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lunes, 22 de abril de 2013

PRENSA CULTURAL. "Diez adaptaciones de libros que veremos en 2013"

   En blogs.elpais":

10 adaptaciones de libros que veremos en 2013

Por:  19 de abril de 2013
Cine
EL PAÍS te invita a leer, a hablar de literatura, a compartir libros (y desde este blog a descubrir películas basadas en libros). En definitiva, a celebrar el Día del Libro 2013 este 23 de abril. Para ello hemos preparado una programación especial en algunos de nuestros blogs desde el viernes 19 hasta el miércoles 24. En Versión Muy Original hemos elegido diez películas que todavía están por estrenarse este año que están basadas en libros. Desde El Hobbit (cuya primera parte ya pudimos ver el pasado diciembre) a un relato de zombis realista (si es que un relato de zombis puede llegar a ser realista) pasando por personajes de cómic y clásicos shakesperianos. Se trata de leer, ver películas, disfrutar y hablar de literatura y cine, dos artes ligadas desde los inicios de la industria del cine. Hay tantas grandes películas basadas en libros. Incluso hay veces que la copia cinematográfica supera a la obra literaria. Y todo lo contrario...

El hobbit (1937), de J.R.R. Tolkien. Todavía es un misterio (sí, sacar más dinero quizá sea la respuesta más acertada) el por qué Peter Jackson y Warner decidieron hacer tres películas (en principio iban a ser dos, que también se nos antoja exagerado) con el libro de Tolkien. Las aventuras del joven Bilbo Bolsón y de cómo encontró el anillo único en su camino a las Montañas Nubladas se narran en unas 300 páginas. Tras el éxito de taquilla de la primera parte, Un viaje inesperado, en diciembre se estrenará la segunda (La desolación de Smaug) y en julio de 2014 la tercera (Partida y regreso). Tolkien publicó El Hobbit casi 20 años antes que el primer tomo de El señor de los anillos. Lo que comenzó siendo una sucesión de capitúlos escritos para retener algunas ideas que sirvieron para entretener a sus hijos se convirtió en el germen de la literatura fantástica moderna. Lectura recomendada para el inicio de la adolescencia. Muchos nos iniciamos en este tipo de literatura gracias a ese comienzo tan sencillo pero tan prometedor: "En un agujero en el suelo vivía un hobbit. No agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango...".
Diferentes ediciones de El Hobbit y obras relacionadas, editadas en España por Minotauro. Puedes leer el primer capítulo AQUÍ.

En llamas (2009), de Suzanne Collins. A medio camino entre la mitología griega y un reality show (con algo de la novela y el manga japonés Battle Royale), la exitosa trilogía juvenil de Los juegos del hambre va camino de convertirse también en un fenómeno cinematográfico. La adaptación de la primera novela, Los juegos del hambre (2008) entró en la lista de las diez películas más taquilleras en todo el mundo en 2012 (también entró El Hobbit). El público juvenil acudió en masa a ver la película que lanzó al estrellato absoluto a Jennifer Lawrence (la última ganadora del Oscar, por El lado bueno de las cosas) gracias a un personaje femenino con mucha personalidad, que en los libros tiene voz en primera persona. La película se estrena en España el 22 de noviembre.
En llamas está editada en españa por Editorial Molino. Puedes leer el primer capítulo AQUÍ.

Romeo y julieta (1597), de William Shakespeare. Quizá, una de las obras más adaptadas al cine, en diferentes versiones: desde el clásico de Renato Castellani que se llevó el León de Oro en Venecia en 1954 a la versión moderna de Baz Luhrmann de 1996 pasando por la obra de Zeffirelli de 1968 o el musical West side story de 1961. La última entrega del drama de Shakespeare viene firmada por el italiano Carlo Carlei, con Hailee Steinfeld (la niña de Valor de ley) como Julieta y Douglas Booth como Romeo. También tendremos ocasión de ver en pantalla a Paul Giamatti, Stellan Skarsgard y Damian Lewis.
Puedes leer el primer acto AQUÍ.

Carrie (1974), de Stephen King. El rey del terror ha tenido suerte desigual en sus adaptaciones cinematográfias. En general han funcionado mejor en el cine sus historias más realistas, como MiseryCadena perpetuaCuenta conmigo o La milla verde (esta tiene un poco más de fantástico). En 1974, King publicó su primera novela, la historia de una adolescente con poderes telequinéticos maltratada en casa por una madre hiperreligiosa y humillada en el instituto por sus compañeros. Dos años después, Brian de Palma la llevó al cine. Ahora llega una nueva versión (en España se estrena el 18 de octubre), con Chloë Grace Moretz como Carrie. El libro, que fue censurado en los colegios de EE UU, está escrito a partir de falsos documentos: recortes de periódicos, párrafos de libros, cartas... Pese a que fue el libro que le abrió las puertas al mundo editorial, King no lo coloca entre sus obras favoritas. Pero es una gran obra para introducirse en el mundo de este escritor.
Carrie está editada en España por Debolsillo.

El gran Gatsby (1925), de F. Scott Fitzgerald. Pese a que en su momento no tuvo gran éxito, en los años 50 y 60, tras varias reediciones, consiguió colocarse entre las mejores novelas de la historia de EE UU. Este retrato de la América de los años 20 tuvo ya en su momento una adaptación cinematográfica en 1974 con Robert Redford y Mia Farrow. La nueva versión en el cine llega de la mano de Baz Luhrman (Moulin Rouge), con Leonardo DiCaprio y Carey Mulligan. Es España se estrena el 17 de mayo.
El gran Gatsby está editada en España por Anagrama. Lee un extracto del libro AQUÍ.

Guerra mundial Z: Una historia oral de la guerra zombi (2006), de Max Brooks. El hijo del cómico Mel Brooks y la actriz Anne Bancroft es uno de los autores más reconocidos en el ámbito de la literatura zombi. Tras su Guía de supervivencia Zombie (2003), un manual sobre cómo resistir y permanecer vivo en una invasión de zombies, el escritor y guionista triunfó con un relato de tintes realistas sobre una guerra mundial contra zombis montada de forma original a base de testimonios. Es una de las películas más esperadas del año, por la temática, por su protagonista, Brad Pitt, por los rumores que han acompañado al rodaje y por ver cómo se ha adaptado un libro así, en el que lo principal no es la acción, sino la descripción de situaciones y emociones respecto a una pandemia mundial.
Guerra mundial Z está editada en España por Almuzara.

