Mostrando entradas con la etiqueta Haití. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Haití. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de enero de 2011

PRENSA. 7 enero 2011

   En "El País":

1. Mosca española. Columna de Juan José Millás.

2. Una historia de maquis gana el Nadal. Por Carles Geli. Alicia Giménez Bartlett recupera el ambiguo personaje de la guerrillera La Pastora - La creadora de Petra Delicado consolida su vertiente más literaria. Doble personalidad narrativa. Por el crítico literario J. Ernesto Ayala-Dip.

3. Quiero que Internet se olvide de mí. Reportaje de Rosario G. Gómez. Los ciudadanos reclaman el derecho a borrar datos personales que atenten contra su intimidad y reputación - La UE quiere regular el almacenamiento eterno de información en la Red. El honor, la intimidad, la propia imagen y ... la Red. Por Rosario G. Gómez.

4. El destino deportivo de la cultura. Artículo del filósofo José Luis Pardo. Es peligroso confundir la persecución de la excelencia científica con la ambición de ganar a cualquier precio. El problema es el lamentable estado de la Universidad española, no su lugar en las listas de clasificaciones.

5. Obama contraataca. Artículo de Bruce Ackerman, que ocupa la Cátedra Sterling de Derecho y Ciencia Política en Yale; su último libro es The decline and fall of the American Republic (Harvard University Press). Traducción de Mª Luisa Rguez. Tapia.

6. Cuento de Navidad. Por José Ignacio Torreblanca. Sobre Europa y la inmigración.

7. "Los violadores de Haití no duermen". Por Maye Primera. Amnistía Internacional denuncia que miles de mujeres sufren cada noche la violencia sexual en los campamentos donde se refugian desde el terremoto.

viernes, 26 de noviembre de 2010

PRENSA. "De lo real maravilloso", por Julio María Sanguinetti. (Sobre Haití)

Julio María Sanguinetti
En "El País":
De lo real maravilloso

JULIO MARÍA SANGUINETTI 25/11/2010

   A fines de 1943 tuve la suerte de poder visitar el reino de Henri Christophe -las ruinas, tan poéticas, de Sans-Souci; la mole, imponentemente intacta a pesar de rayos y terremotos, de la Ciudadela La Ferriére- y de conocer la todavía normanda ciudad del Cabo -el Cap Français de la antigua colonia-, donde una calle de larguísimos balcones conduce al palacio de cantería habitado antaño por Paulina Bonaparte". Así empieza su deslumbrado y deslumbrante relato sobre Haití Alejo Carpentier, en El reino de este mundo, cuando encontró en el mundo mágico de esa nación su concepto de "lo real maravilloso", ese maridaje asombroso de lo cotidiano con lo mágico, la historia con la leyenda.
   Es natural ese sacudimiento que en el escritor cubano produjera esta nación que alumbró el fulgor de la independencia americana con su primera llamarada. Mucho antes de nuestro 1810 rioplatense, desde 1791 los esclavos negros haitianos luchaban contra los ejércitos franceses, a los que terminaron derrotando y proclamando su independencia en 1804. Ese Henri Christophe que recuerda fue uno de esos revolucionarios que, uniformados a la francesa, ejercieron un errático poder político, en algunos republicanos y en otros monárquicos, como en su caso. El gran hecho histórico -olvidado en estos tiempos bicentenarios- es que Haití es el caso único de una emancipación asociada a la abolición de la esclavitud, hecho memorable que, sin embargo, produjera el recelo de la región, ante la posibilidad de la manumisión general.
   Si hoy Alejo llegara a Haití, después de la crisis política de 2004 que llevara a la intervención de Naciones Unidas, del terremoto de enero de 2010, del huracán Tomas y ahora del cólera, seguramente no encontraría por ningún lado lo maravilloso. Aun en los recónditos repliegues mágicos del vudú o de su música afroantillana, difícil es ver algo más que una realidad de miseria, enfermedad y desorden. El terremoto dejó 230.000 muertos y el huracán volteó lo que quedaba en pie. Buenos edificios de justicia y escuelas hoy son ruinas y pese a sus universidades, la población se arrastra en el más bajo nivel educativo. Francia otorgó 40 becas para jueces o abogados del Estado y de 238 candidatos presentados, ninguno pasó la prueba mínima... Ocurre que la élite ilustrada emigró y solo el heroico esfuerzo de algunos pocos empresarios mantiene en funcionamiento un país cuya exportación es casi exclusivamente de textiles y cuya agricultura no pasa de una producción de subsistencia luego de una salvaje deforestación.
   La comisión que preside Clinton ha reunido fondos y procura generar trabajo, principio de todas las cosas. Apenas ha logrado reflotar alguna maquila de ropa y poco más. Hay empresarios coreanos que proyectan inversiones, pero la falta de garantías todavía demora su empeño. El hecho es que el 80% de la población malvive desempleada o subempleada, en un país con el ingreso per cápita más bajo de la región, unos 770 dólares.
   Si el drama haitiano ha conmovido esta vez al mundo, a quien más preocupa, obviamente, es a la República Dominicana, que comparte el territorio de la isla de Santo Domingo, con unos dos tercios para los hispanoparlantes. En la historia, sin embargo, existe un periodo -1822-1844- en el que Haití dominó el este de la isla, dejando una secuela de resentimientos que la población dominicana no oculta. El Gobierno de Leonel Fernández, el más prestigioso gobernante de toda la región, ha llevado adelante con empeño una política de acercamiento, al punto de visitar a su colega Préval al día siguiente del terremoto, pero hubo de hacerlo sin anuncio para evitar reacciones que podían ser impensadas. Ya le tocó vivirlo cuando, cumpliendo la única visita de Estado de un presidente dominicano en toda la historia, fue ametrallado el palacio por grupos que se supone vinculados al narcotráfico. Ni esta plaga falta en la tragedia.
   La pregunta de todos los días es: ¿la mentada ayuda humanitaria llegó? Arriba razonablemente y con ella es que se atiende a un millón de haitianos que viven en carpas, con disposición de comida y agua potable. ¿Y la reconstrucción? Esto sí es difícil. No hay un Estado organizado con capacidad para administrar esos fondos. La población, por su parte, no siempre colabora, como se ha visto estos días, con la reacción airada ante las tropas nepalesas de Naciones Unidas, a las que se atribuye haber traído el cólera. Nada está probado, pero cualquier prejuicio o rumor se instala fácilmente en gente angustiada y maltratada, que solo ha vivido inestabilidad política o autoritarismos tan crueles como el de los Duvalier, que recién en 1986 cayeron, luego de 29 años de dominio absoluto. Lo que vino después tampoco resultó auspicioso, al punto de que Préval es el único presidente que terminó su mandato.
   Hoy, estamos ante la extraña paradoja de que en medio de esta tragedia, todos se preparan para que el próximo domingo 28 se elija un nuevo presidente y un nuevo Congreso. La campaña puede decirse que es lo más normal de lo que allí se observa y ojalá sirva para recomponer en algo la estructura de este Estado desvertebrado y anómico.

Julio María Sanguinetti, ex presidente de Uruguay, es abogado y periodista.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

PRENSA. 24 noviembre 2010


En "El País":

1. El silencio. Columna de Elvira Lindo.

2. El germen inédito de '2666'. Por Amelia Castilla. La novela 'Los sinsabores del verdadero policía', de Bolaño, verá la luz en enero. Tres traductores en busca de un autor. Por Daniel Verdú.

3. Bienvenido, señor Gatsby. Por Manuel Rodríguez Rivero.

4. "No podemos ordenar mujeres. El Señor dio esta forma a la Iglesia". Publicada la primera entrevista con un papa en la historia - Benedicto XVI admite que el escándalo del abusador Marcial Maciel estuvo "muy bien tapado". Por Lucía Magi. Un poder a conveniencia. Análisis de Juan G. Bedoya.

5. Los Andes explican la riqueza de vida en la Amazonia. Por Malen Ruiz de Elvira. La mayor biodiversidad del mundo la originó la geología hace millones de años.

