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domingo, 1 de febrero de 2015

PRENSA. "La dignidad de todas las personas". Tomás S. Vives Antón

   En "El País":

La dignidad de todas las personas

El hecho de que incluso la mayoría de la sociedad demande la llamada “prisión permanente revisable” no justifica su aprobación. Tal y como está proyectada, desvela la baja calidad real de la democracia española




  • NICOLÁS AZNÁREZ

    Desde la promulgación del Código Penal de 1995, que algunos llamaron el Código Penal de la democracia, se le han incorporado una serie de reformas variopintas con un denominador común: la constante elevación, directa o indirecta, de las penas privativas de libertad. La culminación de ese proceso es la llamada “prisión permanente revisable”, que el dictamen de la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados describe y justifica en los siguientes términos:
    “La necesidad de fortalecer la confianza en la Administración de Justicia hace preciso poner a su disposición un sistema legal que garantice resoluciones judiciales previsibles, que, además, sean percibidas como justas. Con esta finalidad, siguiendo el modelo de otros países de nuestro entorno europeo, se introduce la prisión permanente revisable para aquellos delitos de extrema gravedad en los que los ciudadanos demandaban una pena proporcional al hecho cometido. En este mismo sentido se revisan los delitos de homicidio, asesinato y detención ilegal y secuestro con desaparición, y se amplían los marcos penales dentro de los cuales los tribunales podrán fijar la pena más ajustada del caso concreto”.
    Como pone de manifiesto ese párrafo, la justificación básica de la introducción de la nueva pena se halla en la demanda social, es decir, en lo que se llama voluntad democrática del pueblo; pero, que una parte importante, probablemente mayoritaria, de la sociedad, demande el endurecimiento de las penas no constituye una justificación democrática. Ese modo de justificar olvida que la democracia no se reduce a la voluntad y los deseos de la mayoría sino que tiene otras exigencias definitorias: es un sistema político de ciudadanos que se reconocen como iguales en dignidad y derechos y que pretenden gobernarse por mayorías que tomen decisiones racionalmente fundadas y respetuosas con la dignidad de todos. Ser antiterrorista o juzgar negativamente los delitos violentos no significa ser demócrata. Eso lo hace espontáneamente casi todo el mundo, es fácil. Sin embargo, ser demócrata es difícil porque comporta un plus:reconocer como personas incluso a los que, a nuestro juicio, hayan causado los más graves daños sociales (y es claro que no cabe exigir ese reconocimiento a las víctimas de delitos de sangre; pero sí a los que dirigen la política criminal). Poner a las víctimas como eje de la política criminal es un error ético, pues o es exigirles una imparcialidad y objetividad imposible para ellas o es plegarse a una idea de la justicia distinta de la que debería imperar en una sociedad racional.
    Esa irracionalidad se pone de manifiesto en la regulación española de las penas privativas de libertad. Hasta ahora, teníamos las tasas de delincuencia más bajas de Europa, con uno de los sistemas penales más duros. Pese a que, en esa situación, la delincuencia no parece crecer, las penas privativas de libertad, sí. Y ese incremento no se justifica en absoluto en aras de una mayor eficacia: si uno examina los sistemas penales de Occidente, comprobará que aquellos que tienen las penas más duras no son, ni con mucho, los que combaten con mayor eficacia la delincuencia. El endurecimiento de las penas más allá de ciertos límites parece, incluso, contraproducente. Si tomáramos como modelo Estados Unidos (que parece ser el que efectivamente tomamos), probablemente tendríamos alrededor de un millón de presos y una delincuencia bastante mayor y peor que la nuestra. ¿Es eso lo que queremos?

