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martes, 14 de abril de 2015

POESÍA. "Lamento y esperanza". Luis Cernuda (1902-1963)

POR HOY, 14 DE ABRIL

Luis Cernuda
Lamento y Esperanza

Soñábamos algunos cuando niños, caídos
En una vasta hora de ocio solitario
Bajo la lámpara, ante las estampas de un libro,
Con la revolución. Y vimos su ala fúlgida
Plegar como una mies los cuerpos poderosos.

Jóvenes luego, el sueño quedó lejos
De un mundo donde desorden e injusticia,
Hinchendo oscuramente las ávidas ciudades,
Se alzaban hasta el aire absorto de los campos.
Y en la revolución pensábamos: un mar
Cuya ira azul tragase tanta fría miseria.

El hombre es una nube de la que el sueño es viento.
¿Quién podrá al pensamiento separarlo del sueño?
Sabedlo bien vosotros, los que envidiéis mañana
En la calma este soplo de muerte que nos lleva
Pisando entre ruinas un fango con rocío de sangre.

Un continente de mercaderes y de histriones,
Al acecho de este loco país, está esperando
Que vencido se hunda, solo ante su destino,
Para arrancar jirones de su esplendor antiguo,
Le alienta únicamente su propia gran historia dolorida.

Si con dolor el alma se ha templado, es invencible:
Pero, como el amor, debe el dolor ser mudo:
No lo digáis, sufridlo en esperanza. Así este pueblo iluso
Agonizará antes, presa ya de la muerte.
Y vedle luego abierto, rosa eterna en los mares.


                                 De Las nubes (1937-1940)

miércoles, 8 de abril de 2015

POESÍA. "1936". Luis Cernuda (1902-1963)

Luis Cernuda

1936 

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,
cuando asqueados de la bajeza humana,
cuando iracundos de la dureza humana:
Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

En 1961 y en ciudad extraña,
más de un cuarto de siglo
después. Trivial la circunstancia,
forzado tú a pública lectura,
por ella con aquel hombre conversaste:
Un antiguo soldado
en la Brigada Lincoln.

Veinticinco años hace, este hombre,
sin conocer tu tierra, para él lejana
y extraña toda, escogió ir a ella
y en ella, si la ocasión llegaba, decidió apostar su vida,
juzgando que la causa allá puesta al tablero
entonces, digna era
de luchar por la fe que su vida llenaba.

Que aquella causa aparezca perdida,
nada importa;
Que tantos otros, pretendiendo fe en ella
sólo atendieran a ellos mismos,
importa menos.
Lo que importa y nos basta es la fe de uno.

Por eso otra vez hoy la causa te aparece
como en aquellos días:
noble y tan digna de luchar por ella.
Y su fe, la fe aquella, él la ha mantenido
a través de los años, la derrota,
cuando todo parece traicionarla.
Mas esa fe, te dices, es lo que sólo importa.

Gracias, compañero, gracias
por el ejemplo. Gracias por que me dices
que el hombre es noble.
Nada importa que tan pocos lo sean:
Uno, uno tan sólo basta
como testigo irrefutable
de toda la nobleza humana. 

lunes, 14 de abril de 2014

POESÍA. "Lamento y esperanza". Luis Cernuda. 83 años de la Segunda República

Luis Cernuda

Lamento y Esperanza

Soñábamos algunos cuando niños, caídos
En una vasta hora de ocio solitario
Bajo la lámpara, ante las estampas de un libro,
Con la revolución. Y vimos su ala fúlgida
Plegar como una mies los cuerpos poderosos.

Jóvenes luego, el sueño quedó lejos
De un mundo donde desorden e injusticia,
Hinchendo oscuramente las ávidas ciudades,
Se alzaban hasta el aire absorto de los campos.
Y en la revolución pensábamos: un mar
Cuya ira azul tragase tanta fría miseria.

El hombre es una nube de la que el sueño es viento.
¿Quién podrá al pensamiento separarlo del sueño?
Sabedlo bien vosotros, los que envidiéis mañana
En la calma este soplo de muerte que nos lleva
Pisando entre ruinas un fango con rocío de sangre.

Un continente de mercaderes y de histriones,
Al acecho de este loco país, está esperando
Que vencido se hunda, solo ante su destino,
Para arrancar jirones de su esplendor antiguo,
Le alienta únicamente su propia gran historia dolorida.

