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domingo, 12 de junio de 2016

PRENSA. SÁHARA OCCIDENTAL. "Escuelas en el desierto"

   En "El País":

Escuelas en el desierto

Para los niños con discapacidad de los campamentos saharauis no es fácil ir al colegio

Un grupo de profesoras ha impulsado la creación de centros especializados en su cuidado

 Sahara Occidental 7 ABR 2015  

  • Un niño juega con un avión de juguete en uno de los centros para discapacitados de los campamentos saharauis. / JAVI JULIO (NERVIOFOTO)


    "Al principio había gente que tiraba piedras al tejado de la escuela y nos llamaba locas", recuerda Fátima, directora del centro de discapacitados de Dajla, uno de los campamentos de refugiados saharauis de la provincia de Tinduf, en el desierto argelino. Este 2015 se cumplen 40 años desde la ocupación del Sahara Occidental por parte de Marruecos. Desde entonces, alrededor de 180.000 saharauis viven como refugiados en este territorio.
    Fátima no es una docente cualquiera; posee el honor de ser una de las primeras y mayores impulsoras de la educación para niños con patologías mentales y físicas en los asentamientos. Pero ella, por entonces, aún no lo sabía.  "Estudié Educación Infantil en Cuba y, al regresar a los campamentos, comencé a trabajar en una guardería". Corría 1993 y la guerra que mantenían el Frente Polisario y Marruecos había entrado en tablas hacía unos meses. Comenzaban entonces las negociaciones y pronto, el esperado referéndum y la solución al conflicto. "Pensé que estaría trabajando aquí sólo por un tiempo", confiesa mientras baja la mirada y esboza una mueca amarga.
    Mientras ajusta con sus manos una colorida melfa sobre su cabeza, mira hacia el suelo e intenta ordenar sus recuerdos. Y la sonrisa se dibuja otra vez. "Conmigo habían regresado varias amigas más que habían terminado cursos de Educación Especial y, entre las cuatro, intentamos buscar una solución para las personas con deficiencia mental que fueran más allá de lo asistencial".

    Teníamos energía, queríamos construir centros pero no sabíamos por dónde empezar
    Fátima, profesora
    Hasta entonces, los discapacitados vivían apartados o vagaban por la calle, pasando el tiempo sin hacer nada. Otros no salían de sus jaimas. Y a pesar de que algunos se matriculaban en las escuelas ordinarias, no acudían al colegio por miedo o vergüenza de sus familiares. Por aquel entonces, sólo existía un centro para discapacitados en los campamentos. Estaba en el de Smara y fue bautizado como el centro de Castro porque su creador fue un cubaraui, es decir, uno de los saharauis que fueron acogidos y educados en Cuba. "Teníamos energía, queríamos construir centros para todas las wilayas (campamentos saharauis), pero no sabíamos muy bien por dónde empezar", afirma Fátima.
    Tras hablar con varias asistentas que tenían un registro de personas con deficiencias, decidieron dar un paso más. Fátima dejó su trabajo en la guardería y se centró en la creación de estas escuelas. "Al principio nos dedicábamos a ir de jaima en jaima buscando a los chicos, hablando con sus familias... No tuvimos una gran acogida", recuerda, "aunque unas pocas accedieron".
    En estos duros inicios, cuando hay que construir desde cero la creación de las escuelas, comienza la lucha contra las supersticiones o viejos mitos. "¿Para qué quieres llevarte a mi hijo? No sabe hacer nada, no anda, se cae... Sólo mira al cielo y ríe sin sentido", espetaban algunas madres. Respuestas de este tipo ponen a prueba la determinación de estas cuatro mujeres, que no cejan en su empeño. Entonces comienza el trabajo explicando la necesidad de estar escolarizados, de juntarse con otros chicos, de hacer valer su potencial. Al principio, muchas familias se negaban a reconocer la discapacidad de sus hijos, incluso cuando éste era evidente, pues lo consideraban una vergüenza para la familia.
    "El trabajo con los parientes durará años", afirma Mamia Brahim. Mamia, como Fátima, es también directora de un centro de educación especial, en este caso en la wilaya de Auserd. Formada gracias a la ayuda de varias becas, estudia entre Argelia e Italia, de donde conserva el acento cuando intenta chapurrear algunas palabras en castellano. Yamila, como se la conoce en el centro, es una mujer de pequeña estatura pero llena de energía. Llegó siendo una niña con su familia a Tindouf en 1975, huyendo de las bombas y del napalm. El paso del tiempo le ha hecho olvidar Smara, la ciudad del Sahara Occidental donde nació, de la que afirma ya no recordar nada. "La gente no confiaba mucho en nuestro trabajo. Durante años estuvimos trabajando con las familias para que trajeran a sus hijos al centro y vieran nuestro trabajo y se concienciaran. Fueron años duros".
    Sin embargo, ese trabajo de hormiga ha dado con el tiempo sus resultados. "Hemos conseguido que las madres acudan con sus hijos o que vengan a resolver dudas o a buscar orientación cuando éstos son pequeños", afirma la profesora.
    Una vez que logran que varias familias se comprometan a llevar a sus hijos a la nueva escuela, queda por resolver el problema del espacio. "Fuimos a hablar con el gobernador explicando nuestras intenciones y se mostró receptivo: nos cedió un local para trabajar. Ya teníamos un local,  pero ni siquiera había sillas donde sentarnos", exclama entre risas Fátima. "Entonces comenzó la búsqueda de material entre las escuelas ordinarias, consiguiendo que nos cedieran mobiliario, libretas, pinturas...".
    Los refugiados saharauis dependen casi por completo de la ayuda internacional por lo que, al comienzo, la búsqueda de material se emprende dentro de los campamentos, algo que limita el éxito porque no hay muchos lugares a donde ir. "La falta de recursos se suplía con la ilusión del comienzo" sentencia Fátima.

