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jueves, 29 de septiembre de 2011

PRENSA CULTURAL. Entrevista a Francisco Onieva, por la publicación de "Los que miran el frío, libro de relatos

Francisco Onieva

   En "El Día de Córdoba":
"Todavía hay fantasmas cuando se habla de la Guerra Civil"

   El escritor cordobés, aunque residente en Los Pedroches, presenta esta noche [28 septiembre]en la Delegación de Cultura de la Junta su primer libro de relatos, 'Los que miran el frío'

Félix R. Cardador / Córdoba
28.09.2011

   Francisco Onieva, conocido hasta ahora por su obra poética, ha debutado en la narrativa con Los que miran el frío (Ediciones Espuela de Plata). El escritor cordobés, nacido en 1976 en la capital aunque residente en Los Pedroches, reflexiona sobre la Guerra Civil a lo largo de nueve relatos ambientados en Retamar, una localidad ficticia inspirada en Villanueva del Duque, y en la que conviven personajes ficticios con otros reales como el teniente coronel Pérez Salas o los poetas Miguel Hernández y Pedro Garfias. (...)

   -Isaac Rosa escribió un libro que se llamaba Otra maldita novela sobre la Guerra Civil. Da la sensación de que a los autores de su generación, pese a lo mucho de que se hablado de que el tema puede resultar reiterativo, les sigue despertando un hondo interés esta etapa de la historia española.
   -Los escritores de mi edad, pues no me gusta utilizar el término generación, hemos nacido en una democracia y por ello debemos tener un compromiso ético con esta parte de nuestro pasado y tratarlo sin prejuicios ni fanatismos. De siempre me ha fascinado la Guerra Civil por las viscerales historias de supervivencia que encierra. También ha influido, lógico, mi cambio de residencia a Los Pedroches, donde he entrado en contacto con personas mayores que la sufrieron en primera persona. He pasado largas horas de conversación con ellas, en las que escuchaba como amigo y no como escritor, y han contribuido a crear la atmósfera del libro, la encarnadura de algunos personajes y la textura del frío que los obliga a actuar de una determinada manera al tiempo que condiciona su visión del mundo. Han contribuido a que los relatos resulten verosímiles. De todas ellas debo destacar a Josefa Granados Medina, la abuela de mi mujer, que con 95 años tenía una habilidad singular para hilvanar los recuerdos. A ella está dedicado todo el libro; la pena es que no ha podido verlo publicado.

   -Los que miran el frío es una imagen que resume bien de lo que habla su obra, de todos aquellos que perdieron la guerra, la inmensa mayoría, incluso los del bando ganador. ¿Cómo llegó a ella?
   -En cualquier guerra siempre les toca perder a los mismos. Basta con encender la televisión o abrir un periódico para comprobarlo. Lo que intento es simbolizar esta evidencia y habría que conectarla con el simbolismo de mi último poemario, aún a la espera de ser publicado tras ganar el 'Premio Cáceres', Las ventanas de invierno. Ambos libros nacen del mismo impulso: el respeto y el contacto con una serie de personas mayores, con sus recuerdos y sus problemas. En ambos libros he recurrido a la imagen del "invierno" y del "frío" para reflejar la esencia de estos seres fracturados, ya sea por el natural paso del tiempo, en el caso del poemario, ya sea por las bruscas condiciones generadas por un conflicto bélico.

   -Me gusta mucho el último relato, que da título al libro. Habla de lo ambiguo de toda vida. Estar en un bando o en otro da la sensación de que fue a menudo cuestión de azar.
   -Sin lugar a dudas. Hubo gente que combatió convencida de las ideas que defendía, fuesen del signo que fuesen; pero a un gran número de personas la guerra les pilló sin más motivo que el azar en un bando determinado. Los primeros darían lugar a un libro de tono épico y laudatorio, pero a mí me interesaban más los segundos por las contradicciones interiores, por la desorientación y la sensación de estar fuera de lugar con la que tuvieron que convivir. El protagonista de este relato es un soldado republicano que ha perdido la memoria y que por azar es confundido y vive otra vida que no es la suya, la de un soldado nacional que regresa en loor de multitudes a su pueblo; pese a ser una situación cómoda, acaba desmoronándose al intuir quién es.

