martes, 4 de diciembre de 2012

PRENSA CULTURAL. Sobre Caballero Bonald, Premio Cervantes 2012

José Manuel Caballero Bonald

   En "El País":

El triunfo poético de la desobediencia

José Manuel Caballero Bonald, poeta, narrador, memorialista y ensayista andaluz, obtiene a los 86 años el reconocimiento más importante de las letras españolas

 Madrid 29 NOV 2012

“Yo soy un escritor de la estirpe de los desobedientes. De la línea que en España viene de Góngora, que le gusta inventar en contra de la tradición; no soy heredero de la literatura de la posguerra, realista, naturalista. Me siento más unido a esa tradición latinoamericana de autores como Lezama, Rulfo, Carpentier… de la tierra donde he vivido tantos años”.
Son las 61 palabras con las que se autorretrata José Manuel Caballero Bonald, tres horas después de que el ministro de Educación Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, lo llamara para comunicarle que había sido distinguido con el Premio Miguel de Cervantes 2012. Era la una y media de la tarde y el poeta andaluz de 86 años (Jerez de La Frontera, 1926) estaba en su casa de Madrid, precisamente, revisando un artículo de Cervantes que incluirá en el libro que saldrá en enero titulado Oficio de lector (Seix Barral), donde reúne sus reseñas, conferencias y prólogos que revelan sus predilecciones literarias. Una noticia con doble efecto inmediato: orgullo y la mejoría de un catarro que arrastra desde hace 10 días.
“Me emociona, y yo soy muy llorón, sobre todo porque es un premio que recompensa y corona una vida entera dedicada a la literatura. Era mi turno”, reconoce este poeta, narrador y ensayista que con este premio clausura un año especial porque hace 60 publicó su primer poemario, Las adivinaciones, y hace 50 debutó en la novela con Dos días de septiembre.Hechos que destacó el académico Darío Villanueva, miembro del jurado en la lectura del fallo: “Su primera dedicación fue poética y la ha mantenido viva hasta hoy. No ha guardado la pluma y sigue presente en nuestro repertorio. Fue evolucionando hacia una novela que nunca renunció a la poesía de la palabra, es un fabulador de historias y un maestro en el uso del idioma”.
Pertenece a una estirpe de escritores activos, inquietos y sin miedo a la exploración de las palabras por su significado y sonido en busca de borrar las fronteras de los géneros literarios. Uno de los sobrevivientes de la llamada “generación de los años cincuenta” de la cual forman parte autores como Juan García Hortelano, Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente o Claudio Rodríguez.
Literatura, Latinoamérica, influencias, Cervantes y el discurso que daría y la mirada sobre el presente son los aspectos sobre los que Caballero Bonald habla, sentado en su mecedora, en una esquina del salón, con una voz musgosa por el catarro, pero sin perder su habitual redondez y claridad en la pronunciación.
“Esa generación del cincuenta ha sido valorada de manera intermitente por los críticos. No ha tenido un enfoque serio. No creo en los grupos, creo en los nombres propios, y en este caso Barral, Valente, Claudio Rodríguez o Francisco Brines. Poetas que han dado a la poesía del siglo XX un giro nuevo. Han aprovechado la enseñanza de los del 27 y han hecho cosas tan valiosas como ellos”.
Y brota la evocación con la amistad que los unía hasta topar con su propia poesía:
“No tengo mucho que ver con la tradición del realismo de Galdós o Baroja. Me distancio del sencillismo y escritura de vuelo rasante que es una copia de la realidad y le falta interpretación. Me siento más cerca de América Latina: mi padre era cubano, viví en Colombia, recorrí el continente, allí hice mis primeros amigos literarios y descubrí a esos autores que no temen explorar. Todo gran escritor es un gran desobediente”.
Mientras sus palabras siguen creando su autorretrato personal y literario, los teléfonos no dejan de sonar, incluido el timbre, pero ahí está Pepa Ramis, su esposa, despejando la vorágine, y a quien dedica el premio; para luego hablar de sus primeras pasiones:
“Los latinos. Desde que era joven leía a Horacio, a Virgilio… Cuando traducía latín me resultaba placentero e inigualable. Quizá haya restos de todo eso en mi poesía. ¡Yo soy sobre todo poeta y memorialista! En cambio, soy novelista de producción discreta. La novela me ha interesado a ráfagas. De mi obra novelística solo salvo Ágata ojo de gato porque tiene mucho de mi poesía y búsquedas. Las otras son ejercicios literarios discretos”.
No así Entreguerras (Seix Barral), su libro de enero pasado, una suerte de autobiografía de casi 3.000 versos que transmiten el ritmo del flujo torrencial de los recuerdos y la memoria. Ha anunciado que es lo último:
“No me queda tiempo para plantearme un libro a largo plazo. Pero no podré escapar de dos palabras que busquen juntarse para crear un verso. Las depositaré en la memoria y no podré resistirme a no escribir un poema”.
Hasta que hace una confesión sobre el Premio Cervantes y el discurso que dictará el 23 de abril:
“Es un premio en el que uno piensa intermitentemente. Todos los escritores lo hacen. Y yo tengo por ahí un texto sobre Sevilla y Cervantes, donde sus pasos por aquella gran Babilonia del XVI y XVII. La poesía de Cervantes ha sido mal entendida y menospreciada. Con Cernuda pensábamos que era un gran poeta. Alguien que escribió El Quijote es un buen poeta”.
Las palabras de Caballero Bonald deambulan por los territorios cervantinos hasta retornar al de sus deudas literarias a través de lo que ha estudiado y sido en sus 86 años:
“¿Náutica? Se hacen ejercicios de cálculo de navegación. Y yo tengo una secreta vocación por las matemáticas. Eso era lo que hubiera querido ser. La poesía es música y matemáticas. Para eso me ha servido, para aplicar cierto rigor en la estructura poética. En cambio, la astronomía no me ha servido para nada. Menos aún Filosofía y Letras porque la facultad donde estudié era inservible. Lo mío es la vida contemplativa. Es mi vocación. Me gusta ver pasar la vida debajo de un árbol…”.
En ese mirar la vida, su descripción del presente en España es como uno de sus últimos versos: “Me produce zozobra creciente. Estamos en un camino tenebroso. No se sabe qué ocurrirá mañana que no haya pasado ya. Son los umbrales de la catástrofe”.

