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sábado, 12 de marzo de 2016

PRENSA. "Un planeta con el agua al cuello"

   En "publico.es":

Un planeta con el agua al cuello

Los efectos de la subida del nivel del mar por el cambio climático ya son palpables. Las últimas investigaciones científicas creen que las predicciones "se han quedado cortas", mientras países en riesgo se preparan ya para adaptarse o desaparecer.


Se estima que el nivel del mar seguirá subiendo a un ritmo de 4 mm al año.
Se estima que el nivel del mar seguirá subiendo a un ritmo de 4 mm al año.

Cuando el Gobierno de Maldivas decidió poner en marcha un megaproyecto de islas artificiales flotantes, lo hizo pensando en dos cosas: lo primero, exprimir el turismo de lujo que alimenta la economía del archipiélago asiático desde finales de los años 70; lo segundo, luchar contra su propia extinción.
A este paraíso en mitad del Índico, con una altitud máxima de 2,3 metros sobre el nivel del mar (es el país más bajo del mundo), le preocupa ser engullido por el océano y desaparecer para siempre bajo una masa de agua que no deja de crecer. Por eso tiene puestas parte de sus esperanzas de supervivencia en dos holandeses, Paul van de Camp y Koen Olthuis (calificado por la revista Time en 2012 como una de las personas más influyentes del año). Especializados en estructuras sobre el agua, sus construcciones son capaces de desafiar uno de los efectos más impactantes del cambio climático: la subida del nivel del mar. Su empresa será la que se ocupe de esta aventura arquitectónica para el disfrute de ricos extranjeros, pero a cambio deberán construir otra isla para dar salida a la creciente población local, amenazada por el agua.
Proyecto de isla flotante en las Maldivas. DUTCH DOCKLANDS
El caso de las islas Maldivases tal vez uno de los más evidentes en una tendencia en auge, pero desde luego no es el único. En Venecia, por ejemplo, un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) estimó que los episodios de ‘aqua alta’ (las inundaciones de la ciudad a consecuencia de la subida de las mareas) se multiplicarían drásticamente a finales de siglo, pasando de 1,4 a 18,5 veces al año. Otro trabajo del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados pronosticaba que dentro de unos 80 años las áreas inundables de la costa de Vizcaya se triplicarían, siendo la mitad de ellas terrenos residenciales o industriales. Miami, señalada por la OCDE como una de las ciudades en mayor riesgo de EEUU, ya ha asignado una partida de 400 millones de dólares en sistemas de bombeo para evitar inundaciones en la costa. Y en países caribeños como Costa Rica, más de un 40% de las playas presentan erosión.

