martes, 22 de julio de 2014

PRENSA CULTURAL. "Once libros (de arte) para llevarse a una isla desierta"

   En "blogs.elpais":

Once libros (de arte) para llevarse a una isla desierta

Por:  | 03 de junio de 2014
Bouvard-y-pecuchet-flaubertNo hay nada más especial que la lectura de un libro que nos atrapa y no nos deja apartarnos de él. De hecho, los hábitos de lectura son los que marcan la vida de las personas, quizás porque tuvo razón Proust en Sobre la lectura  al decir que de los libros más queridos se recuerda más lo que se estaba haciendo mientras ocurrían que el texto mismo. Creo incluso que la vida de los lectores tiene un antes y un después en los años de la adolescencia: hablo del momento en el cual se adquiere el control sobre la luz de la mesilla de noche y, por tanto, de la autonomía para pasar horas y horas leyendo.
Ninguna compañía más fiel que un libro, ni más consoladora. Los libros nos acompañan en las noches de insomnio, en las vacaciones y en los duelos, siempre dispuestos a ofrecernos nuevas formas de mirar hacia el mundo. Son los imprescindibles en una isla desierta –caso hipotético de acabar allí.  Es un poco como la bella historia de Mary Shelley y Lord Byron, en aquella estancia mítica de Suiza en la cual, fascinados por las novelas góticas y habiendo terminado todas las que estaban en la biblioteca, decidieron escribir cuentos de fantasmas –Frankestein nació durante aquel viaje.   Y es que quizás se escribe para seguir leyendo: la emoción de volver a la escritura en marcha tiene algo semejante al  regreso cada noche a la novela a medio leer.
1- Sea como fuere, tan importante como leer es releer, de modo que en la maleta para la isla desierta, si está uno interesado en el arte, los museos y los coleccionistas no puede faltar un clásico muy contundente en la historia de la literatura, Bouvard y Pécuchet de Flaubert. Con él se pasará un muy buen rato y se reflexionará sobre la idea del museo-mausoleo de la cual hablaba Adorno.
2- Y si se quiere complementar este libro hay que regresar a otro texto de la llamada Posmodernidad, el artículo de Douglas Crimp “Sobre las ruinas del museo”, en el libro editado por Hal Foster La posmodernidad , un vintage  en la Editorial Kairós -¡del año 1985!
3- ¿Y cómo no llevarse un  texto que habla de un galerista fascinante? Leo Castelli y su círculo de Annie Cohen-Solal, publicado por Turner es otra buena opción.
4 y 5- Tampoco se puede renunciar a las vidas de artistas noveladas como la Leonora de Elena Poniatowka de Seix o la de Remedios Varo de Luis  Artigue , La mujer de nadie, aparecida en Linteo.
6 y 7- No pueden faltar las novelas que tomen el mundo de arte como campo de batalla de uno u otro modo, así que hay que meter a la maleta a Michel Houellebecq y  El mapa y el territorio, de la siempre acertada Anagrama, y un libro de prosa irresistible de la editorial Periférica, estupenda para ficción sofisticada: Los estratos de Juan Cárdenas.
8- A falta de poesía, para no caer en lo melancólico, debe uno llevarse a Hélène Cixous yPoetas en pintura. Escritos sobre arte: de Rembrandt a Nancy Spero (Ellago ediciones) , lleno de esas visiones prodigiosas de la filósofa sobre el mundo.
9- Para los que quieran estar al día en arte más actual no puede faltar Bourriaud y su Estética relacional de Adriana Hidalgo, sin duda una de las editoriales de ensayo más interesantes en español.
10- Tampoco puede uno dejar en casa a Aby Warburg, el gran pensador de la historia del arte que, además, ha sido releído como aportación vanguardista. El libro editado por Sexto Piso, El ritual de la serpiente, puede ser una buena introducción.
11- Y como en la isla seguro que echamos de menos la ciudad -pasa siempre-,  es básico meter en la maleta alguno de los textos de Warhol. Nadie ha contado (Norte)América mejor que él, de modo que no se lo dejen encima de la mesa del recibidor, con las prisas, al salir.
En todo caso, tampoco hay  que irse a una isla desierta para leer: basta con dedicarle un ratito cada noche en lugar de ver los horrores de la tele.

PRENSA. "Cuando el útero dice basta"

   En "El País":

Cuando el útero dice basta

El 10% de las mujeres de Nepal sufre prolapso uterino

Diversas organizaciones alertan que este problema de salud está provocado por la vulneración sistemática de sus derechos


