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martes, 22 de marzo de 2016

PRENSA CULTURAL. "Octavio Paz en manos de la censura franquista"

   En "El País":

Octavio Paz en manos de la censura franquista

La dictadura elaboró, entre 1950 y 1976, hasta 14 informes contra los libros del Nobel

Los documentos se exponen ahora en el AGA, en Alcalá de Henares

 

  • Foto inédita de Octavio Paz a los 23 años.

    Los funcionarios de la Dirección General de Propaganda y la Dirección General de Cultura Popular del Ministerio de Información y Turismo, que se ocupaban de revisar (léase censurar) todo lo que se publicaba en España durante la dictadura de Franco, afilaban la mirada, subrayaban, tachaban y, al final de su lectura, rellenaban siempre el mismo formulario: “¿Ataca al dogma? ¿A la moral? ¿A la Iglesia o a sus Ministros? ¿Al Régimen y a sus instituciones? ¿A las personas que colaboran o han colaborado con el Régimen? ¿Los pasajes censurables califican el contenido total de la obra?”. Uno de los grandes afectados por aquellas preguntas y los subsiguientes cortes y supresiones de pasajes fue el escritor mexicano Octavio Paz (1914-1998).
    En julio de 1950, la compañía Editora y Distribuidora Hispanoamericana S.A. (EDHASA) solicitó el permiso para distribuir 200 ejemplares de Libertad bajo palabra de Octavio Paz, publicados en México. El libro fue enviado a dos censores. El primero, Pedro de Lorenzo, dijo en su informe que en seis páginas había “frases o expresiones obscenas, otras irreverentes”. El segundo, Andrés de Lucas, apuntó con letra angulosa: “Versos oscuros y estúpidos con algunas expresiones equívocas. Creo, sin embargo que puede autorizarse por el escaso número de lectores que leerán estos engendros”.
    Catorce informes de este estilo, sobre distintos libros del escritor mexicano y Premio Nobel de Literatura 1990, se exhiben hasta el próximo 20 de marzo en el Archivo General de la Administración, ubicado en Alcalá de Henares (Madrid), como parte de la exposición Octavio Paz: Guerra, Censura y Libertad. “La muestra podría dividirse en dos partes: la figura de Octavio Paz y el contexto de sus ideas y su obra en relación con España”, dice Evelia Vega, una de las comisarias, quien trabaja en el archivo dependiente del Ministerio de Educación Cultura y Deporte. En la exposición hay, además, fotografías del autor mexicano durante su estancia en España en 1937, junto a algunos de sus colegas que asistieron al Congreso de Escritores Antifascistas de ese año en Valencia, como el narrador José Mancisidor, el poeta Carlos Pellicer, el músico Silvestre Revueltas o el pintor José Chávez Morado. Y un reportaje gráfico de abril de 1982, cuando Octavio Paz visitó el Ateneo de Madrid.