Es algo sobre lo que la comunidad científica viene alertando desde hace años. “Hay pruebas contundentes de que el nivel del mar mundial se elevó gradualmente en el siglo XX y de que continúa elevándose a un paso intensificado”, señala el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), la mayor red científica sobre la materia. Según sus estimaciones, durante el siglo XX el nivel medio mundial del mar creció a un ritmo de 1,7 mm por año. Pero a partir de 1990, observaciones vía satélite permitieron elevar esa cifra hasta los 3 mm por año, casi el doble del promedio observado anteriormente. Y va a más. El IPCC calcula que, para el decenio de 2990, el nivel del mar estará entre 0,22 y 0,44 metros por encima de los niveles de 1990, subiendo a un ritmo de unos 4 mm al año.
Gráfico del IPCC con estimaciones sobre la subida del nivel del mar.
Gráfico de estimaciones sobre la subida del nivel del mar. IPCC
Aún así, nada es seguro. Este fenómeno soporta todavía incertidumbres importantes porque depende, en gran parte, de las emisiones de dióxido de carbono que se expulsen a la atmósfera en el futuro. Además, según apuntan últimas investigaciones, sus consecuencias se podrían estar subestimando. “Lo que la ciencia nos está dejando vislumbrar es que nos estamos quedando cortos”, explica a Público Carlota Escutia, del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra.
Escutia fue una de las investigadoras que participó en 2010 en un estudio internacional que analizó por primera vez muestras de lodo obtenidas a más de tres kilómetros de profundidad en la costa del este antártico, una capa de hielo del tamaño de Australia que se formó hace 34 millones de años y que, en teoría, presenta gran estabilidad frente a los cambios del clima. “Nuestra conclusión es que hay deshielo y pérdida de casquete. Hasta ahora se pensaba que esta capa era muy estable, pero no es tan difícil que se derrita, eso es lo que decimos”, señala.
“Lo que la ciencia nos está dejando vislumbrar es que nos estamos quedando cortos”
La investigación, liderada por la Universidad Imperial de Londres, toma como referencia la época del Plioceno (hace 2,58 millones de años) cuando la Tierra tenía unos niveles de CO2 similares a los de hoy en día y una temperatura entre 2 y 3 ºC superior a la actual. La combinación de ambos factores supuso una subida del nivel del mar de 10 metros por el deshielo de Groenlandia y del oeste antártico. Por lo menos eso es lo que se sabía hasta ahora. Pero estos investigadores consideran que el deshielo de la placa oriental pudo añadir otros 10 metros más. Es decir, de alcanzarse una temperatura similar a la de entonces, el nivel del mar podría aumentar hasta 20 metros a final de este siglo. “Encendemos una luz roja porque los modelos actuales de medición se están quedando cortos. Esto se tendría que tener en cuenta”, advierte desde el otro lado del teléfono.
Un grupo de turistas en la Antártida. AFP
También Michael Mann, director del Earth System Science Center de Pensylvania y uno de los científicos sobre clima más relevantes del mundo, alzó la voz de alarma a finales del año pasado al afirmar que los modelos de medición actuales habían subestimado la velocidad a la que se derrite el hielo en Groenlandia y en el oeste antártico. Los datos le avalan:la extensión de hielo en el Ártico se redujo en 2012 un 18% con respecto a 2007, batiendo un record histórico sin precedentes.
No afecta a todos igual

La subida del nivel del mar se explica fundamentalmente por dos causas: la pérdida de hielo terrestre por el derretimiento de los glaciares y la expansión del agua a consecuencia del calentamiento de los océanos, un fenómeno que se denomina como expansión térmica. Se cree que cada uno de estos efectos es responsable, aproximadamente, de la mitad de la elevación observada del nivel del mar. Pero el agua no aumenta de manera uniforme en todo el mundo. Mientras en algunas zonas los océanos pueden llegar incluso a retroceder, en otras subirá varias veces por encima del promedio estimado.
Holanda, Alemania, Francia, Bélgica, Dinamarca, España e Italia se verán especialmente afectados de Europa
Según alerta Greenpeace, las zonas expuestas a mayor riesgo desde el punto de vista del número de personas afectadas son Asia meridional y sudoriental, África oriental y occidental y el Mediterráneo, desde Turquía hasta Argelia. También las islas del Pacífico, del océano Índico y del Caribe son especialmente vulnerables. Y, como es lógico, son las más preocupadas, o casi las únicas. En la cumbre del clima que tuvo lugar el pasado diciembre en Lima, sólo medio centenar de países firmaron una petición para eliminar totalmente las emisiones de CO2 en 2050. La práctica totalidad de los firmantes son insulares o con grandes proporciones de costa en su territorio.
"En algunas localizaciones, una retirada controlada se va a convertir en la respuesta necesaria”, dice el IPCC
Sin embargo, los impactos económicos y sociales que se prevén en todo el mundo no desmerecen la atención del conjunto del planeta. De acuerdo con un estudio publicado por Proceedings of the National Academy of Science en 2013, los costes por los daños provocados por las mareas y tempestades podrían aumentar de los 10 a 40 millones de dólares que suponen en la actualidad, hasta los 100.000 millones de dólares a finales de este siglo si no se toman medidas de adaptación adecuadas, muy especialmente, estrategias a largo plazo.
Recreación de Greenpeace sobre los efectos que tendría la subida del mar en San Sebastián.
Recreación de Greenpeace sobre los efectos que tendría la subida del mar en Donosti.
Las inundaciones, la erosión de la costa, los daños en infraestructura o la salinización de las aguas dulces son también consecuencias que Europa vivirá muy de cerca y sobre las que el IPCC ha instado a tomar medidas, en especial a Holanda, Alemania, Francia, Bélgica, Dinamarca, España e Italia, países –asegura- con un “absoluto alto coste por daños”.
"Va a ser muy difícil despoblar la costa, estamos hablando de migraciones extraordinarias"
En cualquier caso, incluso proyectos como el que los arquitectos holandeses pretender levantar en Maldivas podrían caer en saco roto. “Adaptar los edificios de las comunidades costeras y mejorar las defensas pueden reducir significativamente los impactos de la subida del nivel del mar, pero no pueden eliminar el riesgo, especialmente cuando el nivel del mar va a seguir subiendo a lo largo del tiempo. En algunas localizaciones, una retirada controlada se va a convertir en la respuesta necesaria”, dice elquinto informe del Panel de Expertos.
“La Tierra ha soportado temperaturas mucho mayores, sin hielo y con un nivel de mar mucho más alto, pero el problema son nuestros asentamientos humanos. Y va a ser muy difícil despoblar la costa, estamos hablando de migraciones extraordinarias”, sentencia Escutia.