   -Hace unos años se montó una polémica porque crearon un videojuego bélico ambientado en la Guerra Civil, lo que da muestra de la dificultad que existe para mirar el conflicto desde una perspectiva que no sea ética o histórica. ¿Estamos preparados para que la guerra pueda ser una ambientación para obras puramente lúdicas?
   -Nos queda mucho que avanzar. Una sociedad que no es capaz de asumir su pasado tal y como sucedió no puede mirar al futuro con optimismo. Nosotros aún tenemos muchos fantasmas al hablar de la Guerra Civil y de la dictadura y hasta que no seamos capaces de analizarlos sin partidismos ni fanatismos no seremos capaces de superarlos. Es obvio, y legítimo, que al tratar determinados temas, entre ellos el de este libro, el lector exija cierto posicionamiento ético del escritor, pero no apreciar que una obra literaria queda dentro del terreno de la ficción es un error que impide disfrutar de la lectura y apreciar sus valores estéticos.

   -¿Qué rasgos de su poesía cree que persisten en su narrativa?
   -La narración debe ser narración y no un desahogo lírico. Al lector hay que contarle una historia y con esa premisa escribo. No obstante, es obvio que hay rasgos comunes entre mi poesía y mi narrativa. El hecho de que sean relatos me ha permitido trabajar cada uno de ellos de un modo similar a como abordo un poema. Después de plantear la historia, definir el punto de vista desde el que contarla y trazar los personajes me he afanado en pulir la frase, en buscar la palabra exacta y colocarla en el sitio preciso. He trabajado cada relato con conciencia de orfebre. Además, mi forma de entender el libro de poemas como un todo unitario la he extrapolado al conjunto de estos nueve relatos, que pueden leerse individualmente o como una obra coral: hay personajes que transitan por diversos relatos, se establecen paralelismos entre las acciones y entre las personalidades de algunos protagonistas, se repiten diversas imágenes; toda la obra gira en torno a Retamal, un pueblo que, aunque inspirado en Villanueva del Duque, es una síntesis de todos los pueblos que sufrieron el conflicto, se hace alusión a los mismos hechos históricos y ficticios, se repiten pequeños detalles… Ahora deben ser los lectores los que juzguen.

   -¿Qué será lo próximo: poesía o narrativa? Tengo la sensación de que en sus relatos existe la pulsión del novelista. ¿Habrá novela?
   -Ahora mismo trabajo en dos proyectos: un libro de poesía en que abordo el tema de la paternidad, cuyos primeros poemas los inicié cuando mi mujer estaba embarazada de mi hija mayor, que acaba de cumplir cuatro años. El otro es un libro de microrrelatos con el que de momento tan solo busco divertirme al escribirlo. Es cierto que en mis relatos hay un gusto por desarrollar las complejidades interiores de los personajes. Lo lógico es que termine escribiendo alguna novela, pero, convencido como estoy de la síntesis, de la exactitud y de la sugerencia, no creo que escriba una de 500 páginas.

PRENSA CULTURAL. "Mirar el frío": Joaquín Pérez Azaústre sobre el libro de relatos de Francisco Onieva

Joaquín Pérez Azaústre

   En "El Día de Córdoba":
Mirar el frío

Joaquín Pérez Azaústre
 28.09.2011

   Mirar el frío cortante, su limpia desnudez. Francisco Onieva ha escrito un libro de relatos titulado Los que miran el frío, que ya es una intención fina del estilista dedicado a narrar el tierno desamparo, pero también su revés áspero, roído, capaz de rasurar la piel más seca y dejarla encarnecida a la intemperie. Pero, ¿qué es, exactamente, mirar el frío, cómo se configura esa contemplación de una temperatura? Si el termómetro es emocional -pero esa emoción plena, purísima, que a duras penas puede traducirse en palabras, que se vive por dentro y se aglutina como una digestión interminable, la de un dolor infinito-, mirar el frío sería asomarse a la desolación perfecta, la que ha dejado atrás cualquier atisbo escueto de esperanza.
   Esto podría ser mirar el frío. Sin embargo, siguiendo cierta norma de Gabriel García Márquez -que cada novela debe estar contenida en su primera página-, y cambiándola ligeramente -porque esto es un libro de relatos y no una novela; y, además, quizá es el primer párrafo el que deba nombrar, por presencia o por omisión, el resto de la historia-, leemos al comienzo de Los que miran el frío: "Tal vez nada sucedió como lo recuerdo y la imaginación haya difuminado mi memoria a fuerza de escuchar una historia contada siempre por los otros, que me han obligado a recorrer mi vida como se recorre un paisaje en una fotografía velada, reinventándola con la yema de los dedos". Algo se podría ya decir, una impresión que se va desgranando a lo largo de nueve relatos, desde Las reglas del juego hasta el que da título al libro: una manera morosa, pero también porosa, de narrar, donde la vista es tacto y se convierte en una cualidad de la memoria. Hay una calma exacta en esta prosa, una especie de lenta contención que puede provenir de la doble naturaleza de narrador/poeta de Francisco Onieva -autor de poemarios como Los lugares públicos y Perímetro de la tarde-; así, en contra del tópico del poeta que se derrama en la narración, aquí nos encontramos con el extremo opuesto: el poeta con rigor de relojero suizo, que le aplica a la prosa la cadencia y también esa calidad de párrafo, pero con un pulso interior que se decanta por la sugerencia más sutil.
   En Los que miran el frío, el lector encontrará personajes reales -como Miguel Hernández y Pedro Garfias--y otros no tanto; o quizá sí, en esta geografía literaria descubierta en el norte de la provincia de Córdoba, Retamal, donde el dolor se alía con la supervivencia tras la línea del frente hacia 1939. (...)