Si con dolor el alma se ha templado, es invencible:
Pero, como el amor, debe el dolor ser mudo:
No lo digáis, sufridlo en esperanza. Así este pueblo iluso
Agonizará antes, presa ya de la muerte.
Y vedle luego abierto, rosa eterna en los mares.

                                 De Las nubes (1937-1940)

miércoles, 6 de noviembre de 2013

PRENSA CULTURAL. "Luis Cernuda: el futuro es hoy". Luis García Montero

Cernuda (tercero por la izquierda) con unos amigos, entre ellos Manuel Altolaguirre (segundo por la derecha), en Valencia en 1937. / BIBLIOTECA NACIONAL (EL PAÍS)

   En "El País":

Luis Cernuda: el futuro es hoy

Tal día como hoy de 1963 fallecía en México el poeta de la Generación del 27

El autor de 'La realidad y el deseo' es uno de los más importantes del español del siglo XX

Esta es una mirada sobre sus claves poéticas y su legado literario

 4 NOV 2013

Incómodo en su tiempo, sintiéndose poco comprendido en su ética y su obra, Luis Cernuda necesitó apoyarse en los poetas y los lectores del porvenir. La confesión de esta necesidad sostiene una de sus composiciones decisivas, A un poeta futuro, escrita en Glasgow en 1941 y recogida en el libro Como quien espera el alba (1947). Lo importante del poema no reside en las quejas, el lamento sobre su falta de encaje en una realidad hostil: “Disgusto a unos por frío y a otros por raro”. Una sociedad represiva y homófoba, un carácter muy difícil y las rencillas generacionales ayudan a situar la protesta continua de Cernuda, en la que se mezclan con frecuencia su marcado anticapitalismo, su fragilidad sentimental y una extrema susceptibilidad literaria.

Homen

Pero lo importante del poema apunta en otra dirección: el proceso creativo que define su poética, sobre todo a partir del exilio en la cultura anglosajona. Cernuda había escrito en su Himno a la tristeza que “viven y mueren a solas los poetas”. De manera que ese poeta futuro para el que escribe en 1941 es también y ante todo su lector, la persona que puede entender y darle vida a sus propios versos. En la creación aparece reconocida la figura del lector como algo más que una ensoñación. No una estrategia barata y vanidosa para imaginar en el futuro la gloria que niegan los contemporáneos, sino una presencia real a la hora de la composición. El poeta piensa en su lector ideal, esbozo de su propia conciencia, para darle objetividad a sus sentimientos. Cernuda confiesa que busca la sombra de su alma “para aprender en ella a ordenar mi pasión / según nueva medida”. Y borra en parte su propia identidad para hallarla luego, “conforme a mi deseo, en tu memoria”. El hecho poético necesita, pues, tanto del lector como del autor para realizarse. Hace falta borrarse un poco para hacer habitable un espacio común.

Pero lo importante del poema apunta en otra dirección: el proceso creativo que define su poética, sobre todo a partir del exilio en la cultura anglosajona. Cernuda había escrito en su Himno a la tristeza que “viven y mueren a solas los poetas”
Estas consideraciones, muy raras en la poesía española de su tiempo, tienen consecuencias de peso en la obra de Cernuda y en la evolución de nuestra lírica. Resumo los aspectos más significativos de este terremoto. Primero: la poesía no es un ejercicio expresivo de la interioridad de un autor, sometido solo a su propia sinceridad inmaculada. Segundo: el poema es un espacio público, objetivo y su dimensión depende de que sea habitado y vivido por el lector. Tercero: más que expresar lo que se siente, trabajar un poema significa crear los efectos necesarios en el texto para que el lector haga suya la experiencia. Cuarto: más que espectáculos de ingenio y retórica, se vuelve fundamental en el taller la capacidad de imaginar el lenguaje y la estructura que permiten la presencia viva del lector. Estos son los principios de la elaboración, los esfuerzos para acoplar formas y contenidos. Esta unidad lírica imprescindible no surge de una verdad expresiva espontánea, sino de una escritura calculada y convertida en ética, en imaginación moral.
La obra de Luis Cernuda, recogida bajo el título de La realidad y el deseo, es amplia y atravesó de manera personal los ciclos de su tiempo a través de la poesía pura, el surrealismo, la invocación neorromántica y la apuesta por un realismo más seco, según la calificación acertada de Jaime Gil de Biedma. Es lógico que la presencia de Luis Cernuda se extienda por muchos matices y corrientes literarias que pueden ir del esteticismo a la poesía cívica, de los decorados sensuales a la rebeldía de una conciencia íntima, tan orgullosa de su diferencia como de su solidaridad.