domingo, 21 de junio de 2015

PRENSA. "La Tierra está entrando en una nueva fase extinción"

   En "elperiodico.com":
NUEVA ALERTA ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO

La Tierra está entrando en una nueva fase de extinción

Expertos de Stanford, Princeton y Berkeley avisan de que "se cierra con rapidez la oportunidad" de evitar la desaparición de la especie humana


 Un flamenco muerto en el lago Empakai, seco por la sequía, en Tanzania.
XAVIER JUBIERRE
 Un flamenco muerto en el lago Empakai, seco por la sequía, en Tanzania.

AGENCIAS / NUEVA YORK
SÁBADO, 20 DE JUNIO DEL 2015 - 15.01 H
La Tierra ha entrado en una nueva fase de extinción. Será la sexta extinción de la historia del planeta a gran escala, según han concluido un estudio de Stanford, Princeton y Berkeley, tres de las universidades más prestigiosas de EEUU. En dicho estudio, publicado en la revista 'Science Advances', las estimaciones más optimistas apuntan que los humanos estarán entre las primeras víctimas, mientras que las especies animales vertebradas desaparecerán a una velocidad 114 veces superiora lo normal.
Nunca desde la última extinción --la de los dinosaurios--, hace 66 millones de años, el ritmo de desaparición de especies había sido tan frenético, según los expertos de Stanford, Princeton y Berkeley. Paul Ehrlich, profesor de Estudios de Población en Biología y miembro sénior del Instituto Woods para el Medio Ambiente de Stanford, asegura que el estudio "muestra sin ninguna duda que entramos en la sexta gran extinción en masa".
Expertos de las tres universidades han urgido a tomar "medidas rápidas" para conservar las especies amenazadas, sus poblaciones y hábitats, y han advertido de que "la ventana de oportunidad" para hacerlo "se está cerrando con rapidez".
El mundo perderá, en el arco de tres generaciones, muchos de los beneficios de la biodiversidad, apunta el profesor Ehrlich, uno de los autores del estudio, antes de subrayar que "estamos serrando la rama sobre la que estamos sentados".

ESTIMACIONES CONSERVADORAS

Los científicos coinciden en que las tasas de extinción han llegado a niveles sin precedentes desde la desaparición de los dinosaurios, pero algunos han cuestionado esa teoría al pensar que las estimaciones previas descansaban en supuestos que sobrestimaban el nivel de la crisis.
El nuevo estudio indica que, incluso con las estimaciones más conservadoras, las especies de nuestro planeta están desapareciendo unas 100 veces más rápido de lo que sería normal en un periodo entre extinciones masivas --lo que se conoce como tasa de fondo-. "Si dejamos que esta situación continúe, la vida podría tardar muchos millones de años en recuperarse y nuestra especie podría desaparecer pronto", ha señalado Gerardo Ceballos de la Universidad Autónoma de México, también participante en el estudio.
En el caso de los vertebrados, que es el grupo con los datos y fósiles más fiables, los investigadores se preguntaron si incluso las estimaciones más bajas de la diferencia entre las tasas de fondo y la actual aún justifica la conclusión de que las personas están precipitando "un espasmo global de pérdida de biodiversidad" y la repuesta es "un sí definitivo".
"Insistimos en que nuestros cálculos es muy posible que subestimen la gravedad de la crisis de extinción, ya que nuestro objetivo era fijar un límite inferior realista al impacto de la Humanidad en la biodiversidad", destacan los expertos en su informe.