    La integración de los talleres

    Un turbante negro protege a Mohamed Salem Hamudi del implacable sol del desierto. Viene de Rabuni, el campamento donde se encuentran todos los ministerios de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), de donde acaba de terminar una reunión. Su papel como director de los centros es coordinar sus actividades, preparar los viajes de los niños saharauis que pasan los veranos en España, cursos con cooperantes... "No hay tiempo para aburrirse" afirma divertido.
    Al entrar en la jaima, se descalza y comienza a saludar a sus primos. Se tumba en el suelo y busca acomodo con ayuda de un cojín. Ha sido un día interminable. Lembrabit, uno de sus primos, atiza unas brasas y pone a calentar agua en una tetera. En un rato comenzará el ritual del té.
    Mohamed, o Paisano, como le conocen sus vecinos tras su paso por Cuba, lleva coordinando las escuelas desde hace más de 10 años. Este saharaui con acento cubano comienza a haciendo una fotografía de la situación actual:

    Más de 200 alumnos acuden ya a las escuelas donde, además, reciben la comida del día
    "Las cosas han cambiado mucho desde aquellos primeros años. En total hay cinco centros para discapacitados y cuatro más para ciegos. Más de 200 alumnos acuden diariamente a las escuelas donde, además, reciben la comida del día", señala con orgullo. Hay más niños matriculados, pero la falta de transporte las enfermedades o la necesidad de cuidados más específicos les impide acudir, como sus compañeros, con regularidad.
    Los talleres de las escuelas cumplen una función integradora. Hay cursos de carpintería, donde los alumnos hacen puertas y ventanas, o de costura, donde las chicas cosen vestidos o banderas. Los ingresos que logran con su venta son para auto financiarse. "Por ahora no es mucho lo que conseguimos", confiesa Mohamed, "porque dependemos por completo de la ayuda internacional, pero la idea es esa". Mientras tanto, cumplen con su cometido creando sentimientos de confianza y autonomía en sus usuarios para cuando les llegue la hora de comenzar a trabajar.
    El tiempo libre escasea. Además de las actividades educativas, dentro de varias semanas se celebrará, como todos los años, el Sahara Marathon, un acontecimiento en el que también colaboran las escuelas de educación especial. En ediciones anteriores, varios de los alumnos corrieron acompañando a los atletas.
    El té comienza a hervir, y Lembrabit lo reparte lentamente entre varios vasos, volcando el líquido una y otra vez. Por un momento, se hace el silencio en la habitación. Paisano saborea su té dando pequeños sorbos. El sonido de su teléfono móvil interrumpe el descanso. Se levanta y lentamente, comienza colocarse el turbante de nuevo. Varios cooperantes acuden al campamento para realizar un curso de formación para el profesorado, y tiene que ir a buscarlos. "Cómo ves, esto es un no parar", se disculpa antes de salir. "Siempre queda trabajo por hacer".

    domingo, 24 de abril de 2016

    LITERATURA. "El caballero de la triste figura cabalga solitario". Ruth Zauner

       En "infolibre.es":

    El caballero de la triste figura cabalga solitario

    • Los actos del centenario de la muerte de Cervantes buscan ensalzar su figura, pero la enseñanza de su obra sigue siendo la gran asignatura pendiente
    • Los profesores creen que el problema radica en el diseño de los planes de estudio y en la marginación creciente de todo lo que no se considere utilitario
    • Ruth Zauner | tintaLibrePublicada 22/04/2016

    Fotograma de 'Lost in La Mancha'.
    Fotograma de "Lost in La Mancha"

    “A ver, Clavileño, el caballo de madera que el Quijote monta junto con el aterrado Sancho para vencer al gigante Malambruno, como acabamos de leer, ¿a quién os recuerda?”, pregunta Alicia, la profesora de Lengua y Literatura. Varias voces entre la veintena de adolescentes que asisten a su clase responden casi al unísono “al caballo de Troya”. “Muy bien”, afirma ella con entusiasmo, intentando por todos los medios arrancar a los chavales del letargo de la última clase de un viernes de un invierno casi primaveral, en el Instituto de Enseñanza Superior Valdebernardo, de Madrid. 

    Recurre a numerosos juegos y referencias para intentar atraer la atención de unos chicos cuyos tics nerviosos con las piernas, los coqueteos infantiles con bolitas de papel incluidos, o el interminable bostezo existencial denotan dificultades para concentrarse y un cierto desinterés. 

    Aun así, sus esfuerzos se ven recompensados con la participación activa de otro grupo dentro de la clase, más crítico, provocador en ocasiones. Van a leer el poema de Gabriel Celaya dedicado a Sancho Panza. Ella pregunta si han traído el libro. Hay varios que no, así que se vuelve hacia un joven embutido en una camiseta de Motorhead, Jonás, que se atropella leyendo los versos: “Los señoritos Quijano siguen viviendo del cuento,/ y tú, Sancho, les toleras y hasta les sigues el sueño/…/ Cabalgando en tus espaldas se las dan de caballeros/ y tú, pueblo, les aguantas…”.