    “¿Ataca al dogma? ¿A la moral? ¿A la Iglesia o a sus Ministros? ¿Al Régimen y a sus instituciones? ¿A las personas que colaboran o han colaborado con el Régimen? ¿Los pasajes censurables califican el contenido total de la obra?”
    Dice Eduardo Ruiz Bautista, investigador de la Universidad de Alcalá, que los censores franquistas se caracterizaban por su “servilismo desmedido, exceso de celo, ínfulas de literato frustrado y la crasa ignorancia y competencia lectora que exhibían en muchos de sus juicios y prejuicios”. Cuando en 1955 revisaron el poemario Semillas para un himno, escrito por Paz un año antes, Jesús Garcés señaló en su informe que se trataban de “poesías de un poeta americano, creacionista sin un argumento general. Después de la obra creadora el poeta hace unas traducciones de los poetas Marvell y Gerardo Nerval. Nada que objetar. Autorícese salvo superior parecer”.
    Cuenta Jesús Cañete, el otro comisario de la exposición y director del Festival de la Palabra de la Universidad de Alcalá, que “la censura veía a Octavio Paz como alguien peligroso por haber asistido al Congreso Antifascista de Valencia. Quizá porque esa experiencia marcó para siempre al autor de El laberinto de la soledad, tanto en su obra poética como ensayística. Llama la atención que cuando la censura no podía evitar la publicación de algún libro, hacía todo lo posible por demorarla. El 17 de abril de 1973, Círculo de Lectores solicitó autorización para reeditar Los signos en rotación y otros ensayos, que ya había publicado Alianza en 1971. En esta ocasión el lector censor volvió a tachar las referencias que había a la Virgen en el texto dedicado a la obra de Marcel Duchamp (“La novia desnudada por sus solteros”). La editorial protestó argumentando que el libro ya se había editado anteriormente y que detener la impresión le causaba daños económicos. Entonces el censor no pudo impedir su impresión pero sí hizo todo lo posible por retrasarla. El libro no se publicó hasta año y medio más tarde: en septiembre de 1974”.
    En 1971, la editorial Seix Barral decidió publicar Las peras del Olmo, un compendio de ensayos del Premio Cervantes 1981. La censura pidió que se suprimiera el texto titulado Aniversario Español. Y así se hizo en su primera edición. La censura, sin embargo, no se conformaría con trocear los libros de Paz. En 1975 se impidió la libre circulación de la revista Plural en España y el editor Pere Gimferrer organizó una protesta pública. Un año después, cuando ya el dictador había muerto, la censura seguía fijándose en los libros de Paz. “Vuelta, poemario de Seix Barral, es poesía surrealista. No me ha gustado. Pero desde el punto de vista jurídico-administrativo, nada que señalar”, dice el informe fechado en aquel año.
    Este tratamiento al que fue sometida la obra de Octavio Paz en la España franquista ha despertado un interés mesurado entre los conocedores de la vida y obra del escritor mexicano. “Conocer estos documentos es algo curioso”, dice el filósofo Fernando Savater, “y son una buena anécdota para sumarla a toda la información que ya tenemos sobre Octavio. Son interesantes, también, porque demuestran la mentalidad de esos inquisidores contemporáneos que eran los censores franquistas, cuyos criterios literarios dejaban mucho que desear. Lo sé bien, porque me tocó vivir la censura en todo lo que escribí hasta los 28 o 30 años, la edad que tenía cuando yo murió Franco”.
    Para Chus Visor, editor de Visor Libros, “los cortes que se le hicieron a la mayoría de los libros que pasaban por la censura franquista fueron poco importantes para su publicación. De lo contrario, los autores se hubieran negado a publicar. Lo que solía hacerse era cambiar algunas palabras por eufemismos. Y eso te jodía, como autor o editor, pero eras consciente del contexto en el que vivías y podías soportarlo”. Joan Tarrida, director editorial de Galaxia Gutenberg, que en alianza con Círculo de Lectores ha publicado las obras completas de Paz en España, opina que “el hecho de que ahora se conozcan estos informes no aporta gran cosa a la vida y obra del Nobel. Pero sí a la historia cultural de España. Porque demuestra cómo se trataba a los escritores durante la dictadura”.

    domingo, 19 de octubre de 2014

    PRENSA CULTURAL. "Octavio Paz, el poeta y pensador de la libertad"

       En "El País":

    Octavio Paz, el poeta y pensador de la libertad

    Vargas Llosa, Felipe González, Savater, Edwards y Krauze recuerdan al escritor en su centenario

    Archivado en:



    Homenaje a Octavio Paz con la presencia de Rafael Tovar, Enrique Krauze, Mario Vargas Llosa, Felipe González, Jorge Edwards y Fermando Savater. / LUIS SEVILLANO
    Detrás del nombre de Octavio Paz está la poesía. Delante, sus poesías, sus críticas, sus pasiones, sus pensamientos, sus ideas de libertad y democracia, sus reflexiones sobre el pasado y sus efectos en el presente y el futuro. Su mirada oscilante sobre el tiempo poblado de seres como él, personas, simplemente personas organizadas en sociedad para vivir y avanzar. Y más adelante las palabras sobre él, como las pronunciadas ayer por escritores como Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards, filósofos y escritores como Fernando Savater, ensayistas como Enrique Krauze y políticos como Felipe González.
    Cinco referentes de la cultura y la política contemporánea en español reunidos para homenajear al escritor mexicano en el centenario de su nacimiento (31 de marzo de 1914-19 de abril de 1998). Lo hicieron en el coloquio Siglo XXI, la experiencia de la libertad. Homenaje a Octavio Paz, celebrado en Casa de América, de Madrid, y organizado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Conaculta, la Embajada en España y otras organizaciones mexicanas.
    La huella que ha dejado en nuestro tiempo, coincidieron todos, es la difusión y la defensa de la cultura y la libertad, así como su malestar por los totalitarismos. “Fue un pensador rebelde al estereotipo que cuestionó toda forma de conformismo”, aseguró Vargas Llosa. El Nobel peruano y Krauze hicieron énfasis en que Paz se adelantó a su tiempo. Supo ver lo que ocurriría con el poscomunismo, mientras su dirección de revistas como Plural y Vuelta llevaron una bocanada de ideas y necesidades de democracia. “Trascendía su momento y sus ideas son de rabiosa actualidad. Un hombre progresista”, añadió González.
    Agradecieron y reflexionaron sobre su figura personal, artística, intelectual y de la manera en que les influyó. De su paso por España. De su claridad al escribir y expresar de manera sencilla lo difícil, que era, según Savater, “su gran cortesía”. Eso le permitió ejercer una labor de pedagogía de convencer a la gente de que tenía que pensar. Un dinamizador cultural, “como un remolino que no deja estancar el agua de la cultura”.

    “Sus ideas son de rabiosa actualidad”, asegura el expresidente
    Hablaron del Octavio Paz, ahijado de Voltaire, e hijo de familia española, por el lado materno, y de indígenas mexicanos, por el lado paterno, que obtuvo el Nobel de Literatura en 1990. Y del gran lector. Y del traductor. Hombre para quien todo estaba tocado de poesía y todas las artes conectadas por hilos poéticos. “Siempre me ha interesado y, más, me ha apasionado, la experimentación y la exploración de formas y territorios poéticos poco conocidos, nuevos”, dijo en una conferencia en 1975.
    Paz, asomado, abismado, como el primer día en varios temas que reflejó en ensayos de diversa índole: arte, política, antropología, literatura, historia, poder-autoridad y, claro, México y los mexicanos. De México y sus raíces y semillas están esparcidos muchos de sus versos y análisis comentados en Casa de América. El joven Octavio Paz que empezó con 19 años, en 1933, con el poemario Luna silvestre y terminó, en 1995, convertido en figura tutelar con el ensayo Vislumbre de la India. Y entre esa Luna y esa India, obras como A la orilla del mundo, Libertad bajo palabra... Y ensayos: El laberinto de la soledad, El arco y la lira, El ogro filantrópico, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe...

    “Su gran cortesía” era que contaba de manera sencilla lo difícil, dice Savater
    Un Octavio Paz también autocrítico con la cultura y la sociedad: “Una de las heterodoxias del mundo moderno, desde hace dos siglos, ha sido la poesía. La poesía y el arte sucesivamente expulsados y, después, hipócritamente consagrados por los poderes sociales. Otra de las transgresiones de las sociedades modernas ha sido el amor. Ambos, amor y poesía son experiencias no productivas, son antiproductivas, y han sido y son negaciones del mundo moderno”.
    Mito y leyenda en vida, Paz fue un feliz aprendiz entre mortales. Como su poema La calle, donde recrea su curiosidad, su búsqueda y estar en el mundo: “Es una calle larga y silenciosa. / Ando en tinieblas y tropiezo y caigo / y me levanto y piso con pies ciegos / las piedras mudas y las hojas secas / y alguien detrás de mí también las pisa: / si me detengo, se detiene; / si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie. / todo está obscuro y sin salida, / y doy vueltas y vueltas en esquinas / que dan siempre a la calle/ donde nadie me espera ni me sigue, / donde yo sigo a un hombre que tropieza / y se levanta y dice al verme: nadie”.

