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sábado, 27 de diciembre de 2014

PRENSA. "Cambio drogas y armas por balón"

   En "El País":

Cambio drogas y armas por un balón

El fútbol se transforma en algo más que un deporte en comunidades vulnerables de Colombia. Las ONGs lo utilizan para evitar que los jóvenes caigan en la violencia

El fútbol está transformando vidas en Colombia. No solo la de los profesionales que tanto brillaron en el Mundial de Brasil, que en muchos casos pasaron de niños de la calle a multimillonarios. También a comunidades enteras a las que el deporte ha dado nuevas oportunidades y alejado de la violencia.
Hay casos extremos. Juan Guillmermo Cuadrado, jugador internacional, vivió a los cuatro años de edad la muerte de su padre a manos de grupos insurgentes y, años más tarde, debido a la inseguridad de la región, madre e hijo quedaron separados. Algo que tampoco le queda lejos a su compañero de selección Juan Fernando. Quintero, quien se crió en la peligrosa Comuna Trece de Medellín, estigmatizada por la violencia, en donde el destino de la mayoría de los niños es el de el abandono escolar y la inserción en alguna de las pandillas del barrio en donde los malos hábitos son la nota preponderante.
Son ejemplos vivos de cómo el fútbol puede cambiar existencias en un país que tiene que hacer frente a numerosos problemas internos como las guerra de guerrilleros, los grupos paramilitares y los carteles de la droga. Estos han obligado a millones de colombianos a desplazarse del campo a las comunidades suburbanas empobrecidas y con un nivel de desempleo alto para salvar sus propias vidas.


Las familias de El Hoyo Kennedy viven en casas de tablones de madera en donde no llega el agua corriente. / ADRIÁN SUÁREZ
En estas comunidades, diferentes organizaciones trabajan utilizando el fútbol como herramienta fundamental de enseñanza para intentar solucionar los principales problemas de los jóvenes que se ven involucrados en el tema de la drogadicción, del pandillismo, el alcoholismo, los embarazos prematuros y la violencia intrafamiliar.
Cartagena de Indias es la la región más turística de Colombia y el lugar donde el rango de desigualdades queda más patente. Allí se encuentra uno de los barrios más conflictivos y alejado de cualquier parecido a la palabra glamour: El Hoyo Kennedy. Pronto queda atrás la preciosa ciudad amurallada y los rascacielos; estos solo eran un espejismo. Pronto, las carreteras se transforman en caminos de tierra por donde transitan todo tipo de personas y vehículos, generando una atmósfera pesada de polvo y calor. A las casas, construidas con tablones de madera, no les llega el agua corriente. Es un lugar en donde el orden y las leyes desaparecen, ya que ningún cuerpo de seguridad policial llega hasta él. Todo se mantiene en una aparente tranquilidad, pero con cada cruce de miradas se percibe la tensión en la que se vive.

Yo antes era un joven de guerra. Mi misión y mi visión era la de sobrevivir o mori
“No tenéis nada por lo que preocuparos aquí, la ley soy yo”, asegura Fredy Ramos, un joven negro de 20 años. A pesar de su corta edad, Fredy ha vivido mucho y, solo unos años atrás, él era el líder pandillero de la zona. Estas son pandillas compuestas por chicos de entre 12 y 17 años que se arman con armas blancas y de fuego para defender las llamadas “líneas imaginarias”, es decir, la parte territorial a la que pertenecen dentro del barrio. Incluso se da la paradoja de que muchos de ellos aún no conocen el mar pese a vivir en una ciudad costera (la playa está a escasos cinco minutos en coche) ya que no se atreven a cruzar alguna de las calles colindantes a sus casas por miedo a recibir un tiro. Su espacio de acción se reduce a unas cuantas manzanas de casas.
Mucha de esa realidad queda reflejada en las palabras de Fredy Ramos cuando se refiere a su vida pasa “Yo antes era un joven de guerra. Mi misión y mi visión era la de sobrevivir o morir, ese era mi único pensamiento, el de que me acabaran a mi o que yo acabara con la vida de otra persona”.


