miércoles, 21 de diciembre de 2011

PRENSA. "Vacas", por Rosa Montero

Rosa Montero

   En "El País":
Vacas

ROSA MONTERO 20/12/2011

   Por fin lo hemos conseguido. Por fin hemos logrado que ya no haya diferencia alguna entre las portadas de la prensa seria y las de las revistas del corazón: ahora todos hablamos del caso Urdangarín. Lo cual demuestra el carácter profundamente democrático de la corrupción. Quiero decir que es un vicio de amplio espectro social y muy nivelador de gustos y de clases, porque baja a las cabañas y sube a los palacios como don Juan Tenorio.
   No es de extrañar la unanimidad en el interés, porque, además de ser un culebrón literalmente majestuoso, podría llegar a tener consecuencias políticas importantes. Henos aquí de nuevo deshojando la eterna margarita entre la República y la Monarquía. Yo creo que, si la Monarquía es constitucional y sin poderes reales, como la nuestra, ambas opciones tienen sus pros y sus contras. Lo peor de los reyes, en general, es que suenan muy antiguos, y que el matiz hereditario despierta lógicos rechazos atávicos y además repugna a la razón. Digamos que es una institución muy poco estética, o que su estética no es del siglo XXI. Pero, por otra parte, de lo que se trata es de encontrar a una figura que represente al Estado de la manera más apartidista y aglutinadora posible. Las repúblicas parlamentarias, como Alemania o Italia, a menudo se las ven y se las desean para hallar una figura así. Mientras que con las monarquías modernas, como yo lo veo, es como si el país criara una raza de jefes de Estado, una suerte de cuidadas vacas Hereford especialmente seleccionadas para su función. No pretendo ser ofensiva: solo digo que son animales simbólicos que desde pequeños han sido obligados a no participar en las luchas sectarias. ¿Quién creen que representaría hoy el Estado de una manera más neutra y menos molesta, alguno de nuestros agotadores políticos o el príncipe Felipe? Esa es la cuestión.

PRENSA CULTURAL. "Ni siquiera tres", por Fernando Savater

Fernando Savater

   En "El País":
Ni siquiera tres

FERNANDO SAVATER 20/12/2011

   La relevancia mediática de la Feria del Libro de Guadalajara y su indudable carisma cultural la convierten en objeto de deseo para muchos políticos mexicanos, sobre todo en vísperas electorales como las actuales. Los unos se presentan en ella acompañados por alguno de esos libros hagiográficos que les preparan sus asesores (en España ocurre igual) y otros a pecho descubierto, para responder las preguntas de prensa y público. El último en comparecer fue Enrique Peña Nieto, candidato del PRI y favorito en la carrera presidencial, que a estas alturas probablemente lamenta no haberse quedado en casa.
   Tuvo la mala suerte de tropezar en la cuestión más sencilla: un periodista de "El Mundo" le preguntó cuáles eran los tres libros que más habían influido en su vida. Peña Nieto se enredó en explicaciones ininteligibles y azorados circunloquios, para finalmente mencionar La Silla del Águila con autor equivocado (Enrique Krauze en lugar de Carlos Fuentes) y la Biblia, aunque con la modesta acotación de que no la leyó entera (omitió quizá los abundantes pasajes escabrosos). Después, ejem, silencio. Como la prensa es maliciosa y el público burlón, esta muestra demasiado minimalista de erudición le ha convertido en el hazmerreír más popular del día. Que no se preocupe excesivamente, mañana habrá otro.
   El episodio ha probado sin lugar a dudas que Peña Nieto no es lo que suele llamarse un lector asiduo y voraz. Comprendo su agobio cuando me pongo en una situación parecida, imaginando que alguien me preguntase el nombre de tres guardametas de la actual Liga española de fútbol. Pero más allá de la rechifla por esta laguna cultural, se nos plantea una pregunta seria: ¿consideramos realmente imprescindible que un mandatario político haya leído mucho o por lo menos algo, digamos tres libros? ¿Son todavía los libros indispensables para alcanzar competencia en ese campo o basta con memorizar cifras, escuchar a los expertos y los domingos acariciar benévolamente la cabeza de los niños?
   En contra del eslogan propagandístico de finales del franquismo, un libro no siempre ayuda a triunfar. Y menos tres. A veces desprestigia ante los colegas, como ocurría en el caso de algunos asilvestrados compañeros de armas del general Gutiérrez Mellado, que maldecían de él: "¡Si será maricón que ha escrito un libro!". Hoy estamos ya desengañados de gobernantes que a las primeras de cambio citan a los clásicos con tino incierto y alardean de vacaciones literarias pero luego fracasan cuando llega la hora de tomar decisiones para sacar al país de los atolladeros. Los ciudadanos quizá les perdonen que lean a economistas, sociólogos o científicos de pelo en pecho, pero, por favor, que se dejen de poetas. A fin de cuentas siempre estamos en el mismo diagnóstico: que vivimos malos tiempos para la lírica...
   Ciertamente la afición a la lectura no es garantía de habilidad en la gestión de la cosa pública ni de tino para afrontar las crisis más urgentes. Y sin embargo, carecer de interés por los contenidos que atesora nuestra tradición intelectual tampoco es precisamente un buen síntoma. Se reclaman ahora Gobiernos de técnicos, de expertos prácticos capaces de pilotar los Estados desde el marasmo de los números rojos hasta las cuentas saneadas. Pero ¿entienden realmente la dimensión humana de los problemas que afrontan? Si aspiramos a una regeneración, ¿no consistirá más bien en volver a poner la economía al servicio de las personas en lugar de sacrificar las personas al saneamiento de la economía? ¿No fueron más bien humanistas y no meros tecnócratas los propugnadores de la Unión Europea, como antes que ellos quienes proclamaron los derechos humanos o las constituciones que a uno y otro lado del Atlántico quisieron garantizarlos de modo efectivo?
   No, desconocer a quienes narraron los anhelos y angustias de nuestra vida, a quienes nos recuerdan de dónde venimos y adónde quisimos ir, no es buena señal. Aunque solo sea porque, como dijo Charles Péguy, el periódico de ayer ya se quedó viejo pero Homero siempre es joven.

martes, 20 de diciembre de 2011

POESÍA. "Salón de pasos perdidos", de Elena Medel (Córdoba, 1985)

Elena Medel

Salón de pasos perdidos

La tecnología carece de autoestima:
hierve con las preguntas,
le inquietan las señales
un par de ventanas más al norte.

Igual tu nombre, que borra las vocales
y no impide el divorcio de nuestras maletas.
Una estación, aperitivo, cinco días.

Con las muñecas rotas
te estoy diciendo adiós.

PRENSA CULTURAL. "Blancanieves no era tan buena", reportaje

EL FLAUTISTA DE HAMELÍN, por Alejo Sauras. Fue la primera historia que dibujó Manuel de los Galanes -su modo de trabajo antes de realizar las fotografías- y por eso la que más cariño le inspira. El flautista, ese cuento en el que un hombre erradicó una plaga de ratas de un pueblo solo con tocar su flauta y que, al no ser recompensado, se vengó haciendo desaparecer a los niños con el mismo método, tiene un origen diferente: "Siempre me ha revuelto porque está inspirado en un ejército de 50.000 niños que marcharon a las Cruzadas y nunca volvieron". Solo un niño no le mira, el único que no ha caído en el hechizo.- MANUEL DE LOS GALANES. ("El País")

   En "El País Semanal":
Blancanieves no era tan buena

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS 04/12/2011

   Los cuentos infantiles han llegado hasta nuestros días dulcificados por Perrault, los hermanos Grimm o Disney. les damos la vuelta para sacar su crudeza a partir de una interpretación fotográfica muy personal.

   Había una vez un reino entre dos mares en el que siempre lucía el sol. Tenía un primer ministro al que sus amigos -incluidos los más belicosos- retrataban con cara de cervatillo y al que los ciudadanos querían mucho porque sacó al país de la guerra de Mesopotamia y sentó a su mesa a tantas princesas como príncipes, pero sobre todo porque, a pesar de haber nacido en una que llamaban Ciudad del León, él era tan sencillo como un zapatero. Cuestión de talante, decía él quitándose importancia. Cuando los sabios oyeron esa palabra recordaron que talante, como talento, viene del nombre que en griego tenía una moneda de oro.