    Entre las voces críticas que han surgido para denunciar el desinterés de las actuales administraciones públicas por la celebración del IV Centenario de la muerte de Cervantes, quizá las más descarnadas son aquellas que vuelven la mirada hacia la enseñanza de la magna obra del manco de Lepanto en los institutos públicos. Una de las reivindicaciones más pertinentes y también más difíciles de poner en práctica pese a su aparente sencillez —recogiendo un sentir muy extendido entre los defensores de la Literatura—, la ha manifestado el poeta y profesor de Filología Clásica de la Universidad de Salamanca Juan Antonio González Iglesias, quien considera que el auténtico homenaje pasaría por recuperar la asignatura de Literatura, independiente de la de Lengua en los grados elemental y medio, pues es a través de la pedagogía como se alienta el amor a la cultura y a los clásicos y se mantiene viva su existencia. Idea que defiende también el cineasta y miembro de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) Manuel Gutiérrez Aragóncuando señala que es a través de enseñanzas de los maestros como poco a poco nos vamos adentrando en estas obras.

    Arrinconar a la literatura


    Cuando se les pregunta a estos jóvenes por qué es tan importante Cervantes en la cultura universal, las respuestas se diluyen en afirmaciones vagas. Jaime señala que es el mejor escritor de la literatura en español de todos los tiempos. Pero después no sabe explicar por qué. Sofía reconoce directamente que no lo sabe. Y Kevin, el más contestatario, con una mirada penetrante bajo su pelambrera rosa, afirma retador: “A mí no me gusta el Quijote. No me atrae. No me identifico”. Después, a pesar de cursar el bachillerato de Humanidades, reconoce que no lee demasiados libros. Busca la información y la distracción en Internet. Este airado adolescente, que manifiesta en cada gesto su deseo de independencia, no ha encontrado el camino para llegar a uno de los adalides de la libertad individual, la del soñador loco de La Mancha. Los compañeros que le rodean en los bancos asienten dándole la razón. A este libro de humor y entretenimiento en su época no le ven la gracia. Reconocen que el texto les resulta lejano. ¿Por qué? ¿Habría que encontrar nuevos modos de transmitirlo, más acordes con la realidad que viven estos jóvenes, tan fragmentada por los móviles, el Whatsapp, los tuits y Facebook?

    Eduardo, profesor de Lengua y Literatura en el instituto Severo Ochoa, en Alcobendas, declara que le parece muy lógico que los chicos reaccionen así, porque “es una lectura muy difícil. Y como a los chicos cada vez les cuesta más leer, pienso que tal vez habría que hacer su lectura obligatoria. Galdós, cuando yo era joven, lo leía cualquiera. Ahora es sólo una asignatura de Literatura”. Requiere mucho tiempo y dedicación. Precisamente algo de lo que carecen estos esforzados enseñantes, que lidian más con los problemas que genera la disciplina en las aulas y con la incomprensión de las autoridades pedagógicas que desarrollan planes de estudio de imposible aplicación, que con los textos en sí.

    Benito, jefe del departamento de Lengua y Literatura en el mismo instituto, insiste en que los estudiantes están más distanciados del texto. “Es una aventura entender un párrafo, hay que concentrarse, y ellos no están dispuestos a hacer el esfuerzo. Son perezosos porque todo lo quieren entender a la primera”. Otro profesor, Agustín, recalca que incluso los alumnos a los que les gusta leer sienten que la estética del Quijote está muy alejada de la actual, y “no encuentran un enganche con el Quijote”. Antes, desde muy temprano, se les introducía en la literatura y llegaban al bachillerato y ya les sonaba. Ahora sienten menos curiosidad. Manifiestan incluso rechazo”.

    A estos profesores, esforzados paladines de una causa que parece también perdida, como es la enseñanza de la Literatura, les parece que el problema radica sobre todo en el diseño de los planes de estudio y en la marginación cada vez mayor de todo aquello que no se considere utilitario. Pero también con la sensación de estar maniatados y carecer de autonomía para diseñar la enseñanza que tienen que impartir. “Los profesores carecemos de libertad para tener iniciativa, porque no disponemos de margen, porque todo es utilitario y busca cumplir un currículo”, asevera Benito, “necesitamos espacios de libertad y parece que eso es inimaginable en la actualidad”.

    La situación que sufren, como amantes de las humanidades y de la literatura en particular, ya la anticiparon algunos intelectuales. Uno de los que más claramente ha denunciado la exclusión de las humanidades del universo pedagógico, a través de un perverso proceso de mutilación de todo lo que está ligado a ellas, es Jordi Llovet, poco antes de retirarse prematuramente de su cátedra de Teoría de Literatura Comparada en la Universidad de Barcelona, en 2008. Lo hizo a través de una obra ácida, divertida y desolada:Adiós a la Universidad: El eclipse de las Humanidades. Como muchos estudiosos han señalado ya, a modo de advertencia, la fama del Quijote se produjo mucho antes en Inglaterra, Francia o Alemania que en nuestro país, muestra de que tal vez España no se merezca a un autor tan grande, inventor de la novela moderna y cuya influencia se puede rastrear en numerosos autores posteriores, desde FlaubertDickens y Dostoievski a Thomas MannKafkaFoucault o Borges. La mercantilización indiscriminada del poder y la proletarización de la universidad, que tan certeramente diagnostica Llovet, destierran el humanismo de la Universidad, pero el mal alcanza también a la enseñanza secundaria. Eso explica que tan sólo dos de cada 10 españoles manifieste haber leído el Quijote. A pesar de ser Cervantes el autor del libro más editado y traducido de la historia después de la Biblia.

