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lunes, 21 de octubre de 2013

PRENSA. "Víctimas del machismo a los 15". Reportaje

Laura fue maltratada por su novio cuando tenía 15 años. Terminó con la relación cuando los padres de él se enteraron, pero hasta hace poco acarreó secuelas. / SAMUEL SÁNCHEZ ("El país")

   En "El País":

Víctimas del machismo a los 15

Los casos de maltrato entre adolescentes crecen un 30% en un año

Las relaciones perpetúan patrones sexistas. “Creía que la violencia de género era solo cosa de adultos”

 Madrid 19 OCT 2013

“¿Si me acuerdo de la primera vez?”. Cristina entorna los ojos. Aún medio cerrados siguen siendo grandes, marrones y brillantes. “No sé... Empezó poco a poco. Tirones de pelo alguna vez, empujones... Una tarde que estábamos en un parque se enfadó y empezó a pegarme puñetazos en los brazos y en la tripa. Luego se puso a llorar. Me asusté tanto... Y me sentí tan mal por verle así que...”, relata. El día de esa agresión Cristina, que hoy acaba de cumplir la mayoría de edad, tenía 15 años y llevaba seis meses saliendo con ese chico, de 16. Cuenta que al principio todo era “mágico”. Que el resto del mundo no existía para ellos. Pero gesto a gesto él la absorbió. Y la anuló mucho antes de levantarle la mano. Poco después, en una fiesta, una amiga vio como él le agarraba del pelo y le gritaba. “Estaba histérico y mi amiga se asustó. Me dijo que el tío era un bestia y que tenía que dejarle. En verdad no era nada comparado con otras veces y algo le conté; pero nunca hablamos de maltrato. Para mí, lo mío era otra cosa. Violencia de género es lo que les pasa a las mujeres mayores, casadas, adultas. Así pensaba yo”, dice con una sonrisa cansada.
Le costó entender que no. Que había muchas historias similares a la suya. En un año, de 2011 a 2012, los procesos judiciales por violencia machista en adolescentes se han incrementado un 30%. Han pasado de 473 a 632, según la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2013. Son los primeros datos claros y tangibles de este delito en menores —antes de esas fechas se recogían como violencia intrafamiliar—. Aunque los expertos avisan de que la cifra es solo una migaja de realidad, la que llega a los tribunales. Muchas familias no denuncian lo que les ocurre a las chicas. Otras no llegan a identificar la situación de maltrato.
Como A., de 14 años, que hace diez días fue asesinada a puñaladas por su exnovio, de 18 años, en su casa de Tàrrega (Cataluña). Ni la adolescente ni su familia habían denunciado al joven que terminó con su vida. La chica, que había roto con él hacía dos semanas, es la víctima mortal más joven de la violencia de género de este año, en el que los asesinos machistas han segado la vida de 39 mujeres. Desde que se empezaron a contabilizar las víctimas mortales del sexismo, en 2004, se han registrado dos casos en menores. El de A. y el de Almudena, que murió hace justo un año en El Salobral (Albacete) asesinada a tiros por el hombre de 40 con el que mantuvo una relación.


El novio de Alicia le rompió una pierna a patadas. Estuvo con él de los 14 a los 19. / SAMUEL SÁNCHEZ
Son dos muestras extremas. Pero psicólogos, educadores y juristas resaltan que se están detectando, y produciendo, comportamientos y agresiones machistas a edades cada vez más tempranas. “En los jóvenes se reproducen roles que creíamos superados. Patrones en los que el chico es el dominante y ejerce esa dominación a través del control, y la chica adopta una actitud sumisa o complaciente”, describe Susana Martínez, presidenta de la Comisión de Estudio de Malos Tratos a Mujeres. Muchas de esas relaciones siguen basándose en el esquema tradicional del amor romántico en el que el hombre es fuerte y la mujer débil, dependiente, necesitada de protección. “Como en el cuento de la princesa que necesita que el príncipe la salve. Esas pautas, llevadas al extremo, pueden derivar en conductas violentas; pero aunque no lleguen a ello, esas relaciones están impidiendo que las chicas se desarrollen como agentes activos de la sociedad”, apunta Ana Bella Hernández, que preside una fundación de mujeres supervivientes a la violencia de género que lleva su nombre.
Alicia se adentró en ese cuento de princesas cuando tenía 14 años y empezó a salir con su primer novio, de 16. Recuerda que se sentía enamorada hasta el tuétano y que, aunque casi desde el principio él tenía enormes arrebatos de celos no lo vio mal. “Me sentía incluso halagada. Lo tomaba como si fuera mi caballero andante que estaba celoso porque me quería mucho”, cuenta. Esta joven rubia, de ojos ambarinos y gesto risueño prefiere no dar su nombre real. Cuenta que por aquel entonces su vida era él. Se escapaba de casa para verle, faltaba a clase. Con las semanas y los meses esos arrebatos de celos que acababan en discusiones e insultos dieron paso a los empujones, los escupitajos. También a la violencia sexual, muchas veces invisible en las estadísticas o en los estudios.
Estuvieron juntos hasta que ella cumplió 19. Ahora tiene 24. “Los episodios de violencia se sucedían. Pero ocurría, él me pedía perdón y yo le disculpaba... Incluso me llegaba a sentir culpable por haberle provocado, por haber hecho que se alterara de esa forma... Yo le amaba... O al menos eso creía”, cuenta Alicia. Una noche, a la salida de una discoteca, él le dio una paliza. La emprendió a patadas con la chica, le rompió una pierna y le provocó una lesión en el cuello. “Una amiga me llevó al hospital, me escayolaron y me tuvieron que poner un collarín”, relata. Cuando llegó a casa y le contó a su madre la verdad, la mujer sufrió una conmoción. No sabía nada.

