martes, 4 de enero de 2011

POESÍA. "El nombre de Jesús", de Lope de Vega (1562-1635)

Lope de Vega
El nombre de Jesús

¡Alegría, zagalas,
valles y montes,
que el zagal de María
ya tiene nombre!

Corred, arroyuelos,
cándida leche;
los corderos retocen,
canten las fuentes

y las aves alegren
con sus canciones.
¡Que el zagal de María
ya tiene nombre!

PRENSA CULTURAL. "Babelia". LOS LIBROS DEL AÑO (y 10): María Zambrano, Marcos Giralt Torrente y Jhumpa Lahiri

María Zambrano
Esencia y hermosura. Antología
María Zambrano
Selección y relato prologal de José-Miguel Ullán
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2010
612 páginas. 35 euros


Tiempo de vida
Marcos Giralt Torrente
Anagrama. Barcelona, 2010
204 páginas. 17 euros


Tierra desacostumbrada
Jhumpa Lahiri
Traducción de Eduardo Iriarte
Salamandra. Barcelona, 2010
352 páginas. 19 euros

Marcos Giralt Torrente
   Las circunstancias de una votación han provocado que el décimo puesto de esta lista de los mejores del año 2010 la ocupen, codo con codo, tres libros tan distintos entre sí por su estilo y contenido, que no por la calidad. En Tiempo de vida, Marcos Giralt ha encontrado, con veteranía y seguridad, la distancia justa para contar una historia personal a la que esa distancia ha dotado del tono necesario para convertirse en literatura de ley por la admirable contención del sentimiento a favor de la expresión y la no menos admirable, y paralela, intensidad con que se ha enfrentado a la figura del padre. Si es verdad que el escritor escribe para ordenar su experiencia, en este caso la consecución literaria es, sin duda, un memorable tour de force muy superior a la discutible autoficción al uso.
   Esencia y hermosura es una antología de textos de María Zambrano que responde con toda exactitud a su título y lo hace gracias a la mano que la guía. José-Miguel Ullán seleccionó y prologó este volumen que, desgraciadamente, no llegó a ver en vida, pero en el que nos deja una muestra de su excepcional instinto literario. Sin una sola nota o glosa, confiando tanto en su sensibilidad como en la prosa de María Zambrano, José-Miguel Ullán presenta esta que considero la mejor introducción a la obra de la autora y, de principio, nos ofrece un prólogo extraordinario del que basta con decir que contiene toda la esencia y hermosura que el poeta deseó para el lector de este libro.
   Los relatos de Jhumpa Lahiri reunidos bajo el título Tierra desacostumbrada se centran en un grupo étnico (hindú) en tierra ajena (Estados Unidos). Todos comienzan de manera sencilla, apelando con sutileza a lo cotidiano, lo pequeño de la vida; pero a medida que los sentimientos van apareciendo por delante de los sucesos, el dibujo inicial de personajes comienza a llenarse hasta llevarlos, sin perder la normalidad de sus vidas, hacia la complejidad. Sucede como quien colorea a la acuarela un primer dibujo a lápiz y, al colorearlo, va cargándolo de vida hasta completar el cuadro. Es notable la habilidad de la autora para colocar a sus personajes entre el deseo de ser, de hacerse a sí mismos, de reinventarse incluso, y un tono agridulce que viene a decir: vivir es esto.
                                                        José María Guelbenzu

Jhumpa Lahiri

SOLEDAD PUÉRTOLAS. Discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua (1)

Soledad Puértolas

Aliados
Los personajes secundarios del Quijote (1)