    Isabel, otra profesora, considera que una buena forma de introducir a los chicos en la lectura es a través de adaptaciones, porque se trata de “fomentar la cultura de la lectura”. Antaño, en primaria, los escolares lo leían completo en una adaptación y “lo encontraban ameno, entretenido, les gustaba”. Benito apunta a los cambios en la sociedad, a la invasión de las nuevas tecnologías, una revolución que conduce a una disminución de la lectura. Y recuerda que, efectivamente, antes, en tercero de BUP, se llevaban a cabo lecturas completas, y de ese modo entre un 15% y un 20% “se enganchaba”.

    Marginar la creatividad 

    Si la crisis económica de los últimos años ha resultado devastadora en general, en particular para los segmentos más vulnerables pero también para la llamada clase media, dada la endémica desidia de los gobiernos con respecto a la pedagogía, sus efectos han resultado devastadores en la enseñanza pública. Los recortes no sólo han constreñido y generado una enorme inquietud y malestar entre un profesorado ya de por sí poco reconocido en este país. Les han condenado a una difícil supervivencia que se explicita en el alto índice de enfermedades ligadas al estrés, como la ansiedad y la depresión, cuyo índice, según las estadísticas, crece en este colectivo profesional por encima de los demás. Eso, naturalmente, afecta también a la enseñanza de las humanidades. Al hablar, pues, de Cervantes resulta irremediable referirse también a la situación de este colectivo.

    Según el director del departamento de Lengua y Literatura, los recortes han resultado aniquiladores. Y Eduardo le da la razón cuando explica que el incremento del número de estudiantes por clase así como el del número de clases, que no va aparejado con el incremento de profesorado “apenas  dejan margen para corregir, cuando además el alumnado es cada día más difícil. Los planes son casi de imposible cumplimiento. Hay un intento —tal vez legítimo— de controlar a los profesores. Pero el programa no se puede dar”. A lo que Javier apostilla que ello se debe también a una “idea acumulativa de la cultura. La idea de que la enseñanza debe servir para formar personas ha desparecido”. Ahí se suma Belén, la más reciente entre los enseñantes, aseverando que “dada la actual ley de Educación, no hay manera de ampliar el programa con otras iniciativas, no hay tiempo para hacer talleres o imaginar actividades paralelas. Sólo enseñamos conceptos en lugar de formar ciudadanos”. Los profesores se quejan de que en tan sólo dos cursos la materia abarque desde la Edad Media hasta el Romanticismo, con lo que queda un tiempo mínimo para Cervantes.

    Surge pronto el meollo de la cuestión: el perjuicio para la literatura que ha supuesto su desaparición como asignatura independiente y su integración con la de Lengua. “Ha salido perjudicada la literatura, porque ha quedado relegada frente a la lengua. Todo lo relacionado con los aspectos más creativos de la cultura quedan marginados”, sentencia Benito, cuyas opiniones apoya Nereida, otra profesora del Severo Ochoa: “Todo lo marcan las pruebas externas, que llevan a incidir más en la lengua”. “Eso” afirma Eduardo, “las pruebas externas condicionan la preparación y nos convierten en academias, porque a los estudiantes lo único que les preocupa es el temario del examen. Así, por ejemplo, Cervantes les preocupa poco porque no entra en el temario. Y no digo que los textos no estén bien elegidos, pero resulta cuando menos chocante que no incluyan a este autor”.

    Ello lleva a que la percepción que de la literatura tienen los estudiantes también esté sesgada por el utilitarismo. Cuando se les pregunta para qué creen que vale responden vagamente que “para expresar sentimientos”, “para conocer cómo vivían en el pasado”, pero “no para ganar dinero”. Y sin embargo se muestran críticos con la situación actual, manifiestan desacuerdo con la política económica, muestran sensibilidad frente a las desigualdades y aseguran que ellos darían prioridad a “las escuelas, las causas sociales, a los bancos de alimentos y a los refugiados”, como afirman Kevin y Javier en nombre de la mayoría.

    Este árido panorama, que llevará a Benito a exclamar que los profesores “nos estamos convirtiendo en seres tristes” o a Javier a disculparse porque “todo lo que tenemos en la boca es una queja”, no mejora cuando se les pregunta tanto a los chicos como a los profesores por la coordinación entre Cultura y Educación de las diversas administraciones, de si se han puesto en contacto con ellos, si les han requerido de cara al IV Centenario… El primer gesto es de asombro en todos los interlocutores. “¡Aquí con los recortes que van a darnos nada! ¡Si no tenemos Internet, y a veces falta la tiza! ¡Si la profe no lo hubiera dicho, ni siquiera nos habríamos enterado del centenario!”, resume Jonás el sentir general del grupo.