El juego de Ender (1985), por Orson Scott Card. Todo un clásico ya de la literatura de ciencia ficción y sin duda una de las adaptaciones más esperadas durante años por parte de algunos de los más fanáticos del género. En un futuro no muy lejano, Ender es un niño superdotado (el tercer hijo en una sociedad en la que solo se permite tener dos) que se ve obligado a asistir a una academia militar (situada en una estación espacial) para ser entrenado para liderar guerras. Algo vital ya que la humanidad se ve acosada por una peligrosa raza alienígena. El libro obtuvo algunos de los premios más importantes de ciencia ficción y dio pie a una saga literaria que Hollywood sabrá aprovechar si la primera película, que en España se estrena el1 de noviembre, funciona bien. Como reclamo tiene a Harrison Ford y Ben Kingsley.
El juego de Ender está editado en España por Ediciones B.

The monuments men. La fascinante aventura de los guerreros del arte que impidieron el expolio cultural nazi. (2010), de Robert M. Edsel. Durante la II Guerra Mundial un batallón formado por historiadores, directores de museos de arte y especialistas en la materia tienen como misión recuperar obras expoliadas por los nazis. Sí, suena a ficción de la buena, pero el libro es un documento de hechos reales que George Clooney ha elegido como su próxima película como director (y protagonista). Este grupo de expertos salvadores estará formado por Matt Damon, Bill Murray, Cate Blanchett, Jean Dujardin y John Goodman.
The monuments men está editado en España por Destino.

Querido Caín (2006), de Ignacio García Valiño. ¿La crueldad es innata en los seres humanos? Esta es la pregunta que plantea este thriller psicológico que ha adaptado al cine con el título de Hijo de Caín Jesús Monllaó. La película, protagonizada por José Coronado, se presentar el lunes 22 de abril en la sección oficial del Festival de Cine de Málaga.
Querido Caín está editado en España por Debolsillo.

Zipi y Zape. Nacieron en 1948 de la mano de José Escobar, y todavía no han tenido una presencia destacable en el cine. Los dos gamberros más conocidos del cómic español piden a gritos un lugar en la historia cinematográfica. Material hay para aburrir. Mientras esperamos el estreno de la pelicula de Oskar Santos, Zipi y Zape y el club de las canicas y cruzamos los dedos por que sea lo mejor posible, lo mejor es tirar de biblioteca y recuperar algunas de sus mejores historias junto a las de Mortadelo y Filemón (sí, también estamos esperando la tercera película). ¿Para cuando una película de Super López?
Los tebeos de Zipi y Zape están editados por Ediciones B.

Los cuarenta y siete Ronin: la historia de los leales samurais de Akó (1999), de Tamenaga Shunsui. Esta novela está basada en una de las leyendas más veneradas en Japón situada a principios del siglo XVIII que cuenta la historia de 47 samurais obligados a actuar como ronin, es decir sin un señor al que ofrecer sus servicios. Es una historia de honor y venganza que ha sido llevada al cine en innumerables ocasiones. En diciembre se estrenará en salas la última, protagonizada por Keanu Reeves.
Los 47 ronin ha sido editada en España por Miraguano.

jueves, 25 de agosto de 2011

PRENSA CULTURAL."Babelia". "La tercera verdad". Javier Cercas, sobre su libro "Anatomía de un instante"

Javier Cercas

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
La tercera verdad

JAVIER CERCAS 25/06/2011

   La historia y la literatura persiguen objetivos distintos; ambas buscan la verdad, pero sus verdades son opuestas. La naturaleza de la novela es híbrida, sostiene el autor de Anatomía de un instante.