La Cerillera, por Ruth Núñez y Marisa Paredes. Se trata de una historia escrita por Hans Christian Andersen en el siglo XIX. El fotógrafo explica sus intenciones: "La imagen trata de captar el instante en el que un espectro femenino se lleva a la cerillera nada más morir. El texto cuenta la vida de una chica que vende fósforos. La noche de Navidad cae una tormenta de nieve. Hace tanto frío que necesita prender sus cerillas. Lo hace y con cada una que consume sueña una vida distinta a la que le ha tocado vivir. Pero al final, tras consumir el último fósforo, muere". Ruth Núñez representa a la cerillera, y Marisa Paredes, a ese espectro.- MANUEL DE LOS GALANES. ("El País")


   Saber que todo podía ser cuestión de dinero no enturbió el ánimo de la ciudadanía, hasta el punto de que esa palabra, como muchas otras, pasó a pronunciarse como si fuera esdrújula. A pesar de que el cielo se había ido nublando en los imperios vecinos, en el reino del talante lucía un sol perpetuo. En parte porque era un sol pintado por Miró para atraer turistas y en parte porque el reino vivía dentro de una burbuja que no dejaba pasar las nubes a cambio, eso sí, de hacer que cada vez el aire estuviera más viciado. Fue entonces cuando se prohibió fumar dentro de los palacios.

Pinocho, por Juan Diego y Dafne Fernández. Pinocho, el personaje creado a finales del siglo XIX por el italiano Carlo Collodi, es otro de los históricamente más recientes dentro de la serie realizada por De los Galanes. La escena que él ha querido retratar es la siguiente: "Gepetto [Juan Diego] anhela ser padre. Por eso construye un precioso muñeco de madera, una réplica del niño que jamás tuvo. Tras un día de duro trabajo se queda dormido ante él, y esa noche se aparece un hada [Dafne Fernández] que, compadecida y enternecida por la bondad de un hombre sencillo, insufla vida en la madera e inicia la historia".- MANUEL DE LOS GALANES. ("El País")


   Todo era de cuento: los atletas ganaban campeonatos incluso en los antípodas, y las gentes cruzaban el mar para ver el milagro de aquel país en el que los prestamistas daban dinero al que se lo pedía y el primer ministro eliminaba impuestos e incluso repartía monedas cuando le sobraban. Tan seguras parecían las cosas materiales y presentes, que los guías del reino decidieron arreglar las pasadas y espirituales. Fue así como los consejeros del reino decidieron crear un ministerio al que le buscaron el nombre más bonito: igualdad. Duró lo que duraron los talentos de oro y terminó alojado en la casa de la sanidad, pero tuvo tiempo de hacer cosas sensatas y, también, cosas extravagantes.

La bella durmiente, por Miguel Ángel Silvestre, Patricia Montero y Alicia Lobo."El cuento originalmente ni siquiera se llama así, sino Sol y Luna, que son los nombres de los hijos de Aurora, la bella durmiente. La fotografía refleja el momento en que se inicia la relación con el príncipe. Tras una partida de caza, él entra en el castillo y la encuentra... Nueve meses después, ella tiene dos gemelos. Un día, Sol, el más pequeño, encuentra la astilla en el dedo de su madre mientras busca su pezón para mamar. Se lo quita y ella despierta. Las hadas son las que guardan a la princesa, a la que cuidan y protegen en su sueño", cuenta De los Galanes.- MANUEL DE LOS GALANES. ("El País")



   Entre las últimas estaba buscar una solución, política y correcta, para un viejo problema: la crueldad y el sexismo de los cuentos infantiles. Todo quedó en la búsqueda porque los duendes pincharon la burbuja y las palabras dejaron de ser esdrújulas y agudas -paridad, igualdad y volvieron a ser llanas -prima, riesgo, deuda, soberana. El cuento sigue porque los súbditos del reino pusieron a buscar oro a un registrador de la propiedad cuyo mayor mérito era la paciencia. Continuará, pues.

Caperucita roja, por Blanca Suárez. La elegida para encarnar a Caperucita Roja fue Blanca Suárez: "Caperucita es el personaje vox populi de mi serie. A Blanca le encantó. Ella es un diamante", explica el fotógrafo. "Como historia, es una de las más complicadas, porque se la fueron pasando como una pelota de pimpón entre Grimm y Perrault. No se atrevían a adaptarla porque es un cuento que bebía de la línea del matriarcado. Es una historia que preponderaba la libertad, la individualidad femenina y su poder. Al final, Perrault solucionó el tema quitando quince años a la protagonista".- MANUEL DE LOS GALANES.
("El País")


   Fábulas aparte, en la primavera del año pasado, pocos meses antes de convertirse en Secretaría de Estado, el Ministerio de Igualdad promovió una campaña para incentivar la lectura entre los niños de relatos que no estuvieran lastrados por los estereotipos, sexuales y violentos, de los cuentos clásicos de la tradición infantil: Barba Azul, La Cenicienta, La Bella Durmiente...
   No es una novedad. El maquillaje y la censura forman parte de la evolución editorial de la literatura para niños tanto como la brutalidad de muchas de las peripecias que la nutren. En 1697, un académico francés llamado Charles Perrault recogió en un volumen ocho cuentos -La Bella Durmiente, Caperucita Roja, El gato con botas, La Cenicienta y Pulgarcito, entre ellos- en los que es difícil desligar lo que se le debe a él de lo que él debe a la tradición. Un siglo más tarde, dos hermanos alemanes, los Grimm, publicaron una recopilación que incluía varios de los cuentos del francés en versiones levemente distintas o muy distintas. Si la Caperucita de Perrault termina con la niña dentro del estómago del lobo, la de los Grimm se prolonga hasta la heroica intervención del cazador.

El soldadito de plomo, por Paco León y Ana María Polvorosa.El final de la historia, para los que no la recuerden, es el siguiente: Un niño recibe, el día de su cumpleaños, una caja llena de soldaditos de plomo. Uno de ellos solo tiene una pierna, y el niño lo coloca en casa junto con una bailarina de papel de la cual se enamora. El cuento termina cuando el soldadito y la bailarina se consumen en una hoguera: "La escena que he fotografiado representa justo ese instante final, cuando se funden los dos para siempre, plomo y papel", explica De los Galanes.- MANUEL DE LOS GALANES. ("El País")


   Eso sí, en tiempos de guerra entre Alemania y Francia, esos relatos desaparecieron de las sucesivas ediciones. Lo mismo que hoy es difícil encontrar una recopilación de la pareja de escritores que incluya El judío entre los espinos, un texto que hasta el menos amante de la pedagogía moderna consideraría racista.
   Pero los maquilladores no se conforman con ver cómo Perrault salva a la última mujer de Barba Azul, se empeñan en resucitar a todas las esposas degolladas por él. No obstante, los malos no son los únicos en pasar por el quirófano de la cirugía estética. Los buenos también reciben su ración de edulcorante para hacer de las bellas candidatas a Miss Universo y de los jorobados seres que no producen miedo alguno. Ni que decir tiene que el gran cirujano de la narrativa tradicional no surgió de la literatura, sino del cine: Walt Disney, al que Rafael Sánchez Ferlosio -autor de una novela con niño como Industrias y andanzas de Alfanhuí no duda en calificar de "el gran corruptor de menores y la mayor catástrofe estética, moral y cultural del siglo XX".

Alicia en el país de las maravillas, por Blanca Portillo y María León. El cuento de Lewis Carroll Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas apenas ha sufrido mutaciones, según la investigación del fotógrafo. La escena que él ha querido retratar es la siguiente: "Representa el momento en el jardín de las rosas. La reina [Blanca Portillo], que había ordenado que fueran rojas, descubre a Alicia [María León] pintándolas de ese color porque por error se habían plantado las blancas". El conejo blanco representa al mismo animal del cuento que empuja a Alicia por su madriguera, llevándola hasta el país de las maravillas.- MANUEL DE LOS GALANES. ("El País")


   La comparación entre el Pinocho que Carlo Collodi publicó en 1882 y el que Disney estrenó en 1940 es más que gráfica: el cascarrabias Geppetto se convierte en un anciano tierno con pez y gato; el tiburón, en ballena y el grillo no desaparece para reaparecer más tarde, sino que se transforma en acompañante de la marioneta que nunca termina de llegar a la escuela. Por supuesto, en el cine nunca se vio lo que puede imaginarse en el libro: a Pinocho contemplando su propia muerte como muñeco.
   A veces, la cautela va más allá de lo obvio. Así, no faltan los editores que alertan a sus autores del peligro de que los protagonistas de sus libros corran sus aventuras solos, lejos de la mirada de sus padres. Se trata de poner una red pedagógica donde el relato necesita un salto narrativo. Triple y mortal a veces, pero imprescindible: al lado de un adulto no hay historia posible. Adiós a Pulgarcito, Hansel, Gretel, Caperucita y, de nuevo, Pinocho.
   "A menudo los que se asustan son más bien los padres. Y estos a su vez asustan al niño", apunta la experta en cuentos de hadas Clarissa Pinkola, autora de una amplísima antología de relatos de los hermanos Grimm y de un trabajo ya clásico del clásico: Mujeres que corren con los lobos. Allí se pregunta por qué los cuentos de todo el mundo recogen originalmente episodios que no ocultan su cara más brutal. Porque, responde, "no es probable que prestemos atención a la alarma si esta se expresa en términos más blandos". El mismo mecanismo, sugiere, que hoy se usa en las campañas contra el consumo de drogas o contra los accidentes de tráfico.