    Ni siquiera se ajusta a los requerimientos formales del Tribunal Europeo de Derechos Humanos
    La pena privativa de libertad, que por sí misma es un mal, sólo puede justificarse porque produzca un bien mayor que el mal que causa, pues causar daño al delincuente, sin obtener de ese daño una utilidad manifiesta, no satisface ni la justicia ni el deseo de hacerla: o responde a un deseo de venganza o a un sentido equivocado de lo que la justicia exige. Si el mal causado al delincuente no hace más que sumarse al que el delito produjo no tiene justificación posible.
    Los nuevos “demócratas” olvidan ese pequeño detalle y parten de una concepción “talionar” de la justicia, que se pone de manifiesto en la inversión del sentido del principio de proporcionalidad constitucional: ese principio supone un límite del poder penal del Estado y, de ningún modo, un fundamento que legitime el incremento de las sanciones penales. La ley del talión es irracional, tanto si la igualdad entre el delito y la pena se entiende materialmente (ojo por ojo, diente por diente), pues en ese caso sería inviable si el delincuente fuera ciego o desdentado, como si se la concibe de modo valorativo. Pues el castigo no trata de añadir al mal del delito el de la pena, sino de tutelar los bienes y derechos de los individuos y de la sociedad. Es esa función de tutela, y no la igualdad con el mal del delito, lo que puede justificar la pena; y, en sistema democrático, cualquiera que sea la voluntad de sus miembros, esa tutela ha de llevarse a cabo respetando las exigencias que dimanan de la adopción de un sistema democrático, cuyo fundamento, como acaba de decirse, radica en la igual dignidad de todos. Por eso, una pena que lesione esa dignidad, incluso en el peor de los delincuentes, no puede considerarse un bien en una democracia.
    Cuando se afirma por la Comisión de Justicia que seguimos el modelo imperante en el entorno europeo se oculta que esa semejanza es meramente nominal. Para demostrarlo, basta considerar el caso de Alemania. Introducida allí la cadena perpetua (lebenslange Freiheitsstrafe), se planteó una cuestión de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional alemán que, tras llevar a cabo una profunda reflexión acerca de la misma, concluyó que la cadena perpetua en sí misma podía ser conforme a la Constitución siempre que dejase al penado una posibilidad real de libertad y reinserción. Tras un período de tiempo en que esa posibilidad la garantizaba el Gobierno, a través de la posibilidad de indultar, por ley del 8 de diciembre de 1981 se introdujo en el Código Penal un artículo 57a que establece la revisión periódica por parte de los tribunales, a partir de los 15 años de cumplimiento. Estos habrán de suspender la cadena perpetua siempre que se den determinados requisitos. El resultado de ese sistema es que el tiempo medio de cumplimiento en los delitos más graves es de 20 años, es decir, la mitad de los 40 que establecen hoy nuestras leyes.

    ¿No será que seguir los dictados de ciudadanos encolerizados resulta más rentable electoralmente?
    A partir de esos datos es precisa una reflexión sobre la necesidad de la prisión permanente revisable pues, tal y como está proyectada, desvela la baja calidad real que cabe atribuir hoy a la democracia española. Ni siquiera se ajusta a los requerimientos formales establecidos por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en la sentencia del 9 de julio de 2013, sino que, sólo aparentemente, cumple la exigencia material de proporcionar al penado una expectativa real de libertad y reinserción. Pues no podemos olvidar nuestra historia: en un país donde la liberación de ciertos penados no se ha producido ni siquiera cuando las penas temporalmente limitadas llegan a su fin (y basta recordar el caso Parot, al que cabría añadir otros), ¿cómo cabe esperar que los delincuentes a los que en el futuro se imponga dicha pena vayan a tener una oportunidad efectiva de recuperar la libertad? Y, si existe un peligro grave de que no la tengan, ¿cómo nos atrevemos a proponer su introducción? ¿Acaso es porque seguir los dictados irreflexivos de ciudadanos encolerizados resulta electoralmente más rentable que defender los derechos básicos, que constituyen los cimientos de la democracia? ¿Nos importan realmente los derechos constitucionales? ¿O invocamos la Constitución realmente sólo cuando nos afecta, mientras que, si pensamos que no nos incumbe, directamente la empleamos a modo de latiguillo retórico en el que no se pone ni fe ni entusiasmo?
    Parece que, al menos, la mayoría de los políticos y juristas y la totalidad de los jueces debieran defender la dignidad y los derechos fundamentales de todas las personas con una decisión y un valor que hasta ahora no han demostrado. Y sería hora de que lo hiciesen para que este país gozase de una democracia de calidad y dejase, de una vez por todas, de ser el burgo sórdido del que hablaba don Antonio Machado.
    Tomás S. Vives Antón es catedrático emérito de Derecho Penal de la Universidad de Valencia.

