martes, 5 de marzo de 2013

POESÍA. "Pasión eterna", de José Antonio Ramírez Lozano (Nogales, Badajoz, 1950)

José Antonio Ramírez Lozano


PASIÓN ETERNA

Yo no quiero que un Dios que castigó la carne
la resucite luego al son de sus trompetas
lo mismo que al final de un baile de disfraces.

¡Oh pasión de mi vida, cuerpo mío de ángel
que envejeció de amor, que se abrasó de lumbre!

Quien ama no ambiciona más corona que el beso.
Dime qué eternidad es esa que prometes
más allá de los cuerpos si, al cabo, necesitas
para llenarla el tibio pecho que destrozaste.

Sólo una vez, no más, es hermosa la vida.
Ocúpate, Dios mío, del fuego que alimenta
la dicha transitoria y olvida las cenizas.

El tiempo, el tiempo dame. Él es mi amante cierto.
Si amor es consumirse, me mate con rozarme.

PRENSA CULTURAL. Sobre "Necesario pero imposible", último libro del filósofo Javier Gomá

El filósofo Javier Gomá, en la terraza de la Fundación March. / CARLOS ROSILLO ("El país")

   En "El País":

¿Y si la muerte tuviese prórroga?

Javier Gomá indaga en la esperanza tras la mortalidad en el libro 'Necesario pero imposible'

 Madrid 28 FEB 2013

A Javier Gomá le distinguen varias cosas. Medita sobre un tiempo geológico –el filosófico- sin renunciar a observar las urgencias del presente. Se apropia de conceptos caídos en desuso que exhalaban aromas rancios –ejemplaridad, mortalidad- y los rellena con savia nueva. Escribe y habla de filosofía con naturalidad, como si guardase lo trascendente y lo práctico en la misma maleta: buscar un trabajo, encajar la desilusión por las expectativas incumplidas. Le han descrito como filósofo de moda, le han incluido en influyentes listas de intelectuales iberoamericanos y le han llegado a decir que usa el tupé para reafirmar sus ideas. Como si, o a pesar de, Gomá encarnase la dosis justa de profundidad mundana.
Pero tal vez lo que está haciendo que Gomá tenga una voz especial –aparte de su poder literario: “una filosofía sin eros no es filosofía”– han sido sus elecciones. Mientras la filosofía lleva un par de siglos haciendo historia de sí misma y renunciando a pensar sobre cuestiones eternas, él acaba de elegir un aspecto como la inmortalidad del alma, abandonado por la filosofía a la buena de Dios, en su último libro, Necesario pero imposible (Taurus). A propósito de esta ausencia, Jon Juaristi recordó ayer en el Teatro Real, durante la presentación de la obra, las palabras de Borges: “Esto de la inmortalidad es una cosa que solo interesa a los españoles”.
“A partir de Kant, la inmortalidad que había sido central en la filosofía desde los presocráticos pasa a ser un no-tema y queda colonizado por las religiones. Se acepta que no hay más realidad que lo tangible. El mundo de la experiencia se agota con la realidad. Otra creencia. Me parece un tema digno de la filosofía. Lo anómalo es que lo hayamos abandonado durante dos siglos”, cuenta una mañana tan luminosa como su despacho de la Fundación Juan March, que dirige desde 2003.

"A partir de Kant, la inmortalidad pasa a ser un no-tema"

