alejandra (de 13 años, la más pequeña), Antonio (de 15 años), Alberto (de 16 años), Rafael (de 18 años).
Ya mismo viene la navidad y quieren hacer un regalo especial a su padre, que estuvo enfermo mucho tiempo y le quieren dar una gran sorpresa.
Él tiene un hermano muy lejos y no lo ve mucho.
Sus hijos le han escrito una carta invitándolo a pasar la navidad con ellos.
Él ha contestado que sí irá.
Los niños, cuando recibieron la carta, se pusieron contentos.
Se lo comentaron a la madre, pero le dijeron que no se lo comentara a su padre.
Al día siguiente, los niños se reunieron con la madre para que se fuese a dar un paseo con el padre, para poder hablar sobre lo que iban a regalarles.
-Alejandra: yo quiero regalarle una colonia.
-Antonio: pues yo le quiero regalar una corbata.
-Alberto: pues la idea de la corbata era mía.
-Antonio: no, no, la compro yo.
-Antonio: le puedes comprar una bufanda.
-Alberto: tienes razón. ¡Yo le compro la bufanda!
-Rafa: le compraré un móvil nuevo.
Rafa, como es el mayor, dice: A mamá le podemos comprar el bolso marrón que quería.
-Todos: sííííí.
Los padres regresan de su paseo.
-Hola, mamá. Hola, papá.
Rafa le dice a su madre que por la tarde van a salir todos juntos.
-De acuerdo, contesta la madre.
Y compran sus regalos. Todos regresaron contentos, escondiéndolo todo.
Llega el gran día de navidad. Es por la mañana y la madre manda al padre a que compre los pasteles.
La madre y los niños preparan la comida y la cena.
El mayor, mientras, va a la estación a recoger a su familia: sus dos titos y sus dos primos.
El hermano mayor llama a la madre preguntándole si papá ya está en casa.
La madre le dice que sí. Entonces llegan a la puerta, coge la llave y abre.
Entran y el padre se lleva una sorpresa. Todos se abrazan con mucha emoción.
Se sientan a comer. Son las 3 de la tarde. Después se sientan en el salón y hablan mucho.
Ya es por la noche. La madre pone la cena de navidad y todos están muy contentos.
Brindan con champán. El gran regalo ha sido la visita de su familia.
Luego se intercambian los regalos, les gustan a todos. Son muy felices.

CUENTOS DE NAVIDAD. ALUMNOS/AS DE 1º ESO. "La chica a la que no le gustaba la navidad", de Jenifer Luengo Escobar



LA CHICA A LA QUE NO LE GUSTABA LA NAVIDAD
Había una vez una chica a la que no le gustaba la navidad, porque siempre se las pasaba trabajando y no podía estar con su familia.Trabajaba  en un centro comercial como dependienta. Su familia la llamaba y le decía que si iba a celebrar la navidad con ellos :
-Marta,hija, vendrás a casa en nochebuena, verdad?
-No, mamá, cuántas veces te he dicho que tengo que trabajar.
-¿Y no le puedes pedir a tu jefe unos días libres?
-¿Para qué? Además, a mí no me gusta la navidad.
-Está bien, hija, como quieras. Un beso. Adiós.
De todas formas, Marta, al día siguiente, le pidió a su jefe unos días libres, pero, lamentablemente, éste le dijo que no.
Marta se apenó mucho y a la vez también se enfadó.
Fue y se lo dijo a sus padres:
-No pasa nada, hija, ya lo celebraremos otro año -le dijo la madre.
-Está bien.
-De momento, si quieres, podemos poner el árbol de navidad -le dijo el padre.
Marta aceptó.
Mientras que Marta estaba decorando el árbol, algo muy extraño le sucedió: de repente, la estrella que había colgado en lo alto del árbol comenzó a hablarle .
Marta no se lo podía creer: o era una alucinación o era un sueño, pero verdad no podía ser.
Fuera lo que fuera, lo importante fue lo que supuestamente había dicho:
-Marta, sé que te parecerá extraño que una estrella te esté hablando, pero lo que yo quiero que sepas es que la navidad puede llegar a gustarte mucho. Lo que pasa es que, como estás empeñada en que no te gusta y no te gusta, pues nada. Pero piénsalo bien. ¿A
quién no le gustan los regalos y todo lo relacionado? Puedes llegar a pasártelo muy bien. Y si este año no puedes pasarlo con tu familia, no importa. Ya la pasarás el año que viene, pero disfrútala todo lo que puedas, que la navidad está para eso.
Marta se quedó boquiabierta por lo que le estaba pasando. No se lo podía creer. Por supuesto no se lo dijo a nadie .
Marta se quedó pensando y al final llegó a la conclusión de que no hay que decirle a nada que no sin antes de probarlo, y más o menos ese era el caso de la navidad .
Al final, Marta recapacitó y ahora le encanta la navidad y la disfruta con su familia.