    viernes, 4 de abril de 2014

    POESÍA. "El desconocido". Octavio Paz (1914-1998)

    Octavio Paz

    El desconocido
    La noche nace en espejos de luto. 
    Sombríos ramos húmedos 
    ciñen su pecho y su cintura, 
    su cuerpo azul, infinito y tangible. 
    No la puebla el silencio: rumores silenciosos, 
    peces fantasmas, se deslizan, fosforecen, huyen. 
    La noche es verde, vasta y silenciosa. 
    La noche es morada y azul. 
    Es de fuego y es de agua. 
    La noche es de mármol negro y de humo. 
    En sus hombros nace un río que se curva, 
    una silenciosa cascada de plumas negras. 

    La noche es un beso infinito de las tinieblas infinitas. 
    Todo se funde en ese beso, 
    todo arde en esos labios sin límites, 
    y el nombre y la memoria 
    son un poco de ceniza y olvido 
    en esa entraña que sueña. 

    Noche, dulce fiera, 
    boca de sueño, ojos de llama fija y ávida, 
    océano, 
    extensión infinita y limitada como un cuerpo acariciado a oscuras, 
    indefensa y voraz como el amor, 
    detenida al borde del alba como un venado a la orilla del susurro o del miedo, 
    río de terciopelo y ceguera, 
    respiración dormida de un corazón inmenso, que perdona: 
    el desdichado, el hueco, 
    el que lleva por máscara su rostro, 
    cruza tus soledades, a solas con su alma. 

    Tu silencio lo llama, 
    rozan su piel tus alas negras, 
    donde late el olvido sin fronteras, 
    mas él cierra los poros de su alma 
    al infinito que lo tienta, 
    ensimismado en su árida pelea. 

    Nadie lo sigue, nadie lo acompaña. 
    En su boca elocuente la mentira se anida, 
    su corazón está poblado de fantasmas 
    y el vacío hace desiertos los latidos de su pecho. 
    Dos perros amarillos, hastío y avidez, disputan en su alma. 
    Su pensamiento recorre siempre las mismas salas deshabitadas, 
    sin encontrar jamás la forma que agote su impaciencia, 
    el muro del perdón o de la muerte. 
    Pero su corazón aún abre las alas 
    como un águila roja en el desierto. 

    Suenan las flautas de la noche. 
    El mundo duerme y canta. 
    Canta dormido el mar; 
    ojo que tiembla absorto, 
    el cielo es un espejo donde el mundo se contempla, 
    lecho de transparencia para su desnudez. 

    Él marcha solo, infatigable, 
    encarcelado en su infinito, 
    como un solitario pensamiento, 
    como un fantasma que buscara un cuerpo.

    jueves, 3 de abril de 2014

    POESÍA. "Aquí". Octavio Paz (1914-1998)


        Octavio Paz

                  Aquí

            Mis pasos en esta calle
            Resuenan
            En otra calle
            Donde
            Oigo mis pasos
            Pasar en esta calle
            Donde
            Sólo es real la niebla.

    miércoles, 2 de abril de 2014

    POESÍA. "Pequeño monumento". Octavio Paz (1914-1998)

    Octavio Paz

    Pequeño monumento
    Fluye el tiempo inmortal y en su latido
    Sólo palpita estéril insistencia,
    Sorda avidez de nada, indiferencia,
    Pulso de arena, azogue sin sentido.

    Resuelto al fin en fechas lo vivido
    Veo, ya edad, el sueño y la inocencia,
    Puñado de aridez en mi conciencia,
    Sílabas que disperso sin ruido.

    Vuelvo el rostro: no soy sino la estela
    De mí mismo, la ausencia que deserto,
    El eco del silencio de mi grito.

    Mirada que al mirarse se congela,
    Haz de reflejos, simulacro incierto:
    Al penetrar en mí me deshabito.

    martes, 1 de abril de 2014

    POESÍA. "Olvido". Octavio Paz (1914-1998)

    Octavio Paz
      Olvido
      Cierra los ojos y a oscuras piérdete
      Bajo el follaje rojo de tus párpados.
      Húndete en esas espirales
      Del sonido que zumba y cae
      Y suena allí, remoto,
      Hacia el sitio del tímpano,
      Como una catarata ensordecida.