La realidad y el deseo, es amplia y atravesó de manera personal los ciclos de su tiempo a través de la poesía pura, el surrealismo, la invocación neorromántica y la apuesta por un realismo más seco,
Creo que la herencia más viva de Cernuda fue recogida por poetas como Francisco Brines y Jaime Gil de Biedma en el homenaje que le dedicó la revista La caña gris en 1962. Comprendiendo la nueva dinámica que surgía de composiciones como Un poeta futuro,advirtieron en el ejemplo de Cernuda la necesidad de objetivar la propia experiencia en el poema, de convertirla en una escritura meditada y capaz de provocar efectos de vida.
Esta objetivación sirve para ordenar en el texto las pasiones del autor y del lector y, al mismo tiempo, para ofrecer una alternativa ética a la realidad injusta del mundo. Como escribió en el poema Mozart de Desolación de la Quimera (1963): “Da esta música al mundo forma, orden, justicia, / nobleza y hermosura”. Y como afirmó en 1936, otro poema del mismo libro dedicado a un luchador republicano, la dignidad de la conciencia individual es imprescindible “como testigo irrefutable / de toda la nobleza humana”. Son lecciones muy vivas de su poesía, ahora que uno de sus enemigos más poderosos, el capitalismo, extrema la destrucción de las conciencias individuales y de los espacios públicos. El futuro es hoy.
Cincuenta años después de su muerte, hay pocas dudas de que Luis Cernuda es uno de los nombres más grandes de la poesía en lengua española. En realidad, es una opinión que ya estableció Federico García Lorca en abril de 1936 con motivo de la primera edición de La realidad y el deseo, en el discurso que pronunció en un banquete-homenaje muy concurrido. A Cernuda no le calmaron esos elogios sinceros. Tampoco le calmarían hoy los nuestros, porque la fama de Juan Ramón, Salinas, Alberti y el propio García Lorca… Pero ese es otro cantar.

PRENSA CULTURAL. "Cernuda somos todos"

   En "blogs.elpais":

Cernuda somos todos

Por:  05 de noviembre de 2013
Cernuda_Aleixandre_1990_i_acrilico_lienzo_Herminio_MoleroLa paradoja es esta: uno de los mayores solitarios de la literatura española llevaba dentro una multitud. Y todos los que la forman se llaman Luis Cernuda: el poeta puro, el surrealista, el impuro (social) y el meditativo, el del yo desnudo y el gran culturalista, el elitista y el comprometido, el romántico y el racionalista, el desdeñoso y el enamorado.
No es raro que haya terminado siendo el poeta del siglo XX, ese siglo que, como él, se movió entre el formalismo francés y la sobriedad anglosajona y fue literariamente puro, surrealista, impuro... Los maestros fueron, dicen los manuales, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Es cierto,  pero pocos como Luis Cernuda han fecundado a tantas generaciones: del grupo 'Cántico' a los novísimos y de la generación del 50 –por todos sus caminos- a los poetas figurativos de los 80 (tan alejados, a priori, de los novísimos).
Así, cada poeta español de las últimas décadas ha tenido su particular Cernuda: Pablo García Baena, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Francisco Brines, Luis Antonio de Villena, Jenaro Talens, Guillermo Carnero, Juan Luis Panero, Fernando Ortiz, Antonio Colinas, Luis García Montero, Carlos Marzal, Manuel Vilas, José Luis Piquero...
Hay poetas que deslumbran y poetas que alumbran. Lorca es de los primeros; Cernuda, de los segundos. Tal vez por eso este ha resultado tan fecundo, porque la cercanía de su voz –humana, demasiado humana- abona la tierra en lugar de arrasarla. No quema, da calor.

