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miércoles, 18 de febrero de 2015

PRENSA. "Desafíos globales" Melinda Gates

   En "El País":

Desafíos globales

La cofundadora e impulsora de la Gates Foundation, dedicada a la solidaridad y el desarrollo, analiza cómo a través del apoyo a las mujeres se puede lograr un mundo mejor



Cada 15 años, la comunidad internacional se reúne para planificar la lucha contra la pobreza extrema, las enfermedades y los retos que continúan asolando a los países en vías de desarrollo. En el año 2000, líderes de todo el mundo se reunieron en la sede de Naciones Unidas para declarar los Objetivos del Milenio, y el año que viene lo harán de nuevo para debatir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una ambiciosa lista para los próximos 15 años. Son reuniones de una importancia increíble, pero no constituyen más que una pequeña parte de la vía para avanzar. En realidad, la mayoría de las decisiones que impulsan el desarrollo mundial no son las que se toman en alguna reunión de Naciones Unidas. Tampoco las que se ­toman en la sede del Banco Mundial en Washington DC, ni en la Organización Mundial de la Salud, en Ginebra. Son las decisiones que se toman cada día —en este mismo momento— en los hogares de los lugares más pobres del mundo.
En el caso de mujeres como Anna, que vive en una pequeña granja en Tanzania, es la decisión de utilizar el dinero que le han prestado sus amigos para poner en marcha un pequeño negocio de venta de huevos y obtener unos ingresos extra para su familia. En el caso de Sharmila, que vive en el norte de India, es la apuesta por empezar a usar anticonceptivos, pese a que con esa acción se opone a los deseos de su suegra. En el caso de Sebsebila, que vive en Etiopía, es la de vacunar a su hija contra las enfermedades infantiles.
El impulso para que el mundo progrese no empieza en una reunión de dirigentes políticos. Empieza en las vidas cotidianas de mujeres corrientes en todo el mundo. Cuando mujeres como Anna, Sharmila y Sebsebila tienen la capacidad de tomar decisiones cruciales sobre su vida y su futuro –y cuando, cosa también importante, tienen la capacidad de llevar esas decisiones a la práctica–, todos resultan beneficiados.
En todos los países a los que voy contemplo que las mujeres son el factor más importante para construir un futuro más sano y próspero. Por desgracia, también observo que en muchas partes del mundo no se las trata en consecuencia. Lo mismo en los países ricos que en los pobres, las mujeres se enfrentan a barreras específicas debido a su sexo, en forma de políticas públicas, expectativas culturales y reglas sociales. Esa situación impide el progreso no solo de las mujeres, sino de toda la población. Cuando a las mujeres se les niega la posibilidad de construir sus vidas y su futuro, el mundo pierde un arma crucial para combatir la pobreza y la enfermedad. Por eso es tan importante empezar a abordar de forma sistemática las desigualdades de género. Y, para organizaciones como la Gates Foundation, ha llegado la hora de que nos comprometamos a que las mujeres y las niñas sean el objetivo fundamental de nuestra labor de desarrollo.