“Los científicos  suelen tener una visión pueril de cuestiones religiosas”
La obra cierra una tetralogía (Imitación y experiencia, Aquiles en el gineceo y Ejemplaridad pública fueron las entregas anteriores) que Gomá mascó durante más de dos décadas dedicadas a pensar sobre la experiencia de la vida, y más allá. Sin duda la mejor explicación a este prolongado esfuerzo la facilita él mismo al comienzo del libro que cierra el ciclo: “Publican las instrucciones privadas que se ha dado el autor a sí mismo para intentar un doble objetivo: llegar a ser individual en este mundo y, a la vez, albergar la esperanza –contra toda experiencia– de seguir siéndolo fuera de él. Mantener simultáneamente dos platillos en el aire sin dejar de mover las manos ni avanzar por el camino. Eso es todo”.
Malabares. También funambulismo. Gomá camina sobre un alambre entre dos visiones arraigadas, inflexibles y contrapuestas. Se atreve, en tiempos de la modernidad que ha reafirmado al individuo y le ha desligado de la cosmovisión religiosa medieval, a plantear una hipótesis sobre la esperanza más allá de la destrucción de la muerte, que él define como "una mortalidad indefinidamente prorrogada". Y rechaza, al mismo tiempo, que la materia religiosa esté sujeta a obediencia política. “Confío en que el libro sea útil para los agnósticos y los creyentes no dogmáticos. Les propongo una versión creíble”, afirma. “Los hombres de ciencia suelen refutar las cuestiones religiosas porque la visión que tienen sigue siendo infantil y pueril. Pero yo saludo la secularización como la emancipación de las verdades últimas, el proyecto moderno ha tenido que ser anticristiandad porque durante mucho tiempo los avances modernos se consideraban una derrota”, añade.
Todo parte de una premisa: morir es indigno. “El individuo es la forma más excelente de los entes. La muerte representa la destrucción objetiva de esa dignidad individual y un empobrecimiento objetivo del mundo, que se convierte en algo injusto”. No hay una aproximación religiosa –sino antropológica o filosófica–. “Todo hombre moderno es un agnóstico, no sabe nada sobre lo que puede haber más allá. Lo que planteo es si ese hombre puede tener esperanza”. Y lo hace examinando una figura central, el Jesús histórico al que Gomá llama con premeditación el Galileo para desmarcarse de la divinización construida posteriormente. “El Jesús histórico tiene una ejemplaridad que ni siquiera atacan anticristianos tan furibundos como Nietzsche. Con él se da un fenómeno extraño de divinización. Muere equivocado y fracasado en un suplicio que consideraba indigno. Que haya sido el fundador de una religión de difusión universal… no era previsible su éxito”.
Gomá trenzó sus tres libros anteriores -entre ellos ha publicado otros como Todo a mil, su recopilación de artículos en Babelia- dejando al margen el concepto de esperanza. “Primero era preciso abordar con parsimonia la descripción de la estructura de la experiencia sin permitir que apareciera confundida con otros elementos culturales, míticos o religiosos”, escribe. Dos incertidumbres le aguardaban ante el cuarto: “Cómo me podía sentir yo escribiéndolo y qué recepción podía tener”. Gomá trenzó sus tres libros anteriores —entre ellos ha publicado otros, como Todo a mil, con artículos en Babelia— dejando al margen el concepto de esperanza. Dos incertidumbres le aguardaban ante el cuarto: “Cómo me podía sentir escribiéndolo y qué recepción podía tener”. Una de las respuestas se la dio ayer Gregorio Marañón: “Me ha dejado huella tras plantearme preguntas y apuntarme respuestas. Tiene algo más que filosofía”.

PRENSA. "Viaje a la resistencia social griega". Iolanda Fresnillo

   En "blogs.elpaís":

Viaje a la resistencia social griega

Por:  | 01 de marzo de 2013
Viome2
Los trabajadores de Vio.Me autogestionan la fábrica de la que fueron despedidos. Foto: Iolanda Fresnillo.
Gente desesperada haciendo cola para conseguir comida o guerra de piedras y cócteles molotov contra gases lacrimógenos. Estas son algunas de las imágenes más comunes que nos llegan de Grecia. Pero la realidad griega es calidoscópica y va mutando según dónde mires.
En las calles de Atenas y Tesalónica se respira cierta normalidad, pero mientras los negocios en el centro están mayoritariamente abiertos, en los barrios periféricos prevalecen los carteles de “en alquiler”. El mobiliario urbano que sufrió los embates de la última manifestación o simplemente del paso del tiempo ya no es reparado. En la Universidad Aristóteles de Tesalónica ya no hay servicio de limpieza. En los barrios periféricos de Attica la basura se acumula porque no se recoge cada día. “Los recortes”, nos dicen. La mayoría de la población parece encontrarse en estado de shock. Pero también son muchos los que alimentan un enjambre de iniciativas ciudadanas.


Pireus
Foto: Iolanda Fresnillo.
Nos cuentan las compañeras griegas que para que te atiendan en un hospital hay que pagar 25 euros, mucho más según el tratamiento que necesites. Un parto cuesta en la sanidad pública 800 euros, 1600 si es por cesárea. No hay medicamentos porque Roche o Novartis se niegan a entregarlos sin un pre-pago. Miles de niños y niñas se quedan sin vacunación porque ha dejado de ser gratuita. 
Ante todo ello, clínicas gratuitas y auto-gestionadas se van abriendo en diferentes ciudades gracias a la solidaridad de la población y la iniciativa de profesionales de la salud. Se empiezan a abrir también farmacias solidarias para repartir medicamentos entre los que no se los pueden permitir.
Vemos también cómo el desempleo crece hasta el 27% (el desempleo entre los jóvenes de 16 a 25 años es ya del 60%), cómo cierran fábricas y empresas, cómo se violan los derechos laborales de trabajadores que en ocasiones siguen trabajando durante meses sin cobrar.
Nos encontramos con los trabajadores de Vio.Me, que recuperan la fábrica de la que fueron despedidos y forman una cooperativa para su auto-gestión. Hablamos también con los trabajadores de los astilleros de Skaramagas, que llevan meses sin cobrar y sin construir barcos. Ocuparon el Ministerio de Defensa hace unos meses ante el desplante del Ministro. Más allá de movilizarse y apoyarse mutuamente, algunos confiesan que a sus 60 años se están planteando emigrar a Alemania a construir los barcos que su Gobierno comprará a crédito.
Astilleros
Foto: Iolanda Fresnillo.
Conocemos que la deuda, que cada día es más insostenible, se sigue pagando a costa de recortes, pero también del expolio del territorio y los recursos naturales griegos. Nos hablan de la minera canadiense Eldorado Gold, que compró por un puñado de euros una montaña en Chalkidiki para explotar el oro que se esconde bajo su tierra.
Pero nos puntualizan que la población de Chalkidiki lucha cada día contra la construcción de la que puede llegar a ser la mayor mina a cielo abierto de Europa. Igual que los ciudadanos de Tesalónica que alrededor de la Iniciativa136 se oponen la privatización del agua en su ciudad y están recogiendo recursos (136 euros por ciudadano) para poder presentarse a la licitación y hacerse cargo de la gestión comunitaria del agua.
Nos acompañan en todo activistas de las campañas como la de Auditoría de la Deuda y No Debt No Euro, que luchan por difundir las ilegitimidades e ilegalidades que esconde la deuda y los ajustes, y exigir la cancelación de una deuda que consideran claramente ilegítima.
A pesar de los intentos de poder económico y político de subyugar a la población, de sembrar desesperanza e insistir hasta la saciedad en el no hay alternativa, en Grecia te encuentras en las calles, universidades, fábricas, hospitales o escuelas personas que consiguen superar el estado de shock para reinventar el futuro del país. 
HuelgaGeneral2
Foto: Iolanda Fresnillo.