La bella y la bestia, por Carlos Bardem y Natasha Yarovenko. Cuenta el fotógrafo sobre el personaje encarnado por Bardem: "No quería una bestia arquetípica. En el siglo XVIII tenía rostro de jabalí. Y a partir del XIX era más lobuna. Pero yo quería algo más felino, inquietante y oscuro. No lo quería llenar de pelos ni de cuernos ni de nada de eso". La rosa del fondo tiene su significado: "Quería una abstracción. La medida del tiempo para la bestia está condensada en el tiempo de vida de la rosa hechizada con un maleficio. Mientras la rosa tenga pétalos, él tiene la oportunidad de ganarse el corazón de la bella".- MANUEL DE LOS GALANES. ("El País")


   Por supuesto, todo lo anterior no es cosa de niños. Todavía. No cabe relegar en exceso la chispa primera de relatos que terminan cargados de arquetipos y de interpretaciones morales: el hecho de contar, simplemente. Y su efecto primero: el entretenimiento. En un ensayo antológico titulado con una pregunta, ¿Qué quiere un niño?, el filósofo José Luis Pardo comparaba a los personajes de Pinocho y Buzz Lightyear (el astronauta de la película Toy Story) como ejemplos, respectivamente, de muñeco que quiere ser humano y humano que no sabe que es un muñeco. Pardo, además, reflexiona sobre el carácter amoral de los niños. "La célebre y celebrada inocencia de los niños", dice, "no mienta una incapacidad para hacer el mal, no es que los niños sean buenos; su inocencia está cargada de perversidad; no son ni buenos ni malos porque simplemente carecen de conciencia moral, son capaces de cometer las peores maldades sin sentir remordimiento alguno, les falta la conciencia de culpa".

Blancanieves, por Ariadna Gil y Ana Rujas. La historia de Blancanieves, del siglo XVI, fue dulcificada un siglo y medio después por los hermanos Grimm. "El personaje de Claudia [Ariadna Gil], la madrastra de Blancanieves [Ana Rujas], es el más importante porque en ella confluyen los arquetipos de la fuerza femenina. La historia se destila en una encarnizada lucha a muerte entre sus dos antagónicas protagonistas. En la original, el daño lo origina Blancanieves al provocar la muerte del hijo nonato de Claudia. Ahí la madrastra se vuelve loca y mala", explica De los Galanes.- MANUEL DE LOS GALANES. ("El País")


   No es lo único, por cierto, que les falta a los niños, esa peculiar especie de animal racional. También les falta, para su felicidad, conciencia de algo que a medida que crecen se convierte en toda una cadena: el hilo argumental. De ahí que puedan entrar y salir de una historia disfrutando de cada instante como si fuera único. De ahí que nunca terminen de escuchar un cuento de una vez por todas. O de ver una película, la forma moderna de los cuentos antiguos. De ahí que sean capaces de leer (o ver) lo mismo una y otra vez. La ventaja de ser inmortal es que el tiempo no existe. El problema es que creen que todos disfrutan de su misma condición. Walter Benjamin, que tanto escribió sobre la figura del narrador tradicional -narrar no es solo un arte, también es un mérito-, decía que la primera experiencia que el niño tiene del mundo no es que los adultos sean más fuertes, sino su incapacidad para la magia. Tenía razón. Jesucristo no era una excepción: todos los niños creen que sus padres son Dios.

PRENSA. "Lo que faltaba", por Almudena Grandes

Almudena Grandes

   En "El País":
Lo que faltaba

ALMUDENA GRANDES 19/12/2011

   Solo faltaba la ultraderecha, y ya está aquí. El verano pasado, la matanza de Utoya, en Noruega, devolvió a la Europa alegre y confiada a una época que nunca iba a volver. Con independencia de que Anders Breivik, alto, rubio, blanco, culto e internauta, sea o no un esquizofrénico, aquella masacre fue el primer crimen por odio ideológico que se cometía en el continente desde hacía muchas décadas. No es que en los últimos años no haya habido esquizofrénicos asesinos. Es que mataban por otras causas.
   En la última semana, Turín, Lieja y Florencia han consolidado la tendencia. Una noche de cristales rotos -aunque en las chabolas de los gitanos que incendiaron los ultras del Juventus no habría muchos-, un atentado indiscriminado de un enamorado de las armas de fuego y, por fin, un ultraderechista de la raza superior tirando al blanco sobre los vendedores ambulantes senegaleses que intentan ganarse la vida en la calle. Gianluca Casseri no vestía una camisa parda, pero su proeza encaja a la perfección con la teoría y la práctica del fascismo que se apoderó de Europa, empezando por Italia, hace 80 años: odio racial, complejo de superioridad, sensación de impunidad derivada de la convicción de que su país le pertenecía, fanatismo ideológico y desprecio por la vida de los otros. Nordine Amrani ni siquiera era ario, y, sin embargo, compartía varias de estas características que la estampa de Breivik, disparando al azar sobre los militantes de las juventudes socialistas de Noruega, ejemplifica de manera admirable.
   En 1930, Occidente sufría las consecuencias de una terrible crisis económica. En 1930, los líderes europeos demostraron ser incapaces por igual de tomar decisiones sobre la crisis y sobre la radicalización ideológica que provocó el empobrecimiento de sus ciudadanos. La historia del siglo XX es agorera, yo no.

PRENSA. "Hitchens", por David Trueba

David Trueba

   En "El País":
Hitchens

DAVID TRUEBA 19/12/2011

   Si alguien representaba la mejor versión del polemista mediático era Christopher Hitchens, el escritor y periodista británico nacionalizado estadounidense que ha muerto a los 62 años. Los territorios televisivos están plagados de tertulianos que actúan sobre el debate político como los excipientes en las medicinas, es decir, no añadiendo nada más que palabrería. Hitchens en cambio no dejaba nunca indiferente. Podías estar en radical desacuerdo con él, solo faltaría con alguien que se autodefinía como un contrario más que un disidente, un tipo a contracorriente, pero sus argumentos siempre eran razonados, expresivos y duros de rebatir.
   Trostkista de origen, mantuvo una tertulia con sus compañeros de generación como Martin Amis, Ian McEwan, Clive James y Salman Rushdie, por quien sacó la cara en plena persecución islamista y que fue la primera piedra para no transigir con las limitaciones de la libertad que pretenden imponer los líderes religiosos. Decepcionado por la tibieza de muchas voces relevantes cuando surgió la amenaza, fue subiendo la graduación de su compromiso por la causa. Era un placer incómodo leer su apoyo a la guerra de Irak, su defensa de Woolfowitz y de la invasión norteamericana, pero quienes corrieron a borrarlo de entre sus lecturas por ello, se perdieron a un agitador divertido, sardónico y culto. A veces elegía enemigos para los que carecía de mesura en sus críticas, de Michael Moore a Mel Gibson o Noam Chomsky, pero en otras ocasiones su ferocidad era una bendición para mantenerte alerta. Indagó en la trayectoria de Kissinger como criminal internacional, de Bill Clinton como mentiroso compulsivo o de la Madre Teresa como reaccionaria integrista promotora del dolor ajeno.
   Pero también sabía admirar desmedidamente, ya fuera a Thomas Paine, Jefferson, Orwell o Bob Dylan. Enfermó de cáncer después de terminar sus memorias, Hitch 22, pero para entonces era un referente que había saltado de la prensa a los intensos fuegos cruzados de las tertulias televisivas, al cine documental y hasta publicaciones en la Red como Slate o Vanity Fair, donde experimentaba consigo mismo exprimiendo compulsivamente sus facetas de vividor, bebedor y de hombre convencido de que los límites de la existencia son los que podemos alcanzar con la vista.

lunes, 19 de diciembre de 2011

POESÍA. "Mi primer bikini", de Elena Medel (Córdoba, 1985)

Elena Medel
Mi primer bikini

Sólo yo sé cuándo sobrevivimos.

Lo sé porque mis dedos
se transforman en lápices de colores.
Lo sé porque con ellos
dibujo en las paredes de tu casa
mujeres con rostro de epitafio.
Porque, a la caricia de la punta,
comienza el derrame de los cimientos
formando arco iris en la noche.
Porque, al escribir testamentos
en el suelo, se remueven las vísceras
de azúcar, y trepan tus raíces.

Grabo versos de colores fríos
en tu piel, de arquitrabe a basa,
y les llueve y los diluye, y compruebo
que la lluvia suena como hacen al caer
las canicas brillantes y naranjas
que cambiaba en el patio del recreo,
poco antes de calzar mi primer bikini.