Eso por el lado de la historia literaria, por el lado de la historia a secas, también Cernuda fue un hombre del siglo XX, o sea, un marginado del siglo XX: como homosexual, como poeta y como republicano (“Recuérdalo tú y recuérdalo a otros”). Y para colmo, exiliado. Un “español sin ganas”  que escribió contra España los versos más corrosivos y sobre España (la de Cervantes, la de Galdós) los versos más emotivos. No es extraño que alguien instalado en la contradicción llamase a la recopilación de su poesía La realidad y el deseo: “Tus ojos son los ojos de un hombre enamorado;/tus labios son los labios de un hombre que no cree/en el amor. Entonces dime el remedio, amigo,/si están en desacuerdo realidad y deseo”.
La misma cabeza que produjo los poemas de amor más arrebatados (“Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien/ cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío”) produjo también los versos más desvalidos (“Morir parece fácil, / La vida es lo difícil: / Ya no sé sino usarla / En ti, con este inútil / Trabajo de quererte / que tú no necesitas”) y los más desdeñosos hacia el género humano. También hacia aniversarios como el que hoy -por Cernuda, pese a Cernuda- celebramos (murió hace 50 años): ”¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?/ Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable/para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella,/ como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita/acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó uno/que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así cortársela./Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y aplastarla”.
Cernuda somos todos: la cucaracha y la bota que aplasta la cucaracha. Depende de los días. Sus poemas hablan de nosotros y contra nosotros. Será porque están vivos.
....................
Imagen: Vicente Aleixandre y Luis Cernuda (1990), acrílico sobre lienzo de Herminio Molero.

martes, 5 de noviembre de 2013

POESÍA. "Soliloquio del farero", de Luis Cernuda (1902-5 de noviembre de 1963)

Luis Cernuda

Hoy, 5 de noviembre, se cumplen 50 años de la muerte de Luis Cernuda, uno de nuestros mejores poetas. Como muestra, de su libro "Invocaciones", este

SOLILOQUIO DEL FARERO

Cómo llenarte, soledad, 
Sino contigo misma... 

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, 
Quieto en ángulo oscuro, 
Buscaba en ti, encendida guirnalda, 
Mis auroras futuras y furtivos nocturnos, 
Y en ti los vislumbraba, 
Naturales y exactos, también libres y fieles, 
A semejanza mía, 
A semejanza tuya, eterna soledad. 

Me perdí luego por la tierra injusta 
Como quien busca amigos o ignorados amantes; 
Diverso con el mundo, 
Fui luz serena y anhelo desbocado, 
Y en la lluvia sombría o en el sol evidente 
Quería una verdad que a ti te traicionase, 
Olvidando en mi afán 
Cómo las alas fugitivas su propia nube crean. 

Y al velarse a mis ojos 
Con nubes sobre nubes de otoño desbordado 
La luz de aquellos días en ti misma entrevistos, 
Te negué por bien poco; 
Por menudos amores ni ciertos ni fingidos, 
Por quietas amistades de sillón y de gesto, 
Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, 
Por los viejos placeres prohibidos 
Como los permitidos nauseabundos, 
Útiles solamente para el elegante salón susurrado, 
En bocas de mentira y palabras de hielo. 

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona 
Que yo fui, 
Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; 
Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, 
Limpios de otro deseo, 
El sol, mi dios, la noche rumorosa, 
La lluvia, intimidad de siempre, 
El bosque y su alentar pagano, 
El mar, el mar como su nombre hermoso; 
Y sobre todos ellos, 
Cuerpo oscuro y esbelto, 
Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, 
Y tú me das fuerza y debilidad 
Como el ave cansada los brazos de la piedra. 

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, 
Oigo sus oscuras imprecaciones, 
Contemplo sus blancas caricias; 
Y erguido desde cuna vigilante 
Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, 
Por quienes vivo, aun cuando no los vea; 
Y así, lejos de ellos, 
Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, 
Roncas y violentas como el mar, mi morada, 
Puras ante la espera de una revolución ardiente 
O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo 
Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. 

Tú, verdad solitaria, 
Transparente pasión, mi soledad de siempre, 
Eres inmenso abrazo; 
El sol, el mar, 
La oscuridad, la estepa, 
El hombre y su deseo, 
La airada muchedumbre, 
¿Qué son sino tú misma? 

Por ti, mi soledad, los busqué un día; 
En ti, mi soledad, los amo ahora.

viernes, 29 de junio de 2012

PRENSA CULTURAL. Sobre un poema de Gil de Biedma


   En "blogs.elpais":

Versos del mes de junio

Por:  18 de junio de 2012
BiedmaPeticionImagenCAM1YTVM






NOCHES DEL MES DE JUNIO
Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
                               porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
                                                            nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
                                            y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
         o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
                                       Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos. 
Jaime Gil de Biedma incluyó este poema en Compañeros de viaje, el libro que publicó en 1959. Había pasado una década desde aquella adolescencia a la que alude en sus versos. Adolescencia larga si pensamos que en junio de 1949 tenía 19 años. En 1988, dos antes de morir, leyó ese poema en la Residencia de Estudiantes de Madrid durante un recital -se editó en audiolibro- que cerró con una evocación del histórico fundador de la Residencia y de su mujer, Alberto Jiménez Fraud y Natalia Cossío, a los que había frecuentado en Oxford. Dejó ese texto para el final para poder leerlo, dijo, “sin llorar”.

