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lunes, 20 de octubre de 2014

PRENSA CULTURAL. El nuevo DRAE y el lenguaje no sexista

   En "publico.es".

La nueva edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua incluye correcciones que las asociaciones de mujeres llevan años reclamando para fomentar el lenguaje no sexista.

ANNA FLOTATS Madrid 17/10/2014 


La sexta acepción de "femenino"en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) es "débil, endeble". Y en la tercera definición de la palabra"masculino" aparecen los conceptos "varonil" y "enérgico". Editado en 2001 y actualizado cinco veces desde entonces, ha sido necesaria una sexta revisión para eliminar del diccionario tales significaciones.
"Se suele decir que la RAE va por detrás de la sociedad porque recoge los usos del lenguaje, es decir, los cambios que ya están asentados, pero estas acepciones deberían haber sido eliminadas hace un siglo", denuncia la directora de la cátedra de Género de la Universidad Rey Juan Carlos, Laura Nuño, que dice estar convencida de que si la RAE definiera "negro" como "esclavo" habría rectificado hace años. ¿Por qué no lo ha hecho hasta ahora en los significados de "femenino" y "masculino"? "Porque el patriarcado está más asentado que el racismo. Porque el racismo se afea y el machismo todavía no", responde Nuño a Público.
Besteiro: "La RAE debería ser más vanguardista y marcar tendencia"En este caso, sin embargo, la RAE no sólo no ajustaba las definiciones de "femenino" y "masculino" a la veracidad sino que, para muchas expertas, estas acepciones estaban al margen de la realidad. "Es lamentable que en 2014, con Merkel en Alemania y Soraya en España, por ejemplo, se asocie lo femenino a lo débil", ejemplifica Nuño, "pero a diferencia de las incorporaciones o las modificaciones en términos tecnológicos o del lenguaje coloquial, este cambio atraviesa la ideología, así que seguro que habrá alguien a quien le siente mal".
Coincide con ella la presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas, Yolanda Besteiro, que advierte de la importancia del cambio porque "el lenguaje construye pensamiento". "El papel de la lengua es esencial en la igualdad entre hombres y mujeres e imprescindible para romper roles y estereotipos sexistas", sentencia Besteiro, quien reclama a la RAE un posicionamiento "vanguardista" y que "marque tendencia" en este tipo de conceptos porque "no hacerlo perpetúa las desigualdades y afecta a los derechos humanos".
La federación que preside lleva reclamando estas modificaciones desde 2007 y, aunque celebra el gesto, Besteiro lamenta que las revisiones sólo se hagan si las asociaciones las reclaman.
La nueva edición del diccionario incluye el concepto "feminicidio"
Ángeles Álvarez, miembro de la Comisión de Igualdad del Congreso y diputada del PSOE, recuerda que Ley Integral contra la Violencia de Género da instrucciones y recomendaciones para fomentar el lenguaje no sexista, sobre todo en la Administración, por lo que celebra que la RAE "empiece a ser sensible a lo que ya está normalizado en la calle". "Los académicos están tomando consciencia no sólo de que el lenguaje asienta la ideología, sino que también la construye, así que bienvenido el cambio, aunque sea tarde".
En esta nueva revisión, la RAE también incorpora la palabra "feminicidio", un neologismo creado a través de la traducción del vocablo inglés femicide que se refiere al asesinato de mujeres por razón de género. La palabra "maricón" dejará de significar "sodomita" y "hombre afeminado" para ser solamente un "insulto grosero". "Sodomita" no será aquel que "comete" sodomía, sino el que la "practica", y se incorporará al diccionario la palabra homófobo: "Dicho de una persona que tiene o manifiesta homofobia".
La nueva edición del diccionario, que tiene 93.111 entradas —8.680 más que la anterior—, no incluye, sin embargo, una de las incorporaciones que las asociaciones de mujeres llevan años reclamando: el verbo "feminizar", dado que sí que se contempla el verbo "masculinizar".

miércoles, 11 de abril de 2012

PRENSA CULTURAL. "Sexismo lingüístico: de la punta del iceberg al glaciar", por Amparo Moreno Sardá

Ilustración de Eulogia Merle ("El País")

   En "El País":
Sexismo lingüístico: de la punta del iceberg al glaciar
   El lenguaje no solo está marcado por el género, sino, en general, por el arquetipo viril. Revisarlo requiere una revolución científica; ampliar el enfoque para percibir lo hasta ahora “anómalo” como normal.