Argumentos para invertir en las mujeres y las niñas

Mi formación académica es informática y económica, pero he hecho del desarrollo global mi segunda vocación. Hace 15 años, mi marido, Bill, y yo decidimos crear una fundación con el fin de devolver a la sociedad lo que hemos obtenido con Microsoft. Reflexionamos largo y tendido sobre qué forma de invertir nuestros recursos nos permitiría causar el mayor efecto posible y mejorar el mayor número de vidas posibles.
Desde el principio tuvimos algo claro: queríamos dedicarnos a los problemas de los más pobres del mundo. Para mí era una cuestión de justicia social, un valor que había aprendido en el colegio, en mi casa y a través de mi educación católica. Pero además era para los dos la oportunidad de poner en práctica un principio que nos enseñaron nuestros padres: que todas las vidas tienen el mismo valor. Queríamos que nuestra fundación contribuyera a crear un mundo en el que todos los niños tengan la oportunidad de vivir una vida sana y productiva, que les permita hacer realidad todas sus aspiraciones.
Poner esto en marcha era abrumador. Los dos somos informáticos, de modo que estamos acostumbrados a desentrañar un código línea a línea, a descomponer un gran problema en todos sus elementos. En la fundación empezamos por estudiar todos los datos posibles sobre los problemas de los más pobres del mundo y después utilizamos nuestras conclusiones para decidir a qué dedicar el dinero.
Una de nuestras primeras inversiones fue una organización que ayudaba a los países pobres a comprar vacunas para proteger a los niños de enfermedades prevenibles, porque las pruebas demostraban que existía una gran necesidad y que la repercusión sería inmensa.
Es un proceso analítico que hemos repetido una y otra vez, a medida que nuestra fundación crecía y se expandía en nuevas direcciones. Hoy, ese proceso nos ha llevado a la conclusión de que, para causar el máximo efecto, debemos centrar nuestros esfuerzos en las mujeres y las niñas.
Por supuesto, invertir en las mujeres es algo justo. Pero además es lo más inteligente. Durante la mayor parte de la historia, las mujeres han vivido infravaloradas, con pocos recursos y escaso apoyo en todas las economías del mundo. Ninguna sociedad puede hacer realidad todas sus aspiraciones si mantiene a la mitad de su población marginada.
Las pruebas demuestran de manera inequívoca que la desigualdad entre los sexos es un obstáculo para el progreso general. Por ejemplo, si se equiparara la presencia de hombres y mujeres en el mercado de trabajo en Estados Unidos, el PIB del país aumentaría un 5%. En otros países, las posibilidades son aún mayores, y ese aumento podría ser incluso de hasta un 27%.
Cuando invertimos en las mujeres y las niñas estamos dando dinero a unas personas que invierten en los demás. Se ha descubierto que cuando las mujeres tienen la capacidad de ganar y controlar su propio dinero, tienden a invertir una mayor parte de lo que ganan en el bienestar familiar: hasta 10 veces más que los hombres. Asimismo, las mujeres gastan el dinero de forma distinta que los hombres. Dan prioridad a aspectos como la salud, los alimentos y la educación; por eso, cuando la madre controla el presupuesto de la familia, sus hijos tienen un 20% más de probabilidades de sobrevivir. En otras palabras, invertir en las mujeres es una decisión que sigue dando frutos en la generación siguiente, puesto que unos niños más sanos y mejor educados hoy crearán unas comunidades más sanas y prósperas mañana.
Este círculo virtuoso es posible, pero no está garantizado. La única forma de iniciarlo es hacer unos esfuerzos sistemáticos y deliberados para desmontar la desigualdad de género en todos los países. Y no es una tarea sencilla. Es un tema muy complicado, que depende enormemente del contexto cultural y de cómo percibimos nuestra propia identidad. Sin embargo, hay varios elementos que las mujeres de todo el mundo tienen en común. Antes de empezar a desarrollar el potencial de las mujeres como agentes del cambio, debemos empezar por colaborar con ellas para satisfacer tres necesidades básicas.

Salud

Es la primera necesidad. Independientemente de quiénes sean o dónde vivan, todas las mujeres necesitan un sistema de salud del que se puedan fiar. El embarazo y el parto son todavía las principales causas de muerte e incapacitación de las mujeres en edad fértil, en parte porque muchas de las más pobres del mundo siguen dando a luz lejos de instalaciones médicas y sin la presencia de personal cualificado.
Las mujeres de los países en vías de desarrollo tienen tres veces menos probabilidades de contar con un profesional en el momento del parto que las de los países ricos. Ese es un problema que podemos y debemos solucionar: hay que aumentar el número de profesionales sanitarios de atención primaria y conseguir que lleguen a más rincones. Pero también podemos ayudar a salvar las vidas de las madres y los recién nacidos de otras maneras.
Por ejemplo, en las zonas rurales de Ghana, la Grameen Foundation, uno de los socios de nuestra fundación, colabora estrechamente con las mujeres locales para elaborar y perfeccionar una maravillosa iniciativa llamada MOTECH. En una región en la que la mortalidad materno-infantil es una amenaza constante, MOTECH utiliza los teléfonos móviles para transmitir información sanitaria esencial a las embarazadas.
Ahora bien, una gran idea, por sí sola, no basta para garantizar un gran programa. Como las vidas de las mujeres en unos sitios y otros son tan diferentes, hemos aprendido que, para aumentar la eficacia de los programas dirigidos a ellas, lo mejor es contar con su propia ayuda a la hora de elaborarlos. En lugar de ver a las mujeres y las niñas como objetivos de la ayuda, debemos considerar que son nuestras socias y trabajan con nosotros en la cooperación al desarrollo.
¿Qué quiero decir con esto? El plan inicial de la Grameen Foundation era enviar la información sobre salud a las mujeres a través de mensajes de texto. Pero cuando los responsables preguntaron a estas mujeres su opinión, descubrieron que muchas no sabían leer y preferían recibir la información en el buzón de voz. También descubrieron que los maridos solían controlar el teléfono durante gran parte del día, así que se pusieron de acuerdo con ellas con el fin de averiguar los mejores momentos para enviar esos mensajes.
Gracias a considerar a las mujeres como socias y colaborar con ellas, la ­Grameen Foundation consiguió que el programa MOTECH fuera muchísimo más eficaz. Los ajustes de este tipo, incluso tan pequeños como el de este caso, pueden suponer la diferencia crucial entre vivir o morir para una mujer y su bebé. Y cuando se van sumando una y otra vez, pueden acabar provocando un cambio trascendental.

