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sábado, 28 de mayo de 2016

INTELIGENCIA ANIMAL. "Lo que aprendí haciendo cosquillas a los simios". Frans de Waal

   En "El País":

Lo que aprendí haciendo cosquillas a los simios

Los animales ríen, planifican y besan como los humanos. Ha llegado el momento de aceptar que son más inteligentes (y parecidos a nosotros) de lo que se creía

FRANS DE WAAL   15 mayo 2016
Retrato incluido en la exposición 'Animalistas' de la Casa Encendida.
Retrato incluido en la exposición 'Animalistas' de la Casa Encendida. 

miércoles, 20 de enero de 2016

PRENSA CULTURAL. "El mayor enigma de la evolución recupera la cabeza"

   En "El País":
PALEONTOLOGÍA

El mayor enigma de la evolución recupera la cabeza

'Hallucigenia', un vapuleado fósil de la explosión cámbrica, halla su lugar en el cosmos


Reconstrucción artística de un 'Hallucigenia sparsa'. / DANIELLE DUFAULT

Hallucigenia, uno de los fósiles más alucinantes (de ahí su nombre) de la explosión cámbrica —los ecos del origen de los animales, hace 500 millones de años—, ha encontrado al fin su cabeza, resolviendo el muy polémico y no menos alucinante enigma de su posición evolutiva. El animal sufrió hace 40 años el mayor planchazo de la historia de la paleontología: lo pusieron al revés, con las espinas para abajo y una especie de chimeneas dorsales que luego resultaron ser las patas. ¿Qué tiene que ver Darwin con Frank Capra? Siga leyendo.
El Cámbrico cubre de 541 a 485 millones de años atrás. Los famosos depósitos del Burgess Shale en Canadá datan de 508 millones de años atrás, en plena explosión cámbrica. Los fósiles del Cámbrico son esenciales para entender no solo el origen de los animales, sino también su evolución inicial, su diversificación y sus asombrosas innovaciones: las raíces biológicas de nuestro mundo. Martin Smith, de la Universidad de Cambridge, y Jean-Bernard Caron, del Museo Real de Ontario, presentan hoy su hallazgo en la revista Nature.
La historia paleontológica de Hallucigenia está íntimamente ligada a uno de los mayores enigmas de la teoría de la evolución. La Tierra tiene 4.500 millones de años (un tercio de la edad del universo, más o menos), y las primeras bacterias aparecieron muy pronto: las evidencias fósiles se remontan a 3.500 millones de años atrás.

Los animales tardamos casi 3.000 millones de años en llegar al mundo
Pero los animales solo aparecimos en las postrimerías del precámbrico, hace unos 600 millones de años. Tardamos casi 3.000 millones de años en llegar al mundo. Y, sin embargo, solo nos llevó 10 millones de años inventar todos los planes de diseño del cuerpo existentes en la actualidad, desde los artrópodos como la gamba y el mosquito hasta los cordados como el lector. En eso consistió la desconcertante explosión cámbrica.
Hallucigenia fue uno de los fósiles de la explosión descubiertos en 1909 por el célebre paleontólogo estadounidense Charles Walcott en el Burguess Shale canadiense. Con solo un par de centímetros de largo, el fósil difícilmente podría haber competido con el resto de los monstruos cámbricos hallados por Walcott, como el abominable depredador marino Anomalocaris, que podía alcanzar el metro de eslora. Pero Hallucigenia era realmente especial, con una fila de tubos extraños, como chimeneas recorriéndole la espalda, y unos pares de patas parecidas a espinas. Ni rastro de una cabeza.
No fue Walcott quien le puso ese nombre, sino otro gran paleontólogo muy posterior: el británico Simon Conway Morris, que se empleó a fondo en los años setenta para reinterpretar casi todos los fósiles que había clasificado su antiguo colega. La historia épica de esta reinterpretación se convirtió en un icono de la biología mundial gracias al libro de Stephen Jay Gould La vida maravillosa, que fue devorado por científicos y público general en los años ochenta y noventa.