Más de medio millón sufren prolapso uterino en silencio. El tabú en torno al sexo hace que vecinas con el mismo problema no hablen de ello. / ALEJANDRA AGUDO
Unas 600.000 mujeres, el 10% de la población femenina del país, sufren prolapso uterino en Nepal. Mujeres marcadas por una maternidad demasiado temprana para las que los órganos genitales han dejado de ser aquello que se mantiene en el lugar debido, convirtiendo su vida cotidiana en un infierno. Son datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y el Instituto de Medicina de Katmandú, pero otros estudios locales y por regiones (el país tiene 75 distritos) elevan la cifra de afectadas. La ONG nepalí CAED encontró que un 37% de mujeres lo padecen en los distritos de Saptari y Siraha. En Rautahat y Mahottari, un 20%, según documentó un informe del Model Hospital de Katmandú recogido en el informe de Amnistía Internacional Cargas innecesarias. La discriminación de género y el prolapso uterino en Nepal. “Zonas con altos índices de discriminación”, explica la ONU.
Forzadas a casarse en su adolescencia, incluso antes de haber alcanzado la pubertad, varias veces madres a los 20, golpeadas y vejadas por sus familias políticas, en ocasiones violadas en el lecho conyugal, obligadas a trabajar durante horas bajo el sol en el campo y caminar durante horas en busca de agua y grano, aunque acaben de parir pocos días antes, malnutridas... Las historias y condiciones de vida de muchas de las que sufren este problema en Nepal, sobre todo en áreas rurales, son comunes. Son las causas de que sus músculos, aunque jóvenes, no aguanten sus úteros.
Esta descripción bien podría ser la vida de Ram Kumari Yadav. “Soy pobre y no puedo trabajar bien. Tengo dolor en el abdomen. También en la espalda. No me puedo sentar correctamente, ni juntar las rodillas. Me duele todo el rato”. Con un hilo de voz, sentada ladeada, descalza y en el patio de la casa de una vecina en Govindapur-5, para evitar ser descubierta por su marido hablando con desconocidos sobre sus problemas, Ram Kumari Yadav relata cómo ha sido su existencia desde hace tres décadas. No sabe la fecha exacta en la que su útero cayó y se le salió de su cuerpo por la vagina, solo que fue al parir a su primogénita, de la que quedó embarazada pocos meses después de casarse tras tener su primera menstruación. Hoy, cinco hijos después, esta mujer de unos 45 –desconoce su edad precisa– todavía no se ha sometido a la cirugía que necesita para tratar su prolapso uterino. Su marido no solo no se lo permite porque no quiere dejar de mantener relaciones sexuales durante los días de reposo tras la operación, sino que además, le pega y abusa de ella cuando llega borracho a casa.
“El prolapso uterino en Nepal es consecuencia de la discriminación de género”. Samita Pradhan, responsable del Programa de Derechos Reproductivos de la ONG CAED, no duda al hacer el diagnóstico: “Es un problema de mujeres de 50 y en Nepal tienen 15, debido al matrimonio infantil y los embarazos tempranos”.
Los números avalan esta radiografía. La edad media de las pacientes de prolapso uterino en Estados Unidos es de 61 años y la aparición del problema está asociada normalmente a la falta de tono muscular por el envejecimiento. En Nepal, sin embargo, casi la mitad (47%) de las mujeres que pasan por quirófano por esta dolencia –y son pocas las que llegan a operarse– tienen entre 15 y 29 años. La mayoría notó que sus órganos cedían a la gravedad cuando dieron a luz a su primer o segundo hijo, según datos del UNFPA de 2013. El dato encaja con la tasa de embarazos adolescentes que, aunque ha descendido en la última década, es elevada: el Gobierno de Nepal estima que el 17% de las chicas de entre 15 y 17 años está encinta o han tenido ya a su primer hijo.

Sé que los niños no deben casarse tan pronto. Pero tendré que buscar unos buenos chicos para mis hijas. Soy una mujer, ¿qué puedo hacer?”
Manju Devi Yadav, de unos 26 años (desconoce su fecha de nacimiento) y residente en una vivienda de adobe y paja en Bhediya (en el distrito de Siraha). Tuvo su primer hijo con 12. Recuerda que tras su primera regla, con 11, se casó con un hombre 14 años mayor que ella, elegido por sus padres. “Cuatro meses después me quedé encinta”, relata. Fue al tener su segundo bebé, una niña, cuando notó una fuerte presión en su vagina. Tenía 13 años y después del parto pasó seis días separada en otra habitación de la casa de sus suegros (donde habitualmente viven las parejas) y solo se alimentaba con jengibre y azúcar negro. La tradición dice que después de dar a luz la mujer está sucia y hay que mantenerla apartada. Después de ese reposo, Manju Devi volvió a sus tareas habituales: ir a por agua, sacar a pastar a sus vacas, buscar y cargar la madera para el fuego en el hogar, también el cereal con el que hace harina. Todos trabajos físicos que requieren que transite muchas horas por caminos de tierra cargando pesados bultos sobre su cabeza. Y su útero fuera de su lugar.
“Sé que esto tiene que parar. Que los niños no deben casarse tan pronto. Pero no tengo ayuda y tendré que buscar unos buenos chicos para mis hijas. Soy una mujer, ¿qué puedo hacer?”. Manju Devi ya busca varones para desposar a sus tres hijas, de 13, 9 y 7. Cuanto mayor es la mujer, más tienen que pagar las familias como dote. Y son muy pobres. “Además, si no se casa pronto, la comunidad piensa que tiene algún problema”, detalla la joven madre. Su primogénito, un chico de 14, ya está casado. “Es muy travieso. No podía hacer nada por evitarlo”, justifica con una expresión triste en su envejecido rostro, surcado por arrugas que dibujan una edad que no tiene.
El matrimonio infantil es ilegal en Nepal. También la dote. Ambas prácticas son, sin embargo, muy comunes. Y el Gobierno lo sabe. El propio censo del país desveló en 2011 que el 29% de las adolescentes menores de 19 (la edad legal para enlazarse) estaban casadas “informalmente”. Los datos del UNFPA de 2013 completan el cuadro: la media de edad a la que contraen matrimonio las nepalíes es a los 15 años (14 entre las pacientes de prolapso uterino). A los 19, la mayoría (74%) ya ha sido madre.
Para Purna Bhakta Tandukar, el secretario adjunto del ministerio de Mujer de Nepal, ni el matrimonio infantil, la dote o la violencia de género (también penada con multas o cárcel) son asuntos que debieran abordar su equipo. “Son problemas legales”, justifica. “Cualquiera puede denunciar un matrimonio infantil o un caso de malos tratos, y la justicia tomará medidas contra ellos. El problema es que la gente no denuncia”, considera. La policía solo investigó 19 casos de matrimonio infantil entre 2012 y 2013, denuncia Amnistía Internacional.
Tampoco las elevadas tasas de prolapso uterino y la falta de acceso a tratamientos son asuntos que deba solucionar el ministerio de Mujer, según Bhakta Tandukar. “No lo abordamos porque es un problema de salud”, argumenta.

