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viernes, 3 de junio de 2016

POESÍA. "Regreso a Petavonium". Antonio Colinas, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana



REGRESO A PETAVONIUM
Dejadme dormir en estas laderas
sobre las piedras del tiempo,
las piedras de la sangre helada de mis antepasados:
la piedra-musgo, la piedra-nieve, la piedra-lobo.
Que mis ojos se cierren en el ocaso salvaje
de los palomares en ruinas y de los encinares de hierro.
Sólo quiero poner el oído en la piedra
para escuchar el sonido de la montaña
preñada de sueños seguros,
el latido de la pasión de los antiguos,
el murmullo de las colmenas sepultadas.
Qué feliz ascensión por el sendero
de las vasijas pisoteadas por los caballos
un siglo y otro siglo.
Y en la cima, bravo como un espino, el viento
haciendo sonar el arpa de las rocas.
Es como el aliento de un dios
propagando armonía entre mis pestañas y las nubes.
Un águila planea lentamente en los límites,
se incendian las sierras de las peñas negras,
mas no veo las llamas,
las llamas que crepitan aquí abajo enterradas
bajo el monte de sueños aromados,
bajo la viga de oro de los celtas,
junto al curso del agua del olvido
que jamás —en vida— podremos contemplar,
pero que habrá de arrastrarnos tras el último suspiro.
¡Cómo pesan los párpados con la música del tiempo!
¡Cómo se embriagan de adolescencia perdida las venas!
Dejadme dormir en la ladera
de los infinitos sacrificios,
en donde arados y rebaños se han petrificado,
en donde el frío ha hecho florecer cenizales y huesos,
en donde las espadas han segado los labios del amor.
Dejadme dormir sobre la música de la piedra del monte,
pues ya sólo soy un nogal junto a una fuente ferrosa,
la vela que ilumina una bodega de mostos morados,
un trigal maduro rodeado de fuego,
una zarza que cruje de estrellas imposibles.

miércoles, 1 de junio de 2016

POESÍA. "Simonetta Vespucci". Antonio Colinas, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana



SIMONETTA VESPUCCI
Il vostro passo di velluto
E il vostro sguardo di vergine violata.
Dino Campana

Simonetta,
por tu delicadeza
la tarde se hace lágrima,
funeral oración,
música detenida.
Simonetta Vespucci,
tienes el alma frágil
de virgen o de amante.
Ya Judith despeinada
o Venus húmeda
tienes el alma fina de mimbre
y la asustada inocencia
del soto de olivos.
Simonetta Vespucci,
por tus dos ojos verdes
Sandro Boticelli
te ha sacado del mar,
y por tus trenzas largas
y por tus largos muslos,
Simonetta Vespucci
que has nacido en Florencia.

martes, 31 de mayo de 2016

POESÍA. "Canto X". Antonio Colinas, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana



Canto X

Mientras Virgilio muere en Bríndisi no sabe
que en el norte de Hispania alguien manda grabar
en piedra un verso suyo esperando la muerte.
Este es un legionario que, en un alba nevada,
ve alzarse un sol de hierro entre los encinares.
Sopla un cierzo que apesta a carne corrompida,
a cuerno requemado, a humeantes escorias
de oro en las que escarban con sus lanzas los bárbaros,
Un silencio más blanco que la nieve, el aliento
helado de las bocas de los caballos muertos,
caen sobre su esqueleto como petrificado.
Oh dioses, qué locura me trajo hasta estos montes
a morir y qué inútil mi escudo y mi espada
contra este amanecer de hogueras y de lobos.
En la villa de Cumas un aroma de azahar
madurará en la boca de una noche azulada
y mis seres queridos pisarán ya la yerba
segada o nadarán en playas con estrellas.

Sueña el sur el soldado y, en el sur, el poeta
sueña un sur más lejano; mas ambos sólo sueñan
en brazos de la muerte la vida que soñaron.
No quiero que me entierren bajo un cielo de lodo,
que estas sierras tan hoscas calcinen mi memoria.
Oh dioses, cómo odio la guerra mientras siento
gotear en la nieve mi sangre enamorada.