DISCURSO LEÍDO EL DÍA 21 DE NOVIEMBRE DE 2010 EN SU RECEPCIÓN PÚBLICA POR LA EXCMA. SRA. DÑA. SOLEDAD PUÉRTOLAS VILLANUEVA
   Excelentísimo señor director, señoras y señores académicos:
          En el invisible catálogo de la desordenada sucesión de cosas de diferente naturaleza, magnitud, profundidad y alcance que llamamos vida, hay una serie de circunstancias que difícilmente se pueden prever, porque el azar distribuye los regalos a su modo. Unirme a las tareas que realiza la Real Academia Española supone para mí un honor inigualable e imprevisto. En una ocasión como ésta, quisiera ser capaz de transmitir a las señoras y señores académicos mi más profundo y emocionado agradecimiento.
   He de confesarles que la relación que tengo con la lengua, a la que consagro buena parte de mi vida, no me permite, ni mucho menos, considerarme experta en la materia. Ni en eso ni en nada. Como novelista, soy una permanente aprendiz de la expresión escrita, y eso es lo que, con toda humildad y entrega, pongo desde ahora a su servicio, la re lación de cercanía, de trato natural con la lengua que se ha ido forjando a lo largo de mi vida de escritora y que me da el necesario atrevimiento, cercano a la osadía, para dirigirme ahora a ustedes.
   La lengua ha sido desde siempre mi aliada esencial. Su capacidad de ser moldeada, de adaptarse a los más variados y extraordinarios hechos, sueños y fantasías, ha supuesto para mí uno de los grandes regalos de la vida. Y, sin duda, el que de forma más continuada y personal me ha permitido explorar, y tratar de entender, mi relación con el mundo.
   Muy en particular, quiero agradecer a doña Carmen Iglesias, don Luis Mateo Díez y don José Antonio Pascual las especialísimas deferencia y consideración de que me han hecho objeto al proponer mi candidatura a la Academia. Mi admiración por la obra y la persona de cada uno de ellos cobra desde ahora el dulce matiz del agradecimiento. El sosegado y profundo análisis que Carmen Iglesias hace de determinados momentos y personajes históricos, la mirada incisiva de José Antonio Pascual sobre el funcionamiento y la gramática de la lengua, y el tono de eternidad, de incesante discurrir, que caracteriza la prosa de Luis Mateo Díez iluminan mis hipotéticos méritos, porque los suyos están en la base de mi presencia aquí. Y eso es algo que, en momentos tan solemnes, me produce un indecible alivio. Muchas, muchísimas gracias a los tres.
                                                   *
   Me ha tocado en suerte el sillón «g». Cada letra del abecedario tiene su personalidad y su poder de evocación, cada letra arrastra tras de sí las palabras que le toca iniciar. No somos nosotros, en ocasiones como ésta, quienes escogemos las letras, sino que las letras caen sobre nosotros, como el destino, pero resulta tentador —al menos, para los novelistas— entrar en el juego de los símbolos y las interpretaciones.
   El científico don Antonio Colino ocupó el sillón «g» hasta su fallecimiento, en 2008. Ocupar el sillón que ha pertenecido a un científico me viene a recordar el peso que la ciencia tiene en la vida. Con su método paciente y tenaz de hipótesis y pruebas, la ciencia nos muestra una forma de aproximación a la realidad que resulta un complemento perfecto y necesario de la imaginación y de los sueños.
   Don Antonio Colino leyó su discurso de ingreso en la Real Academia en enero de 1972 y, como científico, hizo en él un brillante resumen de las cuestiones candentes en la época en materia de ciencia y tecnología y sobre la expresión que los avances técnicos y científicos encuentran en el lenguaje. He de confesarles que yo misma, tiempo atrás, me aventuré un poco por alguno de los caminos por los que don Antonio Colino transitó con tanto acierto y éxito. Mi aventura fue muy breve, pero dejó en mí la tentación de elucubrar en cuanto se suscitan este tipo de asuntos, en especial los que se refieren a la génesis, aprendizaje y teoría del lenguaje y sus relaciones con la psicología. La claridad con la que don Antonio Colino resumió la evolución que habían experimentado estas materias ha hecho que volviera a plantearme con cierta nostalgia una serie de cuestiones que me hubiesen pedido intensa y exclusiva dedicación y que, siguiendo oportunos consejos, abandoné para seguir los dictados, algo más arbitrarios, de mi vocación literaria.
   No deja de ser una casualidad que me haya encontrado ahora ante aquellos problemas que siempre me parecieron apasionantes, aunque me quedara en el umbral de todas las puertas. De forma que esto es lo que, entre otras cosas, representa el sillón «g» para mí: el vasto mundo de los misterios científicos. El vasto mundo, en fin, de todos los misterios.
   Y me parece muy adecuado, porque a esto me dedico, aunque de forma nada científica y sin atenerme a sistemas o métodos, porque las verdades que persigo se revelan en el campo de la creación, y no son hitos de un camino hacia un lugar preciso, sino luces aisladas que se encienden aquí y allá, en horizontes y rincones insospechados, y que no trazan ni aspiran a dibujar un itinerario descifrable.
   Quizá fuera eso lo que me hizo retroceder de todos esos umbrales de la ciencia, una disposición instintiva a no buscar verdades ni certezas, a no apoyarme en ellas. La indagación literaria parte de la incertidumbre y el riesgo, y no persigue conclusiones ni resoluciones. El sillón «g», más allá de las palabras que la letra traiga a la cabeza, se convierte para mí en recordatorio del gran misterio del mundo. Con la conciencia de ese enigma, la humanidad ha luchado, ha hecho números, ha escrito para dar testimonio de los hechos, ha creado fábulas, poemas, imágenes, músicas... El amplio e inabarcable universo es el escenario de todo lo que hacemos, de lo que somos.