    Huesos en lugar de actos

    Los reproches cruzados en los medios de comunicación entre el Ministerio de Educación y Cultura, la RAE, el Instituto Cervantes y otras múltiples voces individuales en el campo de la cultura han puesto de manifiesto la desidia del Gobierno y de las distintas administraciones con respecto al IV centenario. El Ayuntamiento de Madrid, por deseo de la anterior regidora, Ana Botella, del PP, ni siquiera entró a formar parte de una comisión organizadora que no se constituyó hasta la primavera de 2015. A lo único que se dedicó con ahínco el Consistorio fue a buscar los huesos del escritor en el convento de las Trinitarias de la calle Lope de Vega donde murió Cervantes, en un gesto muy claro del significado que para este partido tiene la cultura. Tras las críticas que le llovieron, finalmente la comisión presentó el pasado mes de febrero una lista de 229 actividades para la conmemoración: exposiciones —la de la Biblioteca Nacional ha dado el pistoletazo de salida—, charlas, conferencias, talleres… El ramillete de fuegos de artificio habitual, sin un objetivo claro más allá del ruido mediático que se pueda obtener y que el tiempo borrará con suma rapidez, salvo honrosas excepciones. 

    Y eso a pesar de que las exenciones fiscales llegan a alcanzar el 90% para el patrocinio privado. Un asunto que resulta todavía más sangrante al coincidir con el IV Centenario de la muerte de Shakespeare, que ha arrancado con un artículo del propio Cameron, y al que Reino Unido se ha entregado con un proyecto que abarca a 140 países y que se plantea unas metas que aseguren la pervivencia del otro gran titán de las letras universales: volcarse en los jóvenes, aprovechar las nuevas tecnologías e incluso convertir su obra en un motor de cambio social en barrios deprimidos.

    Mientras tanto, en nuestro país, en el que parece que la cultura es un enemigo más que el vehículo para el crecimiento de ciudadanos críticos y libres, los esforzados caballeros y damas de la triste figura que luchan en solitario en los centros de enseñanza siguen intentando que la llama de ese conocimiento no se apague.

    Alicia, a punto de terminar la clase, le pide a Olga, una muchacha decidida, que recite la Letanía de nuestro señor don Quijote del poeta Rubén Darío. Ella arranca con un tono monocorde. La profesora le interrumpe y comenta: “Tienes una voz muy bonita. Creo que lo puedes hacer muy bien si te da la gana. ¿Te da la gana?” Tras carraspear, la voz de la joven se eleva en medio del aula: 
    “… Por nos intercede, suplica por nos,/ pues casi ya estamos sin savia, sin brote,/ sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote,/ sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios”.

    *Ruth Zauner es periodista, editora y traductora.  

    lunes, 21 de marzo de 2016

    PRENSA CULTURAL. "Pérez Reverte y Don Quijote". Víctor Moreno

       En "nuevatribuna.es":