“Él era mi vida y al inicio pensé que los celos probaban su amor”, cuenta Alicia
La espiral de violencia había ido devorando a Alicia, poco a poco, sin que se diera cuenta. El entorno social y los propios jóvenes aún justifican determinadas actitudes sexistas. Como que los celos son una expresión del amor. Una afirmación con la que están de acuerdo el 33,5% de los chicos y el 29,3% de las menores. O que para tener una buena relación de pareja es deseable que la mujer evite llevar la contraria al hombre, como piensan el 12,2% de ellos y el 5,8% de ellas, según un estudio de 2010 sobre violencia de género en adolescentes encargado por el anterior Gobierno socialista.
Ese documento, elaborado por investigadores de la Universidad Complutense se podrá comparar con el estudio que publicará en las próximas semanas el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. El nuevo informe, que se basa en las conclusiones de las entrevistas a 8.000 jóvenes, y que aún está en proceso de análisis, confirma que los adolescentes inician las relaciones sentimentales cada vez antes —la edad media está en 13 años— y que son muy permeables a los estereotipos machistas que ven en casa, pero también a través del cine, la televisión, la música, la literatura...
Esos noviazgos tempranos no tienen por qué ser nocivos, explica Virginia Sánchez, profesora de Psicología Evolutiva de la Universidad de Sevilla. Tampoco conducir a situaciones violentas. Es positivo que los menores amplíen sus relaciones afectivas a través de esos vínculos, cree. Siempre y cuando la relación sea equilibrada en edad y basada en el respeto. Sin embargo, reconoce Sánchez, las relaciones entre los menores son cada vez más agresivas. “Hay mucha violencia verbal mutua que, si no se ataja, puede derivar en comportamientos más graves cuando se establecen los patrones de dominio y sumisión”, abunda. Porque esos patrones son importantes en una etapa en la que los menores están aprendiendo a resolver los conflictos.
Expertos como Sánchez y psicólogas como Olga Barroso, de la Fundación Luz Casanova —que tiene un programa para adolescentes que han sufrido violencia de género— remarcan que las nuevas tecnologías facilitan el contacto entre los menores pero también se emplean como mecanismos de control. “El WhatsApp, los mensajes, las redes sociales se usan para saber en todo momento dónde está el otro y su actitud. Después, cuando la relación se rompe también se emplean como instrumento de acoso”, destaca la presidenta de la Comisión de Estudio de Malos Tratos, que insiste en que bien usadas, esas herramientas pueden ser positivas.

María supo lo que le ocurría a su hija cuando vio sangre tras una agresión
Barroso explica que a esa edad los menores tienen aún difusa la idea de lo que es control y lo que es interés o preocupación. “La línea es fina y las situaciones muy sutiles. Por ejemplo, ¿es normal si tu novio te pide que le llames desde el teléfono fijo de tu casa para saber que has llegado bien y quedarse tranquilo? ¿O si te dice que le mandes un localizador cada vez que sales para ver donde estás o te pide que le enseñes el móvil para ver con quien te escribes?”, dice.
Para ellos eso son “pruebas de amor”, dice la educadora Nieves Salobral. Y, actualmente, el máximo de esos gestos es dar al otro la contraseña de acceso al correo electrónico, las redes sociales. Ceder la intimidad. Y eso es símbolo de amor. Porque, como explica Ana, una de las chicas asistida por Barroso, aman a su pareja. “Quizá sepas que no está bien, que los insultos o las agresiones no son lo correcto pero es tu novio, le justificas y no quieres verle mal. Solo deseas ayudarle para que deje de ocurrir...”, dice.

Sin prin

Pero sigue ocurriendo. Y muchas menores, como al principio hizo Cris, se niegan a cortar con la relación, y la mantienen a pesar de la oposición de sus amigos o familias. María B. cuenta con un hilo de voz que ha detectado que su hija, Gema, sigue en contacto con el chico con el que salía hasta hace unos meses. La chica, de 16 años, recibe ayuda psicológica desde que su familia detectó que sufría malos tratos por parte de su novio, el chico que hasta entonces les parecía modélico y con el que estaba desde los 14. “Al principio, cuando empezaron a salir me pareció hasta bien. El chico era muy educado, yo conocía a los padres...”, recuerda. Sin embargo, cuenta que llevaba un tiempo algo escamada porque percibía que Gema había dejado de salir con sus amigas, que discutía mucho con su novio. “Casi siempre por celos de él, aunque luego siempre lo arreglaban”, explica. Una noche, en plenas fiestas del pueblo, notó al llegar a casa que Gema tenía sangre en la ropa. Estaba muy nerviosa. Parecía que había discutido con el chico y que él se había ido. “Yo sabía que algo había pasado pero mi hija solo me repetía que había que localizarle, que tenía miedo de que le hubiera pasado algo”. Le llamó al móvil. Le preguntó y el adolescente reconoció que había pegado a Gema.
El mundo de María se derrumbó. No sabía qué hacer ni a quién recurrir. Habló con los padres del chico y buscó ayuda para su hija. “No lo denuncié porque los dos son menores y la familia de él se ha involucrado, pero llegué a plantearme si estaba exagerando. Si no sería solo cosa de chiquillos... Pero no. Y me alegró de haber actuado”, dice. A pesar de todo, admite entre sollozos que se siente culpable por no haberlo sabido antes. Por haber acogido al chico en su casa. Por no haber advertido más a su hija la primera vez que ella le mencionó el asunto de los celos.
Gema está ahora recibiendo el tratamiento que a Laura (nombre supuesto) le costó años solicitar. Ayuda y apoyo sin los cuales, aunque la relación de violencia haya acabado, la pauta puede repetirse con otras parejas. Laura sufrió malos tratos por parte de su novio a los 15 años, pero hasta los 20 no fue consciente del lastre que acarreaba. Una mochila de sumisión que, sin llegar a las agresiones, la llevaba a escoger a chicos autoritarios y dominantes. También la situación que vivía en casa, donde también sufría abusos, jugó un importante papel. “Eso me empujó a los brazos de ese chico que yo veía como mi protector. Al principio me sentía genial, después...”, cuenta. Después, siguiendo el patrón de la mayoría de casos de violencia de género, llegaron los golpes.
En el caso de Laura fueron los padres de él quienes abrieron los ojos. “Un día que había consumido droga me pegó delante de ellos. Se montó una pelea tan tremenda que él llegó a pegar a sus padres”, relata Laura. La chica les contó entonces lo que ocurría y ellos la animaron a denunciar. No lo hizo por miedo a su propia familia. Sin embargo, los padres del chico sí le denunciaron por agresión hacia ellos. Y eso destapó que el joven tenía otras causas pendientes de robo con violencia. Fue condenado a dos años de cárcel. Laura no le volvió a ver. Ahora se dedica a la formación de profesionales sanitarios. Además, como Alicia, aún acude a los grupos de terapia para jóvenes, a las que explica su historia. “A esa edad no te identificas como víctima de maltrato”, dice Alicia. Y si lo haces, cree Ana, cuesta dar el paso y contarlo: “No quieres que a él le pase nada y tampoco quieres que tu familia sufra. Es complicado”.
Eso fue lo que le ocurrió a ella, hasta que él la agredió en plena calle. Insiste en que tenía toda la información, la ayuda y la confianza de sus padres. Alicia y Laura, sin embargo, creen que su historia sí se hubiera evitado con prevención. Una opinión similar a la de los expertos, que alertan de que falta educación afectiva y en igualdad en los colegios. También más implicación social de las familias. En definitiva, conocimiento para derribar los comportamientos y actitudes sexistas que se perpetúan en el siglo XXI, para desechar la idea de que los celos son el no va más del amor. Para aprender a identificar esos primeros signos que conducen a la espiral de la violencia machista.

