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lunes, 4 de mayo de 2015

PRENSA. "Boko Haram degolló a mi padre delante de mí"

   En "El País":

“Boko Haram degolló a mi padre delante de mí”

El joven Usman relata su evasión del grupo terrorista que arrasa aldeas y mata y tortura

 Yola (Nigeria) 2 MAY 2015  

  • Un soldado con mujeres y niños liberados de Boko Haram. / REUTERS

    “Lo primero que oímos fueron los disparos, y supimos que eran ellos. Salimos corriendo hacia un monte cercano llamado Wanu, pero nos rodearon”. Usman, nigeriano de 22 años, es alto y delgado. Viste pantalón vaquero y una camiseta que un día fue verde. Trenza despacio su relato, en un inglés que domina poco. En septiembre, Boko Haram entró en su pueblo, Gulak, y fue capturado junto a su padre y tres hermanos. Sólo él sobrevivió. Tras una rocambolesca huida por las montañas, llegó a la ciudad de Yola, donde pasa los días con una familia de acogida. Aún está aterrorizado.
    Los hombres del pueblo fueron llevados, maniatados, a la casa del jefe local. “Reconocí a algunos de ellos, eran del pueblo. A nosotros nos golpeaban con los fusiles mientras caminábamos, pero a Ishadu lo mataron sólo porque era profesor del colegio. Le dispararon en la cabeza”, relata Usman. Entonces les conminaron a unirse a Boko Haram. “Cuatro aceptaron, pero la mayoría nos negamos. Trajeron sacos llenos de dinero y nos dijeron que eran para nosotros si nos alistábamos, pero nos seguimos negando. En ese momento empezaron a matar”. Aquella tarde degollaron a unos 20 delante del resto. “Tras cortarles la cabeza se la ponían sobre la espalda. Así vi morir a mi padre. Les rogamos que nos pegaran un tiro, pero se negaron”.

    1,5 millones de nigerianos han huido de sus casas ante el avance yihadista
    Con la llegada de la noche, Usman y el resto de supervivientes de la matanza, unos 50 jóvenes, fueron encerrados en distintas habitaciones con las manos y pies atados y con los ojos vendados. “Nos dijeron que teníamos toda la noche para pensarlo”. Al día siguiente comenzaron de nuevo las ejecuciones. “Nos quitaron toda la ropa, pero entonces oímos venir el avión”. Era la aviación nigeriana bombardeando. Todos salieron corriendo hacia los campos de arroz y, aprovechando el desconcierto, Usman y otros siete lograron escapar a las montañas. “Recuerdo que Waziri, que se había unido a Boko Haram, disparó en una pierna a su propia hermana pequeña mientras ésta corría”.

    Durante dos semanas estuvo escondido en el monte. Le mordió una serpiente y un curandero local le dio una infusión de hierbas que le hizo vomitar. “Éramos muchos, decenas. Dormíamos al raso o en cabañas de animales, pero nos iban siguiendo. En Zhu nos alcanzaron y nos volvieron a disparar”, recuerda. Finalmente, logró llegar a Mubi, donde fue ingresado en el hospital. Ni aquí pudo descansar. Dos días más tarde también esta ciudad fue ocupada por Boko Haram. “Me escapé de nuevo a una montaña llamada Maiha y de allí me trajeron en moto hasta Yola, dos días de camino”. Sabe que su madre está viva en Jos, en el Estado de Plateau, pero que su granja está destrozada. “Me han dicho que esa gente ya no está en Gulak, pero no tengo dinero para volver ni sé muy bien qué hacer allí”, afirma.
    Yola, capital del Estado de Adamawa, es una de esas ciudades que le han germinado al Sahel. Al lado de un río, cruce de caminos para el comercio, una larga carretera asfaltada y muchas calles de arena. El calor es tremendo. “Mucha gente se ha ido. A Abuya [capital de Nigeria], a Camerún, a donde sea, más al sur”, asegura Zari, vendedor de teléfonos móviles. “No es fácil vivir con esos locos casi tocando a tu puerta”. En la carretera que conduce a Maiduguri los controles militares se suceden. La alerta es permanente. A unos 10 kilómetros se encuentra el campo de desplazados de Girei, un colegio reconvertido en asentamiento para quienes han huido del horror. En total, 776 personas, la mayoría mujeres y niños. Baba Haruna, de 57 años, escapó de Gwoza hacia Camerún con su esposa y sus cinco hijos, pero no les permitieron quedarse. Así que vino hasta Yola. “Este es el momento de preparar la tierra para cultivar, pero no podemos volver. Este año no habrá cosecha”, asegura.
    Es como la vida en suspenso. Los hombres se sientan todo el día a la sombra de los muros de las aulas, hoy convertidas en improvisados dormitorios se duerme sobre colchones en el suelo. Las mujeres lavan la ropa, cocinan en grandes calderos, se encargan de los más pequeños. Hay decenas de niños. Por todas partes. En tiendas de campaña reciben dos horas de clase al día en un intento de recuperar cierta normalidad, de que al menos sigan estudiando, aprendiendo inglés y matemáticas, justo lo que “esa gente” ha querido robarles, el derecho a soñar un futuro mejor.