Oportunidades económicas

Además de la salud, las mujeres necesitan también tener acceso a las oportunidades económicas, la posibilidad de ganar dinero y controlar sus ingresos. Por desgracia, en la mayor parte del mundo siguen existiendo barreras culturales, legales y de otros tipos que impiden la plena participación económica de las mujeres. En muchos países africanos, por ejemplo, las pequeñas campesinas producen siempre mucho menos que los hombres que trabajan en condiciones similares. Los motivos son complejos. A veces es porque las mujeres tienen más responsabilidades en el cuidado de los hijos y, por consiguiente, menos tiempo para trabajar el campo. Otras mujeres tienen un menor acceso a ciertos avances como las semillas mejoradas o los fertilizantes, porque disponen de menos dinero para comprarlas. Y en otros casos las mujeres no son dueñas de la tierra que trabajan.
Esta desigualdad persistente acarrea un coste enorme para la sociedad. Si las mujeres campesinas tuvieran el mismo acceso a la tierra, la mano de obra, la información, la tecnología, el fertilizante y el agua –además de las mismas oportunidades para utilizar eficazmente esos recursos–, la producción agraria en toda África se incrementaría un 20%. Por el contrario, la gente está pasando hambre mientras tratamos de descubrir cómo acabar con esas diferencias.
Nuestra fundación ha visto que, incluso cuando logramos que las campesinas de pequeña escala mejoren su productividad, puede seguir habiendo desigualdades. Una consecuencia del aumento de la productividad es que, al llegar la época de la cosecha, es frecuente que los maridos se queden con los beneficios del trabajo de sus mujeres. Por ejemplo, la organización humanitaria CARE [siglas que corresponden a Cooperative for Assistance and Relief Everywhere, Cooperativa para la Ayuda y el Auxilio en todo el Mundo], que trabaja con campesinos africanos, calcula que solo tres de cada diez mujeres consiguen hacerse cargo del dinero obtenido de las cosechas de gandul [un tipo de guisante africano] que plantan. Para solucionarlo, CARE ha empezado a reunirse con matrimonios y a organizar diálogos sobre el gasto doméstico y las responsabilidades familiares para asegurar que lo obtenido con el trabajo de las mujeres redunde en beneficio de ellas y de todos los miembros del hogar. Como muestra este ejemplo, ayudar a las mujeres a tener acceso a las oportunidades económicas es una cuestión con muchas facetas que es preciso abordar, pero si se colabora con ellas para diseñar formas de actuación que tengan en cuenta la compleja realidad de sus vidas, es posible hacer grandes avances.