PRENSA CULTURAL. "Breve guía del escritor total": algunas obras de Caballero Bonald

Caballero Bonald

   En "El País":

Breve guía del escritor total

Bonald es uno de esos escasísimos autores con asiento propio (y de primera fila) en varios géneros de la historia de la literatura española

 Madrid 29 NOV 2012 

Poeta, novelista, memorialista, ensayista e historiador (del flamenco), José Manuel Caballero Bonald es uno de esos escasísimos autores con asiento propio (y de primera fila) en varios géneros de la historia de la literatura española. En un país como España, que rara vez da para dos ideas distintas sobre la misma persona, la obra del recentísimo Cervantes ha sido reconocida con el premio de la Crítica en tres ocasiones y en dos disciplinas distintas: la poesía —Las horas muertas (1959); Descrédito del héroe (1977)— y la novela —Ágata ojo de gato (1974)—. Lo que sigue es una breve guía de lectura para acercarse a un escritor total, que, además, en enero próximo publicará Oficio de lector (Seix Barral), una recopilación de ensayos, reseñas, prólogos y conferencias inéditas sobre autores como Góngora, Mallarmé, Juan Ramón Jiménez, Juan Carlos Onetti o José Ángel Valente. Y, por supuesto, Cervantes.

La poesía

Las adivinaciones (1952). Ganador de un accésit del mítico Premio Adonais (agente consagrador de la generación del 50), fue el libro con el que se estrenó alguien que ha sido narrador de forma intermitente pero poeta toda su vida. Aparentemente realista, la de sus versos es una realidad inventada y transfigurada por un lenguaje preciosista. Además, contiene el poema con el que todavía hoy su autor abre muchas de sus lecturas públicas, “Versículos del Génesis”, un arrebatado canto a la nocturnidad. La noche es, junto al mar, uno los grandes temas de su obra poética.
Descrédito del héroe (1977). El gran libro de madurez. Después de pagar peaje al compromiso social antifranquista con Pliegos de cordel(1963), cuajó una voz que el propio poeta ha definido como hecha de “predilectas dicciones latinas” y “atemperadas resonancias barrocas”. Su escritura coincidió con la de la novela Ágata ojo de gata y Caballero Bonald siempre ha subrayado el parentesco entre ambas en una búsqueda de “zonas prohibidas de la experiencia”. Entre la ensoñación, la realidad y el mito.
Entreguerras (2012). Se publicó en enero de este mismo año. Un solo poema de casi 3.000 versos que mezcla irracionalismo y autobiografía para, en una ebriedad desatada, crear un particular reflexión sobre la naturaleza de las cosas. No en vano, el De Rerum Natura de Lucrecio es el demonio tutelar de un libro torrencial que siguió al indignado Manual de infractores y al elegíaco La noche no tiene paredes y que el propio Caballero Bonald anunció como su último libro de poemas. Nunca se sabe.

Las novelas

Dos días de septiembre (1962). Caballero Bonald debutó como novelista ganando el Premio Biblioteca Breve con una historia que transcurre durante la vendimia de 1960. Una ácida critica a una sociedad latifundista, anquilosada y atravesada por las diferencias entre ricos y pobres. No tardó en verse como un trasunto del Jerez natal del escritor.
Ágata ojo de gato (1974). La cumbre narrativa del escritor andaluz fue una refundación mítica del Coto de Doñana, Argónida en su léxico particular. Novela que responde a una formulación poética sin caer en ese engendro de la prosa poética, el libro repasa la vida de varias generaciones de un mismo linaje. Con todo, su personaje principal es el paisaje. Y el lenguaje.

Las memorias

La novela de la memoria (2010). Un año después de publicar su poesía completa bajo el título de Somos el tiempo que nos queda, el nuevo premio Cervantes reunió en un volumen de casi 1.000 páginas los dos tomos de sus memorias: Tiempo de guerras perdidas (1995) y La costumbre de vivir (2001). De la infancia andaluza a la formación literaria en Madrid pasando por sus años como profesor en Colombia o como secretario de Papeles de Son Armadans –la revista fundada por Camilo José cela-, estas memorias son un retrato sin concesiones de la España de la segunda mitad del siglo XX y una radiografía sin maquillar de su mundillo literario. Los recuerdos se detienen en la Transición. Caballero Bonald no ha querido seguir haciendo memoria. Ni sangre.

PRENSA. "Más toques de fe que de historia", reportaje

El Papa reza ante el portal de Belén del Vaticano. / REUTERS ("El país")

   En "El País":

Mas toques de fe que de historia

Benedicto XVI sostiene que se saben “pocas cosas” sobre Jesús, pero lo enlaza con el emperador Augusto como “una conexión interplanetaria” y lo emparenta con el rey David