Soluciones para las invisibles

Desde el ministerio de Salud la solución que se ha dado a las mujeres que sufren prolapso uterino ha sido montar campamentos médicos en áreas rurales estratégicas una vez al año para que puedan operarse gratuitamente. Lo hacen desde que en 2008 el Tribunal Supremo del país fallara que el derecho constitucional de las mujeres en materia de salud reproductiva había sido menoscabado por el Gobierno en tanto que había fallado en la implementación de medidas para reducir y tratar los casos de prolapso uterino. El UNFPA estima que 200.000 –un tercio del total de afectadas– necesitan cirugía para realizarse una histerectomía (extirpación del útero), debido al avanzado estado de su prolapso.
A uno de esos campamentos fue hace dos años Chandrawati Mahato, de 45 años. “Ahora estoy contenta y convenzo a las mujeres de la comunidad con el mismo problema para que se operen”, dice. Sabe bien lo que es soportar el dolor y la humillación familiar en silencio. Sin ayuda ni desahogo. Ella, como casi todas, lo mantuvo en secreto. “Sentía vergüenza. Ya sabes cómo son las mujeres de la comunidad, te critican. Lo callamos porque hay el pensamiento de que esto pasa por el karma. Mi nuera me insultaba cuando se enteró. Así se comporta la gente”, dice tranquila y en voz baja en el porche de su casa, a dos metros de la habitación de sus dos vacas mientras su marido, con el que se casó cuando tenía 12 años, descansa a la sombra desconcertado porque su mujer sea objeto de una entrevista.

El ministerio de Sanidad nepalí organiza campamentos médicos anualmente en zonas rurales para operar a las pacientes
El secretismo hace que Chandrawati Mahato, que vive a escasos pasos de Ram Kumari y otras mujeres con prolapso uterino en Govindapur-5, nunca hayan hablado entre ellas sobre su problema. Tampoco las vecinas de Bishanpur Kati, también en la región de Siraha, al sureste del país. Ganga Ram Sah, médico de la clínica en esta localidad, considera peligrosa la falta de comunicación, no solo entre las mujeres, sino con él. “No vienen abiertamente por este problema. Tienen vergüenza de hablar sobre sexo y es muy difícil darles información sobre este tema. Cuando vienen por otras enfermedades, les hago muchas preguntas para averiguar si tienen prolapso uterino”, explica rodeado por un grupo de mujeres traídas por amigas para que reciban orientación. “A veces somos nosotros quienes vamos a los pueblos para dar charlas sobre prevención y tratamientos. Pero no tenemos programas específicos”, se queja.
Ganga Ram Sah coge de su mesa de madera roída un anillo de goma roja, de unos siete centímetros de diámetro, y se lo muestra a las concurrentes. “Permite sujetar el útero en la fases uno y dos”, detalla. Esto es cuando el prolapso es leve o moderado y el útero alcanza la entrada de la vagina, pero no se ha salido. Lo explica a pesar de que en su consulta, por falta de instrumental e infraestructura, no puede operar ni colocar un anillo, que tiene que ser cambiado cada tres meses. Eso obligaría a que las mujeres, sin más medio de transporte que sus pies, tuvieran que ir periódicamente al hospital de la ciudad más cercana, a varias horas caminando por senderos de tierra. Una ausencia muy prolongada que, además, no podrían explicar a los maridos que normalmente se oponen a cualquier tipo de tratamiento, según relata el médico.
Samita Pradhan, de la ONG CAED, cree que las políticas públicas deberían dar un giro para facilitar el acceso a este tratamiento en vez de solo focalizarse en operar una vez al año en los campamentos. Más aún, lleva años pidiendo que se incluya en el sistema sanitario la colocación de un nuevo tipo de anillo, fabricado de PVC, que es más caro (40 euros) pero dura 10 años. También porque haya más y mejor acceso a métodos anticonceptivos, y campañas estatales de sensibilización y prevención. “Las leyes tradicionales son muy fuertes. En Nepal hay el concepto de que la mujer es una máquina para hacer hijos. Tenemos que implicar a los hombres en los programas sobre igualdad”.