   1. ¿Qué es una novela? Una novela es todo aquello que se lee como tal; es decir: si algún lector fuese capaz de leer la guía de teléfonos de Madrid como una novela, la guía de teléfonos de Madrid sería una novela. En este sentido no hay duda de que mi libro Anatomía de un instante es una novela. ¿Lo es también en algún otro? No lo sé. Lo que sí sé es que a algunos lectores les ha parecido un libro raro.
   Quizá lo es. Anatomía explora el instante en que, durante la tarde del 23 de febrero de 1981, un grupo de militares golpistas entró disparando en el abarrotado Parlamento español y sólo tres de los parlamentarios se negaron a obedecer sus órdenes y tirarse bajo los escaños: el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez; el vicepresidente, general Gutiérrez Mellado; y el secretario general del partido comunista, Santiago Carrillo. Tratar de agotar el significado del instante en que esos tres hombres decidieron jugarse el tipo por la democracia -precisamente ellos tres, que la habían construido tras haberla despreciado durante casi toda su vida- obliga a indagar en sus biografías y en los azares inverosímiles que las unen y las separan, obliga a explicar el golpe del 23 de febrero, obliga a explicar la conquista de la democracia en España. La forma en que el libro lo hace es peculiar. Anatomía parece un libro de historia; también parece un ensayo; también parece una crónica, o un reportaje periodístico; a ratos parece un torbellino de biografías paralelas y contrapuestas girando en una encrucijada de la historia; a ratos incluso parece una novela, tal vez una novela histórica. Es absurdo negar que Anatomía es todas esas cosas, o que al menos participa de ellas. Ahora bien: ¿puede un libro así ser fundamentalmente una novela? De nuevo: ¿qué es una novela?
   2. La novela moderna es un género único porque diríase que todas sus posibilidades están contenidas en un único libro: Cervantes funda el género en el Quijote y al mismo tiempo lo agota -aunque sea volviéndolo inagotable-; o dicho de otro modo: en el Quijote Cervantes define las reglas de la novela moderna acotando el territorio en el que a partir de entonces nos hemos movido todos los novelistas, y que todavía no hemos terminado de colonizar. ¿Y qué es ese género único? ¿O qué es al menos para su creador? Para Cervantes la novela es un género de géneros; también, o antes, es un género degenerado. Es un género degenerado porque es un género bastardo, un género sine nobilitate, un género snob; los géneros nobles eran, para Cervantes como para los hombres del Renacimiento, los géneros clásicos, aristotélicos: la lírica, el teatro, la épica. Por eso, porque pertenecía a un género innoble, el Quijote apenas fue apreciado por sus contemporáneos, o fue apreciado meramente como un libro de entretenimiento, como un best seller sin seriedad. Por eso no hay que engañarse: como dijo José María Valverde, Cervantes nunca hubiese ganado el 'Premio Cervantes'. Y por eso también Cervantes se preocupa en el Quijote de dotar de abolengo a su libro y lo define como "épica en prosa", tratando de injertarlo así en la tradición de un género clásico, y de asimilarlo. Dicho esto, lo más curioso es que es precisamente esta tara inicial la que termina constituyendo el centro neurálgico y la principal virtud del género: su carácter libérrimo, híbrido, casi infinitamente maleable, el hecho de que es, según decía, un género de géneros donde caben todos los géneros, y que se alimenta de todos. Es evidente que sólo un género degenerado podía convertirse en un género así, porque es evidente que sólo un género plebeyo, un género que no tenía la obligación de proteger su pureza o su virtud aristocráticas, podía cruzarse con todos los demás géneros, apropiándose de ellos y convirtiéndose de ese modo en un género mestizo. Eso es exactamente lo que es el Quijote: un gran cajón de sastre donde, atadas por el hilo tenuísimo de las aventuras de don Quijote y Sancho Panza, se reúnen en una amalgama inédita, como en una enciclopedia que hace acopio de las posibilidades narrativas y retóricas conocidas por su autor, todos los géneros literarios de su época, de la poesía a la prosa, del discurso judicial al histórico o el político, de la novela pastoril a la sentimental, la picaresca o la bizantina. Y, como eso es exactamente lo que es el Quijote, eso es exactamente también lo que es la novela, y en particular una línea fundamental de la novela, la que va desde Sterne hasta Joyce, desde Fielding o Diderot hasta Perec o Calvino.
   Más aún: quizá cabría contar la historia de la novela como la historia del modo en que la novela intenta apropiarse de otros géneros, igual que si nunca estuviese satisfecha de sí misma, de su condición plebeya y de sus propios límites, y aspirara siempre, gracias a su esencial versatilidad, a ser otra, luchando por ampliar una y otra vez las fronteras del género. Esto es ya visible en el siglo XVIII, cuando sobre todo los ingleses se apoderan de la novela (o a los españoles se nos escapa literalmente de las manos), aprendiendo mucho antes y mucho mejor que nosotros la lección de Cervantes, pero se hace evidente a partir del XIX, que es el siglo de la novela porque es el siglo en que la novela pelea a brazo partido por dejar de ser un mero entretenimiento y conquistar un lugar entre los demás géneros nobles. Balzac aspiraba a equiparar la novela a la historia, y por eso afirma famosamente que "la novela es la historia privada de las naciones". Años después Flaubert, a la vez principal seguidor y principal corrector de Balzac, no se conformaba con ello y, según es posible advertir aquí y allá en su correspondencia, se obsesiona con la ambición de elevar la prosa a la categoría estética del verso, con el sueño de conquistar para la novela el rigor y la complejidad formal de la poesía. Muchos de los grandes renovadores de la narrativa de la primera mitad del siglo XX adoptan a Flaubert como modelo y, cada uno a su modo -Joyce regresando a la multiplicidad estilística, narrativa y discursiva de Cervantes, Kafka regresando a la fábula para construir pesadillas, Proust exprimiendo hasta el límite la novela psicológica-, prolongan el propósito de Flaubert, pero algunos, sobre todo algunos escritores en alemán -un Thomas Mann, un Robert Musil-, pugnan por dotar a la novela del espesor del ensayo, convirtiendo las ideas filosóficas, políticas e históricas en elementos tan relevantes en la novela como los personajes o la trama. Tampoco el periodismo, uno de los grandes géneros narrativos de la modernidad, se ha resistido al apetito omnívoro de la novela. El New Journalism de los años sesenta pretendía, como afirmaba Tom Wolfe, que el periodismo se leyera igual que la novela, entre otras razones porque usaba las estrategias de la novela, pero el resultado no fue sólo que el periodismo canibalizó la novela, sino también que la novela -A sangre fría de Truman Capote, digamos- canibalizó el periodismo, digiriendo los recursos de éste y convirtiendo la materia periodística en materia de novela.
   Épica, historia, poesía, ensayo, periodismo: esos son algunos de los géneros literarios que la novela ha fagocitado a lo largo de su historia; esos son también algunos de los géneros de los que, a su modo, participa Anatomía, un libro que, desde este punto de vista, quizá no quede más remedio que considerar como una novela, aunque solo sea porque, de Cervantes para acá, a este tipo de libros mestizos solemos llamarlos novelas. Por lo demás, vale decir que Anatomía no es por supuesto un libro aislado o excepcional; otros libros de autores contemporáneos exploran territorios colindantes con el suyo. De hecho, la hibridación de géneros es, además de un rasgo esencial de la novela, un rasgo esencial del postmodernism. Borges, acaso el fundador involuntario del postmodernism, tardó casi cuarenta años en encontrarse a sí mismo como narrador, y lo hizo con un relato titulado 'El acercamiento a Almotásim' que se publicó en un libro de ensayos, Historia de la eternidad, y que adoptaba la forma de un ensayo, la reseña de un libro ficticio titulado The Approach to Al-Mu'tasim. Esta mezcla de ficción y realidad, de narración y ensayo, es lo que le abre a Borges las puertas de sus grandes libros. Así, en Borges el relato y el ensayo se confunden y fecundan; de igual modo lo hacen en determinados autores contemporáneos -de Sebald a Magris, de Kundera a Coetzee- que indagan en los confines del género y tratan así de expandir, o simplemente de colonizar por completo, el territorio cartografiado por el Quijote. En todo caso, a esa tarea de expansión o colonización del territorio de Cervantes quiere sumarse modestamente Anatomía, y esa es otra razón por la que el libro admite una lectura novelesca.
   Pero no es la última; ni desde luego la más elemental. La más elemental es que yo soy ante todo un novelista, y que, aunque también he practicado el ensayo o la crónica, en este libro no he operado como un cronista o un ensayista, sino como un novelista: la estructura del libro es novelesca, muchos de sus procedimientos técnicos son novelescos, elementos esenciales de la narración, como la ironía o el multiperspectivismo, son consustanciales al género, igual que lo son la visión ambigua y poliédrica de la realidad que a través de ellos se ofrece; mi preocupación principal mientras escribía el libro, en fin, fue la forma, y un escritor en general -y un novelista en particular- es alguien concernido ante todo por la forma, alguien que siente que en literatura la forma es el fondo y que piensa que sólo a través de la forma es posible acceder a una verdad que de otro modo resultaría inaccesible.