Gil de Biedma abrió la lectura con un poema de la serie “Las afueras” y continuó con “Noches del mes de junio”, que introdujo con estas palabras: “señala el inicio del género de poesía que yo he cultivado posteriormente, es un poema que está dedicado a Luis Cernuda, primero porque hay una cita verbatim de un verso suyo, que no me acuerdo si es de Un río, un amor o de Los placeres prohibidos, ‘lágrimas por ser más que un hombre’; segundo porque desarrolla un motivo que es muy frecuente en la poesía de la juventud de Cernuda, en la poesía de ese ciclo, que es el del adolescente a solas y el de la frustración del deseo”.
Es imposible leer el poema de Gil de Biedma sin que la memoria se cargue de meses de junio, de imágenes y de habitaciones, de calles regadas, de diablos que nunca escuchan y de noches leyendo cualquier cosa con tal de no estudiar… la selectividad. Leyendo a Cernuda, por ejemplo, que no iba a caer en el examen pero que había escrito aquel verso que Jaime Gil le tomó prestado. En efecto, estaba en Los placeres prohibidos, escrito en 1931, dentro del poema “Como leve sonido”.
COMO LEVE SONIDO
Como leve sonido:
hoja que roza un vidrio,
agua que acaricia unas guijas,
lluvia que besa una frente juvenil;
Como rápida caricia:
pie desnudo sobre el camino,
dedos que ensayan el primer amor,
sábanas tibias sobre el cuerpo solitario;
Como fugaz deseo:
seda brillante en la luz,
esbelto adolescente entrevisto,
lágrimas por ser más que un hombre;
Como esta vida que no es mía
y sin embargo es la mía,
como este afán sin nombre
que no me pertenece y sin embargo soy yo;
Como todo aquello que de cerca o de lejos
me roza, me besa, me hiere,
tu presencia está conmigo fuera y dentro,
es mi vida misma y no es mi vida,
así como una hoja y otra hoja
son la apariencia del viento que las lleva.
(Hasta aquí Cernuda. Ahora, junio de 2012, sabemos que la vida iba en serio.

...............
La editorial Galaxia Gutenberg acaba de publicar en rústica la edición de James Valender de Las personas del verbo, la poesía completa de Jaime Gil de Biedma, uno de esos libros esenciales de la literatura española contemporánea.
Fotografía: Jaime Gil de Biedma retratado en junio de 1986 por Joan Sánchez.

domingo, 9 de enero de 2011

POESÍA. "La adoración de los magos" (y 4), de Luis Cernuda (1902-1963)

Luis Cernuda

                                          IV

                     SOBRE EL TIEMPO PASADO

Mira cómo la luz amarilla de la tarde
Se tiende con abrazo largo sobre la tierra
De la ladera, dorando el gris de los olivos
Otoñales, ya henchidos por los frutos maduros;

Mira allá las marismas de niebla luminosa.
Aquí, año tras año, nuestra vida transcurre,
Llevando los rebaños de día por el llano,
Junto al herboso cauce del agua enfebrecida;

De noche hacia el abrigo del redil y la choza.
Nunca vienen los hombres por estas soledades,
Y apenas si una vez les vemos en el zoco
Del mercado vecino, cuando abre la semana.

Esta paz es bien dulce. Callada va la alondra
Al gozar de sus alas entre los aires claros.
Mas la paz, que a las cosas en ocio santifica,
Aviva para el hombre cosecha de recuerdos.

Tiempo atrás, siendo joven, divisé una mañana
Cruzar por la llanura un extraño cortejo:
Jinetes en camellos, cubiertos de ropajes
Cenicientos, que daban un destello de oro.

Venían de los montes, pasados los desiertos,
De los reinos que lindan con el mar y las nieves,
Por eso era su marcha cansada sobre el polvo
Y en sus ojos dormía una pregunta triste.

Eran reyes que el ocio y poder enloquecieron,
En la noche, siguiendo el rumbo de una estrella,
Heraldo de otro reino más rico que los suyos.
Pero vieron la estrella pararse en este llano,

Sobre la choza vieja, albergue de pastores.
Entonces fue refugio dulce entre los caminos
De una mujer y un hombre sin hogar ni dineros:
Un hijo blanco y débil les dio la madrugada.

