sábado, 24 de octubre de 2009
PRENSA CULTURAL. "BABELIA". LECTURA. Entrevista al escritor estadounidense Jim Harrison
En Babelia, suplemento cultural de "El País", aparece hoy esta entrevista, a propósito de la publicación de Regreso a la tierra, nueva novela del estadounidense Jim Harrison:
"El dolor de no entender la Historia es evidente en América"
A los 14 años decidió ser escritor y se convirtió en narrador, poeta, guionista y gran juerguista. El autor de obras como Leyendas de pasión vuelve con un relato del Estados Unidos rural en Regreso a la tierra.
Deja propinas exageradas a las camareras que tienen buen culo. Su fama de gourmet es legendaria, su afición al vino notable y memorables han sido sus juergas, entre otros, con su amigo Jack Nicholson. Quienes le conocen bien dicen que Jim Harrison (Michigan, 1937) es más grande que la vida. Resulta difícil acotar la personalidad de este novelista, poeta y guionista estadounidense: escapa a las etiquetas y lleva más de cincuenta años empeñado en ello. La fama no ha cambiado esto. Le llegó con obras como Leyendas de pasión, Dalva y Un buen día para morir. Mucho antes, a los catorce decidió que quería ser escritor. Poco después de cumplir los veinte sacó su primer poemario. En total ha publicado más de treinta y cinco libros. En Francia es una celebridad y en Estados Unidos, una especie en extinción. Harrison va por libre.
En Regreso a la tierra (RBA) vuelve a demostrar que es un narrador nato. Lo suyo son historias río, llenas de afluentes y meandros, sagas en las que pasado y presente se entrecruzan, en las que la naturaleza, el paisaje, el legado indio y la historia de la América rural marcan la vida y la voz de sus personajes. En esta ocasión se trata de Donald, un hombre de cuarenta y cinco años, con sangre india, postrado por una esclerosis amiotrófica, que se prepara para morir; de su esposa Cynthia, a quien el amor salvó de una catastrófica y acaudalada infancia; de su cuñado David, un hombre culto que aún no ha logrado reconciliarse con su pasado, y del joven K, libre y valiente, alma gemela del enfermo. A través de sus voces, Harrison retoma una historia que arrancó en una novela anterior, True North, situada treinta años antes, para hablar, esta vez, de la muerte de un ser querido. La historia transcurre en la Península Norte de Minnesota, el lugar donde el escritor creció.
Hijo de un ingeniero agrícola y un ama de casa, Harrison era uno de cuatro hermanos. A los siete años perdió prácticamente la visión del ojo izquierdo cuando una niña le atacó con una botella. Como Clare, la hija de Donald en Regreso a la tierra, el escritor buscó refugio en el bosque. "¿Por qué no? El bosque es amigable cuando la civilización no lo es". Dice que siempre fue la oveja negra. Sus hermanos llegaron a ser decanos de universidad. Él a los dieciocho dejó las aulas y se marchó a Nueva York porque quería ser poeta. Sus lecturas adolescentes de Rimbaud habían despertado su vocación y un apetito voraz por la vida. "Cualquiera que estuviera un poco loco me gustaba. Era como un personaje de Bolaño, siempre excitado por cosas inapropiadas". Nunca fue a un taller de escritura. "Los odio. Aprender a escribir debe ser como un solo de música, algo largo y doloroso". Se casó a los veintidós años y empezó su primera novela. "El matrimonio me dio la cordura necesaria para escribir".
La conversación de Harrison arrolla con tanta fuerza como sus relatos. Apenas han transcurrido veinte minutos de entrevista, una mañana de finales de septiembre en el despacho de su casa en Livingstone al sur de Montana, a unos treinta kilómetros de Yellowstone Park y no cabe la menor duda al respecto. Puede que la ficción se cuele entre sus anécdotas, comentarios y bromas, pero el torrente de historias resulta irresistible. Evita hablar con detenimiento de sus libros. Harrison prefiere hablar de cómo los aeropuertos le recuerdan a las perreras -"somos como perros perdidos en esos sitios horribles"- y se declara un devoto admirador de la poesía de Antonio Machado -Machado freak-. Señala una foto pegada a la pared que Michael Ondaatje le envió cuando visitó el cuarto de la pensión de Collioure donde el poeta murió y confiesa que él fantasea con hallar la maleta perdida con sus últimos versos -"no creo que quien lo encontrase lo tirara"-. De ahí salta a los recuerdos de su último viaje a España: a los doscientos pinchos que probó en las barras de Barcelona; a su pasión declarada por Lorca, Guillén y Vallejo -"la poesía en español dominó el siglo XX"-; y al extraño encuentro con un barman de un hotel en Sevilla que resultó ser un compulsivo lector de poesía -"meses después me mandó una cinta con los poemas de Miguel Hernández recitados en español y en inglés", sonríe, "no me gustan las catedrales, prefiero los bares"-. El escritor encadena otro salto para explicar que su afición a la pesca con mosca fue lo que le trajo hasta Montana hace más de treinta y cinco años. Sin aparente pausa, más allá de las lentas caladas a un cigarrillo, remata la pirueta dialéctica en el jardín señalando con orgullo el huerto de su esposa: "Las heladas sólo han estropeado la albahaca".
Al fondo en una pequeña casita se encuentra el estudio donde el escritor trabaja. En un corcho están pegadas fotografías y postales, entre otros, de la poeta rusa Anna Ajmátova, de sus hijas y nietos, de Rimbaud, de un cazador matando a una osa y del indio Wowoka, que creó el baile de los fantasmas. También hay una imagen de Hemingway con Castro. Las comparaciones entre el autor de El viejo y el mar y Harrison han sido recurrentes. En principio, el escritor se muestra reacio a hablar de ello, pero la historia puede más. "Mi padre pescaba con el tío de Hemingway", cuenta. "Su prosa es a veces demasiado consciente: uno no debería cortar las piernas de un caballo para hacerlo entrar en su box. Soy más de Faulkner o Dos Passos". La caza, la pesca, los viajes, París y las mujeres parecen unirles. "A veces creo que él estaba ahí fuera como un turista, pero quizá se trate de un tema de lucha de clases, al fin y al cabo él creció en un suburbio de Chicago y yo en Minnesota. Aunque, eso sí, yo siempre conté con el apoyo de mis padres".
Frente a su mesa, Harrison necesita un muro en blanco. Quiere evitar distracciones. "Tengo un pequeño problema de fugas y a veces siento que mi cabeza no puede parar". Escribe cada mañana. Primero anota cuidadosas descripciones visuales. Luego llega el trance, la novela en sí. Siempre todo a mano. Joyce, su asistente desde hace treinta años, mecanografía el manuscrito y se lo envía según va avanzando. La tarea es intensa. Recientemente trabajó una escena de su próxima novela en la que un personaje era violentamente apedreado. Cuenta que se quedó abatido. "¿Cómo sales de tus personajes? He hablado con Nicholson de esto y admite que algunos personajes le costaron más. No es fácil, después de rodar Alguien voló sobre el nido del cuco, ¿cómo dejas de ser ese loco?".
Para Harrison, sus perros, la pesca, la caza y la cocina son temas de los que depende en buena medida su salud mental. Frente a un plato de exquisitas lentejas con chorizo, seguido de un rabo de toro, que él mismo ha preparado, habla de su amigo el chef Mario Batalli y de su pasión por los placeres terrenales. El alcohol y las drogas formaron parte de un oscuro pasado que supo dejar atrás. Sólo bebe por las tardes, un buen vino y un trago de vodka.
Entre plato y plato el escritor recuerda sus almuerzos con John Huston y Orson Welles. Tenían una broma recurrente para no pagar la cuenta que les llevó incluso a fingir un infarto. A Hollywood el escritor llegó para hacer dinero, pero su trabajo en la industria siempre le pareció decepcionante. Eso sí, le pagaron bien e hizo buenos amigos. Vivió en Londres con Nicholson, Huston y su hija Anjelica mientras se rodaba El resplandor. Iba cada domingo a las tertulias en casa del director Tony Richardson con Joan Didion y Christopher Isherwood. Cada año se iba de pesca a Key West y coincidía con el padre del Gonzo, Samuel Hunter Thompson. Rechazó los papeles que le ofrecieron como actor -"me negué a ser el marido cornudo en El cartero siempre llama dos veces"- y un buen día dijo adiós. "Me marché de Hollywood porque no me quería morir".
Los largos viajes en coche han sido otro importante analgésico para Harrison. Después de comer conduce su todoterreno por el apabullante paisaje que rodea su casa. "Es importante escribir sobre lo que realmente conoces. El paisaje y la gente están totalmente conectados", sostiene. Cruza ríos, sube montañas por las que pacen ciervos y en la esquina de una carretera secundaria señala un viejo saloon en el que pasó demasiado tiempo. "El dolor de no entender la Historia es muy evidente en América". ¿No es ésta la tierra donde empezar de cero? "Este país tiene un largo historial de intentos fallidos de reinventarse".
Primeras páginas de Regreso a la tierra.
Crítica de Regreso a la tierra, por Marcos Giralt Torrente.
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PRENSA. 24 OCTUBRE 2009
En "El País":
1. Neomelancolía. Columna de Manuel Rivas.
2. De paseo por el Berlín nazi. Reportaje de Jacinto Antón. Philip Kerr recorre los escenarios de su nueva novela en la Alemania de Hitler.
3. Cualquier plan de biocarburantes agravará las emisiones de carbono. El actual mercado del CO2 alienta la deforestación. Los científicos recomiendan proteger los bosques y racionalizar el uso de fertilizantes. Por Javier Sampedro.