      Hunde tu ser a oscuras,
      Anégate la piel,
      Y más, en tus entrañas;
      Que te deslumbre y ciegue
      El hueso, lívida centella,
      Y entre simas y golfos de tiniebla
      Abra su azul penacho al fuego fatuo.

      En esa sombra líquida del sueño
      Moja tu desnudez;
      Abandona tu forma, espuma
      Que no sabe quién dejó en la orilla;
      Piérdete en ti, infinita,
      En tu infinito ser,
      Ser que se pierde en otro mar:
      Olvídate y olvídame.

      En ese olvido sin edad ni fondo,
      Labios, besos, amor, todo renace:
      Las estrellas son hijas de la noche.

    lunes, 31 de marzo de 2014

    POESÍA. "Epitafio para un poeta". Octavio Paz (1914-1998)

    Octavio Paz

    Epitafio para un poeta

    Quiso cantar, cantar 
    para olvidar 
    su vida verdadera de mentiras 
    y recordar 
    su mentirosa vida de verdades.

    PRENSA CULTURAL. Sobre Octavio Paz: "La poesía: profesión de fe". Clara Janés

       En "El País":

    La poesía: profesión de fe

    El ritmo es el esqueleto, pero es la plástica del poema lo que más llama la atención en su obra


    El escritor Octavio Paz durante su época de París. / ANTONIO GÁLVEZ
    “Altos muros del agua, torres altas, / aguas de pronto negras contra nada, /impenetrables, verdes, grises aguas, / aguas de pronto blancas, deslumbradas”. Muchos son los versos de Octavio Paz con una estructura análoga a la de estos. Y si seguimos leyendo el poema, en la tercera estrofa encontramos: “El resonante tigre de las aguas, / las uñas resonantes de cien tigres, / las cien manos del agua, los cien tigres / con una sola mano contra nada”. Este modo, que además de no temer la rima asonante incorpora la repetición de palabras con distintas ubicaciones y pesos, responde en primer lugar la inteligencia y el dominio de quien esto escribe. Octavio Paz, es sabido, aparece como uno de esos manantiales de luz del intelecto que ilumina todas las parcelas del acervo humano. En su poesía hace lo propio a través del mismo hecho poético. Y este se presenta, dice él, en el ritmo, la música, la metáfora, la analogía, la combinatoria... El ritmo es el esqueleto, pero es la plástica del poema lo que más llama la atención en su obra. Las palabras nos dicen algo que está más cerca de nosotros que su sentido, actúan como los colores en un cuadro.
    En estas estrofas, de coger un pincel y pintar azul el “agua”, blanca la “nada” y rojo el “tigre”, tendríamos en la primera cuatro manchas azules y una blanca, y en la segunda, tres manchas rojas, dos azules y una blanca. Se diría una obra de Miró, pero también se trata de un trayecto. En la primera hallamos “muros”, “torres” e “impenetrables”, puros obstáculos, y por otro lado “aguas”, “verdes” y “deslumbradas”, que invitan a un fluir. El conjunto entero del poema se presenta como un ámbito cerrado y seductor, un laberinto visual en el que todo se resuelve en la misma contraposición de sus elementos. La maestría de Octavio Paz es esta: atraparnos liberándonos a la vez con su particular modo de empleo de los materiales.
    ¿Se trata de una cuestión externa? Él mismo nos contesta: “La forma que se ajusta al movimiento / no es prisión, sino piel del pensamiento”.
    Hay que adivinar, pues, el pensamiento a través del aspecto y no a través del contenido de la palabra. ¿Cuál es el propósito final? Paz no diría nunca como Cirlot: “Poesía es lo que el mundo no es y no me da”. Tan culto y conocedor del mundo surrealista o esotérico como este, se halla, en cambio, en la posición contraria: será el poeta el que tome del mundo lo que quiera y lo someta a metamorfosis. Gran ensayista y pensador, el mexicano afirma: “Un poema no solo es un objeto verbal, sino que es una profesión de fe”. De hecho es el cuerpo del poema al que él da vida como “artista”, el objeto de su fe, por ello es hasta tal punto completo su logro. Y en el poema se halla el mundo entero.

