Mostrando entradas con la etiqueta constitución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta constitución. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de octubre de 2012

PRENSA. "Policías sin imágenes, fuente de abusos", reportaje

   En "El País":

Policías sin imágenes, fuente de abusos

Los expertos opinan que prohibir que se grabe a los agentes puede dejar impunes los excesos de autoridad

Los juristas ven anticonstitucional la medida que propone el Gobierno


Dos agentes antidisturbios inmovilizan a un joven el 25-S en Madrid. / KIKE PARA (EL PAÍS)

La última iniciativa del Gobierno del PP en materia de orden público —prohibir la toma de imágenes de policías mientras hacen su trabajo— ha soliviantado a los movimientos sociales, a los partidos de la oposición y a los juristas, que en su mayoría la consideran contraria a la Constitución. Para muchos de ellos, esta suerte de censura persigue el mismo objetivo que otras medidas ya anunciadas, como el endurecimiento del Código Penal: disuadir a los manifestantes en un clima de creciente descontento social.
Aunque todavía hay muchos interrogantes sobre el proyecto, el director general de la Policía, Ignacio Cosidó, avanzó el jueves los puntos clave. El fin es impedir que se difundan en Internet y en las redes sociales ciertas imágenes de funcionarios que puedan poner en riesgo su integridad o vulneren el derecho a su intimidad y su propia imagen. El Gobierno pretende modificar la Ley de Seguridad Ciudadana y prohibir “la captación, reproducción o tratamiento de imágenes, sonidos o datos de miembros de las fuerzas de seguridad en el ejercicio de sus funciones cuando puedan poner en peligro su vida o en riesgo la operación que están desarrollando”.
“Es una medida claramente inconstitucional, que colisiona con el derecho a la información”, opina el catedrático de Derecho Constitucional Javier Pérez Royo. A su juicio, esa prohibición solo podría decretarse en casos en los que, de forma muy evidente, pongan en riesgo su vida o su seguridad. Cosidó no especificó en qué supuestos podrá vetarse la grabación de imágenes. Fuentes de Interior pusieron como ejemplo operaciones contra el terrorismo o el crimen organizado. Pero no aclararon qué ocurrirá en el caso de las manifestaciones contra los recortes sociales, que van en aumento.
“Lo que pretenden, en el fondo, es evitar que haya testigos de una actuación policial que pueda ser desproporcionada. Y la forma de saber si lo ha sido es a través de los medios gráficos”, abunda Pérez Royo. En una línea similar se expresa Jaume Asens, abogado barcelonés ligado a los movimientos sociales: “Se trata de dar impunidad institucional a los excesos de la policía. Esta concepción estrecha de miras pone a los policías por encima de la ley y los deja fuera de la mirada pública”.

El PP pretende “disuadir” a los ciudadanos de ir a manifestaciones
La iniciativa genera dudas: ¿Quién, cómo y por qué decidirá cuándo se pueden tomar imágenes? Interior solo dispone, por ahora, de un documento de trabajo que no trata ese extremo. Para algunos abogados, como el penalista Javier Melero, ahí radica uno de sus principales problemas. “Puede dar lugar a abusos. En una situación de crispación, como una protesta, ¿el policía podrá hacer una ponderación normativa y tomar la decisión correcta?”, se pregunta. “Puede sentirse intimidado y prohibirlo”, abunda Melero, que subraya el “efecto intimidatorio” sobre quien capta imágenes, ya que se le podría exigir ser identificado.
Otro aspecto problemático, señala Melero, es prohibir la “captación” de imágenes solo porque esta puede obstaculizar la actuación policial. “Esto es muy sutil. Hay una presuposición de que el policía hará una valoración adecuada. Lo que no puede ser es que se prohíba por una mera sospecha de obstaculización, ha de ser un peligro real”, añade.
Que la medida sobrepasa los límites de la Constitución es algo que también respaldan algunas asociaciones de jueces y fiscales. Maria Moretó, portavoz de la Unión Progresista de Fiscales, lo tiene claro: la medida del Gobierno es una “reacción” para “disuadir” las movilizaciones ciudadanas que “ha habido y habrá contra los recortes y a la vista del empobrecimiento del país”.
El portavoz de Jueces para la Democracia (JpD), Joaquim Bosch, afirma que la medida es “desproporcionada” y vulnera el derecho a la información. Sobre todo si, como pretende el Gobierno, la prohibición se acuerda con carácter general, y no excepcional. Los ciudadanos, defiende Bosch, tienen derecho a “comunicar y recibir imágenes” por cualquier medio y a denunciar posibles abusos o excesos policiales. “Siempre será lícita la filmación de un acto delictivo por parte de la policía”, subraya Melero.
“Cuando hay una imagen gráfica, el policía puede llegar a ser sancionado. De lo contrario, ante la denuncia de un ciudadano, sin imágenes, su versión siempre se puede cuestionar, ya que queda confrontada a la del agente”, opina el penalista Carles Monguilod, quien añade que la medida del Gobierno sirve más para “dar impunidad ante posibles excesos” que para proteger a unos policías que ya van uniformados y, en algunos casos —como los antidisturbios— cubren su rostro y ocultan su identidad.