 2 DIC 2012

“Cualquiera es libre de contradecirme”. Esta advertencia de Benedicto XVI figura en el prólogo del segundo tomo de su jaleada biografía sobre Jesús. Conviene no olvidarla para entender el tercero y último, que acaba de publicarse con el título La infancia de Jesús. El cardenal Antonio María Rouco lo presenta mañana en la Biblioteca Nacional. “No he intentado escribir una cristología”, confiesa el Papa, como justificándose. Efectivamente, el libro no es una biografía al uso, ni de lejos, sino una exhibición de elaboraciones teológicas, “una cristología desde arriba”, por citar el precedente famoso de El Señor, de Romano Guardini, tan admirado por el Papa.
El lanzamiento del libro ha contado con una polémica en torno a la presencia, o no, de un buey y un asno en el establo donde nació el fundador cristiano. También se ha discutido la insistencia del Papa en que todo empezó en un pesebre de Belén, adonde el matrimonio José y María habría acudido para cumplir con un censo decretado por Roma. Historiadores antiguos y modernos desmienten esa tesis con toda certeza. En realidad, al Papa le importa poco el debate sobre los hechos. Partiendo de su idea de que se saben pocas cosas sobre Jesús, a Benedicto XVI le motiva más el que los hechos coincidan con profecías de la Biblia. Si no coinciden, peor para los hechos.
Benedicto XVI conoce el terreno que pisa. Por ejemplo, descarta a Nazaret como el lugar del pesebre porque le venía mal a profecías que va a manejar. Si Jesús hubiera nacido en Nazaret, una pequeña ciudad de Galilea antes de él sin ninguna celebridad, ¿cómo casar el que descendiese de la casa de David? También se derrumbaría con estrépito la larga genealogía de José, el padre legal de Jesús, que remonta hasta Adán pasando por David y Salomón. El fundador del cristianismo, qué menos que emparentarse con reyes y compararse con el emperador Augusto. Los Evangelios —del griego, buena noticia— son relatos para endiosar a un fundador, como habían hecho antes —y hacen después— los escribas de otras tradiciones.

El Papa intenta mantenerse "al margen de las controversias"
Ha pensado Ratzinger en esa circunstancia cuando escribe (página 11) que “Nazaret no era un lugar que hubiera recibido promesa alguna”. Recuerda, por eso, la respuesta que un futuro discípulo de Jesús, Felipe, ha dado a su compañero Natanael cuando este le comunica que “aquel de quien escribieron los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret”. La respuesta de Felipe es conocida, y al Papa le gusta subrayarla: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”.
Como si hubieran leído esta frase del libro, dos tuiteros reflexionaban graciosamente estos días, en medio del belén que se ha armado con las dudas sobre si había, o no, bueyes y burros en el dichoso establo. “¿Para qué nacer en Lepe, pudiendo ser de Bilbao?”, decía uno. Contestaba otro: “Seamos universales: ¿para qué ser de Idaho pudiendo nacer en California?”. Un tercero pregunta: “¿Y dónde aparcó su mula José? ¿O es que la virgen María, a punto de parir, tuvo que viajar a patita de Nazaret a Belén?”.
Benedicto XVI, de civil Joseph Ratzinger, de 85 años, empezó a escribir esta obra antes de encumbrarse en el pontificado romano, en 2005. Eso quiere decir que el primer tomo, y probablemente el segundo, son obra del teólogo Ratzinger, a la sazón gran inquisidor romano. Fueron obras sólidas, de peso, incluso físicamente (447 páginas el primer tomo; 396, el segundo). El que ahora se presenta (apenas 137 páginas, editadas por Planeta), lo ha escrito como Papa, en medio de las imponentes parafernalias del cargo. El autor parece reconocerlo en el prólogo: “Espero que, a pesar de sus límites, este pequeño libro pueda ayudar a muchas personas en su camino hacia Jesús y con él”. Lo firma el 15 de agosto pasado, festividad de la Asunción de María al cielo, en su palacio de veraneo, Castel Gandolfo, a orillas del lago Albano.
La advertencia no ha espantado la polémica. Poner en duda la presencia de un burro en la cuadra donde nació el fundador de su religión hubiera sido apenas noticia si saliese de la pluma de un teólogo, por famoso que fuese. Dicho por el Papa ha suscitado mil controversias. Por eso la noticia ha armado el belén. En España existe esta expresión —¡Y se armó el belén!— para definir una escandalera de este tipo, que ha desatado en las redes sociales execraciones o bromas sin cuento.
¿Qué ha escrito, realmente, Benedicto XVI? Parece obligado empezar por la noche en que la Virgen dio a luz y “envolvió al niño en pañales” sobre un pesebre. “Podemos imaginar sin sensiblería con cuánto amor preparaba el nacimiento”, escribe. Apenas dos párrafos después aborda la escena completa. ¿Quién más había en el establo? Este es el texto: “Como se ha dicho, el pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen. En el Evangelio de Lucas no se habla en este caso de animales. Pero la meditación guiada por la fe, leyendo el Antiguo y el Nuevo Testamento relacionados entre sí, ha colmado muy pronto esta laguna, remitiéndose a Isaías 1, 3: ‘El buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende”.

Sitúa el nacimiento de Jesús en Belén, y no en Nazaret, por  una profecía
San Francisco de Asís toma esa profecía para construir en la Navidad de 1223, por primera vez en la historia de la cristiandad, una casita de paja a modo de portal y explicar a sus fieles el misterio del nacimiento de un Jesús pobre entre los pobres. Ahí empezó la tradición del belén, no antes. La imponente autoridad moral del franciscano, patrono de los animales y que da nombre a la gran ciudad de California, extendió pronto el mito por Europa y América. El Vaticano está construyendo el suyo estos días, impresionante, como cada año en la plaza de San Pedro. Por cierto, el Evangelio lucano no habla de animales en el establo, pero tampoco dice nada de la (se supone que indiscutible) presencia de José, el padre legal del recién nacido.
Más metáforas. Dedica el Papa cuatro páginas a subrayar cómo Jesús, “el realmente Poderoso” (la mayúscula es suya) nace “en un pesebre, en un ambiente poco acogedor, incluso indigno”, pero, inmediatamente, hace una pirueta que deja al lector descolocado. “En realidad, el pesebre es una especie de altar y se convierte en una referencia a la mesa de Dios”. Naciendo entre pastores (si aquello era un establo, “habría pastores y animales”, remacha), podrá remontarse a David, pastor de ovejas antes que rey, y a la profecía de Miqueas, según la cual de un pesebre de Belén “había de salir el que un día apacentaría al pueblo de Israel”. Resumen papal: “Jesús es el Gran Pastor de los hombres”.
Después de esa que el Papa llama “pequeña divagación”, el libro vuelve al texto del Evangelio de Lucas, donde se lee: “María dio a luz a su hijo primogénito”, y entra en el debate sobre si la Virgen fue madre de otros hijos (y también hijas), y si san Pablo entró al trapo cuando llama a Jesús “el primogénito de muchos hermanos”. Conclusión del teólogo Ratzinger, esforzado a demostrar la virginidad de la madre: “El primogénito no es necesariamente el primero de una descendencia sucesiva. La palabra “primogénito” no se refiere a una numeración sucesiva, sino que indica una cualidad teológica”. Conclusión: “En el humilde pesebre está ya este esplendor cósmico: ha venido entre nosotros el verdadero Primogénito del Universo”. Vaya por Dios.