    Pérez Reverte y Don Quijote

    Víctor Moreno Escritor y profesor
    nuevatribuna.es | 09 Diciembre 2014 - 

    La instrumentalización del mito don Quijote ha sido una constante procaz a lo largo de la historia
    En la feria de Guadalajara (México) de este año, el escritor Pérez Reverte ha arremetido -¡menuda novedad!-, contra los ministros de los gobiernos españoles y mexicanos, pasados y modernos, porque, en su académica opinión, “han maltratado el Quijote”. ¡Toma del frasco, Sansón Carrasco!
    Culpar a los ministros de los gobiernos españoles, que se han venido sucediendo desde Cánovas del Castillo hasta hoy, por ser responsables de la desidia lectora de la sociedad española y, en concreto, del desprecio hacia el libro de Cervantes, tiene, cuando menos, su coña marinera de secano. Dando la vuelta al calcetín de su argumento, podría concluirse que el propio Pérez Reverte, al ser uno de los autores que más leen los españoles –según su docta opinión-, tendría su particular responsabilidad por haber trasegado el gusto de los lectores, adocenándolo hasta la más bajas cotas de la exigencia lectora. Y, por tanto, de no leer el Quijote, que exige un tute a las meninge muy superior al que pide Alatriste y sus gónadas.
    Pérez Reverte sostuvo en Guadalajara que la lectura del Quijote “debe ser un estímulo para alcanzar el entusiasmo y la fe en que las cosas se pueden cambiar”. Siendo así, seguro que los dirigentes de Podemos han leído el Quijote, una y dos y hasta tres veces.
    Para el escritor cartagenero, la importancia del Quijote como “elemento educativo y civil es tan alta” que "da vergüenza que España y México sean de los seis países en los que no se ha sentido que esta obra sea de obligatoria enseñanza y de obligada lectura”. Peor aún: “los ministros ignoran qué es el Quijote, ni saben para qué sirve".
    Menos mal que disponemos de un tipo tan versado en Cervantes que lo sabe. Por eso, sorprende que no lo haya denunciado hasta ayer mismo. ¿Por qué será? Pues, ni más ni menos que al hecho de que Pérez Reverte ha publicado una adaptación de la obra de don Quijote para adolescentes, por encargo de la Real Academia.
    Hace 102 años, el Gobierno de entonces instó a la Real Academia, asistida por un catedrático y por el director de la Biblioteca Nacional, a que hiciera una adaptación del Quijote. En el tercer centenario del Quijote, en 1905, el escritor Guillaume Apollinairepropuso la promulgación de una Orden Real que obligase a alfabetizar a los españoles leyendo el Quijote. Felizmente, no se llevó a cabo semejante despropósito. Sin embargo, sí se promulgó la odiosa medida de hacer obligatoria la lectura del Quijote en las escuelas. No se sabe qué fue peor.
    Ahora, Pérez Reverte sostendrá que su adaptación es una “herramienta muy útil para que los jóvenes tengan acceso a los valores que el Quijote promueve”. Entiéndase, los valores que según Pérez Reverte promueve el Quijote, es decir, “ofrece apoyo y consuelo en estos tiempos en que se reclama justicia cuando las patrias y los sistemas están en cuestión”. No imagina uno cómo la lectura de un libro puede producir valores tan milagrosos en la sociedad, pero, si lo dice Pérez y le apoya Reverte, habrá que callarse.
    Por si fuera poco, el Quijote es “un gran patrimonio de la lengua, y la lengua es la única patria que no está puesta en cuestión. Es la única patria por la que es decoroso vivir. Todas las banderas son más o menos sospechosas. Y el Quijote es una bandera fuera de toda sospecha”. Ni el Catecismo Patriótico Español de 1939, escrito por el dominico Menéndez Reigada, lo diría mejor.
    El hecho de que la Real Academia se haya decidido por una adaptación de don Quijote en 2014 para adolescentes es un tanto paradójico. Si algo sobra, son adaptaciones quijotescas. Entre otras, figuran las llevadas a cabo por Paula López Hortas (Anaya), de Nuria Ochoa, Carlos Reviejo (SM), José María Plaza (Espasa), Concha López Narváez (Bruño), Rosa Navarro Durán (Edebé), Vicente Muñoz Puelles (Algar) José Luis Giménez Frontín (Lumen), Andrés Amorós (SM), etcétera. Quizás, el escritor Pérez Reverte considerase que ninguna de estas adaptaciones era digna a sus ojos de académico, pues no promovían los valores por los que él suspira: lengua, patria, justicia, sistema, consuelo y la bandera de El Quijote, que ya me dirán cuál es, después de las interpretaciones variopintas recibidas desde 1605.
    Hay que ser tan ingenuo como torpe para pensar que uno se hará más demócrata y más ilusionado para “desfacer todo tipo de entuertos”, gracias a la lectura del Quijote. Esta torpeza didáctica conductista no es original. Carlos Fuentes consideraba que era imposible que alguien que leyera el Quijote no saliera de dicha lectura hecho un demócrata. Para ejemplo, él mismo. Nabokov y Mann consideraban, sin embargo, que El Quijote era “una enciclopedia de la crueldad”, así que lo más probable era que quien entrara en la Mancha saliese por Nueva York hecho un sádico o experto en acosos varios. Al fin y al cabo, el Quijote pasa sus aventuras padeciendo la burla cruel de los otros.
    En serio. La instrumentalización del mito don Quijote ha sido una constante procaz a lo largo de la historia. Cada quien ha pretendido usarlo en beneficio propio. Pérez Reverte cae en la misma trampa aunque su deseo sea expresión de una supuesta buena voluntad ideológica, ética y moral, además de económica. Pero no hay doctos más imprudentes que quienes pretenden ordeñar la literatura en pro de unos valores que uno considera los mejores del mundo mundial.
    Si sirve de advertencia, recordemos que los ideólogos del fascismo y de los golpistas de 1936, explotarían el mito Quijote como legitimación ética, moral y política de sus desvaríos. Aunque la obra de Ramiro Ledesma, El Quijote y nuestro tiempo, fue publicada en 1924, Tomás Borrás la editaría en 1971, asegurando en el nuevo prólogo que “el libro de Ledesma parece anunciar el quijotismo de la Cruzada”. Y no hace falta mucha imaginación qué entuertos desfacería este Quijote fascista: la democracia y la república.
    La justificación del saltimbanqui Ernesto Giménez Caballero resulta más alarmante todavía. Su panfleto La vuelta de don Quijote se publicó en 1932. Ahí presenta al héroe manchego universal como “el libro más antinacional, peligroso, inmoral y trágico de España. El libro más desterrable de España. El libro más temible y corrosivo de España. El peor veneno de España. Libro sádico que no termina nunca de estrangularnos y dejarnos morir santamente”. Alucinante, ¿no? Sin embargo, en 1944, sostendrá que “El Quijote de Cervantes significa la cima ejemplar de la Novela: en España y en el Mundo. Es el máximo valor de la Literatura española. Y uno de los supremos en la Universal: con la Biblia, la Ilíada griega, la Eneida, de Virgilio; la Divina Comedia, de Dante; el Hamlet, de Shakespeare; el Fausto, de Goethe.
    Lo presentará como “símbolo de una nación española definida por su carácter católico e imperialista” (Lengua y Literatura de España, IV, “La Edad de Oro”, Madrid, Talleres, Tipográficos de Ernesto Giménez, 1953, reimpresión sin cambios de la edición de 1944).
    Y así se podría seguir con las opiniones de Pemán, el llamado “juglar de la Cruzada”, que elevaría el Quijote a categoría y numen de la identidad del ser español, como ya hiciera Unamuno, y que es “una identidad mística y metafísica”.
    Si alguien considera que la literatura, se llame El Quijote o Hamlet, asegura la transformación ética o moral de un individuo o de una colectividad, no es que no tenga idea de cómo funciona el acto lector, sino el mismo individuo, que este cambia cuando le interesa cambiar, no porque se lo diga Tintín o Tarzán.
    La lectura es, puede serlo, un estimulante cognitivo, emocional, ético, político y lo que uno quiera. Pero, los modos de leer afectan tanto a los objetivos como a los métodos, que, al final, dichas lecturas terminan desnaturalizadas, al ser ordeñadas por intereses espurios. Un modo de leer que somete la lectura a unos objetivos previamente determinados por intereses ajenos al lector, lo único que consigue es castrar la posibilidad de una experiencia emocional e intelectual única. Y una adaptación delQuijote, ni te cuento.

    martes, 16 de febrero de 2016

    EDUCACIÓN. "Aristóteles y las hojas del recreo". Vicente Carrión Arregui


    Rafael: La escuela de Atenas. Detalle: Aristóteles, sosteniendo la Ética a Nicómaco y señalando el mundo visible, junto a Platón que sostiene el Timeo y señala hacia arriba, hacia el Mundo de las Ideas.