Sin príncipes azules, por favor

Bella, de la saga Crepúsculo, dio hasta su vida por amor y dejó de ser humana por su Edward, un vampiro. Aurora, la bella durmiente de Disney, se salvó del sueño eterno con un beso de amor del príncipe azul. Su salvador. “Hay muchos esquemas de dominación y sumisión por derribar. Mitos del amor romántico que ofrecen a los jóvenes la idea de que hay que darlo todo por la otra persona. Eso les lleva a inmolarse y ceder ante la subjetividad del otro”, explica la educadora Nieves Salobral. Da talleres en institutos de Madrid en los que analiza películas y canciones para identificar estereotipos sexistas.
Salobral cuenta que los menores, aunque se saben la teoría y conocen el fenómeno de la violencia de género, suelen identificarla solo cuando es física. Para atajar el problema, dicen los expertos, la prevención es clave. Inmaculada Montalbán, presidenta del Observatorio de Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial, insiste en que solo a través de la educación de los más jóvenes se puede interrumpir la asunción de comportamientos machistas y romper la cadena de violencia.
Jesús Casas, subdirector del Instituto de la Mujer, asegura que el Gobierno avanza hacia ese modelo. “Es fundamental la educación en igualdad de toda la sociedad, pero más de las personas que aún se están formando”, dice. Y en esa línea va el programa Plurales —iniciado recientemente—, que busca analizar los comportamientos de la comunidad educativa para destacar e implantar un catálogo de buenas prácticas. También, enumera, el Gobierno ha aprobado un nuevo título superior, el de técnico Superior en Promoción de Igualdad de Género. Elementos positivos para Montalbán que, sin embargo, se muestra preocupada por la desaparición, con la ley Wert, de Educación par la Ciudadanía, asignatura en la que estos valores tenían un peso específico.

miércoles, 22 de mayo de 2013

PRENSA. "Con dientes de leche y ya con mechas". Reportaje

Una niña se pinta los labios. / GETTY ("el país")

   En "El País":

Con dientes de leche y ya con mechas

El espíritu consumista, la biología y el acceso a la Red adelantan la adolescencia

La precoz llegada de la pubertad no va pareja con una mayor madurez intelectual

 18 MAY 2013

Si matamos la infancia “produciremos frutos precoces que no tendrán madurez ni gusto y que se pudrirán muy pronto”. Quien habla es el filósofo francés Rousseau que ya a finales del XVIII no se mostraba partidario de adelantar las etapas de la vida. En especial era contrario a acortar la infancia. En su Emilio o la educación sostenía que esta infancia había que vivirla con plenitud mediante el juego. Por eso, exhortaba a los lectores a amarla y a “favorecer sus juegos”. “Hombres, sed humanos, que es vuestra obligación primera; sedlo con todos los estados, con todas las edades, con todo cuanto es propio del hombre”.
El caso es que hoy, los chicos —en especial las chicas— de entre los 8 y los 12 años transitan una preadolescencia temprana que los ingleses, tan amigos de inventar categorías, llaman tweenies o tweenagers (de la unión de teenagers, adolescentes, con wee, pequeñitos). Las niñas juegan con muñecas góticas, se maquillan (sin salir de casa), posan en las fotos como si fuesen actrices de Club Disney, exigen un móvil o se desmayan por Justin Bieber cuando a su edad sus padres escuchaban a Enrique y Ana.
“Si la infancia nace con Rousseau, podríamos advertir que hoy en día y con el afán de arrastrar a los niños al espíritu consumista, materialista y egoísta, podríamos estar siendo responsables de la muerte misma de este fenómeno cultural y evolutivo”, asegura Tomas de Andrés Tripero. Este profesor de la facultad de Educación de la Universidad Complutense considera que los adultos están permitiendo que los niños “se coloquen a la misma altura”, ambicionando económicamente lo mismo que los mayores y adquiriendo de manera directa conocimientos y actitudes de adulto pese a no tener la madurez imprescindible.
Un ejemplo son las charlas para la elección de centro al pasar de primaria a secundaria. La decisión de que un niño acuda a un instituto u otro, cuentan sorprendido un jefe de estudios, ya no recae en los padres —que estudiaron donde quisieron los suyos— sino en los hijos, y es a ellos a quienes se dirige la charla explicativa. “Les hemos dado el derecho a elegir pero no les hemos enseñado a reflexionar sobre por qué esto y no aquello”, lamenta el psicólogo Ángel Peralbo. La psicoterapeuta Mónica Manrique acude al libro Adolescentes, una historia natural (Duomo), de David Bainbridge, profesor de Anatomía y Clínica veterinaria en la Universidad de Cambridge, para hablar desde un punto de vista biológico del acortamiento de la infancia. “La adolescencia empieza con la pubertad, que implica una secuencia de cambios biológicos que comienzan antes en las niñas que en los niños. En ambos casos se ha adelantado en los últimos decenios en los países occidentales”. Según Bainbridge, durante el pasado siglo XX la pubertad se inició 12 días antes por año transcurrido, pero en los últimos años este adelanto anual es de tres días.