Hoy guardo las canicas, como un apagado
tesoro, en los huecos de otras espaldas.

Pinto también en la terraza de enfrente
un jardín de lápidas cálidas y hermosas.
Trazo como una medusa de bronce,
un paraíso de cadenas hendiendo en mantillo
el valle diminuto que proclama que es frágil
y sin embargo, dirás tú, sobrevive.

PRENSA. "Viejos y nuevos filósofos", por José Luis Pardo

José Luis Pardo

   En "El País":
Viejos y nuevos filósofos

   Los nuevos pensadores comunistas proclaman que el capitalismo financiero es real y la socialdemocracia imposible. De esto también parecen convencidos esos socialdemócratas que se rinden frente a Goldman Sachs.

JOSÉ LUIS PARDO 18/11/2011

   Como dice acertadamente Iván de la Nuez (El comunista manifiesto, EL PAÍS, 11 de noviembre de 2011), parece que asistimos a una resurrección fantasmal del comunismo. Discreta, sin duda, pero pintoresca. ¿Se acuerdan ustedes de aquellos "nuevos filósofos franceses" que en torno a 1977 agitaban el estandarte del anticomunismo (B. H. Lévy, A. Glucksmann, A. Finkielkraut, entre otros)? A casi todo el mundo le resultaban antipáticos, y se admitía en general su mediocridad, su actitud publicitaria y su vanidad. No se les afeaba su condena del Gulag o de la complicidad de los intelectuales de izquierda con el estalinismo, pero se advertía a la legua que sus libros estaban muy lejos de la ambición teórica y de la profundidad de pensamiento que, en el mismo terreno, habían demostrado autores como Raymond Aron o Hannah Arendt: el título de "filósofos" les venía grande, ya que entonces aún no se había forjado el de "intelectuales no melancólicos", sin duda más apropiado a sus pretensiones. El negocio no les ha ido mal; filosofía no han hecho, pero hoy tienen acceso privilegiado al Eliseo y algunos de ellos se desplazan por el mundo en un cómodo jet privado, como Michael Jordan o Madonna (cosa que, obviamente, no escribo con rencor, sino solo con sana envidia).
   Pues el caso es que 30 años después estamos ante un colectivo que constituye en buena medida la imagen inversa y complementaria de aquel, el de los "viejos filósofos franceses": Alain Badiou, Jacques Rancière, quizá Jean-Luc Nancy -aunque este último juega en otra liga-, liderados por el más joven, gritón y agudo de todos ellos, Slavoj Zizek, extraño caso de "filósofo francés" nacido por error en Liubliana bajo el régimen del mariscal Tito, régimen que según Zizek no debemos calificar como "totalitario" (¡qué casualidad, igual que le pasa al de Franco según los historiadores más académicos de nuestro país!), porque esa es una etiqueta ideológica inventada por la propaganda anticomunista, y todos ellos enarbolan la bandera del comunismo. Aunque solo sea por su edad (los tres primeros mencionados están en su séptima década), su bagaje teórico es muy superior al que tenían los "nuevos filósofos" cuando emergieron: Badiou ha escrito graves tratados de ontología matemática, Rancière es historiador de la clase obrera y Nancy un erudito historiador de la filosofía. Si no habían conseguido descollar antes era por la sombra que les hacían algunos gigantes próximos -Deleuze para Badiou, Althusser para Rancière, Derrida para Nancy-, de tal modo que una vez desaparecidas esas figuras ellos han aligerado aquel pesado equipaje teórico (incluido el marxismo más "pesado") igual que un globo aerostático abandona parte de su lastre para poder elevarse, pues tampoco quieren ser intelectuales melancólicos: Badiou sustituye las ecuaciones por himnos corales, Rancière cambia la historia por el panfleto de gran estilo, Nancy ha pasado de la erudición al aforismo poético, y los últimos libros de Zizek son más bien compilaciones fragmentarias, rapidísimas y diversas sobre temas variados sin demasiada ilación argumental, agradable e inteligentemente sazonadas con lúcidos comentarios cinematográficos y chistes siempre oportunos. Y, a diferencia de sus precedentes de derechas, estos le caen bien a todo el mundo.
   Los "nuevos filósofos franceses" -que ahora están ya muy envejecidos bajo sus trajes de Armani- viajan en el avión de Sarkozy, pero necesariamente a regiones devastadas o conflictivas (Glucksman a Chechenia, Lévy a Libia, Finkielkraut a Serbia y los tres juntos a Irak), como fantasmas ellos también de un liberalismo que en aquellos pagos es, me temo, recibido con frialdad. En cambio, los "viejos filósofos" comunistas han rejuvenecido desde sus avanzadas edades: no visten ni viajan con mucho lujo, pero es por la misma razón que los dirigentes sindicales no vuelan en primera clase, es decir, no porque su estatus no se lo permita sobradamente, sino porque han de cultivar su imagen pública y cuidar coquetamente cierto desaliño indumentario que, por otra parte, incrementa su aire juvenil. Las fulminantes apariciones del fantasma comunista les llevan a reuniones informales, algo cutres a menudo, a veces al aire libre, pero siempre en los centros neurálgicos del planeta (Wall Street, la Documenta de Kassel, Wikileaks, Princeton, Brasil, China o los grandes festivales artístico-culturales del mundo), en olor de unas multitudes que les aclaman y redifunden ilimitadamente su palabra a través de YouTube y las redes sociales -que, según dicen, son el futuro y la bomba-. Su líder se codea con Julian Assange y con Lady Gaga -lo último de lo último y lo más de lo más respectivamente cada uno en lo suyo, por lo que he leído- y, aunque todavía no tiene el 'Príncipe de Asturias' (está en ello), ya se ha llevado a casa el mismo prestigioso galardón que la Junta de Castilla y León ha otorgado a Julián Marías y a la autora de Leer 'Lolita' en Teherán (cosa que también digo, como es evidente, con admiración y manifiesta pelusa).
   ¿Y cómo se puede ser comunista y sin embargo tan simpático?, se preguntarán ustedes. El truco principal consiste en que su comunismo no es de este mundo; no solo corren un tupido velo sobre su pasado, sino que se desmarcan de todo lo que el comunismo ha sido realmente: la Unión Soviética, el Gulag o la Revolución Cultural de Mao, liberándose así de cualquier contaminación con el bárbaro lodazal de la historia; reclaman, sin embargo, su derecho a conservar con orgullo las insignias de Lenin, de Che Guevara o de Pol Pot, nombres que para ellos no remiten a los comunistas así llamados en este mundo, sino a otros, del otro mundo posible, igual de famosos y heroicos pero convenientemente expurgados de sus crímenes y terrores y convertidos en emblemas de una Ética superior de valores eternos situada no solo más allá del capitalismo, sino también de la democracia formal y del Estado de bienestar, a los que consideran perversos, corrompidos e irreversiblemente fracasados. Y como este comunismo ideal carece de doctrina y de programa (no es más que una apelación a la solidaridad humana y a lo que tenemos en común), ¿quién podría temerlo o refutarlo?
   Pero no por ello es del todo inane. Dejando aparte que estos "viejos filósofos" cometen el mismo delito especulativo en el que han incurrido todos los teólogos -exonerar a Dios o a la Idea y cargar las culpas sobre las flaquezas de los miserables mortales que sacrificaron su vida, su felicidad y su virtud en nombre de ese Dios o de esa Idea, cuando son estos últimos los verdaderos culpables-, el efecto práctico de sus arengas solo puede ser una contribución a la globalización de la resignación política: nos enseñan que el capitalismo financiero es real y que el comunismo fantástico es posible, pero sobre todo -y por eso caen tan bien a casi todo el mundo- que la socialdemocracia es imposible (y con ella el Estado de derecho y la ciudadanía), algo sobre lo que parece existir gran consenso y que constituye un alivio para los proyectos de la derecha en el mundo entero, y algo de lo que parecen convencidos incluso los socialdemócratas, dispuestos a admitir su obsolescencia frente a los tecnócratas de Goldman Sachs.
   Plantear las alternativas políticas del futuro en los términos "capitalismo / comunismo" (como era la pretensión propagandística de la Internacional estalinista), aunque se trate de un capitalismo de ficciones y de un comunismo de salones, expresa bien la situación política actual -la falta de alternativas- pero resulta equívoco si se olvida que ni el capitalismo ni el comunismo (no al menos el de los "viejos filósofos") son regímenes políticos, por muy real que sea el uno y por muy eterno que sea el otro. Es, en efecto, siniestro tener que pensar el futuro como una opción entre los brokers de la Bolsa de Nueva York y los brokers de las tiendas de campaña que ocupan la acera de enfrente. Pero lo es sobre todo porque solo en algún lugar situado entremedias de ambas aceras -ese lugar que ahora parece haber sido arrollado por el tráfico- tenía sentido lo que hasta ahora habíamos llamado "política". Y para eso, honradamente, no creo que ni los de una acera ni los de la otra, ni los viejos filósofos ni los nuevos, tengan alternativas.