LA LARGA LISTA DE CAUSAS

Una población humana en constante crecimiento, el consumo per cápita y la desigualdad económica han alterado o destruidos hábitats naturales. El desbroce de tierras para la agricultura, la explotación forestal, la introducción de especies invasoras, las emisiones de CO2, que llevan al cambio climático y la acidificación de los océanos, las toxinas que alteran y envenenan los ecosistemas, la lista de agresiones es larga.
En la actualidad, el fantasma de la extinción se cierne sobre el 41% de las especies anfibias y el 26% de las de la mamíferos, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. "En todo el mundo hay ejemplos de especies que son básicamente, muertos vivientes", ha afirmado Ehrlich.
A medida que desaparecen las especies, también lo hacen las funciones que cumplen como la polinización de la cosechas por las abejas. A pesar del sombrío panorama que dibuja el informe, hay una vía hacia adelante, según los expertos. "Evitar una sexta extinción masiva real requerirá de grandes, rápidos e intensos esfuerzos para conservar las especies amenazadas y aliviar la presión sobre sus poblaciones, especialmente previniendo la pérdida de su hábitat, la sobreexplotación con fines económicos y el cambio climático", han señalado
.

martes, 16 de junio de 2015

PRENSA. CLIMA. Entrevista al geólogo Richard Alley

   En "El País":
RICHARD ALLEY | GEÓLOGO

“Será difícil vivir sin aire acondicionado”

El científico lleva décadas escrutando el hielo para reconstruir la historia del clima, un trabajo esencial para entender el calentamiento del planeta


JIM MCQUAIDE


Richard Alley ha conseguido que los glaciares le confiesen secretos esenciales sobre el clima. El geólogo (Ohio, EE UU, 1957), uno de los principales investigadores en su campo, halló en muestras de hielo de hace más de 10.000 años, en zonas remotas de Groenlandia, un archivo de datos atmosféricos que le ha ayudado a entender el ritmo del cambio climático: detectó modificaciones abruptas de las temperaturas durante varios periodos relativamente cortos de tiempo, lo que llevó a concluir al científico que podrían volver a producirse en el futuro y que el calentamiento del planeta dejaría de ser un proceso gradual. El profesor de la Pennsylvania State University, por cuyo trabajo recibirá el 23 de junio el premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, considera que hay que tomar medidas para intentar frenar el proceso cuanto antes.
 Pregunta. ¿Por qué eligió el hielo?
Respuesta. La historia del cambio climático está registrada en cada capa de hielo. Entender esa trayectoria tiene mucho valor para los científicos, porque nos ayuda a entender qué puede ocurrir en el futuro. Es evidente que si algo ocurre en el pasado es posible que vuelva a suceder. Ahora mismo estamos especulando con lo que ocurrirá en el próximo siglo. Cuando haces una previsión meteorológica, compruebas al día siguiente si estabas en lo cierto. Pero en los vaticinios que afectan al clima, tenemos que esperar 100 años para saberlo. Estamos lidiando con algo que cambia muy lentamente, por eso es necesario intentar comprender el pasado y comprobar cuál es el modelo del que podemos aprender, para ver si coincide con lo que vemos en el presente. Todo ello nos lleva a buscar los datos del clima en el pasado, intentar averiguar qué provocó aquellos cambios, los gases de efecto invernadero, la temperatura del sol, cuántos volcanes entraron en erupción, cuáles eran los cambios en los océanos… Y las capas de hielo son, en muchos sentidos, el mejor archivo del clima.
P. ¿Cómo se interpretan esos datos?

