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lunes, 15 de septiembre de 2014

PRENSA CULTURAL. "Bohumil Hrabal, el 'plus ultra' de la literatura checa"

   En "elcultural.es":

Bohumil Hrabal, el plus ultra de la literatura checa

Una exposición en Casa del Lector y la publicación de una biografía rinden homenaje al escritor en el centenario de su nacimiento

FERNANDO DÍAZ DE QUIJANO | 02/04/2014 

















Cuando murió Bohumil Hrabal (Brno, 1914 - Praga, 1997), dijeron que se había caído de la sexta planta del hospital en el que estaba ingresado mientras intentaba dar de comer a las palomas. Pero lo cierto es que el escritor checo, que llevaba años enfermo, se arrojó por la ventana. “El suicidio fue un tema recurrente en su filosofía y acabó cometiéndolo”, asegura su traductora al español, Monika Zgustova, otorgándole al novelista la categoría de filósofo porque “en sus libros había tanta literatura como filosofía”.

Zgustova, que conoció al escritor en 1987 cuando preparaba las primeras traducciones de su obra al castellano y al catalán, también es la autora de Los frutos amargos del jardín de las delicias, la primera y más publicada biografía de Hrabal, que Galaxia Gutenberg edita ahora en España. Y también es la comisaria de una exposición homónima sobre la vida y obra de Hrabal que acoge la Casa del Lector, en Matadero Madrid, con motivo del centenario del nacimiento del autor.

La muestra, que cuenta con la coproducción del Centro Checo de Madrid y la colaboración del Museo Nacional de la Literatura de la República Checa y de la oficina de turismo de Praga, recoge originales de las obras de Hrabal, primeras ediciones dedicadas de sus libros, fotografías inéditas del autor en Praga y en sus visitas a España y de los lugares que habitó, y una colección de 30 carteles publicitarios de las películas que adaptaron sus obras al cine. La mayoría de ellas las dirigió Jirí Menzel y tres de las más famosas serán proyectadas como complemento a la exposición: Yo serví al rey de InglaterraAlondras en el alambre y Trenes rigurosamente vigilados, que, como recuerda el director de Casa del Lector, César Antonio Molina, “fue una película muy importante para los estudiantes españoles en los últimos años del franquismo”.

El cineasta checo, que según Molina probablemente vendrá a Madrid para participar en el ciclo, habla así de su admirado Hrabal: “Describió muchos horrores y bestialidades de la vida sin asomo de depresión o desesperación; al contrario, nos enseñó a prepararnos para aguantar sus durezas sin perder el sentido del humor. Su amor por la vida fue sobrio: no la separaba de la muerte; y su amor por la gente estaba desprovisto de cualquier sentimentalismo: amaba a las personas tales como eran, con sus fallos y sus vicios”.

Otro grandísimo exponente de la literatura checa, Milan Kundera, definió a su compatriota Hrabal como “la encarnación de la Praga mágica, una unión del humor terrenal y la imaginación barroca”. Ambos son los escritores checos más leídos en España, asegura Joan Tarrida, director editorial de Galaxia Gutenberg, que ha recuperado en los últimos años la obra de Hrabal, con títulos como Yo serví al rey de Inglaterra, que narra con un brillante sentido del humor tiznado de melancolía las peripecias de un aprendiz de camarero en la Praga de 1930 que aspira a convertirse en millonario; Una soledad demasiado ruidosa, protagonizada por un operario de una trituradora de papel; y La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo, inspirada en Nymburk, la ciudad de su infancia a orillas del Elba. Allí su padre adoptivo fue encargado de una fábrica de cerveza y su tío Pepin uno de los trabajadores, al que convirtió en protagonista de la novela. Y hoy mismo, la editorial suma a la lista un título más: Tierno bárbaro, que se traduce por primera vez al castellano y que tiene como protagonista a su amigo el pintor y poeta Vladimír Boudník. Hrabal escribió el libro en 1973, cuando su literatura estaba prohibida por el régimen soviético y la nostalgia de otros tiempos mejores invadía al autor en su humilde casa de campo en Kersko.

Autor de culto en España

Para Zgustova, la mayor cualidad estilística y estética de Hrabal es que su afán siempre fue crear cosas nuevas: “Quiso ir más allá de Kafka, más allá de Joyce, más allá de Proust... y más allá de sí mismo. Por eso siempre que lo leemos nos parece tan novedoso. Cada libro suyo es distinto a los demás. Hrabal es un collage de humor, de tragedia y de vitalidad”.

Tarrida asegura que Hrabal es el autor más vendido en la caseta de su editorial en la Feria del Libro de Madrid desde 2011, fecha en que empezaron a reeditar sus libros. Sus lectores españoles son auténticos devotos. Uno llamó por teléfono pidiendo 50 ejemplares de un libro suyo para regalarlos a los invitados de su fiesta de cumpleaños.