6. A un acento de distancia. Artículo de Pablo Salvador Coderch, catedrático de Derecho Civil en la Universidad Pompeu Fabra. En este país caben lenguas, religiones y comunidades distintas, con sus propios y enriquecedores estilos de vida. La distancia que nos separa a los unos de los otros es muy pequeña. Lo importante es la concordia.

7. Rendición de cuentas. Artículo de Tomás Jiménez Araya, profesor consultor de Derechos Humanos y Democracia en la Universidad Abierta de Cataluña.

8. Los embarazos se disparan en Haití. Por Maye Primera, enviada especial a Puerto Príncipe. La tasa de nacimientos en Puerto Príncipe se ha triplicado en 10 meses - Las violaciones son frecuentes en los campos de desplazados por el seísmo.

domingo, 21 de noviembre de 2010

PRENSA (1). 21 noviembre 2010

En "El País".

1. Cosmos. Columna de Manuel Vicent.

2. Vagabundo, ladrón y clásico. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. Libros, montajes teatrales y un disco celebran el centenario de Jean Genet - Se traduce por primera vez en España la recopilación de sus artículos. Miguel Narros recupera el teatro de Jean Genet. Por Rosana Torres. El director pone en escena un viejo proyecto, Los negros, que su autor no permitía que se hiciera con actores blancos.

3. Nadie está con su pareja ideal. Reportaje de Javier Sampedro. Los científicos examinan si la selección sexual que postuló Darwin rige la evolución.

4. La falacia política. Artículo de Javier Cercas.

5. El terrorista suicida. Artículo de Vargas Llosa. La capacidad de destrucción de quien no le importa morir matando es inmensa. No pretende ganar una guerra, sino que las democracias renuncien a la gran conquista de las libertades.

6. El desastre, el hambre y el cólera. Reportaje de Maye Primera. Una familia de Puerto Príncipe relata cómo llevaba tres días sin comer cuando les golpeó una epidemia que ha dejado casi 1.200 muertos y 20.000 contagiados.

7. ¿Vienen guerras en Asia? Por Moisés Naím.

8. Perros. Columna del escritor Luis Manuel Ruiz.

sábado, 4 de septiembre de 2010

PRENSA. HAITÍ. "Una gota del África más pobre en el Caribe", por Javier Ayuso

Ritual con sacrificios. El matarife degüella a la vaca y un chorro de sangre salpica al grupo mientras la santera es abrazada por otra mujer.- BERNARDO PÉREZ ("El País")


En el suplemento Domingo, de "El País":
Una gota del África más pobre en el Caribe

Siete meses después del terrible terremoto, el país sigue hecho añicos. No sólo los edificios y las carreteras, también las personas están hechas añicos. En medio de los escombros sin recoger, 1.300.000 haitianos viven bajo los plásticos.

JAVIER AYUSO 15/08/2010

Ajenos a todo y a todos, miles de haitianos celebran en Saut d'Eau, a unos 60 kilómetros al norte de Puerto Príncipe, "el compromiso". Un ritual medio católico, medio vudú, que les hace entrar en trance y olvidar su miseria por unos días. Y es que, aunque esté en América, Haití es África. Comparte con ese continente las raíces, el color, las costumbres y, sobre todo, la pobreza. Siete meses después del terremoto, el país sigue hecho añicos. No solo los edificios y las carreteras, también las personas están hechas añicos. En medio de los escombros sin recoger, 1.300.000 haitianos viven bajo los plásticos de 1.384 campos de desplazados (900 de ellos en la capital), esperando el momento de volver a sus casas. Un momento que se retrasa mes a mes, mientras 5.300 millones de dólares de los principales donantes internacionales esperan a que haya un Gobierno decidido a actuar con un proyecto y sin corrupción.
Haití ya era un agujero negro antes del terremoto que mató a más de 200.000 personas, y si no fuera por los cientos de ONG que trabajan allí desde el 12 de enero, la vida se hubiera acabado para los nueve millones y medio de habitantes del país caribeño. Los haitianos llevan siglos acostumbrados a caer y a levantarse, pero la tarde en que tembló la tierra de la isla marca un antes y un después para el Estado más pobre de América. Los más optimistas piensan que las ayudas internacionales pueden servir para despertar de cientos de años de miseria y reinventarse a sí mismos. Pero la realidad es que los haitianos no creen en milagros, aunque recen a Dios y a los loas.
Pier Janis tiene 37 años, seis dedos en cada mano y una mirada perdida, como de bruja. Es santera y dice que habla con Dios, mientras fuma sin parar. Lleva cuatro días en Saut d'Eau atendiendo a los cientos de fieles que se le acercan para que les ponga en contacto con Dios y con los loas (santos del vudú). Por una pequeña cantidad de dinero, les ayuda a comunicarse con el más allá, en una pequeña cueva llena de velas encendidas, junto a las dos cataratas de 30 metros de altura.
"Aquí encontré hace muchos años el poder de los loas", explica en una mezcla de francés y creole. "Mis padres tenían los mismos poderes y me los traspasaron. Los fieles vienen a que les ayudemos a encontrar el camino. El bien y el mal conviven juntos y hay que apartar a los espíritus del mal para encontrar el buen camino. Yo les ayudo".
"¿Por qué sucedió el terremoto en Haití?".
La respuesta tarda unos segundos, un par de caladas del cigarrillo, en salir de su boca. "Había mucha gente haciendo el mal y no se rezaba lo suficiente". Tras la sentencia, extiende la mano en busca de unas monedas.
La fiesta continúa junto a las dos enormes cascadas y otras tres o cuatro más pequeñas. Cientos de personas se apelotonan medio desnudas en busca de su purificación. Se lavan con hojas de basilisco y unos jabones que venden a la entrada y cantan. Hay muchas más mujeres que hombres. Al ruido del agua se une un estruendo de cigarras que también quieren participar de la fiesta.
El día transcurre entre rezos, lloros y velas encendidas. En una esquina, otra santera de más edad que Pier Janis llora frente a una fiel que ha ido a consultarla. "Aleluya. Te quiero mucho, Dios", grita con estrépito, mientras pone sus manos sobre los hombros de la mujer, que mira al cielo entre enormes lagrimones. Nadie se inmuta cuando empieza a llover torrencialmente. Parece que forma parte del ritual.
Poco a poco, los fieles van abandonando las cataratas y bajan hacia el pueblo, en donde un tumulto de miles de personas continúa la fiesta. Los creyentes se mezclan con grupos de jóvenes que vienen como al carnaval. La calle principal está llena de pequeños puestos de comida en donde las mujeres cocinan arroz, frijoles, manos de cerdo, carne guisada y patacones de plátano frito. Las botellas de ron corren de boca en boca.
Un grupo de mujeres vestidas con trajes azul claro y blanco avanzan, cantando en creole. Todas llevan el mismo escapulario de la Virgen de los Milagros. Una de ellas explica que han venido del norte de la isla para rezar. Se reconoce católica, pero no hace ningún feo al vudú. "Las dos cosas son parecidas", dice, mientras avanza hacia una gran ceiba en donde se arremolina un enorme gentío. Allí, en medio, Pier Janis baila vestida de amarillo el ritmo africano de los bongos y las maracas. A su alrededor, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, se mueven al mismo ritmo.
Es el momento del sacrificio. Varios hombres traen dos vacas y dos cabras para que la santera elija el animal que debe ser sacrificado al dios Erzuli. La cadencia se va acelerando y Pier Janis da vueltas cada vez más rápidas, con los ojos cerrados. Está como en trance cuando se acerca a los cuatro animales; los toca, los rodea y, finalmente, se apoya, medio desmayada, sobre la cabeza y el cuello de una de las vacas. Es la elegida.
Mientras Pier Janis sigue con sus bailes rituales junto a un corro de fieles, el matarife degüella a la vaca y un chorro de sangre salpica al grupo, provocando el éxtasis general. Los cantos y los bailes africanos se hacen entonces más frenéticos todavía y hombres y mujeres entran en trance, mientras corre el ron haitiano. La fiesta continuará hasta entrada la madrugada en esta pequeña población en donde ni se sintió el terremoto del 12 de enero ni quieren acordarse de él.
De vuelta a Puerto Príncipe, el visitante se encuentra con un panorama desolador. De los 9,5 millones de habitantes de Haití, más de 4,5 viven en la capital. Y de estos, cerca de un millón han perdido sus hogares y se refugian en los 900 campos que se extienden por toda la ciudad. En solares, plazas, jardines, campos de golf y hasta en la mediana de una carretera de la entrada en la ciudad se encuentra uno con decenas de miles de chamizos cubiertos de plásticos azules, negros o grises donados por las organizaciones internacionales.