El veto podría colisionar con el derecho a recibir información
“El derecho a comunicar información veraz es uno de los pilares del Estado”, dice el abogado Jordi Bertomeu García, quien considera que la legislación ya ofrece “mecanismos suficientes de protección” para los agentes.
“Hay que valorar si existen fórmulas que permitan compatibilizar el derecho a la información con el buen funcionamiento de las operaciones policiales y el derecho a la intimidad y a la integridad física de los a los agentes”, manifiesta Marc Molins Raich, del despacho Roca Junyent. Molins cree que esa vía es posible porque “hoy en día, cualquier programa informático permite difundir imágenes protegiendo la intimidad de sus protagonistas”, por lo que considera que, “tal vez”, la prohibición de Interior es innecesaria y bastaría con redactar un protocolo dirigido a los medios de comunicación.
Pero con teléfonos móviles y cámaras domésticas cualquier ciudadano es ya transmisor de información a través de Internet y las redes sociales; además, la multiplicación de plataformas complica la persecución en la Red. Eso preocupa al Ministerio del Interior, la aparición incontrolada de imágenes de policías. Ocurrió, por ejemplo, en las protestas del 29-M en Barcelona, cuando agentes de los Mossos d’Esquadra que iban de paisano fueron identificados. Sus nombres y sus caras se difundieron por la red.
Los medios, señala el catedrático Pérez Royo, gozan de una protección reforzada. Pero el derecho de información (a recibirla y a transmitirla) también incumbe al particular. Este puede colgar una fotografía y un vídeo en internet y acompañarlo, por ejemplo, de un comentario. En este caso, está ejerciendo su libertad de expresión, por lo que la medida anunciada por Cosidó también podría, eventualmente, entrar en colisión con este otro derecho fundamental.
La presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), Elsa González, advierte de que el anuncio “suena a censura” y priva a los ciudadanos del derecho a una información veraz. González considera que se hurta ese derecho con el pretexto de proteger a los policías y recuerda que estos deben ir siempre identificados. “No somos partidarios de ninguna norma restrictiva, sí de la autorregulación responsable”.
Una de las preocupaciones de los sindicatos policiales —que ha atendido el ministerio— es que las imágenes tomadas en las intervenciones policiales puedan utilizarse después, en las redes sociales, como forma de escarnio. O, lo que es más grave, que sirvan para instigar una campaña de acoso contra determinado policía, en el caso en que se llegue a conocer su nombre e identidad. Interior pretende, en todo caso, “buscar un equilibrio”, según Cosidó.
El viernes, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, remachó la idea lanzada la víspera por su director general: el ordenamiento jurídico, dijo, “debe y va a ser capaz” de hallar mecanismos para que el respeto a la libertad de expresión “no sirva nunca de parapeto” para atentar contra el honor o poner en peligro la seguridad de los ciudadanos y de los policías. Fernández Díaz admitió que los derechos de información y expresión son “condición necesaria para la buena salud de la democracia”. Pero añadió que estos derechos pueden “pervertirse” y convertirse en “lesión al derecho al honor” e incluso en un “instrumento para perturbar la seguridad ciudadana”.
Para el presidente de la conservadora Asociación de Fiscales (AF), Antonio Roma, una cosa es tomar imágenes de un policía y, otra muy distinta, darles un uso inadecuado. “No puedo usar una imagen para hacer escarnio o iniciar una persecución contra un funcionario”. Roma señala, además, que no está de acuerdo con que los policías tengan que llevar visible su número de identificación. “La policía está organizada y hay sistemas de control para saber qué hace cada agente”.
El penalista Jorge Navarro, de Molins & Silva, matiza también que existe gran “facilidad” para obtener “grabaciones innecesarias de policías” y que, en algunos casos, se producen “usos inadecuados” que pueden poner “en peligro la seguridad del agente o afectar a su vida privada”. Navarro coincide con la mayoría de los expertos al afirmar que se debe atender a las circunstancias particulares de cada caso.
Los expertos admiten que puede haber usos perversos de esas imágenes. Pero dudan de que la solución tenga que ser preventiva; es decir, prohibir que se graben por temor al uso posterior. “Si se produce un acoso, eso es un delito que ya está previsto y hay que perseguirlo. Pero no hacerlo de forma preventiva”, dice Moretó. “Si la policía se excede, ¿por qué no van a poder captarse imágenes en la vía pública?”, se pregunta. “Si esto pasa, hay mecanismos para perseguirlo. Es poner la venda antes que la herida”, ilustra Monguilod. Melero añade que la difusión de imágenes que inciten a la violencia “ya está contemplada”, por lo que la medida sería “redundante”.
Para Asens, es legítimo que “la actuación de un policía pueda ser objeto de crítica y de debate público”. El abogado señala la “contradicción” entre las prácticas policiales habituales y el proyecto que ahora pretende impulsar Interior. Los antidisturbios, por ejemplo, graban de forma habitual las manifestaciones. En Cataluña, el consejero de Interior, Felip Puig, ha llegado a proponer que se incorporen cámaras en los cascos de los mossos. Y, con motivo de los actos vandálicos del 29 de marzo, durante la huelga general, abrió una página web con fotografías de los presuntos vándalos y animaba a la ciudadanía a colaborar para identificarlos.
“La intimidad que Interior no ve afectada en todas estas medidas sí la ve peligrar en el caso de los policías”, lamenta Asens, quien sostiene que es “muy difícil” identificar a los policías.
Los partidos de la oposición también se sumaron a las críticas. El PSOE pidió a Fernández Díaz que comparezca en el Congreso para explicar la medida. Por su parte, el portavoz de IU en el Congreso, José Luis Centella, calificó de “barbaridad” e “intento de censura” la medida. “El PP sigue en la línea de ser el partido de la porra y de criminalizar las protestas”, denunció.