Al fin cae la cabeza hacia un lado y sus ojos
se clavan en los ojos de otro herido que escucha:
Grabad sobre mi tumba un verso de Virgilio.

lunes, 30 de mayo de 2016

POESÍA. "Fe de vida". Antonio Colinas, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana



FE DE VIDA
    Esperar junto a este mar (en el que nacieron las ideas)
sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas).
Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,
el aroma del azahar, la noche de orquídeas
en las calas olvidadas.
    Sólo permanecer viendo el ave que pasa
y no regresa; quedar
esperando a que el cielo amarillo
arda y se limpie de relámpagos
que llegarán saltando de una isla a otra isla.
O contemplar la nube blanca
que, no siendo nada, parece ser feliz.
Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,
sobre las olas que pasan,
como un remo perdido.
O seguir, como los delfines,
la dirección de un tiempo sentenciado.
    Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,
que se adormecen entre narcisos y faros.
Dejadme, no con la luz del conocimiento
(que nació y se alzó de este mar),
sino simplemente con la luz de este mar.
O con sus muchas luces:
las de oro encendido y las de frío verdor.
o con la luz de todos los azules.
    Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,
que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,
a los días tensos, a las ideas como cuchillos.
Ser como olivo o estanque.
Que alguien me tenga en su mano como a un puñado de sal.
O de luz.
    Cerrar los ojos en el silencio del aroma
para que el corazón —al fin— pueda ver.
Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.
Dejadme compartiendo el silencio
y la soledad de los porches,
la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme
con el plenilunio de los ruiseñores de junio,
que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.
Dejadme con la libertad que se pierde
en los labios de una mujer.

miércoles, 25 de mayo de 2016

POESÍA. "Córdoba arde eternamente sobre un río de fuego". Antonio Colinas, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana



Córdoba arde eternamente sobre
un río de fuego

                          En este edificio que había sido mansión romana
                          y palacio árabe, luego se estableció la Inquisición
                         desde 1490 hasta 1821.
                                                         (De una Guía de la ciudad.)

(Viendo la muchedumbre de papeles y libros sediciosos
que nos vienen de Francia, convendría que todos
fuesen quemados. Y otro tanto se haga
con los que hablan de gramática, retórica o dialéctica
o cuantos nos contagien con esta pestilencia.) 
Y en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo
empezaron a arder los libros de la Ciencia,
a cegarse los arcos, a abrirse en los muros
la sonrisa de acero de las verjas,
a razonar desde la sinrazón,
a vivir desviviéndose.
Durante cuatro siglos aquí tuvo su sede
la Santa Inquisición. (Acudimos al breve
remedio a que, en conciencia, estamos obligados
para aplacar a nuestro Señor, que está ofendido,
pues están estos reinos cercados de enemigos.) 
Las soberbias estatuas de mármol sin cabeza
comenzaron a cimentar los muros
de conventos y ermitas. Con un templo querían
ocultar otro templo. No sabían que todo
espacio es sagrado cuando se está pensando
en la Divinidad.
Durante cuatro siglos la vida fue una historia
enterrada en el sueño de frescos y mosaicos.
Dejó el agua de ser en los jardines agua
para pasar a ser agua bendita.
Mas no podían contener los muros
la fiebre de la sangre, y en el aire
el azahar arrastraba aún los besos
de los siglos pasados. (El justo Dios discierne
la vida de los hombres haciendo a unos siervos
y a otros Señores para que la licencia
y el mal obrar del siervo la reprima el poder
de los que le dominan.) 
Quisieron ir sembrando en el verdor ceniza,
sepultar los aromas de la luz en las fosas,
someter cada cosa a la monotonía
de la espada y el dogma,
pero bajo la tierra había resonancias
de músicas, y cascos sobre los empedrados,
provocación de rosas oscuras y jazmines,
labios que musitaban en las diversas lenguas,
los rumores nocturnos de acequias y de cedros.