   Pero la estela que don Antonio Colino ha dejado en la Academia está marcada por el aprecio personal. En los comentarios que, en diversas circunstancias, se han hecho de él, siempre se ha señalado su profunda humanidad, su modestia, su honradez, su sentido del deber y la responsabilidad y, desde luego, su entera dedicación a las tareas de las dos Academias de las que fue miembro numerario, la de las Ciencias y la de la Lengua. Antonio Colino caminó por la senda de la colaboración estrecha entre la ciencia y el lenguaje y dejó en la Academia la convicción de que esta labor resulta indispensable si se quiere vivir de acuerdo con los tiempos.
   Quienes le conocieron, quienes tuvieron la suerte y el honor de coincidir con él en esta casa, lo recuerdan con emocionado afecto y evocan su entrega continua y entusiasmada, la sencillez de su trato y la autoridad moral que irradiaba.
   Su gran amigo don Julián Marías destacó las virtudes que siempre lo acompañaron: pasión científica, avidez, entusiasmo, afán de saber, curiosidad, complacencia, ingenuidad. Y se detenía en esta cualidad, la ingenuidad. Subrayaba: «Ingenuo quiere decir ser libre, porque sin cierta ingenuidad no hay libertad en el hombre» (1).
   De manera que, por encima de todo, este sillón «g» que
don Antonio Colino ocupó y que me ha tocado en suerte representa los valores humanos que lo caracterizaron y que se encuentran en la base de toda actividad entregada y leal.
   Soy muy consciente del enorme vacío que don Antonio Colino ha dejado en la Academia. Al entrar yo en la casa, se me ofrece la posibilidad de sumarme al disfrute de su legado.
   Como, sin duda, algo de su espíritu y de su excepcional humanidad se ha quedado para siempre aquí, entre nosotros, le agradezco al azar este privilegio.
                                                 *
   Quisiera pedirles a todos los presentes que consideren con benevolencia las palabras que en ocasión tan solemne debo pronunciar. Soy escritora de ficción, y lo propio de mi oficio no es hilvanar discursos donde queden expresadas con acierto y en el adecuado tono ideas y consideraciones relativas a la lengua, sino urdir historias con ella, echando mano de todo cuanto esté a mi alcance, e incluso fuera de mi alcance, dejando que la historia me lleve, me conduzca adonde quiera llevarme.
   Mis palabras están necesariamente impregnadas de dudas e inseguridades, porque no provienen de un conocimiento detallado ni contrastado, como ocurre en el caso de los especialistas de la lengua y la literatura, sino de la intuición solitaria del creador. Por eso he querido buscar cobijo en el Quijote, la gran novela de la lengua castellana. Al aventurarme por el amplio territorio creado por Cervantes, no sin osadía, nacida, quiero pensar, de esa «cierta ingenuidad» que Julián Marías, en referencia al científico Antonio Colino, declaraba necesaria para el ejercicio de la libertad, tengo la esperanza de que su luz difumine los contornos de mis carencias.
   El Quijote es una lección constante, un estímulo continuo para los escritores. Es tan variada la gama de los tonos, ritmos y registros de la lengua que asombra la naturalidad con la que pasa de unos a otros. Jamás había alcanzado el castellano esa naturalidad y flexibilidad, esa capacidad de acomodarse a situaciones y personajes tan diversos.
   En cada una de sus líneas, en cada uno de sus episodios, en los primeros planos, en los planos de fondo, en el centro de la acción, en todos los rincones de la obra encontramos la expresión idónea, genial. La forma en que la lengua se adapta a las variadísimas circunstancias que concurren en la novela nos empuja a los escritores a acometer empresas que parecen imposibles. El pulso narrativo de Cervantes late siempre con asombrosa naturalidad y da continuamente fe de la aventura de la lengua. Esa fe que le es tan necesaria a quien hace de la literatura el centro de su vida.
   La pluma de Cervantes se atreve con todo. Su ambición es inmensa, como inmenso es su orgullo. En el Quijote se suceden los cuentos y no son pocas las veces que se opina sobre lo que se cuenta y cómo se cuenta. En el gusto de escuchar está incluido el gusto de opinar. Cervantes sabe dotar a sus personajes de la humildad y modestia requeridas para dar oportunos consejos sobre el arte de narrar, y los escritores se lo agradecemos de forma especial.
   De entre los muchos consejos que da Cervantes, me he atenido, sobre todo, al que pone en boca de maese Pedro cuando advierte a su ayudante, que se ha dejado llevar por un desmesurado impulso oratorio: «Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala» (II, XXVI, 924)(2).
   El creador es consciente de que su mirada está cargada de subjetividad y sabe que precisamente en la subjetividad estará el posible mérito de su aportación. No alberga voluntad alguna de demostración. El creador no parte de una idea previa, aspira a mostrar, busca ver. Y, finalmente, cree que ve. A esta subjetividad y esta fe me atengo, sin dejar de pedirles, de nuevo, benevolencia y generosidad.
                                                 *