El grito de las bestias acampando en el llano
Resonó con las voces en extraños idiomas,
Y al entrar en la choza descubrieron los reyes
La miseria del hombre, de que antes no sabían.

Luego, como quien huye, el regreso emprendieron.
También los caminantes pasaron a otras tierras
Con su niño en los brazos. Nada supe de ellos.
Soles y lunas hubo. Joven fui. Viejo soy.

Gentes en el mercado hablaron de los reyes:
Uno muerto al regreso, de su tierra distante;
Otro, perdido el trono, esclavo fue, o mendigo;
Otro a solas viviendo, presa de la tristeza.

Buscaban un dios nuevo, y dicen que le hallaron.
Yo apenas vi a los hombres; jamás he visto dioses.
¿Cómo ha de ver los dioses un pastor ignorante?
Mira el sol desangrado que se pone a lo lejos.


                                           V

                                     EPITAFIO

La delicia, el poder, el pensamiento,
Aquí descansan. Ya la fiebre es ida.
Buscaron la verdad, pero al hallarla
              No creyeron en ella.

Ahora la muerte acuna sus deseos,
Saciándolos al fin. No compadezcas
Su sino, más feliz que el de los dioses
              Sempiternos, arriba.

sábado, 8 de enero de 2011

POESÍA. "La adoración de los magos" (3), de Luis Cernuda (1902-1963)

Luis Cernuda

                                           III

PALINODIA DE LA ESPERANZA DIVINA

Era aquel que cruzábamos, camino
Abandonado entre arenales,
Con una higuera seca, un pozo, y el asilo
De una choza desierta bajo el frío.
Lejos, subiendo entre unos riscos,
Iba el pastor junto a sus flacas cabras negras.
Cuando tras de la noche larga la luz vino,
Irisando la escarcha sobre nuestros vestidos,
Faltas de convicción, las cosas escaparon
Como en un sueño interrumpido.

Padecíamos hambre, gran fatiga.
Al lado de la choza hallamos una viña
Donde un racimo quedaba todavía,
Seco, que ni los pájaros lo habían
Querido. Nosotros lo tomamos:
De polvo y agrio vino el paladar teñía.
Era bueno el descanso, pero
En quietud la indiferencia del paisaje aísla,
Y añoramos la marcha, la fiebre de la ida.

Vimos la estrella hacia lo alto
Que estaba inmóvil, pálida como el agua
En la irrupción del día, una respuesta dando
Con su brillo tardío del milagro
Sobre la choza. Los muros sin cobijo
Y el dintel roto se abrían hacia el campo,
Desvalidos. Nuestro fervor helado
Se volvió como el viento de aquel páramo.
Dimos el alto. Todos descabalgaron.
Al entrar en la choza, refugiados
Una mujer y un viejo sólo hallamos.

Pero alguien más había en la cabaña:
Un niño entre sus brazos la mujer guardaba.
Esperamos un dios, una presencia
Radiante e imperiosa, cuya vista es la gracia,
Y cuya privación idéntica a la noche
Del amante celoso sin la amada.
Hallamos una vida como la nuestra humana,
Gritando lastimosa, con ojos que miraban
Dolientes, bajo el peso de su alma
Sometida al destino de las almas,
Cosecha que la muerte ha de segarla.

Nuestros dones, aromas delicados y metales puros,
Dejamos sobre el polvo, tal si la ofrenda rica
Pudiera hacer al dios. Pero ninguno
De nosotros su fe viva mantuvo,
Y la verdad buscada sin valor quedó toda,
El mundo pobre fue, enfermo, oscuro.
Añoramos nuestra corte pomposa, las luchas y las guerras,
O las salas templadas, los baños, la sedosa
Carne propicia de cuerpos aún no adultos,
O el reposo del tiempo en el jardín nocturno,
Y quisimos ser hombres sin adorar a dios alguno.

viernes, 7 de enero de 2011

POESÍA. "La adoración de los magos" (2), de Luis Cernuda (1902-1963)

Luis Cernuda

                                            II

                                  LOS REYES

                                       Baltasar

Como pastores nómadas, cuando hiere la espada del invierno,
Tras una estrella incierta vamos, atravesando de noche los desiertos,
Acampados de día junto al muro de alguna ciudad muerta,
Donde aúllan chacales; mientras, abandonada nuestra tierra,
Sale su cetro a plaza, para ambiciosos o charlatanes que aún exploten
El viejo afán humano de atropellar la ley, el orden.
Buscamos la verdad, aunque verdades en abstracto son cosa innecesaria,
Lujo de soñadores, cuando bastan menudas verdades acordadas.
Mala cosa es tener el corazón henchido hasta dar voces, clamar por la verdad, por la justicia.
No se hizo el profeta para el mundo, sino el dúctil sofista
Que toma el mundo como va: guerras, esclavitudes, cárceles y verdugos
Son cosas naturales, y la verdad es sueño, menos que sueño, humo.

