Mostrando entradas con la etiqueta Lem Stanislaw. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lem Stanislaw. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de mayo de 2014

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Crítica de la novela "Solaris", de Stanislaw Lem


   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Los sonajeros del progreso

ALBERTO MANGUEL 10/09/2011

   Convertida en un clásico indiscutible, la primera traducción de Solaris del polaco al español recupera sutiles cambios de estilo y de humor y un lenguaje de términos inventados. La obra de Stanislaw Lem ofrece una nueva lectura.

   Narrativa. La historia de las exploraciones humanas son siempre exploraciones de nuestros límites. No buscamos lo que no conocemos sino la afirmación de conocimientos ya adquiridos. En nuestra arrogancia, no vemos sino lo que queremos ver: ante el resto nos vendamos los ojos. La ciencia elabora para consolarnos o entretenernos argumentos de ciencia-ficción, pero en realidad no hace más que responder a tradicionales expectativas. Lo inimaginable, lo impensable, lo increíble queda por ser dicho. Entretanto, seguimos siendo polvo de estrellas, naciendo y muriendo en un breve e incomprensible parpadeo. "¿Quién nos ha hecho esto?", pregunta uno de los alucinados tripulantes de la nave espacial enviada para explorar el planeta Solaris. "¿Fue Gibarian? ¿Giese?", dice nombrando a otro astronauta y a uno de los historiadores del planeta. "¿Einstein? ¿Platón? Eran todos unos delincuentes ¿sabes? Piensa que, en el interior de un cohete, el ser humano puede estallar como una burbuja, o solidificarse, o cocerse, o vaciarse de sangre tan rápido que no le dé tiempo ni a gritar; después, los huesecillos golpearán las paredes de chapa, mientras dan vueltas por las órbitas de Newton corregidas por Einstein; ¡son los sonajeros del progreso!". Los sonajeros del progreso no anuncian la edad adulta de la humanidad, sólo nuestra propia infancia. Quizás a eso se refería la conclusión de ese otro gran clásico, con la imagen del feto flotando en el espacio, 2001: Odisea del espacio de Isaac Asimov [sic], cuya deuda a Solaris de Stanislaw Lem no ha sido suficientemente reconocida.
   El argumento de Solaris (trasladada a la pantalla primero por Andréi Tarkovski en 1972, y luego por Steven Soderbergh en 2002) es conocido: enviado en una misión a la estación espacial Prometeo, sobrevolando el planeta Solaris, el psicoanalista Kelvin descubre que los miembros de la estación han sido invadidos por extrañas presencias. Intentando descubrir la causa, Kelvin mismo recibe la visita de una misteriosa mujer del todo parecida a su esposa muerta. ¿Qué produce estas vívidas pesadillas, a estos seres presentes pero no vivos, cada uno el fantasma de la memoria de uno de los exploradores de Solaris? ¿Es el planeta mismo, ese mar extraño y gelatinoso, quien crea estas alucinaciones? ¿Es Solaris una criatura viva, capaz de "pensar" la realidad? El poeta Czeslaw Milosz, contemporáneo de Lem, dijo que Solaris parafraseaba "las etapas de la vida humana", intensificando "la angustia habitualmente velada por nuestra rutinaria aceptación de lo inevitable". Esto, dicho dentro del contexto de la dictadura comunista, fue considerado como una audaz crítica al sistema, pero sin duda Milosz proponía una lectura más allá de la política. En Solaris, Lem hace explícita su convicción de que nuestra herencia mental, nuestra identidad misma como seres humanos, depende de nuestra consciencia, del hecho de saber que existimos y que el universo existe. Sin embargo, definiendo esa consciencia, marcando sus límites, existe un inmenso espacio ocupado por aquello que no imaginamos, aquello que (como confesó alguna vez Stephen Hawking), a pesar de poder un día ser conocido, quizás no podrá nunca ser imaginado. Esta noción, de un entendimiento que nuestra imaginación no puede concebir, es infernalmente atroz. Solaris encarna esa intolerable expectativa.
   Nada asombrosamente, Solaris ha pasado de ser un clásico indiscutible de la ciencia-ficción a ser simplemente un clásico indiscutible. Publicada originalmente en Polonia en 1961, bajo el régimen comunista, al poco tiempo fue traducida, primero al alemán, luego al francés y del francés al inglés, procurando para Lem una celebridad universal. La esmerada traducción al castellano de Joanna Orzechowska, la primera hecha directamente del polaco, recupera para el lector español sutiles cambios de estilo y de humor, un lenguaje compuesto de términos inventados, juegos de palabras, jerga científica, que las anteriores ediciones castellanas ignoraban. Solaris puede leerse ahora con el esmero y la atención que un clásico merece.