CAMPAMENTO PARA 50.000 ALMAS
El mayor campo de desplazados es Aviation Camp, situado junto al peligroso barrio de Cité Soleil, en el antiguo aeropuerto militar que montó el Ejército norteamericano en los años veinte y luego se convirtió en un parque. Allí malviven más de 50.000 habitantes. El doctor Kobel Dubique, un haitiano de 30 años, se instaló allí un día después del terremoto para atender al aluvión de familias que acudieron a ese enorme parque.
"Este es el campo más poblado de Puerto Príncipe y también el más olvidado y desprotegido", explica mientras avanza entre las tiendas abarrotadas de gente. "Aquí han venido familias de los barrios más pobres de la ciudad, como Cité Soleil, Pont Rouge o La Saline, y no contamos con seguridad o ayuda humanitaria. Además, las bandas juveniles actúan a sus anchas, y muchas noches hay peleas e incluso tiroteos. Roban de todo; hasta las duchas que instaló la Cruz Roja británica y que fueron arrancadas de cuajo para vender los hierros".
En cuanto anochece, las miradas se vuelven más agresivas, y los personajes, más inquietantes. Pasear con el doctor es una garantía; las bandas le respetan porque lleva meses dando consuelo a los más pobres. Al fondo se ve algo de movimiento. Son chicas prostituyéndose para sacar dinero y mantener a sus hijos. La promiscuidad en los campos es muy alta y cada vez se dan más casos de violencia sexual, mientras aumentan los infectados por VIH.
El doctor Kobel estudió medicina en Cuba y había vuelto a Haití unos meses antes del terremoto. Es muy querido por las familias de Aviation Camp, en donde pasa consulta cada mañana a cientos de mujeres y niños. "Todavía no hemos tenido ninguna epidemia", explica, "pero las condiciones sanitarias son malísimas y con la llegada de las lluvias hemos empezado a tener casos de malaria. Como no hagan algo pronto, esto puede ser un desastre".
"Aquí la gente está empezando a cansarse de que no se solucionen las cosas", advierte Dubique. "Pueden producirse revueltas en cualquier momento, porque los haitianos saben que hay mucho dinero esperando para unos planes de reconstrucción que no llegan nunca". El Gobierno de René Preval está muy contestado y todo el mundo está esperando a las próximas elecciones de noviembre.
Mientras tanto, el ambiente es cada vez más hostil. Los 8.000 soldados internacionales desplegados por el país consiguen imponer el orden, pero en algunos barrios, como Cité Soleil, no entra ni la policía local. En este barrio, la vida transcurre en la calle, junto a toneladas de basura que son arrastradas por el agua desde las zonas altas de la ciudad.
Los componentes de una banda observan a los visitantes con una mezcla de agresividad y asombro, aunque al final se dejan fotografiar frente a una casa derrumbada, en medio de un barrio en el que los escombros no son muy diferentes de las chabolas en donde viven las familias. Aquí habitan cerca de 400.000 personas y está considerado uno de los slums más peligrosos del mundo, por la violencia que genera la extrema pobreza. Hay más de 30 bandas armadas que imponen su ley en las calles de esta favela haitiana. El 12 de enero por la noche, muchos de los 3.000 presos que escaparon de la cárcel de Puerto Príncipe fueron a refugiarse a Cité Soleil. Cientos de ellos fueron detenidos en las semanas siguientes, pero decenas de ellos siguen viviendo en el barrio.
En medio de ese ambiente hostil suenan los rezos de mujeres y niñas en un templo evangelista. Al entrar se puede uno relajar y dejar de otear a un lado y a otro a ver si alguien está mirando mal. La iglesia está medio derruida, pero no entra el agua que cae fuera, porque han puesto en el techo unos enormes plásticos de USAID. El pastor invita a entrar a los visitantes y sigue con su rito cristiano, preguntando a gritos a los fieles, en creole, para que estos respondan a coro "Amén". Allí se respira un poco de esperanza, al menos durante unos minutos.
Los haitianos parece que quieren olvidar sus penas cuanto antes, aunque sigan enterrados en sus pesares y su miseria. "El luto duró tres meses", explica el pastor, "luego han empezado a volver a la vida, poco a poco. Las calles vuelven a estar abarrotadas y todos queremos volver a la normalidad cuanto antes". Algo realmente difícil, porque ni los más optimistas piensan que los campamentos puedan empezar a levantarse antes de 18 meses.

VIVIR EN UN CAMPO DE GOL
Los campos de desplazados son muy diferentes unos de otros. De los más de 900 que hay en Puerto Príncipe, solo un tercio están gestionados por alguna de los cientos de ONG que trabajan en el país. El resto se organiza como puede. De entre todos, hay uno emblemático, situado en el campo de golf del barrio más rico de la ciudad, Petionville, y que alberga a cerca de 50.000 personas. Es, probablemente, el mejor organizado, aunque las primeras semanas fuera un auténtico caos por la avalancha de gente que acudió allí a refugiarse.
Ahora está gestionado por la ONG J/P Haitian Relief Organization, que lidera el actor de origen irlandés Sean Penn, y que ha conseguido captar millones de dólares en Hollywood. Allí colaboran otras organizaciones, como Oxfam, Médicos sin Fronteras o Save The Children. El responsable del campo es un británico de 45 años, Alastair Lamb, que en su día sirvió en el Ejército y luego trabajó en la City de Londres.
"Este campo es una auténtica ciudad de casi 50.000 habitantes", explica Alastair. "En las últimas semanas, previendo una nueva catástrofe con la llegada de las lluvias, hemos tenido que hacer canalizaciones con zanjas y sacos terreros, porque nos temíamos que todas las tiendas iban a ser arrancadas por el aluvión de agua que puede llegar desde lo alto de la montaña. Tuvimos que evacuar a unas 5.000 personas a otro campo para abrir caminos entre las tiendas. Ahora parece que podremos pasar la temporada de lluvias".
Los haitianos intentan recuperar la normalidad en este campo. En las calles que se han formado entre las chabolas con techos de plástico se han abierto varios mercados de comida, ropa, zapatos... y hasta un locutorio de teléfono. Allí se puede encontrar carne de pollo, huevos, lechugas, fruta de todo tipo, latas, botellas, arroz, pasta, frijoles y sacos de carbón para poder cocinar en infiernillos colocados en el suelo embarrado. Ayer llovió mucho y, aunque las canalizaciones han aguantado bien, se anda pisando el barro.
Dentro de una de las chabolas, Altani, una niña de unos diez años, está ardiendo de fiebre. Su madre, María Altagracia, de 36 años, dice que la vio el médico por la mañana y que a lo mejor tiene malaria. En ese chamizo, de dos por dos metros, vive la mujer con sus seis hijos y el marido, que ahora ha bajado al centro a ver si encuentra algún trabajo. "Vivíamos en el centro, alquilados en una casa que se rajó por la mitad", dice María. "Tuvimos suerte de salir todos con vida y llegamos a este campamento el 13 de enero. Desde entonces, malvivimos aquí. Al principio nos daban de comer, pero desde abril tenemos que buscarnos la vida. Mi marido consigue algunos días trabajo y trae algo de dinero para comprar comida". En un brasero doble, la madre cocina en dos pucheros arroz y frijoles.
Como María, todos los desplazados de Haití dejaron de recibir alimentos en abril. El Gobierno y las organizaciones internacionales decidieron que era el momento de cerrar el reparto de comida para evitar una dependencia excesiva e incentivar que la gente volviera a sus casas. Pero el resultado no ha sido el deseado. Las familias siguen en sus chabolas, porque el Gobierno no ha empezado a reconstruir la ciudad, que sigue llena de escombros.
La reconstrucción no es una tarea fácil, porque en Haití no hay ni catastro ni registros fiables. Por eso, el Gobierno y las organizaciones internacionales avanzan muy despacio. En el mes de junio se lanzó un plan para catalogar las casas de Puerto Príncipe, que han dividido en tres: las rojas, que han quedado totalmente colapsadas; las amarillas, que han aguantado, pero que hay que reparar, y las verdes, que están habitables.
La idea es que todos los desplazados que vivían en casas verdes vuelvan a sus hogares cuanto antes. Pero surge el problema añadido de muchos de ellos que estaban alquilados y ya no pueden pagar las cuotas mensuales. Además, los propietarios han aprovechado para subir los alquileres.