Hay cientos de miles de libros sobre Cristo y 10.00o biografías serias
Sobre Jesús hay cientos de miles de libros y en torno a 10.000 biografías consideradas serias. Es lógico si se tiene en cuenta que su nacimiento, pese a tener fecha dudosa, parte en dos la historia de una porción del mundo desde que el monje Dionisio el Exiguo propuso en el siglo VI —y el Papa impuso— reemplazar la cronología romana, que contaba los días a partir de la fundación de Roma, por una cronología cristiana. Desde entonces, se cuentan los años por un antes y después de Cristo. Ratzinger entra en el asunto para anotar lo que está sobradamente constatado: la insólita circunstancia de que Jesús nació antes de la era cristiana. “Evidentemente”, escribe, “Dionysius Exiguus se equivocó algunos años en sus cálculos”.
En este punto, hace afirmaciones que los historiadores niegan. Dice, por ejemplo, que Jesús “nació en Belén” porque sus padres habían viajado hasta allí para cumplir “con un censo ordenado por los romanos”. Frente a la tesis de que para ese censo, de haber existido, no habría sido necesario un viaje de cada cual a su ciudad, el Papa replica, apelando a “diversas fuentes”, que los interesados “debían presentarse allí donde poseyeran tierras”. Según el Papa, José, de la casa de David, disponía de una propiedad en la comarca de Belén. El terrateniente, no hace falta decirlo, es carpintero en Nazaret y marido de María, virgen y la madre de Jesús.
No es verdad que hubiera revisión catastral alguna en ese tiempo. El Papa parece aceptarlo cuando empieza el párrafo siguiente afirmando que “siempre se podrá discutir sobre muchos detalles porque sigue siendo difícil escudriñar en la vida cotidiana de un organismo tan complejo y lejos de nosotros como el del Imperio romano”.
La afirmación es temeraria. La Roma de Augusto ha sido estudiada con detalle por los mejores historiadores romanos, relativamente contemporáneos de Jesús, como Tácito (año 50 a 120), Suetonio (hacia el 120) y Plinio el Joven (61-120), y en la modernidad por todo tipo de especialistas, entre otros el gran Ernest Renan y ahora Jesús Pagola, que vivieron en Israel antes de ponerse a escribir. Está demostrado que no hubo censo ni catastro alguno en aquel tiempo, y que cuando el fundador cristiano nació, el rey Herodes llevaba muerto más o menos dos años, lo que derrota el bulo cristiano de que el monarca judío, cuando se enteró por los Reyes Magos del nacimiento de Cristo, “mandó matar a todos los niños de Belén y su comarca de dos años para abajo”.
¿Por qué el Papa se aferra a la idea de que el conocido como Jesús el nazareno nació en Belén? Lo explica como teólogo, es decir, trazando “un cuadro teológico” (sic). Un supuesto (pero irreal) decreto de Augusto para registrar fiscalmente a todos sus ciudadanos habría cumplido la profecía de Miqueas, según la cual “el Pastor de Israel habría de nacer en aquella ciudad”. Y había que dar cumplimiento a otra promesa: la de que “la historia del Imperio Romano y la historia de la salvación, iniciadas por Dios en Israel, se compenetran recíprocamente”. Así alcanza a emparejar la grandeza de Augusto y la grandeza de Jesús, “una conexión interplanetaria”, dice el Papa. Lo escribe en un espectacular palacio levantado en el corazón de aquel Imperio, hoy centro neurálgico del imperio cristiano, que lo sustituyó.
La mayoría de las biografías de Jesús han sido escritas por historiadores, pero abundan las firmadas por teólogos (en griego, personas que dicen “palabras sobre Dios”), o estudiosos de los incontables textos conocidos como Evangelios. Son decenas, pero la Iglesia romana, cuando se asentó en el poder imperial y pudo podar a placer lo que no convenía a sus intereses, incluso con violencia, los redujo a cuatro verdaderos. Como la gente seguía interpretando, llegó el tiempo en que la autoridad eclesiástica prohibió leer la Biblia, salvo la podada por Roma. Así siguen sus fieles, ahora por mala costumbre.
Benedicto XVI, que antes de ser papa ejerció de inquisidor, advierte ahora, generoso, que su vida de Jesús “no es en modo alguno un acto magisterial, sino únicamente expresión de búsqueda personal del rostro del Señor”. Se le puede contradecir, asume. “No he intentado escribir una cristología”. El teólogo anuncia una vida de Jesús, pero la escribe más desde la fe que desde la razón. Lo llama “toques de fe”. Todo ello pese a escribir también que “no se pueden atribuir a Dios cosas absurdas o insensatas o en contraste con su creación”.