PRENSA. Viñeta de Forges

   En "El País" (4 marzo 2013):

lunes, 4 de marzo de 2013

POESÍA. "Scripsit", de José Antonio Ramírez Lozano (Nogales, Badajoz, 1950)

José Antonio Ramírez Lozano

SCRIPSIT

Sé que he sido y que cuanto
vivo ahora fue un tiempo
escrito por mi mano. Ni una letra
siquiera que podría
cambiar de cuanto dije. Ni tampoco
el modo de mi muerte, porque supo
sorprenderme acabando el poema.

PRENSA CULTURAL. Sobre la traslación de "Marianela", de Pérez Galdós, al cómic

Una de las ilustraciones del cómic ‘Marianela’. ("El País")

   En "El País":

Pérez Galdós como guionista de cómic

Rayco Pulido crea un tebeo a partir de ‘Marianela’, novela del escritor sobre un pueblo minero

 Madrid 28 FEB 2013

La lista de clásicos de la literatura universal llevada al cómic es larga y variada: de la Odisea a Romeo y Julieta y de Moby Dyck hasta El lazarillo de Tormes se han visto convertidos en personajes de historieta en los últimos años. Sin embargo, hasta ahora nadie había tratado de adaptar al lenguaje del cómic la narrativa discursiva de Benito Pérez Galdós y el argumento de su novela Marianela, ambientada en un pueblo minero del norte de España en la segunda mitad del siglo XIX.
Ha tenido que ser un coterráneo del creador de Fortunata y Jacinta, el historietista Rayco Pulido Rodríguez (Telde, Gran Canaria, 1978) el atrevido dispuesto a meterle tinta y pincel a la belleza interior y de la grandeza del espíritu humano con una gran carga simbólica.
Cuenta Pulido que uno de los motivos que le animó a emprender esta aventura de 170 páginas fue darse cuenta, en los tiempos en que trabajó de profesor, de cuánto le costaba a los jóvenes “entrar” en la obra de Galdós. “A muchos, y a mí mismo cuando lo leí en el colegio, ese estilo nos hacía rechazar la lectura pese al indudable valor de las obras”.
“Su estructura y su sencillez favorecen la adaptación, quizás por eso es uno de sus libros que ha sido más traducido a otros lenguajes —opera, cine, telenovelas, incluso seriales radiofónicos—”. La obra, considerada “menor” por los críticos, en su versión teatral fue la que más éxito cosechó de Galdós adaptada por los hermanos Quintero, y que sirvió a la actriz Margarita Xirgu para dar el salto del circuito catalán al panorama escénico nacional, recuerda Pulido.
Marianela, cuyo título en el cómic de Pulido es simplemente Nela, se desarrolla en la estación minera de Socartes (en realidad, el complejo minero santanderino de Reocín) y cuenta la historia de una chica huérfana y poco agraciada físicamente que es la única amiga de Pablo, un joven ciego de posición social acomodada a quien sirve de lazarillo y de quien se enamora. Pablo sólo conoce el mundo a través de los ojos y descripciones de Nela, y cree estar también enamorado de ella, rechazando los desaires de que ella es objeto por las gentes pueblerinas. Pero la llegada de un oftalmólogo famoso, hermano del ingeniero Teodoro Golfín, lo cambia todo y se desencadena el drama al dar esperanzas a Pablo de que podrá recuperar la visión. Una vez con la capacidad de ver, Pablo se enamora de la belleza de la prima de Nela y ella se deja morir al saber que perderá su única razón para vivir.
En la adaptación se elimina al narrador y la tensión se logra con la acción y los diálogos. “El drama de Nela se ve venir, es muy predecible y por eso mismo funciona muy bien”, afirma el autor.
Pulido considera que su versión de Marianela es fiel al original y “ha respetado al máximo” el texto galdosiano, eliminando sólo algunos fragmentos no esenciales que podían distraer al lector. “Pero del contenido no queda nada fuera”. El autor afirma que sólo se ha permitido una licencia final, ya que la obra termina con la visita de unos turistas a Socartes, que al preguntar por su tumba nadie recuerda la historia de la pequeña joven de bello corazón pero de formas raquíticas. “Me dio pena, ella tenía que obtener al menos una victoria final”.