4. Ser ciegos para empezar a ver. Columna de Vicente Verdú sobre el arte.
5. Extraños frutos del tiempo. Artículo de José Luis Pardo, filósofo. En el décimo aniversario de la muerte de Kubrick vuelve a las pantallas 'La naranja mecánica'. Este retrato del fomento y la manipulación de una adolescencia irresponsable no ha perdido un ápice de su actualidad.
6. Berlín: así se desmoronó el Muro. Por Rosa María Artal, periodista y escritora, testigo presencial de la apertura del Muro de Berlín.
7. Democracias en descomposición. Columna de Samí Naïr. Traducción de M. Sampons.
1. Neomelancolía. Columna de Manuel Rivas.
2. De paseo por el Berlín nazi. Reportaje de Jacinto Antón. Philip Kerr recorre los escenarios de su nueva novela en la Alemania de Hitler.
3. Cualquier plan de biocarburantes agravará las emisiones de carbono. El actual mercado del CO2 alienta la deforestación. Los científicos recomiendan proteger los bosques y racionalizar el uso de fertilizantes. Por Javier Sampedro.
4. Ser ciegos para empezar a ver. Columna de Vicente Verdú sobre el arte.
5. Extraños frutos del tiempo. Artículo de José Luis Pardo, filósofo. En el décimo aniversario de la muerte de Kubrick vuelve a las pantallas 'La naranja mecánica'. Este retrato del fomento y la manipulación de una adolescencia irresponsable no ha perdido un ápice de su actualidad.
6. Berlín: así se desmoronó el Muro. Por Rosa María Artal, periodista y escritora, testigo presencial de la apertura del Muro de Berlín.
7. Democracias en descomposición. Columna de Samí Naïr. Traducción de M. Sampons.
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PREMIO "´PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE LAS LETRAS" 2009. Discurso de Ismaíl Kadaré
Constituye una especial satisfacción para mí estar presente hoy aquí y tomar la palabra en esta sala. La satisfacción es doble pues todo esto sucede a causa de la literatura, universo al que yo pertenezco.
Ha habido y continúa habiendo dos ideas radicalmente contrarias acerca de la literatura. Una, antigua, un tanto ingenua, creía que la literatura, como el resto de las artes, era capaz de producir milagros para el mundo; la otra idea, moderna, por consiguiente en modo alguno ingenua, que la literatura y el arte no sirven a nadie excepto a sí mismas.
En estas dos ideas, la verdad y la no verdad se encuentran mezcladas. No obstante, como hombre del arte que soy, yo me inclino a creer en milagros.
Existe un modelo para este paradigma: el mito de Orfeo. Se lo ha considerado, con razón, el mito más misterioso de la humanidad. Su esencia está relacionada con las potestades del arte. Orfeo consiguió con el suyo cosas increíbles y, si bien no alcanzó a trasponer el muro de la muerte, se aproximó a lo imposible más que ningún otro.
He aludido al famoso mito para llegar a otro milagro mucho más vulgar en apariencia, aunque de la misma naturaleza. Hace veinte años, en mi país comunista, si alguien le hubiera sugerido a alguien la posibilidad de que, un día, un escritor albanés recibiría un premio en España, para mayor abundamiento entregado por el príncipe heredero, ese alguien habría sido de inmediato calificado de loco, lo habrían encadenado y conducido al manicomio. Y este habría sido el menor de los males. De acuerdo con una segunda versión, ese alguien acabaría en el juzgado y torturado como un peligroso complotador.
Tal vez os pueda parecer un tanto dramatizado este pronóstico, pero lo explicaré.
Albania, mi país, y el vuestro, España, excepto una breve amistad en el siglo XV, no tuvieron nunca la menor relación. Aunque la ruptura completa se produjo el siglo pasado, cuando mi país comunista, distinguido en cuestión de ruptura de relaciones (esa fue, por así decirlo, su especialidad), cortó todo vínculo con España.
Pero, como todo en este mundo, también el milagro de la literatura posee una tradición. En el tiempo glacial del que hablaba más arriba, cuando entre mi país y España no iba ni venía nadie, un caballero solitario, despreciando las leyes del mundo, cruzaba cuantas veces se le antojaba la frontera infranqueable. Ya imaginaréis a quién me refiero: a Don Quijote.
Fue el único al que no consiguió detener aquel régimen comunista, para el que la cosa más fácil del mundo era precisamente detener, prohibir. Don Quijote, ya como libro ya como personaje vivo, era tan popular en Albania como si lo hubiera engendrado ella misma.
Alguno podría encontrar la siguiente explicación para esta paradoja: Don Quijote estaba loco, y no menos loco estaba el Estado albanés, de modo que resulta lógico que los dos locos se entendieran. Al tiempo que pido excusas por comparar la noble enajenación de Don Quijote con la perversa insania de mi Estado, permitidme que os diga que no fue así y que el paralelismo está relacionado con otro fenómeno.
He hecho esta larga introducción para llegar al tema principal de mi breve discurso: la independencia de la literatura. Don Quijote traspasaba la frontera albanesa porque era, entre otras cosas, independiente. Cuando un escritor albanés, por una obra escrita principalmente en un territorio y un tiempo comunistas, viene a recoger un premio de un reino occidental, eso sucede porque la literatura es, por su propia naturaleza, independiente.
El debate es antiguo. Ha sido y tal vez continúa siendo la principal inquietud de ese arte. A diferencia de la independencia de los Estados, la de la literatura es global. De ahí que también su defensa lo sea: global.
Eso no la torna más fácil. Por el contrario.
La independencia de la literatura y las artes es un proceso en desarrollo. Resulta difícil que nuestra mente capte sus verdaderas proporciones. Acostumbrados a la independencia referida principalmente a los Estados, las naciones e incluso los individuos humanos, encontramos dificultades para llegar más lejos. Llegar más lejos significa comprender que la no dependencia del arte no es cuestión de lujo, un deseo de perfeccionar el arte mismo. Es un condicionante objetivo, es decir obligado. De lo contrario, ese universo paralelo no se sostendría en pie. Hace tiempo que se hubiera derrumbado.
La concepción, como decía, es antigua. También es de antiguo conocida la expresión “república de las letras”. La inclinación a ver la literatura, por supuesto como un mundo espiritual, pero asimismo con atributos materiales: espacio, tiempo, movimiento, es de sobra conocida, aunque eso no basta. La aceptamos como un mundo paralelo referencial pero, cuando llega la hora de alcanzar una visión completa de ella, a nuestra mente estrecha, conformista, se le plantean problemas para aceptar el paralelismo, la verdadera independencia por tanto. Decimos independiente y de inmediato nuestro viejo instinto nos empuja a lo contrario.
No somos capaces de evitar la idea de que el arte, si bien puede no depender de los Estados, las doctrinas, la moda, depende sin embargo de algo. Y enseguida pensamos en nuestro mundo real, dicho de otro modo en nuestra propia vida. La idea de que la literatura depende de la vida es ya casi oficial a nivel planetario.
Yo plantearía una pregunta que ya en sí misma resulta herética: ¿es esto verdad? La respuesta, por el momento, necesariamente ha de ser de doble sentido: no puede descartarse que el arte mantenga vínculos con la vida, aunque sólo parcialmente.
Permitidme que, en la parte final de mi discurso, explique muy brevemente esta medio herejía.
Una vez aceptamos que el de la literatura y las artes es un mundo paralelo, referencial, ya hemos admitido también que es un mundo rival. Y en consecuencia, dado que la rivalidad conduce de forma habitual al conflicto, lo queramos o no habremos de admitir que entre esos dos mundos, el de la vida y el del arte, habrá conflicto.
Y conflicto hay. En ocasiones declarado, otras velado. El mundo real posee sus propias armas contra el arte en ese enfrentamiento: la censura, las doctrinas, las cárceles.
Así como también el arte dispone de sus medios, sus fortalezas, sus herramientas, en fin sus armas, la mayor parte secretas.
El mundo real resulta ser a veces implacable, despiadado.
Un poeta romántico alemán imaginaba los tercetos de Dante Alighieri unas veces como picas amenazadoras y otras como instrumentos de tortura para las conciencias atormentadas por el crimen.
Pero el combate entre los dos mundos es más complicado de lo que parece.
El mismo poeta alemán insistió en que algunos han fatigado al arte con su enemistad y otros con su cariño. Por paradójico que parezca, son numerosos aquellos que lo hostigan justamente cuando creen que lo aman.
Como puede verse, la independencia de la literatura y del arte se torna cada vez más difícil.
No obstante, nosotros los escritores estamos convencidos de que el arte no alzará nunca la bandera de la capitulación.
Ya que he mencionado esta entristecedora palabra, creo que debo regresar de nuevo a la visión de los dos mundos situados frente a frente a la espera de una victoria: la del mundo real o la del arte.
Desde luego, existen muchas diferencias entre ellos, pero hay una de dimensión colosal que se sitúa por encima de todas las demás. Es la siguiente: mientras que, en su conflicto con el arte, el mundo real llega a tal extremo de furor como para precipitarse a destruirlo, en ningún caso, lo repito, en ningún caso la literatura y el arte atacan al mundo real con intención de dañarlo, sino que, por el contrario, pugnan por tornarlo más bello, más habitable.
Es una diferencia absoluta entre ambos. Y en tal caso esa diferencia no viene a constituir sino la más sublime confirmación de la verdadera independencia del arte.