    viernes, 14 de marzo de 2014

    PRENSA. "Tantas razones como mujeres"

       En "El País":

    Tantas razones como mujeres

    Los expertos coinciden en que hay infinidad de motivos para la interrupción de un embarazo. Un 62% abortará aunque su caso no esté amparado por la nueva ley


    Simulación de interrupción del embarazo en un quirófano de la Clínica Mediterráneo de Valencia. / MÓNICA TORRES
    Las trabajadoras sociales y las profesionales que trabajan en las clínicas que realizan abortos suelen remarcar que hay tantas razones para interrumpir un embarazo como mujeres. También que quienes se encuentran frente a un embarazo no deseado buscarán los medios para abortar. Los datos apuntalan esta teoría, surgida de la experiencia de escuchar cientos de miles de testimonios durante años. Ningún cambio en su situación social, económica o laboral hubiera hecho cambiar de idea al 41% de las mujeres que interrumpieron su embarazo. Y más del 62% afirma que si su caso no estuviera amparado por la nueva ley —que permitirá el aborto solo en casos de violación o riesgo para su salud—, abortaría de todas formas: el 31,94% viajaría al extranjero y el 30,37% trataría de hacerlo en España, de manera clandestina.
    Las cifras, que se desprenden del estudio Condiciones que motivan el aborto provocado, realizado por la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo a través de entrevistas personales a más de 6.000 mujeres, muestran también que son una minoría, el 30%, quienes optarían por continuar el embarazo debido a las restricciones de la ley. “La gran mayoría de las mujeres que aborta lo hacen porque no desean ser madres”, apunta la presidenta de Acai, Francisca García, directora también de una clínica sevillana. “Es más, la mayoría de quienes decidirían seguir adelante con la gestación si la ley no les permitiera abortar asegura que esto le supondría una angustia grave”, incide García.

    Solo un 30% optaría por continuar el embarazo por los límites de la norma
    Las vivencias y los testimonios de las mujeres que acuden a las clínicas para interrumpir su embarazo desmienten en parte las teorías de quienes aseguran que si la mujer tuviera más apoyos cambiaría de idea. “Esto puede ser así en algunos casos, pero no en la amplísima mayoría. La parte económica y laboral influye, pero las razones son muy personales. Se tratan de embarazos no planificados, no deseados”, comenta tajante Victoria Virtudes, de la Clínica El Bosque.


    Fuente: ACAI. / EL PAÍS
    La trabajadora social Luisa Torres, que ha escuchado miles de casos durante años, es de las que piensan que las razones son demasiado diversas para clasificarlas. Recuerda, por ejemplo, el caso de una mujer de 33 años y madre ya de un hijo, sin problemas económicos, pero sin deseos de ser madre de nuevo. También el de aquella otra de 25, que acababa de comenzar en su primer trabajo y que explicaba que si se hubieran dado otras circunstancias… Dos caras de un prisma complejo. Tampoco hay que olvidar los casos de las mujeres que abortan por razones sanitarias (un 5,7% de las más de 112.000 que interrumpieron su embarazo en 2012, según los datos del Ministerio de Sanidad) o por malformaciones fetales graves o extremadamente graves (un 3%).