    El ritmo es el esqueleto, pero su plástica es lo que llama la atención
    Si Mallarmé, así lo destaca Paz, veía “la poesía como máscara de la nada”, para él sería más bien "máscara de todo". Con sus libros, llámense Libertad bajo palabra, Árbol adentro, Ladera Este, Blanco o Salamandra nos sitúa ante todas las culturas de todas las épocas, desde las autóctonas mexicanas a las del Japón y de la India o a las vanguardias europeas de la primera mitad del siglo XX, sin evadir siquiera el hilo de sus propios pasos (Pasado en claro) y siempre con esa luz que es proyección del pensamiento sobre el poema de modo que atrae, de inmediato, a los ojos. Él es plenamente consciente de ello pues afirma: “La poesía / como la verdad, se ve”, y también: “La crítica del objeto prepara la resurrección de la obra de arte no como cosa que se posee, sino como presencia que se contempla”.

    viernes, 28 de marzo de 2014

    POESÍA. "El pájaro". Octavio Paz (1914-1998)

    Octavio Paz

    El pájaro

    Un silencio de aire, luz y cielo. 
    En el silencio transparente 
    el día reposaba: 
    la transparencia del espacio 
    era la transparencia del silencio. 
    La inmóvil luz del cielo sosegaba 
    el crecimiento de las yerbas. 
    Los bichos de la tierra, entre las piedras, 
    bajo la luz idéntica, eran piedras. 
    El tiempo en el minuto se saciaba. 
    En la quietud absorta 
    se consumaba el mediodía. 

    Y un pájaro cantó, delgada flecha. 
    Pecho de plata herido vibró el cielo, 
    se movieron las hojas, 
    las yerbas despertaron... 
    Y sentí que la muerte era una flecha 
    que no se sabe quién dispara 
    y en un abrir los ojos nos morimos.

    jueves, 27 de marzo de 2014

    POESÍA. "La rama". Octavio Paz (1914-1998)

    Octavio Paz

         La rama
      Canta en la punta del pino
      Un pájaro detenido,
      Trémulo, sobre su trino.


      Se yergue, flecha, en la rama,
      Se desvanece entre alas
      Y en música se derrama.


      El pájaro es una astilla
      Que canta y se quema viva
      En una nota amarilla.


      Alzo los ojos: no hay nada.
      Silencio sobre la rama,
      Sobre la rama quebrada.

    miércoles, 26 de marzo de 2014

    POESÍA. "Conversar". Octavio Paz (1914-1998)

    Octavio Paz

    Conversar

    En un poema leo:
    Conversar es divino.
    Pero los dioses no hablan:
    Hacen, deshacen mundos
    Mientras los hombres hablan.
    Los dioses, sin palabras,
    Juegan juegos terribles.

    El espíritu baja
    Y desata las lenguas
    Pero no habla palabras:
    Habla lumbre. El lenguaje,
    Por el dios encendido,
    Es una profecía
    De llamas y una torre
    De humo y un desplome
    De sílabas quemadas:
    Ceniza sin sentido.

    La palabra del hombre
    Es hija de la muerte.
    Hablamos porque somos
    Mortales: las palabras
    No son signos, son años.
    Al decir lo que dicen
    Los nombres que decimos
    Dicen tiempo: nos dicen.
    Somos nombres del tiempo.
    Conversar es humano.