La búsqueda de nuevas fuentes de energía es esencial. No tenemos otra opción”
R. Sabemos cómo funciona el clima: la tierra se está calentando y puede calentarse aún más. Lo que está ocurriendo en la actualidad se predijo hace unas pocas décadas. Una de las cosas que se buscan en la climatología son las huellas. Existe un patrón de las huellas que dejan los gases del efecto invernadero; otro, del sol o los volcanes. La huella que más cambios está provocando es la de los seres humanos. No existe una ciencia del cambio climático ni una ciencia del cambio causado por el hombre, pero sí una ciencia que trata sobre el clima y de cómo funciona la tierra, y eso incluye a los animales y a los seres humanos. Nuestra influencia es ineludible.
P. ¿Por qué se ha tardado tanto en admitirlo?
R. Cuando en 1906 un terremoto asoló San Francisco, el sector de la construcción, impulsado hasta entonces por un enorme crecimiento de la ciudad, puso en marcha una campaña para difundir el mensaje de que no había ningún problema con los edificios y que su destrucción fue causada en realidad por los incendios que provocó el terremoto y no por el seísmo en sí. A veces cuesta asumir la realidad. Cuando el estilo de vida de las personas se ve amenazado directamente, se critica a la ciencia. Tradicionalmente, hemos dudado de la ciencia medioambiental y yo creo que es algo completamente humano. Nuestro sistema actual depende en un 85% de las energías fósiles. Obtenemos tanto de ellas que es difícil hacerse a la idea de que hay que dejarlas atrás. No me sorprende que algunos hayan puesto en duda la efectividad de los recortes de emisiones. Pero la ciencia es muy clara: si empezamos a trabajar en un nuevo sistema, podemos hacer el cambio lentamente. Cuanto más retrasemos nuestra respuesta, más nos va a costar en términos económicos y medioambientales.
P. ¿Cuál es la mayor amenaza que acarrea el cambio climático?
R. A finales de siglo, va a ser muy difícil vivir sin aire acondicionado y cultivar en las zonas calurosas. En la actualidad ya hay partes del mundo en las que las temperaturas han subido tanto que perjudican los cultivos. Las proyecciones indican que, si no cambiamos nuestros hábitos, al final de siglo los veranos serán más cálidos. Si ya estamos viendo las consecuencias negativas del calor en nuestra capacidad para cultivar alimentos, en ochenta años el desafío será aún mayor.
P. ¿Cabe la posibilidad de que ciudades situadas en las costas tengan que desalojarse en parte por la subida del nivel del mar?
R. Sí, deberán hacer eso o levantar diques. El cálcu­lo más optimista de los expertos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático [promovido por Naciones Unidas] establece que la subida del nivel del mar será de alrededor de un metro de aquí a finales de siglo. Si seguimos quemando energía tan rápido, podría ser más grave. Incluso aunque controláramos las emisiones de dióxido de carbono, no lograríamos estar en las condiciones que queremos.
P. ¿Podemos ser optimistas?
R. Sí, por supuesto. A lo largo de la historia siempre hemos encontrado la manera de utilizar los recursos disponibles para obtener energía. El hallazgo más reciente ha sido el de las energías fósiles. Las estamos quemando un millón de veces más rápido de lo que se acumularon, por lo que la búsqueda de nuevas fuentes de energía es esencial. Ahora tenemos la oportunidad de seguir empleando energías fósiles o renovables. También podemos esperar a que se agoten y empezar después a generar energías renovables. Pero no tenemos otra opción, necesitaremos otras fuentes de energía. Si nos comprometemos de verdad, en tres décadas podremos tener un sistema de energías renovables que sirva para siempre. Somos la primera generación, desde que empezamos a quemar árboles, que realmente sabe cómo hacerlo.
P. ¿Cómo se alterará el cambio climático si tenemos un sistema de energías renovables listo para 2050?
R. Hay un consenso significativo de que la temperatura puede subir hasta dos grados. En este tiempo, ya ha crecido un grado. Ese primer grado de aumento no tiene gran coste, pero el segundo será más costoso; el tercero, aún más, y así progresivamente. Si hubiéramos comenzado a trabajar en este sentido hace 30 años, habríamos parado el golpe. Cuanto más retrasemos el proceso, el coste será mayor.

lunes, 1 de diciembre de 2014

PRENSA. Sobre el cambio climático

    En "El País":

El tiempo se agota

Reducir emisiones a cero para 2100. Es el objetivo marcado por la ONU tras escuchar a 830 científicos. Mañana arranca la cumbre del clima de Lima


