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martes, 30 de abril de 2013

PRENSA CULTURAL. Sobre el nuevo libro de Francisco Rodríguez Adrados

El ensayista Francisco Rodríguez Adrados. / ÁLVARO GARCÍA ("El País")

   En "El País":

“La literatura está siendo arrinconada”

Francisco Rodríguez Adrados, último Premio Nacional de las Letras, rastrea en su nuevo ensayo las fuentes comunes de la ficción europea lejos de nacionalismos

 Madrid 22 ABR 2013

Francisco Rodríguez Adrados tiene 90 años y la energía de un becario. En noviembre recibió el Premio Nacional de las Letras y en marzo viajó a Grecia para dictar la conferencia inaugural del congreso de historia de la lengua griega; los jueves acude a la Real Academia Española y los viernes a la de la Historia, de las que es miembro. Honores aparte, en una mesa de su casa madrileña tiene las galeradas de una nueva edición de la Ilíada –obra de un colega- que corrige estos días y junto al televisor, un ejemplar de El río de la literatura (Ariel), el libro de 600 páginas que acaba de publicar y que él describe como “de pensamiento, no de erudición” pero cuya ambición está bien reflejada en su subtítulo: De Sumeria y Homero a Shakespeare y Cervantes.
Si se piensa que Adrados ha escrito en la última década libros como El reloj de la historia (Homo sapiens, Grecia Antigua y Mundo Moderno)Nueva historia de la democracia o Historias de las lenguas de Europa se entiende la amplitud de intereses de este sabio nacido en Salamanca en 1922. En su opinión, el “núcleo central” de la literatura universal está en el “corredor” que forman Egipto, Oriente próximo, Grecia, Roma, la Edad Media europea y las literaturas europeas y americanas modernas. Pero matiza: “Ese ‘río’ no es el único en el mundo, pero es el que más ha influido, el más globalizado”. Catedrático emérito de Filología Griega de la Universidad Complutense, Adrados es consciente de que su manera de estudiar la literatura contrasta con la tendencia a hacerlo embalsando las aguas de ese ‘río’ en los pantanos del nacionalismo decimonónico: “Es imposible dominarlo todo, pero está claro que la literatura occidental tiene una fuente común: la oralidad”.
La épica, la lírica y la literatura sapiencial son los tres géneros esenciales desde Sumeria, un “agregado de ciudades” cuyo idioma fue la lengua culta del Próximo Oriente -“como el latín en la Edad Media”- y cuya literatura –con el Poema de Gilgames como cumbre- contiene ya muchos temas aún vigentes: del origen del mundo al amor pasando por las fábulas (campo en el que Adrados es una autoridad mundial). Hace 40 años se publicó su pionero estudio Fiesta, comedia y tragedia –enseguida traducido al inglés-, y algunas de sus ideas vuelven a recorrer ahora El río de la literatura. Sobre todo la central: si el origen de la literatura es oral, el origen de la oralidad es la fiesta: “En ella se mezclaban imitaciones, ritos y deporte”. La palabra, insiste, iba acompañada de música y danza. “Lo del autor encerrado en su despacho destilando sus sentimientos es muy posterior, aunque hubiera un Ahikar asirio, un Ptahhotel egipcio o un Homero griego (si es un nombre real). En la fiesta el sentimiento es de todos. Es difícil de entender con la sacralización actual de la autoría y de la originalidad, pero es así”. Según su autor, El río de la literatura trata de contextualizar piezas que hemos conocido aisladas: “Cuando hablamos de literatura oral con poemas, fábulas o representaciones dramáticas, desgajamos esa pieza del entorno en que nació. Es inevitable pero empobrecedor, como si arrancásemos una escultura de la fachada de una catedral y la viéramos aislada en un museo”.

Tal vez vivamos una decadencia, pero puede nacer algo grande
Para este helenista que recuerda su primer viaje a Grecia en 1953, la cultura griega es el gran hito por lo que tiene de resumen de lo anterior –Egipto, Sumeria- y de vanguardia: “La literatura occidental es como una carrera ciclista. Avanza en grupo pero a veces alguno salta del pelotón: esos que saltan son los griegos. Ellos inventaron el individuo humano. En el comienzo de la Ilíada se ve cómo a Agamenón le dicen todas las verdades en asamblea, como si fuera el parlamento de aquí. Aquello asustaba a la gente. Tanto que la palabra democracia estaba prohibida en la Edad Media”.
Según el profesor Adrados, no solo los argumentos y los géneros de la literatura son constantes, también lo son sus ciclos. Por eso subraya el paralelismo entre la Antigüedad y el Medievo: al origen oral le siguió un esplendor de la escritura que terminó en decadencia (“cae el imperio romano, se rompen las comunicaciones, las lenguas vernáculas se imponen al latín, desaparece la gran tragedia, los cristianos vetan los géneros eróticos…”). La Edad Media empezó con la oralidad popular y rehízo el mismo camino. “Parecía que de tanto avanzar se había llegado al comienzo”, resume Adrados. “Se dio una terrible estratificación social. La alta literatura se refugió en las bibliotecas. La gente común no leía, le bastaba con la Historia Sagrada esculpida en los templos”.