                                                           Gaspar

Amo el jardín, cuando abren las flores serenas del otoño,
El rumor de los árboles, cuya cima dora la luz toda reposo,
Mientras por la avenida el agua esbelta baila sobre el mármol
Y a lo lejos se escucha, entre el aire más denso, un pájaro.
Cuando la noche llega, y desde el río un viento frío corre
Sobre la piel desnuda, llama la casa al hombre,
Hecha voz tibia, entreabiertos sus muros como una concha oscura,
Con la perla del fuego, donde sueño y deseo juntan sus luces puras.
Un cuerpo virgen junto al lecho aguarda desnudo, temeroso,
Los brazos del amante, cuando a la madrugada penetra y duele el gozo.
Esto es la vida. ¿Qué importan la verdad o el poder junto a esto?
Vivo estoy. Dejadme así pasar el tiempo en embeleso.

                                                              Melchor

No hay poder sino en Dios, en Dios sólo perdura la delicia;
El mar fuerte es su brazo, la luz alegre su sonrisa.
Dejad que el ambicioso con sus torres alzadas oscurezca la tierra;
Pasto serán del huracán, con polvo y sombra confundiéndolas.
Dejad que el lujurioso bese y muerda, espasmo tras espasmo;
Allá en lo hondo siente la indiferencia virgen de los huesos castrados.
¿Por qué os doléis, ¡oh reyes!, del poder y la dicha que atrás quedan?
Aunque mi vida es vieja no vive en el pasado, sino espera;
Espera los momentos más dulces, cuando al alma regale
La gracia, y el cuerpo sea al fin risueño, hermoso e ignorante.
Abandonad el oro y los perfumes, que el oro pesa y los aromas aniquilan.
Adonde brilla desnuda la verdad nada se necesita.

                                                             Baltasar

Antífona elocuente, retórica profética de raza a quien escapa con el poder la vida.
Pero mi pueblo es joven, es fuerte, y diferente del tuyo israelita.

                                                                Gaspar

Si el beso y si la rosa codicio, indiferente hacia los dioses todos,
Es porque beso y rosa pasan. Son más dulces los efímeros gozos.

                                                                Melchor

Locos enamorados de las sombras. ¿Olvidáis, tributarios
Como son vuestros reinos del mío, que aún puedo sujetaros
A seguir entre siervos descalzos, el rumbo de mi estrella?
¿Qué es soberbia o lujuria ante el miedo, el gran pecado, la fuerza de la tierra?

                                                               Baltasar

Con tu verdad pudiera, si la hallamos, alzar un gran imperio.

                                                               Gaspar

Tal vez esa verdad, como una primavera, abra rojos deseos.

jueves, 6 de enero de 2011

POESÍA. "La adoración de los magos" (1), de Luis Cernuda (1902-1963)

Luis Cernuda

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS
                                I
                                    VIGILIA

                                     Melchor

La soledad. La noche. La terraza.
La luna silenciosa en las columnas.
Junto al vino y las frutas, mi cansancio.
Todo lo cansa el tiempo, hasta la dicha,
Perdido su sabor, después amarga,
Y hoy sólo encuentro en los demás mentira,
Aquí en mi pecho aburrimiento y miedo.
Si la leyenda mágica se hiciera
Realidad algún día.

                              La profética
Estrella, que naciendo de las sombras
Pura y clara, trazara sobre el cielo,
Tal sobre faz etíope una lágrima,
La estela misteriosa de los dioses.
Ha de encarnarse la verdad divina
Donde oriente esa luz.

                                     ¿Será la magia,
Ida la juventud con su deseo,
Posible todavía? Si yo pienso
Aquí, bajo los ojos de la noche,
No es menor maravilla; si yo vivo,
Bien puede un Dios vivir sobre nosotros.
Mas nunca nos consuela un pensamiento,
Sino la gracia muda de las cosas.