PRENSA. "¿Una 'primavera vaticana'?". Hans Küng

Hans Küng

   En "El País":

¿Una ‘primavera vaticana’?

La Iglesia necesita un Papa abierto a la modernidad y que defienda la libertad. Un grupo de cardenales valientes debe enfrentarse a los sectores más inflexibles de la jerarquía y exigir un candidato con ese perfil

 1 MAR 2013 

La primavera árabe sacudió toda una serie de regímenes autoritarios. Ahora que ha dimitido el papa Benedicto XVI, ¿será posible que ocurra algo similar en la Iglesia católica, una primavera vaticana?
Por supuesto, el sistema de la Iglesia católica, más que a Túnez o Egipto, se parece a una monarquía absoluta como Arabia Saudí. En ambos casos, no se han hecho auténticas reformas, sino concesiones sin importancia. En ambos casos, se invoca la tradición para oponerse a la reforma. En Arabia Saudí, la tradición solo se remonta a 200 años atrás; en el caso del papado, a 20 siglos.
Ahora bien, ¿es cierta esa tradición? En realidad, la Iglesia vivió durante un milenio sin un papado de tipo monárquico absolutista como el que conocemos.
Fue a partir del siglo XI cuando una “revolución desde arriba”, la “reforma gregoriana” iniciada por el papa Gregorio VII, nos legó las tres características históricas del sistema de Roma: un papado centralista y absolutista, un clericalismo forzoso y la obligación del celibato para los sacerdotes y otros clérigos seglares.
Los esfuerzos de los concilios reformistas del siglo XV, los reformadores del siglo XVI, la Ilustración francesa en los siglos XVII y XVIII y el liberalismo del siglo XIX tuvieron éxito solo en parte. Incluso el Concilio Vaticano II, de 1962 a 1965, a pesar de abordar muchas preocupaciones de los reformadores y los críticos modernos, se vio obstaculizado por la curia, el órgano rector de la Iglesia, y no logró poner en práctica más que parte de los cambios exigidos.
Hoy, la curia, que también es un producto del siglo XI, sigue siendo el principal obstáculo para cualquier reforma de fondo de la Iglesia católica, cualquier acuerdo ecuménico con las demás iglesias cristianas y religiones mundiales y cualquier actitud crítica y constructiva frente al mundo moderno.

No podemos engañarnos con las grandes masas. Detrás de la fachada, la casa está viniéndose abajo
Con los dos últimos papas, Juan Pablo II y Benedicto XVI, se ha producido un fatal regreso a los viejos hábitos monárquicos de la Iglesia.
En 2005, en una de sus escasas muestras de audacia, Benedicto mantuvo una amigable conversación de cuatro horas conmigo en su residencia de verano, en Castelgandolfo, cerca de Roma. Yo había sido colega suyo en la Universidad de Tubinga y también su crítico más feroz. Durante 22 años, después de que criticara la infalibilidad del Papa y me retirasen la autorización eclesiástica para dar clase, no habíamos tenido el menor contacto privado.
Antes del encuentro, decidimos dejar de lado nuestras diferencias y hablar de temas sobre los que podíamos estar de acuerdo: la relación positiva entre la fe cristiana y la ciencia, el diálogo entre religiones y civilizaciones y el consenso ético entre fes e ideologías.
Para mí, y para todo el mundo católico, la entrevista fue una señal de esperanza. Pero, por desgracia, el pontificado de Benedicto estuvo marcado por crisis y malas decisiones. Logró irritar a las iglesias protestantes, los judíos, los musulmanes, los indios de Latinoamérica, las mujeres, los teólogos reformistas y todos los católicos partidarios de las reformas.
Los mayores escándalos de su papado son conocidos: para empezar, el hecho de que Benedicto reconociera a la archiconservadora Sociedad de San Pío X del arzobispo Marcel Lefebvre, que se opone de manera rotunda al Concilio Vaticano II, y a un personaje que niega el Holocausto, el obispo Richard Williamson.
Luego estuvo la inmensa ola de abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes, que el Papa ayudó en gran parte a encubrir cuando era el cardenal Joseph Ratzinger. Y después el caso Vatileaks, que reveló un espantoso número de intrigas, luchas de poder, corrupción y deslices sexuales en la curia, y que parece ser una de las principales razones por las que Benedicto ha decidido abandonar.
Esta primera dimisión de un papa en casi 700 años deja al descubierto la crisis fundamental que se cierne sobre una Iglesia anquilosada. Y ahora, todo el mundo se pregunta: ¿Será posible que el próximo Papa, a pesar de todo, inaugure una nueva primavera para la Iglesia católica? No se pueden ignorar las desesperadas necesidades de la Iglesia. Existe una desastrosa escasez de sacerdotes, en Europa, Latinoamérica y África. Son muchísimas las personas que han dejado la Iglesia o han emprendido una “emigración interna”, sobre todo en los países industrializados. Ha habido una inequívoca pérdida de respeto hacia obispos y sacerdotes, el distanciamiento, en particular, de las mujeres jóvenes, y la incapacidad de incorporar a los jóvenes a la Iglesia.
No debemos dejarnos engañar por el poder mediático de los grandes acontecimientos papales de masas ni por los aplausos enloquecidos de los grupos juveniles católicos. Detrás de la fachada, la casa está viniéndose abajo.