domingo, 24 de abril de 2011

POESÍA. "Los zorzales...", de Francisco Onieva (Córdoba, 1976)

Francisco Onieva

Los zorzales acogen en sus alas
el viento húmedo y fresco de la tarde.
Anuncian el invierno en su volar.
Son reflejo del aire.
No presentan más peso que su vuelo
-apenas polvo-. Buscan tras la loma
el horizonte
y se posan sobre él.
                                No dura nada.

sábado, 23 de abril de 2011

POESÍA. "El centro de la piedra", de Francisco Onieva (Córdoba, 1976)

Francisco Onieva

EL CENTRO DE LA PIEDRA

El agua -compasiva, nueva y justa-
cae con precisión por fin
sobre el lentisco.
Entre su vertical existencia,
la luz secreta y frágil
de un sol primero
mide la masa exacta
de cada ser.
Su claridad acuosa
muestra la intimidad
de lo que nos rodea.

La piedra ocupa el sitio de la piedra.
Como río discurre el río
y los pájaros se guarecen
como pájaros,
hechos ovillos de silencio y espera,
bajo un árbol
que tiene aspecto de árbol.

La humedad de los días invernales
va acercándonos a la transparencia
olvidada del mundo
y nos confirma
las razones del agua
que cae más allá
del centro de la piedra
desnuda.

viernes, 22 de abril de 2011

POESÍA. "En tus ojos", de Francisco Onieva (Córdoba, 1976)

Francisco Onieva

EN TUS OJOS

Lo que veo en tus ojos
es el vacío de una ausencia,
es la luz azufrada,
detrás de la colina,
de un sol envejecido,
que agranda la alameda
y echa la llave
del horizonte.

Lo que veo en tus ojos
son las piedras heladas de las lindes,
las ramas doloridas de los álamos
-también sienten el frío-,
es el silencio
que en tus palabras se oye,
es la honda humanidad
de la luz de diciembre.

jueves, 21 de abril de 2011

POESÍA. "Tempus fugit", de Francisco Onieva (Córdoba, 1976)

Francisco Onieva

TEMPUS FUGIT

El tiempo se hace musgo entre las piedras
de los linderos.
De la lluvia, del sol,
de sus rigores y de sus cuidados
sabe la piedra,
como los leños del baile del fuego.

Crepita la memoria en tu mirada.

miércoles, 20 de abril de 2011

POESÍA. "Permanencia", de Francisco Onieva (Córdoba, 1976)

Francisco Onieva

PERMANENCIA

Permanece
la tristeza
de los trenes
en la tarde
y el vuelo equivocado de los pájaros.
Oigo la exactitud
del viento,
                  que deshoja
los estambres más tristes,
las ruinas desoladas
y la luz,
que refleja los distintos azules
del cielo.

martes, 19 de abril de 2011

POESÍA. "Con su redondez de justicia", de Francisco Onieva (Córdoba, 1976)

Francisco Onieva

CON SU REDONDEZ DE JUSTICIA

En los campos la mies está segada.
El sol amarillea
como los girasoles.
Su justa redondez
simplifica la línea de la sombra.

Agazapado,
al pie de la colina,
reposa el pueblo.
El silencio de sus relojes
deja un olor
en la casa a vinagre,
a vino en la bodega,
en tu cuerpo a distancia.

lunes, 18 de abril de 2011

POESÍA. "El arroyo", de Francisco Onieva (Córdoba, 1976)

Francisco Onieva

EL ARROYO

La lentitud
del arroyo eterniza tus palabras,
la realidad que nombran,
siempre nueva,
y el movimiento ausente y giratorio
de la tierra
sobre el eje
de tus ojos.
Le dan sentido a un mundo
construido con el molde
de las pequeñas cosas familiares;
mientras, la luz del sol
traspasa y da volumen
a una hoja amarillenta
-frágil diario de la vida-
y al silencio del campo,
que resuena al batir
un pájaro las alas
en su vuelo meridional.