sábado, 28 de agosto de 2010

LITERATURA ESPAÑOLA Y UNIVERSAL (FRAGMENTOS). TEATRO. "El perro del hortelano", de Lope de Vega

ACTO PRIMERO
Salen TEODORO y TRISTÁN; vienen huyendo

TEODORO: Huye, Tristán, por aquí.
TRISTÁN: Notable desdicha ha sido.
TEODORO: ¿Si nos habrá conocido?
TRISTÁN: No sé; presumo que sí.

Vanse. Sale DIANA

DIANA: ¡Ah gentilhombre!, esperad.
¡Teneos, oíd! ¿Qué digo?
¿Esto se ha de usar conmigo?
Volved, mirad, escuchad.
¡Hola! ¿No hay aquí un crïado?
¡Hola! ¿No hay un hombre aquí?
Pues no es sombra lo que vi,
ni sueño que me ha burlado.
¡Hola! ¿Todos duermen ya?

Sale FABIO

FABIO: ¿Llama vuestra señoría?
DIANA: Para la cólera mía
gusto esa flema me da.
Corred, necio, enhoramala,
pues merecéis este nombre,
y mirad quién es un hombre
que salió de aquesta sala.
FABIO:¿De esta sala?
DIANA: Caminad,
y responded con los pies.
FABIO: Voy tras él.
DIANA: Sabed quién es.
FABIO: ¿Hay tal traición, tal maldad?

Vase. Sale OTAVIO.

OTAVIO: Aunque su voz escuchaba,
a tal hora no creía
que era vuestra señoría
quien tan aprisa llamaba.
DIANA: ¡Muy lindo Santelmo hacéis!
¡Bien temprano os acostáis!
¡Con la flema que llegáis!
¡Qué despacio que os movéis!
Andan hombres en mi casa
a tal hora, y aun los siento
casi en mi propio aposento;
que no sé yo dónde pasa
tan grande insolencia, Otavio.
Y vos, muy a lo escudero,
cuando yo me desespero,
¿ansí remediáis mi agravio?
OTAVIO: Aunque su voz escuchaba,
a tal hora no creía
que era vuestra señoría
quien tan aprisa llamaba.
DIANA: Volveos; que no soy yo;
acostaos; que os hará mal.
OTAVIO: Señora...

Sale FABIO

FABIO: No he visto tal.
Como un gavilán partió.
DIANA: ¿Viste las señas?
FABIO: ¿Qué señas?
DIANA: ¿Una capa no llevaba
con oro?
FABIO: Cuando bajaba
la escalera...
DIANA: ¡Hermosas dueñas
sois los hombres de mi casa!
FABIO: A la lámpara tiró
el sombrero y la mató.
Con esto los patios pasa,
y en lo escuro del portal
saca la espada y camina.
DIANA: Vos sois muy lindo gallina.
FABIO: ¿Qué querías?
DIANA: ¡Pesia tal!
Cerrar con él y matalle.
OTAVIO: Si era hombre de valor,
¿fuera bien echar tu honor
desde el portal a la calle?
DIANA: ¡De valor aquí! ¿Por qué?
OTAVIO: ¿Nadie en Nápoles te quiere,
que mientras casarse espere,
por dónde puede te ve?
¿No hay mil señores que están,
para casarse contigo,
ciegos de amor? Pues bien digo,
si tú le viste galán,
y Fabio tirar bajando
a la lámpara el sombrero.
DIANA: Sin duda fue caballero
que, amando y solicitando,
vencerá con interés
mis crïados; qué crïados
tengo, Otavio, tan honrados.
Pero yo sabré quién es.
Plumas llevaba el sombrero,
y en la escalera ha de estar.

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