Una encuesta muestra que el 85% de los católicos son partidarios de dejar que los curas se casen
En esta dramática situación, la Iglesia necesita un Papa que no viva desde el punto de vista intelectual en la Edad Media, que no defienda ningún tipo de teología, liturgia ni constitución eclesiástica propias de la época medieval. Necesita un Papa abierto a las preocupaciones de la reforma, a la modernidad. Un Papa que defienda la libertad de la Iglesia en el mundo no solo mediante sermones sino luchando con hechos y palabras por la libertad y los derechos humanos dentro de la Iglesia, por los teólogos, por las mujeres, por todos los católicos que desean decir la verdad abiertamente. Un Papa que no siga obligando a los obispos a obedecer una línea oficial reaccionaria, que ponga en práctica una democracia apropiada dentro de la Iglesia, construida según el modelo del cristianismo primitivo. Un Papa que no se deje influir por ningún otro “Papa en la sombra” del Vaticano como Benedicto y sus leales seguidores.
La procedencia del nuevo Papa no debería ser un factor crucial. El Colegio Cardenalicio debe elegir al mejor, sin más. Por desgracia, desde la época del papa Juan Pablo II, se emplea un cuestionario para hacer que todos los obispos sigan la doctrina oficial de Roma en los asuntos polémicos, un proceso sellado por el voto de obediencia incondicional al Papa. Por eso, hasta ahora, no ha habido disidentes públicos entre los obispos.
Sin embargo, la jerarquía católica ha recibido advertencias sobre la brecha existente entre ella y los seglares en asuntos importantes relacionados con posibles reformas. Una encuesta reciente en Alemania muestra que el 85% de los católicos son partidarios de dejar que los curas se casen, el 79%, de que los divorciados puedan volver a casarse por la Iglesia, y el 75%, de que las mujeres puedan ordenarse. Probablemente, las cifras serían similares en muchos otros países.
¿Será posible que tengamos un cardenal o un obispo que no esté dispuesto a seguir por la misma senda trillada de siempre? ¿Alguien que sepa lo profunda que es la crisis de la Iglesia y conozca vías para salir de ella?
Estas preguntas deben discutirse abiertamente, antes del cónclave y durante él, sin que nadie amordace a los cardenales, como se hizo en 2005 para que se atuvieran a las directrices.
Soy el último teólogo en activo de los que participó en el Concilio Vaticano II (junto con Benedicto) y, como tal, me pregunto si no será posible que haya al comienzo del cónclave, igual que hubo al comienzo del Concilio, un grupo de cardenales valientes que se enfrenten a los miembros más inflexibles de la jerarquía católica y exijan un candidato dispuesto a aventurarse en nuevas direcciones. ¿Tal vez a través de un nuevo concilio reformista o, mejor aún, una asamblea representativa de obispos, sacerdotes y seglares?
Si el próximo cónclave elige a un Papa que vuelva a lo de siempre, la Iglesia nunca experimentará una nueva primavera, sino que caerá en una edad de hielo y correrá el peligro de encogerse hasta convertirse en una secta cada vez más irrelevante.
Hans Küng es catedrático emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga y autor del libro de próxima publicación ¿Puede salvarse la Iglesia?
Traducción del inglés de María Luisa Rodríguez Tapia.
©2013 The New York Times. Distribuido por The New York Times Syndicate.

PRENSA. Viñeta de EL ROTO

   En "El País" (2 marzo 2013):


viernes, 1 de marzo de 2013

POESÍA. "Campana de cristal", de Carmen Martín Gaite (1925-2000)

Carmen Martín Gaite

                   CAMPANA DE CRISTAL


A veces yo querría haber seguido
en aquella campana de cristal,
todo limpio y pulido,
tamizada la luz, clara e igual.

Pero estas inherentes cicatrices
grabadas día a día en la memoria
en muebles y pasillos,
en lo que digo y dices,
han escrito una densa y sofocante historia
ceniza que se cuela entre visillos.


Sol frío, luz de nieve, resplandor;
por la Plaza Mayor
cruzo con mi cartera de estudiante;
mi madre dice desde el mirador
de la casa varada, apaciguante:
Quédate aquí, no crezcas, que es peor.

A veces yo quería haber seguido
en aquella campana de cristal,
todo limpio y pulido,
tamizada la luz, clara e igual. 





PRENSA. OBITUARIO. Sobre Stéphane Hessel, autor de "¡Indignaos!"

Stéphane Hessel. / SANTOS CIRILO ("El país")

   En "El País":

El joven nonagenario que gritó ‘¡Indignaos!’