La ley avala la toma de fotografías

Uno de los argumentos que esgrime el Ministerio del Interior para aprobar el veto a las imágenes de policías es la salvaguarda de su derecho a la intimidad y la propia imagen. La ley que regula la materia, de 1982, contempla que es posible captar, reproducir y publicar la imagen de cargos públicos en el ejercicio de sus funciones. Sobre los policías, un caso particular hizo pronunciarse al Tribunal Supremo y al Tribunal Constitucional, que avalaron la toma de imágenes de policías en plena calle.
El caso se remonta a 1992, cuando en un periódico apareció la imagen de una sargento de la policía local de Madrid poniendo las esposas a un detenido. La mujer demandó al periódico, pero el Supremo concluyó, en 2003, que la sargento era una funcionaria que estaba ejerciendo su cargo en la vía pública y avaló la fotografía. En términos similares se expresó el Constitucional unos años más tarde, en 2007.
“Es una ley que, aunque antigua, nos sirve mucho”, concluye Jorge Monclús, especialista en propiedad intelectual de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira. Pese a que el asunto está regulado, Monclús reconoce que el alto tribunal aún no se ha pronunciado en un caso similar al que se podría plantear ahora con el veto de Interior. La ley, explica, incluye una excepción a la norma: se pueden tomar imágenes siempre y cuando la naturaleza del trabajo que desarrolla el funcionario no implique el anonimato.
“Habría que valorar si, en el supuesto de una manifestación, es exigible o no el anonimato. En todo caso, son los jueces los que deben decidir sobre ese aspecto”, dice Monclús.
El presidente de la Asociación de Fiscales, Antonio Roma, comparte el hecho de que los agentes, en una actuación en la calle, no están amparados por su derecho a la intimidad y la propia imagen.
Si la captación de imágenes se prohíbe, los policías tendrán derecho a exigir, a quien tome imágenes, su identificación. Esta consecuencia puede tener un efecto disuasorio, sostienen los expertos. De ahí que sospechan que la verdadera intención del Gobierno es, precisamente, provocar el desánimo en los manifestantes.

lunes, 19 de marzo de 2012

PRENSA. "Derechos y lotería, herencias de la 1812", reportaje

Ilustración de Fernando Vicente

   En "El País":
Derechos y lotería, herencias de la 1812
   Cinco historiadores seleccionan algunas aportaciones de las Cortes de Cádiz.