   José Luis Pardo es filósofo.

PRENSA. Entrevista a Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz 2003

Shirin Ebadi, primera mujer musulmana en recibir el Nobel de la Paz.- SOFÍA MORO. ("El País")
   En "El País Semanal":
ENTREVISTA: SHIRIN EBADI
"No basta con derrocar al tirano, hay que construir la democracia"

JAVIER AYUSO 18/12/2011

   La primera mujer musulmana en recibir el Nobel de la Paz, en 2003, se mantiene firme en sus críticas al régimen iraní y la manipulación del islam contra la mujer. Ni el exilio ni las amenazas le callan.

   "Lamento mucho que no hayan permitido que la corresponsal de EL PAÍS se quedara en Irán. El Gobierno iraní es enemigo de los periodistas". Ese es el saludo de Shirin Ebadi, mientras estrecha la mano del periodista y antes siquiera de sentarse para iniciar la entrevista. Lo dice en su lengua, el farsi, porque aunque entiende el inglés prefiere tener la conversación con intérprete.
   Ella sabe muy bien lo que es ser expulsada de un país. Desde hace dos años, Shirin Ebadi (Hamadán, Irán, 1947) no puede volver a su país. Sería encarcelada y nadie sabe cómo acabaría. "Un día antes de las elecciones de 2009", explica con tristeza, "salí de Irán para participar en un seminario aquí en España; desde entonces no he podido volver a Irán. La mayoría de mi familia está en Irán. Mi esposo y mi hermana fueron detenidos para presionarme y que volviera a Teherán. Ahora están en libertad bajo fianza, pero no pueden salir del país. El Gobierno dice que yo no he pagado mis impuestos del Premio Nobel de la Paz y ha confiscado todas mis propiedades. Han vendido mi casa y han acabado con las ONG que establecí. Además, recibo amenazas de muerte continuas".
   Dice que está en contacto diario con su familia y sus colaboradores en Teherán, pero no por teléfono o correo electrónico, que podrían intervenir, y asegura que es mejor no explicar cómo lo hace, porque cerrarían los canales. Desde entonces vive de ciudad en ciudad, de país en país, contando las atrocidades del régimen de Mahmud Ahmadineyad. "Vivo en los aeropuertos y los aviones", dice, "porque viajo 300 días al año".
   Shirin Ebadi ha sido calificada muchas veces como "la conciencia de Irán". Fue la primera mujer musulmana que recibió el Premio Nobel de la Paz, en 2003, después de una larga vida de lucha por la democracia y los derechos humanos en Irán. Fue la primera mujer juez en su país, en 1970, con solo 23 años, cargo del que fue expulsada en 1979, después de la revolución iraní, que acabó con el gobierno totalitario del sah Mohammad Reza Pahlevi y la llegada al poder del ayatolá Jomeini.
   "Cuando terminé los estudios de derecho", recuerda, "me hice juez porque pensé que así podría ayudar a que realmente se hiciera justicia en mi país. Y cuando llegó la revolución, me expulsaron de mi trabajo por ser mujer. Así que lo tuve que dejar y abrí mi propio despacho de abogado y decidí dedicarme completamente a las actividades relacionadas con los derechos humanos".
   Había luchado por la democracia en Irán y muy pronto descubrió que no basta con acabar con los dictadores, sino que hay que trabajar para convertir un país totalitario en otro democrático. "No basta con derrocar al tirano", dice con energía, "sino que tenemos que trabajar para establecer democracia. En 1979, el pueblo iraní tuvo su revolución, conseguimos echar a un dictador, pero desgraciadamente no llegó la democracia en su lugar, sino que llegó otro dictador".
   La entrevista se realiza el 21 de octubre, un día después del linchamiento del dictador libio Muamar el Gadafi, cerca de su ciudad natal, Sirte. "Esta es mi llamada de atención a los países árabes en los que se están registrando movimientos contra las dictaduras gobernantes: tened cuidado, no vaya a ser que después de tanta sangre derramada no se construya una democracia en estos países".
   En un hotel de Madrid, donde asistió a unas jornadas sobre El ser creativo, patrocinadas, entre otros, por el Centro de Innovación del BBVA, Shirin Ebadi se muestra cansada y, en cierto modo, desesperanzada sobre el camino que lleva el mundo.
   De todas formas, ayer cayó Gadafi en Libia, y ya lo han hecho los dictadores de Túnez y Egipto. ¿Cómo valora la llamada 'primavera árabe'? Yo no estoy nada de acuerdo con la expresión que se ha dado a este proceso de primavera árabe. Es muy pronto para decir que es primavera. Yo insisto en que no es suficiente con que se vayan los dictadores. En el caso de Gadafi, habría preferido que fuera detenido y juzgado por la Corte Internacional de Justicia. Para que se vea claramente qué es lo que ha hecho en estos 42 años. De todas maneras, ahora que ha pasado esa época, que han matado a Gadafi y ha muerto tanta gente, espero que no venga otro dictador en su lugar.
   ¿Cómo pueden afectar a Irán las caídas de los dictadores? Nosotros durante muchos años no hemos tenido relaciones con Egipto y después de la revolución egipcia ha empezado a haber contactos entre los Gobiernos. Con Túnez y Libia siempre ha habido relaciones y seguro que van a continuar. Solamente tendrá efecto sobre el resto si de verdad se consigue crear democracia en estos países. En ese caso, antes o después, podremos ver la democracia en Irán. Aunque realmente, lo más importante es Siria, que es como un muñeco en manos de Irán. Por eso el Gobierno iraní envió soldados y armamento para reprimir las protestas y matar a los manifestantes sirios. No hay que olvidar que en las manifestaciones en Siria se queman banderas de Irán y se pide que los soldados iraníes abandonen su país. Uno de los altos cargos del Ejército iraní, Moshen Rezai, dijo que Irán en sus relaciones internacionales tiene tres líneas rojas: Siria, Hamás y Hezbolá. Es una muestra de cómo Irán ha convertido a Siria en su brazo ejecutor. No hay duda de que si finalmente la población siria consigue derrocar a Bashir el Assad, ello tendrá un efecto directo sobre la política en Irán.
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PRENSA. "El racismo mata", por Samí Naïr

Samí Naïr

   En "El País".
El racismo mata

SAMI NAÏR 17/12/2011

   En el curso de la crisis económica y social, estamos asistiendo en todos los países europeos al aumento del odio y del racismo contra los inmigrantes y los extranjeros. Podríamos hacer aquí la lista de los países afectados por esa peste de los tiempos modernos y, más aún, recordar que esta se desarrolla sin que los poderes, aparte de algunas declaraciones lenitivas, reaccionen seriamente. En Turín, acaban de asesinar a dos jóvenes senegaleses, así, por pura reacción visceral contra unos trabajadores que no tienen la fortuna de "parecer" del país donde viven... La extrema derecha se crece con la crisis: la inmigración es un chivo expiatorio ideal, indefensa, sin derechos verdaderos dignos de la civilización europea, y los partidos tradicionales, ya sean de derechas o de izquierdas, solo alzan la voz tímidamente para condenar el ostracismo del que los extranjeros son víctimas.
   El nacionalismo chovinista, sencillamente xenófobo, se vuelve banal hasta el punto de no sorprender ya a nadie. La crisis económica en la que se debate Europa acentúa ese estado de ánimo. Lo que en estos momentos está más tocado es el concepto mismo de solidaridad. Muchos movimientos y partidos políticos que defendían la inmigración callan ahora para no dar la impresión de estar ayudando a poblaciones alógenas en competencia, en el mercado laboral, con las autóctonas. Más grave aún: los partidos conservadores europeos, apoyados en su momento por algunos partidos socialistas, adoptaron en junio de 2008 en el Parlamento Europeo la directiva llamada de la "vergüenza", que exponía a la vindicta pública (y policial) a los inmigrantes "no comunitarios". Una actitud escandalosa que nunca hay que dejar de recordar a quienes tomaron el partido de dividir la solidaridad humana.
   Desde esa época, la caza de todo aquel que no parece europeo se ha generalizado en las ciudades europeas: en las calles, en los metros, se han multiplicado los controles policiales basados en características raciales. En Europa, los Ministerios del Interior presentan el número de arrestados "ilegales" cada año como trofeos de guerra, y aún más el número de expulsiones. La campaña presidencial francesa, que empieza ahora, verá sin duda a un Sarkozy exhibiendo cifras récord de expulsiones y a una Marine Le Pen, dirigente del Frente Nacional de extrema derecha, replicándole que no ha habido suficientes. Podemos apostar a que Italia, como Grecia, no se quedarán a la zaga en los difíciles años de crisis que se perfilan. El actual Gobierno de derecha y de extrema derecha griego está compuesto por un partido que reivindica abiertamente el racismo y el antisemitismo. Este partido ha participado ya estas últimas semanas en acciones contra los inmigrantes en Atenas. En Italia, acabamos de entrar en la fase de los asesinatos.
   ¿Qué hacer ante este racismo que mata? No hay 36 soluciones: son necesarias unas leyes mucho más estrictas para castigar a los culpables. El racismo no es una opinión, es un delito penal. Las leyes antirracistas son el principal dique contra la barbarie. Si a principios de los años treinta del siglo pasado la Alemania de Weimar hubiese estado dotada de un arsenal de leyes represivas contra el racismo y el antisemitismo, el nazismo, que se aprovechó de la desesperación social provocada por la crisis de 1929, no se habría afianzado con tanta facilidad. También hay que dedicar más que nunca una enseñanza obligatoria, tanto en la escuela primaria como secundaria, a la unidad profunda del género humano y a la solidaridad ciudadana. Y hay que eludir los problemas ingenuos de la solidaridad: el de la "tolerancia", por ejemplo. Puesto que no se trata de "tolerar" a unas personas diferentes por su cultura o su raza, aunque solo sea porque algunos pueden alegar un derecho a la intolerancia, tal como se oye cada vez más en determinados países europeos (derecho siempre justificado por argumentos falaces: no son como nosotros, no quieren adaptarse, etcétera), sino de hacer comprender que es una cuestión de derecho, solo de derecho, pero de todo el derecho que tienen a estar aquí, porque trabajan y contribuyen a la riqueza colectiva.
   Algunos pondrán en evidencia a aquellos que, de entre los inmigrantes, hacen uso de derechos sociales sin tener derecho a ellos. ¿Pero cuántos son y cuántos autóctonos están en la misma situación? No se hacen más trampas ni se cometen más delitos entre los extranjeros inmigrantes que entre los autóctonos. Hay, en cambio, una vigilancia mucho más dura y puntillosa hacia los inmigrantes. Sí, incluso en época de crisis, los inmigrantes deben beneficiarse de los mismos derechos que los demás.
   Traducción de M. Sampons.