Solaris
Stanislaw Lem
Traducción de Joanna Orzechowska
Introducción de Jesús Palacios
Impedimenta. Barcelona, 2011
292 páginas. 20,95 euros

viernes, 7 de febrero de 2014

PRENSA CULTURAL. "Un nuevo imaginario en el regreso de Stanislaw Lem"


   En "El País":

Un nuevo imaginario en el regreso de Stanislaw Lem

Aparecen por primera vez en castellano 13 relatos del genio polaco de la ciencia-ficción nunca antes traducidos, y encabezados por ‘Máscara’, una singular pieza magistral

 Madrid 29 ENE 2014 

La reverenciada figura de Stalislaw Lem (Lvov, 1921 – Cracovia, 2006) está bien situada en un podio o parnaso del género de la ciencia ficción desde la que sigue desplegando su subyugante influencia, pero es cierto que es algo más que eso, como si aún no hubiera llegado todo su reconocimiento. Algunos estudiosos ven detrás del estilo la no tan remota ascendencia judía (nunca fue un religioso practicante) y es muy evidente que el período de la guerra lo marcó para siempre, aquellos años viviendo con identidad falsa, la lucha de la resistencia, y ya terminada la contienda mundial, muy pronto, los primeros encontronazos con los ideólogos comunistas, lo que lleva a un temprano enclaustramiento intelectual. Su primera novela, El hospital de la transfiguración, data de entre 1946 y 1948, pero no se publica en Polonia hasta 1955 por la censura de corte estalinista que irradiaba sobre toda la Europa del este; ya entonces le colgaron el sambenito de contrarrevolucionario; esta obra también editada en castellano por la editorial Impedimenta revela un Lem diferente, todavía no inmerso en los meandro del los mundos futuros e improbables.
En el estilo de Lem la dosis surrealista es parte fundamental al flujo narrativo, a veces poéticamente ligado al relato del inconsciente y sus complejas descripciones; así todos los argumentos se encadenan en rico poso lleno de imágenes (en eso, esta traducción es meticulosamente esmerada), siempre sorprendente al lector, le guste o no la ciencia ficción. Pero en todos está muy presente la que es sin duda su obra más famosa: Solaris (1961), llevada al cine magistralmente por Andrei Tarkovski en 1972 y que esta misma editorial vertió al castellano por primera vez directamente del polaco. En realidad Solaris posee tres versiones cinematográficas; una primera del también soviético Nikolai Nirenburg de 1968 que pasó sin pena ni gloria y una última del estadounidense Steven Soderbergh de 2002 que no logra sobreponerse a su predecesora inmediata. Solaris sigue siendo un enigma infinito de sugerencias y esa primera persona aparece también en estos cuentos de Máscara.

La cronología de esta antología va desde 1957, en los albores de su carrera literaria (“La rata en el laberinto” fue publicado en la edición original de “Diario de las estrellas”), hasta llegar a mediados de los años noventa del siglo pasado
La cronología de esta antología va desde 1957, en los albores de su carrera literaria (“La rata en el laberinto” fue publicado en la edición original de “Diario de las estrellas”), hasta llegar a mediados de los años noventa del siglo pasado. Es verdad que la vasta y erudita obra de Lem (cuya edición de obras completas, sólo accesible en polaco, sobrepasa los 25 tomos) ha sufrido manipulaciones de todo tipo tanto por parte de los sucesivos editores (se evita hablar hoy abiertamente de censura) como el propio autor, que corregía y cambiaba infatigable en cada nueva impresión. Aunque los relatos no siguen una conducción orgánica precisa, sí es cierto, como apunta el prólogo de la edición española, que tanto temas como ideas filosóficas que han sido obsesión y constante en la obra de este prolífico y complejo escritor se repiten en el potente y hasta desbocado imaginario, una escena cambiante donde la visión de la naturaleza como potencia creadora de nuevos y diversos seres domina sobre cualquier otra consideración. La otra gran preocupación ética de Lem, la inteligencia artificial, sus impredecibles límites, su uso y su destino, o la bioingeniería, aparecen en un hechizo de ambientes donde no todo es tornillos, cristales que piensan y naves interestelares. Se trata también de una progresión interior de ese pensamiento visionario, una capacidad de duda y arrastre de las ideas hacia otras preguntas sobre las que siempre es aconsejable dudar antes de responder. Y si Máscara tiene algo de invención kafkiana, sobrevuela todos los escritos una creciente angustia de cerrazón y de verdadero corsé moral, metáfora elocuente donde las hubiera de los tiempos y el lugar que le tocó vivir. El inicio del relato “La verdad” es magistral en este sentido:
“Estoy sentado en una habitación cerrada, con la puerta desprovista de picaporte y cuya ventana tampoco puede abrirse. El cristal es irrompible. Lo he intentado. No porque tuviera ganas de fugarme, o por efecto de la rabia, tan solo quise comprobar si se podía. Escribo sobre una mesa de madera de nogal. Dispongo de suficiente cantidad de papel. Escribo lentamente. Escribo aunque nadie lo lea. No quiero estar a solas, pero no consigo leer. Lo que me traen para leer es todo mentira…”.
Máscara. Stanislaw Lem. Traducción de Joana Orzechowska. Editorial Impedimenta, Madrid, 2013. 417 páginas.