‘Peluparties’ y muñecas a la moda

Ni las inocentes barriguitas se han salvado del lavado de cara. Las hoy madres jugaron con rubias querubines, mientras que las muñecas de sus hijas llevan el pelo largo, pantalón pesquero y una camiseta que deja al aire su prominente barriga. A la cabeza del tuneado las Monster Girls, dirigidas a chicas de 11 o12 años, pero que causan furor entre las pequeñas que emulan a las mayores. Tanto, que en Navidad hay lista de espera y mercado negro. ¿Cuál es la clave? “Sus aventuras, vehiculadas en forma de contenido a través de varias plataformas (online, TV, novelas, diarios…), son el reflejo de la vida de cualquier preadolescente. Les lanza el mensaje de que pueden expresar su individualidad sin complejos, abrazar sus imperfecciones y atreverse a ser diferentes siendo ellos mismos”, opina Elvira Sanjurjo, directora de marketing de Mattel Iberia. “Además, Monster High tienen una estética moderna, diferente y superfashion que conecta con ellas a la perfección”. Sanjurjo recuerda que “los juguetes no están al margen de la realidad” y “evolucionan para adaptarse a los tiempos aunque persiga el mismo objetivo didáctico, socializador, de entretenimiento”.
Las peluparties, que recuerdan a la fiesta de pijamas de 'Grease', son el último grito. “Las asistentes contarán con una sesión de belleza con tratamiento personalizado que incluye lavado, peinados, manicura, maquillaje y las invitaciones”, oferta una peluquería madrileña su plan para ocho niñas por 149 euros. “Siempre nos hemos pintado y peinado y no lo veo mal, pero que se dé masajes a niñas de ocho años me parece una perversión”, piensa Mamen Infante, periodista de belleza. “Las marcas sacan maquillajes de colores alegres y baratos para las niñas, pero no dirigen la publicidad hacia ellas”.
La franquicia Princelandia, presente en 160 países, tiene ya 24 spas infantiles abiertos en España en poco más de un año. “Todo nuestro personal son educadores por lo que las actividades se basan en pasar un momento divertido mientras se inculca una imagen positiva del bienestar y del cuidado personal”, advierten en la web. Sus centros cuentan incluso con una larga pasarela rosa para que las niñas se sientan top model por un día. Varios grupos feministas han puesto el grito en el cielo. “Transmiten la idea de que la mujer es propiedad de los príncipes y de que es un objeto sin ideas ni pensamientos”, se queja el colectivo A Clau Roya, de Zaragoza.
La Mary Pepis, que sigue vendiéndose, es casi una reliquia. Existen en el mercado estuches de peluquería que incluyen máquinas para hacer mechas y colorear el pelo, opciones de colores o tenacillas para rizarlo. Y los tatuajes, con permiso paterno antes de los 16 años, son el día a día y eso que el 80% de quienes se tatúan con menos de 20 años se arrepiente sin cumplir los 35.
Manrique, autora del blog Padres en apuros, distingue varias causas que explican este adelanto de la adolescencia. No lo atribuye a los genes, “porque estos no pueden haber sufrido cambios tan grandes en tan pocas generaciones”. Observa el sobrepeso como anticipador de la pubertad, aunque “todavía queda mucho por saber”, precisa. “Podría existir un vínculo entre el inicio de la pubertad y la leche de fórmula, que hace que los bebés crezcan más rápido. Y un bajo peso al nacer lleva a que la pubertad se anticipe hasta 10 meses”.
Manrique cree que puede condicionar la precocidad un mayor cuidado de la salud —menos parásitos e infecciones y mejor dieta—; un estatus más alto —“eso puede relacionarse con la mejor nutrición”—, la latitud —“los finlandeses entran en la pubertad un año más tarde que los griegos”— y el estrés, “que es algo que no es aceptado por todos los investigadores”.
“Es verdad que hay un adelanto biológico, no hay más que verlo. Pero no va acompañado de una mayor madurez. Estos niños no son más responsables que los de antes. Casi diría que las anteriores generaciones no estaban tan perdidas y eso que no tenían acceso a tanta información”, opina Peralbo. El profesional culpa de esta desorientación a sus familias. “A los niños se les apunta a clase de todo, están muy preparados, pero no se les forma en inteligencia emocional. En valores, en el esfuerzo. No saben valerse por sí mismos y los padres están desbordados. La sobreprotección es un tema manido pero es evidente”, añade.
A partir de los 13 años, las chicas europeas doblan a los chicos en casos de depresión y ansiedad y a la hora de puntuar su autoestima, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Todo parece indicar que, en buena medida, las adolescentes están sometidas a más situaciones de estrés, violencia, normas culturales y carga de trabajo que los varones”, sostiene Peralbo en su libro de autoayuda De niñas a malotas (La esfera de los libros).
“Los niños son cada vez antes adolescentes, pero también sus padres no quieren dejar de ser jóvenes. A los 50 siguen considerándose, visten y se comportan como tales. De modo que la adolescencia se alarga por arriba y por abajo”, señala el educador y psicólogo Alfredo Hernando. Basta con darse una vuelta por algunas tiendas de ropa interior para comprobar el furor que provoca entre las mujeres de 40 la gatita animada Hello Kitty, que ya superó los 35. “El problema no es cómo vistan, sino que no sean capaces de asumir el papel de padre y actúen como amigos. Hemos pasado del padre autoritario que siempre tenía razón, al extremo contrario”.
“Yo no creo que los niños hayan cambiado tanto. Somos nosotros, los adultos, y la sociedad los que lo han hecho. Platón decía que siempre nos quejábamos de la generación siguiente”, sostiene el psicólogo clínico Mark Beyebach. “Los padres están menos presentes y han delegado la educación en las pantallas, en los móviles. Los hijos están superprotegidos: se les matricula en la universidad, se les busca colegio mayor, traen la ropa a lavar… Viven una infancia con derechos pero sin las obligaciones de los adultos”, opina el coautor de Cómo crear hijos tiranos (Herder). “Pasan de que les preparen la mochila al descontrol total”.