Una planta de carbón en el distrito de Datong Shanxi. Julio-agosto de 2013 fue el periodo más caluroso en la zona central y oriental de China desde 1951. / FOTO: J. LEE (REUTERS)
El cielo de Pekín puede ser azul. Eso es lo que acaban de descubrir los habitantes de la capital china. Y todo gracias al decidido plan que emprendieron las autoridades locales a principios de noviembre para recibir en el mejor de los ambientes posibles a Putin, Obama, Bachelet y demás líderes de la cumbre Asia Pacífico (APEC, según rezan sus siglas en inglés). Se restringió el tráfico de coches privados, el 70 % de los vehículos públicos dejaron de circular, se frenaron las obras, se paró la producción de las fábricas más contaminantes que rodean la ciudad. ¿Resultado? Desaparición de esa niebla eterna que flota sobre las cabezas de los pekineses y aparición de un cielo límpido que ya ha recibido un nombre: APEC blue.

Se fueron los líderes, el foro de cooperación económico se cerró con un acuerdo entre Estados Unidos y China —calificado de histórico, por unosde escaso, por otros, al no ser vinculante— para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y volvió la polución, sí. Pero los pekineses ya no son los mismos de antes: han descubierto que conseguir un cielo azul es solo cuestión de voluntad. Cuestión de adoptar medidas firmes. De no quedarse en gestos para la galería.
Algo similar le está pasando al planeta. Que necesita de medidas firmes, rápidas, ya se ha parcheado suficiente, el tiempo se agota. Lo ha dejado bien claro la ONU, que se expresó a principios de mes por boca del IPCC, Panel Intergubernamental Para el Cambio Climático, formado por 830 científicos de la comunidad internacional. Hay que recortar emisiones de gases efecto invernadero entre un 40 % y un 70 % para el año 2050. Para finales de siglo, las emisiones deberán ser cero. Si no, los efectos serán graves —y aquí los científicos analizan toda una panoplia de escenarios posibles— para el medioambiente, la seguridad alimentaria y la pobreza.
“Todavía hay tiempo, aunque muy poco tiempo”. Así se expresó en la presentación del informe en Copenhague, el pasado 2 de noviembre, Rajendra Pachauri, presidente del IPCC. “Estamos a tiempo si nos metemos en una senda de mitigación de emisiones”, añade José Manuel Moreno,  vicepresidente del Grupo II del IPCC, encargado de evaluar impactos, adaptación y vulnerabilidad. Moreno, catedrático de Ecología de la Universidad de Castilla-La Mancha, es uno de los 13 científicos españoles que forman parte de este organismo auspiciado por la ONU.
Estamos a tiempo, dicen los expertos, y el cronómetro echará a correr mañana mismo, cuando arranque la cumbre climática de Lima, la llamada COP 20, vigésima Conferencia de las Partes organizada por la ONU. De allí podría salir un borrador de cara a la cumbre decisiva, la del año que viene en París, la cita en la que se han depositado todas las esperanzas, de la que deberían salir ambiciosos objetivos de reducción de emisiones, un tratado que sustituya al de Kioto, una cita que debería romper el sabor amargo que dejó el fracaso de Copenhague hace cinco años, que consiga implicar por fin a los principales actores, China y Estados Unidos.
¿Nos estamos tomando en serio la lucha contra los efectos del cambio climático? “Nos lo estamos tomando mucho menos en serio de lo que es preciso”, afirma, contundente, Teresa Ribera, exsecretaria de Estado de Cambio Climático en el último gobierno de Rodríguez Zapatero que ahora trabaja como consejera en un think tank francés, el Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (según sus siglas en francés, IDDRI). “No lo hacemos ni con la velocidad ni con la intensidad que requiere la situación. Más pronto que tarde, se evaluará a los líderes políticos por esta cuestión”.


Una mujer china, con una máscara para protegerse del aire contaminado, el pasado 20 de noviembre en Pekín. /KEVIN FRAYER (GETTY IMAGES)
La cantidad de gases de efecto invernadero enviados a la atmósfera alcanzó un nuevo máximo histórico en 2013. Así lo reveló a principios de septiembre la Organización Meteorológica Mundial. El dióxido de carbono ha aumentado su concentración a un ritmo que no se observaba desde hace casi treinta años.
Los niveles de nieve y hielo descienden. La temperatura de los océanos y de la atmósfera sigue subiendo. El nivel del mar se eleva. El cambio climático ya es una realidad, y está causado por la mano del hombre, afirman los científicos de la ONU. Altera las estaciones, los ciclos de la naturaleza; favorece los fenómenos meteorológicos extremos. Un vídeo distribuido por la ONU, destinado a que el mundo tome conciencia, muestra una Islandia con un clima similar a la Toscana; una Alaska como lugar perfecto para celebrar unos juegos olímpicos de verano.