La tecnología ha acostumbrado a la gente a mensajes pequeños
Vista la actualidad de un resumen así, ¿vivimos una nueva Edad Media? “No quiero ponerme fúnebre”, responde Rodríguez Adrados. “Se siguen haciendo grandes librotes, pero el influjo de los medios electrónicos ha acostumbrado a la gente a mensajes pequeños, más concentrados, tal vez más frívolos. La literatura nace de la fiesta, pero ahora siempre es fiesta. En la fiesta usted se viste de otra manera, come y bebe de otra manera, puede hacer bromas sobre el vecino.... La fiesta era un descanso y una liberación. Ahora, como decía Larra, todos los días son carnaval. Ese chisme [dice señalando al televisor] es pura fiesta. La literatura era fiesta y ayudaba a vivir; ahora la literatura está siendo arrinconada”.
Adrados asume que el libro “se enfrenta hoy a la competencia de medios que requieren menos esfuerzo”, pero su conocimiento del pasado le impide ser lapidario respecto al futuro: “Tal vez vivamos una decadencia desde el punto de vista de la literatura antigua, pero puede nacer otra gran literatura. Antes la literatura popular era para las masas y la culta, para gente con cierta formación. Hoy la culta podría llegar a todos pero los niveles de enseñanza han bajado. Eso es lo preocupante”. La escritura no acabó con la oralidad ni la imagen con la escritura, recuerda. “La Iglesia se carga el teatro pero renace al cabo de los siglos; la épica había desaparecido y en el XIX resucita en cierta novelística, en Gogol, por ejemplo. La naturaleza humana es muy fuerte. Todo lo que prohibieron los cristianos –las instituciones políticas libres, los baños, el desnudo, el deporte- volvió al cabo de mil años. Ahí están”.

viernes, 30 de noviembre de 2012

PRENSA CULTURAL. Sobre Rodríguez Adrados. Carlos García Gual

Rodríguez Adrados
   En "El País":

 26 NOV 2012

Es extremadamente difícil resumir en breves líneas la trayectoria de Francisco Rodríguez Adrados, no solo por su amplísima producción científica y literaria (de unos 50 libros y centenares de artículos a lo largo de los últimos 60 años), sino también por el carácter poliédrico de la misma. Helenista, filólogo de muy amplios horizontes, traductor de clásicos griegos, defensor perenne e incansable de los Estudios Clásicos y la formación humanística, ha sido un formidable investigador en Lingüística General y en diversas lenguas indoeuropeas e historiador de la lengua griega y sus influencias en la española, y en los últimos años un intelectual comprometido y muy crítico respecto a la deriva de la cultura europea.
Todo ello unido a su incesante actividad como profesor universitario en Madrid, y como conferenciante en foros y congresos internacionales. Ya que me resulta imposible dar no ya una idea exhaustiva, sino tampoco cuenta cabal de esa inmensa obra investigadora, quiero ahora recordar, al pronto, algunos de sus títulos más resonantes: Ilustración y política en la Grecia clásica (1966), Fiesta, comedia y tragedia (1972), Lingüística indoeuropea (1975), Historia de la fábula greco-latina (1977), El mundo de la lírica griega (1981), Historia de la lengua griega (1999), De Esopo al Lazarillo (2005) y El reloj de la historia: Homo sapiens, Grecia antigua y mundo moderno (2006).
Son, evidentemente, unos pocos libros espigados en su vasta obra, pero dan una idea, creo, de la variedad de sus enfoques, en los que la originalidad crítica prima sobre la erudición, pero siempre están en la avanzada de la Filología más actual. Añadamos su enorme labor como director del monumental Diccionario griego-español y claras versiones de Tucídides, Líricos, Aristófanes e innumerables introducciones y prólogos. La obra del profesor Rodríguez Adrados goza de un amplio reconocimiento internacional y es académico no solo de la RAE, sino también de algunas otras academias. Pero, con todo, lo que sigo admirando más, todavía, en el profesor Rodríguez Adrados, maestro y amigo durante muchos años, es su inagotable frescor intelectual, su actitud abierta a nuevos enfoques, su audacia crítica para avanzar más allá de los límites de cualquier cómodo reducto del especialismo. En fin, su talante inquieto y batallador, que rejuvenece sus casi 90 años, y que no se verá alterado por tantos y tantos honores y premios, como el de ayer.