Tereixa Constenla 18 MAR 2012
 
   Mañana [hoy] se cumplen 200 años de la aprobación en un Cádiz sitiado por tropas napoleónicas de la primera Constitución que consagró en España (y sus territorios americanos) la muerte del súbdito y el nacimiento del ciudadano. En aquel clima liberal se tomaron decisiones que perduran (evolucionadas o no) hasta hoy, aunque a veces hayan sido interrumpidas por etapas autoritarias. La herencia incluye la creación de instituciones como las diputaciones o la lotería nacional.
 
   » División de poderes. Ocurrió algo curioso que subraya el catedrático de Historia Contemporánea y académico Miguel Artola: "Una cosa fue lo que se quiso hacer y se hizo y otra lo que se podía decir porque se corría el riesgo de perder votos". La Constitución fue más lejos que los discursos en varios aspectos. La separación de poderes, que garantizaba los derechos ciudadanos, fue una de ellas. "Hay una asamblea representativa y electiva que hace las leyes y limita el veto del Rey como algo temporal y anulable por las Cortes; se establece un poder ejecutivo que reside en el Rey pero que concede la última decisión a los ministros del ramo y se limita el poder judicial a entender exclusivamente de materias jurisdiccionales, se les excluye de la participación política, a diferencia de lo que ocurría con el Consejo de Castilla".
 
   » Nace la ciudadanía. Para Antonio Álvarez, comisario de la exposición En-clave de historia. El legado de Cádiz a la memoria histórica de España, que se puede visitar en la ciudad andaluza hasta el 30 de mayo, hay un hecho fundamental: "El individuo deja de ser súbdito y patrimonio de un rey para convertirse en ciudadano. Aunque luego haya periodos de marcha atrás, es un cambio fundamental".
 
   » Enseñanza pública. Se plantea que la educación básica es una obligación del Estado. El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alicante Emilio la Parra considera que se trata de un paso hacia la secularización. "En el título IX de la Constitución, aunque se manda que en la escuela se enseñe el catecismo, también se dice que se deben enseñar las obligaciones civiles, que viene a ser algo así como Educación para la Ciudadanía", explica este catedrático.
 
   » Libertad de expresión e imprenta. "Los diputados doceañistas entendieron que era un derecho fundamental la difusión de ideas, no solo la expresión", destaca el comisario Antonio Álvarez. Uno de sus efectos visibles fue la aparición de cabeceras políticas. "La prensa periódica no nace ahora, pero sí la que ofrece noticias y comentarios políticos, la que realmente puede ser considerada antecedente de la actual", precisa el historiador La Parra.
 
   » Abolición de la tortura. En el artículo 303 se prohibía expresamente el uso "del tormento ni del apremio" con los detenidos.
 
   » Diputaciones Provinciales. El catedrático Artola explica que se enraízan en "el principio de igualdad de todos los ciudadanos ante las leyes, en contradicción con una tradición monárquica peninsular que hacía que hubiese territorios con fiscalidades distintas". Se suprimen "unidades territoriales existentes" y en cada provincia se crea una Diputación Provincial. "Se trata de crear un sistema uniformizado en todo el territorio nacional", añade el historiador.
 
   » Libertad de trabajo y de industria. Emilio la Parra destaca el finiquito de la ordenación gremial: "Se abre la actividad económica a todos, sin más restricciones que su capacidad".
 
   » Loterías del Estado. "La denominada Lotería Moderna o Nacional (moderna para distinguirla de una existente desde mediados del siglo XVIII), se creó a propuesta del ministro del Consejo y Cámara de Indias, Ciriaco González Carvajal, como un medio de recaudar fondos para el erario público", indica el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Cádiz, Alberto Ramos. El primer sorteo se celebró el 4 de marzo de 1812, tres meses después de ser aprobado por las Cortes.
 
   » Fiscalidad para todos. La Constitución establece en su artículo 339 que "las contribuciones (impuestos sobre bienes rústicos o urbanos) se repartirán entre todos los españoles con proporción a sus facultades, sin excepción ni privilegio alguno".
 