NOTAS
1. Discurso de contestación de Julián Marías al discurso de ingreso de Antonio Colino. RAE, 1972.
2. La edición del Quijote que se ha utilizado ha sido la del Instituto Cervantes (Círculo de Lectores, 2004, dirigida por Francisco Rico), y a ella corresponde la numeración.

PRENSA. 4 enero 2011

   En "El País":

1. El mercado. Columna de Rosa Montero.

2. La nariz de Malraux. Por Enrique Vila-Matas.

3. Investigar o someterse, he ahí el dilema. Reportaje de Juan G. Bedoya. Grandes pensadores cristianos se refugian en centros laicos ante la censura del Vaticano - Roma ha perdido el monopolio teológico. La silla de Galileo. Análisis de Juan José Tamayo.

4. Cuando Salinas se salta el amor. Berenice edita 'La bomba increíble', novela de ciencia ficción del poeta.

lunes, 3 de enero de 2011

LITERATURA ESPAÑOLA Y UNIVERSAL (FRAGMENTOS). "Le chien et le flacon" ("El perro y el frasco"), de Charles Baudelaire (1821-1867)

Charles Baudelaire

LE CHIEN ET LE FLACON

   "-Mon beau chien, mon bon chien, mon cher toutou, approchez et venez respirer un excellent parfum acheté chez le meilleur parfumeur de la ville".
   Et le chien, en frétillant de la queue, ce qui est, je crois, chez ces pauvres êtres, le signe correspondant du rire et du sourire, s’approche et pose curieusement son nez humide sur le flacon débouché ; puis, reculant soudainement avec effroi, il aboie contre moi en manière de reproche.
   "-Ah ! misérable chien, si je vous avais offert un paquet d’excréments, vous l’auriez flairé avec délices et peut-être dévoré. Ainsi, vous-même, indigne compagnon de ma triste vie, vous ressemblez au public, à qui il ne faut jamais présenter des parfums délicats qui l’exaspèrent, mais des ordures soigneusement choisies".

EL PERRO Y EL FRASCO (Traducción)
   -Lindo perro mío, buen perro, chucho querido, acércate y ven a respirar un excelente perfume, comprado en la mejor perfumería de la ciudad.
   Y el perro, meneando la cola, signo, según creo, que en esos mezquinos seres corresponde a la risa y a la sonrisa, se acerca y pone curioso la húmeda nariz en el frasco destapado; luego, echándose atrás con súbito temor, me ladra, como si me reconviniera.
   -¡Ah miserable can! Si te hubiera ofrecido un montón de excrementos los hubieras husmeado con delicia, devorándolos tal vez. Así tú, indigno compañero de mi triste vida, te pareces al público, a quien nunca se ha de ofrecer perfumes delicados que le exasperen, sino basura cuidadosamente elegida.

ARTE. PINTURA. "The Helping Hand" (1884), de Eugene de Blaas (1843-1931)

POESÍA. "Canción al Niño Jesús", de Gerardo Diego (1896-1987)

Gerardo Diego

Canción al Niño Jesús

Si la palmera pudiera
volverse tan niña, niña,
como cuando era una niña
con cintura de pulsera,
para que el Niño la viera...

Si la palmera tuviera
las patas de borriquillo,
las alas de Gabrielillo,
para cuando el Niño quisiera
correr, volar a su vera...

Si la palmera supiera
que sus palmas, algún día...
Si la palmera supiera
por qué la Virgen María
la mira... Si ella supiera...

Si la palmera pudiera...,
la palmera...

PRENSA CULTURAL. "Babelia". LOS LIBROS DEL AÑO (9): "Tarde o temprano", de José Emilio Pacheco (México, 1939)

José Emilio Pacheco
Tarde o temprano (Poemas 1958-2009)
José Emilio Pacheco
Tusquets. Barcelona, 2010
840 páginas. 28 euros
CD. Fondo de Cultura Económica
9 euros

   La poesía de José Emilio Pacheco es tan viva que su autor, aunque haya alcanzado la cumbre de los reconocimientos generales y las recopilaciones canónicas como Tarde o temprano, nunca se asimilará a los "pobladores de un sarcófago / llamado Obras completas". Humilde y verdadero frente a quienes se ponen estupendos pregonando la eternidad de la poesía, el mexicano escribe que "Todo poema es un ser vivo: / envejece"; o, en versión cantable, "Acaso nuestros versos duren tanto / como un modelo Ford 69 / -y muchísimo menos que el Volkswagen". Sus palabras portan significados mutantes y equívocos, y recogen las afluencias de toda la humanidad que atraviesa los siglos tratando de entender y de entenderse. Lúcida constatación de la pérdida y la degradación de los ideales ("Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los veinte años"), su poesía hace piña con el sufrimiento universal, renunciando a darse por vencida. Su pesimismo destila, sin pretenderlo, una lección moral, como en la fábula de ese pez que contempla desde su acuario la aparatosa vanidad de los hombres y se compadece al saberlos presos del aire: "Algún día / he de verlos inertes, boca arriba, / flotantes en la cima de su Nada". No hay muchos poetas de circunstancias tan esenciales y de cotidianidad tan saturada de bellezas.
                                                  Ángel L. Prieto de Paula

PRENSA. 3 enero 2011

   En "El País":

1. Salud. Columna de Almudena Grandes.

2. Un año de ambiciones e incógnitas. Reportaje. El Tintín de Spielberg, una gran retrospectiva de Antonio López y las esperadas novelas de Marsé, Marías y Murakami serán algunos hitos culturales de 2011.