(¡Oh virtuosa, magnífica guerra,
en ti las querellas volverse debían!
Esforzábase el obispo —¡Dios qué bien lidiaba!—
dos moros mató con lanza y cinco con espada.
¡Qué maldita canalla! ¡Perros herejes, ministro
soy de la Inquisición Santa!
 Y hervía el aire
infectado de negras oraciones,
fueron llenando todos los rincones de cruces
y, desde entonces, el limoso curso
del río no ha cesado de ir sobrecargado de lujuria.
Durante cuatro siglos aquí tuvo su sede
la Santa Inquisición,
pero bajo las losas crecían los rosales
de la verdad, se abrían paso los manantiales,
continuaba incesante el abrazo
de los amantes muertos. (Señor, Señor,
corrigiendo hemos ido tu obra,
la hemos fundamentado
sobre la autoridad, el misterio, el milagro.) 
De pozos secos, de estanques cegados
por las piedras asciende la tormenta
negra de los relinchos de miles de caballos
y el sabio, indomable, como tormenta guarda
celoso en el centro de su cerebro toda
la verdad recibida de la Naturaleza.
Había cansinas músicas y rancias oraciones
derrotadas por cada atardecer morado
y vaciaba el cielo sus estrellas mojadas
en la yerba piadosa que no sabe de dogmas.
(Que los delitos son: el ser judaizante o morisco,
el pecado de la fornicación, blasfemia,
brujería, herejía. Y sean los castigos:
cárcel, confiscación o sambenito,
reprimenda, galeras o destierro,
azote, suspensión, despedida, hoguera…) 
Uno a uno destrozan los frisos y cercenan
las columnas rosadas, mas de ellas va saltando
la sangre como fuente y en los muñones roídos
de cada capitel las zarzas siembran gozo
y ocultan el pecar furtivo de los jóvenes.

Sueños de Oriente y sueños de Occidente
eran un solo sueño en los jardines
de esta ciudad cuando llegó la Santa
Inquisición. (Los leños, la bayeta,
cera amarilla, obra de tablado y cadalso,
milicia y pintado de esfinges, las toquillas,
la cera y las largas túnicas con sus cruces,
comida para el Santo Tribunal y Ministros…) 
Vendan los ojos, atan lentamente las manos
a argollas y maderos,
pero la vida aúlla dentro de cada cárcel
como un enorme animal herido.
Y esa incesante pira que alzan en las plazas,
va avivando mil fuegos de libertad serena
en cada corazón de los humanos.
(Tras el mucho penar lo sacan y lo arrojan
al suelo y le escupen, le tiran de las barbas,
le dan mil bofetadas, lo llenan de incontables
afrentas y denuestos. Gritan a voz en cuello:
¡Muera el traidor a la patria!
In nomine Pater et Fili et Spiritu Santo…) 
¡Oh ignorancia, cuadrada locura española!
Hoy la ciudad arroja fuego de sus pulmones,
se rebela en sus ruinas contra los nuevos bárbaros,
ve arder jubiloso el mal sueño del ayer, 

los huesos calcinados de sus inquisidores.

viernes, 16 de mayo de 2014

PRENSA CULTURAL. Entrevista al poeta Antonio Colinas

   En "elpais.com":

Antonio Colinas: "Hemos cometido el error de reducir la poesía a lo intelectual"

El autor leonés mezcla testimonio y meditación en su nuevo libro de poemas

Archivado en:



Antonio Colinas, en Salamanca. / DAVID ARRANZ
Antonio Colinas vive en un sexto piso con vistas a una iglesia ajena durante siglos al bullicio de la actualidad, pero las consignas de una manifestación —“igualdad, trabajo”— se filtran esta mañana por la ventana del poeta. No es raro, pues, que el presente se haya colado también en el libro que acaba de publicar, Canciones para una música silente (Siruela), un apretado conjunto de versos que recoge todas las estaciones recorridas por su autor desde que hace tres años reuniera en un volumen de mil páginas su poesía completa. Un viaje a China, un instante arrebatado en Cartagena de Indias o una seca meditación en el páramo leonés conviven esta vez con una sección de “poemas civiles” que, por contraste con su obra anterior, él define como “chocante y osada”.
“Este libro”, explica, “se debate entre la fidelidad a una voz y la atención a los problemas de nuestro tiempo. ¿Por qué? Porque vivimos una metamorfosis en la que no sabemos adónde vamos y necesitamos aclarar muchos conceptos, empezando por el de qué es la poesía”. ¿Y qué es? Colinas escucha la pregunta, baja la voz como si no quisiera despertar a alguien y aclara: “Es que a María José no le gusta que diga estas cosas: le parece que hablo en negativo” . María José es su mujer, que acaba de llegar de la calle con noticias de la manifestación. “Son pacíficos”, dice. “Suelen serlo”, añade el poeta, que finalmente se lanza: “La poesía es un lenguaje a contracorriente, radical, que choca. Siempre fue así. Octavio Paz decía que la poesía siempre ha estado en las catacumbas, pero que no olvidáramos que de las catacumbas han surgido algunas revoluciones. La poesía es un lenguaje que llega cuando los otros ya no sirven: el de la calle, el político, el económico que nos asedia ahora... Europa nació como un mercado común y ha terminado siendo una comunidad sometida al mercado”.
“No hablemos hoy de la belleza”, arranca uno de esos poemas “testimoniales” en los que el escritor leonés (La Bañeza, 1946) rescata la memoria de inmigrantes detenidos en una frontera —“lo escribí pensando en México, pero valdría para Melilla”— y la de víctimas anónimas de la Guerra Civil al lado de ilustres como Unamuno o Leopoldo Panero padre. “He querido presentarlo como un ser humano”, dice sobre este último, "porque lo juzgamos extremadamente: el republicano que cambia de ideas, el poeta franquista...”. Leopoldo María Panero, muerto en marzo pasado, solía decir que de su generación le interesaban dos autores: Pere Gimferrer y Antonio Colinas. Se vieron por última vez hace dos años, en Córdoba, durante el festival Cosmopoética: “Al poco se celebraba en Astorga un homenaje a su padre y le pregunté si quería participar. Me envió tres poemas”. De uno sale el verso con el que Colinas encabeza Meditación en Castrillo de las Piedras, el poema inspirado por la visión ruinosa de la casa de campo de los Panero. “Esperando todos los días la pena de muerte”, dice ese verso. “Era una persona muy compleja, cierto, pero al fondo había una profunda falta de afecto”.
De Juan Luis y Leopoldo María Panero a Ana María Moix, la muerte ha golpeado estos meses a la generación de Antonio Colinas. Él no formó parte en 1970 de la antología de los novísimos que ha terminado por identificar al grupo, pero es uno de sus nombres señeros. El poeta, sin embargo, matiza: “La idea de generación tiene un sentido práctico, didáctico, pero a la larga lo que quedan son poetas independientes, libros, poemas”. Cansado de ser un novísimo, Colinas parece por momentos cansado de ser Colinas. O un cierto Colinas. Junto al culturalista e irracionalista de Sepulcro en Tarquinia —un hito de 1975— estaría el poeta de Noche más allá de la noche —“más mediterráneo y meditativo”— y, por fin, “esta etapa más testimonial, sin comillas, por qué no”. Y todo, insiste, sin renunciar a su voz de siempre: “Para mí el poema ideal sigue siendo aquel en el que el poeta piensa y siente a la vez”.

"Europa ha pasado de ser un mercado común a comunidad sometida al mercado"
Ese mundo del que habla el escritor mientras la manifestación se aleja es una síntesis entre el Mediterráneo —vivió veinte años en Ibiza— y el noroeste peninsular en el que se crio y al que ha vuelto: “Ahora voy a Fuente Encalada, el pueblo en el que mi abuelo era herrero, veo la fragua en ruinas y me parece un ara bajo las estrellas. Hace poco, en un coloquio sobre el mundo rural dije que había que apostar por el campo y un constructor me respondió: ‘No da beneficios’. No piensan ni en la agricultura, solo en construir pisos. También es misión del poeta señalar eso”.
Canciones para una música silente contiene muchos poemas inspirados en viajes y su autor acaba de llegar de la India. Por eso añora el papel que la poesía tiene en Asia y en América Latina: “Allí no se ha perdido la oralidad. Nosotros hemos cometido el gran error de reducirla a algo intelectual y hemos olvidado que también se comunica. La poesía es un fruto, pero tendemos a verla como un producto, un producto para el análisis. Por supuesto que es un género literario, pero nos faltan los mecanismos para conectar más, para que sea más popular y vuelva a tener esa presencia viva en la sociedad".

domingo, 11 de septiembre de 2011

POESÍA. "La llama", de Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946)

Antonio Colinas

LA LLAMA

Hoy comienzo a escribir como quien llora.
No de rabia, o dolor, o pasión.
Comienzo a escribir como quien llora
de plenitud saciado,
como quien lleva un mar dentro del pecho,
como si el ojo contuviera toda
esa inmensa colmena que es el firmamento
en su breve pupila.