Muchas mujeres son apartadas de la casa y sin apenas alimentación tras el parto porque se las considera sucias
En su despacho en Katmandú, la directora de la división de salud familiar del ministerio de Salud Pública, Kiran Regmi, anuncia “nuevos programas el próximo año” para combatir el prolapso uterino. El juegode ropa para los recién nacidos que se entrega gratis a las mujeres que acuden a los hospitales a parir (un incentivo para que no den a luz en casa como es habitual), luce colgado en la pared.
“Vamos a implementar un programa para que no tengan que irse a operar a los campamentos anuales, sino que cualquier organización de mujeres que nos llame con algún caso recibirá ayuda. Así, las mujeres podrán operarse a los pocos días en un hospital. Les facilitaremos el transporte y la manutención de un acompañante”, detalla. Avanza también que el Ministerio va a adquirir 10.000 anillos de PVC (los caros) para los casos leves. Una cantidad muy inferior al número de afectadas que podrían beneficiarse, unas 400.000.
Pero el transporte o la carencia de anillos no son las principales trabas que enfrentan las nepalíes para eliminar el bulto que asoma por sus genitales, que se infecta, sangra y duele. El obstáculo es el marido.
El esposo de Kamali Devi Paswan no la permite operarse del prolapso uterino grave que padece desde parió a su tercer hijo, hace casi una década, después de que los dos anteriores fallecieran. “Me dice que cuando consiga trabajo en India, entonces me haré la operación”, afirma como si se tratara de una cuestión de dinero. Sentada en la parte de atrás de su casa para esconderse de las miradas y cuchicheos de los vecinos que se han congregado alrededor de su pequeña vivienda para enterarse de qué le ocurre, confiesa finalmente que su marido no le permite someterse a una histerectomía porque quiere tener más hijos, aunque ya tienen tres, dos nacidos después de que a Kamali Devi se le saliera el útero.
“Iré contra él. Iré al campamento la próxima vez que venga”, dice atrevida. “Sé que me pegará, pero tengo mucho dolor. Mis hijos [de 9 y 10 años los mayores] me ayudarán”. Con su bebé de siete meses sobre su regazo, sentada en una lona en el césped, a Kamali Devi se le humedecen los ojos: “Estoy sola. A veces siento rabia. Soy muy pobre y no sé qué más decir. No sé por qué se me salió. Vivo en un pueblo y tampoco tengo idea de si esto es un problema de Nepal o a cuántas mujeres afecta”.
Ni ella, ni Ram Kumari, u otras mujeres afectadas, pueden operarse sin el consentimiento del marido por una traba administrativa. Para evitar que mujeres de otros países, sobre todo indias, se operasen gratis en los campamentos, el Gobierno empezó a pedir el documento que acredita la ciudadanía nepalí. Una ciudadanía que concede, con su apellido, el esposo o el padre, en caso de que sea soltera. Para ellos es tan fácil negar la operación como no gestionar un papel.

El secretismo en torno al sexo y la salud femenina dificulta el diagnóstico y prevención del prolapso uterino
El secretario adjunto del ministerio de Mujer no cree que sea su competencia ponerle fin a este impedimento. “Es una cuestión que tendría que resolver el ministerio de Asuntos Internos”, explica.
Sin la consideración de ciudadanas, en un país en el que el 48% de las mujeres son víctimas de malos tratos y el 40% son analfabetas, según datos oficiales del Gobierno, sin acceso a educación sexual o métodos anticonceptivos, con todo el peso del trabajo literalmente sobre sus cabezas, despojadas de su capacidad para elegir su pareja o decidir sobre su maternidad, las mujeres nepalíes son víctimas de todas las discriminaciones posibles. No hace falta que hayan nacido. Desde que son concebidas, sus padres desean que sean un niño, porque son los hijos varones los que abren las puertas del cielo a sus progenitores. Eso dice la tradición.

PRENSA CULTURAL. "Los invisibles de la literatura española". Marta Sanz

   En "elconfidencial.com":



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En esto de la literatura hay gente que empieza y gente que arranca en circuitos restringidos que algunas veces se van expandiendo como las ondas sobre la superficie del agua. Otras veces los que empiezan acaban antes de haber logrado crecer y los periféricos o transversales se sumergen bajo capas sucesivas de agua e invisibilidad. Hay textos que merecen que les prestemos un poco de atención. Ese es el caso de Rocío Álvarez Albizuri que publica el poemario Ceremonia animal (Bartleby); de Carlos Maleno, cuya novela Mar de Irlanda ha salido en Sloper; y del libro de poemas El equilibrista y los jardines (Ediciones La Palma) de Víctor Álamo de la Rosa.
Lo que tenemos de selva
En Ceremonia animal la poesía funciona a la vez como punto de encuentro en sí misma y como metáfora de otros puntos de encuentro fundamentales y fundacionales: el vínculo amoroso y el vínculo, casi religioso, el re-ligarse, del ser humano con la naturaleza y sus ritos. Religarse con la propia condición animal como sustrato que no se presenta en oposición a la cultura, sino formando parte de ella. De su raíz. Las conductas atávicas se solapan con comportamientos sentimentales contemporáneos. Tal vez eviternos.