Amparo Moreno Sardá 6 ABR 2012
 
   La publicación del informe Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, en el que Ignacio Bosque evalúa guías de lenguaje no sexista, ha abierto un debate que se ha quedado en la punta del iceberg. Propongo prolongarlo para abordar lo que oculta en aguas más profundas y qué pasa con unos glaciares que siempre dijimos que acumulan hielos perennes y hoy se quiebran a un ritmo acelerado. Porque las palabras son instrumentos para el pensamiento y el conocimiento y el masculino constituye la pieza clave de las humanidades, las ciencias sociales, la política, el periodismo...
   Bosque y otros proponen continuar utilizando el masculino porque muchas mujeres no nos sentimos excluidas. Cierto. Desde que en 1910 las mujeres pudimos acceder a la Universidad hemos asumido las palabras con las que se elabora el pensamiento y el conocimiento desarrollado en torno al concepto “hombre”. Sin embargo, tras profesar, muchas y algunos hemos detectado que el masculino supuestamente genérico no permite designar a los dos sexos porque está marcado y conduce a considerar a las mujeres una “anomalía”, de acuerdo con la explicación de Kuhn sobre las revoluciones científicas. La mayoría propone hacer visibles a las mujeres mediante un lenguaje no sexista y hacen aportaciones a las distintas disciplinas “con perspectiva de género”.
   Por mi parte, la lectura atenta de numerosos textos me condujo a constatar que el masculino, tal como lo utilizamos en los debates públicos académicos, políticos, periodísticos, no abarca a las mujeres y tampoco a todos los hombres porque sólo considera humano el arquetipo viril.
   Por eso las mujeres nos podemos sentir incluidas en los masculinos, porque estamos donde queremos estar. Pero algunas los evitamos, conscientes de que afectan al objetivo de la cámara que utilizamos, reducen el enfoque sobre los seres humanos, dejan fuera parte de las relaciones sociales, borran matices, crean la ilusión óptica de que vemos lo universal y nos llevan a confundir lo particular con lo general. Y buscamos otras imágenes y palabras adecuadas a unas sociedades plurales y complejas que queremos cambiar para hacerlas justas y equitativas.
   El primer indicio de que los masculinos restringen y tergiversan nuestro conocimiento lo encontré cuando regresé a la Universidad como profesora. Siendo estudiante, el enunciado “el hombre es el protagonista de la historia” me había permitido pasar de la versión tradicional de fechas, héroes y batallas, a otra que me ayudó a comprender el funcionamiento de la sociedad. Quise aplicar esta enseñanza a explicar la historia de los medios de comunicación y la cultura de masas. Y un día una alumna me recriminó que mi asignatura era “tan machista como todas las de esta casa”. Tenía razón. No mencionaba a las mujeres porque lo ignoraba todo. Para subsanar mi ignorancia leí y releí atentamente y advertí que la mayoría de textos académicos casi no hablan de las mujeres, que si lo hacen suelen utilizar expresiones negativas o ironías para aligerar párrafos densos… Y deduje que el hombre al que consideraba protagonista de la historia no incluía a las mujeres; los nombres propios ratificaban que solo abarcaba parte de los hombres; y las actuaciones que se les atribuían delataban que tampoco incluían a los seres humanos de sociedades a las que se menosprecia como primitivas, subdesarrolladas… Así, al preguntarme de quién hablamos cuando hablamos del hombre tuve que responder que este concepto está marcado por prejuicios androcéntricos, sexistas, adultos, clasistas y etnocéntricos, y no solo por el género, término que empezó a utilizarse para emular la cultura anglosajona.