Gracias.
viernes, 23 de octubre de 2009
LECTURA. Alberto Manguel y Marco Denevi
Así comienza la Introducción que Alberto Manguel escribió para Ceremonias secretas, de Marco Denevi, en la edición de 1996 de Alianza Editorial:
En su libro Falsificaciones (Buenos Aires, 1966), atribuye Marco Denevi la siguiente historia al apócrifo Omar Denice, autor de Apostillas a los clásicos:
En la corte de Alcinoo, rey de los feacios, un aedo de nombre Demódoco canta las hazañas de los griegos de Troya.
Los jóvenes escuchan. Cuando Demódoco termina su relato, comentan en voz alta:
-Los versos, bien medidos.
-Las metáforas, brillantes y vigorosas.
-El lenguaje, adecuado a las situaciones.
-Esto, en cuanto a la forma. Analicemos ahora el fondo.
-Sobresaliente, a mi juicio, el retrato de Agamenón.
-Gracioso el episodio de Tersites.
-Inversímil, en cambio, el ardid del caballo de madera.
-La muerte de Patroclo me hizo llorar.
-La sobrepasa en patetismo la de Héctor.
-Pues, ¿y la lamentación final de Príamo?
Entre los oyentes hay un extranjero que permanece silencioso. Nadie sabe quién es. Es Ulises.
Y Ulises piensa: "¿Qué es lo que ha cantado Demódoco? ¿A qué Troya se ha referido, a qué griegos? No he reconocido a nadie. Aquellos sudores, aquellas lágrimas, aquellos olores, aquellas voces, aquel fuego, aquel dolor, aquel miedo, ¿dónde están? Ha balbuceado una estúpida parodia. Ahora sabrán estos jóvenes lo que fue Troya".
Ulises comienza a hablar. Pero en seguida el auditorio lo interrumpe de mal talante:
-Cállate, extranjero. Y cesa de falfullar ese galimatías. Tu guerra de Troya se parece más a una riña de gallos que a una contienda entre héroes. Luego del divino canto de Demódoco, ¿pretendes tú emularlo con semejante ristra de disparates?
Narramos para conocer el mundo. Las exploraciones, los descubrimientos, las observaciones y meditaciones a las que sometemos a los hechos y objetos que nos rodean, a nuestra memoria y a nosotros mismos, no nos enseñan nada: se convierten meramente en otros hechos, en otros objetos y en otra memoria. No nos escapamos de este corredor de espejos sino con narraciones. Que un testigo -el mismo Ulises- no halle en la narración ficticia ni los sudores ni las lágrimas ni las voces de su propia experiencia poco importa a los lectores, para quienes la verdadera guerra de Troya no es más que un fait divers. Toda narración que sea, en un sentido más vasto que el mero reportaje, significativa, sucede "allá lejos y hace tiempo", en un lugar de cuyo nombre no queremos acordarnos.
Narrar para construir una historia paralela; no la que reconozca Ulises, sino la que de alguna manera abarque y sea más generosa que la vivida por Ulises: ésa es la tarea que se propuso Marco Denevi.
PRENSA. 23 octubre 2009
En "El País":
1. El libro más largo del mundo. Reportaje de Ana Teruel. La Unesco cierra su monumental obra 'Historia de la humanidad', iniciada hace medio siglo. 1.600 expertos han completado seis colecciones de siete tomos cada una.
2. Cómo rejuvenecer el mundo rural: cuidando ancianos. Reportaje de Carmen Morán. La Ley de Dependencia aparece como oportunidad frente a la despoblación. Los servicios adaptados a los pueblos pueden generar empleos y modernidad.
3. La cena de los idiotas. Artículo de José Antonio Martín Pallín, magistrado y comisionado de la Comisión Internacional de Juristas.
4. El derecho al olvido en internet. Artículo de Marc Carrillo, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Pompeu Fabra.
5. CINE. Críticas: MILLENNIUM 2: LA CHICA QUE SOÑABA CON UNA CERILLA Y UN BIDÓN DE GASOLINA, por Javier Ocaña. Edén al Oeste y Let's Get Lost, por Carlos Boyero. 500 días juntos, por Jordi Costa. Además, entrevista al productor y director Elías Querejeta: "No entiendo el cine sin pasión y sin compromiso", por Gregorio Belinchón.
1. El libro más largo del mundo. Reportaje de Ana Teruel. La Unesco cierra su monumental obra 'Historia de la humanidad', iniciada hace medio siglo. 1.600 expertos han completado seis colecciones de siete tomos cada una.
2. Cómo rejuvenecer el mundo rural: cuidando ancianos. Reportaje de Carmen Morán. La Ley de Dependencia aparece como oportunidad frente a la despoblación. Los servicios adaptados a los pueblos pueden generar empleos y modernidad.
3. La cena de los idiotas. Artículo de José Antonio Martín Pallín, magistrado y comisionado de la Comisión Internacional de Juristas.
4. El derecho al olvido en internet. Artículo de Marc Carrillo, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Pompeu Fabra.
5. CINE. Críticas: MILLENNIUM 2: LA CHICA QUE SOÑABA CON UNA CERILLA Y UN BIDÓN DE GASOLINA, por Javier Ocaña. Edén al Oeste y Let's Get Lost, por Carlos Boyero. 500 días juntos, por Jordi Costa. Además, entrevista al productor y director Elías Querejeta: "No entiendo el cine sin pasión y sin compromiso", por Gregorio Belinchón.
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jueves, 22 de octubre de 2009
CINE. "La herencia Valdemar"
Según dice la promoción, basada en el universo de H.P. Lovecraft. Guión y dirección de José Luis Alemán.
Éste es el tráiler:
También podemos verlo en la siguiente dirección: http://www.laherenciavaldemar.com/
Se estrena en enero del 2010.
TEATRO. José María Rodríguez Méndez, en el recuerdo
Acaba de fallecer el dramaturgo José María Rodríguez Méndez. Reproducimos una ponencia del autor, aparecida en la revista La Ratonera (Revista asturiana de teatro), nº 7 (enero 2003):
III Encuentros de Autores de Teatro "A de Autores"
8-9 noviembre 2002. Gijón
Ponencia de José María Rodríguez Méndez
Después del realismo
Parece que después del realismo, que predominó en la segunda década del pasado siglo XX, el teatro ha querido sacudirse esa al parecer pesada carga, sin tener en cuenta una vez más que el realismo ha constituido siempre lo mejor de la literatura española. Pero la verdad es que la desconfianza proverbial ante el realismo corre paralela con la insistente desconfianza al teatro en general. Ahora parece que asistimos, por parte de las generaciones más jóvenes, a ese descrédito teatral, invocando a nuevas formas expresivas o vanguardísticas. Sucede siempre: tras los periodos más o menos academicistas, se propugna una nueva vanguardia. Lo que pasa es que en realidad lo que apuntan es a algo distinto al vanguardismo. Se dirigen a otro género extraño: mezcla de cine, televisión, etc. A un caos, en suma, y así las obras teatrales escritas por las generaciones más jóvenes muestran claramente un desconocimiento casi total del teatro, de lo que deba ser el teatro.
Claro que habrá que aludir en su descargo el pertinaz elemento de la incultura teatral española, que nos ha ido agobiando a todos desde hace muchos lustros. De cualquier manera, a mí me asombra hasta dejarme enmudecido leer ciertas cosas, descubrir que los profesores y tratadistas del género teatral muchas veces desconocen los elementos fundamentales que constituyeron nuestro teatro.
Si reparamos en algunos términos puestos en circulación en la última década, reconoceremos una vez más que el teatro está en pleno descrédito frente al cine y otras tecnologías.
Sin embargo hay algo peor que la enemistad entre estos géneros, y es la hibridez que hoy se advierte. Por eso no vendría mal que estudiáramos esta terminología que se ha abatido sobre el teatro. Por ejemplo, cada día es más frecuente llamar al texto teatral "guión", y eso no deja de resultar inaudito. Hamlet, por ejemplo, ¿guión simplemente para una "propuesta" de un director? A estos extremos se llega al desacreditar la obra TEATRAL: parece que la única forma artística para algunos jóvenes es el cine, modelo arquetípico y clásico en el que se han educado. Por mucho que lleven el teatro en su corazón, su mente está ocupada con el cine. Son como Marta y María, divididas entre contemplación y quehacer.
A la traducción teatral denominan "doblaje" y afirman, como ha afirmado un notable autor, que el estado español no subvenciona el teatro nuestro sino el "doblaje" de obras extranjeras. Se habla también de "metateatro" y de "teatro de autor" y de otras sandeces por el estilo, para terminar demostrando una cosa cierta: la gran incultura teatral en los últimos autores, incultura que han heredado, por supuesto, de sus mayores. Y una de las peores cosas que se está derivando de este descrédito al teatro es el hecho de que antes lo más corriente era que una obra teatral se convirtiera en película y no al revés como sucede ahora. Lo normal hoy es que se considere al teatro ascendiente del cine. Y estamos llegando a la perversión de fabricar obras de teatro a partir del cine y ya hemos visto la producción en España de varios engendros para diversión y beneplácito del ignaro mundo de nuestras salas teatrales.
Siempre tras los periodos más o menos realistas, como es el caso de la generación presidida por Antonio Buero Vallejo, acostumbra a sobrevenir un periodo antiacademicista y anticlásico, que propugna el vanguardismo. Lo que ha pasado es que ahora no se han producido esos movimientos (o lo han hecho de manera vaga). Ahora nos hemos encontrado con una situación de enorme incultura teatral, fomentada siempre por las minorías industrialistas, que pretendan aniquilar el arte teatral y cualquier forma de arte, para convertir la actividad espiritual en una industria rentable. Así nos encontramos a una nueva juventud desorientada que no puede responder a ninguna pregunta sobre LA ESENCIA Y SUSTANCIALIDAD DEL TEATRO; limitándose a escribir algo ya repetido y confuso, mientras que el público, siempre abandonado a su suerte, asiste a los espectáculos como un zombi.