   Y hay más. Sin duda los géneros literarios se distinguen por sus rasgos formales, pero tal vez también por el tipo de preguntas que plantean y por el tipo de respuestas que dan. Así, las preguntas centrales que ante el golpe del 23 de febrero formularía un libro de historia, o un ensayo, podrían ser estas: ¿qué ocurrió el 23 de febrero en España?; o ¿quién fue en realidad Adolfo Suárez? En cambio, es muy improbable que un libro de historia o un ensayo formulase la pregunta central que formula Anatomía: ¿por qué permaneció Adolfo Suárez sentado en su asiento el 23 de febrero mientras las balas de los golpistas zumbaban a su alrededor en el hemiciclo del Congreso? Para intentar responder a esta última pregunta son desde luego indispensables los instrumentos del historiador, del periodista, del ensayista, del biógrafo, del psicólogo, pero la pregunta es una pregunta moral; una pregunta muy parecida a la que se plantea, por ejemplo, Soldados de Salamina: ¿por qué durante la Guerra Civil un soldado republicano salvó la vida de Rafael Sánchez Mazas cuando todas las circunstancias conspiraban para que lo matase? Dado que son preguntas morales, tanto la pregunta central de Soldados como la de Anatomía son preguntas esencialmente novelescas, y resultan impertinentes o carecen de sentido como preguntas centrales en un libro de historia o un ensayo. Pero además, como digo, un género literario no sólo se distingue por las preguntas que formula sino también por las respuestas que da a esas preguntas. Pues bien, al final de Soldados, después de la larga búsqueda en que consiste el libro, no sabemos por qué el soldado republicano le salvó la vida a Sánchez Mazas, ni siquiera estamos seguros de quién era ese soldado: la respuesta a la pregunta es que no hay respuesta; o mejor dicho: la respuesta a la pregunta es la propia pregunta, la propia búsqueda, el propio libro. Lo mismo ocurre en Anatomía: después de la larga búsqueda en que consiste el libro, no sabemos por qué Adolfo Suárez permaneció inmóvil en su asiento mientras las balas zumbaban a su alrededor en el hemiciclo; durante la búsqueda, el libro responde desde luego a las preguntas que se hubieran hecho el historiador o el ensayista -por ejemplo: el 23 de febrero fue el principio de la democracia en España y el final del franquismo y de la Guerra Civil; por ejemplo: Adolfo Suárez fue un colaboracionista del franquismo y un trepador social y político convertido finalmente en héroe de la democracia-; pero la pregunta novelesca, la pregunta central, queda sin respuesta o, de nuevo, la respuesta es la propia pregunta, la propia búsqueda, el propio libro. En suma: si es posible definir la novela como un género que persigue proteger las preguntas de las respuestas, esto es, como un género que rehúye las respuestas claras y unívocas y que sólo admite formularse preguntas que no pueden ser contestadas o preguntas que exigen respuestas ambiguas, complejas, plurales y en todo caso esencialmente irónicas, entonces, si es posible definir así la novela, no hay duda de que Anatomía es una novela.
   3. Admitamos entonces que, tal vez, Anatomía de un instante es una novela. No hay duda, sin embargo, de que no es una ficción. ¿Significa esto que a fin de cuentas mi libro no es una novela? ¿Están obligadas todas las novelas a ser ficción? ¿Por qué no es una ficción Anatomía?
   En marzo de 2008 yo llevaba más de dos años trabajando en una novela donde mezclaba ficción y realidad para narrar el golpe de Estado del 23 de febrero y el triunfo de la democracia en España a partir del mismo instante en torno al cual gira Anatomía. De hecho, por entonces acababa de terminar un segundo borrador de la novela, pero no estaba satisfecho con él: algo esencial fallaba y no sabía lo que era. Desesperado, para olvidarme unos días de mi novela fracasada me marché de vacaciones con mi familia. Fue entonces cuando leí en un artículo de Umberto Eco que, según una encuesta publicada en el Reino Unido, la cuarta parte de los ingleses pensaba que Winston Churchill era un personaje de ficción. Y fue entonces cuando creí comprenderlo todo. El golpe del 23 de febrero es en España una ficción, una gran ficción colectiva construida durante los últimos 30 años a base de especulaciones noveleras, recuerdos inventados, leyendas, medias verdades y simples mentiras. La explicación de este delirio es compleja, pero guarda relación con un hecho simple: el golpe del 23 de febrero fue un golpe sin documentos o sin eso que gran parte de la historiografía suele llamar documentos, de manera que los historiadores han dejado el trabajo de contar el golpe a los propios golpistas, a periodistas con muchas prisas y pocos escrúpulos y a la fantasía popular, con el resultado de que durante décadas han circulado impunemente por España las más disparatadas versiones del golpe. Una gran ficción colectiva, repito, algo quizá sólo comparable a lo que el asesinato de Kennedy representa en Estados Unidos. Eso es lo que creí comprender durante aquellas vacaciones. Eso y también, de inmediato, que escribir una ficción sobre otra ficción era una operación redundante, literariamente irrelevante; lo que podía ser literariamente relevante era realizar la operación contraria: escribir un relato cosido a la realidad, desprovisto de ficción, despojado de todas las novelerías, leyendas y disparates que a lo largo de tres décadas se habían ido adhiriendo al golpe. Y eso es lo que en definitiva intenta hacer el libro (y de ahí que su primera frase sea la frase de Eco). Partiendo del principal y casi único documento del golpe de Estado -la grabación televisiva de la entrada de los golpistas en el Parlamento, un documento tan evidente que nadie lo ha considerado un documento y que en mi opinión es sin embargo la guía mejor para entender aquellos hechos-, Anatomía trata de contar el golpe del 23 de febrero y el triunfo de la democracia en España con la máxima veracidad, como los contarían un historiador o un cronista, aunque sin renunciar por ello, insisto, a determinados instrumentos y virtudes de la novela, ni por supuesto a que el resultado sea leído como una novela.
   4. ¿Significa esto que, a mi juicio, la novela puede contar la historia mejor que la historia? ¿Significa que la novela puede sustituir a la historia? Mi respuesta es no. La historia y la literatura persiguen objetivos distintos; ambas buscan la verdad, pero sus verdades son opuestas: según sabemos desde Aristóteles, la verdad de la historia es una verdad factual, concreta, particular, una verdad que busca fijar lo ocurrido a determinadas personas en determinado momento y lugar; por el contrario, la verdad de la literatura (o de la poesía, que es como llamaba a la literatura Aristóteles) es una verdad moral, abstracta, universal, una verdad que busca fijar lo que les pasa a todos los hombres en cualquier momento y lugar. Es cierto que Anatomía persigue al mismo tiempo esas dos verdades antagónicas, porque busca una verdad factual, que atañe sobre todo a determinados hombres de la España de los años setenta y ochenta, pero también busca una verdad moral, una verdad que atañe sobre todo a quienes, con un oxímoron, el libro denomina héroes de la traición, esos individuos que, como los tres protagonistas del libro -Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo: dos antiguos franquistas y un antiguo estalinista-, poseen el coraje de traicionar un pasado totalitario para ser leales a un presente de libertad por el que, llegado el caso, en el instante decisivo, aceptan jugarse la vida. Y asimismo es cierto que, visto así, como un libro que ambiciona reconciliar las verdades irreconciliables de la historia y la literatura, Anatomía puede parecer, además de un libro raro, un libro contradictorio, otro oxímoron. Quizá también es eso: un libro donde, idealmente, la verdad histórica ilumina a la verdad literaria y donde la verdad literaria ilumina a la verdad histórica, y donde el resultado no es ni la primera verdad ni la segunda, sino una tercera verdad que participa de ambas y que de algún modo las abarca. Un libro imposible, dirán ustedes. No digo que no. Pero me pregunto si no serán los libros imposibles los únicos que merece la pena intentar escribir, y si un escritor puede aspirar a cosechar algo mejor que un fracaso decente; también me pregunto si yo hubiera buscado la verdad histórica del 23 de febrero si los historiadores no hubieran olvidado hacerlo, o si no la hubiesen considerado irrelevante o inasequible, regalándome así la posibilidad de este extraño libro. Sea como sea, una cosa es segura: yo sólo soy un novelista, no un historiador, y es posible por ello que incluso en Anatomía, donde he buscado con el mismo empeño dos verdades opuestas, la verdad histórica esté al servicio de la verdad literaria, y que ambas nutran aquella tercera verdad conjetural. No lo sé. Lo que sí sé es que, de ser así, ésta sería quizá la razón definitiva para considerar Anatomía una novela. Pero que eso también lo decida el lector.