'Hallucigenia' es un ancestro de los actuales gusanos de terciopelo
Gould convirtió el trabajo de Conway Morris en el paradigma de sus teorías, que querían despojar a la evolución de todo sentido de progreso, direccionalidad o propósito. El científico neoyorkino presentó los monstruos de explosión cámbrica como el ejemplo máximo de los mecanismos impredecibles y azarosos de la evolución: si la cinta de la historia de la Tierra se repitiera —como en la película de Frank Capra Qué bello es vivir—, el resultado sería totalmente distinto, y nosotros no estaríamos aquí.
Pero la investigación de Conway Morris —y el libro de Gould— contenían uno de los mayores planchazos de la historia de la paleontología: habían puesto a Hallucigenia del revés. Las chimeneas eran en realidad las patas, y eran las espinas las que estaban en la espalda. También confundieron la cabeza con la cola, como queda claro ahora con el hallazgo de Smith y Caron.
Los dientes faríngeos y los elementos circumorales (circum-oral, alrededor de la boca) son dos de los principales rasgos definitorios de los ecdisozoos, el grupo más exuberante de animales, compuesto actualmente por los ocho phyla que mudan su cutícula cada tanto para crecer: insectos, arácnidos, crustáceos, gusanos nematodos y otros. Los planes de diseño de estos animales surgieron muy rápido a principios del Cámbrico, pero han cambiado muy poco en los 500 millones de años subsiguientes.
Al encontrar la cabeza de Hallucigenia por primera vez, Smith y Caron aclaran la orientación antero-posterior del animal. Tiene una cabeza alargada con un par de ojos dorsales. Junto a los elementos circumorales y los dientes en la faringe, o extremo anterior de su tubo digestivo, estos rasgos clasifican definitivamente a Hallucigenia como un lobópodo del Cámbrico. Y lo más importante: queda claro ahora que es un ancestro de los actuales onicóforos, o gusanos de terciopelo, que han perdido esas estructuras de la cabeza. Hallucigenia ha resultado estar próximo al muy buscado ancestro de todos los ecdisozoos.

jueves, 24 de septiembre de 2015

PRENSA. "La humanidad ya ha destruido la mitad de todos los árboles del planeta"

   En "El País":

La humanidad ya ha destruido la mitad de todos los árboles del planeta

En el mundo hay tres billones de árboles, 422 por persona, según el recuento más preciso hasta la fecha.

A este ritmo de deforestación, desaparecerán en 300 años

VÍDEO: NATURE

Es el tipo de pregunta que deja sin guardia a cualquier padre y que ni las mejores mentes han podido responder de forma satisfactoria:¿Cuántos árboles hay en el mundo?
Un nuevo estudio acaba de aportar el cálculo más preciso hasta el momento y los resultados son sorprendentes, para lo bueno y para lo malo. Hasta ahora se pensaba que hay 400.000 millones de árboles en todo el planeta, o 61 por persona. El recuento se basaba en imágenes de satélite y estimaciones del área forestal, pero no en observaciones sobre el terreno. Después, en 2013, estudios basados en recuentos directos confirmaron que solo en el Amazonas hay casi 400.000 millones de árboles, por lo que la pregunta seguía en el aire. Y se trata de un dato crucial para entender cómo funciona el planeta a nivel global, en especial el ciclo del carbono y el cambio climático, pero también la distribución de especies animales y vegetales o los efectos de la actividad humana en todos ellos.
El nuevo recuento, que publica hoy la revista Nature, muestra que en realidad hay tres billones de árboles en todo el planeta, unas ocho veces más que lo calculado anteriormente. De media hay 422 árboles por cada humano.

Número de árboles en el mundo
La cuenta por países destapa una enorme desigualdad, con ricos como Bolivia, con más de 5.000 árboles por persona, y pobres de solemnidad como Israel, donde apenas tocan a dos. Gran parte del contraste se debe a factores naturales como el clima, la topografía o las características del suelo, pero también al efecto inconfundible de la civilización. Cuanto más aumenta la población humana, más disminuye la cuenta de árboles. En parte se explica porque la vegetación prospera más donde hay más humedad, los lugares que también preferimos los humanos para establecer tierras de cultivo.
El trabajo calcula que, cada año, las actividades humanas acaban con 15.000 millones de árboles. La pérdida neta, compensando con la aparición de nuevos árboles y la reforestación, es de 10.000 millones de ejemplares. Desde el comienzo de la civilización, el número de árboles del planeta se ha reducido en un 46%, casi la mitad de lo que hubo, indica el estudio, publicado hoy en Nature.
Si este ritmo de destrucción sigue sin cambios, los árboles desaparecerán del planeta en 300 años. Son tres siglos, unas 12 generaciones. “Ese es el tiempo que queda si no hacemos nada, pero tenemos la esperanza de que podremos frenar el ritmo y aumentar la reforestación en los próximos años para aliviar el impacto humano en los ecosistemas y el clima”, explica Thomas Crowther, investigador de la Universidad de Yale (EE UU) y primer autor del estudio.