Pero nosotros no podemos permanecer al margen de esta situación tan peligrosa y nuestro deber al entrar en el presente siglo será mantener el realismo de una manera fundamentalista mientras los nombres de Shakespeare, Eurípides, Calderón, etc, etc., sean como lo son hasta hoy imbatibles, pese a que a través de esos directores-adaptadores se pretenda reducirlos a material con el que construir obras de consumo para analfabetos teatrales.
Un teatro que no tenga sus raíces en la realidad, en eso que llamaban los escolásticos "adequatio intelectus rei", es imposible de crear y digo "crear" porque ya es hora de que sepan esos jóvenes y desorientados autores que no es lo mismo "escribir" que "crear". Este compromiso con la realidad supondrá siempre la crítica de esa misma realidad o un espejo particular de ella.
Hemos asistido estos últimos años al lento languidecer del teatro como producto del arte en aras de producto industrial como es habitual en cualquier quehacer al servicio de las masas. Asistimos a lo que mi admirada y querida Paloma Pedrero definió como clonación de autores. Porque efectivamente autores que crean escuela no es que crean escuela de teatro, sino escuela a semejanza de ellos mismos. No lo que en otros tiempos podía ser una escolástica general del hecho teatral. Lo que se intenta ahora es crear industrialmente clones a partir de misteriosos genes.
Son los mismos que intentan crear un tipo de lenguaje teatral que en su día habremos de utilizar todos: un lenguaje un tanto esotérico que permita a los dueños del cotarro, es decir, a los directores, manipularlo a su antojo. Para ello invocan a esa figura llamada Samuel Beckett, por ejemplo. Pero no podemos engañarnos. Sabemos muy bien que el teatro, el teatro verdadero, no eso que se pretende dar a las masas ignorantes, es algo que transciende al autor, que va más allá de su satisfacción personal y queramos o no ha de enfrentarse al futuro en el que encontrará una respuesta. En estos últimos tiempos, nosotros, los autores de las generaciones realistas, estamos recibiendo de algunos países de la Comunidad Europea, especialmente de Alemania, cartas en las que universidades y centros culturales se interesan por el "realismo antifranquista" de nuestras obras. Afirmando una vez más que el realismo que nosotros utilizábamos iba mucho más allá de nosotros, pues es bien cierto que nosotros, pese a la lucha que tuvimos contra la censura, no escribíamos sólo contra Franco, sino que lo que deseábamos era que nuestro realismo, siempre crítico, fuera más allá de nosotros.
Hay que volver a recuperar nuestra confianza en el teatro como obra de arte, contra toda pretensión industrial, lo cual no va a ser nada fácil, dado el poco volumen de creatividad que se observa en los jóvenes. Y por supuesto el problema del público. Porque nos encontramos fundamentalmente con un público totalmente discapacitado. Hablo naturalmente del público español, fundamentalmente el de Madrid.
Efectivamente, en Madrid existe el peor público que haya existido nunca. Aquel público del Siglo de Oro, que aplaudiera y escuchara las obras de Lope y Calderón es hoy una entelequia. Pero es que ni el público masa de los años treinta y el sometido público de la dictadura puede compararse con el de hoy. Hoy nos enfrentamos a un público tipo zombi, que escucha como dormido. Es un público alejado del teatro a través de las pantallas de la televisión, incapaz de juzgar y en consecuencia fácil presa de los industrialistas para vender sus productos híbridos al estilo del televisual Gran Hermano, por ejemplo. Y este es el provenir que yo veo al teatro en estos umbrales del siglo XXI.
PRENSA. Elecciones en Afganistán
Hoy, en "El País", encontramos la siguiente información de Ramón Lobo:
EL VOTO VÁLIDO DE UN NIÑO DE 13 AÑOS
En un colegio de Kabul se presentó a votar el 20 de agosto un niño que declaraba 13 años. Un fotógrafo extranjero señaló la irregularidad a uno de los responsables del centro y éste respondió que no podía hacer nada porque estaba inscrito y disponía de la tarjeta electoral, un documento que se podía adquirir en el mercado por unos siete euros.
En Afganistán, un país sumido en una guerra continua desde hace 30 años, no hay censo, sólo un registro electoral en que cada jefe de familia pudo inscribir cuantas mujeres mayores de edad declaró tener bajo su techo. Si un investigador censal independiente pretendiera validar el número real de mujeres declaradas en una casa pastún, lo más probable es que perdiera la vida a tiros. Bajo el estricto código de honor de esta etnia mayoritaria en el país, muchos hombres rurales siquiera pronuncian en público el nombre de su esposa o de su madre. Sería un sacrilegio.
En provincias de mayoría pastún y con gran actividad talibán, como Helmand, la participación en agosto fue muy baja y el fraude, escandaloso. De los 134.000 inscritos, 112.000 votaron por el presidente Hamid Karzai. La ONU estima que la participación real apenas superó los 38.000. Ese hinchamiento se llevó a cabo con las mujeres inscritas.
Los resultados oficiales dados a conocer el martes, dos meses después de celebrarse la primera vuelta, siguen sin ofrecer datos de participación, que se supone inferior al 40%, lejos del 65% de 2004. La participación podría ser más baja en la segunda vuelta. Los talibanes consideran objetivo militar los centros de voto.
Ninguna de las condiciones que favorecieron el fraude anterior mejorarán el 7 de noviembre, incluso empeorarán debido al clima. El principal fraude es estructural: no se dan las condiciones económicas, culturales y de seguridad para celebrar unas elecciones libres y justas.
En los colegios había dos áreas separadas y con entradas diferentes, una para mujeres y otra para hombres. Nadie que no fuera mujer podía pisar la zona femenina. La mayoría de las mujeres votaron con el rostro cubierto por el tradicional burka. No tenían obligación de mostrarlo.
La tinta indeleble que marcaba el dedo índice, que en teoría duraba semanas, se podía quitar en unos minutos con lejía, como demostró ante las cámaras de televisión el candidato Ramazan Bashardost, perteneciente a la minoría hazara y que ha quedado en un sorprendente tercer lugar.
PRENSA. PABLO GARCÍA BAENA
En "El Día de Córdoba":
1. Un recorrido sugerente por el álbum de recuerdos de un buscador de belleza. 'Rumor oculto' -la exposición- muestra los múltiples perfiles de Pablo García Baena, que ofrece a Córdoba un archivo sentimental por el que desfilan numerosos personajes entre los que destacan sus compañeros de Cántico. Por Alfredo Asensi.
2. "Nunca he pretendido que la poesía fuera un calmante". Alfredo Asensi entrevista a Pablo García Baena. García Baena afirma que pocas veces ha hecho caso a la llamada de la poesía, que no obstante es capaz de atraparle en los momentos más insospechados.
3. "Un rosario de la aurora siempre es mejor que un 'botellón', sin duda". Otra entrevista, por Jesús Cabrera. El poeta repasa la Córdoba que conoció en su infancia y la compara con la actual en un balance cuyo resultado no es muy positivo para la ciudad de nuestros días.
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PRENSA. 22 octubre 2009
En "El País":
1. Calla la voz crítica de José María Rodríguez Méndez. Ayer murió el dramaturgo español. Obituario, por Rosana Torres.
2. "No he tenido nunca ninguna clase de pudor literario". Carles Geli entrevista a Eduardo Mendoza, a propósito de la aparición de su nuevo libro, Tres vidas de santos.
3. Adiós a la buena letra. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. El uso del ordenador amenaza la escritura manuscrita, que ha sido desterrada por los autores y degradada por su uso residual entre los jóvenes. ¿Tiene la caligrafía más valor que el estético?
4. El inicio temprano en el cannabis desemboca en el fracaso escolar. Por Emilio de Benito. La droga afecta a áreas del cerebro relacionadas con la memoria y la concentración.
5. ¿Qué secuelas dejará la crisis? Artículo de Jean Pisani-Ferry, economista y director de Bruegel, el centro de investigación y debate sobre las políticas económicas europeas. Traducción de Pilar Vázquez.
6. Katyn sin Auschwitz. Artículo de Lluís Bassets.
1. Calla la voz crítica de José María Rodríguez Méndez. Ayer murió el dramaturgo español. Obituario, por Rosana Torres.
2. "No he tenido nunca ninguna clase de pudor literario". Carles Geli entrevista a Eduardo Mendoza, a propósito de la aparición de su nuevo libro, Tres vidas de santos.
3. Adiós a la buena letra. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. El uso del ordenador amenaza la escritura manuscrita, que ha sido desterrada por los autores y degradada por su uso residual entre los jóvenes. ¿Tiene la caligrafía más valor que el estético?
4. El inicio temprano en el cannabis desemboca en el fracaso escolar. Por Emilio de Benito. La droga afecta a áreas del cerebro relacionadas con la memoria y la concentración.
5. ¿Qué secuelas dejará la crisis? Artículo de Jean Pisani-Ferry, economista y director de Bruegel, el centro de investigación y debate sobre las políticas económicas europeas. Traducción de Pilar Vázquez.