   Una versión más amplia de este texto se leyó en inglés como Raymond Williams Memorial Lecture en el 'Hay-On-Wy Festival' de UK, el 29 de mayo de 2011. Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) es autor, entre otros libros, de Soldados de Salamina (Tusquets, 2001; premios 'Salambó', 'Llibreter' e 'Independent Foreign Fiction') y Anatomía de un instante (Mondadori, 2009: 'Premio Nacional de Narrativa'). javiercercas.com.

jueves, 27 de enero de 2011

PRENSA. 27 enero 2011

   En "El País":

1. Esos chicos. Columna de David Trueba.

2. Arte y diseño. Por Vicente Verdú.

3. El cine es bueno para la salud. Reportaje de N. Halarraga y E. de Benito. Las películas sobre enfermedades conocidas ayudan a concienciar - Las que tratan de dolencias raras atraen fondos para investigar y buscar curas - Varias facultades de medicina utilizan largometrajes para formar a sus estudiantes. Tristeza, alegría, esperanza. Análisis de Emilio Alba, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica.

4. El deber de la memoria. Artículo de Reyes Mate, profesor e investigador del CSIC; es autor de La herencia del olvido, premio Nacional de Ensayo.

5. La escritura de la luz. Reportaje de Sergio Mellado. La revista 'Litoral' analiza la relación de la fotografía con el arte y la literatura.

domingo, 22 de agosto de 2010

PRENSA (2). 22 agosto 2010

En suplementos de "El País".

1. Sobrevivir a la enfermedad. Reportaje de Javier Ayuso, perteneciente a la serie "Agujeros negros del planeta". La corrupción endémica, la malaria y la desnutrición son las grandes plagas de la República Centroafricana, agravadas por la crisis económica.

2. No es lo mismo claro que simple. Artículo de Javier Cercas.

3. El último verano de Paula Ris. Relato de Domingo Villar. Leo Caldas, de 14 años, pierde a una amiga, asesinada. Cuando presencia la detención de un sospechoso, encuentra su vocación. Cuarta entrega de la serie en la que cinco escritores recuperan a famosos personajes de sus obras y los convierten en protagonistas inéditos para ‘El País Semanal’.

4. Un Lope apasionado y pendenciero. Reportaje de Sergio C. Fanjul. Le llamaron El Fénix de los Ingenios. Pero antes de pasar a la historia, Lope de Vega fue un joven apasionado, ambicioso y algo asilvestrado. Es la cara que recupera ahora una película con un reparto excepcional. Estuvimos en el rodaje en Marruecos.