Desaparece el referente moral del último gran movimiento de descontento social en Europa

 París 27 FEB 2013

Stéphane Hessel, autor del panfleto de 32 páginas ¡Indignaos!, que catalizó el movimiento ciudadano de resistencia pacífica en Grecia y España, falleció esta madrugada en París a los 95 años, anunció su esposa, Christiane Chabry. Antiguo diplomático, miembro destacado de la Resistencia contra los nazis, europeísta y humanista convencido e infatigable defensor de los Derechos Humanos, Hessel atravesó todo el siglo XX enfundado en la bandera de la libertad y se convirtió en una celebridad tardía al vender más de cuatro millones de ejemplares de¡Indignaos!, que se publicó en casi 100 países tras ser editada en Francia en octubre de 2010.
Nacido en Berlín en 1917, año de la revolución rusa, le gustaba decir, Hessel procedía de una familia alemana judía convertida al luteranismo que se instaló en París en 1925. Su padre, el escritor Franz Hessel, y su madre, la pintora sin vocación Helen Grund, vivieron un trío amoroso con el también escritor francés Henri-Pierre Roché, que acabaría dando origen a una de las películas más célebres del cine francés, Jules et Jim (1962), dirigida por François Truffaut e interpretada por Jeanne Moreau, Oskar Werner y Henri Serre.
Roché contó la historia real en una novela, y Truffaut le dio un giro al terminar la película con un suicidio-homicidio, aunque en la vida el trío acabó en una simple separación. Hessel contaba que su padre "se apartó voluntariamente" ante la pasión vivida por "los dos seres que más amaba en el mundo". Y cuando recordaba su propia actitud ante aquel trío tan alejado de la convención, solía decir que decidió que lo mejor que podía hacer era ser "el preferido de cada uno de los tres".
Su madre —una mujer libre y dominadora que intentó hacer de su vida una obra de arte—, su padre —que tradujo a Proust al alemán con el filósofo Walter Benjamin— y Roché trasmitieron al pequeño su amor por la cultura, la poesía y la literatura. En 2006, Hessel publicó O ma mémoire: la poésie, ma nécessité. Se dice que nada le gustaba más que recitar a Baudelaire y a Verlaine, a Goethe o a Melville, y que presumía de conocer de memoria más de cien poemas.

La historia de sus padres inspiró la novela y la película ‘Jules et Jim’
Hessel se hizo ciudadano francés en 1937, y se convertiría en un activista precoz siguiendo los cursos de Maurice Merleau-Ponty y leyendo a Sartre. En 1941 se enroló en la Resistencia como miembro de los servicios secretos de la Francia Libre (BCRA, por sus siglas en francés), que operaba desde Londres bajo el mando de Charles de Gaulle.
Según contó en Le Monde su amigo Jean-Louis Crémieux-Brilhac, de 96 años y desde ayer único superviviente del BCRA junto a Daniel Cordier, de 92, Hessel era entonces un "joven brillante, que hablaba con fluidez alemán, inglés y francés", y que formaba con su mujer, Vitia, "una pareja encantadora, muy integrada en la vida social de la Francia libre de Londres, llena de esperanza y de coraje".
En marzo de 1944, Hessel se apuntó como voluntario para una misión en Francia, pero fue arrestado y torturado por la Gestapo. Deportado en septiembre al campo de concentración de Buchenwald, fue condenado a muerte, pero tras trabajar descargando y desnudando cadáveres, logró cambiar su identidad con la de un preso francés recién fallecido de tifus y se libró de la horca. Luego se evadió, fue otra vez capturado, y finalmente saltó del tren que le llevaba a Bergen-Belsen y se sumó a las tropas estadounidenses que entraron en París en mayo de 1945.
Después de la guerra, Daniel Cordier y Stéphane Hessel escribieron elLibro Blanco de la BCRA, y Hessel inició su carrera diplomática. Se fue a Nueva York, donde coordinó la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada en 1948; medió en numerosos conflictos nacionales y extranjeros, y se convirtió en un referente moral del compromiso humanista y la justicia social.

Coordinó la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
Nombrado embajador de Francia por François Mitterrand en 1981 y galardonado con la Legión de Honor por Jacques Chirac en 2006, Hessel no se dejó atrapar por los honores, y mostró siempre una adolescente capacidad de indignación y denuncia. De una batalla pasaba a otra: los derechos de los inmigrantes sin papeles, el ecologismo, la pobreza, la causa palestina (que le valió la cólera de las asociaciones judías)... En 2008, indignado por la política de inmigración que impuso el ministro Brice Hortefeux, Hessel afirmó: "Desde hace dos años, asistimos a un espectáculo desolador y deshonroso, la caza de inmigrantes que viven en Francia desde hace años, y la de sus hijos que dan clase en nuestros colegios".
Hombre de izquierdas y europeísta de alma, en política se limitó a mirar desde fuera: fue seguidor del socialista Pierre Mendès-France, apoyó a Michel Rocard en 1985, se presentó como independiente no elegible en las listas de Europa Ecología en 2010 y sostuvo a François Hollande en la campaña electoral de 2012. Durante el último congreso socialista, Hessel presentó una moción, titulada Más lejos, más deprisa, que animaba a Hollande a acelerar y profundizar en el cambio político.