Me enciendo por pasadas plenitudes
y por estas presentes enmudezco.
Lloro por tener cerca una mujer,
por el agua de un monte
que suena entre cipreses en un lugar de Grecia;
lloro porque en los ojos de mi perro
hallo la humanidad, por la arrebatadora
música que quizá no merecemos,
por dormir tantas noches en sosiego profundo
bajo el icono y en su luz de oro,
y por la mansedumbre de la vela,
que sólo es eso, llama.

Comienzo a escribir y también la escritura
llora, porque respira y quema, porque pasa.
Qué gran gozo sentirme
yo mismo esa palabra que va ardiendo.
(Porque yo también ardo y también paso.)

Contemplo una llama muy quieta en la penumbra
de suaves jardines,
a la orilla de un mar calmo y antiguo,
y me voy encendiendo con la dicha
de saber que no existe otra verdad
que no sea esa llama, es decir,
la del amor que es don y que es condena.

Son llamas las palabras y son llamas los ojos,
que lloran sin llorar por el ser que yo fui
(aquel fuego cansado que temblaba
junto a otros jardines de otro mar)
y por el ser que ahora está mirando
fijamente una llama,
y que es, en soledad, la llama más gozosa.

sábado, 10 de septiembre de 2011

POESÍA. "Megalítico", de Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946)

Antonio Colinas

Megalítico

Esa enorme piedra torturada
sostiene el techo de la Noche.
Esta enfebrecida carne penetra la oquedad de los siglos.
En torno un vacío que deshace o sustenta
la soledad del mundo, una luz que ilumina
las heridas producidas en el acero.
Gira la masa enorme de la piedra entre astros.
Es de carne y de piedra el cigüeñal que mueve
desgastado el motor de nuestra Historia.
Libros, cosas y horas amadas, seres
tiernos y dulces como la música del sueño,
frágiles brazos, labios enamorados,
nada podéis contra esta atroz mecánica,
contra esta complicada maquinaria celeste.
Árbol de carne y piedra, huso de sangre,
gira la masa ciega en este espacio
de demenciales constelaciones,
de infinitos silencios.
Sólo en la piedra enorme hay firmeza.
Sólo en la piedra hay eternidad.
Un cuerpo está abrazando en otro cuerpo
una hoguera extinta.
La carne sólo horada ceniza en otra carne.

viernes, 9 de septiembre de 2011

POESÍA. "Signos en la piedra", de Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946)

Antonio Colinas

Signos en la piedra
Sigue la senda de las piedras musgosas,
la que conduce a la gran roca,
a la raíz del ara,
a la raíz eterna
del tiempo.
Mira la nieve humilde de la cima
tutelar,
donde se cierra el círculo
que se abriera en tu infancia,
donde se abre la noche del ser
en la luz que es más luz,
donde ya no hay preguntas
ni respuestas.    

En esa nieve posa tus dos ojos.
Luego, pósalos en el ara
y respira profundo.
Posa también tus manos:
que se aquieten tus manos como palomas,
que echen raíces
en el silencio helado de la piedra.
Verás en ella señales muy leves,
signos dictados por el firmamento,
los símbolos de un tiempo infinito
que va huyendo de ti,
mas que a la vez está en tu interior:
revelación del alma que no muere.    

No podrás ir más allá.
No debes ir más allá.

jueves, 8 de septiembre de 2011

POESÍA. "El laberinto invisible", de Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946)

Antonio Colinas

El laberinto invisible
Para el que sabe ver
siempre habrá al final del laberinto
de la vida
una puerta de oro.