3. Los internautas leen mejor. Reportaje de J. A. Aunión. El informe PISA revela que los alumnos que más usan la Red desarrollan mayor comprensión lectora - Los adolescentes españoles chatean por encima de la media.

4. El oficio de fiscal. Artículo de Marc Carrillo, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad 'Pompeu Fabra'.

5. Lo importante, e ignorado, en el año 2010. Por Andrés Oppenheimer.

domingo, 2 de enero de 2011

POESÍA. "Duérmete, niño mío...", de Luis Rosales (1910-1992)

Luis Rosales

DUÉRMETE, NIÑO MÍO

Duérmete, niño mío,
flor de mi sangre,
lucero custodiado,
luz caminante.

Si las sombras se alargan
sobre los árboles,
detrás de cada tronco
combate un ángel.

Si las estrellas bajan
para mirarte,
detrás de cada estrella
camina un ángel.

Si la nieve descansa
sobre tu carne,
detrás de cada copo
solloza un ángel.

Si viene el mar humilde
para besarte,
detrás de cada ola
relumbra un ángel.

¿Tendrá el sueño en tus ojos
sitio bastante?
Duérmete, recién nacido,
pan de mi carne,

lucero custudiado,
luz caminante,
duerme, que calle el viento...,
dile que calle.

NOVELA: "Sunset Park" (fragmento), de Paul Auster

Paul Auster

   Durante casi un año ya, viene tomando fotografías de cosas abandonadas. Hay como mínimo dos servicios al día, a veces hasta seis o siete, y siempre que entra con sus huestes en otro domicilio, se enfrenta con las cosas, los innumerables objetos desechados por las familias que se han marchado. Los ausentes han huido a toda prisa, avergonzados, confusos, y seguro que dondequiera que habiten ahora (si es que han encontrado un lugar para vivir y no han acampado en la calle), sus nuevas viviendas son más pequeñas que los hogares que han perdido. Cada casa es una historia de fracaso –de insolvencia e impago, deudas y ejecución de hipoteca– y él se ha propuesto documentar los últimos y persistentes rastros de esas vidas desperdigadas con objeto de demostrar que las familias desaparecidas estuvieron allí una vez, que los fantasmas de gente que nunca verá ni conocerá siguen presentes en los desechos esparcidos por sus casas vacías.
   Sacar la basura, llaman a ese trabajo, y él forma parte de un equipo de cuatro personas empleado por la Compañía Inmobiliaria Dunbar, que subcontrata sus servicios de "mantenimiento de viviendas" a los bancos de la zona que ahora son los dueños de las propiedades en cuestión. En las extensas llanuras del sur de Florida abundan esas estructuras huérfanas, y como a los bancos les interesa volverlas a vender cuanto antes, hay que limpiar, arreglar y preparar las casas desalojadas para enseñárselas a los posibles compradores. En un mundo que se viene abajo, abrumado por la ruina económica e implacables privaciones en incesante aumento, sacar la basura es uno de los pocos negocios florecientes en la zona. Sin duda tiene suerte de haber encontrado ese trabajo. No sabe cuánto tiempo podrá seguir aguantándolo, pero el salario es bueno, y en un país donde cada vez escasea más el empleo, seguro que es una buena ocupación.
   Al principio, se quedaba estupefacto por el desorden y la suciedad, el abandono. Rara vez entra en una vivienda que sus antiguos dueños hayan dejado en prístinas condiciones. Lo más frecuente es que se haya producido un estallido de ira y violencia, una orgía de caprichoso vandalismo a la hora de marcharse: desde dejar los grifos de los lavabos abiertos y las bañeras desbordándose hasta muros demolidos a mazazos, paredes cubiertas de pintadas obscenas o agujereadas a balazos, sin mencionar las tuberías de cobre arrancadas, las alfombras manchadas de lejía, los montones de mierda depositados en la sala de estar. Son ejemplos extremos, quizás, actos impulsivos provocados por la rabia de los desposeídos, expresiones de desesperación, vergonzosos pero comprensibles, y aunque no siempre le da repugnancia entrar en una casa, nunca abre la puerta sin un sentimiento de aprensión. Inevitablemente, lo primero con lo que hay que lidiar es el olor, la embestida de aire enrarecido que le penetra súbitamente por las ventanas de la nariz, los omnipresentes y mezclados olores a moho, leche agria, excrementos de gato, retretes con una costra de porquería y alimentos podridos en la encimera de la cocina. Ni con el aire fresco entrando a raudales por las ventanas abiertas se elimina esa peste; ni siquiera la limpieza más atenta y escrupulosa puede borrar el hedor de la derrota.