    La situación laboral influye en la decisión, pero es solo un factor más
    Son razones personales. Y la ley ampara que puedan tener esa libertad de decidir hasta la semana 14 de gestación —tras eso se puede abortar por riesgos para la salud o malformación—, sin tener que especificar detalles. Una opción que la reforma de la ley del aborto, impulsada por el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón y aprobada por el Gobierno de Rajoy, eliminará. La nueva ley solo permitirá el aborto en casos de violación o riesgo para la salud física o psicológica de la mujer; algo que tendrá que demostrar con el dictamen de dos médicos. La futura ley, que traslada a España a una de las posiciones más restrictivas de Europa, dejaría fuera de los supuestos legales a muchas mujeres. O las obligaría, matizan los expertos, a alegar riesgo psicológico para interrumpir su embarazo. Como se hacía desde 1985 hasta 2010.
    “Quienes están seguras de que no quieren ser madres abortarán igual. Cuando en España el aborto estaba prohibido se seguía haciendo, el problema son las condiciones”, apunta Virtudes. Un argumento similar al de la presidenta de Acai, que alerta de que el número de abortos realizados en España disminuirá, pero engañosamente porque no se tendrá en cuenta los que se hacen en el extranjero o los irregulares. “Cuando las mujeres hablan de sus opciones, si en España no pudieran acceder a esta prestación, hablan de viajar a países cercanos, como Francia o Portugal, donde tienen leyes como la que hay ahora en España. Pero no todas se lo pueden permitir”, añade Virtudes.

    Antes de 1985, las clínicas británicas atendían a unas 20.000 españolas
    Antes de que el aborto se despenalizara en España (1985), las mujeres viajaban a Londres. Las clínicas británicas llegaron a contratar personal hispanohablante para atender a las alrededor de 20.000 españolas que, ayudadas muchas veces por organizaciones de mujeres, acudían a interrumpir su embarazo a ese país. En 1974, cuando los anticonceptivos estaban prohibidos en España, la Fiscalía del Tribunal Supremo estimó que pese a que se consideraba un delito en cualquier circunstancia, en España se realizaban unos 300.000 abortos al año —cifra que los más conservadores consideraron disparatada—. Todos clandestinos, por supuesto.
    La historia y los datos refuerzan las teorías de los expertos en salud reproductiva que, como Bela Ganatra, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), alertan desde hace años de que las leyes restrictivas no frenan las interrupciones del embarazo. De hecho, Ganatra estima que cada año se realizan unos 20 millones de abortos por personal no cualificado y en circuitos irregulares. El 97%, como muestra un estudio con cifras de esta organización publicado en la prestigiosa revista The Lancet, en países en desarrollo, donde las leyes o los sistemas sanitarios frenan el acceso a esta prestación. Abortos inseguros y peligrosos, que pueden suponer un problema sanitario importante para las mujeres. En Sudáfrica, por ejemplo, tras liberalizar la prestación las muertes relacionadas con la interrupción voluntaria del embarazo bajaron un 91%.

    Victoria Virtudes: “Hablan de viajar a Francia o Portugal si aquí se limita”
    En los países desarrollados que tienen leyes restrictivas, la regulación tampoco actúa como un elemento disuasorio. En Polonia o Irlanda existe aborto clandestino. También, concreta el ginecólogo austriaco Christian Fiala, experto y promotor de un museo en Viena sobre la interrupción voluntaria del embarazo en la historia, hay un gran desarrollo del turismo para abortar. Por no hablar, apunta, del aborto farmacológico. Una fórmula utilizada, por ejemplo, en muchos países de Latinoamérica donde las leyes impiden el aborto, lo dificultan o es demasiado costoso. “Si una mujer desea abortar lo hará igual. Antes se hacía con hierbas como ruda, o con útiles domésticos si no había dinero para pagar el billete a Londres, ahora los métodos o los conocimientos son más modernos; pero la esencia es la misma”, dice Virtudes.

    La nueva ley

    La Ley Orgánica de Protección de los Derechos del Concebido y de la Mujer Embarazada, aprobada en diciembre por el Gobierno y que ahora debe pasar por los trámites parlamentarios, permite el aborto solo en dos supuestos: violación (hasta la semana 12 de gestación) o problemas de salud (hasta la semana 22).
    * Para alegar riesgo para la salud física o psicológica de la mujer, esta deberá contar con el dictamen firmado por dos médicos. Estos tendrán que constatar que existe “menoscabo importante y duradero” para la salud física y psíquica o un peligro importante para su vida.
    * La norma da la opción de interrumpir el embarazo sin plazo si se detecta una malformación incompatible con la vida y esta causa un daño psicológico para la mujer. Algo que deberá constatar con dos informes médicos, uno suyo y otro del diagnóstico prenatal.
    * La ley, que vuelve a un sistema de supuestos,ha recibido la oposición de numerosas sociedades médicas y científicas.