Beyebach considera que caemos en una trampa: “Tenemos un recuerdo idealizado de nuestra niñez”. El eje del cambio está, en su opinión, en el consumismo. “Hay muchas empresas con grandes intereses en el mundo infantil que presionan para que el niño consuma. Les crea frustración no tener móvil o iPad, saldo en el teléfono… La comunión es el paradigma del consumismo. Las familias se endeudan y eso no es aprendizaje”. En pleno derrumbe económico el derroche en la comunión se está frenando. El gasto se ha reducido un 45% en cuatro años y ronda los 1.700 euros en 2013, según el informe que cada año presenta la Federación de Usuarios Consumidores Independientes (FUCI). “Aunque con la crisis se haya reducido el gasto, no parece haber una consecuencia positiva porque queda la idea de consumir. Hay que aprender a tolerar la frustración”, dice Beyebach.
Los padres de estos niños nacieron en los años sesenta y en los setenta y se criaron en un ambiente de creciente comodidad, acostumbrándose a una abundancia no pasajera. Por ese motivo mantienen una inclinación más consumista que la de sus padres y abuelos: tienen menos conciencia de los precios, son menos hostiles a la publicidad y les tientan más las rebajas y promociones. “El éxito es tanto más sorprendente en cuanto la sobriedad, la austeridad, el ascetismo, la renuncia y el desprendimiento han sido durante siglos guía y norte de los famélicos españoles, y que basta solo con remontarse unos pocos lustros para encontrar tales virtudes todavía instaladas entre nosotros”, se lamentaba en 1975 el sociólogo Rafael López Pintor en su libro Los españoles de los 70.
Desde entonces, el consumismo solo avanza. “Por eso somos el país de Europa con más smartphones, cuando tenemos seis millones de parados. Yo no hablaría de que tenemos una crisis de consumo sino de un consumo de crisis. Nos hemos ajustado para seguir gastando”, razona Luis Alonso, catedrático de Sociología en la Universidad Autónoma de Madrid. Y en estas circunstancias los niños son marquistas porque los padres lo son. “Piden a sus familias cosas de marca para ser aceptados en el grupo. Hay una presión social que te empuja a llevarlas. Si no tienes miedo de ser excluido y es lo peor que le puede pasar. Tiene que haber un contrapeso ecologista o elitista muy grande para que a los niños no les importe”, añade Alonso.
“Los niños finlandeses son menos marquistas que los españoles a pesar de ser un país más rico. Han recibido, en la escuela y en casa, educación del consumo responsable. Hay otros valores, se da más importancia a lo público. En España llegamos tarde al consumo, partiendo de capital social y cultural muy bajo y por eso no es razonado”, prosigue Alonso. A menos formación intelectual, mayor es la obsesión por el consumo. “No tienen otras perspectivas de disfrute cultural”.
“La adolescencia es un invento del siglo XX. Antes eras un niño y, cuando a los 11 o 12 empezabas a trabajar, te convertías en un adulto. Con 12 años las niñas ya eran madres”, recuerda el escritor juvenil César Mallorquí. “Por eso los comienzos de la literatura juvenil son difusos, hacia los años setenta, mientras que los de la infantil están claros”.
“El 25% de los niños de entre 8 y 12 años en España tienen móvil. En el mundo nacen al día tres veces más smartphones que bebés. En el mercado hay disponibles ocho tabletas para el mercado infantil”, nos cuentan en el pequeño documental La generación Play-móvil, de la revista 'Einnova' de la Universidad Complutense.
“No es que la adolescencia empiece pronto, es que los niños con dos años están ya habituados a las nuevas tecnologías. El cerebro no está adaptado para esos estímulos perceptivos y va a tener que cambiar. ¿Cómo van a conducir de mayores solo a 120 si su sistema nervioso se ha adaptado a la rapidez?”, anuncia De Andrés Tripero, que incide en la experiencia de Silicon Valley, el paraíso de la informática. “Allí, los ejecutivos no dan un ordenador y un móvil a sus hijos hasta tarde. Porque lo que quieren es que desarrollen la estabilidad emocional y se sociabilicen, y las tecnologías aíslan”.
“Las empresas contratan a expertos que analizan las redes sociales y crean productos pensados para adolescentes. A un cantante de voz meliflua que canta lo que ellas quieren oír”, se mofa el educador de Justin Bieber. “El gasto mayor no está en la moda, que es para mayores, es en tecnologías”. El 78% de los chicos entre 14 y 19 años corren el riesgo de tener comportamientos obsesivos en el futuro por su “obesidad digital”, según un estudio de la Fundación Eroski presentado el pasado noviembre. Existen ya casos diagnosticados de adolescentes internados en un centro de salud mental para curarse su obsesión.
Sobre el poder de Internet incide también Laia Esqué, editora del sello juvenil Molino. “A través de Internet tienen acceso al mundo entero y han cambiado la forma de relacionarse con otros niños. A su edad nos apuraba llamar a un amigo a su casa y tener que hablar con su padre. Ahora tienen muchas formas diferentes: el chat, el móvil… Eso les hace más autónomos, adultos”. Una madurez que, sin embargo, en opinión de Esqué, no tiene su reflejo en el nivel intelectual de sus lecturas. “Hay libros extranjeros infantiles o juveniles que en España se catalogan para adultos porque se consideran demasiado complejos. Ha pasado con El niño con el pijama a rayas o La ladrona de libros”.
“No existe una edad ideal para entrar en la adolescencia. Lo que podemos hacer como padres es cuidar nuestra relación con ellos, aceptarles como personas que están cambiando, llevar de la mejor manera posible que se vayan distanciando de nosotros y encajar con generosidad e inteligencia la influencia cada vez mayor del grupo de iguales”, piensa la psicóloga Manrique, que ha trabajado con niños problemáticos y en una escuela de padres. “También tendremos que proporcionarles una buena formación y educación sexual e intentar no perder los nervios ante la inestabilidad emocional en la que viven”. ¿Qué diría Rousseau?