6. Katyn sin Auschwitz. Artículo de Lluís Bassets.
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miércoles, 21 de octubre de 2009
LECTURA. "Lotro día", cuento de Luis María Pescetti
El autor firma ejemplares de sus libros a los niños. Foto: Fernando Massobrio
LOTRO DÍA
Lotro día hestaba pensando que siuno escriviera noimportacómo ycaduno Komo sele antojara, o antogase, másmerefiero en un poregemplo no pelar lortografía, yque, enúnporegemplo, ponerse un asento donde no ba, o faltarle hotro dondesí ba... sería 1 berbadero desastres. ¡Poreso combiene lortografía, ninios! ¡porke si caduno escribiece como se le antogase leeríésemos más despasio hi más lentamente que 1 vurro! Higual i nos dán un pedaszcito para léer y noz demoráríamoz 1 montón... o 2 montón.
¡NINIOS AGANMÉN CASO! ¡RESPETEN LORTOGRAFÍA PORKE SINO NADIEN NOZ VA A KERER LEER LO QUE ESZCRIVAMOZ! ¡¡¡NIN SIQUIERAS NOZOTROS MISMOS!!!
Higual i 1 dia nosencontramoz un papelitos cualkiera i nos daria flogera lerlo y rezulta ke desia: ¡ganaste la loteria! o "te kiero, cuchi cuchi" o "te kiero, cuchi cuchi, porke ganazte la loteria" ¡i NI NOSENTERAMOZ POR KULPA NUEZTRA!
Eso hera loquestava pensado lotro dia.
Firma:
LuYz Pezscszetty
© Luis Pescetti
LECTURA. "Para acabar con la filosofía. Mi filosofía", de Woody Allen
Dentro de Cómo acabar de una vez por todas con la cultura (compilación de cuentos - a modo de colaboraciones- publicados en el diario The New Yorker, en la década de los 70 del siglo pasado), leemos este Para acabar con la filosofía.
Espero que sirva para reírse un rato.
La evolución de mi filosofía se dio de la siguiente manera: mi mujer, al invitarme a probar el primer soufflé que había hecho, dejó caer por accidente una cucharadita del mismo sobre mi pie fracturándome varios pequeños huesos. Acudieron los médicos, hicieron y examinaron radiografías y me ordenaron un mes de cama. Durante la convalecencia, me concentré en la obra de algunos de los pensadores más eximios de Occidente —una pila de libros que yo había seleccionado para eventualidades como ésta. No presté atención al orden cronológico y empecé por Kierkegaard y Sartre, luego pasé rápidamente a Spinoza, Hume, Kafka y Camus. No me aburrí como me había temido; en cambio, me fascinó la energía con la que esas grandes mentes atacaban resueltamente la moral, el arte, la ética, la vida y la muerte. Recuerdo mi reacción a una observación típicamente luminosa de Kierkegaard: «Semejante relación, que se relaciona con su propio ser (es decir, un ser), debe haberse constituido a sí misma, o ha sido constituida por otra». El concepto me arrancó lágrimas de los ojos. ¡Dios santo, pensé, ser tan inteligente! (Soy un hombre con dificultades para escribir dos frases coherentes sobre «Un día en el zoo»..) La verdad es que el pasaje me resultó totalmente incomprensible, pero ¿qué más da si Kierkegaard se lo había pasado bien? Súbitamente me convencí de que la metafísica era lo que siempre había querido hacer: tomé mi bolígrafo y empecé en el acto a garabatear la primera de mis propias fantasías. La obra avanzó aprisa y en sólo dos tardes (con tiempo para echarme una siesta), completé la obra filosófica que espero no será descubierta hasta después de mi muerte o hasta el año 3000 (lo que ocurra primero) y que modestamente creo me asegurará un lugar privilegiado entre los pensadores de más peso en la historia. Aquí presento un breve ejemplo del cuerpo principal de tesoros intelectuales que lego a la posteridad, o hasta que llegue la mujer de la limpieza.
I. Crítica de la sinrazón pura
Al formular cualquier filosofía, la primera consideración siempre debe ser: ¿Qué podemos saber? Es decir, qué podemos estar seguros de saber, o seguros de que sabemos que sabíamos, si realmente es de algún modo «cognoscible». ¿O lo habremos olvidado todo y tenemos demasiada vergüenza de decir algo? Descartes insinuó el problema cuando escribió: «Mi mente jamás puede conocer mi cuerpo, aunque se ha hecho bastante amiga de mis piernas». Por «cognoscible», dicho sea de paso, no quiero decir aquello que puede ser conocido por medio de la percepción de los sentidos o que puede ser comprendido por la mente, sino más bien aquello que puede decirse que es Conocido o que posee un Conocimiento o una Conocibilidad, o por lo menos algo que puedas mencionar a un amigo.
¿Podemos en realidad «conocer» el universo? Dios santo, no perderse en Chinatown ya es bastante difícil. Sin embargo, el asunto es el siguiente: ¿Habrá algo allá fuera? ¿Y por qué? ¿Por qué tendrán que hacer tanto ruido? Por último, no cabe duda de que la característica de la «realidad» es que carece de esencia. Esto no quiere decir que no tenga esencia, sino simplemente que carece de ella. (La realidad a la que me refiero es la misma que describió Hobbes, pero un poco más pequeña.) Por lo tanto, el dictum cartesiano, «Pienso, luego existo», podría expresarse mejor por «¡Eh, allí va Edna con el saxofón!». Así pues, para conocer una sustancia o una idea, debemos dudar de ella y así, al dudar, llegamos a percibir las cualidades que posee en su estado finito, que están en, o son realmente «la misma cosa», o «de la cosa misma», o de algo, o de nada. Si esto está claro, podemos dejar por el momento la epistemología.
II. La dialéctica escatológica como medio de lucha contra el zona
Podemos decir que el universo consiste en una sustancia y que a esta sustancia la llamamos «átomo», o también «mónada». Demócrito la denominó átomo. Leibnitz la llamó mónada. Por fortuna, los dos hombres jamás se conocieron, de lo contrario se hubiera armado una discusión muy aburrida. Estas «partículas» fueron puestas en movimiento por alguna causa o principio fundamental, o quizás algo se cayó en algún lugar. El asunto es que ahora ya es demasiado tarde para remediarlo, salvo quizá comer mucho pescado crudo. Por supuesto, esto no explica por qué el alma es inmortal. Tampoco dice nada sobre una vida ultraterrena ni aclara la sensación que siente mi tío Sender de que le persiguen los albanos. La relación causal entre el primer principio (es decir, Dios o viento fuerte) y cualquier concepción teológica del ser (Ser), según Pascal, es «tan ridícula que ni siquiera es graciosa (Graciosa)». Schopenhauer llamó a esto «voluntad», pero su médico la diagnosticó como fiebre del heno. En sus últimos años, se amargó por eso o, más aún, por la creciente sospecha de que él no era Mozart.
III. El cosmos por cinco dólares al día
¿Qué es, entonces, lo «bello»? ¿La fusión de la armonía con lo justo, o la fusión de la armonía con algo que sólo se parece a «lo justo»? Quizá la armonía se haya fundido con «la costra terrestre» y eso es lo que nos ha estado dando tantos problemas. La verdad, podemos estar seguros, es la belleza —o «lo necesario». Es decir, lo que es bueno, o que posee las cualidades de «lo bueno», da como resultado «la verdad». Si no lo da, siempre puedes apostar a que la cosa no es bella, aunque aún puede que sea impermeable. Estoy empezando a pensar que tenía razón antes y que todo tendría que fusionarse con la costra. Ah, bueno.
Dos parábolas
Un hombre se acerca a un palacio. La única entrada está guardada por unos fieros hunos que sólo dejan pasar a hombres llamados Julius. El hombre trata de sobornar a los guardias ofreciéndoles por un año las mejores partes del pollo. Ellos ni se burlan de su oferta ni la aceptan, sino que simplemente lo cogen por la nariz y se la tuercen hasta que parezca un tornillo. El hombre dice que tiene que entrar a la fuerza en el palacio porque le trae al emperador una muda de calzoncillos. Al ver que los guardias siguen negándose, el hombre empieza a bailar el charleston. Ellos parecen divertirse con su baile, pero pronto se ponen tristes por el trato que el gobierno federal otorga a los navajos. Sin aliento, el hombre se derrumba. Muere sin haber visto al emperador y dejando una deuda de sesenta dólares a los de la Steinway por un piano que les había alquilado en agosto.
Me entregan un mensaje para un general. Cabalgo y cabalgo, pero el cuartel general del general parece distanciarse siempre más. Por último, se arroja sobre mí una gigantesca pantera negra que me devora la mente y el corazón. Me paso la tarde terriblemente angustiado. Por más que lo intente, no puedo llegar al general a quien veo corriendo a lo lejos en shorts y musitando la palabra «nuez moscada» a sus enemigos.
Aforismos
Es imposible vivir la propia muerte con objetividad y, además, cantar una canción.
* * *
El universo no es más que una idea transitoria en la mente de Dios. Es un hermoso pensamiento, aunque bastante incómodo, sobre todo si acabas de pagar el anticipo de una casa.
* * *
La nada eterna está muy bien si vas vestido para la ocasión.
* * *
¡Ojalá viviera Dionisos! ¿Dónde comería?
* * *
No sólo no hay Dios, sino que ¡intenta conseguir un electricista en un fin de semana!