CON MIEDO EN EL CUERPO
La vida en los campamentos transcurre con una mezcla de miedo y desesperanza. El haitiano está acostumbrado a salir una y otra vez de situaciones penosas, pero ahora está al límite. Los techos de plásticos no van a aguantar los chaparrones y los vientos huracanados que llegarán pronto. Ya en julio, con la llegada de una pequeña tormenta tropical, el viento hizo volar los techos de 300 viviendas improvisadas en el barrio de Corail.
En el barrio de Carrefour Feuilles se levanta el campo de Tapis Rouge, en donde la sección española de Médicos Sin Fronteras (MSF) gestiona un pequeño hospital en el que atiende a los más de 10.000 desplazados de ese campo. Las condiciones son especialmente malas, porque las tiendas están montadas sobre la ladera empinada de uno de los cerros que bordean Puerto Príncipe. Los habitantes del campo saben que corren peligro, pero no tienen otro sitio donde ir, ni fuerzas para pensar en moverse.
Dorielan tiene 34 años y perdió a siete familiares en el terremoto: un hermano, dos sobrinos y cuatro sobrinas. Vive en Tapis Rouge con su marido y tres hijos, y ya no espera nada de la vida. "Llegamos aquí el 15 de enero, después de vagar tres días por la ciudad destruida y llorar a nuestros muertos", explica entre lágrimas. "Poco a poco, nos fuimos instalando en esta tienda y mi marido, que es albañil, consigue trabajar algunos días. Nos dicen que tenemos que volver a nuestra casa, pero está destruida y no nos dejan reconstruirla, porque el dueño quiere esperar a que le hagan una nueva y alquilarla por más dinero. Aquí tenemos un techo y no nos falta la comida, aunque sabemos que en cualquier momento el agua o el viento nos puede llevar por delante".
Tampoco Selena, de 28 años, tiene posibilidad de volver a su casa, que quedó totalmente destruida el 12 de enero. Vive con su hermana, tres hijos y dos sobrinos. "Ninguna de las dos tenemos marido, nos abandonaron hace tiempo", dice Selena, "pero nos ganamos la vida como podemos. Antes vivíamos de la venta ambulante de ropa, pero cuando se cayó nuestra casa llevamos la ropa a un almacén, que fue saqueado a los pocos días. Estamos intentando volver a comprar ropa para venderla, con la ayuda de un hermano que vive en el campo".
A pocos kilómetros de ese campamento, en el barrio de Carrefour, hay un hospital montado en una antigua escuela y gestionado por la división holandesa de Médicos Sin Fronteras (MSF). Cuenta con dos quirófanos y muy buen equipamiento (tiene hasta rayos X), aunque las camas están situadas en enormes tiendas de campaña, porque los enfermos prefieren estas a los edificios. Al fondo está el pabellón de rehabilitación y ortopedia, en donde todavía hay decenas de pacientes que resultaron seriamente heridos durante el terremoto.
Elisabeth Toussaint tiene 43 años, es viuda y vio cómo un edificio se le desplomaba encima mientras paseaba por la calle. "Me quedé semienterrada durante más de media hora, hasta que unos vecinos pudieron levantar algunos escombros y me sacaron a la calle", explica con lágrimas en los ojos. "Allí estuve un día y una noche enteros sin que nadie supiera adónde llevarme. Al final me trajeron aquí el 13 de enero y tuvieron que amputarme la pierna derecha". Elisabeth tiene dos hijas de 20 y 11 años. La mayor está con ella en el hospital, atendiéndola, y la menor vive con una hermana. "Antes trabajaba como jefa de limpieza de una empresa", dice, "pero cuando salga de aquí no sé ni adónde iré ni de qué viviré".
El terremoto dejó cientos de miles de heridos, la mayoría de ellos con fracturas muy peligrosas. Los equipos de emergencias de las principales ONG tuvieron que emplearse a fondo para salvar vidas y en solo 15 días tuvieron que efectuar más de 4.000 amputaciones, generándose un gran revuelo en un país en el que los impedidos están estigmatizados. Piensan que han sido castigados por los loas.
Nahomie también pasa los días sentada en una silla de ruedas. Tiene 21 años y la sacudida tiró un muro de su casa sobre ella. Los vecinos la pudieron sacar de debajo de los escombros después de varias horas y tenía una fractura abierta en la pierna. Tuvo que permanecer cinco días en lo que quedaba de su vivienda en Leogane, donde se registró el epicentro del terremoto, un pequeño pueblo a dos horas de Puerto Príncipe, hasta que su madre consiguió un transporte hasta el hospital, en donde lleva más de seis meses. La han operado tres veces y ya ha empezado con la rehabilitación, pero la pierna no le responde y piensa que no podrá volver a andar. Su familia vive en un campo de desplazados cercano, y su madre la visita todos los días. El padre es pintor, pero ahora no hay paredes que pintar. "Quiero curarme pronto y estudiar medicina", dice Nahomie sin mucho entusiasmo.
Al otro lado de la ciudad, cerca del aeropuerto, MSF ha montado otro hospital en una antigua planta embotelladora de Coca-Cola en Sarthe. El olor dulzón de la cola se mezcla con los de las salas de curas. Estamos a finales de julio y el calor húmedo empieza a ser insoportable. Melissa tiene 14 años y sabe que nunca volverá a andar. Su casa se derrumbó la tarde del 12 de enero, mientras hacía los deberes con su hermano pequeño, que murió en el acto. Ella tuvo más suerte, aunque se le rompió la columna y ha quedado paralítica, a pesar de dos operaciones. Su madre les había abandonado hace varios años para irse a Miami (una de los cientos de miles de haitianos que hizo la diáspora a Estados Unidos, Canadá o República Dominicana) y su padre, que es electricista sin trabajo, no se separa de ella ni un minuto. Es lo único que le queda.
La visita al hospital sigue mostrando casos dramáticos. A Saturne, un vendedor ambulante de helados de 43 años, le han operado cinco veces después de que el muro de la iglesia evangelista en donde rezaba se cayera sobre él y le destrozara la cadera. Va en silla de ruedas y sabe que no podrá mantener a sus ocho hijos, que viven en un campamento con una hermana suya. "Si antes era difícil ganarse la vida, ahora es imposible", dice. "Ya no nos queda ni esperanza".
En otra nave de la misma planta embotelladora, la ONG Handicap International ha montado una zona de rehabilitación para las personas con piernas amputadas a las que les han dado otras ortopédicas. Allí intentan salir adelante ante un futuro poco prometedor. Leoni tiene 16 años y es la mayor de siete hermanos. Dice que la pierna nueva le hace mucho daño y no se la quiere poner, aunque sabe que dentro de menos de un mes tendrá que abandonar la nave e instalarse con su familia en una tienda de campaña de un campamento de Martissant. Llora cuando la insisten en que tiene que practicar.