    La secta islamista ofrece mucho dinero a cambio de unirse a sus filas
    Según Unicef, 1,5 millones de personas han abandonado sus casas, de los que 1,2 millones son desplazados internos. Algunos no pueden aguantar más la espera e intentan regresar, aunque lo están haciendo de manera improvisada y desorganizada. “Cada uno traía lo suyo. Malaria, diarrea, infecciones, malnutrición. Ahora están mejor”, dice la enfermera Aishatu Jinayi. Ha habido hasta partos, 32 en el campo de Girei II. “Tanto bebé nos hace pensar que Dios está haciendo su trabajo para reemplazar a los que han muerto en esta locura absurda”, añade.

    700 mujeres liberadas en una semana

    Las Fuerzas Armadas de Nigeria anuncian a bombo y platillo cada victoria contra Boko Haram, como la reciente liberación esta semana de alrededor de 700 mujeres y menores secuestrados por el grupo terrorista en el bosque de Sambisa.
    Sin embargo, muchos nigerianos mantienen su desconfianza hacia un Ejército que hasta hace solo tres meses no hacía más que huir ante el avance de los yihadistas. “¿Victorias?”, se pregunta John Ngamsa, profesor de Comunicación Social y Lingüística en la Universidad Moddibo Adama de Yola, “será una victoria cuando el supuesto territorio recuperado esté bajo control y haya ley y orden en ese lugar”, asegura.
    El Ejército de Nigeria, en colaboración con Chad, Níger y Camerún, ha logrado expulsar a Boko Haram de unas 60 localidades que habían sido ocupadas por los terroristas. Sin embargo, la población aún no ha podido regresar porque los insurgentes siguen en las zonas deshabitadas de los alrededores. Hace unos días, por ejemplo, penetraron en los pueblos de Mafa y Marte, en el Estado de Borno, provocando decenas de muertos. Otra zona donde Boko Haram ha logrado hacerse fuerte es en las proximidades del Lago Chad.
    Hace una semana, cientos de terroristas atacaron la isla nigerina de Karamga, asesinando al menos a 74 soldados y civiles, según el Gobierno del país vecino, que ha revelado que 156 de los atacantes también murieron en los combates. “Estamos hablando de un vasto territorio que sigue fuera de control. Aún están ahí, agazapados, golpeando hoy en un lugar y mañana en otro”, añade Ngamsa.

    jueves, 16 de abril de 2015

    PRENSA. "La infancia, víctima de Boko Haram"

       En "El País":

    La infancia, víctima de Boko Haram

    800.000 niños se han visto obligados a huir de Nigeria por la creciente violencia

    Unicef advierte del impacto "devastador" del conflicto sobre los más pequeños y lanza el hashtag #bringbackourchildhood (devuélvenos la infancia)

     Madrid 13 ABR 2015  
  • Aisha, de 13 años, vive en un campo de refugiados desde que miembros de Boko Haram atacaron su ciudad, mataron su padre y secuestraran a su madre.
    Aisha, de 13 años, vive en un campo de refugiados desde que miembros de Boko Haram atacaron su ciudad, mataron su padre y secuestraran a su madre. / ESIEBO (UNICEF)

    Nada se sabe de las más de 200 alumnas secuestradas en Chibok (Nigeria) por Boko Haram hace justo un año. Se teme lo peor, pues la ONU sospecha que muchas de ellas podrían haber sido asesinadas. Su ausencia se ha convertido en símbolo de las más 2.000 mujeres de todas las edades que, según estimaciones del organismo internacional, han sido raptadas por el grupo terrorista en los últimos años. Su historia es el ejemplo del sufrimiento de la infancia en esta guerra entre los islamistas radicales, las fuerzas militares y los grupos de autodefensa civil en el noreste del país africano. Alrededor de 800.000 niños se han visto obligados a huir de la violencia a Chad, Níger y Camerún. Así lo revela el informe Missing Childhoods (Infancias perdidas) publicado por Unicef.
    “El secuestro de más de 200 niñas en Chibok es solo una de las tragedias sin fin que se repiten en una escala épica a lo largo de Nigeria y de la región”, dice Manuel Fontaine, director regional de Unicef para África Occidental y Central, en un comunicado publicado por la organización. “Decenas de niños y niñas han desaparecido en Nigeria secuestrados, reclutados por los grupos armados, atacados, utilizados como arma de guerra, u obligados a huir de la violencia. Estos niños tienen derecho a que se les devuelva su infancia”, añade.
    Para amplificar la alerta sobre el "impacto devastador" que supone el conflicto para los niños de la región, el organismo lanza su mensaje y advertencia con una campaña en redes sociales usando el hashtag#bringbackourchildhood (devuélvannos la infancia). El lema hace referencia al #Bringbackourgirls que hace un año inundó Twitter después de que personajes famosos, incluso la primera dama estadounidense Michele Obama, lo usaran para exigir la liberación de las estudiantes retenidas. El objetivo hoy es muy distinto: solicitar más ayuda internacional para dar respuesta a la crisis humanitaria. También se invita a la gente a que comparta lo que echarían más de menos si les obligaran a abandonar sus casas utilizando el mencionado #bringbackourchildhood.