LECTURA. "El pecho desnudo", relato de Italo Calvino
EL PECHO DESNUDO
El señor Palomar camina por una playa solitaria. Encuentra unos pocos bañistas. Una joven tendida en la arena toma el sol con el pecho descubierto. Palomar, hombre discreto, vuelve la mirada hacia el horizonte marino. Sabe que en circunstancias análogas, al acercarse un desconocido, las mujeres se apresuran a cubrirse, y eso no le parece bien: porque es molesto para la bañista que tomaba el sol tranquila; porque el hombre que pasa se siente inoportuno; porque el tabú de la desnudez queda implícitamente confirmado; porque las convenciones respetadas a medias propagan la inseguridad e incoherencia en el comportamiento, en vez de libertad y franqueza. Por eso, apenas ve perfilarse desde lejos la nube rosa-bronceado de un torso desnudo de mujer, se apresura a orientar la cabeza de modo que la trayectoria de la mirada quede suspendida en el vacío y garantice su cortés respeto por la frontera invisible que circunda las personas. Pero -piensa mientras sigue andando y, apenas el horizonte se despeja, recuperando el libre movimiento del globo ocular- yo, al proceder así, manifiesto una negativa a ver, es decir, termino también por reforzar la convención que considera ilícita la vista de los senos, o sea, instituyo una especie de corpiño mental suspendido entre mis ojos y ese pecho que, por el vislumbre que de él me ha llegado desde los límites de mi campo visual, me parece fresco y agradable de ver. En una palabra, mi no mirar presupone que estoy pensando en esa desnudez que me preocupa; ésta sigue siendo en el fondo una actitud indiscreta y retrógrada.
De regreso, Palomar vuelve a pasar delante de la bañista, y esta vez mantiene la mirada fija adelante, de modo de rozar con ecuánime uniformidad la espuma de las olas que se retraen, los cascos de las barcas varadas, la toalla extendida en la arena, la henchida luna de piel más clara con el halo moreno del pezón, el perfil de la costa en la calina, gris contra el cielo. Sí -reflexiona, satisfecho de sí mismo, prosiguiendo el camino-, he conseguido que los senos quedaran absorbidos completamente por el paisaje, y que mi mirada no pesara más que la mirada de una gaviota o de una merluza. ¿Pero será justo proceder así? -sigue reflexionando-. ¿No es aplastar la persona humana al nivel de las cosas, considerarla un objeto, y lo que es peor, considerar objeto aquello que en la persona es específico del sexo femenino? ¿No estoy, quizá, perpetuando la vieja costumbre de la supremacía masculina, encallecida con los años en insolencia rutinaria? Gira y vuelve sobre sus pasos. Ahora, al deslizar su mirada por la playa con objetividad imparcial, hace de modo que, apenas el pecho de la mujer entra en su campo visual, se note una discontinuidad, una desviación, casi un brinco. La mirada avanza hasta rozar la piel tensa, se retrae, como apreciando con un leve sobresalto la diversa consistencia de la visión y el valor especial que adquiere, y por un momento se mantiene en mitad del aire, describiendo una curva que acompaña el relieve de los senos desde cierta distancia, elusiva, pero también protectora, para reanudar después su curso como si no hubiera pasado nada. Creo que así mi posición resulta bastante clara -piensa Palomar-, sin malentendidos posibles. ¿Pero este sobrevolar de la mirada no podría al fin de cuentas entenderse como una actitud de superioridad, una depreciación de lo que los senos son y significan, un ponerlos en cierto modo aparte, al margen o entre paréntesis? Resulta que ahora vuelvo a relegar los senos a la penumbra donde los han mantenido siglos de pudibundez sexomaníaca y de concupiscencia como pecado...
Tal interpretación va contra las mejores intenciones de Palomar que, pese a pertenecer a la generación madura para la cual la desnudez del pecho femenino iba asociada a la idea de intimidad amorosa, acoge sin embargo favorablemente este cambio en las costumbres, sea por lo que ello significa como reflejo de una mentalidad más abierta de la sociedad, sea porque esa visión en particular le resulta agradable. Este estímulo desinteresado es lo que desearía llegar a expresar con su mirada. Da media vuelta. Con paso resuelto avanza una vez más hacia la mujer tendida al sol. Ahora su mirada, rozando volublemente el paisaje, se detendrá en los senos con cuidado especial, pero se apresurará a integrarlos en un impulso de benevolencia y de gratitud por todo, por el sol y el cielo, por los pinos encorvados y la duna y la arena y los escollos y las nubes y las algas, por el cosmos que gira en torno a esas cúspides nimbadas. Esto tendría que bastar para tranquilizar definitivamente a la bañista solitaria y para despejar el terreno de inferencias desviantes. Pero apenas vuelve a acercarse, ella se incorpora de golpe, se cubre, resopla, se aleja encogiéndose de hombros con fastidio como si huyese de la insistencia molesta de un sátiro. El peso muerto de una tradición de prejuicios impide apreciar en su justo mérito la intenciones más esclarecidas, concluye amargamente Palomar.
PRENSA. CÓMIC. Ziraldo, humorista gráfico, recibe el Premio Quevedos
En "elpais.com", Galardón para la sonrisa de Brasil. Así comienza la información:
El humorista gráfico brasileño Ziraldo Alves Pinto (Minas Gerais, 1932) recoge hoy en Alcalá de Henares, de manos de la Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, el Premio Iberoamericano Quevedos. El dibujante, cuyos personajes son parte importante de la cultura y la educación brasileña, recibe este galardón (equivalente al Premio Cervantes de las Letras, pero para humoristas gráficos) por su trayectoria profesional. La entrega de esta distinción se inscribe en los actos de la XVI Muestra de Humor Internacional de Humor Gráfico de Alcalá de Henares, que hasta el día 25 llevará a la localidad madrileña exposiciones, conferencias y actividades relacionadas con esta disciplina que mezcla periodismo y cómic.
Viñeta de Ziraldo
PRENSA. 21 octubre 2009
En "El País":
1. Las deudas pendientes de la memoria. Por Javier Rodríguez Marcos. Reyes Mate gana el Premio Nacional de Ensayo con una defensa de las víctimas del progreso. "Hemos construido la historia sobre el sufrimiento", afirma. Prólogo a La herencia del olvido.
2. Los manifiestos anticomunistas. Columna de Manuel Rodríguez Rivero.
3. Separar a ciegas no sirve para reciclar (y molesta). Reportaje de Cristina Castro Carbón. España se ha incorporado tarde a la recuperación de residuos, aunque avanza deprisa. La falta de información y de recursos lastran la evolución. Distinguir mal es peor que no hacerlo.
4. Nobel a Obama: un premio merecido. Artículo del escritor Carlos Fuentes.
5. La sonrisa cansada de Václav Havel. Artículo de la escritora Monika Zgustova. El ex presidente checo no deja de asombrarse ante el veneno que la era comunista dejó en la mentalidad de los ciudadanos. La corrupción y la desmoralización son una constante en la antigua zona de influencia soviética.
1. Las deudas pendientes de la memoria. Por Javier Rodríguez Marcos. Reyes Mate gana el Premio Nacional de Ensayo con una defensa de las víctimas del progreso. "Hemos construido la historia sobre el sufrimiento", afirma. Prólogo a La herencia del olvido.
2. Los manifiestos anticomunistas. Columna de Manuel Rodríguez Rivero.
3. Separar a ciegas no sirve para reciclar (y molesta). Reportaje de Cristina Castro Carbón. España se ha incorporado tarde a la recuperación de residuos, aunque avanza deprisa. La falta de información y de recursos lastran la evolución. Distinguir mal es peor que no hacerlo.
4. Nobel a Obama: un premio merecido. Artículo del escritor Carlos Fuentes.
5. La sonrisa cansada de Václav Havel. Artículo de la escritora Monika Zgustova. El ex presidente checo no deja de asombrarse ante el veneno que la era comunista dejó en la mentalidad de los ciudadanos. La corrupción y la desmoralización son una constante en la antigua zona de influencia soviética.
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martes, 20 de octubre de 2009
PRENSA. 20 octubre 2009
En "El País":
1. El premio literario que no cesa. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. Octubre es el mes de los certámenes de escritura, fenómeno retratado con humor en dos libros recientes. En España hay al año 3.500 galardones de este tipo.
2. De un gueto a otro. Artículo de Fernando Savater.
3. Murillo antes de Murillo. Reportaje de Eva Larrauri. Además, un análisis del pintor (El nacimiento de un genio), por F. Calvo Serraller.
4. Guerra de patentes en el fondo marino. Reportaje de Mónica López Ferrado. Los científicos se lanzan a registrar organismos de los océanos para desarrollar aplicaciones médicas o energéticas. Pero la apropiación de elementos de la naturaleza es vista como una nueva biopiratería.
5. "Bienaventurados los panificadores". Artículo de Paul Kennedy, con traducción de Jesús Cuéllar Menezo. Obama ha recibido con humildad, elegancia y desconcierto el Nobel de la Paz. El galardón expresa el alivio de Europa ante el regreso de EE UU a políticas más multilaterales, en contraste con las de Bush y Cheney.
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lunes, 19 de octubre de 2009
PRENSA CULTURAL. AVANCE EDITORIAL. "Tres vidas de santos", de Eduardo Mendoza
En "elpais.com", Winston Manrique nos informa sobre La nueva parodia de Eduardo Mendoza.
Reproducimos la información:
Tres vidas de santos (Seix Barral) es el primer libro de cuentos de Eduardo Mendoza que llega mañana a las librerías. En realidad, los personajes de los que habla el escritor catalán no son santos ni mártires al uso, sino seres entregados con devoción a un trauma psicológico que los hace debatirse entre lo divino y lo humano. Seres retratados con el tono paródico que caracteriza a su autor pero cargados de más gravedad. De paso, es la vuelta de Mendoza a la burguesía y a la supuesta "sabiduría" literaria.