jueves, 12 de abril de 2012

PRENSA. "El peligro es un imán para el adolescente", reportaje

Josep Lluis Sellart ("El País")

   En "El País":
El peligro es un imán para el adolescente
   El afán de experimentar, cueste lo que cueste, complica la vida de los menores.
   Adicciones, sexo inseguro y anorexia, los riesgos.

Inmaculada de la Fuente 1 ABR 2012
 
   Como una moto. Y sin frenos. Al llegar la adolescencia, el cerebro experimenta un incremento de actividad, una agitación desacostumbrada. Aunque no todas las áreas actúan con la misma intensidad. Iniciada la pubertad, se activa el circuito del placer-recompensa, mientras que el análisis lógico llega más tarde. “Estos cambios pueden verse ya en el cerebro a través de técnicas como la resonancia magnética”, dice Alfredo Oliva Delgado, profesor titular del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla. Una de las áreas más activas, la corteza prefrontal, es también responsable de una progresiva maduración intelectual que solo acaba pasada la adolescencia, “en torno a los 20 años”, añade Oliva. Un desfase que conduce al adolescente a vivir cierta esquizofrenia: el circuito del placer está sobreexcitado, pero la reflexión no entra en sus hábitos. Eso no significa que todo adolescente sea de por sí temerario. Simplemente reacciona de forma inmediata al estímulo, cueste lo que cueste.
   Es tiempo de excesos. El mundo empieza a ser suyo y el vértigo les lleva a descubrir los paraísos artificiales, sea Internet y las redes sociales o ese cigarrillo medio clandestino apurado en la esquina del colegio. Un cigarrillo que tal vez se convierta pronto en una rutina y, quizás, una carga. Todo a la vez, y a edades más tempranas. Sea por inexperiencia o impulsividad, el consumo y abuso temprano del alcohol (responsable de frecuentes ingresos de urgencia hospitalaria) y el sexo precoz e inseguro son algunos de los riesgos más obvios que acechan al adolescente. Oliva, sin embargo, matiza: es cierto que cada vez son más precoces, lo que incrementa su vulnerabilidad ante el alcohol y otras drogas. Pero adelantarse no siempre significa engancharse. Empezar a beber más tarde no garantiza tampoco una posterior moderación. E, incluso, “algunos llegan a beber más y a desajustarse durante más tiempo”, indica.
   La psicóloga del centro infanto-juvenil SINEWS Macarena Pi Davanzo antepone otros riesgos: “Uno de los problemas de salud más graves a los que se enfrentan hoy los adolescentes son los trastornos alimentarios. En la anorexia, las tasas de suicidio se elevan al 30%. No en vano se trata del trastorno mental que más adolescentes mata”, asegura.
   Los trastornos alimenticios van más allá de la moda de estar delgado. “Les llega una insistente publicidad por diversos medios que les empuja a seguir unos estándares de apariencia física bastante más inalcanzables que los exigidos a generaciones anteriores, lo que les provoca una inseguridad profunda”, continúa Pi Davanzo. “A una edad en la que la identificación con el grupo es importante, esa mezcla de inseguridad y exigencia les lleva a tener conductas de riesgo en una sociedad en que parece que todo está permitido. Y en la que los padres han perdido autoridad no de forma consciente, sino porque no saben ejercerla”, agrega.
   “Un trastorno alimenticio (TA) es una enfermedad psiquiátrica que tiene causas biológicas, ambientales y psicológicas”, explica Pi Davanzo. “Se inscribe en los trastornos de conducta y una de sus complejidades es que muchas adolescentes hacen suyo el diagnóstico, lo que refuerza la enfermedad”, continúa la psicóloga. “No cabe hablar de anoréxicas o bulímicas: son enfermas”, añade. Una enfermedad que suele descubrirse una vez ya instaurada, lo que dificulta el tratamiento. En la bulimia, por ejemplo, “no es igual empezar a tratarse cuando solo vomitan un par de veces por semana que cuando llevan mucho tiempo haciéndolo a diario”.
   “Las dietas, tan de moda, constituyen, junto a la baja autoestima, uno de los factores de riesgo determinantes en el desarrollo de un TA”, prosigue la psicóloga. Desde luego, el TA afecta a personas de distintos sexos y edades y no solo a jóvenes. Pero “nunca se debe recomendar a una adolescente hacer dieta. Incluso en casos de obesidad, lo que hay que promover es un estilo de vida saludable”, advierte Pi Davanzo.
   Los sociólogos consideran que ir de botellón o compartir un porro de forma aislada son rituales de paso ligados a la socialización. Pero no es lo mismo sumergirse en esos ritos al inicio de la adolescencia que al final. Entre los 13 y los 18 años hay un abismo. Animados por el grupo al que pertenecen, los más precoces se lanzan al primer sorbo sin desarrollar estrategias para controlar lo que beben. En el campo sexual, ensayan sus primeras experiencias porque ya hay unos pocos en la clase que presumen de haberse iniciado. Más que decidir, buscan que lo vivido se parezca a lo soñado.
   Uno de cada cuatro chicos entre 15 y 29 años piensa que el botellón es algo normal, según el informe de 2008 del Instituto de la Juventud. Y estudios realizados en la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia establecen que un 69% de los adolescentes participa en ellos una vez al mes. “¿Cómo no van a verlo normal si ven beber a sus mayores a las puertas de bares y restaurantes?”, se pregunta una vecina que tiene junto a su domicilio un bar con terraza. Para esta madrileña, las mesas informales que surgen junto a algunos bares para que los clientes puedan fumar constituyen un botellón civilizado o legal. “Los chicos no hacen más que copiarlos de forma más o menos descontrolada”, añade.
   “Hace años, cuando mi hijo era adolescente, los telediarios daban con frecuencia noticias que relacionaban a los jóvenes con el botellón”, confiesa un padre con un hijo ya en la Universidad. “Me preguntaba entonces cómo era posible que un adolescente no asociara juventud y botellón”, añade. Naturalmente, el padre no cuestiona que esas noticias fueran ciertas, pero temía las consecuencias de que este comportamiento se generalizara.