Mujeres cazadoras aparecen frente al umbral de los hombres con un par de ovejas muertas. Los seres queridos constituyen un paisaje, una cartografía, que retorna al paisaje en el rito,purificador y materialista, del enterramiento. La poesía, aparentemente clara, de Rocío Álvarez Albizuri está llena de oscuridades: el lenguaje es una forma de oscuridad que debe ser desentrañada y coloca al lector en un espacio de inteligencia más allá de la canción hueca, el estribillo o la costumbre. En su prólogo, Luis Eduardo Aute utiliza las metáforas del agua para tratar de describir la palabra de Ceremonia animal: leemos una poesía líquida como el agua en la que se sumerge el pelo de la chica que aparece en la portada.
Esta poesía no se puede encerrar dentro del puño, el lector no se la puede apropiar completamente. Se escurre entre los dedos y ni siquiera el discurso que se superpone para interpretarla –para dominarla, domeñarla, domesticarla o hacerla asequible- resulta suficiente. También entre el agua y la profundidad se atisban islas cotidianas o exóticas. Soledades o refugios. Más allá de toda ceremonia y de las repeticiones de esos ritos tranquilizadores que procuran hacer comprensible lo difícil, en el fondo de estos versos se queda el resto del animal y de lo que en cada uno de nosotros hay de selva.
“-¿Cuánto tiene su libro de autobiográfico?” “-Exactamente el 27%”
Carlos Maleno escribe un libro que podríamos clasificar como sucesión de cuentos que configuran una novela donde se recoge el imaginario de los letraheridos: amadas muertas, heterónimos y dobles, juegos de ventriloquía, espejos, la pulsión de desaparecer, de ser otro o de ser intensamente uno mismo, la fragmentación en el acto del amor y la descomposición del ser en polvo estelar…

Carlos Maleno es como el ventrílocuo que protagoniza “La impostura” porque a veces se tiñe de Conrad, Céline, Vila-Matas, Beckett o Walser. También de Borges cuando Maleno se adentra en geografías inexistentes que aparecen por el mero hecho de ser nombradas.
Sin salir del ámbito –¿camerino?- de los referentes culturales, hay que decir, para la legión de fans y adoradores, que uno de los cuentos que componen la novela está protagonizado por Nastassja Kinski.
Los relatos, la escritura en sí, se ofrecen al lector como una modalidad de la autobiografía, como esas máscaras sin las que la vida no tendría sentido: la vida sin sus máscaras, sin sus imágenes y sus relatos, no se podría fijar, revisitar.
En este sentido, tiene mucha gracia el relato titulado “Mar de Irlanda (exactamente el 27%): en él se hace chanza de una pregunta repetida hasta la saciedad a los escritores “¿Cuánto tiene su libro de autobiográfico?” Y el escritor responde: “Exactamente el 27%”. Mientras leía este episodio me acordé de aquella estupenda canción de Kiko Veneno que decía algo así como: “Tú me estás queriendo a mí un 15% menos. ¡No me lo niegues! Con el coste de la vida lo nuestro se está quedando en ná. Tú me estás queriendo a mí un quince por ciento menos… ¡Nooooooo me lo niegues!”
El sentido del humor que caracteriza muchas de las apuestas editoriales de Sloper y también a Román Piña, su editor, es evidente en este Mar de Irlanda.También el surrealismo transgresor del que, a mi juicio, podría considerarse como el mejor texto del conjunto: “Doscientas mujeres desnudas en un verde prado de Wisconsin: Una cuestión de fe”. La imagen que sugiere el título es fenomenal, perturbadora, un daguerrotipo de ciencia-ficción. La historia habla de vacas, modificadas genéticamente, para que se parezcan a mujeres. De este modo se palia el posible maltrato al que las someten los ganaderos, se atenúa el estrés de los animales y se consigue una carne más tierna y sabrosa.

Una de esas preguntas sobre la identidad que recorren todo el libro también se formula en este texto porque ¿una vaca con forma de mujer es realmente una vaca?, ¿somos lo que parecemos ser? Vuelvo a recordar que Kurt Vonnegut, de quien La bestia equilátera acaba de publicar sus maravillosas Payasadas, diría que sí. Según Vonnegut, Payasadas, un libro dedicado a Laurel y Hardy –El gordo y el flaco- es lo más parecido que escribiría jamás a una autobiografía… Juzguen por la siguiente cita sobre su hermana Eliza la fiabilidad autobiográfica del relato: “No éramos idiotas… Éramos algo nuevo. Éramos neandertaloides”. Vonnegut es un escritor genial. Yo les confieso que soy devota.
Lo único que podríamos reprocharle a Mar de Irlanda tiene que ver precisamente con una pregunta sobre la identidad: me pregunto si nuestra identidad –incluso la de Carlos Maleno- sólo se compone de textos. Subatómicos residuos culturales. Médula letraherida. De si a veces los textos no son solo una coartada para no ver todo lo que sucede a nuestro alrededor: esa es la definición de “coartada metapoética” que daba el poeta y profesor Jenaro Talens para comentar cierta poesía española de la segunda mitad del siglo XX. En todo caso, la propuesta de Carlos Maleno es muy disfrutable. 
El esqueje en la maceta
El caso de Víctor Álamo de la Rosa es diferente al de Maleno y Rocío Álvarez Albizuri. Álamo de la Rosa es un escritor con una dilatada trayectoria que, además de haber transitado por distintos géneros literarios, quedó finalista del premio Prix Fémina en Francia y ha sido traducido a varias lenguas extranjeras.
En El equilibrista y los jardines hace todo un alarde de registros. Pero un alarde que no “alardea” en el mal sentido de la palabra, sino que es coherente desde el punto de vista del significado y que se inserta dentro una gradación. El libro se divide en cinco bloques a través de los cuales Álamo de la Rosa lleva a cabo una reflexión sobre la palabra poética: desde la idea de la poesía como un jardín que no se puede vallar y siempre se acaba confundiendo con el bosque hasta la concepción de una realidad, no siempre complaciente, a la que el jardín se va abriendo a través de un lenguaje en constante mutación. Así, en la primera parte, que da título al poemario, encontramos poemas como “El reino de la reina despiadada” donde Álamo de la Rosa casi define la poesía como “misterio sin moraleja”.