Dos niños de El Hoyo Kennedy observan la parte rica de Cartagena de Indias. / ADRIÁN SUÁREZ.
Sin embargo, un día, el fútbol llegó a su vida a través de la ONG World Couch Colombia, que al igual que como otras como One World FútbolFútbol con CorazónColombianitos o Conexión Colombia, consideran el este deporte como una herramienta poderosa porque brinda unas posibilidades pedagógicas formidables para poder trabajar con los niños y adolescentes. Se trata de uno de los pocos deportes que permite poner a jugar a una gran cantidad de niños a la vez, con un presupuesto mínimo: cuatro piedras y un balón.

El fútbol es increíble, no me interesa por el dinero que lo rodea, sino por el cambio que puede lograr en nuestra comunidad
“Se trata de un deporte que mueve masas, pasiones y es uno de los más populares en el mundo a través del cual encontramos un espacio en el que los niños se sienten atraídos, van a ser queridos, van a ser tomados en cuenta y a partir de ahí nosotros podemos ayudarles, inculcándoles valores para la vida y para que puedan convivir de una manera sana y alegre", asegura Adalina Castillo trabajadora social de World Couch Colombia.
Gracias a este tipo de organizaciones y a la conexión con el fútbol se trabajan muchos aspectos que de otra manera podrían ser más difíciles. Existen los llamados programas de igualdad de género, los cuales se desarrollan con niñas y mujeres para que puedan adquirir el sentimiento de que su cuerpo les pertenece, así como mejorar su autoestima y capacitarlas para decidir sobre sus vidas, incluida su sexualidad. Además de fomentar el juego mixto entre ambos sexos, potenciando el respecto hacia la mujer.
Por otro lado también se han desarrollado los programas para el progreso de los jóvenes, que motivan a los niños a que asistan al colegio y tengan un buen rendimiento escolar, convirtiendo el fútbol en un premio final de cada día, una recompensa al compromiso con el estudio y, por otro lado, dotándoles de las herramientas necesarias para que en un futuro puedan tener un trabajo digno o la posibilidad de continuar sus estudios a nivel técnico o universitario.
Sin embargo algunos de estos jóvenes, aquellos con mayor liderazgo, terminan desarrollando los programas de líderes de comunidad o, como les gusta decir a ellos, los programas de “guerreros del fútbol”, en donde se convierten en nuevos profesores de las ONG. De este modo, las propias organizaciones se nutren de los jóvenes que en un primer momento necesitaron de su apoyo para seguir desarrollando los diferentes programas. Unas personas que conocen las dos caras de la moneda y que pueden servir de ejemplo para muchos de los niños de la comunidad.

Es uno de los pocos deportes que permite poner a jugar a una gran cantidad de niños con un presupuesto mínimo: cuatro piedras y un balón
Fredy Ramos es uno de esos jóvenes que decidió dar el paso y convertirse de nuevo en un líder dentro de su comunidad, pero ahora viendo la vida desde el otro lado de la barrera. Es uno de los tutores dentro de World Couch Colombia encargado de regenerar su comunidad y de intentar sacar a muchos jóvenes de los malos hábitos a través del fútbol, como un día aún no tan lejano, le sucedió a él. Ahora su misión es la de ayudar a niños de su entorno a cambiar las drogas o un arma por un balón.
Y es que como le gusta decir a él "el fútbol es algo increíble, en realidad no me interesa por la fama o por el dinero que lo rodea, sino por la ayuda y la forma de cambio que puede lograr en nuestra comunidad. Es increíble ver como un muchacho del barrio es capaz de dejar su arma y cambiarlo por un balón, todo su universo se transforma y su rostro vuelve a ser el de un niño".