   ¿Qué hacen los padres ante esa marea social que asocia botellón y juerga juvenil y que da por hecho que todo chico entre 13 y 18 años verá pasar delante de sus ojos vasos gigantes de cerveza o sorprendentes mezclas baratas? Si al final del siglo pasado uno de cada cinco adolescentes admitía que se había emborrachado en el último mes, ahora uno de cada dos reconoce que abusa de la bebida. “Yo intento retrasar esa iniciación recordando a mi hija que su organismo no está preparado para metabolizar el alcohol, que le puede afectar a su desarrollo y que debe esperar a los 18 años”, dice Sara, madre de una chica de 15 años. “Y de momento me hace caso. Pero una vez que note que ha empezado a beber, más que en prohibírselo me centraré en que no abuse, animándola a un consumo moderado y responsable”, añade. Oliva propugna algo parecido: “Es fundamental inculcarles una actitud crítica que les ayude a no dejarse llevar por ese ambiente de consumo alcohólico desmedido”, señala.
   Fumar ya no tiene esa función estética y misteriosa que atraía a otras generaciones, pero sigue formando parte de lo prohibido y de los ritos que dejan atrás la infancia. “Yo tardé en fumar porque no fui a clase el día en que muchos de mis compañeros empezaron a hacerlo. Me habían operado y estuve unas semanas sin ir al colegio. Cuando volví, todos fumaban. Menos yo”, recuerda una enfermera.
   Uno de cada cuatro chicos entre 14 y 18 años fuma porros, según la encuesta estatal sobre drogas en enseñanzas secundarias (Estudes). Un porcentaje relativamente estable después de que en los años noventa se produjera un repunte en el consumo. Los problemas empiezan cuando ese porro de fin de semana o de las fiestas de cumpleaños pasa a ser diario, algo que le sucede al 3,2% de los adolescentes. Algunos logran durante una temporada mantener cierta doble vida ante sus padres, como una alumna que ocultaba una china en el estuche de pinturas para fumársela con sus amigos al salir de clase. Un hábito que se descubrió cuando los profesores notaron que su rendimiento bajaba a pesar de ser buena alumna, y que interrumpía las clases con comentarios graciosos o inoportunos.
   De todos modos, en los últimos años se ha producido un leve descenso del consumo de cannabis (la droga ilegal más consumida en España) y de cocaína entre adolescentes.
   La edad de iniciación a la coca se sitúa a los 20 años, pero algunos de los adictos a esta sustancia comenzaron a los 16. Y cerca del 10% de los jóvenes entre 15 y 24 años asegura haberla probado. Probar no es consumir, pero esa primera vez a la que algunos se acercan por azar o presionados por el ambiente puede convertirse en un juego tan peligroso como la ruleta rusa: aunque muchos se libren de engancharse, otros sucumbirán seguro.
   El verano, las vacaciones y los cambios de horarios y ocio son etapas críticas. La inseguridad y el no tener ideas claras sobre las secuelas que dejan las drogas facilitan la dependencia.
   Pi Davanzo reconoce que “cada vez hay más mujeres que practican conductas de riesgo”. En parte, porque tanto ellos como ellas tienen una baja percepción del peligro. La edad media de las primeras relaciones sexuales se fija en los 16 años y medio, aunque en algunos ambientes son algo más tempranas. Según un sondeo del Injuve (Instituto de la Juventud) de 2008, el 65% de los chicos y el 50% de las chicas inician la primera relación completa antes de los 18 años.
   “En mi clase casi todos tienen novio o novia”, confiesa una chica de final de la ESO. Y para muchos, tener novio implica tener relaciones. Hablar de plazos les suena a eternidad. Sean hijos de familia conservadora o progresista, el patrón de conducta es similar. Las ideas de sus padres les influyen en cuanto a plantearse el uso de anticonceptivos, pero una vez que tienen relaciones, a menudo, de forma esporádica, el guion es el mismo: ganas de experimentar y vivir el momento.
   El sexo inseguro favorece el contagio de infecciones y puede acarrear embarazos no deseados o, como mal menor, propiciar la anticoncepción de urgencia. No siempre falla la información. En la ESO y el Bachillerato se suelen tocar estos temas: una información teórica que no siempre cala, o que no todos asumen. “A pesar de que adolescentes y adultos emplean los mismos procesos lógicos cuando toman decisiones, difieren en la clase de información que utilizan y en la prioridad que la dan. Por eso adolescentes y adultos evalúan de forma distinta las consecuencias y toman decisiones diferentes”, explica Angustias Roldán, profesora de Psicología Evolutiva de la Universidad de Comillas. Aunque el uso del preservativo bajó ligeramente entre los más jóvenes desde 2003 a 2008, no por ello hay que deducir que desconozcan los riesgos o que piensen que tienen menos probabilidades de embarazo que las parejas adultas. Simplemente, “se sienten más atraídos por el placer potencial de tener sexo sin protección: la espontaneidad y el gran placer físico con que la asocian pesa más que las posibles consecuencias negativas”, prosigue.
   Los embarazos no deseados siguen siendo una de las fatales consecuencias. La tasa de abortos de menores de 20 años entre 1998 y 2007 casi se triplicó, al pasar del 5,7 por 1.000 al 13,8. La supresión de Educación para la Ciudadanía, una de las pocas asignaturas en las que cabía tratar este tema de forma abierta con un adulto, es una mala noticia para algunos profesionales de la salud que tratan con jóvenes. Al igual que la posibilidad anunciada por algún dirigente popular de restringir la anticoncepción de urgencia o píldora del día siguiente. “He usado una vez la píldora del día siguiente y quedé escarmentada; ahora siempre empleo anticonceptivos”, dice una chica de 17 años. “En cambio, conozco a gente de mi edad que ha abortado o que ha tenido un hijo y eso sí que no tiene solución”, agrega.
   En estas batallas entre la espontaneidad y la protección, los anticonceptivos siguen siendo una prioridad femenina. Según datos de las consultas atendidas en el Centro Injuve de Salud Sexual de Madrid, desde su apertura en marzo de 2011 hasta octubre del mismo año, el principal tema de consulta de las mujeres de 14 a 19 años gira en torno a los métodos anticonceptivos, con un porcentaje del 20,15%. Como contraste, la consulta más frecuente entre los varones de la misma edad se centra en las prácticas sexuales (un 47%). Las chicas, explican los técnicos que atendieron sus dudas, también se interesaron por este tema, pero en una proporción menor (un 17%). El tercer punto de atención para las chicas era la píldora poscoital (un 7,1%). Los chicos mostraron también interés por cuestiones fisiológicas y solo en tercer lugar (un 6,66%) pidieron información sobre anticonceptivos.