Qué dulce está la noche. Cuando el aire
A la terraza trae desde lejos
Un aroma de nardo, y, como un eco,
El son adormecido de las aguas,
Siento animarse en mí la forma vaga
De la edad juvenil con su dulzura.

Así el tiempo sin fondo arroja el hombre
Consuelos ilusorios, penas ciertas,
Y así alienta el deseo. Un cuerpo solo,
Arrullando su miedo y su esperanza,
Desde la sombra pasa hacia la sombra.

Mas tengo sed. Lágrimas de la viña,
Frescas al labio con frescor ardiente,
Tal si un rayo de sol atravesara
La neblina. Delicia de los frutos
De piel tersa y oscura, como un cuerpo
Ofrecido en la rama del deseo.

Señor, danos la paz de los deseos
Satisfechos, de las vidas cumplidas.
Ser tal la flor que nace y luego abierta
Respira en paz, cantando bajo el cielo
Con luz de sol, aunque la muerte exista:
La cima ha de anegarse en la ladera.

                                    Demonio

Gloria a Dios en las alturas del cielo,
Tierra sobre los hombres en su infierno.

                                     Melchor

Sin que su abismo lo profane el alba,
Pálida está la noche. Y esa estrella
Más pura que los rayos matinales,
Al dar su luz palpita como sangre
Manando alegremente de la herida.
¡Pronto, Eleazar, aquí!

                                      Hombres que duermen
Y de un sueño de siglos Dios despierta.
Que enciendan las hogueras en los montes,
Llevando el fuego rápido la nueva
A las lindes de reinos tributarios.
Al alba he de partir. Y que la muerte
No me ciegue, mi Dios, sin contemplarte.

jueves, 2 de diciembre de 2010

POESÍA. "Violetas", de Luis Cernuda (1902-1963)

Luis Cernuda
VIOLETAS

Leves, mojadas, melodiosas,
Su oscura luz morada insinuándose
Tal perla vegetal tras verdes valvas,
Son un grito de marzo, un sortilegio
De alas nacientes por el aire tibio.

Frágiles, fieles, sonríen quedamente
Con muda incitación, como sonrisa
Que brota desde un fresco labio humano.
Mas su forma graciosa nunca engaña:
Nada prometen que después traicionen.

Al marchar victoriosas a la muerte
Sostienen un momento, ellas tan frágiles,
El tiempo entre sus pétalos. Así su instante alcanza,
Norma para lo efímero que es bello,
A ser vivo embeleso en la memoria.

sábado, 27 de noviembre de 2010

POESÍA. "Canción de invierno", de Luis Cernuda (1902-1963)

Luis Cernuda
Canción de invierno

Tan hermoso como el fuego
Late en el ocaso quieto,
Ardiente, dorado.

Tan hermoso como el sueño
Respira dentro del pecho,
Solo, recatado.

Tan hermoso como el silencio
Vibra en torno de los besos,
Alado, sagrado.

jueves, 18 de noviembre de 2010

POESÍA. "Lamento y esperanza", de Luis Cernuda (1902-1963)

Luis Cernuda
Lamento y Esperanza

Soñábamos algunos cuando niños, caídos
En una vasta hora de ocio solitario
Bajo la lámpara, ante las estampas de un libro,
Con la revolución. Y vimos su ala fúlgida
Plegar como una mies los cuerpos poderosos.

Jóvenes luego, el sueño quedó lejos
De un mundo donde desorden e injusticia,
Hinchendo oscuramente las ávidas ciudades,
Se alzaban hasta el aire absorto de los campos.
Y en la revolución pensábamos: un mar
Cuya ira azul tragase tanta fría miseria.

El hombre es una nube de la que el sueño es viento.
¿Quién podrá al pensamiento separarlo del sueño?
Sabedlo bien vosotros, los que envidiéis mañana
En la calma este soplo de muerte que nos lleva
Pisando entre ruinas un fango con rocío de sangre.

Un continente de mercaderes y de histriones,
Al acecho de este loco país, está esperando
Que vencido se hunda, solo ante su destino,
Para arrancar jirones de su esplendor antiguo,
Le alienta únicamente su propia gran historia dolorida.

Si con dolor el alma se ha templado, es invencible:
Pero, como el amor, debe el dolor ser mudo:
No lo digáis, sufridlo en esperanza. Así este pueblo iluso
Agonizará antes, presa ya de la muerte.
Y vedle luego abierto, rosa eterna en los mares.

                                 De Las nubes (1937-1940)