    jueves, 13 de junio de 2013

    PRENSA. "La pistola 'Liberator' hace saltar las leyes. Reportaje

    Cody Wilson muestra la pistola que fabricó con una impresora 3D. / JAY JANNER (AP) ("El país")

       En "El País":

    La pistola ‘Liberator’ hace saltar las leyes

    La impresora en 3D pone en jaque desde las normas de propiedad industrial al Código Penal

     9 JUN 2013

    La noticia de que un estudiante de Derecho de la Universidad de Texas había fabricado por primera vez una pistola con una impresora 3D dio la vuelta al planeta en apenas unas horas. Al poco tiempo empezaron a circular por Internet los diseños del artilugio, tal y como era el deseo de su creador, Cody Wilson, que aspiraba a que cada persona se construyese su propio arsenal en casa con fines de supuesta autodefensa.
    La osadía del joven Wilson, que tiene 25 años y se presenta a sí mismo como criptoanarquista, suscitó un revuelo inmediato a nivel internacional. Pese a ello, tuvieron que pasar dos días para que el Departamento de Estado de Estados Unidos reaccionase de manera oficial. En las 48 horas transcurridas hasta que se emitió la orden oficial para retirar los archivos de la web ya habían sido descargados unas 100.000 veces, un número más que suficiente para que borrar su rastro en Internet resultase una tarea imposible de materializar.
    La red es así, está en su ADN. La multiplicación de la información a grandes velocidades dificulta enormemente cualquier intento de censura. A ello se suma una cultura de la libertad y de lo gratis imperante en la red que a menudo choca de lleno con los límites legales establecidos por los legisladores en áreas que van desde los derechos de propiedad intelectual hasta la propia seguridad del Estado.
    La pistola 3D, bautizada por su inventor como Liberator, pone en evidencia cómo la tecnología avanza mucho más rápido que los legisladores y cuán difícil resulta en estos momentos para las Administraciones garantizar que se cumplen incluso las leyes que ya están en vigor. El caso llama especialmente la atención porque agrupa varias polémicas en una. Según Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas de España, la pistola 3D tiene implicaciones sobre los derechos de propiedad intelectual, los derechos de propiedad industrial y, dado que se trata de un arma de fuego, obligará a los legisladores a repensar incluso el Código Penal.
    Lo más alarmante en el caso de la Liberator es su implicación penal. “En España no se puede estar en posesión de un arma sin permiso, es ilegal, y con esta pistola basta con conseguir un enlace para poder fabricártela”, afirma Domingo. Aunque todavía no resulte algo tan fácil y asequible como imprimir un documento, lo será cada día más. Y ya hay gente que lo puede hacer “sin ningún tipo de control”, señala. Wilson lo hizo con una impresora que compró a través de la página de subastas eBay y que le costó 6.000 euros.
    Según el presidente de la asociación de internautas, “lo que antes podíamos compartir, ahora también se puede tocar”. Por estos motivos, reconoce que asuntos como el de la pistola y, en general, la impresión en tres dimensiones, “van a poner a prueba la capacidad de los gobernantes”.
    Xavier Ribas, abogado experto en derecho e Internet explica que, según la normativa actual vigente en España, estar en posesión de los planos de la Liberator no está castigado. Cualquiera puede alegar curiosidad o afán de coleccionismo para no ser sancionado por tener guardados en su ordenador los archivos de la pistola. “Una cosa es el potencial nocivo de un instrumento y otra el uso que le des”, explica. Sí estaría penado difundir los planos, estar en posesión del dispositivo y, obviamente, emplearlo contra alguien.
    Del Código Penal, la impresión en tres dimensiones salta a los derechos de la propiedad intelectual en la medida en que los diseños tienen un creador. El copyright, sin embargo, salta por los aires en cuanto empiezan a circular los archivos por la red.