Esta exposición quiere contribuir a esa tarea apostólica y llevar su obra a un público más amplio. “Bohumil Hrabal es uno de los grandísimos escritores del siglo XX, pero su obra no tiene la trascendencia que debería”, asegura César Antonio Molina. Además de literaria, su reivindicación es también política: “Hrabal representa un mundo que para el resto de Europa estuvo perdido en el espacio y en el tiempo. Los checos lucharon por Europa tanto o más que el resto, porque sufrieron el nazismo y luego el estalinismo, así que tienen más mérito que nosotros en la lucha por la democracia”.

Encarnación del siglo XX

En efecto, la vida y la obra de Hrabal está impregnada de los grandes acontecimientos del siglo XX europeo: la época de entreguerras, la Segunda Guerra Mundial, el comunismo soviético, la Primavera de Praga, la caída del comunismo y la transición democrática. Por eso dice Zgustova que fue un hijo de su época “en el mejor sentido”.

Con la llegada del comunismo a Checoslovaquia a finales de los cuarenta, Hrabal quiso “contagiarse del espíritu de la época”, así que se hizo obrero en el sector de la metalurgia, explica Zgustova. Sin embargo, sus obras eran “demasiado modernas” para el régimen soviético y fueron prohibidas hasta los sesenta. Entonces sus obras salieron del cajón a borbotones y asombraron al público. “Se hacían tiradas enormes de 150.000 ejemplares con segundas y terceras ediciones”, asegura la traductora.

Pero en 1968 llegó la Primavera de Praga y, tras ella, la invasión soviética. Sus obras fueron prohibidas de nuevo. Entonces, ediciones clandestinas mecanografiadas -lo que se conoce en checo como samizdat-, empezaron a circular entre varios cientos de seguidores que, jugándose el pellejo, las leían en una noche y se las pasaban al día siguiente a otro lector.

La caída definitiva del comunismo en 1989 con la Revolución de Terciopelo supuso el inicio de la última etapa vital y creativa de Hrabal, que en la exposición se recoge bajo el epígrafe “Euforia y cansancio”. Euforia por un nuevo horizonte político; cansancio anímico porque entre 1987 y 1988 habían muerto su esposa, su hermano y su mejor amigo. Cada vez se sentía más solo y menos apegado a este mundo.

Molina conoció a Hrabal personalmente en uno de los viajes que el autor hizo a España entre 1993 y 1995, pocos años antes de morir. El anfitrión del checo fue Andreu Teixidor, su primer editor en nuestro país. Molina era a la sazón director del suplemento Culturas de Diario 16, donde había publicado varias críticas de su obra. “Refutó todo lo que dije de él porque pensaba que lo decía para halagarle”, recuerda.

Cuando Zgustova quiso conocer a Hrabal en 1987 con el pretexto de que le resolviera algunas dudas sobre su obra, sintió un poco de miedo. “Yo era una joven traductora y Hrabal no era una persona fácil. Tuvimos una buena relación, pero él tenía un carácter con altibajos. Unas veces te trataba bien, y otras a palos”, recuerda ahora con cariño.

Tras cuatro años de conversaciones como materia prima para redactar la biografía del escritor, Zgustova y Hrabal llegaron a ser buenos amigos. Doce horas antes de que el autor pusiera fin a su vida, la traductora lo visitó en el hospital: “Me cogió la mano y estuvo cinco minutos en silencio. Luego me regaló un álbum con fotografías suyas. Entonces no lo entendí bien, pero más tarde supe que era el regalo que hacía a sus más allegados”

sábado, 13 de septiembre de 2014

PRENSA CULTURAL. "Bohumil Hrabal, rey sin corona". Ramiro Villapadierna

   En "El País":
UNA FIGURA MAL CONOCIDA DE LA LITERATURA EUROPEA

Bohumil Hrabal, rey sin corona

El centenario del creador de ‘Trenes rigurosamente vigilados’ sirve al autor del artículo para regresar a su vida y a su obra


Bohumil Hrabal, en una taberna de Praga en los años 80. /CASA DEL LECTOR
Cuando alguien logra que personajes inauditos nos sean hermanos, es que sabe mucho de nosotros. Hrabal escuchaba mucho y fue a vivir entre la gente, a operar maquinarias y vicisitudes; crio un oído muy fino, por encima del jaleo del sistema y del trasiego de las cervecerías.
Había sido un burgués a reeducar, gustaba de su mejor traje. Pero bajo el aparato comunista, como el pobre Hantá de Una soledad demasiado ruidosa, se reeducó vengándose, diluyéndose en el pueblo de verdad, no el del partido: el de la bulla descomplicada y los pequeños deseos incumplidos.
Se dice que Hrabal nace en Brno, meses antes de la Gran Guerra; pero en realidad abre sus ojos décadas después en Libeñ, un suburbio de Praga. También, que nació hace 100 años, pero más fue cuando, adolescente, irrumpe en su vida su tío Pepin: su disparatado caleidoscopio ya no abandonará su mirada.
Como su tío, Bohumil Hrabal cuenta con una verborrea inexorable, de vivencias e impresiones: distinto del ideólogo que va a confirmar, él ve en la vida un jardín de sorpresas (“Cada día, un milagro”) y su cabeza las escribe automáticamente, como un surrealista.
Aunque recordamos como un río, por escrito ponemos puntuación, pues nuestro flujo no es el del lector: el de Hrabal, sí lo es. Fluye alegre y soleado como la cerveza de la caña.