O cambiamos o nos estampamos”, señala Teresa Ribera, exsecretaria de Estado de Cambio Climático
El informe científico del IPCC plantea varios escenarios de futuro en función de cómo reaccione el mundo. Si no se hace nada, si no se recortan emisiones, las temperaturas podrían subir hasta en 4,8 grados, con lo cual el volumen de los glaciares se reduciría en un 85 % y el nivel del mar podría subir hasta 0,82 metros, afectando gravemente al equilibrio de los ecosistemas. Si se toman las medidas de mitigación que propone esta biblia del cambio climático, y se consiguen emisiones nulas a finales de este siglo, se podría limitar el aumento de la temperatura a dos grados. Este es el objetivo.
“Hay que aplicar el principio de precaución. Decir que será una catástrofe general no es correcto, las generalizaciones son peligrosas”, afirma Miquel Canals, catedrático de Geología Marina y director del departamento de Estratigrafía, Paleontología y Geociencias Marinas de la Universidad de Barcelona. Canals sostiene que una de las claves del futuro será el papel que puedan desempeñar los océanos en la absorción del exceso de temperatura atmosférica.
El mundo se enfrenta a un cambio de modelo energético. Reducir emisiones a cero de aquí a final de siglo significa renunciar a petróleo, gas y carbón progresivamente. “Hace falta un proceso de transformación profunda”, declara la exsecretaria de Estado. “O cambiamos o nos estampamos”. Ribera dice que no basta con conseguir una cifra de reducción de emisiones. “Debemos cambiar el modelo energético, económico y financiero”, afirma. “No sabemos cómo abordar un cambio de época porque la inercia es muy fuerte”.

Es fundamental que los países desarrollados reduzcan el consumo material”, sostiene el ensayista Hervé Kempf
El giro hacia un nuevo modelo significa apostar por otras fuentes. El geólogo Miquel Canals afirma que, en este contexto, no se puede prescindir de la energía nuclear. “Lo que no es contemplable es un regreso a la Edad de Piedra”, sostiene. Afirma que no hay fórmula perfecta, y que las renovables no son la panacea porque requieren de subsidios. “El camino pasa por un cóctel de fuentes de energía en el que habría que favorecer a las energías menos contaminantes”.
Desde Suecia, Lennart Bengtsson, exdirector del Departamento de Meteorología del Instituto Max Planck, que por un tiempo perteneció a una organización escéptica con el cambio climático, sostiene en conversación telefónica que no se deben abordar cambios abruptos para no dañar a la economía. “No hay una urgencia inmediata”, dice. “Hay que desarrollar modelos energéticos robustos”.
Los ecologistas, por su parte, apuestan por un modelo basado al 100 % en las energías renovables. “Hace falta una revolución energética”, manifiesta Tatiana Nuño, responsable de la campaña de cambio climático de Greenpeace en España: “La probabilidad de un accidente es catastrófica en términos humanos y económicos”. Nuño señala que el informe del IPCC muestra que, con el objetivo de mantener el calentamiento en dos grados, los costes sin energía nuclear no son muy superiores a los que se generarían con su uso. “La opción nuclear no es necesaria”.
La cuestión de fondo es si el estilo de vida de los países ricos (al que acceden progresivamente los que emergen), con sus elevados niveles de consumo de energía, es compatible con un planeta sano. Y si las nuevas fuentes cubrirán las necesidades que genera ese estilo de vida. Cuadrar este sudoku abre la puerta a múltiples vías. ¿Es nuestro modo de vida, sustentado en el confort, un despropósito o una conquista?