   » Tertulia política. "Las tertulias ya existían a finales del XVIII en Madrid y otras ciudades, como Cádiz, pero la política no se trataba abiertamente. Eran más sobre temas de arte, ciencias y literatura. En esa época se popularizan en cafés, tabernas y casas particulares", señala Marieta Campos, profesora de Literatura Española en la Universidad de Cádiz.

martes, 6 de marzo de 2012

PRENSA. HISTORIA. "La revolución española", por Antonio Elorza

Raquel Marín ("El País"

   En "El País":
La revolución española
   El levantamiento antifrancés y la Constitución de 1812 anuncian una tensión entre luz y oscuridad, búsqueda de la libertad y persistencia de la opresión, cuyas oscilaciones pendulares alcanzan hasta nuestros días.
   Antonio Elorza 24 FEB 2012

   “Cuando España alzó el grito de la independencia, sola entre las naciones del continente que habían sido ya esclavizadas o iban a serlo bien pronto, todos los amantes del bien volvieron admirados los ojos hacia ella…”. Las reflexiones desde Londres de José Blanco White sobre “los primeros pasos de la revolución española”, publicadas en 1810 en el prospecto de su periódico El Español, permiten constatar que el cambio político se tradujo desde sus inicios de 1808 en una revolución de las palabras.
   Ante todo, la Independencia como objetivo supremo, para nada un mito tardío, aspiración elemental desde el momento en que se percibe el significado de la ocupación francesa. Los propios invasores lo reconocen, hasta el punto de que ya el 10 de mayo garantizan en el Diario de Madrid su intención de respetar la independencia de España. Su correlato es la idea de Nación, en cuanto sujeto efectivo del proceso de una liberación, al que pronto se añade como objetivo acabar con la “tiranía interior”, el despotismo ministerial de la era Godoy.
   El principal ideólogo de la renovación política, Manuel José Quintana, editor del Semanario Patriótico, explicó el efecto producido por la invasión, al cobrar conciencia los españoles, por encima de sus diferencias regionales, de que formaban parte de un sujeto colectivo con identidad propia: “La Nación, de repente, cobró forma de tal”. Su soporte sociológico no es otro que el Pueblo, mientras la Patria aparece como la entidad que hace posible la religación de las conductas individuales, en tanto que espacio sagrado, dentro del cual se despliega el sentimiento, la entrega de los españoles a la causa común.
   Por fin, la valoración negativa del absolutismo, tanto por su condición opresora como al haber estado a punto de producir la pérdida de la Nación, lleva a reivindicar un régimen asentado sobre la libertad política, siendo “juntar Cortes” la exigencia inmediata, con el fin último de elaborar “una sabia Constitución”. Tal y como expresaba uno de los papeles publicados en los meses centrales de 1808, entre la euforia de Bailén y la ofensiva de Napoleón, se trataba de establecer “un gobierno firme y liberal”. Quedaban sentados los fundamentos del período constituyente que culmina en marzo de 1812.
   La claridad de las ideas se vio pronto enturbiada por la evolución negativa de los acontecimientos militares. Desde las primeras páginas de El Español, el mismo Blanco White puso en tela de juicio que “la conmoción política” llegase a buen puerto con un pueblo que parece nacido para “obedecer ciegamente”, y que sin embargo fue capaz de desplegar “el ardor revolucionario” frente a los invasores. El entusiasmo se encuentra indisolublemente asociado al pesimismo.
   El dilema de la “revolución española” se sitúa entre esas dos coordenadas. Como el abejorro cuyo peso hubiera debido impedirle volar, el levantamiento antifrancés parecía destinado al protagonismo de clérigos enemigos de las Luces. Goya aun lo recoge en Los fusilamientos del tres de Mayo, con el fraile ya ejecutado en primer plano. Sin embargo, la revolución de las palabras denuncia que estuvo cargado de modernidad. Además, inicialmente, ningún obstáculo se oponía a que buena parte del clero se sumara en nombre de la lealtad al Rey y a la Religión. Fue un consenso destinado a quebrarse cuando en Cádiz cobre forma la incompatibilidad entre el proyecto liberal y la tradicional hegemonía de la Iglesia, y los serviles, con el clero regular al frente, emprendan desde 1812 su cruzada contra el nuevo régimen, con el pueblo vuelto a la condición de populacho.