5. No tengamos miedo a la libertad. Reportaje de psicología, por Miriam Subirana. Hay gente que para no arriesgarse al fracaso, al rechazo, a la soledad, intenta acoplarse al grupo, agradar y quedar siempre bien. No es así como nos sentiremos fuertes y tranquilos.

6. Elvira Lindo. Viviendo en serio. Entrevista. Por Amelia Castilla. Como pequeña de la familia, le asignaron el papel de alegría de la casa. Y con esa ‘carga’ ha vivido. Era la autora de ‘Manolito Gafotas’ y de columnas graciosas. Ahora decide liberarse de tanto humor con su nueva novela, ‘ Lo que me queda por vivir’ (Seix Barral), sobre una joven madre y su hijo en la España de los ochenta.

7. Poderes mágicos en la República Dominicana. Por Clara Sánchez. Toda la exuberancia del Caribe cabe en la República Dominicana. Ámbar azul, incursiones en el Polo Magnético, tardes de béisbol... Una tierra compartida con Haití, el desdichado vecino. Cuarta parada de esta serie que invita a viajar cada domingo de agosto, de la mano de diferentes escritores, a esos mundos en miniatura que son las islas.

8. Todos muertos de miedo. Artículo de Rosa Montero.

martes, 13 de julio de 2010

PRENSA CULTURAL. "Babelia". "Lo que dura la belleza eterna", por Luisgé Martín

Fotograma de Muerte en Venecia.

En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Lo que dura la belleza eterna

POR LUISGÉ MARTÍN 10/05/2008

Muerte en Venecia se vio durante mucho tiempo como una obra criptogay. Pero es mucho más que eso. Visconti volvió a indagar en ella en la desolación, la decadencia y el valor redentor del arte. El actor Björn Andresen fue devorado por su personaje.

Las filmaciones en las que Visconti grabó a los chicos que participaron en el casting de Muerte en Venecia no se destruyeron. Están recogidas en un documental de media hora titulado Alla ricerca di Tadzio y, aunque yo nunca he llegado a verlo, hay copias circulando por internet a disposición de los fetichistas. En ese documental se recogen las pruebas de cámara que el director italiano realizó a los efebos más guapos que encontró en varios países del mundo. Aparte de su valor morboso, es indudable que esa grabación tiene un verdadero interés cinematográfico, pues la elección del actor encargado de interpretar a Tadzio resultaba determinante en la conversión de la novela de Thomas Mann al lenguaje visual: la Belleza hecha carne, el Arte transfigurado en músculos, epidermis, estructuras óseas y membranas de diverso tipo.
Visconti seleccionó para el papel a Miguel Bosé, pero Luis Miguel Dominguín, su padre, que era un torero bien macho, dijo que habría que pasar antes por encima de su cadáver. El siguiente elegido, tras el descarte, fue un adolescente sueco llamado Björn Andresen, que reunía todos los atributos de la belleza tópica: la languidez, la ambigüedad sexual, la fragilidad. Tenía una mirada umbrosa de ojos verdes y una melena rubia cuidada por los estilistas de producción con más mimo que la de Silvana Mangano. Toda la arquitectura de la película descansa sobre sus hombros esmirriados. Él es el camino de Damasco en el que Gustav von Aschenbach ve por fin la luz.
Durante mucho tiempo se consideró Muerte en Venecia una obra criptogay. Un músico maduro -un escritor, en la novela de Mann-, respetable, casado y con prole, conoce de repente a un muchachito guapo y pierde por completo la razón. Disimula su metamorfosis haciendo sublimes consideraciones acerca del arte, de la belleza ideal y de los desarreglos que acarrea la vida, pero lo que en realidad desea es encamarse con Tadzio, quitarle su traje de baño de rayas o su vestido de marinerito y revolcarse a su lado con rijosidad.
No se trata de una interpretación absurda, ni siquiera escasa, pero Muerte en Venecia es mucho más que eso. Visconti, con su caligrafía grandiosa -sólo afeada en esta película por un uso del zoom intemperante-, vuelve a retratar una vez más a esa aristocracia exquisita y cultivada que se extingue en Europa. Vuelve a indagar en el valor redentor o cobijador del arte, en la decadencia de cada hombre, en la persecución de la juventud eterna, en la desolación que viene siempre después de la gloria.
Björn Andresen, que tenía 15 años durante el rodaje, probó con su propia vida esas enseñanzas. La película fue para él una maldición o un augurio. No pudo estar a la altura del símbolo en el que, gracias a ella se había convertido. Mantuvo alguna relación homosexual en su juventud. Luego se casó varias veces. Fracasó como actor y como cantante. Fue devorado por su personaje. Su rostro, comido por el tiempo, atravesado de arrugas, apareció hace poco en algunos periódicos. Estaba lleno de amargura y de resentimiento. Su mirada, igual de verde, no era ya umbrosa, sino turbia. Negra. ¿Le habría seguido amando Aschenbach a esa edad? ¿Habría creído aún que el fuego doloroso de la vida es preferible a la frialdad del arte? Estoy seguro de que no.

Luisgé Martín es autor de La muerte de Tadzio (Alfaguara).

jueves, 8 de abril de 2010

CINE. LITERATURA. "Las horas". "Mrs. Dalloway", novela de Virginia Woolf

Virginia Woolf

Las horas, aunque basada en una novela de Michael Cunningham, cuenta la vida de tres mujeres, conectadas entre sí por medio de Mrs. Dalloway, novela de Virginia Woolf (de hecho, una de las historias se centra en la escritora).
En el siguiente vídeo podemos ver fragmentos de la película:


(Gracias a Virginia Molina por su envío).