Europa deforestada

Hace dos años, representantes de la “Campaña de los 1.000 millones de árboles” de la ONU para replantar parte de la vegetación perdida necesitaban saber cuánto impacto estaban tendiendo sus esfuerzos. Contactaron a Crowther, que trabaja en la Escuela de Estudios Forestales y Medioambientales de Yale, para preguntarle cuántos árboles hay en el mundo y cuántos en las diferentes regiones donde trabajan. Fue el comienzo del presente estudio, firmado por 38 investigadores de 14 países. Juntos recopilaron datos de la densidad forestal tomados en más de 400.000 puntos de todos los continentes menos la Antártida. Dividieron la Tierra en 14 tipos de biomas, o paisajes bioclimáticos, estimaron la densidad de árboles en cada uno de ellos basándose en imágenes de satélite y comprobaron su fiabilidad con las medidas sobre el terreno. Por último compusieron el mapa global de árboles más preciso que se ha hecho nunca, en el que cada píxel es un kilómetro cuadrado.
Los resultados muestran que la mayor densidad de árboles se encuentra en los bosques boreales y de las regiones subárticas de Rusia, Escandinavia y Norteamérica. La mayor extensión de bosques está en los trópicos, con el 43% de todos los árboles del planeta. Los bosques del norte solo contienen el 24% del total de ejemplares y el 22% está en zonas templadas.
Europa es una de las zonas más castigadas. “Antes de la civilización, toda Europa era un gran bosque, pero la presión humana debido al desarrollo agrícola, industrial y urbano convierten a esta región en una de las más deforestadas en todo el mundo”, detalla Crowther. En España hay 11.300 millones de árboles, 245 por persona.

domingo, 21 de junio de 2015

PRENSA. "La Tierra está entrando en una nueva fase extinción"

   En "elperiodico.com":
NUEVA ALERTA ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO

La Tierra está entrando en una nueva fase de extinción

Expertos de Stanford, Princeton y Berkeley avisan de que "se cierra con rapidez la oportunidad" de evitar la desaparición de la especie humana


 Un flamenco muerto en el lago Empakai, seco por la sequía, en Tanzania.
XAVIER JUBIERRE
 Un flamenco muerto en el lago Empakai, seco por la sequía, en Tanzania.

AGENCIAS / NUEVA YORK
SÁBADO, 20 DE JUNIO DEL 2015 - 15.01 H
La Tierra ha entrado en una nueva fase de extinción. Será la sexta extinción de la historia del planeta a gran escala, según han concluido un estudio de Stanford, Princeton y Berkeley, tres de las universidades más prestigiosas de EEUU. En dicho estudio, publicado en la revista 'Science Advances', las estimaciones más optimistas apuntan que los humanos estarán entre las primeras víctimas, mientras que las especies animales vertebradas desaparecerán a una velocidad 114 veces superiora lo normal.
Nunca desde la última extinción --la de los dinosaurios--, hace 66 millones de años, el ritmo de desaparición de especies había sido tan frenético, según los expertos de Stanford, Princeton y Berkeley. Paul Ehrlich, profesor de Estudios de Población en Biología y miembro sénior del Instituto Woods para el Medio Ambiente de Stanford, asegura que el estudio "muestra sin ninguna duda que entramos en la sexta gran extinción en masa".
Expertos de las tres universidades han urgido a tomar "medidas rápidas" para conservar las especies amenazadas, sus poblaciones y hábitats, y han advertido de que "la ventana de oportunidad" para hacerlo "se está cerrando con rapidez".
El mundo perderá, en el arco de tres generaciones, muchos de los beneficios de la biodiversidad, apunta el profesor Ehrlich, uno de los autores del estudio, antes de subrayar que "estamos serrando la rama sobre la que estamos sentados".