   Después, siempre, están los objetos, las pertenencias olvidadas, las cosas abandonadas. A estas alturas, ya tiene miles de fotografías, y entre su creciente archivo pueden encontrarse imágenes de libros, zapatos y cuadros al óleo, pianos y tostadoras, muñecas, juegos de té y calcetines sucios, televisores y juegos de mesa, vestidos de fiesta y raquetas de tenis, sofás, lencería de seda, pistolas de silicona, chinchetas, soldaditos de plástico, barras de labios, rifles, colchones descoloridos, cuchillos y tenedores, fichas de póquer, una colección de sellos y un canario muerto que yace en el fondo de su jaula. No sabe por qué se siente impelido a tomar esas fotografías. Comprende que es una empresa vana, que a nadie puede ser de utilidad, y sin embargo cada vez que pone los pies en una casa, siente que las cosas lo llaman, que le hablan con las voces de la gente que ya no está, pidiéndole que las mire una vez más antes de que se las lleven. Los demás miembros de la cuadrilla se burlan de él por esa manía de sacar fotos, pero no les hace caso. No cuentan mucho en su opinión, y los desprecia a todos. Victor, el tarado, jefe del grupo; Paco, el parlanchín tartamudo, y Freddy, el gordo jadeante: los tres mosqueteros de la fatalidad. La ley dispone que todos los objetos recuperables que superen un determinado valor deben entregarse al banco, que a su vez está obligado a devolverlos a sus dueños, pero sus compañeros se quedan con lo que se les antoja sin darle mayor importancia. Lo consideran estúpido por desdeñar el botín –botellas de whisky, radios, reproductores de cedés, un equipo de tiro al arco, revistas porno–, pero lo único que él quiere son fotografías: no las cosas, sino sus imágenes. Lleva ya algún tiempo procurando hablar lo menos posible en el trabajo. A Paco y Freddy les ha dado por llamarle El Mudo.
   Tiene veintiocho años, y a su leal saber y entender, carece de ambiciones. De ambiciones desmedidas, en cualquier caso, y de ideas claras en cuanto a labrarse un posible porvenir. Sabe que no se quedará mucho tiempo más en Florida, que está llegando el momento en que sentirá el impulso de ponerse otra vez en marcha, pero hasta que esa necesidad emocional madure y se transforme realmente en acto, se contenta con permanecer en el presente sin mirar hacia delante. Si algo ha conseguido en los siete años y medio pasados desde que dejó la universidad y se puso a trabajar por su cuenta, es esa capacidad de vivir en el presente, de limitarse al aquí y ahora, y aunque no sea el logro más laudable que quepa imaginar, alcanzarlo le ha costado considerable disciplina y dominio de sí mismo. No tener planes, que es lo mismo que carecer de deseos y esperanzas, contentarse con su suerte, aceptar lo que el mundo ofrece cada día; para vivir así hay que querer muy poca cosa, tan poco como resulte humanamente posible.
   De manera gradual, ha ido reduciendo sus deseos hasta lo que ahora se acerca a lo justo. Ha dejado de fumar y de beber, ya no come en restaurantes, ni siquiera tiene televisor, radio ni ordenador. Le gustaría cambiar el coche por una bicicleta, pero no puede quedarse sin él, porque la distancia que debe recorrer para ir al trabajo siempre es muy grande. Lo mismo puede decirse del teléfono móvil que lleva en el bolsillo y que le encantaría tirar a la basura, pero también lo necesita para el trabajo y por tanto no puede pasarse sin él. La cámara digital ha sido un lujo, quizá, pero dada la monótona y agotadora rutina del trabajo de limpieza, tiene la impresión de que le está salvando la vida. Paga poco de alquiler, porque vive en un apartamento pequeño, en un barrio humilde, y aparte de gastar dinero en necesidades básicas, el único lujo que se permite es comprar libros, volúmenes de bolsillo, narrativa en su mayor parte, novelas norteamericanas, británicas, traducidas de lenguas extranjeras; pero en el fondo los libros no son lujos sino necesidades, y la lectura es una adicción de la que no desea curarse.
   De no haber sido por la chica, probablemente se habría marchado antes de fin de mes. Tiene ahorrado lo suficiente para irse a donde le dé la gana, y no hay duda de que está harto del sol de Florida, del cual, tras mucho estudio, cree ahora que es más perjudicial que beneficioso para el espíritu. En su opinión es un sol maquiavélico, un sol hipócrita, y la luz que genera no ilumina las cosas sino que las oscurece: cegando con su continua y excesiva refulgencia, machacándole a uno con sus ráfagas de vaporosa humedad, desequilibrándolo con sus reflejos de espejismo y trémulas oleadas de vacío. Todo es brillo y resplandor, pero no ofrece sustancia, ni tranquilidad ni tregua. Sin embargo, fue en esa luz donde vio a la chica por primera vez, y como es incapaz de renunciar a ella, continúa viviendo bajo ese sol al tiempo que trata de reconciliarse con él.