Tampoco san Pablo se cayó del caballo

Escribió Renan que el teólogo tiene como principal interés el dogma. “Un teólogo liberal es un pájaro al que se le han cortado algunas plumas de las alas. Lo creéis dueño de sí mismo, hasta el momento en que trata de emprender el vuelo. Entonces veréis que no es completamente hijo del aire”. Pongan aquí el nombre de Joseph Ratzinger.
Veamos el caso de san Pablo, antiguo fabricante de tiendas en Tarso y Apóstol de los Gentiles (como gustaba llamarse). Fue el auténtico secretario de organización del primer cristianismo. Sin él, que mandó hacer la romería —¡A Roma, a Roma, el corazón del mundo!—, la Iglesia que conocemos, segunda en número de fieles tras el islam, no habría dejado de ser una secta judía y contracultural. El mito dice que Pablo se cayó del caballo, deslumbrado por el mismísimo Jesús resucitado, cuando corría a Damasco a aporrear cristianos. La verdad la cuenta él mismo. Sencillamente, se convirtió por la entereza con que vio morir al primer mártir cristiano, san Esteban.
Preguntaba el otro día Juan José Millás en la cadena SER, a propósito del último libro de Benedicto XVI, cuáles serían las mejores biografías de Jesús. Si hay una clásica es la Vida de Jesús, de Ernest Renan, de 1863. Es una referencia obligada (en España, la última edición es de 1995, de Edaf). Pese a que retrata al fundador cristiano como un ser excepcional (por encima de los Evangelios), su publicación causó escándalo descomunal por la reacción del papa Pío IX, que para entonces ya se comportaba como un psicópata. Después de Lutero y Voltaire, ningún hombre ha desencadenado cóleras más furibundas entre eclesiásticos.
Roma creyó que Renan fue el responsable del deterioro de la fe cristiana en Europa, como si la jerarquía de esa religión no hubiera tenido nada que ver en aquel derrumbe. De la obra incendiaria de Pío IX (Syllabus Errorum,Índice de libros prohibidos, Concilio Vaticano I…), no quedan ni cenizas.
Al Vaticano siempre le ha molestado que la gente de ciencias o de letras, y también los historiadores sin sotana, meta las narices en la vida de su mesías. El cristianismo romano es, en sus raíces, un culto a la personalidad de Jesús, hijo de Dios, el segundo componente de ese ser único que existe simultáneamente como tres personas distintas (la Santísima Trinidad, gran misterio).
Jesús no escribió una línea y sus evangelistas (portadores de buenas noticias) no llegaron a conocerlo. Tampoco escribió Sócrates, pero el ateniense tuvo como biógrafos a Jenofonte y a Platón. Así que lo que se sabe de Jesús cabe en unas líneas. Existió. Era de Nazaret. Fue un predicador incendiario. Suscitó el odio de los jefes judíos, que lograron que el gobernador de Judea, el romano Poncio Pilato, lo condenara a muerte. Fue crucificado a las afueras de Jerusalén. Se dijo después que había resucitado.
Esto es lo que se sabe con certeza, incluso si no existieran los Evangelios. El resto es leyenda, mito, teología. Pongamos los Reyes Magos, de los que se ocupa con simpatía Benedicto XVI en su último libro. Ni siquiera se sabe cuántos fueron. El Evangelio de Mateo dice que tres; en la Iglesia siria tuvieron una docena (reflejo de los 12 apóstoles y las 12 tribus de Israel), y en la copta contaron hasta 60. Según el escritor Jesús Bastante, en los dos primeros siglos solo fueron magos. Cuando la práctica de la magia le pareció pecaminosa a la jerarquía del cristianismo romano —¡la de brujas que mandó quemar!—, pasaron a ser reyes, los Reyes Magos. Tres. Por cierto, no hubo mago negro hasta el siglo XVI, inicio de las veleidades ecuménicas de Roma.

PRENSA. Viñeta de Forges

   En "El País" (3 diciembre 2012):

lunes, 3 de diciembre de 2012

POESÍA. "Tampoco es esto...". Carmen Jodra Davó (Madrid, 1980)

Carmen Jodra Davó

Tampoco es esto lo que yo buscaba...

Tampoco es esto lo que yo buscaba.
Es mucho, pero aún no es suficiente.
No es más que otro camino diferente
que no lleva tampoco a parte alguna.

La pena sigue, si el placer acaba;
el más bello pecado no es potente
para cambiar las cosas, y el doliente
llora como lloró desde la cuna.

Ni la perversidad más deliciosa
logrará que me sienta yo dichosa,
como antes la virtud no lo lograba.

Ya tengo, y hago, y soy, lo que prefiero;
          de acuerdo, claro... pero
tampoco es esto lo que yo buscaba.

PRENSA. Viñeta de EL ROTO

   En "El País" (2 diciembre 2012):

PRENSA. "La democracia, en peligro". Josep Ramoneda

Josep Ramoneda
   En "El País":


La democracia, en peligro

Esta cultura de la irresponsabilidad es el caldo de cultivo de la desconfianza, del cinismo y de la corrupción