Poder de decisión

Sin embargo, aunque las oportunidades económicas son importantes, no bastan por sí solas. Para controlar su futuro, las mujeres necesitan contar con la capacidad de tomar decisiones sobre sí mismas, sus familias y sus recursos. También este es un problema complicado y no existe una solución sencilla. Pero es posible dar pasos en la dirección adecuada.
Un programa que me parece admirable es la iniciativa Bolsa Familia de Brasil. Se trata de un programa de transferencias de dinero en efectivo que asigna unos subsidios mensuales en metálico a las mujeres de las familias más pobres de Brasil. Aunque las cantidades son pequeñas, el programa pretende algo más que prestar ayuda monetaria inmediata: su objetivo es otorgar a esas mujeres el poder de tener voz y tomar decisiones en sus familias. Las investigaciones han demostrado que cuando las mujeres tienen acceso a los recursos y pueden controlarlos, su capacidad de decisión en el hogar se incrementa.
Lo mejor de todo es que este es un proceso que se retroalimenta. Una vez que las mujeres tienen la oportunidad de controlar las finanzas familiares, empiezan a sentirse poderosas también en otros ámbitos de la vida. Las que participan en Bolsa Familia en áreas urbanas de Brasil dicen que se sienten más dueñas de sus decisiones personales, como usar o no anticonceptivos o cómo abordar los gastos sanitarios y la educación de sus hijos.
El resultado es que incluso la pequeña cantidad de dinero que reciben las beneficiarias cada mes ofrece a las mujeres más pobres de Brasil una posibilidad de romper el ciclo de pobreza. Hoy día, países de todo el mundo están estudiando el programa brasileño con la esperanza de poder adaptarlo a sus propias circunstancias, un paso mínimo, pero importante, para lograr que mujeres como Anna, Sharmila y Sebsebila lleguen a tener la capacidad de actuar en interés de ellas mismas, sus familias y sus comunidades.

Por qué soy optimista

Al pensar en cómo van a ser los próximos 15 años, me siento más optimista que nunca. En función de prácticamente cualquier criterio que utilicemos, el mundo no ha estado jamás tan bien como ahora. La gente tiene vidas más sanas y plenas. Nunca ha habido tantos niños como ahora que sobrevivan hasta más allá de los cinco años. Ni tantas madres que sobrevivan al parto. Hemos dado la vuelta a la situación en ­enfermedades como la malaria, la tubercu­losis y el sida, y estamos a punto de erradicar la polio. Hemos sido testigos inequívocos de que es posible progresar.
No obstante, ahora que los líderes mundiales se reúnen para planificar los próximos 15 años, les pido que recuerden que esos progresos no se logran por sí solos. El mundo avanza en la buena dirección gracias a que mujeres como Anna, Sharmila y Sebsebila están empujando. Si unimos nuestras fuerzas y las organizaciones mundiales de desarrollo las apoyan, el mundo irá aún más allá y avanzará más deprisa, y los progresos que hemos visto en nuestro tiempo no serán más que el principio.

martes, 24 de diciembre de 2013

PRENSA. "La pobreza hídrica de 2500 millones de personas"

Varios niños aguardan su turno ante uno de los pozos de agua potable del campo de refugiados de Abushok, en Darfur (Sudán). / FRANCISCO PEREJIL. ("El país")


   En "El País":

La pobreza hídrica de 2.500 millones de personas

Unos 2.000 niños mueren al día por enfermedades asociadas a la carencia de agua y saneamientos seguros

La mejora del abastecimiento humano se debe acompañar de la mejora de los ecosistemas hídricos

Es necesario extender el saneamiento a un ritmo de 660.000 personas por día hasta 2015

 13 DIC 2013 

Casi 800 millones de personas no tienen acceso seguro a fuentes de agua potable; 2.500 millones no disponen de servicios de saneamiento (alcantarillado y depuración, básicamente); y 2.000 niños mueren al día por enfermedades asociadas a estas dos carencias. Estos datos volvieron a resonar durante la celebración, el pasado 10 de diciembre, del Día Internacional de los Derechos Humanos. Organizaciones como Ongawa Ingeniería para el Desarrollo Humano y End Water Poverty advirtieron del largo camino que queda para superar la “pobreza hídrica” que viven muchas personas y que también afecta al medio ambiente.
Desde Ongawa, María del Mar Rivero recordaba que aunque el acceso al agua potable y al saneamiento aparecen mencionados, entre otros, en el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966 que recoge el derecho a un nivel de vida adecuado y a la salud, “no es hasta el 10 de julio de 2010 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoce el derecho al agua y al saneamiento como derechos esenciales”. En el lado positivo hay que mencionar que en las dos últimas décadas más de 2.000 millones de personas han accedido a agua potable segura.
Reducir a la mitad el porcentaje de la población mundial que no dispone de este servicio era uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de las Naciones Unidas. Según esta última organización, en 2010 la proporción de población con acceso a ese tipo de fuentes llegó al 89% (76% en 1990). “Esto significa que la meta relativa al agua potable se logró cinco años antes de la fecha programada, a pesar del crecimiento significativo de la población”, relatan en el informe de 2013, publicado en el mes de junio, sobre el estado de cumplimiento de los ODM.