domingo, 18 de diciembre de 2011

sábado, 17 de diciembre de 2011

POESÍA. "El premio Nóbel", de Nicanor Parra (Chile, 1914), premio "Cervantes" 2011

Nicanor Parra

EL PREMIO NÓBEL

El Premio Nóbel de Lectura
me lo debieran dar a mí
que soy el lector ideal
y leo todo lo que pillo:

leo los nombres de las calles
y los letreros luminosos
y las murallas de los baños
y las nuevas listas de precios

y las noticias policiales
y los pronósticos del Derby
y las patentes de los autos

para un sujeto como yo
la palabra es algo sagrado

señores miembros del jurado
qué ganaría con mentirles
soy un lector empedernido
me leo todo - no me salto
ni los avisos económicos

claro que ahora leo poco
no dispongo de mucho tiempo
pero caramba que he leído

por eso pido que me den
el Premio Nóbel de Lectura
a la brevedad imposible

   De Hojas de parra (1985)

PRENSA CULTURAL. Entrevista al escritor Juan Eduardo Zúñiga

Zúñiga, en su casa de Madrid.- S. BURGOS. ("El País")

En "El País":
ENTREVISTA: JUAN EDUARDO ZÚÑIGA. Escritor

"A mi generación se le hizo una putada, y no distingo bandos"

AMELIA CASTILLA - Madrid - 09/12/2011

   "Pasarán años y, si vivimos, estaremos orgullosos de haber presenciado unos sucesos tan importantes, aunque traigan muchas penas y sean para todos una calamidad". Juan Eduardo Zúñiga (Madrid, 1929) no hace suyas las palabras de uno de los personajes de Largo noviembre de Madrid, uno de los libros de su narrativa sobre la Guerra Civil que, con Capital de la gloria y La tierra será un paraíso, se han reunido ahora en un volumen (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores).
   Con voz suave, el escritor cuenta que se está separando de la Guerra Civil pero que nota una incomodidad vergonzosa: "Fue un episodio que no debía haberse producido; a mi generación se le hizo una putada, y no distingo bandos políticos, fuimos heridos para siempre. Resultó muy destructor en todos los sentidos. Un periodista griego que cubrió la contienda me dijo que nunca se había encontrado con tanto odio acumulado".
   Sus palabras resuenan en el salón de su casa, iluminado por el sol de otoño, junto al Retiro madrileño. Sus relatos huelen a miseria, zapatos desgastados, palabras de rencor y fracaso de las ilusiones. A Zúñiga no le interesaron los combates ni las trincheras sino el heroísmo cotidiano de las personas que permanecieron en la capital sitiada, bombardeada, acosadas por el hambre, la inseguridad, el frío y el contacto con la muerte. "En esas circunstancias se imponía el hambre, el miedo y el amor, el amor era incontenible, la gente estaba deseando amarse como fieras, como un destello de esperanza y de perspectiva de futuro", añade. La primera parte de la trilogía se publicó en los años ochenta y fue pionera en la recuperación de la memoria como elemento literario. También en esa década de libertad, tras la dictadura franquista, surgían, entre otros, nuevos títulos de Max Aub, Ramón J. Sender o Juan Iturralde, con Días de llamas, una novela que le arrebató.
   Los relatos reunidos ahora han sido revisados por el autor, aunque reconoce que los ha tocado poco, prestando atención acaso a una palabra, para aumentar su tensión con un sinónimo. "No suelo corregir, hago un monstruo y lo cuido bastante hasta que lo lanzo al mundo, a partir de ahí no me pertenece, pero cargo con la responsabilidad de los errores. No soy como los poetas, que siempre andan corrigiendo". Con su pantalón de pana, el jersey, el chaleco y esa barba de medio pelo que le da un aire de genio de épocas olvidadas, Zúñiga apunta que la escritura exige soledad y mucho tiempo; lo notaba especialmente en su juventud, cuando se juntaba con amigos y el pensamiento se le iba al tema en el que estaba trabajando. "Se trata de una vocación muy exigente, esa tensión en crear banalidades que, como dice Borges, consiste en inventar historias que no son verdaderas".
   A la serie de 35 relatos sobre los personajes que vivieron bajo las bombas en el Madrid asediado, una agonía larga y cruel, le ha sumado ahora dos relatos inéditos, Caluroso día de julio e Invención del héroe. El primero arranca con un muchacho leyendo cuentos de amor romántico, en el primer día de la sublevación militar. De pronto le atrae un gran ruido en la calle y desde el balcón ve pasar camiones cargados de hombres que agitan en alto fusiles y banderas y cantan a voz en grito. Se trata de una metáfora de la adolescencia pero ¿podría ser su primer recuerdo del niño de la guerra que él fue? "Esa figura no soy yo, se me ocurrió ese cuento que es como si ese choque en un adolescente, entre la vida familiar tranquila y un atisbo de que puede haber una revolución, produjera una madurez en su conciencia".
   En los poéticos y enigmáticos cuentos de Zúñiga emerge Madrid como un personaje más: "La ciudad queda impregnada de los propios altibajos, la mentalidad y la sensibilidad de uno, como si fuera un ser vivo", cuenta el autor. Que el paisaje se haya convertido en una sinfonía de su narrativa se lo debe a la novela rusa. Lo aprendió de niño, cuando contaba 12 años y encontró un folleto que alguien había colado tras la verja del jardín de la casa de sus padres: "Se trataba de una novela de frustraciones amorosas, era la primera vez que leía algo de adultos, luego me enteré de que estaba escrita por Iván Turguénev. A partir de entonces mis ojos interiores se orientaron hacia esa narrativa, una narrativa que ya ha desaparecido, pero entonces había mucha demanda, los lectores eran muy apasionados y los escritores contaban con mucho prestigio, un poco como si fueran tipos proféticos. Esa cualidad se ha perdido, ningún escritor intenta ya ser profético", concluye con humildad.