ENFERMOS MENTALES OLVIDADOS
Si los impedidos están estigmatizados en Haití, los enfermos mentales son los grandes olvidados. En este país en el que se siente el vudú en cada esquina consideran que la enfermedad mental es un signo de estar embrujados y alejan a los "locos" de sus vidas. De hecho, no hay red de salud mental en Haití.
En el barrio de Croix des Bouquets (Cruz de Ramos), al este de Puerto Príncipe, está el hospital Beudet, único centro de salud mental del país. Está situado en un antiguo campo militar de los norteamericanos, que se convirtió en hospital en los años treinta y permanece casi igual que entonces. Dieciséis pabellones destartalados, que más parecen cuadras, rodean un enorme solar central por donde deambulan medio desnudos como almas en pena los 150 pacientes, junto a cabras, cerdos y gallinas que comparten con ellos la comida. Durante el terremoto se cayeron los muros exteriores y muchos de los enfermos escaparon, aunque casi todos han vuelto.
La organización española Médicos del Mundo tiene un programa de salud mental en Haití, y sus representantes explican que el director del centro lleva meses pidiendo ayudas al Gobierno para arreglar el hospital, pero que no recibe ni dinero ni respuesta alguna. No es una prioridad.
En una celda con barrotes, cerrada con un enorme candado, está Gabriel. Un paciente de 53 años que dice que "a veces oigo voces y me pongo un poco violento, pero aquí dentro estoy bien". Tiene esquizofrenia, lleva cinco años ingresado en la misma celda y no quiere tomar la medicación, aunque tampoco podría, porque hace tiempo que el hospital no la recibe. Gabriel dedica el día a la lectura y no sale nunca de su celda. Tampoco sale de su celda otro paciente que grita a los visitantes que se acerquen y asegura ser el presidente Obama.

UNA CIUDAD DESTROZADA
De vuelta al centro, Puerto Príncipe se muestra como una ciudad totalmente destruida. No parece que hayan pasado siete meses desde el terremoto. Es verdad que ya hay luz eléctrica tres o cuatro horas al día y que los trabajos de la ONG Oxfam han conseguido llevar agua potable y montar duchas y letrinas en la mayoría de los campos de desplazados. Pero los escombros siguen amontonados en cada calle, junto a toneladas de basura que se pudre.
El palacio presidencial, construido en 1918 al más puro estilo francés por el arquitecto haitiano Georges Baussan, sigue desplomado en un difícil equilibrio, al igual que la catedral, los edificios de 12 ministerios y el de Naciones Unidas. En los Campos de Marte, una vendedora de lotería, rodeada de ruinas, ofrece un boleto al visitante. Es la paradoja de quien intenta vender la suerte en un país que nunca la ha conocido.
En algunas calles se pueden ver grupos de personas con camisetas rojas, verdes o amarillas que trabajan desescombrando con picos y palas junto a camiones destartalados. Son los equipos contratados por programas de cash for work (dinero por trabajo) de algunas ONG, como Ayuda en Acción. Las excavadoras solo salen de noche, con sus enormes focos, en medio de la más absoluta oscuridad de una ciudad que está más muerta que viva.
¿Cuál es el futuro de Haití? Los haitianos no saben o no quieren responder. Conocen su historia y su clase política. Han sufrido las dictaduras de los dos Duvalier, padre e hijo (Papa Doc y Baby Doc), y la de Aristide, y están acostumbrados a las catástrofes naturales que asolan cada año el país.
Sin embargo, el terremoto del 12 de enero ha conseguido movilizar, como nunca, a la comunidad internacional. La Conferencia de Donantes cuenta con 5.300 millones de dólares para reconstruir el país (350 de España) en los próximos 18 meses. Aunque no entregará estos fondos hasta que haya un gobierno estable, con un proyecto claro y transparente. Algo difícil para un país que, como dice el escritor chileno Rafael Gumucio, "prefiere ahorrar dinero para el funeral de sus hijos antes que para su hospitalización".

jayusoc@gmail.com

Una mujer vende lotería en las ruinas del campo de Marte.- BERNARDO PÉREZ ("El País")

sábado, 10 de julio de 2010

PRENSA. 10 julio 2010

En "El País":

1. El mal querer. Columna de Manuel Rivas.

2. Los parches no bastan. Reportaje de Josep Garriga. Seis meses después del terremoto de Haití la lección está sobre la mesa: la ayuda fue rápida, pero no eficiente - Agencias y ONG están atomizadas y mal coordinadas.

3. La condición humana. Artículo del escritor Andrés Trapiello, en respuesta a otro de Benjamín Prado (publicado hace unos días en "El País"), sobre Alberti.

4. El desprecio de los ciudadanos. Artículo de Emma Riverola, creativa publicitaria y novelista, autora de Cartas desde la ausencia.

5. El mundo condena la lapidación en Irán. Por Ángeles Espinosa. La campaña para salvar a Sakineh Ashtiani pone en aprietos al régimen de Teherán - Cinco personas han sido ejecutadas por adulterio desde 2002, pese al pacto con la UE. ¿Quién tira la primera piedra? Los hombres son enterrados hasta la cintura y las mujeres, hasta los senos.

martes, 27 de abril de 2010

ACTO BENÉFICO POR LAS VÍCTIMAS DEL TERREMOTO DE HAITÍ

Recordamos que mañana, a las 19.15 h, en el Salón de Actos del IES "Maimónides", se celebrará el Acto benéfico, que contará con la participación de alumnos/as y profesores.
Dentro del programa, podremos ver un Telediario del siglo XVII, música (guitarra, saxo, grupo musical), baile y poesía (poemas de Miguel Hernández, de su libro Cancionero y Romancero de ausencias).

NO FALTES.

jueves, 22 de abril de 2010

PRENSA. 22 abril 2010


En "El País":

1. "¿Has visto '2012'? Pues yo he vivido el Apocalipsis". Entrevista a Marie Andrée St. Aubin, empleada de la ONG ActionAid, que vivió la desgracia de su país, Haití, de primera mano. Por Carmen Pérez-Lanzac.

2. Internet, una novela por escribir. Reportaje de Juan Cruz. Ocho escritores debaten sobre el impacto de la Red en sus obras - El peso de la tecnología marca el lenguaje de la literatura del futuro.

3. Metamorfosis de la lectura. Columna de Vicente Verdú, en la que comenta el libro homónimo de Román Gubern.

4. ¿Quién manda en Internet? Reportaje de David Alandete. Europa y EE UU debaten si los proveedores de conexión pueden priorizar un tráfico sobre otros - Tras esta demanda puede haber ambición de monopolio.

5. Estalla el debate sobre legislar el uso del pañuelo islámico en clase. Por I. Cembrero y P. Álvarez. Los dirigentes políticos, incómodos ante el dilema de regular el 'hiyab' - La familia de Najwa irá a la justicia y colectivos islámicos saldrán a la calle. Con enlaces a otros artículos.  

6. Las sectas en pie de guerra. Artículo de Fernando Savater sobre Garzón y la justicia.

7. La segunda contrarreforma. Artículo de Juan José Tamayo, director de la Cátedra Ignacio Ellacuría, de la Universidad Carlos III, y secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII. Benedicto XVI, que ahora festeja su primer lustro en el pontificado, ha culminado la contrarreforma iniciada, bajo su dirección espiritual, por Juan Pablo II. Primeras víctimas: los pobres y el ecumenismo.

8. La condena del general Bignone cierra otra página de la infamia argentina. Por Soledad Gallego-Díaz. Son ya 68 los sentenciados por crímenes cometidos durante la dictadura militar.