   “Para hacer grandes cosas hay que ser tan superior como lo es el hombre a la mujer, el padre a los hijos y el amo a los esclavos”. Aristóteles definió así los rasgos del arquetipo viril, sabiendo que solo podía afirmar que ese hombre es superior diciendo que otras mujeres y hombres son inferiores. Y con esta pieza elaboró una explicación para influir en la organización de la polis y lo consiguió. Hasta nuestros días. Aunque los estudiosos y estudiosas actuales ofrecen una versión opaca de sus palabras al utilizar el masculino como si no estuviera marcado y al generalizar como humano lo que el filósofo solo atribuyó a algunos hombres. Además, eliminan aspectos de su análisis que son fundamentales para comprender tanto lo que dijo como el presente.
   Proyectan hacia el pasado una visión centrada en lo público que menosprecia lo privado como si fuera insignificante o anómalo. Por eso no logramos entender qué hacemos y podemos hacer cada persona con nuestra economía doméstica en relación con los negocios del consumo transnacional, con una especulación financiera que se ha alimentado de hipotecas basura y ante los paraísos que promete la publicidad y los infiernos de la marginación que dramatizan las televisiones.
   No confiesan, como sí hizo Aristóteles, que consideramos “la guerra… un medio natural de adquirir bienes que comprende la caza de los animales bravíos y la de aquellos que nacidos para ser mandados se niegan a someterse”; que la guerra alimenta la apropiación privada y pública de bienes a expensas de desposeer a la mayoría de los recursos necesarios para su supervivencia; que dominar a otros pueblos no es algo espontáneo; que los varones lo han practicado tras ser cruelmente instruidos; que obliga a distribuir tareas entre mujeres y hombres adultos (“el hombre conquista y la mujer conserva”); y algunas atribuyen a los hombres toda la violencia y niegan cualquier complicidad de las mujeres, imprescindible para que las jóvenes generaciones perpetúen y amplíen el sistema. Por eso, ante una crisis que ya no permite ensalzar a los héroes ni proclamarnos superiores, porque África ya no empieza en los Pirineos, sólo sabemos alimentar el miedo… o entonar lamentos victimitas en beneficio de redentores profesionales.
   Ciertamente, el concepto “hombre” que acuñó Aristóteles fue asumido en las universidades cristiano-escolásticas por los varones adultos europeos vinculados a la jerarquía eclesiástica que además debían ser célibes. A partir del siglo XII expulsaron a las mujeres, los judíos y los musulmanes de las universidades, como ha explicado Julia Varela. A medida que la cristiandad europea impuso su dominio sobre otros pueblos, transformó las relaciones sociales internas. Algunos hombres y mujeres antes excluidos nos hemos incorporado a los escenarios del poder y hemos tenido que asumirlos; y aunque la lengua se adapta a los cambios sociales, hoy sigue “firmemente asentado en el sistema gramatical del español”, como una “prisión de larga duración”, en palabras de Fernand Braudel.
   Todo esto recomienda no usar el masculino como hasta ahora y tampoco sustituirlo por femeninos o doblar palabras. Y obliga a ampliar el enfoque para percibir lo hasta ahora “anómalo” como normal: a promover una revolución científica que permita hacer diagnósticos rigurosos de los problemas de nuestras sociedades para encontrar remedios eficaces. Ardua tarea en unos ambientes académicos que multiplican las evaluaciones, obligan a hacer y decir dentro de cánones estrictos y penalizan cualquier aventura.
   Afortunadamente, como detectó Fernández Hermana en los noventa, más allá de estos monasterios hay vida. Otros científicos han generado instrumentos que facilitan elaborar explicaciones plurales, desde diferentes posiciones, en red, de forma cooperativa. Pero para no limitarnos a copiar y pegar hemos de pasar de la punta del iceberg al glaciar de la cultura occidental y preguntarnos con Donna Haraway: “¿Con la sangre de quién se crearon mis ojos?”.
 