PRENSA. "El horror de los 'vuelos de la muerte' de la dictadura argentina". CUENTO: "Con los delfines", de Mario Benedetti

Fotografía de víctimas de la dictadura militar argentina. EFE. ("El Mundo")

En "El Mundo":
Más pruebas irrefutables de la brutalidad represora
El horror de los 'vuelos de la muerte' de la dictadura argentina

Juan Ignacio Irigaray
Buenos Aires

16/12/2011

   La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha desclasificado 130 fotos de víctimas de los "vuelos de la muerte" de la dictadura argentina (1976-1983), equivalente a la "solución final" de los nazis del III Reich alemán.
   Guerrilleros y opositores políticos que estaban prisioneros fueron arrojados vivos al mar desde aviones de la Armada, la Prefectura (policía de costas) y el Ejército de tierra. Pero a veces las mareas devolvían los cadáveres a la costa.
   Las fotos corresponden a 20 cadáveres aparecidos en las playas de Uruguay entre 1976 y 1979. Y se presume que fueron hechas por peritos de las fuerzas armadas o la policía de Uruguay. Todos los cuerpos tenían ataduras en las manos y los pies con cintas y cables. En la piel lucían señales de torturas con "picana", cuando se les pasa electricidad por el cuerpo.
   El cadáver de una mujer, que tenía pintadas las uñas del pie, presentaba lesiones de violación, vaginal y anal. Fue encontrado en la uruguaya Laguna de Rocha, con salida al mar, el 22 de abril de 1976.
   Otra mujer tenía entre sus ropas un documento de identidad, que mencionaba la fecha de nacimiento en 1954. Y algunos de los cuerpos guardaban en los bolsillos monedas y billetes de Argentina.

Los culpables
   La prueba irrefutable de los "vuelos de la muerte", algo negado hasta ahora por las fuerzas armadas, salió a la luz en 2005 cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó unos cadáveres aparecidos en 1977 en la costa bonaerense.
   Se trataba de la fundadora de Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor de Devincenti, sus compañeras Esther Ballestrino de Careaga, María Ponce de Bianco y Angela Aguad y la monja francesa Leonie Duquet, que habían sido secuestradas entre el 8 y 10 de diciembre. Los cadáveres aparecieron seis días después en las playas de Santa Teresita, arrastrados por la corriente marina, y fueron inhumados como NN en el cementerio de General Lavalle.
   Por los "vuelos de la muerte" la Justicia argentina procesó y mantiene detenidos a cinco ex pilotos militares -uno es Julio Alberto Poch, detenido en Valencia en 2009-.
   Además, en España purga condena el ex marino Adolfo Scilingo, que en 1998 confesó al juez Baltasar Garzón haber arrojado al mar a 30 prisioneros.

   Un cuento de Mario Benedetti:
Con los delfines


María Eugenia: Creo que comprenderás por qué no inicio esta carta con "querida mamá", como cuando lo hacía desde la lejanía de mis antiguas vacaciones. A esta altura, vos y yo sabemos (vos lo supiste siempre; yo, tan sólo hace tres años) que no sos mi mamá, como tampoco Pedro Luis es mi padre. Ahora que él murió, me da un poco de pena saber que has quedado irremediablemente sola. Pero mucha más pena me dan mis padres verdaderos. Sé de buena fuente, como vos, que desde un avión los arrojaron al mar y que los arrojaron vivos. Ahora es casi imposible que alguien pueda demostrar que sí o que no, pero yo me inclino a creer que sí, ya que la comprobada saña de los amigos de Pedro Luis, aunque todavía nos desconcierte y nos repugne, fue algo real.


Durante el primer año de mi llegada a la casa de mis abuelos, todavía a veces soñaba contigo y con él, y no podía evitar un último estremecimiento de cariño. Entonces no sabía toda la verdad. Pero ahora, cuando Pedro Luis se me aparece en sueños, me despierto en plena náusea y casi siempre tengo que ir al baño a vomitar. Contigo es un poco distinto, ya que en cierto modo también fuiste víctima: te metieron en el escarnio sin molestarse en pedir tu consentimiento.


Ahora que reconstruyo nuestros ambiguos quince años de vida en común, puedo rememorar la extraña mirada que en ciertas ocasiones (cada vez con menos frecuencia) me dedicabas; una mirada que entonces sólo me provocaba extrañeza, pero que ahora puedo (o tal vez quiero) imaginar que quería decir: "He usurpado el puesto de otra" o "Creo que me quiere pero no lo merezco" o "Algún día me la quitarán". ¿Era así? Por otra parte tengo la impresión de que mi inapropiada presencia no sólo no contribuyó a la unión de ustedes dos como pareja, sino que más bien provocó un deterioro que ya no tenía remedio, ya que en el peculiar estilo de nuestra vida en Mendoza, un divorcio o una simple separación era algo por lo menos inadecuado y que jamás habrían permitido los compañeros de armas de Pedro Luis. Pero, ¿cómo podían ustedes convivir con un pasado tan miserable? ¿Cómo podían acostarse y hacer el amor (¿o ni siquiera lo hacían?) sabiendo que a un lado y otro de la cama comparecían y los miraban los fantasmas de mis padres verdaderos? ¿Cómo puede desarrollarse normalmente la vida cotidiana sabiendo que se basa en una acción despreciable?


Mis abuelos me quieren, me miman, me hablan de mis padres, tratan de crear en mí un nuevo estímulo para vivir, pero a mis 18 años actuales debo confesar que mi vida está rota y hay en mis noches otra fantasía recurrente, en la que me arrojo yo también al mar. ¿Por qué? ¿Para qué? Pues para juntarme con mis padres. En el sueño ellos me reciben, muy juntos, con los brazos abiertos, rodeados por delfines solidarios que también se incorporan al festejo. Y cuando por fin me despierto aún permanece en mí la sensación de ternura más nítida de toda mi existencia.


Tengo en mi mesa de noche la foto de mis padres y sé que vengo de ellos y de nadie más. Las zalamerías de Pedro Luis siempre me sonaron a hipocresía y mi memoria no las olvida, pero las rechaza. Creo en cambio que tus señales de cariño eran sinceras y las conservo como algo positivo en medio de una situación tramposa. Quizá algún día junte fuerzas para volver a verte, pero por ahora no. Todavía estoy llena de rencores y rencorcitos.


Después de todas las comuniones, misas y homilías a que me llevaste, no sólo me he quedado sin padres sino también sin Dios. Me gustaría que me contaras qué le decías a tu confesor. Y sobre todo qué te decía él. Haberse apropiado de una hija de padres desaparecidos y/o asesinados por tu gente, ¿es un pecado mortal o venial? ¿Con quince padrenuestros y siete avemarías queda limpio el currículum? No puedo rezarle a un Señor cuyos representantes arropaban cristianamente a los verdugos. Ahora comprendo el llamado en rebeldía del Cristo crucificado: Padre, ¿por qué me has abandonado? Al menos dicen que él resucitó, pero mis padres sumergidos no volvieron. En el mejor de los casos, no están rodeados de apóstoles sino de delfines. Acaso Dios no resida allá en los Altísimos sino en el fondo más hondo de los mares. Y desde allí lo ignore todo, aunque de vez en cuando abra sus branquias y emita bendiciones. No descarto que en alguna de estas noches, yo, que no sé nadar, me decida por fin y me sumerja a buscarlo, así nomás, sin flotadores, pero con la mochila llena de reproches. Y nada más.
   Un chau. PAULINA.

   Mario Benedetti. De Buzón de tiempo.

PRENSA. Viñeta de EL ROTO

   En "El País" (16 diciembre 2011):

viernes, 16 de diciembre de 2011

POESÍA. "El hombre imaginario", de Nicanor Parra (Chile, 1914), premio "Cervantes" 2011

Nicanor Parra

EL HOMBRE IMAGINARIO

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

   De Hojas de parra (1985)

PRENSA. "El perdón", por Carlos Boyero

Carlos Boyero

   En "El País":
El perdón

CARLOS BOYERO 10/12/2011

   Cuenta Woody Allen en su última película que al llegar la medianoche a París pueden ocurrir cosas tan improbables como que en determinada calle se te aparezca el esplendor artístico de los años veinte. Y si tu sueño es habitar otra época en la que estás convencido de que te divertirías mucho, conocerías a gente fascinante y serías feliz, pues tampoco hay problema, directo a la belle époque. Pasada la euforia de ese soñador que ha atrapado su sueño, este se plantea que en ese pasado no existía la novocaína al acudir al temible dentista, ni los antibióticos enfrentándose a las devastadoras bacterias, ni esas que hacen desaparecer el dolor o hacen mucho más lento el camino hacia la tumba. Consecuencia: vuelve echando leches a ese mundo actual que no le gusta, con tristeza al separarse de un amor que ha decidido quedarse en el pasado, lo superará.
   Y piensas que determinadas enfermedades tuvieron aureola literaria, aunque desapareciera en el caso de los pobres con los que se habían cebado. Que la tuberculosis podía ser la consecuencia de haberse puesto hasta arriba de todo. Y que la enloquecedora sífilis podía ser el resultado de haber follado cantidad y que me quiten lo bailao. Incluso la malaria también podemos asociarla a los viajeros poéticos, al aventurero vocacional, tiene aroma épico.
   Estados Unidos acaba de pedir perdón a una gente muy lejana. Está de moda el arrepentimiento. La Iglesia católica también pide disculpas por haber violado a tantos indefensos críos. ¿Y por qué hinca la rodilla y suplica redención Obama? Por los nobles afanes de la ciencia entre 1946 y 1948 (sí, después de haber fundido a los villanos nazis) para erradicar la sífilis y la gonorrea. Una eminencia de la medicina norteamericana hizo múltiples experimentos para destruir esas pestes ancestrales. ¿Utilizaron como cobayas a sus queridas madres, a sus mujeres, a sus niños, a ellos mismos? No se les ocurrió, demasiada implicación personal, no es científico. Fueron a Guatemala y experimentaron con niños huérfanos, con enfermos mentales, con las putas más tiradas. Y les jodieron para siempre. ¿Por qué Kurtz solo podía decir: "El horror, el horror"?