ESTIMACIONES CONSERVADORAS

Los científicos coinciden en que las tasas de extinción han llegado a niveles sin precedentes desde la desaparición de los dinosaurios, pero algunos han cuestionado esa teoría al pensar que las estimaciones previas descansaban en supuestos que sobrestimaban el nivel de la crisis.
El nuevo estudio indica que, incluso con las estimaciones más conservadoras, las especies de nuestro planeta están desapareciendo unas 100 veces más rápido de lo que sería normal en un periodo entre extinciones masivas --lo que se conoce como tasa de fondo-. "Si dejamos que esta situación continúe, la vida podría tardar muchos millones de años en recuperarse y nuestra especie podría desaparecer pronto", ha señalado Gerardo Ceballos de la Universidad Autónoma de México, también participante en el estudio.
En el caso de los vertebrados, que es el grupo con los datos y fósiles más fiables, los investigadores se preguntaron si incluso las estimaciones más bajas de la diferencia entre las tasas de fondo y la actual aún justifica la conclusión de que las personas están precipitando "un espasmo global de pérdida de biodiversidad" y la repuesta es "un sí definitivo".
"Insistimos en que nuestros cálculos es muy posible que subestimen la gravedad de la crisis de extinción, ya que nuestro objetivo era fijar un límite inferior realista al impacto de la Humanidad en la biodiversidad", destacan los expertos en su informe.

LA LARGA LISTA DE CAUSAS

Una población humana en constante crecimiento, el consumo per cápita y la desigualdad económica han alterado o destruidos hábitats naturales. El desbroce de tierras para la agricultura, la explotación forestal, la introducción de especies invasoras, las emisiones de CO2, que llevan al cambio climático y la acidificación de los océanos, las toxinas que alteran y envenenan los ecosistemas, la lista de agresiones es larga.
En la actualidad, el fantasma de la extinción se cierne sobre el 41% de las especies anfibias y el 26% de las de la mamíferos, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. "En todo el mundo hay ejemplos de especies que son básicamente, muertos vivientes", ha afirmado Ehrlich.
A medida que desaparecen las especies, también lo hacen las funciones que cumplen como la polinización de la cosechas por las abejas. A pesar del sombrío panorama que dibuja el informe, hay una vía hacia adelante, según los expertos. "Evitar una sexta extinción masiva real requerirá de grandes, rápidos e intensos esfuerzos para conservar las especies amenazadas y aliviar la presión sobre sus poblaciones, especialmente previniendo la pérdida de su hábitat, la sobreexplotación con fines económicos y el cambio climático", han señalado
.

domingo, 15 de marzo de 2015

PRENSA CULTURAL. CIENCIA. "La evolución a vista de pájaro"

   En "El País":

La evolución a vista de pájaro

Los genomas de 48 especies de aves revelan el Big Bang biológico tras la extinción de los dinosaurios


Algunas de las especies analizadas en el estudio genético comparativo. Fotografía fomada en el Museo Nacional de Historia Natural de Washington D. C. / AAAS / CARLA SCHAFFER
La masa de información solo es comparable a la web de transparencia del Gobierno, pero cabe esperar que se entienda mejor. Tras cuatro años de trabajos coordinados, un equipo de 200 científicos de 80 instituciones de 20 países ha secuenciado (leído) los genomas de 48 especies de pájaros, dejando los más íntimos secretos de la evolución de las aves a la vista de cualquiera que sepa mirarlos. Los resultados se presentan en 29 artículos técnicos, ocho de ellos enScience, y esclarecen casi todos los enigmas que rodeaban a las 10.000 especies de descendientes de los dinosaurios del cretácico que hoy sobrevuelan nuestras cabezas.
¿Cuál es el ancestro común de los pájaros, los cocodrilos y los dinosaurios? ¿Es la exuberancia y diversidad de las aves consecuencia de un interminable periodo de prueba y error ocurrido antes de que la furia de la Tierra barriera a los grandes reptiles de su faz? ¿O bien de un Big Bang evolutivo que vino justo a llenar el vacío dejado por la extinción de aquellas bestias? ¿Qué tiene en común el aprendizaje vocal de las aves y el de los humanos? Y ya puestos, ¿por qué las aves perdieron los dientes?