Si la atraviesas hallarás un patio
con musgo, empedrado,
y en él dos cedros opulentos con
sus pájaros dormidos.
(No encontrarás ya aquí la música de Orfeo,
sino sólo silencio.)
Cruza el patio, verás luego otra puerta.
Ábrela.
Ya dentro, en la penumbra,
verás un muro
y, en él, unas palabras muy borrosas
de cuya sencillez brota una luz
que, lenta, pasa a ti y te devuelve
al fin la  libertad,
la plenitud de ser:
"Sean siempre alabadas
las palabras dulcísimas
que sanan: paz y bien".

Después, ya en soledad profunda,
verás que te hallas frente a otra puerta
que aún no puedes abrir,
porque no es el momento:
la que quizá te lleve a otro laberinto,
al laberinto último, invisible.
¿De él habrá salida?

(Sólo queda esperar,
esperar al amparo seguro
de esas letras borrosas
que sanan.)

miércoles, 7 de septiembre de 2011

POESÍA. "Para olvidar el odio (11 de marzo de 2004)", de Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946)

Antonio Colinas

Para olvidar el odio (11 de marzo de 2004)
Acaso lo más duro y lo más cruel
no sea el abrir violentamente lo negro en lo blanco:
en la armonía el caos,
en ojos inocentes un cuchillo de ira,
en los labios más tiernos de juventud
la muerte.
Acaso lo más duro sea el odio:
ese odio que establece diferencias,
ese odio que se mama en pecho de odio,
ese odio que se enseña y que se aprende,
que enarbola banderas como pústulas
y que niega brutalmente el amor.   

¿Hasta cuándo en el mundo la dualidad más cruel,
la ausencia de armonía?
Nuestra patria es el mundo
y, en él, nuestros pulmones
inspiran armonía y espiran honda paz,
inspiran honda paz y espiran armonía.
Por eso, hoy sabemos ya muy bien
que, como primavera temprana,
como ojo inocente, como labio muy tierno,
nunca cesa esperanza de germinar: lo hace
con mayor rapidez que las mareas de sangre.   

Este jueves de marzo no llovía
lluvia de odio:
llovían manos mansas,
que a todo y hacia todos se tendían,
suavemente,
como marea de música,
sólo para sanar, para sanarnos.   

Por nada cambiaremos esa lluvia de manos bondadosas.
Son las manos de un fuego que es amor,
un fuego que no quema.
Son esas manos que siempre se entregan
y que nunca reniegan de palabras, ideas, sentimientos.
Marea del amor, más poderosa
que el odio que se mama y que se escupe,
que la sangre violada.   

Muchacha muerta que en la fotografía
levantas dulcemente tu rostro hacia el cielo,
muchacho muerto que pones tu oído en la tierra
como para escuchar sólo música:
estáis, en realidad, durmiendo, durmiendo, durmiendo.
No turbéis más su sueño.
No turbéis más sus sueños. 

martes, 6 de septiembre de 2011

POESÍA. "Fe de vida", de Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946)

Antonio Colinas
Fe de vida
Esperar junto a este mar en el que nacieron las ideas
sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas.)
Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,
el aroma del azahar, la noche de las orquídeas
en las calas olvidadas.    

Sólo permanecer viendo el ave que pasa
y no regresa; quedar
esperando a que el cielo amarillo
arda y se limpie con los relámpagos
que llegarán saltando de una isla a otra isla.
O contemplar la nube blanca
que, no siendo nada, parece ser feliz.
Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,
sobre las olas que pasan,
como remo perdido.
O seguir, como los delfines,
la dirección de un tiempo sentenciado.  

Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,
que se adormecen entre narcisos y faros.
Dejadme, no con la luz del conocimiento
(que nació y se alzó de este mar),
sino simplemente con la luz de este mar.
O con su muchas luces:
las de oro encendido y las de frío verdor.
O con la luz de todos los azules.   

Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,
que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,
a los días tensos, a las ideas como cuchillos.
Ser como olivo o estanque.
Que alguien me tenga en su mano como a puñado de sal.
O de luz.   