Algunos de los niños de El Hoyo Kennedy tras disputar un partido de fútbol. / ADRIÁN SUÁREZ.
Es tarde y el sol comienza a caer, por lo que no es conveniente permanecer en la calle. Sin embargo toda la tensión desaparece en el momento en que el primer balón comenzó a rodar y junto a él gran cantidad de niños, a ritmo de carcajadas, comienzan a jugar. Dentro de la cancha nadie le debe nada a nadie, no existen los rencores, ni las venganzas, ni las amenazas y, mucho menos, la violencia, sino que todo se cambia por adrenalina y buenas energías, un ejemplo para toda la sociedad. Tal vez, alguno de ellos llegue a convertirse en el futuro en el nuevo Juan Guillermo Cuadrado o Juan Fernando Quintero dentro de la selección colombiana, pero lo que sí se puede decir con certeza es que, gracias al fútbol, todos ellos quizá tengan un futuro mucho más prometedor.

miércoles, 25 de junio de 2014

PRENSA. "Violencia sexual en el conflicto armado colombiano". Isabel Ortigosa

   En "blogs.elpais":

Violencia sexual en el conflicto armado colombiano

Por:  03 de junio de 2014
Isabel Ortigosa, Responsable de Incidencia de InspirAction
Violencia sexual
                                                                          Foto: Inspiraction
Indudablemente, la magnitud de la violencia sexual contra las mujeres en el marco del conflicto armado en Colombia aún no ha recibido la atención que merece. Cuando los crímenes llegan a ser denunciados, las mujeres encuentran grandes obstáculos para acceder a la justicia, incluyendo altísimos niveles de impunidad. Sin embargo, y a pesar de estos obstáculos y del gran costo personal, las mujeres colombianas están alzando su voz y exigiendo el derecho a la verdad, la justicia, la reparación y garantía de no repetición. Hacerlo supone hacer frente a amenazas y riesgos a su integridad física y la de sus familias.

El informe “Colombia: Mujeres, Violencia Sexual en el Conflicto y el Proceso de Paz”, lanzado recientemente por ABColombia, con el apoyo de la ONGD española InspirAction, explica como la violencia sexual en Colombia ha sido utilizada como estrategia de guerra con el objetivo de aterrorizar y controlar a las comunidades.
Hablamos de una práctica sistemática y generalizada. Como tal, es importante no tratar estos crímenes como violaciones aisladas, o –en el caso del Estado- como cometidas por agentes estatales deshonestos. Es fundamental reconocer el carácter generalizado y sistemático del crimen y analizar los patrones y tendencias con el fin de identificar a los responsables y establecer la responsabilidad en la cadena de mando.

Pero para abordar el impacto de la violencia sexual relacionada con el conflicto, es importante comprender el contexto social y cultural: además de los sistemas patriarcales basados en la dominación y la discriminación de género, existen otros factores como la marginación social, política y económica que deben ser tenidos en cuenta. Para las mujeres indígenas y afrocolombianas, estos factores se combinan con actitudes históricas relacionadas a la esclavitud y discriminación racial. La impunidad sirve para reforzar, en lugar de desafiar estas normas y patrones preexistentes de discriminación contra la mujer.

Este caldo de cultivo ha sido exacerbado por el conflicto armado interno.  La misma Corte Constitucional de Colombia ha señalado que la violencia sexual se trata de un crimen perpetrado por todos los actores armados y que es “una práctica habitual, extensa, sistemática e invisible”. Los cuerpos de las mujeres han sido utilizados en este conflicto para lograr objetivos militares y como botín de guerra. La violencia sexual contra las mujeres ha sido también utilizada para ejercer control social y territorial sobre sus actividades cotidianas, especialmente por parte de los grupos paramilitares, incluyendo las BACRIM (grupos paramilitares que continuaron después del proceso de desmovilización). Muchas mujeres son además forzadas a prostituirse por parte de las empresas controladas por paramilitares.
Mientras tanto, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-FARC, obligan al uso de la anticoncepción y al aborto a sus soldados rasos. Según el Grupo de Atención Humanitaria al Desmovilizado del Ministerio de Defensa, entre 2012 y 2013, 43 de 244 mujeres combatientes desmovilizadas informaron que habían sido obligadas a abortar. Es frecuente el reclutamiento forzado de niñas, con el fin obligarlas a prestar servicios sexuales, o como ‘pago’ para proteger a otros miembros de su familia.