Conmemoraciones

La Casa del Lector acoge en Matadero Madrid hasta el 21 de septiembre una exposición preparada conjuntamente con el Centro Checo sobre Bohumil Hrabal a partir de fotografías, textos, libros o carteles de las películas inspiradas en sus novelas.
Galaxia Gutenberg se ha sumado a la celebración del centenario del nacimiento de Hrabal con la publicación de Tierno bárbaro, una novela de 1973, traducida por Kepa Huarte, y Los frutos amargos del jardín de las delicias, una biografía realizada por su traductora Monika Zgustova.
En la misma editorial pueden encontrarse Yo serví al rey de Inglaterra, Una soledad demasiado ruidosa y La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo. Anuncio una casa donde ya no quiero vivir y Trenes rigurosamente vigilados fueron publicados recientemente por El Aleph Editores.
Él ritualiza el absurdo con normalidad, como se hace cada tarde en una hostería checa; como al aire pleno del bosque bohemio y al sol que, como una muchacha, peina sus cabellos sobre Praga; pero sus giros chasquean con la maravilla cruel de una bofetada femenina: “Adoraba a las mujeres, pero amaba a la suya”, decía Arnošt Lustig; “Veía el amor como un regalo”.
Hrabal no te lanza palabras a la cara, su número de páginas no impresiona, escribe en primera persona pero él no está en la historia; y sin embargo es su historia. En un centenar de folios logra lo que tantos intentan en tomos de medio kilo: hacerse valer entre la más bella literatura europea.
Escribir, decía, sólo requiere un poco de cara para las primeras líneas y luego “todo se deshila como un viejo jersey enganchado”. Y, de repente, la nariz huele ya la cebolla, y el oído, la risotada a su vera, y el pensamiento se desliza por una mujer.
Rondé a Hrabal por sus lugares, hasta que una mañana me sorprendió su muerte; te arrepientes de no haberte acercado a su mesa en el Tigre Dorado, bajo la cornamenta de venado.
Coincidí con Clara Janés en que nos daba aprehensión: su irascible don de la ebriedad entre amigotes. Planeamos mejor ir a su bosque, en Kersko, con sus gatos; sin atrevernos. No daba entrevistas, no concebía hablar con segundo propósito.
Nos asustaba la complicación de su simplicidad. No era campechano, pues eso es una actitud. Era un hombre que te pasaba su plato y su tenedor, me ha contado Monika Zgustova: ella sí se atrevió y puso un pequeño pie en su vida.
En la estirpe de Kafka y de Hašek, anota su biógrafa, y frente a la rebelión por el absurdo de un Havel, o más racional de un Kundera, Hrabal se defiende del mundo por el amor y el arte: aquel es una gran taberna, a la que él arrebata un poco de horror.
Para ello, va de la bufonada al pathos y a la erótica y a la violencia y a la ternura, en una confesión excéntrica y sofisticadamente en capas, que le es liberadora.

Bajo el comunismo se reeducó vengándose, diluyéndose en el pueblo de verdad
Un día dice: “Yo en realidad soy ya los demás”, de tanto escuchar y tan bien. Se ha convertido en su propia literatura; una sensual, bufa y melancólica, que para el mundo es ya el sello de lo checo.
También entre los españoles, que lo acogen como un clásico. ¿Qué vital sensualidad les enseña un checo? Bohemia ha sido agreste al español, desde Guillem de San Clemente, el embajador barcelonés del emperador hispano, a los exiliados. Pero esa es la universalidad de los personajes inverosímiles de Hrabal.

Escribe en primera persona pero él no está en la historia... aunque es su historia
Le ayuda a aterrizar en España el Nobel a Seifert, el Oscar a Menzel porTrenes rigurosamente vigilados, el descubrimiento de La insoportable levedad del ser de Kundera, y la épica subida de Havel al castillo, al caer del comunismo.
Pero la gratitud ha de ir a Mlejnková y Ortiz con su detonante traducción de Yo he servido al rey... y, sin duda, a Zgustova con sus posteriores, amén de lazarillo de Hrabal por las Españas de Miró y Tapiès; y por esa biografía entrecosida de charlas.
Los nuevos checos celebran su centenario, entre sellos, monedas, exposiciones y charlas; también el Cervantes de Praga. Y se rescata la crítica: acató la triste Normalización; no se fue. De irse, se habría perdido: “Lo que se cocina en casa ha de comerse en casa”.
Se autocensuró, pero fue impermeable; habiendo nacido bajo Francisco José y vivido cinco regímenes, creía que en Centroeuropa es mejor “no estar nunca muy sobrio y aguardar pacientemente el final de la película”.
Bohumil Hrabal es posiblemente el rey no coronado de la literatura centroeuropea; pero hace siglos que los reyes de Bohemia ya no se coronan. La duda que deja recorrer su raro mundo es que, si fuéramos verdaderos de verdad ¿no seríamos todos personajes de Hrabal?
Ramiro Villapadierna es director del Instituto Cervantes de Praga.