Como complemento, añadimos el principio de la novela:

La señora Dalloway decidió que ella misma compraría las flores. Sí, ya que Lucy tendría trabajo más que suficiente. Había que desmontar las puertas; acudirían los operarios de Rumpelmayer. Y entonces Clarissa Dalloway pensó: qué mañana diáfana, cual regalada a unos niños en la playa.
¡Qué fiesta! ¡Qué aventura! Siempre tuvo esta impresión cuando, con un leve gemido de las bisagras, que ahora le pareció oír, abría de par en par el balcón, en Bourton, y salía al aire libre. ¡Qué fresco, qué calmo, más silencioso que éste, desde luego, era el aire a primera hora de la mañana. . .!, como el golpe de una ola; como el beso de una ola; fresco y penetrante, y sin embargo (para una muchacha de dieciocho años, que eran los que entonces contaba), solemne, con la sensación que la embargaba mientras estaba en pie ante el balcón abierto, de que algo horroroso estaba a punto de ocurrir; mirando las flores mirando los árboles con el humo que sinuoso surgía de ellos, y las cornejas alzándose y descendiendo; y lo contempló, en pie, hasta que Peter Walsh dijo: ¿Meditando entre
vegetales?, ¿fue eso? Prefiero los hombres a las coliflores, ¿fue eso?
Seguramente lo dijo a la hora del desayuno, una mañana en que ella había salido a la terraza. Peter Walsh. Regresaría de la India cualquiera de estos días, en junio o julio. Clarissa Dalloway lo había olvidado debido a lo aburridas que eran sus cartas: lo que una recordaba eran sus dichos, sus ojos, su cortaplumas, su sonrisa, sus malos humores, y, cuando millones de cosas se habían desvanecido totalmente, ¡qué extraño era!, unas cuantas frases como ésta referente a las verduras.
Se detuvo un poco en la acera, para dejar pasar el camión de Durtnall. Mujer encantadora la consideraba Scrope Purvis (quien la conocía como se conoce a la gente que vive en la casa contigua en Westminster); algo de pájaro tenía, algo de grajo, azul-verde, leve, vivaz, a pesar de que había ya cumplido los cincuenta, y de que se había quedado muy blanca a raíz de su enfermedad. Y allí estaba, como posada en una rama, sin ver a Scrope Purvis, esperando el momento de cruzar, muy erguida.

lunes, 1 de febrero de 2010

CINE. LITERATURA. LECTURA. "La carretera", novela de Cormac McCarthy


El próximo viernes, 5 de febrero, se estrena La carretera, película basada en la novela homónima del estadounidense Cormac McCarthy. Si la pantalla es capaz de reflejar una parte de la angustia de la novela, buena será la adaptación.
Aquí tenemos el tráiler:


A continuación, podemos leer las primeras páginas de la novela:

Al despertar en el bosque en medio del frío y la oscuridad nocturnos había alargado la mano para tocar al niño que dormía a su lado. Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior. Como el primer síntoma de un glaucoma frío empañando el mundo. Su mano subía y bajaba al compás de la preciada respiración. Retiró la lona de plástico y se puso de pie envuelto en aquellas prendas y mantas pestilentes y buscó algún atisbo de luz en el este pero no lo había. En el sueño del que acababa de despertar vagaba por una gruta y el niño lo llevaba de la mano. La luz de los dos bailaba en las húmedas paredes de roca caliza. Como peregrinos de fábula engullidos y extraviados en las entrañas de una bestia granítica. Humeros de piedra donde el agua goteaba y cantaba. Tañendo sin tregua en el silencio los minutos de la tierra y sus horas y días y años. Hasta que se hallaban en una enorme estancia de piedra donde había un lago antiguo y negro. Y en la orilla opuesta un ser que levantaba su chorreante boca del gour y miraba hacia la luz con unos ojos tan blancos y ciegos como los huevos de araña. Balanceaba su cabeza a ras de agua como para captar el olor de aquello que no podía ver. Agazapado allí, pálido y desnudo y translúcido, sus huesos de alabastro grabados en sombra en las rocas que tenía detrás. Sus intestinos, su palpitante corazón. El cerebro que latía dentro de una empañada campana de cristal. La criatura movía la cabeza de lado a lado y luego soltaba un gemido grave y daba media vuelta y dando tumbos se alejaba silenciosamente hacia la noche.
Se levantó con la primera luz gris y dejó al chico durmiendo y caminó hasta la carretera y en cuclillas estudió la región que se extendía al sur. Árida, silenciosa, infame. Debía de ser el mes de octubre pero no estaba seguro. Hacía años que no usaba calendario. Irían hacia el sur. Aquí era imposible sobrevivir un invierno más.
Cuando hubo clareado lo suficiente observó el valle con los prismáticos. Todo palideciendo hasta sumirse en tinieblas. La suave ceniza barriendo el asfalto en remolinos dispersos. Examinó lo que podía ver. Segmentos de carretera entre los árboles muertos allá abajo. Buscando algo que tuviera color. Algún movimiento. Algún indicio de humo estático. Bajó los prismáticos y se quitó la mascarilla de algodón que cubría su cara y se frotó la nariz con el dorso de la muñeca y luego miró otra vez. Se quedó allí sentado con los gemelos en la mano, viendo cómo la cenicienta luz del día cuajaba sobre el terreno. Solo sabía que el niño era su garantía. Y dijo: Si él no es la palabra de Dios, Dios no ha hablado nunca.
Cuando volvió, el chico seguía durmiendo. Retiró la lona de plástico azul que lo cubría y la dobló y la llevó al carrito de supermercado y la metió dentro y regresó con los platos y unos copos de avena en su bolsa de plástico y una botella de plástico de sirope. Extendió en el suelo la pequeña lona que les servía de mesa y colocó las cosas y se sacó la pistola del cinturón y la dejó sobre el mantel y luego se quedó mirando cómo dormía el chico. Se había quitado la mascarilla por la noche y estaba sepultada bajo las mantas. Observó al chico y miró entre los árboles hacia la carretera. Ese lugar no era seguro. Ahora que era de día podían verlos desde la carretera. El chico se movió. Luego abrió los ojos. Hola, papá, dijo.
Aquí estoy.
Ya lo sé.
Una hora después estaban en la carretera. Él empujaba el carrito y entre los dos cargaban las mochilas. En las mochilas había cosas básicas. Por si tenían que abandonar el carrito y echar a correr. Asegurado al asa del carrito había un retrovisor de motocicleta que él utilizaba para mirar la carretera a sus espaldas. Se subió un poco más la mochila y observó el campo devastado. La carretera estaba desierta. En el pequeño valle la serpiente todavía gris de un río. Inmóvil y precisa. A lo largo de la orilla unos carrizos secos. ¿Estás bien?, dijo. El chico asintió con la cabeza. Luego echaron a andar por el asfalto bajo una luz gris plomo, arrastrando los pies por la ceniza, cada cual el mundo entero para el otro.
Cruzaron el río por un viejo puente de hormigón y varios kilómetros más adelante llegaron a una estación de servicio. Se quedaron observando desde la carretera. Creo que deberíamos ir a ver. Echar una ojeada. La maleza por la que vadearon se convertía en polvo a su paso. Cruzaron el arcén de asfalto quebrado y buscaron el tanque que alimentaba los surtidores. No había tapón y el hombre se acodó en el suelo para olfatear el caño pero el olor a gasolina era solo un rumor, tenue y rancio. Se puso de pie y miró hacia el edificio. Los surtidores con sus mangueras curiosamente todavía en su sitio. Las ventanas intactas. La puerta del taller estaba abierta y el hombre entró. Un armario metálico para herramientas adosado a una pared. Registró los cajones pero allí no había nada que le sirviera. Buenos manguitos de media pulgada. Un destornillador de trinquete. Miró a su alrededor. Un barril metálico lleno de basura. Entró en la oficina. Polvo y ceniza por todas partes. El chico permaneció en el umbral. Una mesa metálica, una caja registradora. Viejos manuales de automóvil, hinchados y empapados. El linóleo estaba sucio y se alabeaba debido a las goteras del techo. Fue hasta la mesa y se quedó allí de pie. Luego cogió el teléfono y marcó el número de la casa de su padre en tiempos pasados. El chico le observó. ¿Qué estás haciendo?, dijo.
Unos trescientos metros carretera abajo se detuvo y volvió la vista atrás. No lo hacemos bien, dijo. Tenemos que volver. Sacó el carrito de la calzada y lo apoyó de costado en un sitio donde no pudiera ser visto y dejaron allí sus mochilas y regresaron a la gasolinera. En el taller sacó a rastras el barril y volcó toda la basura y seleccionó las botellas de aceite de cuarto de litro. Se sentaron en el suelo para recoger los posos de cada una de ellas, dejando las botellas boca abajo de manera que fueran escurriéndose en un cazo hasta que tuvieron casi medio cuarto de aceite para motor. Enroscó el tapón de plástico y limpió la botella con un trapo y la sopesó. Aceite para que su candilejo iluminara los largos crepúsculos grises, los largos amaneceres grises. Así podrás leerme un cuento, dijo el chico. ¿Verdad, papá? Sí, dijo el hombre.