9. Córdoba se disculpa con 'Cántico'. Reportaje de Manuel J. Albert. La ciudad acoge la primera muestra dedicada al grupo poético.

miércoles, 21 de abril de 2010

ACTO BENÉFICO POR LAS VÍCTIMAS DEL TERREMOTO DE HAITÍ. IES "MAIMÓNIDES". Aportación de alumnos/as de 2º de bachillerato

Un grupo de alumnos/as de 2º de bachillerato me entrega la siguiente comunicación:

Hace unos dos años, un grupo de personas vinieron al IES "Maimónides" para instarnos a participar en un concurso que tenía como finalidad donar dinero para un país desfavorecido, por medio de una actividad en grupo y recolectando dinero en la calle.
Unos alumnos de esta clase y de otras pusimos un dinero inicial y, arriesgándonos a que saliera mal, nos fuimos a la calle a vender bebidas y chucherías; no obtuvimos gran cosa y, además, el plazo para entregar el dinero se nos pasó.
Por lo que yo, Sole, desde entonces, y aunque cueste les cueste creerlo a determinadas personas, conservo en mi poder todo el dinero recaudado.
Ahora nos hemos puesto de acuerdo en que es la hora de darlo para que cumpla su objetivo: ayudar a un país pobre. Haití, en este caso.
Los nombres de los integrantes son:
Miriam Albañil Amate
Soledad Cebrián García
María Trujillo Rodríguez
Javier Llamas Gómez
Juan Antonio Delgado Guerrero
Clara Velázquez Tejera
David Requena
Carmen Moreno Paz

La cantidad que aportamos es de 90,61€.

Desde aquí, damos las gracias a todos y todas.

miércoles, 14 de abril de 2010

ACTO BENÉFICO POR LAS VÍCTIMAS DEL TERREMOTO DE HAITÍ. Salón de Actos de IES "Maimónides". Miércoles, 28 de abril. 19.15 h

El 12 de enero de 2010, un terremoto de magnitud 7,3 en la escala de Richter provocó enormes daños humanos y físicos en Haití. Se calcula que más de 200.000 personas murieron, y más de 1.000.000 perdieron todo lo que tenían.
Haití (el más pobre de todos los países del continente americano, lo que intensifica el grado de destrucción provocado por el terremoto) necesita, por lo tanto, ayuda.
En todas las partes del mundo, desde el mismo momento del temblor, han surgido movilizaciones para conseguir, cuanto antes, la reconstrucción del país, paliar el sufrimiento de los supervivientes y proporcionarles un poco de claridad en su futuro.
Nosotros, el IES “Maimónides”, también queremos colaborar en esta justa e indispensable causa. Por eso, desde nuestra modestia, planteamos este ejercicio de solidaridad.


ESPERAMOS SU ASISTENCIA Y SU COLABORACIÓN.

PROGRAMA:


MÚSICA:

-Rafael Ruz Gómez (guitarra): alumno de 2º de bachillerato.
-Julio Gascón Vengut (saxo): profesor de Música.
-”El bajo suena raro”, grupo compuesto por alumnos de 2º de bachillerato: Juan Ignacio García Bartolomé, Alejandro Gómez Caballero, Javier Llamas Gómez, Gonzalo Rodríguez Relaño, José María Toro Piqueras.


TEATRO:
“Telediario del siglo XVII”:

Actores, actrices y técnico (alumnado de 4º de ESO):
Ana Aparicio Serrano, Bernardo del Castillo Coronado, Arturo Chica Arnedo, Mª Carmen Díaz Liñán, Alba García Sag, Marina de Moya Martínez, Miguel Nieto Criado, Bernardo Ríos (profesor), Esperanza Sastre Menor, Julia Serrano García, Juan Trejo Franco, Valle Zurita Lozano.
Dirección: Bernardo Ríos (profesor).

POESÍA:
Poemas de Miguel Hernández: Rafael Ruz Gómez (guitarra). Bernardo Ríos (voz).

La aportación benéfica es de 2€.

También SE HABILITA UNA FILA O, para todas aquellas personas que quieran colaborar, pero no pueden asistir al acto: si son padres-madres o alumnos/as, pueden dejar su aportación, desde el martes 20 hasta el miércoles 28, en la biblioteca del IES “Maimónides”, entre 11.15 y 11.45 h.

domingo, 4 de abril de 2010

PRENSA. 4 abril 2010


En "El País":

1. Diario de un poeta en ambulancia. Reportaje de Tereixa Constenla. Aparecen las memorias del brigadista James Neugass, perdidas durante medio siglo - El libro aporta una visión vibrante y desengañada de la Guerra Civil española.

2. Shakespeare era Shakespeare. Reportaje de Patricia Tubella. El especialista James Shapiro desmonta las teorías que niegan su existencia.

3. Un mundo sin fronteras idiomáticas. Reportaje de Javier Martín. Los buscadores de Internet impulsan la traducción automática e instantánea con éxito creciente en los textos no creativo.

4.  El pequeño mundo de Nacira. Reportaje de O. Güell e I. Vallespín. La mujer encerrada por su marido tardó cuatro meses en aceptar que unos vecinos avisaran a la policía, durante los que recibía comida por una ventana.

5. Las líneas de falla de la democracia. Artículo de Nicolas Berggruen, fundador y presidente de Berggruen Holdings, una firma de inversiones; y de Nathan Gardels, director de New Perspectives Quarterly. Traducción de Mª Luisa Rodríguez Tapia.

6. El futuro de las Humanidades. Artículo de Adela Cortina,  catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

7. Jesús entre las ruinas. Artículo de Mario Vargas Llosa. Los habitantes de Puerto Príncipe pasean despojados de nervio y ánimo, sumidos en un sopor hipnótico. Pronto Haití dejará de ser noticia en los medios y los donativos y ayudas caerán en picado.

8. Sexo turbio. Columna de Manuel Vicent.  

9. El coloso de África desata la ira. Reportaje de Mariángela Paone. Senegal inaugura un polémico monumento de 19 millones de euros, construido por norcoreanos, para celebrar el cincuentenario de su independencia.

10. Penitencia. Columna del escritor Luis Manuel Ruiz.

domingo, 7 de febrero de 2010

PRENSA. HAITÍ. "Las otras réplicas", de Eduardo Galeano

Dentro del informe que "El País Semanal" dedica a la catástrofe de Haití, destacamos este artículo del escritor uruguayo Eduardo Galeano:

Las otras réplicas
EDUARDO GALEANO 07/02/2010

La tragedia de Haití ha desatado un formidable movimiento internacional de solidaridad. Pero, según el autor, el terremoto también ha provocado otras réplicas. Son, explica, temblores de hipocresía, racismo y amnesia que ningún sismógrafo es capaz de registrar.                                                                                                       
Pat Robertson, teleevangelista de amplia audiencia, explicó claramente este asunto del terremoto. El pastor de almas cantó la justa: las placas tectónicas no tienen nada que ver. El terremoto es una consecuencia del pacto que los negros haitianos habían hecho con el diablo hace dos siglos. Satán los liberó de Francia, pero Haití se convirtió en un país maldito.
El bueno de Pat no está solo. Son muchos los que creen, o al menos sospechan, que la libertad fue el pecado que condenó al país a perpetua desgracia. Haití no sería un país maldito si hubiera aceptado su destino colonial.
Pero ¿maldito por quién? Los negros haitianos habían humillado al Ejército de Napoleón Bonaparte, que en esa guerra perdió dieciocho oficiales, y Francia cobró cara la expiación. Durante más de un siglo, Haití pagó a Francia una indemnización, equivalente hoy día a casi veintidós mil millones de dólares, por haber cometido semejante sacrilegio.
El nuevo país nació endeudado y arruinado, arrasado por la guerra de independencia, que a tantos mató o mutiló, y también arrasado por la explotación despiadada de sus suelos y de sus gentes extenuadas en el trabajo esclavo. La prosperidad de Francia había sido la ruina de Haití. Todo el país se había reducido a una inmensa plantación de azúcar, que aniquiló los bosques y secó la tierra. Los negros libres heredaron un reino sin sombra y sin agua.
En estos días, la prensa ha difundido reseñas históricas. Se supone que ayudan a entender lo que ocurre. En casi todos los casos, nos cuentan que Haití fue el segundo país libre de las Américas, porque había seguido el ejemplo de la independencia de Estados Unidos. La verdad es que no fue el segundo. Fue el primero, el primer país de veras libre, libre de la opresión colonial, sí, pero también libre de la esclavitud. Y fue el primero, precisamente, porque no siguió el ejemplo de Estados Unidos: Haití fue un país sin esclavos sesenta años antes que Estados Unidos, cuya primera Constitución estableció que un negro equivalía a las tres quintas partes de una persona.
Y Haití nació, por eso, condenado a la soledad. Haití difundía, con su solo ejemplo, una peste contagiosa. Ningún otro país reconoció su existencia. Todos le dieron la espalda. Ni siquiera Simón Bolívar, cuando gobernó la Gran Colombia, pudo recordar que a los haitianos debía su gloria, porque ellos le habían dado naves, armas y soldados, cuando él estaba vencido, con la sola condición de que liberara a los esclavos.
Otra réplica del terremoto: son muchos los que creen, y no pocos lo afirman, que toda ayuda será inútil, porque los haitianos son incapaces de gobernarse a sí mismos. Llevan en la frente la marca africana. Están predestinados al caos. Es la maldición negra.
Por el mismo motivo, Estados Unidos no tuvo más remedio que invadir Haití en1915. Robert Lansing, secretario de Estado, explicó entonces que "la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma y tiene una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización".
El presidente Woodrow Wilson, premio Nobel de la Paz, ferviente admirador del Ku-Klux-Klan, firmó la orden de invasión, para restablecer el orden, evitar el caos y de paso, ya que estaba, cobrar lo que Haití debía a los bancos norteamericanos. Las tropas fueron por un ratito nomás, pero se quedaron diecinueve años. No pudieron restablecer la esclavitud, como habían hecho en Tejas y en Nicaragua, pero al menos impusieron un régimen de trabajo forzado que era bastante parecido, y mientras duró la ocupación militar prohibieron que los negros entraran en los hoteles, restaurantes y clubes reservados a los extranjeros. También prohibieron que el presidente de Haití cobrara su salario, hasta que enmendó su conducta y regaló el Banco de la Nación al City Bank.
Cuando las tropas se retiraron, dejaron un país bastante peor que el que habían encontrado.
Ojalá no se repita la historia, ahora que las tropas norteamericanas han regresado, traídas por el terremoto, y sobre las ruinas ejercen el poder absoluto.
Tierra desollada, gente desesperada: Haití ha malvivido su vida, casi siempre sometido a las dictaduras militares. Dictadura tras dictadura: para que callen los muchos y los pocos manden.
Uno de los dictadores, Baby Doc Duvalier, escapó de la furia popular en enero de 1986. Se fugó, acompañado por millones de dólares, en el avión militar que el presidente Ronald Reagan le envió, en agradecimiento por los servicios prestados.
Tiempo después, cuando el terremoto estalló, Baby Doc anunció, desde el exilio, que iba a donar a Haití una parte del dineral que había robado. Fue conmovedor. Casi tanto como el gesto del Fondo Monetario Internacional, que ha decidido prestar a Haití cien millones de dólares.
La experiencia ha demostrado, en América Latina y en todo el sur del mundo, que los expertos internacionales son tan útiles como los dictadores militares, quizá más, y resultan mucho más presentables, porque matan para ayudar a sus víctimas.
En Haití, como en muchos otros países, han sido el Fondo Monetario y el Banco Mundial quienes pulverizaron el poder público y eliminaron los subsidios y los aranceles que de alguna manera protegían la producción nacional de arroz. Los campesinos que vivían de sus cultivos fueron convertidos en mendigos o balseros, arrojados a la calle o a los tiburones, y Haití pasó a importar el arroz, ése sí subsidiado, ése sí protegido, de Estados Unidos.
Gracias a los buenos servicios de estos filántropos internacionales, el terremoto aniquiló un país aniquilado: sin Estado, sin instituciones, sin hospitales, sin escuelas.
¿Sin nada? ¿Sin nada de nada?
En 1996, el diputado alemán Winfried Wolf, que llevaba unos cuantos días en Haití, consultó las estadísticas internacionales. Había escuchado una y mil veces que Haití es un país superpoblado. Le sorprendió descubrir que Alemania está casi tan superpoblada como Haití. Pero admitió: “Sí, Haití está superpoblado… de artistas”.
Winfried recorría los mercados sin cansarse nunca de tanto admirar las creaciones del arte popular de este país. Las haitianas y los haitianos tienen manos magas, que revuelven la basura y de la basura sacan fierros viejos, cristales rotos, maderas gastadas, cosas que parecen muertas, y esas escultoras y escultores les dan vida y alegría.
Haití es un país arrojado a la basura, tierra despreciada, tierra castigada, que ahora parece, después del terremoto, más muerta que nunca. ¿Le quedarán manos magas, capaces de resucitarla?
Uno de los sobrevivientes, que perdió a su mujer, a sus hijos, su casa, su todo, respondió a la pregunta de un periodista: “¿Y ahora? Ahora lloro. Todas las noches lloro. Aquí, en la plaza donde duermo, lloro. Y después me levanto y camino. No sé adónde. Camino. Sigo. Busco la vida. No me preguntes por qué”.

Eduardo Galeano es escritor uruguayo.

PRENSA (2). 7 febrero 2010


En suplementos de "El País":

1. Dijeron no a la esvástica. Reportaje de Jacinto Antón. El reciente fallecimiento de Freya von Moltke, que formó parte de la oposición clandestina a Hitler, invita a revisar, más allá del coronel Von Stauffenberg y la Operación Valkiria, el poco conocido mundo de la resistencia alemana contra los nazis. Fueron muchos y muy valientes.

2. Trenes que nunca volveré a coger. Artículo-lectura de Tony Judt.  El historiador Tony Judt iniciaba una serie en EL PAÍS del 17 de enero de 2010 dedicada a explicar su trastorno neuromotor, que describió como "una prisión progresiva sin fianza". La serie se cierra con este artículo en el que reflexiona sobre el sentido de las regiones, las distancias y los contrastes en Europa, a vista de tren y de las grandes estaciones que tanto le gustan.

3. Bórrame del mapa. Artículo de Elvira Lindo, sobre la juventud y Salinger.

4. Plutón y la Tierra. Columna de Javier Sampedro.

5. La inteligencia y el silencio. Artículo de Javier Cercas.

6. Me pregunto si he aprendido algo. Artículo de Rosa Montero.

7. HAITÍ. En "El País Semanal", toda una serie de artículos dedicados al país centroamericano. Éste es uno de ellos: Vivir con dos euros al día. Reportaje de Juan Jesús Aznárez. AQUÍ, ENLACE CON EL ESPECIAL HAITÍ.

miércoles, 3 de febrero de 2010

PRENSA. 3 febrero 2010

En "El País":

1. Sin juicio. Columna de David Trueba sobre el poder de la televisión para enjuiciar.

2. "La culpa es como la salsa picante". Entrevista a John Connolly, escritor de novela policíaca. Por Rosa Mora.

3. Sobreprotegidos (e infelices). Columna de Manuel Rodríguez Rivero sobre la protección de los hijos.

4. Yo también quiero un año sabático. Reportaje de David Fernández. Parar el reloj es bueno para renovarse y recuperar creatividad. La opción de Adrià debería -según los expertos- generalizarse.

5. La condena social de los políticos. Artículo de Josep M. Vallès, catedrático de Ciencia Política en la UAB.

6. Un árbol para Haití. Artículo de Andrés Oppenheimer, corresponsal y columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald. © 2010 El Nuevo Herald, distribuido por Tribune Media Services International.

7. Prostitución y Derecho Penal. Artículo de Manuel Cancio, catedrático de Derecho Penal en la Universidad Autónoma de Madrid. El rasgo sobresaliente del sistema penal español real respecto de la prostitución es la hipocresía: permitir que se desenvuelva sin apenas control. Está en un limbo, no es ni lícita ni ilícita, pero está en plena expansión.