 2 DIC 2012

Los movimientos sociales han conseguido que el drama de los desahucios por impago de hipotecas entrara en la agenda pública. El Gobierno ha querido hacer demostración de sensibilidad social y lo ha hecho de la manera más miserable: con un decreto que ni toca nada esencial ni resuelve problema alguno, simplemente los aplaza. Algunos pocos ciudadanos afectados se salvarán del desahucio durante dos años, pero cuando termine este periodo no solo tendrán el mismo problema, sino que lo verán sensiblemente agravado, porque los intereses seguirán corriendo a favor del banco. El Gobierno no ha querido cambiar una legislación injusta porque está muy decantada hacia los intereses del acreedor. Y no quiere saber nada de algo tan de sentido común como la dación en pago. Los bancos no querían ningún cambio esencial. Y este Gobierno —como el anterior— se distingue por un temor reverencial a los dioses financieros. Sin embargo, en este país la morosidad familiar es muy baja. Hasta el punto de que se podrían evitar todos los desahucios de primera residencia sin riesgo para el sistema.
Esta misma semana, Europa ha concretado el plan de rescate de las cajas, en unas condiciones muy duras en términos de pérdida de empleo y de reducción de actividad. Se completará así un proceso de transferencia de dinero público al sistema financiero sin que los culpables de este desastre hayan dado la cara. Algunos se han ido de rositas con millonarias indemnizaciones. El comisario Almunia dijo que no es cosa de dar nombres de los responsables de este desaguisado. ¿Por qué, si entre todos estamos pagando sus desmanes? Vivimos en plena cultura de la irresponsabilidad: los Gobiernos autónomos justifican sus políticas de austeridad argumentando que España y Europa les obligan. El Gobierno español dice que no hace sino lo que Europa le exige. Miguel Blesa, que gobernó Caja Madrid hasta 2010, niega cualquier responsabilidad porque las cosas que ocurrieron eran imprevisibles y todos hicieron igual.
Esta cultura de la irresponsabilidad es el caldo de cultivo de la desconfianza, del cinismo y de la corrupción. La desconfianza y el cinismo tienen efectos demoledores de descomposición social. La corrupción amenaza al propio sistema democrático. “La cuestión del siglo XX fue: totalitarismo o democracia. La cuestión de hoy es: democracia o corrupción”, escribe André Glucksmann. Todo sistema de poder tiene su régimen de verdad. El gobierno de nuestras democracias se legitima cada vez más por un tipo de verdad tecnocrática que, construido sobre la triada crecimiento, competitividad, consumo, “se caracteriza por una concepción de la economía como actividad completamente separada de la vida social, que debe escapar al control de la política” (Tzvetan Todorov). La política queda reducida a la ejecución de las exigencias del dinero, y el valor de cambio se convierte en el único criterio de toma de decisiones tanto en el ámbito de lo público como en el de las opciones morales privadas. Un cultivo ideal para que crezca la corrupción.
Y sin embargo es inevitable plantearse una pregunta: ¿la corrupción se ha extendido por el sistema más que nunca o el nuevo régimen de verdad que opera en nuestras sociedades es más descarado, la hace más visible? Antes el discurso que acompañaba la política ocultaba la corrupción y ahora no alcanza a esconderla, ¿por qué ha aumentado o por qué ha triunfado el cinismo? Probablemente se combinan las dos cosas: la ausencia de proyectos políticos más allá del horizonte económico reduce las motivaciones de los que se dedican a la cosa pública y desmoviliza a los ciudadanos. De ahí la sensación de mediocridad creciente de los gobernantes. Pero, al mismo tiempo, un régimen de verdad basado estrictamente en el dinero hace más visible la cruda realidad del sistema de intereses. Michel Foucault lo llamaba el principio de Rosa Luxemburgo: la incompatibilidad entre “la evidencia adquirida de lo que pasa realmente, evidencia adquirida por todos, y el ejercicio de la gobernabilidad por unos pocos”. Luxemburgo había dicho: “Si todo el mundo supiera, el régimen capitalista no duraría 24 horas”. Todo el mundo sabe. Y el capitalismo no se ve amenazado. Quizá la explicación esté en lo que Michel Foucault llama el principio de Solzhenitsyn o del terror: “La gobernabilidad en estado desnudo, en estado cínico, en estado obsceno. En el terror, es la verdad, y no la mentira, lo que inmoviliza”. Lo vemos en el miedo ante la crisis que paraliza a la sociedad. La democracia es incompatible con este sistema de gobernabilidad. El capitalismo no está en peligro; la democracia, sí.

PRENSA. "El capital privado echa el ojo a la educación". Reportaje

El Gobierno prevé una reducción de la inversión pública en educación desde el 4,9% del PIB en 2010 al 3,9% en 2015. / Pepe Olivares ("El País")

   En "El País":

El capital privado echa el ojo a la educación

La reducción del gasto público anima el interés de los inversores por un sector estable

El capital riesgo se suma a empresas tradicionales

Voces críticas contra la “mercantilización”

 /  29 NOV 2012

Si hay negocio habrá interés del sector privado. Esta máxima del capitalismo es también aplicable al sector de la educación. La crisis económica y el dogma de la austeridad que se ha impuesto en Europa tienen como consecuencia inmediata una caída del gasto público en pilares básicos del Estado de bienestar como la enseñanza. La menor inversión de las Administraciones abre la puerta a la entrada del dinero privado. El capital riesgo tiene una larga experiencia de invertir en el ámbito educativo, principalmente en los países anglosajones y del norte de Europa. En España las operaciones del private equity han sido pocas hasta el momento, pero las aulas interesan, y mucho. “Es un sector que siempre ha sido atractivo y que en este contexto cobra aún más interés”, explica Enrique Leyva, socio fundador de Magnum, sociedad de capital riesgo en la que también participa Ángel Corcóstegui.


Fuente: INE, Ministerio de Educación. /EL PAÍS
El contexto es la previsión del Gobierno —según los cálculos enviados hace unos meses a la Comisión Europea— de reducir la inversión pública en educación desde el 4,9% del PIB en 2010 al 3,9% en 2015. Una bajada equivalente a 10.000 u 11.000 millones de euros que, al menos en parte y al menos quien pueda permitírselo, compensarán las familias, pues la historia dice que cuando baja la inversión pública sube la privada y viceversa. Precisamente, uno de los principales argumentos de las protestas educativas contra los recortes es combatir “la privatización”, no solo por lo que se deje de invertir, sino porque temen que una mayor parte del dinero público educativo se canalice a través de las empresas: “No aceptamos que se desmantele la educación pública para beneficio exclusivo de la iniciativa privada”, decía el texto en el que la principal confederación de padres de alumnos (Ceapa) llamaba el mes pasado a las familias a una insólita “huelga de padres”.