       En "El País":

    Aristóteles y las hojas del recreo

    La educación filosófica, artística y literaria es imprescindible

    Vicente Carrión Arregui   4 febrero 2016

    Aunque no soy futbolero, en aras de una mejor convivencia escolar colaboro con las actividades deportivas del recreo porque me parece preferible que los alumnos peguen patadas y manotazos al balón a que se los den entre ellos. Además, así me familiarizo con los chavales de la ESO ya que, si nuestros próximos representantes políticos no detienen la aplicación de la LOMCE, los profesores de Filosofía nos veremos desplazados del bachillerato y trataremos de cubrir horarios impartiendo “Valores éticos” a quienes no se apunten a Religión Católica. No es que se nos vayan a caer los anillos por ello, ojo —en mi opinión, cuanto más niños, mayor inclinación filosófica tenemos los humanos—, pero es lamentable que sustraigamos al conjunto de nuestros jóvenes la reflexión crítica asociada a las humanidades.


    OTRO ARTÍCULO DEL AUTOR



    Pero dejémonos de lamentaciones y volvamos al patio. El otro día había tal cantidad de hojas acumuladas ante una de las porterías que me pareció temerario empezar el partido, por lo que propuse a los chavales que las intentáramos sacar del campo empujándolas con los pies. Me puse a ello y cuando conseguí que unos cuantos alumnos me secundaran comprendí que la juerga consistía en tirármelas a mí ante los divertidos comentarios de los consabidos mirones. Molesto, suspendí el partido y me dirigí al interior del instituto. Con la ayuda del equipo directivo localizamos unos rastrillos y unas bolsas de basura con los que reintenté organizar la recogida.
    Para mi sorpresa, apenas un alumno de entre muchas decenas se ofreció a ayudar de buen grado. Los demás miraban, se reían, decían que menganito quería ayudar y se sorprendían cuando les pedía colaboración, como si fuera una humillación inaceptable agacharse y meter las hojas húmedas en sus bolsas. Sólo cuando les amenazaba con algún tipo de sanción o perjuicio a quienes, además de no colaborar, se chanceaban de la situación, fui consiguiendo una cierta respuesta. Lentamente algunos chavales más se fueron implicando por sí mismos. Eso sí, a poco que me descuidara, el palo del rastrillo acababa en la cabeza de alguien, las bolsas medio llenas volvían a volcarse o las hojas re invadían el campo... Pensarán que exagero, pero no crean. Volví a clase con un sentimiento penoso: no solo por la poca participación sino por la tristeza de sospechar que la mayoría de la gente, en el patio como en la sociedad, cree sentirse mejor cuando no colabora que cuando sí.
    Justo lo contrario de lo que me tocaba explicar sobre Aristóteles unos minutos después. Por último año, todos los alumnos de 2º de Bachillerato han de dedicar un tiempo a las reflexiones del estagirita sobre la sociedad, ya saben, la preeminencia de lo colectivo, la búsqueda de la felicidad, el bien común, la subordinación de la ética a la política, la satisfacción derivada de hacer las cosas bien, en fin, nada que ver con lo que acababa de vivir en el patio. ¿Será por esto que quitan la Historia de la Filosofía, porque lo que decían esos señores ya no sirve de nada en este mundo en que vivimos tan ensimismados en nuestras cuitas particulares? ¡Qué desazón!

    Los profesores de Filosofía no somos una parte accidental del sistema educativo

    Les confesaré que me sentía un imbécil intentando explicar lo del holismo, el organicismo, la phronesis o la politeiasin referirme a las dichosas hojas. ¿Acaso la Política de Aristóteles no se caracteriza por su carácter pragmático, en contraste con el utopismo de su maestro Platón? Como habíamos dedicado alguna clase previa a la amistad según la Ética a Nicómaco, utilicé una de sus frases: “Cuando los hombres se aman unos a otros no es necesaria la justicia”, para lanzar algunas cuestiones al vuelo: ¿puede funcionar la recogida de hojas sin amenazas, leyes ni normas (justicia), exclusivamente por la satisfacción de participar de algo que a todos nos beneficia? ¿Son los ciudadanos más felices cuando se sienten parte activa de su comunidad y disfrutan del trabajo bien hecho o, por el contrario, la felicidad mayor estriba en la habilidad para escaquearse y burlarse del trabajo ajeno? ¿Lo que valía en la Grecia antigua sigue siendo válido en lo sustancial o hemos mutado? ¿Para bien o para mal?
    No sé muy bien si son preguntas éticas o dianoéticas pero sí que me parecen necesarias, por mucho que a Aristóteles le expulsen de los currículos. Los profesores de Filosofía, desde donde nos dejen, no somos una parte accesoria o accidental dentro del sistema educativo, porque la educación cívica y política de las próximas generaciones es más urgente que nunca vistos los desafíos que nos depara la convivencia intercultural. Desde la tarima o desde el recreo, no importa —uno sospecha que lo aparentemente irrelevante a veces es lo principal—, estamos obligados a recordar a la sociedad que la educación filosófica, artística y literaria es imprescindible para no resignarnos a que nuestros hijos sean de los que se quedan mirando mientras los demás se mojan las manos para que ellos puedan seguir jugando.
    Vicente Carrión Arregui es profesor de Filosofía en el IES Fray Pedro de Urbina de Miranda de Ebro, Burgos.