Vista aérea del río río Songhua, a su paso por Harbin, capital de la provincia de Heilongjiang (China), que se encontraba sin agua potable debido a un vertido químico de benceno en el río el pasado día 13 de noviembre. / AP
Sin embargo, la propia ONU reconoce en dicho informe que le inquieta “la calidad y la seguridad de muchas de las fuentes mejoradas de agua potable”, y advierte de que la cantidad de personas sin acceso seguro a este bien podría ser dos o tres veces superior a las estimaciones oficiales. Además, dicho acceso no se logra de manera uniforme en todas las regiones, ya que en el Cáucaso y Asia central la cobertura cayó del 89% en 1990 al 86% en 2011. Y hay algo más: el 38% de los 6.200 millones de personas que usan fuentes mejoradas de agua potable no cuenta con la comodidad de disponer de este recurso por cañerías en su hogar ni con los beneficios para la salud y económicos asociados.
Casi 2.400 millones de personas tienen que dedicar mucho tiempo y energía en filas situadas en lugares públicos donde se suministro de agua y acarrear pesadas cargas al hogar que a menudo solo satisfacen las necesidades esenciales de agua potable. End Water Poverty señala que las mujeres del hemisferio sur emplean 200 millones de horas al día para colectar agua y caminar una media de seis kilómetros diarios con 20 litros sobre sus cabezas. La ONU quiere aportar aquí algunos datos positivos, como el porcentaje de personas que deben utilizar agua de superficie sin tratar, que cayó del 6% en 1990 al 3% en 2011. “De todos modos –prosiguen en el informe de los ODM–, más de 180 millones de personas deben recurrir a ríos, arroyos, estanques o lagos para satisfacer sus necesidades diarias de agua potable”.
Pero el objetivo marcado para 2015 está a medias de conseguir, ya que la gran deficiencia siguen siendo esos 2.500 millones de personas sin saneamiento adecuado de las aguas. En 1990 algo menos de la mitad (49%) de la población contaba con este servicio, y según los ODM la cobertura debe extenderse al 75% para cumplir con la meta. El nivel actual es del 64%. A pesar de que cada día nacen más personas en hogares con inodoros conectados a redes de alcantarillado y depuración, hay que “extender los servicios de saneamiento a aproximadamente 660.000 personas al día hasta 2015”, concluye el informe.
María del Mar Rivero enfatiza que “el derecho humano a la salud, a la alimentación o a la educación, se ven afectados directamente cuando no se respeta el derecho humano al agua y al saneamiento, por lo que no se puede hablar de garantizar cualquiera de ellos sin agua o sin saneamiento”. Entre otras consecuencias, las enfermedades de transmisión hídrica (especialmente las diarreas), las causadas por un saneamiento inadecuado o aquellas derivadas de una alimentación deficiente “suponen un coste económico en medicinas y cuidados que afectan gravemente a las familias y, en definitiva, a los Estados”, recuerda la representante de Ongawa.