En 2013 se registraron las lluvias más intensas en 100 años en el norte de India, afectaron a 100.000 personas. En la foto, un grupo de viajeros espera a ser rescatado. / M. VATSYAYANA (AFP)
Fue en el año 2006 cuando el economista británico Nicholas Stern dio un giro al debate. Planteó que los costes de no combatir el cambio climático son muy superiores a los de reducir emisiones. “No se trata de una carrera de caballos entre crecimiento por un lado y responsabilidad climática en el otro; esa es una falsa dicotomía”, señala desde Londres en conversación telefónica Stern, presidente del Instituto Grantham de Investigación del Cambio Climático. El economista, que en 2011 ganó el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cambio Climático, sostiene que la transición a una economía de bajo consumo de carbono ofrece nuevas oportunidades de crecimiento.
El reto de la transformación del modelo energético-productivo se topa con la resistencia de grandes empresas del petróleo, gas y carbón, que perderían gran parte de su negocio si no se reinventan.Un estudio publicado el año pasado por el investigador Richard Heede, del Climate Accountability Institute de Colorado, señala que la crisis climática ha sido causada fundamentalmente por 90 empresas que son las que han producido cerca de dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero desde la era industrial. Entre ellas, Chevron, Exxon, Shell, Repsol y Gazprom.


El año pasado fue el más cálido en el este del país desde que hay registros (1910). Arriba, el rastro de un incendio en Coonabarabran, al noreste de Sydney. / JOSH SMITH (REUTERS)
Stern señala que algunas de estas compañías, como Shell, ya han dicho que están dispuestas a asumir transformaciones. “Este es un proceso de cambio que tiene que llegar si queremos un mundo más seguro. No te puedes rendir y destrozar el mundo simplemente porque el proceso de transición va a involucrar a unos pocos que van a tener que realizar grandes ajustes; la gran mayoría de la gente saldrá ganando”.
Teresa Ribera ahonda en la cuestión: “Se están privatizando los beneficios de no combatir el cambio climático y socializando los costes: los beneficios son para los grandes operadores y son las poblaciones las que tienen que afrontar las sequías, los huracanes y la mala calidad del aire”.
Para algunos, la cuestión de fondo reside en los insostenibles niveles de consumo que acarrea un estilo de vida que se generaliza conforme los países se desarrollan. “Es fundamental que los países desarrollados reduzcan el consumo material”, sostiene el ensayista francés Hervé Kempf, autor del libro Cómo los ricos destruyen el planeta, que esta semana pasó por Madrid para pronunciar una conferencia sobre La crisis ecológica en La Casa Encendida. “Los que están en la cumbre de la pirámide proyectan una imagen de sobreconsumo y arrastran a los demás: todo el mundo quiere el coche caro, viajar en avión, la pantalla plana de televisión. El incremento de los gases de efecto invernadero está ligado al crecimiento económico, hay que cambiar el sistema económico”, asegura. Kempf, redactor jefe de la web Reporterre, especializada en medioambiente, sostiene que “hay que abrazar una lógica global de sobriedad”.
Otro de los frentes que se abre al debate es cómo conducir esa transición de modo que sea equitativa, que no lastre las opciones de desarrollo de los países más desfavorecidos, o de las economías emergentes. “No podemos pretender que todos nos subamos al carro en las mismas condiciones”, asume Susana Magro, directora de la Oficina Española de Cambio Climático —que antes tenía rango de Secretaría de Estado—, dependiente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Magro acudirá a la cumbre de Lima, que empieza mañana y acaba el día 12. “Habrá que hacer transferencias de tecnología a bajo coste o sin coste para que los países menos desarrollados puedan dar el salto directamente”, dice. El mundo occidental lleva años desarrollándose a base de quemar combustibles fósiles y son muchos los que señalan que no sería justo que los más desfavorecidos, que ahora despegan, carguen con el lastre de un problema del que no son los responsables. “El acuerdo de París va a ser muy complejo”, afirma Magro, “las necesidades de los 195 países son muy distintas”. Cada nación debería fijar en esa cumbre su contribución al proceso de cambio.
El giro que el planeta requiere, como se deduce del análisis de la comunidad científica, podría conducir a otro mundo. La transformación del mapa energético, la reducción de la dependencia del gas y del petróleo, podría alterar sustancialmente el tablero geopolítico.
Mientras tanto, los pekineses seguirán mirando al cielo. El miércoles pasado, Xie Zhenhua, vicepresidente de la Comisión Reformadora del Desarrollo Nacional, anunció que la polución se puede combatir de aquí a 2030 en China. Y añadió: “Los días de APEC blue también son alcanzables”.