El comienzo de uno de esos relatos, La ballena, que es más una nouvelle que un cuento, es el avance exclusivo que ofrece hoy Babelia a los lectores de "Elpaís.com". Lo más próximo a las crónicas barcelonesas tan típicas de Eduardo Mendoza que en esta ocasión tiene como escenario el Congreso Eucarístico de 1952 y que empieza así:
"-Pero, bueno, ¿se puede saber cuándo llega el obispo Cachimba?, dijo el tío Víctor.
La tía Conchita lo fulminó con la mirada y le dijo que hiciera el favor, si no sentía el menor respeto por la religión, de tener por lo menos consideración hacia la sensibilidad de los creyentes; pero en cuanto hubo pronunciado estas palabras...".
PRENSA. 19 octubre 2009
En "El País":
1. Nadie muerde como Drácula. Reportaje de Jacinto Antón. La continuación oficial de la novela de Bram Stoker a cargo de un descendiente del escritor resucita al rey de los vampiros en medio de un 'boom' del género.
2. Telemedicina contra las listas de espera. Reportaje de Jaime Prats. La 'e-salud' se perfila como una herramienta clave para resolver los problemas de la sanidad.
3. Obama, ¿presidente negro o progresista? Artículo de Jorge Castañeda, ex secretario de Relaciones Exteriores de México, profesor de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Nueva York.
4. ¿Todo renovables? Artículo de Claudio Aranzadi, ingeniero industrial y economista.
1. Nadie muerde como Drácula. Reportaje de Jacinto Antón. La continuación oficial de la novela de Bram Stoker a cargo de un descendiente del escritor resucita al rey de los vampiros en medio de un 'boom' del género.
2. Telemedicina contra las listas de espera. Reportaje de Jaime Prats. La 'e-salud' se perfila como una herramienta clave para resolver los problemas de la sanidad.
3. Obama, ¿presidente negro o progresista? Artículo de Jorge Castañeda, ex secretario de Relaciones Exteriores de México, profesor de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Nueva York.
4. ¿Todo renovables? Artículo de Claudio Aranzadi, ingeniero industrial y economista.
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domingo, 18 de octubre de 2009
PRENSA. 18 octubre 2009 (3)
En el suplemento Domingo, de "El País", este artículo de Elvira Lindo: Todo lo que no sé, sobre EE.UU.
Lo reproducimos a continuación:
Hay un artículo por escribir. Pero no voy a ser yo quien lo escriba. Me considero incapaz. Más bien debería decir que hay un artículo que me gustaría leer y que aún no se ha escrito. Lanzo el título por si un corresponsal valiente se quiere poner a la tarea: "¿Por qué los americanos rechazan el sistema de salud pública?". Entiendo que la gente cultivada de Estados Unidos conoce tan de cerca la psicología de sus habitantes que sabe a qué se debe este rechazo, pero para los lectores europeos sería esclarecedor: ¿cómo es posible que hasta los que son más pobres que las ratas, hasta esos negros sin piernas que hacen sonar sus monedas en el bote para mendigar unos centavos, estén en contra de que el Estado procure al ciudadano un sistema de salud? Usted, como yo, ha leído sobre los desvelos del presidente Obama por hincarle el diente a este hueso que a Hillary se le quedó atravesado. Usted, como yo, ha leído que su empeño en un sistema público puede costarle el puesto, más que Guantánamo, Afganistán u Oriente Medio. Usted, como yo, deduce, con mucha razón, que el empeño de tantos congresistas por defender la medicina privada está relacionado con el poder de la industria farmacéutica y con el hecho de que este sector financia la carrera de muchos políticos. Usted se habrá informado de que el actual sistema es, en contra de lo que pudiera pensarse, mucho más costoso de lo que sería un sistema público. Bien, bien. De todo eso hemos podido leer aquí y allá. Pero hay algo que se me escapa en todo esto: ¿cómo es posible intoxicar la mente de tantos millones de personas para que se opongan rabiosamente a aquello que les beneficia? Creo que si tuviera una respuesta a esta pregunta, entendería de una puñetera vez de qué va este país. Ahora, cuanto más lo vivo, menos lo comprendo. Podría escribir un libro: Todo lo que no entiendo sobre los americanos, en contraposición a ese batallón de sociólogos que nos hacen creer que esta mentalidad se puede resumir en un artículo. Yo tengo unas cuantas ideas vagas: el adoctrinamiento individualista que los americanos reciben desde niños les lleva a pensar que buscar protección es indigno, vergonzoso: si lo piensan en relación con el amparo que pueden proporcionar los padres, cómo no lo van a pensar del Estado. Prefieren la caridad, que es algo que depende de la voluntad individual, a la justicia social a través de los impuestos. Un pobre, me dice un amigo americano, piensa que el Estado quiere arrebatarle el poco dinero que tiene para que le pague a otro pobre las medicinas. Así es. Los magnates de la industria alimentaria conocen a su pueblo al dedillo y, ante el temor de que el Gobierno suba los impuestos de las bebidas azucaradas, que engordan a más del 60% de los americanos, han lanzado una campaña brutal que ocupa páginas enteras de los periódicos. ¿Informan sobre los hasta ahora desconocidos efectos saludables de los refrescos? Para nada. Son mucho más listos: instan al ciudadano a defenderse de lo que es una intromisión del Estado en su libertad. ¡La libertad! El Gobierno, dicen, no tiene derecho a decirle a usted lo que tiene que comer. Este asunto de los refrescos colea. Ya la Administración de Clinton intentó suprimir las máquinas expendedoras de los pasillos escolares, donde se convierten en la gran teta de los niños. Pero qué hacer, dichas máquinas dejan en los colegios pobres un dinero que compensa la falta de recursos en la educación. Y, mientras, en el mismo país de los gordos, los diabéticos y los enfermos cardiovasculares, un batallón de investigadores hacen pasar hambre a los ratones para demostrar que la frugalidad alarga la vida. No se ha podido experimentar con humanos (sería impensable hacer pasar hambre a un niño), pero sí ha sido posible someter a régimen a grupos de adultos en lugares como Virginia, donde el porcentaje de obesidad es altísimo. En dos años, no sólo están más delgados, sino infinitamente más sanos. Pero la publicidad no da tregua al individuo (libre) de este país. Los spots nocturnos se dividen en dos: los que anuncian comidas preparadas rebosantes de tomate, queso fundido y carne picada y los que muestran a unos seres aceitosamente musculados que se pasan el día subidos a unos aparatos que convierten su abdomen en la pastilla de chocolate de Aznar. Esas dos industrias resumen el sueño del ciudadano libre: engullir y adelgazar. Es posible que en España compartamos ese sueño, pero aún tenemos a nuestro favor que por mal que comamos, siempre comeremos algo mejor, aunque no me extrañaría que llegara ese día en que los papás españoles reivindicaran el derecho de sus hijos a mamar del bote durante la clase. Aun así, en mi inagotable inocencia, me extrañó leer hace unos días en un medio conservador español hacerse eco de la subida de impuestos con el mismo estilo brutal de la derecha americana: "Obama pretende ordenarles a los ciudadanos lo que tienen que comer". Ya se sabe, es un comunista encubierto. Lástima que lo que más rápido se exporta de la cultura americana sea la estupidez. En cuanto a mí, igual que muchos españoles, como más de lo que debería, pero sano. Porque no sé si pasar hambre me permitiría llegar a vieja, lo que no cabe duda es que la vida se me haría mucho más larga.