domingo, 27 de septiembre de 2009

PRENSA. 27 septiembre 2009 (2)


En suplementos de "El País":

1. Palin, retrato íntimo. Artículo de Elvira Lindo sobre Sarah Palin y el periodismo de sociedad.

2. La autocrítica de ETA. Reportaje de Luis R. Aizpeolea. La gente de Txeroki ha hecho una enmienda a la totalidad del proceso de diálogo con el Gobierno intentado por Josu Ternera y Arnaldo Otegi. Un documento interno de la banda confirma la voluntad de los pistoleros para seguir con los atentados y, al tiempo, controlar estrechamente a la izquierda "abertzale".

3. Saber aceptar las críticas. Reportaje de psicología, por Ferrán Ramón-Cortés. Todos estamos expuestos a ellas. Aumentar la seguridad en nosotros mismos ayudará a poder evaluarlas sin percibirlas como una agresión y a admitirlas para aprender.

4. La dinastía se desvanece. Reportaje de Francisco González Basterra. Ricos, guapos y poderosos, Durante medio siglo han sido la familia real que nunca tuvo EE UU. Con la muerte de Ted, el último gran Kennedy, la familia busca sin éxito un nuevo icono que dar a la nación.

5. Felicidades, rock. Reportaje de Diego A. Manrique y Manuel Cuéllar. Hace 50 años se grabó el primer rock en Español. se llamó 'cowboy' y lo firmaba el Dúo Dinámico. Ellos y otros 40 artistas de tres generaciones se unen en estas páginas para celebrarlo a lo grande. Con el Especial: 50 años de rock español.

6. Las tripas del libro electrónico. Reportaje de Chema Lapuente. Un especie de cuaderno digital con una biblioteca en su interior. Hoy, todavía, más una promesa que una realidad. Un invento limitado por tamaño, tecnología y precio. Analizamos cómo funciona y qué modelos ofrece el mercado.

7. Cementerio de barcos y hombres. Reportaje de Ana Gabriela Rojas. Cuando los grandes buques realizan su último viaje, ponen rumbo a playas del sur de Asia. Allí, miles de hombres arriesgan su vida para desmantelar a los colosos con sus propias manos.

8. El talento de la inspectora Fernández. Artículo-relato de Almudena Grandes.

9. Pieles finísimas. Artículo de Javier Marías sobre los adolescentes.

sábado, 1 de agosto de 2009

PRENSA. 1 agosto 2009

En "El País":

1. La adolescencia se puede 'prevenir'. Reportaje de Inmaculada de la Fuente. La pubertad será menos conflictiva si los padres saben dosificar la libertad de sus hijos y negociarla con ellos unos años antes. La clave está en fijar límites sin ser autoritarios.


2. Submarinos para Wallander. Reportaje de Carles Geli. Mankell 'reabre' la serie de su inspector para el que, afirma, será el caso final.

3. El exilio español, en mil páginas. Reportaje de Jesús Ruiz Mantilla. La nueva novela de Muñoz Molina, que se publicará en noviembre, recorre las ruinas de la Guerra Civil.

domingo, 28 de junio de 2009

PRENSA. 28 junio 2009

En "El País":

1. Matisse. Columna de Manuel Vicent.

2. La poesía desarraigada. Luis García Montero escribe sobre el poeta Victoriano Crémer, muerto ayer.

3. La verdad de la ecuación porro-recreo. Reportaje. Frente a quienes ven una relación entre consumo de 'cannabis' y fracaso escolar, los educadores insisten en que el problema no se puede reducir a una sola causa.

4. Metáforas que hieren, ladrillos que duelen. Artículo de Milagros Pérez Oliva sobre el lenguaje periodístico.

5. Victoria pírrica. Artículo de Vargas Llosa sobre la Amazonía peruana. El triunfo de los indígenas de la Amazonía, al derogar el Gobierno los decretos para el desarrollo de la zona, mantendrá su desamparo. Seguirán con las peores expectativas de salud y vida del Perú.

6. La magia del punto G. Artículo de Moisés Naím sobre cómo enfocar la resolución de los problemas del planeta.

martes, 23 de junio de 2009

PRENSA. "Fiebre adolescente"

(Una fotografía del reportaje)

Cuando se aprobó facilitar la píldora poscoital sin receta, muchos adultos descubrieron que sus hijos tenían actividad sexual. En las discotecas para adolescentes de cualquier ciudad abundan el sexo fugaz, el conocimiento teórico y una doble vida nocturna.

En el suplemento Magazine del pasado domingo podíamos leer este reportaje: Fiebre adolescente.

jueves, 18 de junio de 2009

PRENSA. 18 junio 2009

En "El País":

1. Por Irán. Columna de Maruja Torres, en la que remite a una entrevista a la autora del cómic Persépolis, publicada ayer.

2. Heroína literaria con toga. La novelista Reyes Calderón ambienta 'El expediente Canaima' en las intrigas de la Audiencia Nacional.

3. Un respeto para la generación 'web'. Reportaje. Los adolescentes viven sin traumas enganchados a las nuevas tecnologías. Los que no logran controlarlo suelen padecer otras adicciones.

4. La borrachera extrema se extiende entre los escolares. Uno de cada tres adolescentes se emborracha cada mes.

5. La salida de la crisis. Artículo de Ignacio Sotelo, catedrático excedente de Sociología.

6. ¿Por qué Alemania no crea paro? Artículo de Xavier Vidal-Foch.

viernes, 22 de mayo de 2009

PRENSA. 22 mayo 2009

En "El País":

1. Código Da Vinci a la castellana. La primera edición crítica de sus 'Códices Madrid I y II' arroja luz sobre la enigmática personalidad del artista . El genio se inspiró en castillos españoles para sus teorías.

2. Ángel González, un idealista en el fango. Luis García Montero recrea en una novela la memoria del poeta.

3. El periodismo de chequera tienta. Reportaje. El pago por exclusivas como los gastos de los diputados británicos tiene riesgos. Las fuentes pueden inflar e inventar . ¿Está justificado?

4. ¿Será la tecnología una oportunidad perdida? Artículo de opinión del editor Emiliano Martínez, sobre la educación y la tecnología.

5. CINE. El bisturí de Haneke da miedo. El director pone en marcha todo su poder de sugerencia en 'The white ribbon'. Crítica firmada por Carlos Boyero. Además, opiniones del director en Una inmersión en la violencia y la infancia del nazismo.

6. CINE. Un cuento cruel. Crítica de El caballo de dos piernas, película iraní dirigida por Samira Makhmalbaf.

En "El Día de Córdoba":

7. ¿Qué se puede hacer con la educación? Artículo de Juan Diego Caballero.

8. Los adolescentes tienen su primera relación sexual a los catorce años y medio. Un estudio del Grupo Universitario de Investigación Social de Jerez desvela que el 14,3% de los jóvenes ha usado la píldora poscoital y que el 13,8% no utiliza anticonceptivos. Datos referidos a Córdoba.