PRENSA CULTURAL. Rodríguez Adrados, Premio Nacional de las Letras

Francisco Rodríguez Adrados, Premio Nacional de las Letras 2012. / ÁLVARO GARCIA (EL PAÍS)

   En "El País":

Contra la deriva de las humanidades

Experto en filología griega, el jurado destaca del profesor salmantino sus valiosas incursiones en la lingüística y en el estudio indoeuropeo

El académico se une a otros autores como Rafael Sánchez Ferlosio, Francisco Ayala, Caballero Bonald o Miguel Delibes

 Madrid 26 NOV 2012

“El ministro Wert debe saber que es importante que los jóvenes sepan de dónde venimos”. El tono de la voz de Francisco Rodríguez Adrados se habrá suavizado como consecuencia de sus 90 años recién cumplidos, pero la beligerancia en las dos batallas que libra desde hace seis décadas sigue intacta: la lucha por la permanencia del estudio de las lenguas clásicas en el colegio y el respeto al español como lengua oficial de España. Una lucha que ahora el filólogo, helenista y académico de la Lengua y de la Historia reactiva con el Premio Nacional de las Letras, concedido ayer por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Un reconocimiento que Rodríguez Adrados decidió convertir en altavoz privilegiado para combatir el derrumbe de las humanidades. Con dos destinatarios claros: el Gobierno de la nación y los diferentes Gobiernos de las comunidades donde hay lenguas cooficiales.
Esa es la lucha de un hombre que ha sido premiado, según el jurado, por sus aportaciones lingüísticas (lexicografía y gramática) “mundialmente reconocidas”, así como por “sus rigurosos ensayos literarios sobre la tragedia, la fábula y otros géneros de raíz helénica. Su obra es también la de un humanista que bebe en las mejores fuentes y que es, a la vez, una de las voces más autorizadas en Europa como defensor de las Humanidades clásicas”
Motivos por los cuales el primer mensaje del académico tiene que ver con el anteproyecto de reforma educativa que contempla la eliminación de la enseñanza de lenguas clásicas. Una lucha que el autor de Ilustración y política en la Grecia clásica viene librando desde el franquismo, al ser testigo de la manera en que disminuye y se rebaja la calidad de la enseñanza hasta llegar a lo que él llama “los tristes momentos de hoy”. Un estado que él resume en una imagen: “Es como quitar las raíces a una planta”. Y que continúa con una idea más terrenal: “Su eliminación causa un daño increíble e incalculable”. Este estudioso salmantino, ahijado intelectual y emocional de Esquilo y Tucídides, se lamenta del descenso cultural que se vive en todo el mundo. Una tragedia porque, afirma, los políticos quieren simplificar, rebajar las dificultades de la enseñanza y quitar importancia al estudio de las lenguas clásicas olvidando que “si no se tiene esa base se desdeña uno de los aspectos esenciales y ejemplares para aprender a razonar”.

Obra esencial

  • Diccionario griego-español(Director)
  • Ilustración y política en la Grecia clásica (1996)
  • Lingüística indoeuropea(1975)
  • El mundo de la lírica griega(1981)
  • Historia de la lengua griega(1999)
  • El reloj de la historia: Homo sapiens, Grecia antigua y mundo moderno (2006)
  • Hombre, política y sociedad en nuestro mundo (2008)
El ganador del Nacional de las Letras ha pedido al Gobierno de Mariano Rajoy que rectifique. Ha querido explicar, por ahora infructuosamente, al ministro de Cultura, José Ignacio Wert, por qué es importante que los estudiantes reciban esa enseñanza porque de lo contrario, asegura, “ese edificio de la formación del estudio y del individuo se viene abajo”. Por lo menos desde la Sociedad Española de Estudios Clásicos, que él fundo y de la cual es presidente honorario, han empezado una campaña que les ha permitido reunirse con tres delegados de Rajoy. En cambio, el ministro no los ha recibido. “No ha querido, esa es la verdad. Me lo he encontrado alguna vez y me dice: ‘Hablaremos’, pero es un futuro imperfecto. ¡Que nos reciba, caramba! Debe saber que es importante que los jóvenes sepan de dónde venimos”, explica.
Su segundo frente de batalla es un combate personal por el respeto al idioma español como lengua oficial. Y lo dice el ganador de un premio que “distingue el conjunto de la labor literaria de un autor español cuya obra esté considerada como parte integrante del conjunto de la literatura española actual escrita en cualquiera de las lenguas españolas".
Esta segunda batalla de Rodríguez Adrados es sobre todo por los acontecimientos de los últimos años, donde ha visto con preocupación la deriva del uso de la lengua como un arma incendiaria en el ámbito social y por parte de algunos políticos. “Las lenguas”, insiste en varias ocasiones, “están hechas para entenderse y no para dividir: con el español nos entendemos todos. Es respetable la presencia de otras lenguas que se puedan heredar en diferentes regiones, pero no se deben imponer. Una cosa es la libertad y otra la imposición, a veces, violenta y arbitraria”.
Nadie impide que la gente hable sus lenguas locales, recuerda el académico y helenista, algo que, según él, tiene sus limitaciones. Advierte que tratar de apartar o eclipsar el español es perjudicial para esas comunidades. Por eso le parece “repugnante que algunas comunidades intenten imponer esas lenguas a la fuerza, ya no solo con la enseñanza en los colegios, sino de manera indirecta al exigir su conocimiento y práctica para un empleo, por ejemplo”. Para él, se trata de actos anticonstitucionales. Se lamenta y denuncia lo ocurrido durante varios años porque, afirma, “los Gobiernos han permitido la violación de la Constitución”.