La palabra es fértil y no hay sensación de angustia, sino la felicidad erótica y sensorial de un reverdecimiento perpetuo: el poeta es el equilibrista y la jardinera, una musa en la que, becquerianamente, se funden la literatura y la mujer amada. Sin embargo, en “Página de sucesos”, el imaginario floral, botánico, se abre a otros referentes: cementerio, mendigo o bobo se introducen en el espacio del jardín convencional de la poesía para volver a subrayar el hecho de que es difícil establecer un límite entre lenguaje, arte y realidad; el equilibrista-poeta abandona el jardín, donde una muchacha rococó de Fragonard se mece en su columpio, y va a la ciudad para comprender que la poesía probablemente nunca debería convertirse en un refugio. 
Entre el arranque del libro y esta “Página de sucesos”, Álamo de la Rosa interpola dos partes: lo metapoético se hace metalingüístico en “El plantador de versos”. Aquí botánica y morfología gramatical se funden y el significado de los neologismos, de los verbos conjugados, se define en notas a pie de página que acaban siendo en sí mismas otro género poético: el metalenguaje sobre la poesía y sus formas se hace poesía y semántica.
De repente, entre el orden inexorable de las conjugaciones, una línea reivindica sobre las demás su condición de verso: después de haber conjugado el verbo “bonitar”, debajo de la forma que corresponde a la tercera personal de plural, el poeta escribe “no amarte de ese modo”. En la siguiente parte “Proas y posibilidades”, el poema “Poesía y cordones” insinúa la posibilidad de que la musa se corrija: el lector se da cuenta de que, tal vez, el aprendizaje surge de aproximar elementos tan dispares como el verso y los cordones de los zapatos De que existe aprendizaje en la experiencia de escribir, leer e interpretar la poesía. En este bloque, a ratos elegíaco, se incluyen homenajes a poetas canarios –atlánticos- como Padorno o Félix Francisco Casanova.
En la última parte, “Prisión del nombre”, se produce una simbiosis de lo anterior y se acaba con un guiño cómico: la identidad becqueriana de literatura y amor, encarnada en la figura de la jardinera, puede plantarse en un sencillísimo tiesto. El esqueje en la maceta. Más allá de los misterios y de los cosmogónicos y órficos -¿orfidales?-desbordamientos de los límites.