PRENSA CULTURAL. "Babelia". LOS LIBROS DEL AÑO (8): "Dublinesca", de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948)

Enrique Vila-Matas
Dublinesca
Enrique Vila-Matas
Seix Barral. Barcelona, 2010
325 páginas. 19 euros

   ¿Por qué Samuel Riba, el protagonista de Dublinesca -un editor literario convencido de que asistimos al final de la era Gutenberg-, piensa en redactar una teoría general de la novela cuyos elementos esenciales son "intertextualidad; conexiones con la alta poesía; conciencia de un paisaje moral en ruinas; ligera superioridad del estilo sobre la trama; la escritura vista como un reloj que avanza? ¿No había ya sembrado Vila-Matas sus anteriores novelas con similares referencias metaficcionales? Sí y no, según advierte enseguida todo lector vilamatiano que al adentrarse en Dublinesca pronto ve reaparecer lo que Baroja llamó el "fondo personal" de un escritor: en este caso, temas como la impostura, la idea de viajar y perder países, la muerte, la bella infelicidad; y una escritura articulada a partir del fragmentarismo y el collage, y que en su avance despliega un mosaico hecho de piezas de muy diversa naturaleza y que proceden del doble plano con que "juega" el escritor: realidad y ficción. Dublinesca llega tras el despojamiento que Vila-Matas operó en Doctor Pasavento (2005). Narrada en tercera persona, se acentúa esa conciencia de un paisaje moral en ruinas, con el trazado paródico del fin de un mundo (la paradoja de unos amigos reunidos en Dublín el Bloomsday, que eligen ese día de culto y exaltación joyceana para enterrar la literatura); se desdibuja la noción de espacio-tiempo, pasando de la inmovilidad y el encierro en los angostos y anodinos espacios cotidianos a la errabundia dublinesca y la melancolía del mar, convirtiendo la espera -el gran tema de esta novela- en una radical afirmación del presente, sin nostalgia del pasado ni temor del futuro. Como la novela de Joyce, también Dublinesca está pensada "para que unos gestos anecdóticos revistan la solidez de una epopeya". Y resuenen los ecos más extremos: la elegía, el salmo.
                                                               Ana Rodríguez Fischer

MÚSICA: "Marcha Radetzky", de Johann Strauss (padre)

   CONCIERTO DE AÑO NUEVO DEL 2010. Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por Georges Prêtre:

PRENSA (2). 2 enero 2011

   En suplementos de "El País":

1. La oscura diplomacia del Tercer Reich. Reportaje de Laura Lucchín. Un nuevo libro implica a los embajadores de la Alemania nazi en las deportaciones y la eliminación de judíos. El mito del distanciamiento de los diplomáticos del Reich se derrumba.

2. Hijos en propiedad. Por Elvira Lindo.

3. El don de los vecinos. Por Maruja Torres.

4. ¿De qué hablaremos en 2011? Reportaje de Winston Manrique, Lucas Arraut, Iker Seisdedos, Anatxu Zabalbeascoa y Gregorio Belinchón. Adelantamos titulares. Estas son algunas de las claves en libros, música, cine o Internet que marcarán los próximos 12 meses.

5. El calor de nuestro hogar. Reportaje de psicología. Por Jenny Moix. Diferentes estudios han demostrado los efectos terapéuticos de la arquitectura y la decoración. Nuestro hogar es nuestro refugio, y pensar en cómo sentirnos a gusto en él, una premisa para mejorar nuestro ánimo.

6. "Un buen etnólogo debe sentir como propio lo de los demás". Entrevista a Cristina Sánchez-Carretero. Por Luis Miguel Ariza. Observar es la base del trabajo de esta antropóloga del CSIC, reconocida internacionalmente por sus estudios relacionados con la manifestación pública del dolor y el duelo.

7. Por qué escribo. Reportaje de Jesús Ruiz Mantilla. Algunos llegaron a la literatura por vocación, por el placer de la lectura y para emular a los autores que admiraban. ahora crean por necesidad vital o simplemente lo hacen por dinero. cincuenta autores de renombre nos desvelan los secretos de su obra, los motivos por los que dedican sus vidas a la escritura.

8. El milagro de La Nueva Gloria. Almudena Grandes, sobre una biblioteca comunitaria.

9. Mirar lo inadvertido. Por Javier Marías.

PRENSA (1). 2 enero 2011

   En "El País":

1. Rotación. Columna de Manuel Vicent.

2. Güisqui no gustó, ¿gustará pirsin? Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. Los extranjerismos enriquecen el léxico español aunque amenazan la coherencia de la ortografía - La RAE trata de adaptarlos, pero el uso manda.

3. Peristas y libertarios. Artículo del sociólogo José Ignacio Wert, sobre la piratería en internet.

4. Carlos o el sueño americano. Artículo de Mario Vargas Llosa. 'Missing (una investigación)', de Alberto Fuguet, retrata de manera vívida y persuasiva las ilusiones, éxitos y derrotas de los hispanos que se fugan a Estados Unidos en pos de algo esquivo y fugaz.

5. Euro, Europa. Por Samí Naïr. La imperfección del modelo monetario escogido ha llevado a Europa al borde del abismo.

6. Ecocidio. Por Luis Manuel Ruiz.

sábado, 1 de enero de 2011

POESÍA. "Navidad", de Jorge Guillén (1893-1984)

Jorge Guillén
NAVIDAD

Alegría de nieve
por los caminos.
¡Alegría!
Todo espera la gracia
del Bien Nacido.