"Ofrece una gran oportunidad, pero es muy sensible", dice un inversor
Hay especialistas que, sin embargo, no ven nada claro el atractivo del aula. “Tengo la impresión de que los colegios privados (e incluso las universidades) no suelen ser un negocio muy rentable y que la demanda no va a ser muy boyante en los próximos años, pero nunca se sabe”, escribe por correo electrónico el economista del CSIC Ángel de la Fuente. Los colegios privados han pasado de generar en España un beneficio de 132,2 millones de euros en 2000 a 490,5 millones en 2010, lo que da una media por centro escolar de 46.000 euros anuales en la privada pura y 78.000 euros en la concertada (subvencionada), según el dato del INE del curso 2009-2010. Lo cierto es que esas cifras no son las del negocio más rentable del mundo. Además, en medio de la crisis, la caída de la renta de las familias también está provocando la salida de alumnos de la privada a la concertada y de ahí a la pública.
Sin embargo, como reconocen las sociedades de private equity, el segundo gasto que más tardan en cortar los padres después de la hipoteca es la inversión en el desarrollo formativo de sus hijos. “La rentabilidad depende de cada proyecto. En nuestro caso, además de un negocio es un servicio de mucha sensibilidad porque nuestros clientes son los niños y sus padres. La educación es una actividad económica particular, pero eso no es incompatible con tener empresas saneadas”, explica Mariano Moreno, socio de N+1. Junto a Dinamia, la empresa de capital riesgo N+1 es propietaria los Colegios Laude (una red de ocho centros, uno en Inglaterra y el resto en España, con 5.300 alumnos y una facturación anual conjunta de 40 millones de euros).
“El negocio de la educación reúne dos requisitos importantes para el capital riesgo. En primer lugar, es un negocio bastante estable, que proporciona flujos de caja previsibles durante la vida escolar de los alumnos y eso abre la puesta al apalancamiento. Además, es una actividad en la que, si lo haces bien, te puedes diferenciar del resto, puedes aportar valor añadido”, añade Leyva.

"Necesitan primero deteriorar lo público con recortes", se queja un profesor
El periodo de permanencia del private equity en un negocio suele oscilar entre los 4 y los 10 años. “Teniendo en cuenta este espacio temporal, creo que la educación ofrece margen suficiente para rentabilizar la inversión”, apunta Leyva. En Magnum, de momento, no se han planteado entrar en la enseñanza y ven como destino lógico del capital riesgo la Universidad, ya que hay más campo que cubrir. Las universidades privadas ganaron 183,8 millones de euros en 2010, unos 718 euros por alumno. “La educación en este momento ofrece una gran oportunidad para la colaboración público-privada como ya viene ocurriendo desde hace años en el ámbito de la sanidad. Sin embargo, como es un sector tan delicado y sensible para la opinión pública está costando más su despegue”, añade Leyva.
Y sí, lo cierto es que se trata, sin duda, de un tema sensible. La mayoría de los movimientos de protesta contra los recortes en la inversión pública en educación (que ya acumula varios miles de millones de euros) no se creen los argumentos de los Gobiernos. Estos, tanto el central como los autonómicos, aseguran que los recortes son imprescindibles para sostener el sistema público en el medio y el largo plazo. Sin embargo, los opositores a los ajustes creen que se está aprovechando la crisis para poner en movimiento más dinero educativo dentro del sector privado.
Esta es la postura de Agustín Moreno, profesor de secundaria en Madrid y miembro del movimiento que se conoce como la marea verde: “Es muy evidente que una vez agotadas las grandes fuentes de actividad empresarial y de beneficio como la construcción y la obra pública (y no siendo atractiva la industria porque necesita grandes inversiones), el capital busca nuevas oportunidades de negocio o ampliar las ya existentes. Y siempre son seguros servicios esenciales como la educación o la sanidad. Dice la Unesco que el negocio de la educación es un pastel de dos billones de dólares al año”. En España, el gasto público es de unos 50.000 millones de euros y el de las familias, de otros 10.500 millones, según una encuesta del INE en 2007, que incluye enseñanza reglada y no reglada, comedor, actividades extraescolares, etcétera.
“Para aumentar el nicho de negocio necesitan primero deteriorar lo publico con recortes y reformas legales para vaciar de alumnado esa red y privatizar su atención o directamente privatizando servicios. La ofensiva se dirige desde la educación superior (Universidad) a los primeros escalones”, concluye Agustín Moreno. “La privatización de la escuela supone un ataque al derecho a la educación”, pues convierte “a los ciudadanos, propietarios de esos derechos, en meros clientes usuarios de un sistema educativo privado que solo pueden consumir en función de sus posibilidades económicas”, dice el libro coordinado por Moreno Qué hacemos con la educación (Akal, 2012).

Las empresas multiservicios han dado el salto a la gestión de las escuelas
El catedrático de Economía de la Pompeu Fabra José García-Montalvo defiende la inversión privada en educación, pero no en todas las edades. “Es lógico que en las primeras etapas educativas, donde la inversión tiene una elevada rentabilidad social, sea el presupuesto público el que predomine en la financiación educativa. Además, es aquí donde la sociedad se juega realmente la igualdad de oportunidades. Sin embargo, en las etapas más avanzadas y, en particular, la universitaria, la participación privada debería jugar un papel más importante, pues la rentabilidad de esta inversión es fundamentalmente privada. Para facilitar la participación privada en el futuro será necesario mejorar las condiciones fiscales de las donaciones y potenciar el sentido de pertenencia a la institución entre los antiguos alumnos, así como concienciar a las empresas sobre la importancia del capital humano y las ventajas de la colaboración universidad-empresa”, dice García-Montalvo.
Pero justo en el otro extremo, en las escuelas infantiles para menores de tres años, es donde también está entrando con fuerza el sector privado (se trata de una etapa que ni es obligatoria ni gratuita en la pública). Agustín Moreno señala el ejemplo de la Comunidad de Madrid, donde en los últimos años ha proliferado la entrada de empresas multiservicios (que ofrecen desde limpieza o catering a seguridad) en la gestión de escuelas infantiles públicas. La consejera de Educación madrileña, Lucía Figar, ha señalado varias veces que se trata, simplemente, de las empresas que han ofrecido mejores condiciones (económicas y educativas, destaca) para la contrata.
Una de ellas es Eulen, que gestiona 50 escuelas infantiles y presta algún tipo de servicio (desde limpieza a actividades complementarias) en alrededor de 1.000 centros en toda España. “En el sector educativo debe haber profesionales tanto de la educación como de la gestión de esta actividad. De nada servirá tener los mejores educadores si no estamos gestionando bien los centros y viceversa. En este sentido, creo que hay empresas que están sabiendo unir buenos educadores y buenos gestores que son capaces de llevar a cabo proyectos educativos de calidad y más eficientes”, dice una portavoz. A las críticas, responde: “Somos especialistas en numerosas actividades y sectores y entre ellos el educativo. Como empresa privada que es obtiene un beneficio, pero dando trabajo a más de 45.000 personas en España y 30.000 fuera de ella. La calidad en los servicios prestados es una máxima de nuestra empresa y en el caso de la educación no es diferente”.
Durante años, el discurso conservador ha asegurado que la gestión privada es más eficiente, entre otras cosas, porque no tienen que lidiar con trabajadores funcionarios. Sin embargo, quienes defienden que eso no es cierto, esgrimen un argumento muy sencillo: la gestión privada nunca destinará todo el dinero al servicio del que se trate (véase la sanidad, véase la educación) porque siempre tiene que apartar un poco para buscar el beneficio. “Es falso que la educación privada sea más eficaz o eficiente. Hay que recordar que la pública —y no la privada— se encarga de las zonas rurales, de los alumnos con más necesidades especiales...”, destaca Miguel Recio, director de instituto y experto en estadística educativa de la Fundación 1º de Mayo de CC OO.