   Amparo Moreno Sardá es catedrática emérita de Historia de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sobre el tema que plantea en este artículo ha publicado (1986), El arquetipo viril protagonista de la historia; (1988), La otra ‘Política’ de Aristóteles; (1991), Pensar la historia a ras de piel; (2007), De qué hablamos cuando hablamos del hombre. Treinta años de crítica y alternativas al pensamiento androcéntrico.

martes, 13 de marzo de 2012

LENGUAJE SEXISTA. "Acerca de la discriminación de la mujer y de los lingüistas en la sociedad: manifiesto de apoyo a D. Ignacio Bosque

   Manifiesto firmado por 500 lingüistas:
   Acerca de la discriminación de la mujer y de los lingüistas en la sociedad: manifiesto de apoyo a D. Ignacio Bosque


   Tras la publicación del informe Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, del lingüista y académico D. Ignacio Bosque, han aparecido en diversos medios una serie de críticas feroces que incluyen insinuaciones sobre la integridad profesional del autor del informe, cuando no juicios morales inaceptables sobre él y, por extensión, quienes apoyan el contenido de su informe. Este manifiesto tiene como objetivo mostrar que las conclusiones del informe del Prof. Bosque son inobjetables y que somos muchos los lingüistas que –independientemente de nuestro sexo y edad– suscribimos sus conclusiones. El texto que sigue justifica y explica las razones de nuestro apoyo.

   1. Si se observa distanciadamente, la discusión que subyace a las intensas polémicas sobre este texto –y sobre otros anteriores– no es acerca de un problema social, sino acerca de cómo ese problema social se refleja –o no– en distintos aspectos del uso de la lengua. Nadie discute que la mujer ha sido tradicionalmente discriminada en numerosos aspectos de la vida laboral y la legislación española; este aspecto queda fuera de la polémica y lo asumimos como cierto, así como entendemos que es cierto que de algún modo deben promoverse cambios sociales que disuelvan esta desigualdad.

   2. Más específicamente, la discusión atañe a cuatro aspectos que queremos abordar separadamente:
   2.1. Si la gramática española es sexista, o, en general, si un sistema gramatical puede ser sexista.
   2.2. De ser así, qué papel compete a los lingüistas para remediar lo que sería indudablemente una situación inaceptable desde el punto de vista ético.
   2.3. Si es posible legislar a favor o en contra de un uso lingüístico.
   2.4. De ser ciertos 2.1 y 2.3, si las denominadas “guías de lenguaje no sexista” orientadas hacia esa legislación son una medida útil y ajustada contra el sexismo de la lengua española

   3. Acerca de la primera cuestión, es importante diferenciar tres niveles: el nivel léxico, el nivel morfológico y el nivel gramatical. Entendemos aquí por nivel léxico aquel que se refiere al significado de las palabras, manifestado a través de su uso. Por nivel morfológico nos referimos a qué marca (-a, -isa, cambios en el lexema, etc.) reciben las distinciones de género gramátical en cada palabra. Por nivel sintáctico entendemos aquí los casos en que se usa una forma plural con -o para aludir a todos los miembros de una clase, sin distinguir su sexo, o al uso del género en procesos de concordancia gramatical.
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lunes, 5 de marzo de 2012

PRENSA. LENGUA. LENGUAJE NO SEXISTA. Informe: "Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer"

Fachada de la Real Academia Española de la Lengua ("El País".

   En "El País":
Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer
   La RAE ha decidido llamar la atención a las guías de lenguaje no sexista publicadas en los últimos años por diversas instituciones.

   En este artículo, escrito por Ignacio Bosque y suscrito por 26 académicos de número, se sostiene que, si bien existen usos verbales sexistas, las recomendaciones de dichas guías difunden usos ajenos a las prácticas de los hablantes.

   También conculcan normas gramaticales, anulan distinciones necesarias y obvian la realidad de que no hay discriminación en la falta de correspondencia entre género y sexo.