Miserables los hombres,
dura la tierra.
Cuanta más nieve cae
más cielo cerca.

¡Tú nos salvas,
criatura
soberana!

Aquí está luciendo
más rosa que blanca.
Los hoyuelos ríen
con risas calladas.

Frescor y primor
lucen para siempre
como en una rosa
que fuera celeste.

Y sin más callar,
grosezuelas risas
tienden hacia todos
una rosa viva.

¡Tú nos salvas,
criatura
soberana!

¡Qué encarnada la carne
recién nacida,
con qué apresuramiento
de simpatía!

Alegría de nieve
por los caminos.
¡Alegría!
Todo espera la gracia
del Bien Nacido.

CÓMIC. Portadas de la Revista "Creepy" (1965-1970), por Frank Frazetta (1928-2010) (y 5)



PRENSA CULTURAL. "Babelia". LOS LIBROS DEL AÑO (7): "Algo va mal", de Tony Judt (1948-2010)

Tony Judt
Algo va mal
Tony Judt
Traducción de Belén Urrutia
Taurus. Madrid, 2010
256 páginas. 19 euros

   Este libro, dictado penosamente por el autor cuando ya había contraído una incapacitadora enfermedad, constituye un ajuste de cuentas con el espíritu social y político de nuestra época, la época del individualismo y el capitalismo rampante y sin enemigos. Tony Judt lo hace desde una cierta añoranza del momento álgido del pacto social-democrático, que contribuyó, con todos sus altibajos, a forjar la sociedad más justa y vertebrada de que se tiene noticia. Su protesta contra el tiempo presente se formula, además, desde la convicción de que vivimos en tiempos sin esperanza, sin proyecto de futuro, desde el vacío de un mundo sin alternativas. Pero lo hace sin proclamas retóricas, guiado por datos y una indudable capacidad para desvelar las consecuencias de un sistema que ha dejado de lado el valor de la acción colectiva y ha abandonado los fines de la igualdad y la cohesión social. El primado de la maximización del interés individual, el enriquecimiento y la eficiencia económica como fin en sí mismo, sin consideración del desgarro social que provocan, deberían estimular a buscar una respuesta desde los partidos de izquierda. Sin ofrecer una alternativa propia, Judt al menos contribuye a sacudir nuestra adormecida conciencia social. Imprescindible.
                                                             Fernando Vallespín

PRENSA. 'Obispollo', de Maruja Torres

Maruja Torres
   En "El País":

'Obispollo'

MARUJA TORRES 30/12/2010

   La jerarquía católica española no nos deja en paz ni siquiera cuando hasta los ateos nos sentimos tiernos en los días en que reina el Niño Jesús y nos deseamos cosas buenas los unos a los otros y hacemos propósitos para afrontar la vida.
   El de Alcalá de Henares -pardiez, lugar de tanta solera literaria no merece a semejante cabestro-, el obispo Juan Antonio Reig Pla, acaba de vincular la violencia de género a los nuevos modelos de familia. Aparte de que se me ocurre que para patrón familiar de fantasía, el que ellos pregonan -casarse con la Iglesia, que las monjas sean esposas de Cristo, etcétera- no es en absoluto manco, lamento comunicarle, pollo, que poseo información de primera mano sobre eso que afirma de que entre los casados por el altar verdadero no se producen malos tratos.
   Mi padre, a quien sin duda la Iglesia perdonó pero yo no, se casó dos veces, las dos por la Iglesia, y a sus dos esposas las embreó hasta cansarse.
   La primera recibió como premio divino a su comportamiento -era muy buena y sumisa- fallecer en un bombardeo que sembró el dolor en Barcelona, por parte de los católicos mussolinianos que le echaban una mano a Franco.
   La segunda mujer, mi madre, era la que me proporcionaba las buenas noticias que ahora comparto con ustedes y que nunca, nunca en mi vida olvidaré ni disculparé. "Me ha dicho el padre que aguante con resignación cristiana, que es la cruz que me ha tocado llevar".
   Eso es lo que me contaba la pobre cuando regresaba del confesionario, ese lugar de amansamiento y control que ha utilizado la institución católica para tenernos sometidas a su patriarcado indecente. Y para, de paso, formar una red de espionaje a nivel mundial que ya quisiera para sí el Mossad.

viernes, 31 de diciembre de 2010

POESÍA. "¿Dónde vas, carpintero?", de Gloria Fuertes (1917-1998)

Gloria Fuertes

¿DÓNDE VAS, CARPINTERO?
                                         (VILLANCICO)

-¿Dónde vas, carpintero,
con la nevada?
-Voy al monte por leña
para dos tablas.

-¿Dónde vas, carpintero,
con esta helada?
-Voy al monte por leña,
mi Padre aguarda.

-¿Dónde vas con tu amor,
Niño del Alba?
-Voy a salvar a todos
los que no me aman.

-¿Dónde vas, carpintero,
tan de mañana?
-Yo me marcho a la guerra
para pararla.