CUENTOS DE NAVIDAD. ALUMNOS/AS DE 1º ESO. "La vela mágica", de Joaquín Abad Girona



LA VELA MÁGICA
La historia comienza en una tienda de regalos de Navidad. Era mediodía, cuando el dueño empezó a preparar la tienda para poner los regalos y adornos, para que, cuando llegase la gente, estuviera todo listo. Empezó haciendo una lista de todos los objetos, y numerándolos para ponerlos en su sitio correspondiente en las
estanterías. Tenía juguetes, adornos navideños, figuras del belén,...
En el fondo del almacén, llena de polvo, se encontraba una caja de velas. El dueño no echó cuentas de ella, porque creía que era una caja vacía para tirar a la basura. Comenzó a ordenar la mercancía y a rellenar los estantes. Poco a poco, iban quedando todos los estantes llenos, pero el dueño de la tienda se dio cuenta de que
quedaba un espacio libre. Cogió la lista y la repasó minuciosamente, hasta que se dio cuenta de que faltaba algo, las velas. Se puso a pensar dónde se podrían encontrar las velas que le faltaban, y de pronto recordó la caja del almacén. Bajó a por ella y la vio allí, en aquel rincón polvoriento. El dueño abrió la caja y contó las velas que había en total, dándose cuenta de que una de ellas era diferente, era la vela mágica.
Cuando las colocó en la estantería vio que algo especial ocurría al coger la diferente, parecía que reía. No salía de su asombro y pensó:
-Esta es muy especial, me la quedo.
La vela estaba ansiosa por ocupar su lugar, ya que estaba esperando ese gran momento desde hacía mucho tiempo. Se encontraba nerviosa porque ya no estaría más en esa estantería. El dueño no
sospechaba de su poder mágico: al ser encendida cumpliría todos deseos de aquella persona que la encendiera. Llegó el día de la apertura de la tienda. El dueño la colocó en la repisa del san Pancracio. Con mucho cuidado, prendió la mecha y se dispuso a atender a los clientes, mientras pensaba: “Ojalá tenga buena venta”. La Vela de pronto se encendió con una llama más intensa y se cumplió el deseo. En cuestión de horas, las estanterías estaban vacías. Haciendo caja, sintió otra vez la risa, miró hacia la Vela que, con un guiño, le dijo:
-Gracias por escogerme, tu deseos serán cumplidos siempre.
Y así acaba la historia de la Vela mágica que fue encontrada en el fondo del almacén.