Una especie de cocodrilo indio. /CHRISTOPHER BROCHU
El Consorcio Filogenómico Aviar está dirigido por Guojie Zhang, del Banco Genético Nacional de China, Erich Jarvis, de la Universidad de Duke, y Thomas Gilbert, del Museo de Historia Natural de Dinamarca. Ha contado con importantes contribuciones del grupo de Toni Gabaldón, del Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona y la Universidad Pompeu Fabra. La relación completa de los 29 artículos en ScienceGenome BiologyGigaScience y otras revistas científicas se puede consultar aquí.
Pato, avestruz, emú, cuervo, ibis, halcón, águila, pájaro carpintero y así hasta 48 especies de pájaros no han sido elegidas por su disponibilidad ni por su valor económico –ahí la gallina se lleva la palma, y ya fue secuenciada en la década pasada—, sino por representar a todas las grandes ramas evolutivas de las 10.000 especies de aves existentes. Se trata del “mayor estudio genómico de una sola clase de vertebrados hasta la fecha”, según destaca Zhang. “Solo con un muestreo de esta escala”, añade Gilbert, “se puede empezar a explorar la verdadera diversidad genómica de una clase entera de vertebrados”.
Ha habido intentos anteriores de esclarecer el árbol evolutivo de las aves comparando una veintena de genes entre unos linajes y otros, pero los resultados han sido difíciles de interpretar, o directamente contradictorios entre sí. “No es que 20 sean pocos genes”, explica Toni Gabaldón desde Barcelona, “es que los genes no bastaban para resolver el problema”.

Se trata del mayor estudio genómico de una sola clase de vertebrados que se ha realizado hasta la fecha
Un gen es un segmento de ADN (gattacca…) que contiene la información para fabricar una proteína (‘codifica’ una proteína, en la jerga). Y estas “secuencias de código” cuentan una historia errónea sobre la evolución de las aves. La razón es que experimentan convergencias extensivas: dos especies muy diferentes ‘descubren’ las mismas secuencias de código cuando tienen estilos de vida similares. Parecen parientes, cuando solo son vecinos con necesidades parecidas. “Solo el genoma no codificante nos aporta el verdadero reloj evolutivo”, concluye Gabaldón.
Con la lupa genómica de alta resolución, resulta claro ahora que lo que llamamos “aves acuáticas” no conforman un grupo homogéneo, sino tres linajes que evolucionaron independientemente: otro caso de convergencia evolutiva. También se ve ahora que el ancestro común de aves canoras, loros, carpinteros, búhos, águilas y halcones fue un superpredador, la clase de bestia que se sitúa en la cima de su cadena alimentaria, como en las suyas lo son el león, el cocodrilo del Nilo y el tiburón tigre. El bonito canto de los pájaros es producto de la “naturaleza roja en diente y garra”, que dijo Tennyson.

Pato, avestruz, emú, cuervo, ibis, halcón, águila, pájaro carpintero y así hasta 48 especies de pájaros han sido elegidas por representar a todas las grandes ramas evolutivas de las 10.000 especies de aves existentes
Toda esta diversificación y la todas las neoaves, que en realidad da cuenta del 95% de la actual variedad aviar, ha podido ser datada al tiempo de las secuelas de la extinción que puso fin al cretácico hace 66 millones de años, y que no solo se llevó por delante a los dinosaurios –excepto a los dinosaurios aviares y sus descendientes voladores, que son las aves actuales—, sino también a la mayor parte de todas las especies animales existentes en la época.
Los genomas demuestran que la diversificación evolutiva de las aves ocurrió en un Big Bang biológico no más de 10 millones de años después de la extinción. Y no durante un largo proceso en pleno cretácico, como sostenían otras teorías rivales muy recientes.
Por último: ¿tiene algo en común el aprendizaje vocal de aves y humanos? Ciertamente sí. Y no porque compartan un origen evolutivo común, sino porque –una vez más— los dos cerebros han encontrado soluciones parecidas a problemas similares. Codificar el mundo como una secuencia de sonidos, procesarlos y producirlos en imitación al pájaro que tienes enfrente parece ser un problema muy concreto que solo admite un tipo de solución, al menos en este valle de lágrimas. Cualquier día veremos cantando a un cocodrilo: pero no se fíen de lo que diga.