Hace falta un debate sin "dogmatismos", pide el responsable de una compañía
Riverside, una sociedad de capital riesgo que maneja inversiones valoradas en más de 2.300 millones de euros y gestiona diferentes colegios —en Suecia, por ejemplo, gestiona varios centros públicos—, defiende que la entrada del capital privado en la educación pública no es ningún sacrilegio. “En aquellos lugares donde hay una colaboración entre el Estado y el capital riesgo se ha conseguido mantener unos estándares educativos altos y, al mismo tiempo, una gestión más eficiente de los recursos públicos”, asegura Juan Barnechea, responsable de Riverside para España, Portugal e Italia. En España han intentado varias operaciones con colegios privados, que no han salido por diferencias de valoración. “La realidad es la que es y esa realidad refleja que hay menos dinero público para invertir en educación. En este contexto, hay dos opciones: o el Estado deja de proveer servicios o se intenta ofrecer lo mismo, pero con menos dinero”, añade.
En España, considera, tiene que haber una discusión “razonada” y sin “dogmatismos” para poder mantener una enseñanza pública de calidad. “No valen de nada las posturas radicales. La gestión privada no supone el fin de la educación pública. Hay que replantearse todo y hay que tener la mente abierta. Si a los inversores privados no se les garantiza un mínimo de rentabilidad no van a entrar en este sector. En cambio, los poderes públicos pueden pedir al capital riesgo que cumpla unos requisitos mínimos para garantizar un sistema público de enseñanza”, resume Barnechea.
En España, la estructura del sistema escolar limita estas posibilidades, con una inmensa mayoría de la educación privada ofrecida bajo el formato de los conciertos y con una inmensa mayoría de escuelas privadas católicas. Bajo esta estructura, las Administraciones pagan directamente a los profesores su sueldo, aunque no sean funcionarios (lo que se llama pago delegado) y los centros se comprometen a ofrecer gratuitamente las enseñanzas subvencionadas. Sin embargo, el margen está en las cuotas voluntarias (que no siempre lo son, según recurrentes denuncias) y las actividades complementarias y extraescolares.

N+1 ya es dueña de colegios; Magnum se interesa por universidades
De hecho, una patronal privada CICAEse quejaba del aumento de las cuotas por parte de algunos concertados en los últimos años. “En Madrid hay colegios concertados que no son fundaciones, sino entidades de lucro que cobran esos 4.000 euros o más, cuando el Estado costea al profesorado y casi todo el mantenimiento. Antes se pagaban 60 euros pero no lo de ahora”, se lamentaba Enrique Maestu, presidente de CICAE.
Además, la gestión de la educación no es algo independiente del derecho a la educación, insiste Miguel Recio, pues así lo dice la Constitución: “Los profesores, los padres y, en su caso, los alumnos intervendrán en el control y gestión de todos los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos”. Recio recuerda que ya hace unos años los especialistas de la Universidad de Londres Stephen J. Ball y Deborah Youdell advirtieron en un trabajo contra “la privatización encubierta”. “Consiste en reducir el peso de los recursos públicos y obligar a las familias a pagar por segmentos de educación que tienen un valor diferencial: extraescolares, refuerzos y apoyos, idiomas, informática, música...”, asegura Recio.
Además, hay otras voces que se quejan de que parte de las medidas de la reforma educativa que impulsa el Gobierno buscan “convertir la educación en un negocio”, escribió en este diario Enrique Javier Díez Gutiérrez, profesor de la Universidad de León y coordinador Federal del Área de Educación de Izquierda Unida. Por ejemplo, si se elimina el dinero para los planes PROA de refuerzos escolares por la tarde para alumnos con dificultades, ¿no recurrirán las familias que puedan a contratar las clases particulares de toda la vida? O, si un alumno aprueba todos los cursos de la ESO pero suspende el futuro examen de reválida, con lo que no podría seguir estudiando, ¿no lo apuntarán las familias que puedan a una academia para prepararse el siguiente examen de reválida?

viernes, 30 de noviembre de 2012

POESÍA. "Divertimento erótico". Carmen Jodra Davó (Madrid, 1980)

Carmen Jodra Davó

Divertimento erótico

Un gemido doliente entre la alheña,
un rítmico suspiro en el helecho,
musgo y pluma por sábana del lecho,
por dosel hoja, por almohada peña,

y la lujuria tiene como seña
violar mujeres y violar derecho
y ley y norma, y un hermoso pecho
sabe el pecado y el pecado enseña.

Trasciende de la fonda un olor suave
a sagrados ungüentos, y una queda
música, contenida y cadenciosa,

y el blanco cuerpo de la bella ave
y el blanco cuerpo de la bella Leda,
bajo el peso del cisne temblorosa.