   La simbiosis de 1808 fue posible al conjugarse la reacción popular ante la invasión, tal vez más por la usurpación napoleónica en Bayona que por el eco del Dos de Mayo, con el desprestigio generalizado de un régimen a cuyo frente se hallaban personajes como Godoy y la pareja real, envuelto además en una profunda crisis financiera. La quiebra de la monarquía absoluta tuvo lugar en 1808. Los ilustrados críticos habían carecido antes de voz política, sometidos a una estricta clausura desde fines del reinado de Carlos III, y aun entonces la censura previa apenas toleró una breve primavera del pensamiento en los años 80. Lo suficiente para apreciar que el enorme esfuerzo reformador del despotismo ilustrado servía para identificar los “obstáculos” en la sociedad española del Antiguo Régimen -reforma agraria y de la hacienda, régimen señorial, educación, intolerancia- pero que en la práctica resultaba inutilizado por el control del sistema de Consejos por los privilegiados. Así, el mundo de Floridablanca, Campomanes y Jovellanos preludia la revolución política, con hitos como la publicación en 1787 de un proyecto de Constitución por un militar ilustrado, Manuel de Aguirre, amigo de Cadalso y divulgador de Rousseau, o la deslegitimación de la nobleza ociosa y del clero supersticioso desde el “papel periódico” El Censor. Son ideas que germinarán bajo la superficie, acentuándose incluso en tiempo de Godoy. La atención se vuelve hacia un pasado histórico donde pudieran encontrarse las raíces de la libertad y la génesis del aborrecido despotismo. La figura central en esta labor, Francisco Martínez Marina, típico representante del cristianismo ilustrado, firma en 1808 como canónigo su Ensayo sobre la antigua legislación; en 1813 su Teoría de las Cortes tiene ya por autor al “ciudadano” Martínez Marina.
   La demografía determinó la forma del proceso. En Francia, desde 1789 a 1968, la capital fue el espacio revolucionario. Aquí prevaleció el policentrismo de una revolución juntista, donde en las principales ciudades cada junta era suprema en su territorio, con la vocación de formar una Junta Central, encargada a su vez de convocar Cortes constituyentes. El programa responderá al legado de la Ilustración crítica: soberanía nacional, monarquía limitada y leyes sociales que dirigidas a sustituir el Antiguo Régimen por un orden liberal.
   Dos obras de Francisco de Goya, con la Constitución como protagonista, informan acerca de la coyuntura política que sigue a 1812. Una es el último aguafuerte de los “desastres de la guerra”, titulado "Esto es lo verdadero”. Una generosa figura femenina, sobre el fondo de un resplandor que como siempre indica la luz de la razón, acoge a un personaje masculino, sin duda trabajador del campo. No hay idealización alguna en la representación de éste, y sí en cambio en la de la mujer que alza el brazo izquierdo, con el índice hacia el cielo, símbolo de la Constitución de Cádiz. De ese encuentro del trabajo con el orden constitucional surgirá la abundancia. Solo que la Constitución llega en año de miseria, con la hambruna del siglo, anuncio de décadas en que ni absolutistas ni liberales tendrán recursos para consolidarse. Los “desastres de la guerra” y la pérdida del Imperio continental en América -fin del sueño de la "nación española de ambos hemisferios"- hicieron inviable la utopía constitucional. Lo explicó Pierre Vilar: la modernización política llega al mismo tiempo que son destruidas las precondiciones que la hicieron posible. En España y en México.
   Otra cara de la realidad. A fines de 1814 Fernando VII ha restaurado el absolutismo y el Ayuntamiento de Santander encarga a Goya su retrato, en el cual deberían aparecer la figura del león hispano cuyas garras han roto las cadenas y una alegoría de España. Goya cumple el encargo, alterando a fondo su contenido. El león de las cadenas rotas parece una alimaña. Y detrás del rey, la hermosa figura femenina no representa a España, sino por el índice levantado de la mano izquierda, a la Constitución. El triunfo de la restauración absolutista no es definitivo. El juego de imágenes, en línea con tantas otras creaciones de Goya, del Sueño de la razón a Lux ex tenebris, anuncia una tensión entre luz y oscuridad, búsqueda de la libertad y persistencia de la opresión, cuyas oscilaciones pendulares alcanzan hasta nuestros días.

   Antonio Elorza es autor de Luz de tinieblas. Nación, independencia y libertad en 1808 (CEPC, 2011).