8. No diga calentamiento global. Artículo de Sergio Alonso Oroza, catedrático de Física de la Tierra de la Universidad de las Islas Baleares y profesor visitante en la Universidad de Lisboa.

domingo, 31 de enero de 2010

PRENSA. 31 enero 2010

En "El País":

1. La timba. Columna de Manuel Vicent.

2. La Mezquita vista piedra a piedra. Reportaje de Elsa Fernández-Santos. Tras 30 años de trabajos de restauración, el arquitecto Gabriel Ruiz Cabrero dibuja en toda su inmensidad el monumento cordobés por primera vez en 12 siglos.  

3. Cuando la ablación acecha. Reportaje de Rebeca Barranco. Un juez permite que una familia con antecedentes de mutilación se lleve a una menor a Gambia. Otro magistrado impide que su hermana visite el país.

4. La construcción social de la soledad. Artículo de Manuel Cruz, catedrático de Filosofía en la Universidad de Barcelona y director de la revista Barcelona METROPOLIS.

5. El prejubilado frente al espejo. Artículo de Emma Riverola, creativa publicitaria y novelista, autora de Cartas desde la ausencia.

6. Basado en hechos reales. Artículo de José Luis Pardo, filósofo. En 2005 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo por La regla del juego. La literatura de no-ficción está de moda, al tiempo que parece instalarse un cierto descrédito de la ficción. ¿Cómo explicar esa pasión por lo que ha sucedido? ¿Se trata de un fenómeno temporal o será algo duradero?


7. La gente por la que nadie llora. Reportaje de Francisco Peregil (enviado especial). Los internos del principal hospital psiquiátrico de Puerto Príncipe viven en condiciones infrahumanas.

jueves, 28 de enero de 2010

PRENSA. 28 enero 2010


En "El País":

1. "En Irán hasta el amor es delito". Entrevista a Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz. Por Francesco Manetto.

2. El accidente. Columna de Maruja Torres.

3. "La literatura no admite cuotas". Entrevista a la escritora Soledad Puértolas, única candidata a ingresar hoy en la RAE. Por Javier Rodríguez Marcos.

4. Pintar sin pintura. Columna de Vicente Verdú sobre el arte de hoy.

5. Un trabajo para vivir, no una vida para trabajar. Reportaje de Amanda Mars. Los jóvenes buscan empresas más flexibles y compatibles con su vida privada, pero encuentran precariedad. La generación criada en la prosperidad se da de bruces con la crisis.  

6. Los terroristas se hacen con Yemen. Artículo de Ana Echagüe, investigadora en FRIDE. Es uno de los países más pobres, con mayores conflictos internos y peor gobernados. Pero a Occidente, que le ayuda incluso menos que a África, sólo le llama la atención cuando se le vincula con Al Qaeda.

7. Colbert en las nieves. Columna de Lluís Bassets, sobre el discurso de Sarkozy en la apertura de la reunión del Foro Económico Mundial.

8. La desolada noche de Puerto Príncipe. Crónica de F. Peregil (enviado especial). La Grand Rue de la capital haitiana es el lugar más peligroso cuando cae el sol.

miércoles, 27 de enero de 2010

PRENSA. 27 enero 2010


En "El País":

1. La esposa. Columna de Elvira Lindo.

2. El Holocausto como discurso político. Por Juan Miguel Muñoz. Idith Zertal critica el empleo del exterminio para justificar la política de Israel. Análisis de José María Ridao, en Usos y abusos de la memoria.

3. Futuro a la carta. Columna de Manuel Rodríguez Rivero.

4. Mortaja y libertad son incompatibles. Reportaje de Ana Teruel. Un extenso informe de la Asamblea Nacional francesa concluye que el 'burka' no cuadra con los ideales de igualdad y fraternidad. Prohibirlo en todo espacio público se apunta como solución.

5. Chile: el vértigo. Artículo de Rafael Gumucio, periodista y escritor chileno.

6. Azaña, un estoico moderno. Artículo de César Antonio Molina, ex ministro de Cultura, es escritor. Su último libro publicado es Lugares donde se calma el dolor (Destino). Siete décadas después de la muerte en el exilio del último presidente de la Segunda República, su capacidad para combinar el ejercicio del poder con la pasión por la cultura debe servir de modelo a los políticos de hoy.

7. Una caridad para Haití. Columna de M.Á. Bastenier.

8. "Me gustaría hallar algo totalmente inesperado". Entrevista a Fabiola Gianotti, responsable del detector Atlas, del acelerador de partículas LHC. Por Alicia Rivera.

lunes, 25 de enero de 2010

PRENSA. 25 enero 2010


En "El País":

1. Juan Palomo. Columna de Almudena Grandes sobre Haití.´

2. Té y whisky con María Zambrano. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. Dos libros retratan en la intimidad a la única española con el Premio Cervantes.

3. El oficio de la solidaridad. Reportaje de Josep Garriga. La profesionalización de las ONG ha mejorado la eficacia de la ayuda. España se vuelca con los desastres, pero está lejos de Europa en donaciones regulares. Análisis del tema por Ricardo de Querol, en Eficacia antes que heroísmo.

4. Una veterinaria entre las balas. Reportaje de Anaís Berdié. La primatóloga Carmen Vidal trabaja en una zona de conflicto en Congo.

5. ¿Dónde están los inmigrantes? Columna de José Ignacio Torreblanca.

6. Las mujeres aún mueren por el seísmo. Por Francisco Peregil. Los médicos se quejan de que muchas embarazadas no acuden a los hospitales por falta de dinero y de información. Los abusos y violaciones son silenciados.

domingo, 24 de enero de 2010

PRENSA (4). 24 enero 2010


En "El Día de Córdoba":

1. El vértigo ilustrado. Artículo de Manuel Gregorio González sobre Larra y la publicación de sus Obras completas en la editorial Cátedra.

En "magazinedigital":

2. El rictus del miedo. La Camorra napolitana, denunciada por Roberto Saviano en Gomorra, es la mafia más violenta de Italia y posiblemente de Europa, aunque sus integrantes se ven a sí mismos como hijos no deseados de un mal padre. El barrio español es un vivero sin ley de clanes, desde donde el crimen organizado extiende sus acciones al resto del mundo. Por Jordi Mumbrú.

En "El País":

3. Vida y muerte en la capital de las tinieblas. Crónica de A. Jiménez Barca, P. Ordaz y F. Peregil. En Haití hubo rapiñas y ejecuciones, pero también se vio la dignidad y lucha de un pueblo por sobrevivir.

jueves, 21 de enero de 2010

PRENSA. 21 enero 2010


En "El País":

1. Tintín, a la conquista de China. Reportaje de José Reinoso. El cómic más vendido junto con Astérix desembarca en el gigantesco mercado asiático. El Gobierno veta uno de los álbumes por anticomunista.

2. Melancolía del fin. Columna de Vicente Verdú sobre los jóvenes y la cultura.

3. La pobreza de hoy tiene un rostro joven. Reportaje de Carmen Morán. El perfil del nuevo pobre se aleja del anciano y dibuja a un trabajador precario con niños pequeños. El reto es doble: crear empleo y fortalecer una red social que impida heredar la exclusión.

4. Haití, un desafío internacional. Artículo del escritor Carlos Fuentes.

5. Suiza, Italia, Vic: xenofobia institucionalizada. Escriben Abdelhamid Beyuki, representante del ECRI (Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia) en España; y Esteban Ibarra, presidente de Movimiento contra la Intolerancia.

6. La segunda mitad de la era del petróleo. Artículo de Mariano Marzo, catedrático de Recursos Energéticos en la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona. La producción mundial debería aumentar mucho para satisfacer la demanda de las economías emergentes. Pero la extracción tiene crecientes problemas técnicos y geopolíticos. Se acerca el fin, la hora del relevo.