CUENTOS DE NAVIDAD. ALUMNOS/AS DE 1º ESO. "Rudolf", de Paula Pavo Lora



RUDOLF
Érase una vez un bonito día de invierno en Patagonia. Nevaba mucho, estaba todo blanco y precioso. Era un día perfecto para nacer y eso fue lo que pasó, que nacieron muchos renitos chiquititos. Todas las mamás renas estaban contentas y los demás renos de Patagonia visitaron a todos los recién nacidos; pero había uno especial, no por su belleza, ni mucho menos, sino porque tenía la nariz grande y de un color rojizo. Todos se quedaban extrañados, y lo veían feo, pero, para su mamá, era el reno más bonito del mundo, y le decía que él era especial.
Cuanto más grande se hacía, más le daban de lado al pobre Rudolf, que así se llamaba el reno. Todos los renos se reían de él. Rudolf creía que no servía para nada; no tenía amigos y nadie le hablaba, pero lo que sí tenía era el cariño de su madre, pues casi siempre estaba con ella, menos los ratos del colegio, porque, a pesar de ser renos, iban al colegio, donde aprendían sobre todo la orientación. Rudolf era uno de los primeros en su clase.
Un día, todos los renos del colegio de Patagonia se fueron de excursión. Se hizo de noche, estaba todo oscuro y se habían perdido. Todos estaban asustados porque se habían separado de los renos mayores y no sabían cómo volver a casa. Una rena muy bella se acercó a él, hablaron y se fueron haciendo amigos. Tanto hablaron que se les pasó el miedo y ella le contó un chiste:
-¿Por qué los de Lepe nunca salen del pueblo?
-¿Por qué?
-Porque cada vez que lo intentan se topan con un cartel en el que pone HUELVA.
Rudolf se rio tanto que se le encendió la nariz. Así pudo alumbrar el camino para volver a casa, y, como él era el primero de la clase de orientación, no tuvo ningún problema en encontrar el camino. Cuando todos volvieron sanos y salvos, todo el pueblo de Patagonia se lo agradeció a Rudolf.
Rudolf estaba muy contento, porque ya sabía que servía para algo y entonces hizo muchos amigos. Su madre le explicó que tenía un don y que ese don lo utilizara adecuadamente.
Ya en navidad, Papá Noel elegía a sus renos y, cuando vio la nariz iluminada de Rudolf, pensó que sería un buen guía para las noches oscuras de Nochebuena. Rudolf se puso tan contento de que Papá Noel lo eligiera, que nunca se le volvió a apagar la nariz. Santa Claus ya lo tenía decidido: Rudolf debería estar con él para siempre para alumbrarle su camino, viajar por todo el mundo y llevar los regalos en Nochebuena, porque es muy importante la ilusión de los niños.
Y así fue cómo Rudolf se convirtió en el reno favorito de Papá Noel, aparte de Cometa, etc.
Pero eso ya es otra historia.

CUENTOS DE NAVIDAD. ALUMNOS/AS DE 1º ESO. "Navidad en soledad", de Nieves Santos Belmonte



NAVIDAD EN SOLEDAD
Eran exactamente las 22:45 del 23 de diciembre. Su primera navidad en soledad. Venía a su mente el recuerdo de tantas navidades compartidas con alguien muy especial… Habían roto hace apenas unos meses.
Aún permanecían en su memoria esas maravillosas navidades con su pequeño David. Recordaba con qué ilusión el niño insistía en un portal y un árbol: lo deseaba grande,muy grande,tan inmenso como el que tenían enfrente de su casa.
Ella intentaba explicarle con todo su cariño que eso era imposible, porque, para que cupiera en casa, tenía que conformarse con algo más pequeño. Así, podrían colocarse las bolas, las botas, las luces y, además, habría espacio para sus zapatitos, donde los magos de Oriente dejarían los regalos.
Ella recuerda cómo los ojitos de su pequeño David se iluminaban de ilusión esperando la noche mágica, aunque también recuerda los malos momentos pasados, cuando su ex pareja le gritaba y el pequeño David se refugiaba en sus brazos, sin entender por qué su papá hacía que su querida mami se pusiera tan triste. A veces, sus lágrimas se deslizaban por su cara. Él no lo entendía, pero
quizás por eso estas navidades no echaba de menos a su papá, aunque de vez en cuando recordara algunos buenos momentos. Ahora, sin embargo, se sentía feliz junto a su mami.
Elizabeth, que así se llamaba esta mujer que iba a pasar sola la navidad junto a su pequeño, estaba un poco deprimida y no quería transmitir su tristeza a sus seres queridos. Por eso, les había dicho que no podía pasar las fiestas con ellos, porque ya había quedado con unos amigos. Era mentira.
Llega Nochebuena. Esa tarde, ayuda a su pequeño a dar los últimos retoques a las luces del árbol, la ubicación adecuada a las figuritas, el último vistazo al pequeño belén que con tanta ilusión habían montado. La pobre Elizabeth tiene ánimos para seguir adelante gracias a la dulzura, el encanto y la cara de felicidad de su pequeño. En su interior, esto le iba dando fuerzas para seguir adelante; se prometió a sí misma olvidar de una vez las malas historias, y pensar que merecía la pena la vida junto a su pequeño David: con él, el futuro podía ser vivido plenamente.
David se quedó dormido; ella, tiernamente, lo llevó a su camita, le dio el beso de buenas noches y pensó: “quién sabe; quizá un día encuentre a una persona que me respete y me quiera y, sobre todo, que también quiera a mi pequeño”.