PRENSA CULTURAL. "La posada en el páramo". Fernando Savater

Fernando Savater

   En "El País":
¿Cuánto tiempo hace que no vuelven ustedes por Cornualles? Porque no vayan a decirme que no han ido nunca… A fin de cuentas, nos cae bastante cerca y es una de las regiones más hermosas de Europa, que es como decir del mundo si aprecian por encima de todo —como es mi caso— la belleza románticamente civilizada. Además de su paisaje, más conmovedor que impresionante, cuenta con poblaciones deliciosas en cuyos puertos naturales y playas esperó discretamente la flota aliada el momento de navegar hacia Normandía. La espada intrépida que aguarda en la funda de terciopelo, una antigua metáfora cuyo sentido aún no se ha perdido del todo…
Para los lletraferits, esa estimulante palabra catalana, tiene el valor añadido de contar con lugares cargados de resonancias y sugestiones literarias. Uno de los más notables es Jamaica Inn, la posada que se alza solitaria y brumosa en el páramo de Bodmin. Si no la han visto, imaginen el escenario: la extensión baldía de campo pedregoso apenas ondulado, jalonado de brezales, que sobrecoge con el misterio de su vacío, y de pronto la vieja construcción gris achaparrada y yacente. Allí hacían alto los viajeros que cruzaban el páramo y a veces se quedaban varios días atrapados por el clima inhóspito. Se murmuraba que era refugio de contrabandistas y, por qué no, de algún fantasma que otro. A lo largo de los años (data como mínimo de 1789) ha cambiado muchas veces de propietarios. Debe su nombre a un noble local apellidado Trelawney (como el squire que financia el viaje de la Hispaniola en La isla del tesoro) que fue gobernador de Jamaica y en los años sesenta del pasado siglo su dueño fue Alistair Maclean, el autor de Los cañones de Navarone.
Pero Jamaica Inn debe sobre todo su popularidad actual a Daphne du Maurier, que ambientó en ella su novela tardo-romántica del mismo nombre. Fue una escritora interesante, bastantes de cuyos libros (sobre todo sus relatos) siguen leyéndose con agrado. Suele tener un toque gótico, que va de lo inquietante a lo francamente terrorífico. A Hitchcock le gustaba mucho y filmó dos de sus obras maestras sobre argumentos suyos: Rebeca y Los pájaros. Y antes realizó precisamente Jamaica Inn, aunque los cambios que introdujo en el argumento (con ayuda del dramaturgo J. B. Priestley, el de Llama un inspector) desagradaron profundamente a la autora. El principal fue cambiar la profesión del gran villano, que de vicario pasa a ser un aristócrata chalado interpretado de manera divertidísima por Charles Laughton: el astuto Hitch pensó que su recientemente adquirido público americano no soportaría un clérigo perverso ni siquiera en Cornualles… La película no es de las mejores del director, pero capta muy bien el ambiente tormentoso y sombrío del relato: además cuenta con la primera aparición en pantalla de Maureen O’Hara, que no es poco atractivo. A pesar de sus reticencias, Daphne du Maurier ha quedado para siempre unida a esa posada gracias a ella y allí hay hasta un pequeño museo dedicado a su memoria. Si van al páramo de Bodmin, lo que mucho les aconsejo, no dejen de tomarse una pinta de cerveza Jamaica Inn en la vieja posada del lugar a la salud de las damiselas en apuros y los peores malvados que ha soñado la literatura…

martes, 8 de julio de 2014

PRENSA. Viñeta de Forges

   En "El País" (28 noviembre 2013):

PRENSA. CAMBIO CLIMÁTICO. "Las islas más paradisíacas del mundo lanzan un SOS para evitar el apocalipsis"

   En "elconfidencial.com":