Más allá de los 90, siguió dando ejemplo y militando por la libertad
Pasada la frontera de los noventa, siguió dando ejemplo y militando por la libertad. El impresionante éxito de Indignez-vous! (¡Indignaos!) le llenó de alegría y le llevó a ser uno de los referentes de los movimientos de jóvenes airados en España o Grecia. En una entrevista publicada por EL PAÍS en mayo de 2011 contó que no esperaba que su librito tuviera tal repercusión en el extranjero. "Cuando empezamos con la idea teníamos a Francia en la cabeza. Ocurrió que en pocas semanas se produjeron varios acontecimientos. La popularidad de Sarkozy se fue hundiendo, lo mismo ocurrió en Italia con Berlusconi, e incluso en España con Zapatero, y en Portugal con Sócrates. Antes de que se produjeran las revueltas del norte de África, la idea de que los Gobiernos de varias partes del mundo rozaban comportamientos que provocaban la indignación de la gente era algo que raramente habíamos visto", aseguró.
Con su vitalidad intacta hasta casi el final de sus días, no dejó de viajar, de conceder entrevistas y de dar conferencias. Su espíritu incansable y aventurero, su apertura de mente, su seductora y apasionada inteligencia y su amor a la cultura dieron a Hessel un aura de sabio totémico, aunque él siempre dijo que su tardío éxito entre los jóvenes se explicaba por el momento histórico que vive Europa: "Las sociedades actuales están perdidas, se preguntan qué hacer para encontrarse y buscan un sentido a la aventura humana".

"Consagró su vida
a la defensa de la dignidad", afirmó el Elíseo en una nota
En la hora de su desaparición, que deja a Francia casi sin protagonistas directos de la Resistencia, el presidente de la República, el primer ministro, la oposición, los sindicatos y cientos de ciudadanos y lectores expresaron su admiración por el combatiente de la paz y la libertad, y el PS pidió a Hollande que se le dedique "un gran homenaje nacional".
El Elíseo emitió una nota que subraya que Hessel fue "una gran figura que consagró su vida excepcional a la defensa de la dignidad humana", y destacó que "su capacidad de indignación no tenía más límite que el de su propia vida".

PRENSA CULTURAL. Sobre Stéphane Hessel y sus libros

Stéphane Hessel, en París en 2011. / BORIS HORVAT (AFP) ("El país")

   En "El País":

Un filón editorial

En España ha vendido cerca de 500.000 ejemplares de sus obras

En marzo aparecerá '¡No os rindáis'', sobre sus reflexiones acerca de la crisis española