PRENSA. "Dar gato por liebre", por Ángel Viñas

Ángel Viñas

   En "El País":
Dar gato por liebre

   Mentiras y traiciones envuelven la historia de la sublevación de Segismundo Casado en marzo de 1939. Engañó a los historiadores, jugó con los hechos y "confirmó" los mitos esenciales de los vencedores.

ÁNGEL VIÑAS 10/12/2011

   En estos días tan tumultuosos políticamente el Ministerio de Defensa publica un libro cuya carencia se hacía sentir agudamente. Bajo la dirección y coordinación del catedrático Javier García Fernández aparece un grueso tomo titulado 25 militares de la República. Son biografías, escritas por otros tantos historiadores de primera fila, de una selección de generales o almirantes y jefes que permanecieron leales al Gobierno republicano en o después de la sublevación militar de 1936. Entre ellos figuran Aranguren, Asensio Torrado, Batet, Buiza, Casado, Cordón, Escobar, Gámir, Hernández Saravia, Hidalgo de Cisneros, Mangada, Martínez Cabrera, Menéndez, Miaja, Núñez de Prado, Pozas y Rojo. La lectura será imprescindible tras tantos años de desfiguración y desvirtuación de su papel en la Guerra Civil, acrecentadas en algunos casos por el malhadado Diccionario biográfico español que en la nueva legislatura probablemente no tardará en distribuirse.
   No se recupera el honor de todos los biografiados. Para uno al menos, y que el Diccionario ha tratado de salvar por todos los medios, la evidencia primaria documental de época lo hunde en las simas del embuste y de la traición. A muchos españoles de las generaciones más jóvenes su nombre no les dirá nada. Se trata de Segismundo Casado, el hombre que el 5 de marzo de 1939 se levantó en armas contra una República a punto de colapsarse, que creó un sedicente Consejo Nacional de Defensa, que aglutinó en torno suyo a un pequeño arco de figuras de segundo o tercer nivel (salvo Miaja, el anciano socialista Julián Besteiro y el exsubsecretario de Gobernación y destacado miembro del PSOE Wenceslao Carrillo).
   La sublevación casadista ha dado origen a discusiones sin cuento. También abrió inmensas heridas en las filas del exilio. Profundizó hasta límites infranqueables las divisiones entre socialistas, comunistas, anarquistas y republicanos. Estuvo basada en una patraña de Casado y en una estrategia política de Franco.
   La patraña consistió en acusar a Negrín de hacer el caldo gordo a los soviéticos y sus sicarios españoles y de prolongar la guerra sirviendo exclusivamente el interés de Stalin. De aquí la subpatraña que la sublevación se llevó a cabo para impedir que Negrín y los comunistas se hicieran con el control de los mandos de lo que quedaba de Ejército Popular.
   La estrategia de Franco consistió en engañar a Casado haciéndole ver que una rendición inmediata no provocaría represalias entre los mandos militares que no hubieran cometido delitos de sangre. Lo que había detrás es fácil de identificar: Franco deseaba evitar cualquier evacuación de dirigentes políticos, militares y sindicales. Para ello necesitaba que alguien hundiera, desde dentro, las pequeñas posibilidades de resistencia. Así podría liquidar fácilmente la flor y nata republicana.
   Casado se tragó el anzuelo. Engatusó a sus compañeros haciéndoles ver que no tendrían que temer demasiado de la victoria franquista y buscó aliados para su golpe en unidades próximas a Madrid. Las encontró en el Cuerpo de Ejército de Cipriano Mera, probado líder anarquista y políticamente analfabeto. Aprovechó el sordo rencor contra los comunistas y manipuló a la Agrupación Socialista Madrileña.
   Franco terminó la guerra en beauté, gracias a una operación político-estratégica que le permitió copar a una inmensa cantidad de dirigentes republicanos. También a la masa combatiente. Todos formaban parte de aquella anti-España cuya eliminación física, política y psíquica había constituido el alfa y el omega de la rebelión de 1936. Casado se escapó a Inglaterra tras una serie de proclamas preconizando la resistencia numantina si no se recibían condiciones satisfactorias de paz. No las obtuvo.
   En Londres, Casado escribió unas autojustificativas y falaces memorias, nunca traducidas al español. El manuscrito lo entregó el 21 de julio. Era profundamente anticomunista, pero no ponía en solfa a las democracias occidentales que tan poco habían hecho por la República. Hay que sospechar que alguna mano foránea le ayudó en su concepción. Como tras el final de la II Guerra Mundial y en el comienzo de la guerra fría los servicios secretos británicos le hicieron algunas ofertas, es posible que en 1939 ya estuvieran a favor de una labor de intoxicación.
   Se conserva el borrador de una carta a Franco que Casado agregó a una misiva fechada el 9 de marzo de 1940 y dirigida al duque de Alba, a la sazón embajador en Londres. No se sabe si este la remitió a su destinatario, pero en ella Casado dejó constancia de la decepción que le había producido el comportamiento de Franco. El motivo de la carta fue el fusilamiento del general Escobar por quien Casado debió de tener un gran respeto. Acusó al Caudillo / Generalísimo / Jefe del Estado de haber faltado a la palabra dada. Una terminología dura entre militares.
   Casado trapicheó como pudo, con trabajitos en la BBC, uno de los lugares en que los servicios especiales británicos solían aparcar a personajes y personajillos que pudieran ser útiles. Cuando terminó la II Guerra Mundial, emigró a América Latina. Allí pasó más de 15 años, en parte tratando de volver a España. Cuando lo hizo, en septiembre de 1961, nadie le molestó, pero dos años más tarde se le ocurrió solicitar el reconocimiento de sus derechos pasivos y la máquina judicial militar se puso en movimiento. Se le trató con guante blanco hasta cierto punto, pero no obtuvo lo que quería.
   Enfermo, encerrado en su piso madrileño durante años y años, fue apañándose con sus ahorros hasta que amenazaron con agotarse. Entonces entró en contacto con el Ministerio de (Des)Información. Se prometió un gran éxito económico de una nueva versión de sus memorias. El problema es que no se acordaba de los hechos de 1939. Tampoco podía ir a hemerotecas. No sabemos si desde el Ministerio, entonces regentado por Manuel Fraga Iribarne, alguien le echó una mano. Sí sabemos que le ayudó uno de los subordinados de Cipriano Mera, también anarquista, un tal Liberino González.
   En consecuencia, la nueva versión acentuó hasta extremos delirantes la presunta conspiración comunista, la vesania de Negrín y la larga mano de Stalin sobre la República. Todo muy en consonancia con el furibundo anticomunismo anarquista y franquista y, en particular, las necesidades de la guerra fría. Ya se habían expresado en términos similares renegados comunistas tan caracterizados como Jesús Hernández, Enrique Castro Delgado y Valentín González, El Campesino. También los inevitables poumistas, a la cabeza de los cuales se situó Julián Gorkín.
   Casado no quedó muy contento con el resultado, una indicación tal vez de que la nueva versión no era únicamente de su propia pluma, pero no tenía escapatoria. Enfermo y sin dinero, se sometió. Cuando se almuerza con el diablo conviene manejar una larga cuchara. Casado no la tuvo. Jugó con los hechos, engañó a historiadores, "confirmó" los mitos esenciales de los vencedores, encubrió la gran operación político-estratégica de Franco, fue corresponsable de la hecatombe final republicana y, como buen traidor, hizo todo lo posible por desfigurar sus huellas en la historia. Un historiador anglo-norteamericano, Burnett Bolloten, le creyó y sentó escuela. Sus colegas pro y neofranquistas se frotaron de gusto las manos durante años.
   Al final, si se encuentra la evidencia primaria relevante de época, los hechos del pasado quedan iluminados bajo nueva luz. La pregunta es: ¿por qué ha habido durante tanto tiempo un segmento de la literatura que ha hecho caso a la versión de Casado, que siempre fue en sí inverosímil? La respuesta se encuentra, a nuestro entender, en la conjunción entre las necesidades ontológicas del franquismo, su dependencia de una mitología ad hoc y la ideología de la guerra fría.

   Ángel Viñas es catedrático emérito de la UCM y está a punto de publicar una versión revisada y ampliada de La conspiración del general Franco.