Lo reproducimos a continuación:
Hay un artículo por escribir. Pero no voy a ser yo quien lo escriba. Me considero incapaz. Más bien debería decir que hay un artículo que me gustaría leer y que aún no se ha escrito. Lanzo el título por si un corresponsal valiente se quiere poner a la tarea: "¿Por qué los americanos rechazan el sistema de salud pública?". Entiendo que la gente cultivada de Estados Unidos conoce tan de cerca la psicología de sus habitantes que sabe a qué se debe este rechazo, pero para los lectores europeos sería esclarecedor: ¿cómo es posible que hasta los que son más pobres que las ratas, hasta esos negros sin piernas que hacen sonar sus monedas en el bote para mendigar unos centavos, estén en contra de que el Estado procure al ciudadano un sistema de salud? Usted, como yo, ha leído sobre los desvelos del presidente Obama por hincarle el diente a este hueso que a Hillary se le quedó atravesado. Usted, como yo, ha leído que su empeño en un sistema público puede costarle el puesto, más que Guantánamo, Afganistán u Oriente Medio. Usted, como yo, deduce, con mucha razón, que el empeño de tantos congresistas por defender la medicina privada está relacionado con el poder de la industria farmacéutica y con el hecho de que este sector financia la carrera de muchos políticos. Usted se habrá informado de que el actual sistema es, en contra de lo que pudiera pensarse, mucho más costoso de lo que sería un sistema público. Bien, bien. De todo eso hemos podido leer aquí y allá. Pero hay algo que se me escapa en todo esto: ¿cómo es posible intoxicar la mente de tantos millones de personas para que se opongan rabiosamente a aquello que les beneficia? Creo que si tuviera una respuesta a esta pregunta, entendería de una puñetera vez de qué va este país. Ahora, cuanto más lo vivo, menos lo comprendo. Podría escribir un libro: Todo lo que no entiendo sobre los americanos, en contraposición a ese batallón de sociólogos que nos hacen creer que esta mentalidad se puede resumir en un artículo. Yo tengo unas cuantas ideas vagas: el adoctrinamiento individualista que los americanos reciben desde niños les lleva a pensar que buscar protección es indigno, vergonzoso: si lo piensan en relación con el amparo que pueden proporcionar los padres, cómo no lo van a pensar del Estado. Prefieren la caridad, que es algo que depende de la voluntad individual, a la justicia social a través de los impuestos. Un pobre, me dice un amigo americano, piensa que el Estado quiere arrebatarle el poco dinero que tiene para que le pague a otro pobre las medicinas. Así es. Los magnates de la industria alimentaria conocen a su pueblo al dedillo y, ante el temor de que el Gobierno suba los impuestos de las bebidas azucaradas, que engordan a más del 60% de los americanos, han lanzado una campaña brutal que ocupa páginas enteras de los periódicos. ¿Informan sobre los hasta ahora desconocidos efectos saludables de los refrescos? Para nada. Son mucho más listos: instan al ciudadano a defenderse de lo que es una intromisión del Estado en su libertad. ¡La libertad! El Gobierno, dicen, no tiene derecho a decirle a usted lo que tiene que comer. Este asunto de los refrescos colea. Ya la Administración de Clinton intentó suprimir las máquinas expendedoras de los pasillos escolares, donde se convierten en la gran teta de los niños. Pero qué hacer, dichas máquinas dejan en los colegios pobres un dinero que compensa la falta de recursos en la educación. Y, mientras, en el mismo país de los gordos, los diabéticos y los enfermos cardiovasculares, un batallón de investigadores hacen pasar hambre a los ratones para demostrar que la frugalidad alarga la vida. No se ha podido experimentar con humanos (sería impensable hacer pasar hambre a un niño), pero sí ha sido posible someter a régimen a grupos de adultos en lugares como Virginia, donde el porcentaje de obesidad es altísimo. En dos años, no sólo están más delgados, sino infinitamente más sanos. Pero la publicidad no da tregua al individuo (libre) de este país. Los spots nocturnos se dividen en dos: los que anuncian comidas preparadas rebosantes de tomate, queso fundido y carne picada y los que muestran a unos seres aceitosamente musculados que se pasan el día subidos a unos aparatos que convierten su abdomen en la pastilla de chocolate de Aznar. Esas dos industrias resumen el sueño del ciudadano libre: engullir y adelgazar. Es posible que en España compartamos ese sueño, pero aún tenemos a nuestro favor que por mal que comamos, siempre comeremos algo mejor, aunque no me extrañaría que llegara ese día en que los papás españoles reivindicaran el derecho de sus hijos a mamar del bote durante la clase. Aun así, en mi inagotable inocencia, me extrañó leer hace unos días en un medio conservador español hacerse eco de la subida de impuestos con el mismo estilo brutal de la derecha americana: "Obama pretende ordenarles a los ciudadanos lo que tienen que comer". Ya se sabe, es un comunista encubierto. Lástima que lo que más rápido se exporta de la cultura americana sea la estupidez. En cuanto a mí, igual que muchos españoles, como más de lo que debería, pero sano. Porque no sé si pasar hambre me permitiría llegar a vieja, lo que no cabe duda es que la vida se me haría mucho más larga.
PRENSA. 18 octubre 2009 (2)
En suplementos de "El País":
1. "Millennium IV". Reportaje de Juan Diego Quesada. Salander y Blomkvist protagonizan 200 páginas inéditas dejadas por Stieg Larsson, ambientadas en Canadá y en la mexicana Ciudad Juárez. Pero la agria disputa familiar por la millonaria herencia del escritor impide la aparición de lo que podría ser su cuarta novela.
2. Unamuno sin leyenda. Reportaje de Lola Galán. Defendió el 'imperio' de la lengua española y vio en la Guerra Civil un caso de locura colectiva. El filósofo vasco recupera su voz con una nueva biografía, la primera en 45 años.
3. El final de la República. Reportaje-lectura. Ángel Viñas y Fernando Hernández reconstruyen el desastre republicano en la Guerra Civil, centrado en el golpe del coronel Casado y el mito del dominio comunista sobre Negrín.
4. El viaje de la memoria. Reportaje. El escritor Cees Nooteboom nos conduce por el fin de una época. Su testimonio es una evocación del pasado y una recreación del presente de Berlín, de sus paisajes, sus gentes, sus pulsaciones. De la sangre que corre por las venas de una de las ciudades más apasionantes de Europa. Traducción: Carmen Bartolomé Corrochano.
'El País Semanal' ofrece en exclusiva la publicación en castellano de este texto que pertenece al libro de Cees Nooteboom 'Crónicas alemanas' (versión actualizada veinte años después de la caída del muro), que sólo se editará en alemán y holandés.
5. ¡Vaya, aquí también ha nevado! Fragmento literario de Emine Sevgi Özdamar. Nadie en Alemania olvida qué hacía el 9 de noviembre de 1989. Tampoco Emine Sevgi, una de las autoras emergentes de la literatura turco-alemana, que recuerda aquella noche y cómo jamás, hasta entonces, pudo pensar en las dos partes de la ciudad como en una unidad.
6. La capital trágica de Europa. Reportaje de Lluís Bassets. Aquí pasó lo mejor y lo peor del siglo XX. Los últimos 20 años han cerrado el círculo. De la caída del muro al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, Berlín celebra su cumpleaños más feliz.
1. "Millennium IV". Reportaje de Juan Diego Quesada. Salander y Blomkvist protagonizan 200 páginas inéditas dejadas por Stieg Larsson, ambientadas en Canadá y en la mexicana Ciudad Juárez. Pero la agria disputa familiar por la millonaria herencia del escritor impide la aparición de lo que podría ser su cuarta novela.
2. Unamuno sin leyenda. Reportaje de Lola Galán. Defendió el 'imperio' de la lengua española y vio en la Guerra Civil un caso de locura colectiva. El filósofo vasco recupera su voz con una nueva biografía, la primera en 45 años.
3. El final de la República. Reportaje-lectura. Ángel Viñas y Fernando Hernández reconstruyen el desastre republicano en la Guerra Civil, centrado en el golpe del coronel Casado y el mito del dominio comunista sobre Negrín.
4. El viaje de la memoria. Reportaje. El escritor Cees Nooteboom nos conduce por el fin de una época. Su testimonio es una evocación del pasado y una recreación del presente de Berlín, de sus paisajes, sus gentes, sus pulsaciones. De la sangre que corre por las venas de una de las ciudades más apasionantes de Europa. Traducción: Carmen Bartolomé Corrochano.
'El País Semanal' ofrece en exclusiva la publicación en castellano de este texto que pertenece al libro de Cees Nooteboom 'Crónicas alemanas' (versión actualizada veinte años después de la caída del muro), que sólo se editará en alemán y holandés.
5. ¡Vaya, aquí también ha nevado! Fragmento literario de Emine Sevgi Özdamar. Nadie en Alemania olvida qué hacía el 9 de noviembre de 1989. Tampoco Emine Sevgi, una de las autoras emergentes de la literatura turco-alemana, que recuerda aquella noche y cómo jamás, hasta entonces, pudo pensar en las dos partes de la ciudad como en una unidad.
6. La capital trágica de Europa. Reportaje de Lluís Bassets. Aquí pasó lo mejor y lo peor del siglo XX. Los últimos 20 años han cerrado el círculo. De la caída del muro al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, Berlín celebra su cumpleaños más feliz.
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PRENSA. 18 octubre 2009 (1)
En "El País":
1. La cola. Manuel Vicent, en la brevedad de esta columna, hace un repaso a la gran historia de la humanidad.
2. A la caza del 'leonardo' perdido. Reportaje de Miguel Mora. El ingeniero Maurizio Seracini asegura que 'La batalla de Anghiari', obra maestra del artista, está debajo de una obra de Vasari en el Palazzo Vecchio de Florencia.
3. Ovejero usa el disparate para hablar de la Guerra Civil. Por Aurora Intxausti. "En La comedia salvaje (Alfaguara), la última novela de José Ovejero (Madrid, 1958), hay personajes y situaciones delirantes que se suceden mientras el protagonista, Benjamín, trata de detener la guerra recorriendo un país que se ha lanzado a su propia destrucción".
4. Desafueros de la libido. Artículo de Mario Vargas Llosa. Los casos del cineasta Roman Polanski, el ministro de Cultura francés, Frédéric Mitterrand, y el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, nos muestran el eclipse de toda moral.
5. El hijo del diablo. Columna del escritor Luis Manuel Ruiz.
1. La cola. Manuel Vicent, en la brevedad de esta columna, hace un repaso a la gran historia de la humanidad.
2. A la caza del 'leonardo' perdido. Reportaje de Miguel Mora. El ingeniero Maurizio Seracini asegura que 'La batalla de Anghiari', obra maestra del artista, está debajo de una obra de Vasari en el Palazzo Vecchio de Florencia.
3. Ovejero usa el disparate para hablar de la Guerra Civil. Por Aurora Intxausti. "En La comedia salvaje (Alfaguara), la última novela de José Ovejero (Madrid, 1958), hay personajes y situaciones delirantes que se suceden mientras el protagonista, Benjamín, trata de detener la guerra recorriendo un país que se ha lanzado a su propia destrucción".
4. Desafueros de la libido. Artículo de Mario Vargas Llosa. Los casos del cineasta Roman Polanski, el ministro de Cultura francés, Frédéric Mitterrand, y el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, nos muestran el eclipse de toda moral.
5. El hijo del diablo. Columna del escritor Luis Manuel Ruiz.
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