 Barcelona 27 FEB 2013

Un poco de la misma suerte eterna que le salvó la vida consecutivamente de los campos de exterminio de Buchenwald, Rottleberode y Dora, la tuvo también Stéphane Hessel con sus libros. La trayectoria editorial del hasta ahora único redactor vivo que quedaba de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se hizo, paradojas de la vida, verdaderamente global a sus 93 años, a partir de diciembre de 2010, cuando publicó en Francia apenas 34 cuartillas, de título tan breve como contundente: ¡Indignaos!, que alcanzará raudo en su país los tres millones de ejemplares vendidos y la traducción a más de 30 países.
En España, en apenas un año, el que va de febrero de 2011, con la versión de ese manifiesto, a mediados del año pasado, se concentra una eclosión que ha dado cinco títulos directos suyos y otros dos vinculados a sus progenitores: siete Hessel, a uno cada dos meses de media. Sólo de su libro insignia se llevan vendidos entre castellano y catalán más de 400.000 ejemplares, a los que hay que sumar unos 100.000 más de ¡Comprometeos! (sus conversaciones con Gilles Vanderpooten), Mi baile con el siglo (sus memorias) y El camino de la esperanza (de nuevo conversaciones, ahora con el filósofo Edgar Morin).
Todos esos títulos están en Destino, la editorial que le contrató el libro en diciembre de 2010, un poco, de nuevo, gracias al azar. “Vi un reportaje sobre él y el éxito de ¡Indignaos! en Le Figaro, leí el libro y me decidí a llamar a la pequeña editorial de Montpellier Indigène Editions que lo había publicado; pero no había manera que respondieran y al final encontré el teléfono fijo de Hessel, porque él no tenía móvil, sólo ese número y un fax. Y llamé, por probar, un sábado por la mañana tras el premio Nadal y dio la casualidad de que me respondió él mismo”, recuerda Ramon Perelló. Hessel se sorprendió del interés de un editor español que, por cierto, no lo tenía muy claro cuando contactó (“era un veterano de la Resistencia francesa, con fama de muy honesto, pero que aquí no lo conocía nadie”); sin embargo, conectaron bien, “hablamos de España, de política, hizo un especie de volcado de su vida y al final decidimos tirar adelante”.
Así, menos de dos meses después de la conversación, el 22 de febrero de 2011, aparecían los primeros 45.000 ejemplares de ¡Indignaos! “Me parecieron demasiados”, sonríe ahora recordando que sólo dos días después se tenía que hacer ya una reimpresión de 100.000 ejemplares más. “Ni la eclosión Punset”, equipara el también editor del científico. Empezaba así un fenómeno que ha hecho que España sea el segundo país del mundo donde más ejemplares se venden de Hessel.
La confianza y la recepción en España (“cuando estuvo en Madrid y Barcelona la gente le reconocía por la calle y le paraba; él no daba crédito”) hizo que estas pasadas Navidades Perelló se atreviera a proponerle hacer un libro nuevo. “Recuerdo que me dijo: ‘Estoy un poco cansado: es que ya soy muy viejo’, y me emplazó a su vuelta de unos días de descanso en las afueras de París”. De nuevo, la suerte: tardó en responder y no había manera de contactar con él porque en las afueras no tenía ni teléfono; Perelló ya temía lo peor, “pero al final respondió y aceptó que enviáramos a un periodista, Lluis Uría, a hablar con él. El resultado será No os rindáis. Con España, en la frontera por la libertad y el progreso, de estructura y tamaño muy parecidos a¡Indignaos! y donde se muestra muy duro contra cómo se están haciendo las cosas; pero, como siempre, llamando a implicarse, a no desertar de la política”, resume Perelló, que lamenta que Hessel no pudiera verlo acabado (“le enviamos la portada hace unos días y no sé si tuvo tiempo de mirarla”) pero que espera que el libro esté en librerías antes de Semana Santa. Mientras ya han entablado negociaciones para la venta de la obra a Francia y a otros países europeos. “Acabará siendo su testamento político”, sentencia su editor español.
El fenómeno Hessel, que también ha dado para una autobiografía intelectual En resumen… O casi (Aguilar, 2012), permitió que se añadiera a la eclosión libresca un par de títulos que quizá no hubieran visto la luz de no haber ido arropados por las ventas de su obra. Los dos hacen referencia a sus padres. El primero en aparecer, en ese annus mirabilis hesseliano que fue 2011, Romance en París (Errata Naturae),escrito por su padre Franz Hessel, donde cuenta cómo conoció a la que sería su esposa Helen, romance que conoció y del que fue parcialmente protagonista también su colega escritor Henri-Pierre Roché, que acabaría evocándolo en su famosa novela Jules et Jim. Con el título explícito de Helen Hessel, la mujer que amó a Jules y a Jim, Aguilar publicó el año pasado la biografía de ella. François Truffaut llevó en 1962 la historia al cine en una de sus películas más míticas, un proyecto lejano después de encontrar a mediados de los años 50 en una librería de viejo la novela pseudoautobiográfica de Roché. De nuevo el azar en la vida de Hessel.

PRENSA CULTURAL. Sobre Stéphane Hessel. Vicente Verdú


   En "El País":

La potencia del átomo

Le bastó a Stéphane Hessel un puñado de folios para activar a los rebeldes y para sumar a su descontento a millones de personas. Ni el 'Manifiesto Comunista' de 1848 aspiraba a tal impacto

 27 FEB 2013 

Stéphane Hessel ha muerto apenas cinco años después de que, a sus 90 años, se hiciera famoso en el mundo entero. Su proeza fue un libro de 32 páginas que llama a la rebelión contra los poderes políticos y económicos establecidos. Impulsa a resistirse contra la injusticia, la superexplotación, el neoliberalismo salvaje, la falsa democracia y la corrupción rampante. Clama en fin contra todo el mundo institucional que odiamos los ciudadanos comunes de Oriente u Occidente, donde se revela la gran estafa de un sistema que aún aspira a "refundarse".
El éxito de este panfleto hesseliano del que se han vendido casi 5 millones de ejemplares en unos 100 países del mundo expresa la cristalización de un malestar de prácticamente toda la Humanidad de clases medias y obreros frente a unas estructuras cada vez más crueles y expoliadoras.
Le bastó a Stéphane Hessel un puñado de folios para aumentar la intensidad emocional de los potenciales rebeldes y para sumar a su descontento la conciencia de otros millones de personas que no había escuchado todavía el fuerte grito de un ¡basta ya!, procedente de un viejo sabio cuya autoridad se había forjado no sólo bajo las torturas de la Gestapo y la reclusión en dos campos de concentración nazi sino en su participación en la elaboración de la Declaración de los Derechos Humanos en 1948, poco después de la Segunda Guerra Mundial.
Ni El Manifiesto Comunista de 1848 podía aspirar por las circunstancias históricas y el incipiente desarrollo de los medios de comunicación a un impacto tan grande, a pesar de su majestuosa importancia. El Manifiesto se parece al panfleto de Hessel, ¡Indignaos!, en su potencia y en su breve extensión, un texto o átomo, un tomito de 23 páginas que explota como una bomba. La gran diferencia es, sin duda, que tanto Marx como Engels, sus autores, no habían cumplido aún 30 años, 60 menos que Hessel y que, no por casualidad, mientras las palabras de este se proponen la destrucción de lo existente sin una clara alternativa futura, El Manifiesto, más romántico, expone un programa para el porvenir tras haber aniquilado la maldición capitalista.