Problema social y ambiental

Tanto el acceso al agua potable como el saneamiento de este recurso están plenamente vinculados a la protección de nuestro entorno, tanto que la propia ONU los incluye dentro del objetivo general número 7: “Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente”. Por este motivo, Sandra Postel, directora del Global Water Policy Project, critica que “los avances logrados en la satisfacción de las necesidades humanas de agua no han estado acompañados lamentablemente de progresos análogos en la satisfacción de las necesidades de los ecosistemas”.
Postel expresa esta postura en la edición de 2013 del informe La situación del mundo. ¿Es aún posible lograr la sostenibilidad?, coordinado por el Worldwatch Institute y publicado en España por Fuhem Ecosocial e Icaria Editorial. Para esta investigadora estadounidense los beneficios en hectáreas regadas, kilovatios hora generados y personas abastecidas se han conseguido “a costa de grandes perjuicios para unos 470 millones de personas que dependen de los ríos y que habitan aguas abajo de las grandes presas, así como de la calidad y productividad de ecosistemas de agua dulce que proporcionan servicios muy valiosos”.
En su aportación a La situación del mundo, Sandra Postel enumera varias iniciativas repartidas por todo el mundo y realizadas por Administraciones, empresas y ONG que conjugan el servicio a las personas con la protección de los ecosistemas. Y también se dirige a los habitantes del planeta, en especial a los del mundo más rico: “Fabricar una camisa de algodón requiere 2.500 litros de agua, pero si mil millones de personas comprasen dos camisas menos cada uno, el ahorro de agua sería suficiente para satisfacer las necesidades alimentarias anuales de 4,6 millones de personas”. También hay efectos positivos si optamos por una dieta más ecológica (“todos los días comemos mil veces más agua de la que bebemos”) y un transporte más sostenible (“llenar el depósito de un coche requiere13 litros de agua por cada litro de combustible”). “La buena noticia es que apenas hemos comenzado a utilizar nuestro ingenio y capacidad inventiva para enfrentarnos a este desafío”, aventura Postel.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

PRENSA. "Delitos bajo la alfombra". William Hague y Angelina Jolie

Angelina Jolie

   En "El País":

Delitos bajo la alfombra

Hay que perseguir la violencia sexual en las guerras para que no quede impune

 /  24 SEP 2013

Todos los días salen a la luz noticias de los horribles crímenes que se están cometiendo en Siria. Ahora, la ONU ha confirmado que se está recurriendo a la violación para aterrorizar y castigar a mujeres, hombres y niños durante los registros a viviendas y en los interrogatorios, así como en los controles fronterizos, los centros de detención y las cárceles de todo el país.
El último y terrible informe de la Comisión de Investigación de la ONU explica cómo una madre fue violada y obligada por sus raptores a cocinar y limpiar para ellos, amenazándola con asesinar a sus hijos si se negaba. También relata la historia de una universitaria que fue violada porque su hermano estaba en la lista de los buscados por el Gobierno. Estos casos son la punta del iceberg. El miedo, la deshonra y la mera lucha por la supervivencia les impide a muchos de estos supervivientes atreverse a alzar la voz contra estos hechos.
La violencia sexual ha sido un arma de guerra en casi todos los conflictos contemporáneos de mayor envergadura, desde Bosnia a Ruanda. En concreto, la violación se utiliza como una táctica militar intencionada, cuyo fin es lograr determinados objetivos políticos: humillar a los adversarios políticos, expulsar o avasallar a un grupo étnico diferente o aterrorizar a una comunidad hasta someterla. En algunos conflictos se emplea incluso para contagiar a las mujeres el VIH o para lesionarlas hasta el punto de que nunca puedan tener hijos.