    Tener los planos del arma no es ilegal, pero tener esta sin permiso sí lo es
    En cualquier caso, el desafío más novedoso está en cómo afecta la impresión en tres dimensiones y la generalización de estas máquinas a la ley de la propiedad industrial.
    De momento, la tecnología está en un estadio muy básico y disponer de una de estas impresoras, así como de los materiales necesarios para fabricar objetos concretos, resulta caro. Además, aunque ya se han puesto en marcha proyectos para fabricar carne artificial o prótesis para el cuerpo humano, los objetos factibles de ser reproducidos con estas máquinas son aún limitados.
    Sin embargo, llegará el día en que las máquinas de impresión 3D se extiendan, se abaraten y se perfeccionen hasta el punto de que una familia pueda fabricar en su propia casa productos que ahora compra en la tienda, en los grandes almacenes o a través de Internet.
    “¿Qué pasará cuando la gente empiece a compartir los planos de una televisión o una lavadora?”, se pregunta Domingo. “Hasta Ikea puede ver sancionados sus derechos de propiedad industrial” si la gente empieza a copiar sus muebles y fabricárselos en casa, ironiza. La respuesta a estas cuestiones “sobrepasa” las leyes actuales, sostiene Domingo, que añade que solucionar el dilema está en manos de los legisladores, aunque pone en duda que estén a la altura de este reto: “Es un problema clásico de cómo avanza la Administración en relación con las nuevas tecnologías, que siempre nos pillan con el pie cambiado”, argumenta.

    Un halla

    Según Domingo, “los legisladores deben estar muy atentos a este tipo de cosas y hacer un esfuerzo para conseguir una ley rápida y eficaz”. En su opinión, si se legisla con años de retraso, cuando el uso de la tecnología en debate se ha extendido y es algo común para buena parte de la ciudadanía, se corre el riesgo de acabar atropellando libertades individuales o teniendo que invadir el ámbito de lo privado para hacer cumplir la ley.
    Ribas da algo más de margen a los legisladores. La experiencia le dice que lo normal es que cada cambio normativo tarde una media de dos o tres años en producirse, como ha sucedido con la ley Sinde-Wert. Y asegura que España es relativamente ágil a la hora de adaptar la ley, en comparación con otros países. El abogado lamenta que, a veces, los avances logrados no sirven para nada porque luego toca adaptar directivas comunitarias que llegan tarde. Esto, critica Ribas, obliga a volver a poner en marcha el proceso mientras Internet y la tecnología siguen su imparable avance.
    Dentro de la clasificación de países donde la Liberator tuvo más éxito está España, que ocupa un lugar destacado en descargas junto al propio Estados Unidos, Brasil, Alemania y Reino Unido, según datos de Defense Distributed, la empresa propietaria de la pistola y que tiene licencia del Gobierno para fabricar armas.
    Uno de los españoles que se hizo con los archivos, que se esconde bajo el apodo de Gone, confiesa que lo hizo por pura curiosidad. “Quería saber cómo era por dentro la pistola tras oír hablar tanto de ella”, comenta con relación al eco desmesurado que, en su opinión, tuvo el invento a nivel mediático. En cualquier caso, descarta que vaya a imprimirla mientras muestra los planos con las 16 piezas del dispositivo en su ordenador.
    Pese a la alarma generada en la opinión pública, producir la pistola de plástico a partir de los planos de Wilson no es fácil. Primero, porque aunque los archivos son gratuitos, se necesita disponer del mismo tipo de impresora 3D que la utilizada por Cody Wilson, que es una versión personalizada de un dispositivo de la marca Stratasys y con un precio bastante elevado. Segundo, porque convertir los planos en una realidad, indican los que entienden de esto, es bastante complicado. El propio Wilson, que se declara admirador de Julian Assange, el fundador de Wikileaks, y Kim Dotcom, de Megaupload, aseguraba en unas recientes declaraciones al diario The Guardian que en estos momentos resulta más fácil fabricar un arma utilizando piezas compradas en una ferretería que recurriendo a una impresora en tres dimensiones.
    Hay quienes han sabido anticiparse a los futuros riesgos y han actuado de antemano, como el colectivo que está detrás del Laboratorio de creación y fabricación digital Bilbao Makers. “Nuestros Estatutos recogen que aquí no se puede producir nada que sirva para atentar contra los derechos humanos”, afirma uno de sus cofundadores, Karim Asry, que admite que así lo decidieron porque se veían venir conflictos como el de la pistola. “Decidimos poner la venda antes que la herida”, añade, al tiempo que destaca que la capacidad que tiene la impresora 3D de permitir una descentralización total de la capacidad de producción obligará a modificar normas que, tal y como ocurre en el sector industrial, derivan de leyes heredadas del siglo XIX.
    El siglo XXI ha agotado ya su primera década y está creando su propia tecnología. En este apartado, la impresión 3D reclama su propio espacio, ya que marcará un antes y un después en el sistema de producción, de la fábrica al salón. Parece razonable pensar que los nuevos tiempos necesitarán leyes diferentes a las que hicieron posible el éxito de la cadena de montaje de Henry Ford.