    PRENSA CULTURAL. "Octavio Paz, en diez fragmentos"

       En "El País":

    Octavio Paz, en diez fragmentos

    La poesía y la revolución, la vida errante, las viejas marcas, la libertad ajena, el poder sin rostro... Un recorrido por la peripecia vital y literaria del escritor


    Octavio Paz, retratado en Madrid. / GORKA LEJARCEGI
    La leyenda. Hay un momento en que Octavio Paz se convierte en leyenda, en mito. Si hubiera sido militar, le hubieran levantado una estatua ecuestre para que levantara la espada apuntando más allá del horizonte. Roberto Bolaño lo incorporó en un fragmento de Los detectives salvajes para hacerlo encontrarse con Ulises Lima, uno de los personajes centrales de la novela. Toma la palabra en el libro Clara Cabeza, que cuenta que fue secretaria de Octavio Paz, y explica: “No saben ustedes el titipuchal de cartas que recibía don Octavio y lo difícil que era clasificarlas. Como ya se imaginarán, le escribían de los cuatro puntos cardinales y gente de toda clase, desde otros premios Nobel como él hasta jóvenes poetas ingleses o italianos o franceses”. Es el retrato de una celebridad que supuestamente podría estar más allá del bien y del mal.
    La poesía y la revolución. El escritor mexicano que ganó en 1990 el Premio Nobel fue devorado por algunas pasiones que irían marcando los derroteros de su vida. “La política no era nuestra única pasión”, recordaba de su época juvenil en Itinerario.“Tanto o más nos atraían la literatura, las artes y la filosofía. Para mí y para unos pocos entre mis amigos, la poesía se convirtió, ya que no en una religión pública, en un culto esotérico oscilante entre las catacumbas y el sótano de los conspiradores.Yo no encontraba oposición entre la poesía y la revolución: las dos eran facetas del mismo movimiento, dos alas de la misma pasión”.

    Yo no encontraba oposición entre la poesía y la revolución: las dos eran facetas del mismo movimiento, dos alas de la misma pasión”
    España. “Madrid, 1937, / en la Plaza del Ángel las mujeres / cosían y cantaban con sus hijos, / después sonó la alarma y hubo gritos, / casas arrodilladas en el polvo, / torres hendidas, frentes escupidas / y el huracán de los motores, fijo: (…)”. Octavio Paz se fue de casa y abandonó los estudios universitarios en 1936. Trabajó en una escuela de educación secundaria para hijos de trabajadores hasta que lo contrataron para que trabajara, también como profesor, en Yucatán (Mérida). Un año después lo invitaron al Congreso Internacional de Escritores Antifascistas en Valencia, durante la Guerra Civil. Quiso alistarse en el ejército como comisario político para defender la República, pero lo rechazaron: no tenía el aval de ningún partido político..
    Los datos. Nació en la Ciudad de México el 31 de marzo de 1914. Su madre era española; su familia paterna, en cambio, liberal e indigenista. Su abuelo escribió novelas históricas, su padre participó activamente en la revolución mexicana. De niño vivió una temporada en Estados Unidos, donde volvería muchas veces a lo largo de su vida, y tuvo una educación sofisticada. Estudió Derecho y Filosofía y Letras, y empezó trabajando en las misiones educativas del general (y presidente) Lázaro Cárdenas. Entre 1943 y 1945 vivió en Nueva York y San Francisco, luego se instaló en París como diplomático, en 1952 viajó por India y Japón. Vuelta a México en 1953. Entre 1962 y 1968 fue embajador de México en la India. Dio clases en universidades estadounidenses, fundó revistas de la relevancia de Plural y Vuelta, se casó dos veces, con Elena Garro en 1937, con la que tuvo su única hija, y en 1969 con la escultora francesa Marie-Jó Trianin. Escribió y escribió, ensayos y poesía. Obtuvo el premio Cervantes en 1981 y el Nobel de Literatura en 1990. De Ladera Este, uno de sus grandes poemas, son estos versos: “Yo escribo a la luz de una lámpara / Los absolutos las eternidades / Y sus aledaños / No son mi tema / Tengo hambre de vida y también de morir / Sé lo que creo y lo escribo”.
    Vida errante. En una carta de 1982, Octavio Paz le contaba a Pere Gimferrer de su vida desordenada en Nueva York y San Francisco entre 1943 y 1945: “Viví durante meses en el vestiaire de un club de unas señoras viejas en el sótano de un hotel de San Francisco. Más tarde, en Nueva York, tuve empleos pintorescos, como el doblaje de películas, y quise alistarme en la marina mercante. Por fortuna me rechazaron y así me salve de un torpedo alemán y de un naufragio. Sin embargo, fui terriblemente feliz. La libertad recién conquistada fue una suerte de embriaguez”.