sábado, 30 de enero de 2010

PRENSA. 30 enero 2010

En "El País":

1. "Si eres visionario, los avances técnicos llegan antes". Entrevista a Andrea Goldsmith, catedrática de Ingeniería Electrónica en la Universidad de Stanford (EE UU). Por J.A. Aunión.

2. Un dramaturgo que trata de explicar el mundo. Reportaje de Patricia Tubella. El teatro documental de David Hare, plato fuerte en Escena Contemporánea.

3. Libros en tecnicolor. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. Las difíciles relaciones entre cine y literatura protagonizan el arranque del Hay. Ian McEwan o Vargas Llosa, entre las estrellas del festival colombiano.

4. Para bajar la factura de la salud, gaste en prevenir. Reportaje de María R. Sahuquillo. Promover el bienestar para evitar enfermedades futuras, la nueva fórmula de ahorro en un sistema saturado. El beneficio es claro, pero a largo plazo, lo que choca con los apuros presupuestarios.

5. Un nuevo sabor del amor. Columna de Vicente Verdú.

6. La guerra digital. Artículo de Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos; ocupa la cátedra Isaiah Berlin en St. Antony's College, Oxford, y es profesor titular de la Hoover Institution, Stanford. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

7. Cómprame un código. Columna de Luis García Montero.

sábado, 11 de abril de 2009

PRENSA CULTURAL. "BABELIA". 11 abril 2009

1. Pequeña magnitud. Para leer: aforismos del escritor Fernando Aramburu.

2. El juego de Miranda July. Artista plástica, cineasta y ahora una de las escritoras más prometedoras de Estados Unidos, Miranda July acaba de publicar un extraño y provocador libro de relatos, Nadie es más de aquí que tú. Su arte y su literatura son un constante juego con el lector.

3. Gato por Gato. Gonzalo Suárez nos habla sobre cine y literatura.

4. Tres héroes de un instante. Con la solvencia del historiador y la inteligencia del escritor, Javier Cercas escarba en el 23-F para tratar de hacer racional, moral y políticamente explicable la sucesión de avatares biográficos y circunstancias históricas que alimentaron la placenta del golpe de Estado. Reseña de Anatomía de un instante. Además, las primeras páginas de la novela.

5. "La minificción tiene posibilidades infinitas". Los microrrelatos requieren toda la atención del lector, afirma Ana María Shua, la autora de Cazadores de letras. "Son como una caja de bombones, si uno los come todos seguidos se empalaga". Entrevista.

6. Vivir antes de morir. Las preguntas de los niños sobre la muerte deslumbran como dardos en el centro de la diana. Varios libros tratan el tema con una agudeza ausente, a menudo, en la literatura para adultos. Reportaje.

miércoles, 4 de marzo de 2009

PRENSA. 4 marzo 2009

En "El País":

1. La literatura entra 'a ciegas' en el cine. José Saramago y Fernando Meirelles conversan sobre la adaptación de obras narrativas a la gran pantalla. El brasileño estrena su película, basada en el libro del Nobel, Ensayo sobre la ceguera.

2. Celebración del suplemento. Artículo de Manuel Rodríguez Rivero sobre los suplementos culturales de los periódicos.

3. El gobierno emocional. "Las emociones tienen una gran importancia a la hora de configurar el espacio público. Se equivoca quien vea en ellas únicamente un factor que distorsionaría la racionalidad de los procesos políticos". Éste es el comienzo de este artículo de Daniel Innerarity, profesor de Filosofía en la Universidad de Zaragoza.