    Un hallazgo nuevo cada día

    No hay día en el que no se anuncie un nuevo adelanto de la impresora en tres dimensiones. A la espera de que la Nasa haga realidad el proyecto de fabricar comida, ya ha logrado salvar vidas, como la del niño que podrá respirar gracias a una tráquea artificial fabricada con una impresora 3D que le fue implantada por el equipo médico del hospital infantil de Akron y la Universidad de Michigan.
    La impresión 3D fabrica capa a capa cualquier tipo de pieza a partir de un diseño generado con ordenador. Puede estar hecho a partir de plástico u otro tipo de material, siempre y cuando pueda ser fusionado, ya sea mediante calor o con algún tipo de pegamento.
    La teoría indica que, con este tipo de impresoras, que empezaron a desarrollarse hace más de 30 años, cualquier persona podrá fabricar en el futuro desde su casa o desde un pequeño negocio numerosos productos sin tener que realizar grandes inversiones en maquinaria o en personal técnico especializado. Ello permitiría una descentralización total de la capacidad de producción.
    En España, uno de los colectivos más activos con la impresión 3D es RepRapBCN, un proyecto de la Fundació CIM de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) que realiza talleres periódicos para los nuevos usuarios.
    Pablo Gil estuvo hace unas semanas en la Ciudad Condal y se vino con una impresora RepRap bajo el brazo para el Centro Tecnológico Industrial de Badajoz. Su interés, explica, vino por las ganas de aprender más sobre un invento “que marcará el futuro”. “No es una moda”, añade. El objetivo que tiene para ella es convertir la capital pacense en centro de expansión de esta nueva tecnología en el sur de la Península a través de talleres y encuentros.
    Pablo Gil, además, añade una nota destacable, que es la capacidad que tienen estas máquinas de replicarse a sí mismas y crear complementos que perfeccionen su funcionamiento. “Hasta ahora podíamos hacer el software —los programas—, pero a partir de la impresora 3D también podemos fabricarnos nuestro propio hardware —dispositivos informáticos—”, añade.
    En la propia Barcelona, donde la gente de la Universidad Politécnica de Cataluña realiza los cursos, vive Norbert Rovira. Este joven también acudió a uno de los workshops de la CIM. De momento, se autodefine como “un usuario porhobby”. “Ahora me dedico a hacer pequeños apaños caseros, prototipos, pero nada de pistolas, sino cosas que tengan utilidad”, afirma. Sus planes futuros incluyen poner en marcha una comunidad de usuarios de estas máquinas para compartir experiencias.
    También hay quien ve en estos equipos interesantes oportunidades de negocio. En Estados Unidos ya hay quien se ha atrevido a resucitar un modelo de tienda que parecía condenado hace mucho tiempo: las copisterías, claro que sin fotocopias. Lo suyo son las impresoras 3D y, bajo el nombre de Shapeways, cuentan con varios locales repartidos por todo el país en diversos centros comerciales.
    Negocio, innovación, cambio industrial, salud... La impresión 3D ofrece un enorme abanico de posibilidades futuras. Sin embargo hay quienes creen que sus promesas están siendo exageradas. El ingeniero Neil Gershenfeld, del Massachusetts Institute of Technology (MIT), partícipe del desarrollo de la impresora 3D, advirtió en una charla con el periodista de la BBC Peter Day que los más entusiastas ante los avances que permitirá la generalización de este invento son los propios periodistas, “que son los que no lo usan”.