    Los niños están siendo utilizados en las filas de Boko Haram como combatientes, cocineros, porteadores y vigías, según el informe de Unicef
    La huida, sus causas y lo que dejan atrás es precisamente lo que les pidieron que dibujaran a los pequeños nigerianos asistidos en los campos de refugiados. Las escenas de las ilustraciones, que la organización ha compartido como parte de la campaña, están plagadas de disparos, decapitaciones, familiares desaparecidos y hogares destruidos. Añoran a sus padres, poder ir al hospital cuando caen enfermos o acudir a la escuela. Echan de menos los lápices, un pescado, a un amigo.
    Y eso los que han conseguido escapar. Missing Childhoods describe cómo el conflicto es una carga cada vez más pesada para los niños de Nigeria y de toda la región. Según el documento, los menores están siendo utilizados en las filas de Boko Haram como combatientes, cocineros, porteadores y vigías. Las mujeres jóvenes y las niñas están siendo sometidas a matrimonios forzados, a trabajos en condiciones de esclavitud y son víctimas de violaciones. Y los estudiantes y maestros se han convertido de forma deliberada en objetivos de la violencia: más de 300 escuelas han sufrido daños o han sido destruidas y al menos 196 profesores y 314 alumnos habían muerto hasta finales de 2014.

    Dibujo de Mamoudou, refugiado nigeriano atendido por Unicef en un campo en Camerún.
    Dibujo de Mamoudou, refugiado nigeriano atendido por Unicef en un campo en Camerún.
    Esta realidad que revela el informe ha obligado a Unicef a intensificar su respuesta sobre el terreno en Chad, Níger y Camerún, países a los que han llegado miles de familias nigerianas huyendo de la violencia. La organización afirma que en los últimos seis meses ha tenido que atender y dar apoyo psicosocial a más de 60.000 pequeños refugiados."Para ayudar a aliviar el dolor que les producen los recuerdos, reducir el estrés y hacer frente a la angustia emocional", explica en una nota.
    Pero hay déficit de financiación para continuar esta labor. Por eso, Unicef insta a los donantes internacionales a incrementar su apoyo económico a las actividades de socorro en Nigeria y los países vecinos. La Agencia de la ONU para la Infancia asegura que ha recibido solo el 15% de los 26,5 millones de dólares necesarios para asistir a las víctimas en Nigeria en 2015, y menos del 17% del llamamiento general de fondos para Camerún, el 2% para Níger y el 1% en el caso de Chad.

    martes, 27 de enero de 2015

    PRENSA. "Dos mundos". Leila Guerriero

    Leila Guerriero

       En "El País":

    Dos mundos

    Boko Haram está haciendo uso de niñas y mujeres en sus atentados debido a que elevan “la conmoción de la comunidad internacional”

    “La secta radical Boko Haram no da descanso en su campaña de violencia indiscriminada en Suecia. Ayer, una carga explosiva que llevaba una niña sueca de 10 años explotó a la entrada de un supermercado en Estocolmo, la capital y uno de los enclaves fundamentales en la agenda de esta milicia terrorista. Al menos 19 personas perdieron la vida y otra veintena resultaron heridas. La milicia, que ansía la instauración en el país de una suerte de califato donde rija la sharía (ley islámica) con puño de hierro, extendió su arremetida contra otras localidades de los alrededores. Según la información, a pesar de que las fuerzas de seguridad no han sido capaces de cerrar un balance final de víctimas, los ciudadanos suecos muertos podrían rondar los 2.000 en estos siete días”. Todo eso es mentira. A medias. Porque allí donde dice “Suecia”, debe leerse “Nigeria”; donde dice “supermercado de Estocolmo”, debe leerse “un mercado de Maiduguri, capital del Estado de Borno”; donde dice “ciudadanos suecos” debe leerse “ciudadanos nigerianos”, y así. La noticia real de esta niña-bomba, que estalló realmente en un mercado de Nigeria matando a 19 personas reales, fue publicada por este diario el domingo 11 de enero, el mismo día en que cuatro millones de personas, bajo la atenta mirada del mundo, marchaban en Francia para recordar —muy necesariamente— a las víctimas de la revista Charlie Hebdo. La noticia ocupaba dos columnas y recogía la opinión del analista camerunés Martin Ewi, que decía que Boko Haram está haciendo uso de niñas y mujeres en sus atentados debido a que elevan “la conmoción de la comunidad internacional”. Pero quizás la comunidad internacional necesite más que una niña-bomba, 19 nigerianos muertos y 2.000 víctimas en siete días. Porque no parecía, ni entonces ni ahora, muy conmocionada. ¿O sí?