Por su parte, el impacto de la participación de las Fuerzas de Seguridad del Estado en la violencia sexual tiene unas connotaciones especialmente devastadoras,  ya que ellas tienen el mandato de proteger a la población civil. Cuando la violencia sexual es cometida por los mismos representantes del Estado cuya función específica es proteger a la población, el resultado es un sentimiento total de desprotección y abandono: no queda nadie a quien acudir en busca de justicia.  Esta ausencia del Estado de Derecho deja a las comunidades expuestas, generando miedo y terror: aquellos que supuestamente deberían aplicar la justicia son  los que están violando derechos. La Defensoría del Pueblo de Colombia informó que en Cartagena “los casos de violencia contra las mujeres por parte de la Fuerza Pública si bien no [correspondían] a una estrategia de guerra (…), sí se constituían en una práctica generalizada que se valía de las condiciones de subordinación históricas de las mujeres, las precarias condiciones económicas producto de la desprotección del Estado y la naturalización de ideas insertas en la cultura, como la de que el cuerpo de las mujeres era un objeto que le pertenecía a los hombres”.

Lamentablemente, solo un 18% de las mujeres colombianas denuncian violencia sexual, y el nivel de impunidad para crímenes sexuales llega a más del 98% de los casos. Detrás de los datos y las cifras, se esconden sentimientos de miedo, impotencia, frustración e inseguridad. Los factores que obstaculizan el acceso a la justicia son múltiples: actitudes patriarcales y racistas que influyen en la conducta de los responsables de la administración de justicia, intimidación y violencia contra los jueces, abogados y testigos, sistemas ineficientes e ineficaces en la administración de justicia, así como  la ausencia de estrategias articuladas, criterios tangibles y coordinación entre los departamentos que atienden a las víctimas. Pero para acabar con esta lacra se necesita ante todo voluntad política y compromiso en todos los niveles. Sin ellos, ninguna ley será eficaz.

Es el momento de pensar críticamente en cómo las organizaciones de mujeres pueden participar en el proceso de reconstrucción y en la conformación de las leyes y las instituciones públicas resultado de estos diálogos. La exclusión de las mujeres en la construcción de la paz sería un error que sin duda marcaría el proceso; un lujo que los colombianos no pueden permitirse.

sábado, 29 de mayo de 2010

PRENSA. 29 mayo 2010

En "El País":

1. El Retiro como 'efecto salvavidas'. 69º Feria del Libro de Madrid. Por Javier Rodríguez Marcos. La nueva edición de la cita madrileña arranca como gran esperanza de un sector que perdió un 10% de ventas entre enero y abril - Los autores nórdicos, invitados.

2. El viaje oficial a África que torció el destino de Federico García Lorca. Por Fernando Valverde.

3. En el límite de la patente: la vida. Reportaje de Emilio de Benito. La célula sintética de Venter obliga a repensar la frontera entre ciencia y negocio - ¿Puede ser registrado un 'invento' calcado de la naturaleza. Análisis de Javier Sampedro, en Escamas artificiales.

4. Las enseñanzas de Spiderman. Artículo del escritor Gustavo Martín Garzo sobre la crisis económica.

5. Enterrar a los asesinados por los fascistas. Artículo de Teodulfo Lagunero, catedrático de Derecho Mercantil y abogado.

6. Dos matemáticos y un delfín. Artículo del escritor Héctor Abad Faciolince, autor de El olvido que seremos (Seix Barral). Las elecciones colombianas del domingo enfrentan al heredero de Uribe, Juan Manuel Santos, con Mockus y Fajardo, dos ciudadanos ejemplares hartos de la corrupción y de la violencia mafiosa, guerrillera o paramilitar.

7. Aleteo de mariposas. Columna de Francisco G. Basterra, sobre las circunstancias de este mundo globalizado.