Se han prohibido las minas terrestres o las municiones de racimo. Un acuerdo contra las agresiones sexuales también es posible
Se recurre a la violación porque se puede encubrir con facilidad y porque se dirige a las personas más vulnerables. Cuando estuvimos en la República Democrática del Congo hablamos con una mujer cuya hija de cinco años había sido violada. Esa niña es demasiado pequeña para alzar su voz, pero su calvario, así como el de millones de víctimas en todo el mundo, debería ser una exhortación para elaborar un plan de acción.
El mundo ha elaborado tratados destinados a prohibir el uso global de municiones en racimo y minas terrestres, así como a reducir el comercio de armas ilegales. Cada uno de estos acuerdos se consideró en su momento como algo imposible. Nacieron a raíz de la indignación moral y tuvieron como consecuencia la acción global. Ahora es el momento de hacer lo mismo contra la violación y la violencia sexual en zonas de combate.
El fondo del problema es la arraigada cultura de impunidad, gracias a la cual en cualquiera de estos países tan solo un puñado de casos ha llegado a juicio, aunque se hayan cometido decenas de miles de violaciones. Los hombres que violan a los prisioneros en los centros de detención en Siria piensan que saldrán impunes porque así ha venido siendo hasta ahora. Otro factor crucial es la ausencia de apoyo a largo plazo para las víctimas, que, además de haber sufrido a manos de sus agresores, se enfrentan a una vida sumida en el rechazo, la enfermedad y el trauma.
Nos hemos unido para hacer campaña sobre este asunto porque ambos hemos sido testigos de cómo la violencia sexual destruye las vidas de los supervivientes y de sus familias. Queremos concienciar a los demás de que la necesidad de tomar medidas es urgente. Y estamos haciendo un llamamiento a los Gobiernos de todo el mundo para que se unan y adopten como prioridad fundamental la erradicación de la violación en zonas de guerra.
Esta iniciativa la pusimos en marcha el año pasado, y nos sentimos agradecidos por la respuesta que hemos tenido por parte de muchos países. El pasado mes de abril en Londres, durante la reunión del G8, en la que estuvieron presentes nuestros dos países, se llegó al acuerdo histórico de abordar este problema. En junio, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó de manera unánime una resolución para reforzar la capacidad de la ONU. Cuarenta y cinco miembros de Naciones Unidas respaldaron la resolución al copatrocinarla, lo que constituye un récord en la historia contemporánea.
Ha empezado en Nueva York la Asamblea General de la ONU, la reunión anual que agrupa al mayor número de dirigentes mundiales. En concreto, hoy mismo se presentará allí una nueva Declaración de compromiso para erradicar la violencia sexual en el conflicto armado. La declaración ha sido elaborada junto al representante especial del secretario general de la ONU para la violencia sexual, así como a otra docena de países procedentes de Oriente Próximo, Europa, África y Asia, cuyos dirigentes han decidido con valentía defender esta causa junto a nosotros. La declaración les otorgará a todos los países la posibilidad de manifestar su postura en relación con este tema.

No se puede tolerar por más tiempo la violación de cientos de miles de mujeres, hombres y niños
Los países que la respalden acordarán, por primera vez, que la violencia sexual en el conflicto armado constituye una vulneración grave de los Convenios de Ginebra y su primer protocolo. Esto tendrá como consecuencia que los sospechosos podrán ser detenidos donde sea que se encuentren.
La declaración establece el compromiso de no permitir amnistías en los acuerdos de paz para los casos de violencia sexual, para que así estos crímenes ya no puedan esconderse bajo la alfombra y los dirigentes militares se den cuenta de que se exigirán responsabilidades.
La declaración asegura que para mediados del año 2014 habrá un nuevo protocolo internacional, cuyo objetivo es garantizar que las pruebas que se recojan sean admisibles en el juicio y que los supervivientes vean que se hace justicia, así como hacer que la seguridad y dignidad de las víctimas constituyan el núcleo de las investigaciones en casos de violación y otros delitos sexuales cometidos en zonas de conflicto.
En la misma se incluyen disposiciones sobre la participación de las mujeres, la protección de los refugiados y la formación de las fuerzas armadas y policía nacional. Sus signatarios se comprometerán a situar la protección ante la violencia sexual al frente de su labor humanitaria en los conflictos y a contribuir al reforzamiento de la capacidad de aquellos países que sufren el mayor riesgo de padecer este tipo de violencia.
Creemos que estos pasos son susceptibles de ser respaldados por todos los miembros de la comunidad internacional. Por lo que confiamos en que la mayoría de los Gobiernos firmen este pacto y que podamos trabajar juntos para poner en práctica estos compromisos. Si esto fuera posible, podría marcar un punto de inflexión a nivel internacional en cuanto a las diversas posturas que hay sobre la violación y la violencia sexual y, así, constituir el principio del fin de la impunidad.
Existen muchas otras injusticias a las que debe enfrentarse el mundo. Pero ya no es posible tolerar más la violación y agresión de cientos de miles de mujeres, hombres y niños. Esperamos que gentes de todo el mundo adopten esta posición junto a nosotros.
William Hague es ministro de Asuntos Exteriores de Reino Unido.
Angelina Jolie es actriz y enviada especial de ACNUR.