    viernes, 8 de enero de 2016

    EDUCACIÓN. "La herencia luminosa de Francisco Giner de los Ríos"

       En "El País":

    La herencia luminosa de Francisco Giner de los Ríos

    La Fundación del filósofo y pedagogo español inaugura una exposición con motivo del centenario de su muerte


    Francisco Giner de los Ríos, de pie, hacia el año 1900, en Torrelodones, en compañía de Manuel Bartolomé Cossío y su mujer Carmen López Cortón. / AUGURO ARCIMIS / INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURAL DE ESPAÑA (EL PAÍS)

    ¿Qué pensaría Francisco Giner de los Ríos de una España que ha marginado los valores que él promovió de educación, ciencia y enseñanza de las humanidades? Los 400 objetos de la exposición dedicada al centenario de su muerte parecen lanzar esa pregunta. Documentos, fotografías, cuadros, cuadernos, esculturas o prendas conforman El maestro de la España moderna. Francisco Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza que se inauguró ayer en la sede de la Fundación Giner, en Madrid.
    Una muestra que reivindica el valor y la vigencia de su filosofía para formar mejores ciudadanos apoyados en la cultura y en la educación. Entre las novedades figuran dos apartados inéditos: seis fotografías de Giner de los Ríos (1839-1915) hacia el año 1900. Se le ve en la cima de unas rocas mirando al horizonte, bajo unos árboles, en un puente con unos amigos, paseando en el jardín de su casa donde instaló el colegio, a orillas de un río y sentado al aire libre. Son los años de la plenitud de su proyecto de modernizar a sus conciudadanos en la libertad, la convivencia, la tolerancia y en un sistema donde el alumno aprende el valor de la educación y él mismo crea sus libros a partir de las clases recibidas. Un “Sócrates español”, como lo definió Miguel de Unamuno.
    La exposición, organizada por la Fundación Francisco Giner de los Ríos ILE y Acción Cultural Española, está dividida en cinco apartados: 1, Orígenes y primera etapa del proyecto institucionista (1863-1881); 2, La construcción del proyecto institucionista (1882- 1906); 3, La plenitud (1907-1936); 4, La Guerra Civil y los exilios; y, 5, Una tradición recuperada. Un recorrido del pasado que busca impulsar el futuro y que sirve para inaugurar la nueva sede de la Fundación distinguida este año con el premio del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM).
    “En esta muestra se aprecia el reencuentro de España con la modernidad. En 1914, el nivel cultural del país era muy alto, sólo alcanzado después de la Transición”, aseguró José García Velasco, comisario de la exposición. “Es una edad de plata donde se ve el esfuerzo modernizador de España”, según Elvira Marco, de Acción Cultural Española.


    Giner de los Ríos, hacia el año 1900. / FUNDACIÓN FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS (EL PAÍS)
    Un espíritu modernizador reconocido por José Ortega y Gasset, quien dijo que “seguir a Giner es seguir hacia adelante”.
    El pedagogo malagueño murió el 18 de febrero de 1915, pero su proyecto continuó en varias instituciones. Hasta el 21 de abril de 1939, hacia el final de la Guerra Civil. Así quedó registrado en un trozo de hoja escrita a máquina y revelada en la exposición:
    “Institución libre de Enseñanza. / Francisco Giner, 14. / Incautado el edificio por el Primer Cuerpo de Ejército. -F.E.T. y de las JONS para su Organización juvenil. -Núm.105. / Fecha incautación: 21 de abril de 1939”.
    Líneas definitivas con las que la bota del franquismo truncó el proceso de modernización de la enseñanza.
    ¿Qué pensaría Giner de los Ríos al ver que un siglo después de su muerte su país no presta mucha atención a las humanidades, arrincona a la filosofía y las bellas artes en el bachillerato e invierte poco en ciencia? “La exposición pone en valor esa etapa de modernización en la que Giner fue pionero, y que se hable de la educación”, reflexiona Elvira Marco.
    “Habrá que recuperar todo eso que es tan importante en la educación y en la ciencia. Él era defensor de todo ese arco de estudios que estuvieron en el epicentro y contribuyeron al desarrollo español”, recuerda Alicia Gómez-Navarro, directora de la Residencia de Estudiantes, uno de los proyectos de Giner.
    “Pensaría que es necesario un pacto por la educación. Aunque él nunca lo logró. Estamos al límite de no llegar a tiempo. Ese es el desafío. Debe haber temas que estén fuera del debate, y este es uno de ellos”, reclama García Velasco.
    Y Giner de los Ríos responde con la frase que abre la exposición: “Las obras lentas son duraderas. ¡Ojalá esta nación lo comprenda algún día!”.