Cerrar los ojos en el silencio del aroma
para que el corazón –¡al fin!– pueda ver.
Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.
Dejadme compartiendo el silencio
y la soledad de los porches,
la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme
con el plenilunio de los ruiseñores de junio,
que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.
Dejadme con la libertad que se pierde
en los labios de una mujer.

lunes, 5 de septiembre de 2011

POESÍA. "La prueba", de Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946)

Antonio Colinas
LA PRUEBA

Mira: a punto estás de penetrar en el bosque.
Vas a dejar la casa blanca de la cima,
tan plácida, tan llena de música y sosiego,
y ahí te espera el bosque impenetrable.   

Irremediablemente deberás cruzarlo:
el bosque que desciende por ladera escabrosa,
el bosque en que no hay nadie
y el bosque en el que puede haber de todo,
el bosque de humedades venenosas,
morada de lo negro,
y de una luz que enturbia la mirada.   

Entra en él con cuidado y sal sin prisas,
mas nunca se te ocurra abandonar la senda
que desciende y desciende y desciende.
Mira mucho hacia arriba y no te olvides
de que este tiempo nuestro va pasando
como la hoz por el trigo.
Allá arriba, en las ramas,
no hay luces que te ciegan, si es de día.
Y si fuese de noche,
la negrura más honda la siembran faros ciertos.
Todo lo que está arriba guía siempre.   

Mira: te espera el bosque impenetrable.
Recuerda que la senda que lo cruza
–la senda como río que te lleva–,
debe ser dulce cauce y no boa untuosa
que repta y extravía en la maraña.
Que te guíe la música que dejas
–la música que es número y medida–
y que más alta música te saque
al fin, tras dura prueba, a mar de luz.

martes, 19 de abril de 2011

PRENSA. 19 abril 2011

   En "El País":

1. Producto. Columna de Rosa Montero.

2. "A veces escribo para no gritar". Entrevista. Antonio Colinas publica su poesía completa y reedita su primera novela. Por Javier Rodríguez Marcos.

3. Capitán Salgari. Por Fernando Savater.

4. Nos fiamos de la radio y la prensa, pero vemos la televisión. Reportaje de Joaquín Prieto. La ciudadanía da fiabilidad a las ondas y a los periódicos, pese a que los ve como órganos políticos - La caja tonta seduce y paga un alto precio por ello: la falta de credibilidad - La crisis de los medios aún se nota poco en las audiencias.

5. El calentamiento roba medio metro anual a la costa ártica. Por Alicia Rivera. El oleaje bate el litoral con más fuerza al disminuir el hielo del mar - En Siberia oriental la erosión es de ocho metros.

sábado, 3 de abril de 2010

POESÍA. COSMOPOÉTICA 2010. Antonio Colinas

Antonio Colinas

Escalinata del palacio
Hace ya mucho tiempo que habito este palacio.
Duermo en la escalinata, al pie de los cipreses.
Dicen que baña el sol de oro las columnas,
las corazas color de tortuga, las flores.
Soy dueño de un violín y de algunos harapos.
Cuento historias de muerte y todos me abandonan.
Iglesias y palacios, los bosques, los poblados,
son míos, los vacía mi música que inflama.
Salí del mar. Un hombre me ahogó cuando era niño.
Mis ojos los comió un bello pez azul
y en mis cuencas vacías habitan escorpiones.
Un día quise ahorcarme de un espeso manzano.
Otro día ma até una víbora al cuello.
Pero siempre termino dormido entre las flores,
beodo entre las flores, ahogado por la música
que desgrana el violín que tengo entre mis brazos.
Soy como un ave extraña que aletea entre rosas.
Mi amigo es el rocío. Me gusta echar al lago
diamantes, topacios, las cosas de los hombres.
A veces, mientras lloro, algún niño se acerca
y me besa en las llagas, me roba el corazón.

(De Truenos y flautas en un templo)

miércoles, 17 de junio de 2009

ANTONIO COLINAS, poeta. Palabras sobre la poesía

De "El País":

[Antonio Colinas] hace una encendida defensa de la memoria: "Durante el bachillerato le mandaron a mi hija aprender dos sonetos de Garcilaso, y se pasó unos días como exaltada, diciendo por los pasillos 'en tanto que de rosa y azucena'. Yo le decía a mi mujer: 'a mí no me mires'. Los lectores tienen con la poesía una relación que no se tiene con ningún otro género literario. Y la memoria estrecha esa relación".