    El mexicano se sitúa ante su realidad como todos los hombres modernos: a solas”
    Viejas marcas. México fue seguramente una de sus preocupaciones centrales: su política, su historia, su cultura. En 1950 publicó El laberinto de la soledad. “En un sentido estricto, el mundo moderno no tiene ya ideas”, escribió allí. “Por tal razón, el mexicano se sitúa ante su realidad como todos los hombres modernos: a solas”. Quiso pensar en los avatares de la revolución mexicana y en las raíces plurales de su país. Luego contó en una entrevista de 1975 que un poeta le había dicho que “había escrito una elegante mentada de madre contra los mexicanos”.

    Nada es más difícil que reconocer la libertad de los otros, sobre todo la de una persona que se ama y se desea”
    El poder sin rostro. La gran obsesión de Paz fue pensar las grandes derivas autoritarias del pasado siglo, los totalitarismos, y el papel que juegan las burocracias a la hora de ejercer un poder técnico que termina desvirtuando los desafíos propiamente políticos. “El Estado –no el proletariado ni la burguesía– ha sido y es el personaje de nuestro siglo. Su realidad es enorme. Lo es tanto que parece irreal: está en todas partes y no tiene rostro. No sabemos qué es ni quién es”, apuntó a la hora de explicar el propósito de unos de sus libros más célebres: El ogro filantrópico.
    La libertad ajena. Paz escribió ensayos de literatura, antropología, historia, política, arte, ciencia. Podía ocuparse de Fernando Pessoa y de Sor Ángela de la Cruz, a quien dedicó uno de sus ensayos más largos y elaborados. Se sumergió en la cultura de la India y en la de los indios americanos. Fue un gran erudito, pero supo también provocar y criticar cualquier fórmula consagrada. Escribió en los periódicos pegado a la actualidad y hurgó en las viejas contradicciones que siguen tocando a hombres y mujeres. Podía escribir de Cernuda, en Cuadrivio, pero estaba hablando del amor: “El amor es la revelación de la libertad ajena y nada es más difícil que reconocer la libertad de los otros, sobre todo la de una persona que se ama y se desea. Y en esto radica la contradicción del amor: el deseo aspira a consumarse mediante la destrucción del objeto deseado; el amor descubre que ese objeto es indestructible…”.
    El gesto. “En la rebelión juvenil me exalta, más que la generosa pero nebulosa política, la reaparición de la pasión como una realidad magnética”, escribió Octavio Paz en Conjunciones y disyunciones, a propósito del estallido del mayo francés de 1968, y de sus distintas proyecciones en México o Estados Unidos. “La tradición de estos jóvenes es más poética y religiosa que filosófica y política; como el romanticismo, con el que tiene más de una analogía, su rebelión no es tanto una disidencia intelectual, una heterodoxia, como una herejía pasional, vital, libertaria”. Cuando el Gobierno de Díaz Ordaz autorizó la brutal represión que se tradujo en la matanza de la plaza de las Tres Culturas en el Distrito Federal, Octavio Paz renunció a su puesto de embajador en la India.
    Contra el futuro. Paz fue un poeta que se formó en el corazón de las turbulencias de las vanguardias y que luego reflexionó con frecuencia en la tradición de la ruptura. Decir no a lo que se ha heredado para proyectarse a un futuro nuevo y esplendoroso. “La concepción de la historia como un proceso lineal progresivo se ha revelado inconsistente”, escribió en Los hijos del limo. Y también: “la negación ha dejado de ser creadora. No digo que vivimos el fin de arte: vivimos el fin de la idea de arte moderno”. En Posdata apuntaba: “”El valor supremo no es el futuro sino el presente; el futuro es un tiempo falaz que siempre nos dice ‘todavía no es la hora’ y que así nos niega. El futuro no es el tiempo del amor: lo que el hombre quiere de verdad, lo quiere ahora. Aquel que construye la casa de la felicidad futura edifica la cárcel del presente”.