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Para 65 millones de personas, el apocalipsis podría estar a la vuelta de la esquina, a no más de 50 años vista. Será entonces cuando los océanos engullirán casas y pueblos; hasta países enteros podrían desaparecer bajo las aguas. Esa es la terrible amenaza a la que se enfrentan los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID), es decir las islas-estado, si el calentamiento global y la subida del nivel del mar mantienen la progresión actual. Así lo afirma un amplio estudio avalado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
“El cambio climático es la cuestión existencial más importante a nivel global, no podemos enterrar la cabeza en la arena con este asunto”, advirtió Ralph Gonsalves, primer ministro de San Vicente y las Granadinas y presidente de turno de la Comunidad del Caribe (Caricom), durante las celebraciones del Día Mundial del Medioambiente a principios de junio en la isla de Barbados. “Mientras que el nivel del mar sube y gastamos enormes sumas en levantar defensas marinas y en trasladar a la población tierra adentro, las montañas nos castigan con crecientes inundaciones y corrimientos de tierras. Así que, si el mar no te mata o destruye tu casa, los desprendimientos lo harán tierra adentro; y si los desprendimientos no lo consiguen, entonces los climas totalmente atemporales hacen que sea muy difícil prepararse para las repentinas crecidas de los ríos y las inundaciones, que afectan particularmente a las familias más pobres y vulnerables”, prosiguió.
Mientras el nivel del mar sube en todo el mundo una media de 3,2 milímetros cada año, en la isla de Kosrae la tasa alcanza los 10 milímetros. De hecho, el Pacífico Occidental experimentó entre 1993 y 2009 un promedio de 12 milímetros anuales en la subida de los mares, cuadruplicando la media mundialSegún Naciones Unidas, el nivel del mar está aumentando hasta cuatro veces por encima de la media global en las 52 islas-estado o PEID que hay en el mundo, casi todos ellos destinos turísticos de ensueño ubicados en su mayoría en el Caribe y Oceanía. Buena parte de su belleza radica precisamente en sus arenas blancas y aguas turquesas que se prolongan cientos de metros mar adentro, signo de su mínima elevación sobre el mar y de su vulnerabilidad. Un problema agravado por su escasa masa terrestre y la concentración de habitantes en uno o dos núcleos urbanos.
Diez milímetros anuales que causan terror
Así, mientras el nivel del mar sube en todo el mundo una media de 3,2 milímetros cada año, en la isla de Kosrae, perteneciente a los Estados Federados de Micronesia, la tasa alcanza los 10 milímetros. De hecho, el Pacífico Occidental, una región de clima tropical que acoge un buen puñado de islas-estado, experimentó entre 1993 y 2009 un promedio de 12 milímetros anuales en la subida de los mares, cuadruplicando la media mundial.
“Este fenómeno está comportando otras amenazas como la erosión de las costas, la acidificación de los océanos, la subida de la temperatura del agua y el daño a las infraestructuras debido a los fenómenos naturales extremos. Eso sin contar con el impacto negativo sobre la pesca, ya hoy un desafío en comunidades muy humildes cuya dieta básica depende de la pesca y los alimentos marinos”, asevera el informe de Naciones Unidas.
Un pescador en la pequeña isla-estado de Nauru, cercana a Australia (Reuters).Un pescador en la pequeña isla-estado de Nauru, cercana a Australia (Reuters).
“Estamos muy atentos a cualquier cambio en el clima”, indica a El Confidencial Richard Boyce, responsable de la única planta potabilizadora que hay en Barbados y que abastece a sus 280.000 habitantes. “Hemos empezado a introducir cambios en nuestros sistemas para detectar fugas y guardar la mayor cantidad de lluvia posible. Este punto es clave, ya que cada vez las lluvias son más cortas y más intensas, lo que nos obliga a mejorar nuestra eficiencia para almacenarla”, prosigue.
Por su parte, el primer ministro de San Vicente y las Granadinas denuncia el escaso apoyo de la comunidad internacional hacia las islas-estado. “Necesitamos mucho dinero para adaptarnos y mitigar los efectos del cambio climático. Y las promesas de financiación de la comunidad internacional continúan sonando falsas, porque nunca se traducen en entrega de recursos.Nosotros no tenemos el peso de los países industrializados o de las economías emergentes, pero todavía nos queda nuestra voz para alzarla”, arenga Gonsalves.
Los que no han contaminado pagarán por el resto
Las consecuencias no son sólo para las islas, sino que ya son globales. El coste que, por ejemplo, deberá afrontar África en los próximos 10 a 20 años para adaptarse al cambio climático está ya en el rango de los 20.000 a 30.000 millones de dólares“Las islas en desarrollo apenas computan en el ámbito internacional, pero millones de personas en esos lugares sufren las consecuencias de las malas prácticas medioambientales del resto de países. Ellos han emitido menos de un 1% del total de gases de efecto invernadero, y sin embargo son los primeros que están ya padeciendo los efectos del cambio climático”,  indica Achim Steiner, vicesecretario general de la ONU y director ejecutivo del PNUMA, a El Confidencial.
“Pero las consecuencias no son sólo para las islas, sino que ya son globales.El coste que, por ejemplo, deberá afrontar África en los próximos 10 a 20 años para adaptarse al cambio climático está ya en el rango de los 20.000 a 30.000 millones de dólares. Un dinero que no se va a gastar en mejorar los servicios de sanidad o en infraestructuras, sino sólo en mantener lo que ya tienen. Los fondos que va a tener que gastar el Caribe en los próximos 15 años también alcanzan ya varios miles de millones de dólares. Ese es el desafío al que nos enfrentamos”, prosigue Steiner. El informe del PNUMA cifra en 187.000 millones de dólares lo que tendrán que gastar las humildes economías del Caribe para el año 2080.
Abaka Bay, localizada en la costa oeste de Ile-a-Vache, donde viven 14.000 personas (Reuters).Abaka Bay, localizada en la costa oeste de Ile-a-Vache, donde viven 14.000 personas (Reuters).
En las costas de Barbados, los pescadores no saben qué es el cambio climático. Pero a la pregunta de si han experimentado en los últimos tiempos más sequías y encuentran más problemas para pescar, se les enciende el rostro. “Yo vivo de las langostas y los moluscos, y cada vez tengo que llegar más profundo para conseguir una buena pesca”, cuenta a este diario Paul, quien aparenta una edad más propia del retiro que de estar cada día de sol a sol buscando un sustento. “También estamos perdiendo muchos arrecifes de coral”, prosigue. Según Naciones Unidas, la pérdida global de arrecifes en las dos últimas décadas alcanza los 34 millones de hectáreas, con un coste equivalente a los 11,9 billones de dólares que afectan principalmente a las islas-estado. En el Caribe, el 100% de los arrecifes han sido afectados en algún grado por el desgaste debido al aumento de la temperatura del agua. En 2030, hasta el 90% de los arrecifes caribeños estará en peligro, y en 2050 lo estarán todos sin excepción.
“Estos países están haciendo una transición forzada hacia las nuevas tecnologías y las energías renovables para salvar sus economías, basadas en el turismo y los recursos marinos”, señala Steiner. “Actualmente hay más de 50 países que empiezan a proyectar una transición hacia una economía verde como una oportunidad de inversión, tecnología y desarrollo. Incluso puede contribuir a crear empleos y reducir las tasas de paro de muchos países, además de reducir la vulnerabilidad de sus economías al cambio climático”. Les guste o no, no les queda otro remedio que dar un paso al frente.
En estos paradisíacos rincones del mundo, el precio de la energía (el 90% de ella es importada) y de los bienes de consumo más básicos es hasta un 500% más caro que en Estados Unidos y Europa. Hasta el 70% de la población en las islas del Pacífico ni siquiera tiene acceso a la electricidad. Por eso, el desafío en estas pequeñas naciones no es tener la voluntad, sino obtener la financiación y la solidaridad internacional. Los acuerdos entre Gobiernos y el sector privado, incentivado a base de subsidios y exenciones fiscales, parecen la única solución al panorama apocalíptico que pronostican los expertos.
Las 52 islas-estado celebrarán en septiembre una cumbre en Samoa para tratar de tejer alianzas y reunir la suficiente fuerza para alzar su voz en los foros internacionales, poco dispuestos hasta el momento a escuchar sus gritos de auxilio.