Ignacio Bosque 4 MAR 2012
 
ASÍ COMIENZA EL ARTÍCULO:
   1. En los últimos años se han publicado en España numerosas guías de lenguaje no sexista. Han sido editadas por universidades, comunidades autónomas, sindicatos, ayuntamientos y otras instituciones. Las que identifico con siglas o abreviaturas en la relación que aparece al final constituyen tan solo una muestra de ese extenso catálogo. Antepondré un guion a la página citada: MUR-8, UPM-10, UGT-14, etc.
   2. La mayor parte de estas guías han sido escritas sin la participación de los lingüistas. Constituye una importante excepción MAL, que contiene abundante bibliografía. Esta es la guía más completa de las nueve, y también la menos radical en sus propuestas. Cabe pensar que los responsables o los impulsores de las demás guías entienden que no corresponde a los lingüistas determinar si los usos verbales de los hispanohablantes son o no sexistas. Aunque se analizan en ellas no pocos aspectos del léxico, la morfología o la sintaxis, sus autores parecen entender que las decisiones sobre todas estas cuestiones deben tomarse sin la intervención de los profesionales del lenguaje, de forma que el criterio para decidir si existe o no sexismo lingüístico será la conciencia social de las mujeres o, simplemente, de los ciudadanos contrarios a la discriminación. Ha trascendido a la prensa recientemente el malestar de los profesores de Lengua Española de la Universidad de Murcia ante la guía de lenguaje no sexista que esta institución elaboró (MUR, en la lista final) sin contar con su participación o recabar siquiera su parecer.
   Se ha señalado en varias ocasiones que los textos a los que me refiero contienen recomendaciones que contravienen no solo normas de la Real Academia Española y la Asociación de Academias, sino también de varias gramáticas normativas, así como de numerosas guías de estilo elaboradas en los últimos años por muy diversos medios de comunicación. En ciertos casos, las propuestas de las guías de lenguaje no sexista conculcan aspectos gramaticales o léxicos firmemente asentados en nuestro sistema lingüístico, o bien anulan distinciones y matices que deberían explicar en sus clases de Lengua los profesores de Enseñanza Media, lo que introduce en cierta manera un conflicto de competencias.

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jueves, 7 de mayo de 2009

PRENSA. 7 mayo 2009

En "El País":


1. De la cátedra al 'best seller'. Profesores universitarios convertidos en narradores de ficción impulsan en España un género superventas. Historiadores y literatos debaten en Valladolid.


2. "Mi obra está por encima de las nacionalidades". Entrevista a la escritora Elif Shafak.


3. De cancilleras y matronos. Reportaje. El sexismo en el lenguaje periodístico, a debate en San Millán de la Cogolla.


4. Sus vidas, no sus obras. Artículo de Juan Goytisolo sobre medios de comunicación e intimidad.

miércoles, 18 de marzo de 2009

PRENSA. 18 marzo 2009

En "El País":
1. Menudo morro. Columna de Elvira Lindo sobre la televisión basura.

2. La verdad sobre la 'era Bush'. Una Comisión de la Verdad sería un buen modo de sacar a la luz las violaciones de derechos humanos cometidas en y por EE UU durante los últimos años. Y de poner cortafuegos que impidan su repetición. Artículo de Jorge Heine, abogado y diplomático chileno.

3. Ni miembros ni 'miembras". Reportaje. El Parlamento Europeo propone un rígido manual de estilo para acabar de una vez con el uso sexista de la lengua. También podemos acceder al informe íntegro de la Eurocámara sobre el lenguaje sexista.

miércoles, 11 de marzo de 2009

PRENSA DIGITAL. "Mujer y varón, también desiguales en el empleo de la palabra"


En "ELPAÍS.com", firmado por Irene Benito:

La lucha feminista en el ámbito del lenguaje se ha centrado tradicionalmente en explorar el diccionario para cazar definiciones impregnadas de machismo, en criticar los sustantivos genéricos en masculino, en identificar y denunciar los términos que excluyen a la mujer. Pero el filólogo Javier Martín Arista, investigador principal del Grupo de Investigaciones de Gramáticas Funcionales de la Universidad de La Rioja (UR), advierte que, por atender estas cuestiones, se ha descuidado la desigualdad que existe entre los hombres y mujeres españoles en cuanto al empleo de la lengua. Asegura: "En un grupo mixto, ellos hablan más tiempo que ellas, tendencia que aumenta cuando la conversación discurre sobre temas de poder (como la política, las leyes y la economía), y no aceptan con facilidad que las mujeres los interrumpan".
El sexismo en el habla ha sido el enfoque principal de las Jornadas de Lenguaje y Género, actividad con la que la semana pasada debutó el Centro de Investigación de Lenguas Aplicadas de la UR. El Día Internacional de la Mujer, celebrado el 8 de marzo, funcionó como excusa para analizar un tema que, según los organizadores de las jornadas, se ha convertido en un tópico social. Es decir, la reflexión acerca de cómo la mujer sucumbe a fuerzas históricas y gramaticales que la convierten en un personaje secundario y hasta invisible en la comunicación oral y escrita. La mujer arrinconada en el subconsciente, que el periodista y estudioso de la lengua Álex Grijelmo defendió en La seducción de las palabras (Punto de Lectura, 2000).
La creencia en que no existe una igualdad lingüística real en las conversaciones donde participan representantes de los dos sexos ha sido el punto de partida de las Jornadas sobre Lenguaje y Género. "Los estudios científicos han llegado a esa conclusión a partir de cronometrar el tiempo que emplean para hablar unos y otros. El varón, además, distribuye los turnos de uso de la palabra, tiende a interrumpir más a la mujer y a tolerar menos que una mujer le interrumpa a él", describe Martín. El cuadro, que el académico califica de "discriminación sutil", refleja un código de comportamiento social mucho más inconsciente y difícil de detectar que la circunstancia objetiva de que hasta 1995 las universidades españolas despacharon los títulos en el genérico masculino (graduado) sin distinguir si el graduado en cuestión era mujer o varón.

El cambio posible
Martín recuerda que, mientras haya machismo en la sociedad, habrá machismo en la lengua. "No existe ninguna institución capaz de legislar cambios arbitrarios y establecer reglas como que, a partir de ahora, debemos decir 'nosotros y nosotras'. Sin duda ésta no es la función de la Real Academia Española (RAE), que no puede arriesgarse a imponer cambios que no se hayan producido en la realidad", opina el filólogo.
Aunque quizá a la ministra de Igualdad Bibiana Aído mucho le agradaría zanjar (con la respuesta positiva) la discusión sobre si es pertinente que al sustantivo masculino miembro le nazca un femenino miembra, el debate tiene gran riesgo de llegar a ningún sitio mientras los hablantes del español no se apropien de la nueva palabra, como lo hicieron, por ejemplo, con jueza. "No obstante, si la cuestión pasa por reflexionar en serio sobre cuál es el lugar de la mujer en la lengua, opino que es productivo que nos preguntemos si la escuchamos, si la dejamos intervenir, si permitimos que nos interrogue...", enumera Martín. Modificar los comportamientos masculinos que implican una discriminación sutil en el uso del lenguaje es más sencillo e inmediato que purgar el diccionario y la gramática. Martín comparte los fundamentos de su optimismo: "el reto pasa por concienciarnos sobre estas actitudes. Pero si hemos cambiado socialmente en otros aspectos más complejos... ¡También podremos cambiar en éste!"

Contra un prejuicio medieval
De la Edad Media proviene el prejuicio que califica a las mujeres de parlanchinas y adictas al cotilleo. "Es un punto de vista misógino que apareció en la literatura de aquel tiempo para denigrarla", observa el académico Javier Martín. En coincidencia, José Luis Aliaga Jiménez, de la Universidad de Zaragoza, precisa que, desde los comienzos mismos de la cultura occidental, la mujer ha sido objeto de juicios negativos. "Las valoraciones se han sustentado en el prejuicio androcéntrico (visión del mundo desde el enfoque masculino) del carácter neutro del comportamiento lingüístico del varón. Ese modelo ha servido para enjuiciar cualquier rasgo considerado propio de la mujer", apunta Aliaga en una ponencia. La evidencia científica acumulada desde 1970 desbarata la tesis que le asigna a ésta una inclinación a la verborrea, el chisme y la maledicencia. Aliaga apunta otro prejuicio superado: "en su momento, también se creyó que la mujer tenía una aptitud escasa para expresar pensamientos complejos a través de un léxico especializado o de una sintaxis abundante en nexos de subordinación".