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viernes, 29 de marzo de 2013

PRENSA. ECONOMÍA. CHIPRE. "El trauma de la isla del tesoro". Paul Krugman

Paul Krugman

   En "El País":

 24 MAR 2013

Hace un par de años, el periodista Nicholas Shaxson publicó un libro fascinante y descorazonador titulado Treasure Islands (islas del tesoro), en el que explicaba la manera en que los paraísos fiscales internacionales —que también son, como el autor señalaba, “jurisdicciones con secreto bancario” en las que muchas reglas no se aplican— debilitan las economías en todo el mundo. No solo escamotean los ingresos a unos Gobiernos escasos de dinero y facilitan la corrupción, sino que distorsionan el movimiento de capital, lo que contribuye a alimentar crisis financieras cada vez más grandes.
Sin embargo, una cuestión en la que Shaxson no profundiza demasiado es qué pasa cuando una jurisdicción con secreto bancario entra en quiebra. Esa es la historia de Chipre en estos momentos. Independientemente de cuál sea el desenlace para el propio Chipre (pista: seguramente no va a ser feliz), el lío de Chipre muestra hasta qué punto sigue sin reformarse el sistema bancario mundial, casi cinco años después de que comenzara la crisis financiera mundial.
En cuanto a Chipre: puede que se pregunten por qué le importa a alguien un pequeño país con una economía no mucho mayor que la del Scranton metropolitano, en Pensilvania. Sin embargo, Chipre es un miembro de la eurozona, de modo que los acontecimientos que tienen lugar ahí pueden provocar el contagio (por ejemplo, pánicos bancarios) en países más grandes. Y hay otra cosa más: aunque la economía chipriota sea diminuta, Chipre es un actor financiero sorprendentemente importante, con un sector bancario cuatro o cinco veces más grande de lo que se podría esperar si se tiene en cuenta el tamaño de su economía.
¿Por qué son los bancos chipriotas tan grandes? Porque el país es un paraíso fiscal en el que las corporaciones y los extranjeros acaudalados ponen su dinero a buen recaudo. Oficialmente, el 37% de los depósitos en los bancos chipriotas proceden de no residentes; la cifra verdadera, una vez que se contabiliza a los expatriados ricos y a las personas que son residentes en Chipre solo de nombre, seguramente es mucho más elevada. Básicamente, Chipre es un lugar en el que la gente —sobre todo, pero no solo, los rusos— oculta su riqueza tanto a los recaudadores de impuestos como a los reguladores. Independientemente del lustre que queramos darle, es básicamente una cuestión de blanqueo de dinero.

Los ricos siguen utilizando libremente los paraísos fiscales para evitar pagar impuestos como la gente de a pie
Y lo cierto es que gran parte de la riqueza nunca se movió; solo se volvió invisible. Sobre el papel, por ejemplo, Chipre se convirtió en un enorme inversor en Rusia, mucho mayor que Alemania, cuya economía es cientos de veces mayor. Naturalmente, esto no era en realidad más que “viajes de ida y vuelta” para los rusos que utilizaban la isla como refugio fiscal.
Desgraciadamente para los chipriotas, entró suficiente dinero de verdad para financiar algunas inversiones realmente malas, ya que sus bancos adquirieron deuda griega y concedieron préstamos para una inmensa burbuja inmobiliaria. Antes o después, las cosas estaban abocadas a salir mal. Y así ha sido.
¿Y ahora qué? Hay un fuerte paralelismo entre la situación en Chipre en estos momentos y la de Islandia (una economía de tamaño similar) hace unos años. Al igual que Chipre ahora, Islandia tenía un sector bancario enorme, inflado por los depósitos extranjeros, que era sencillamente demasiado grande para ser rescatado. La respuesta de Islandia fue básicamente dejar que quebraran los bancos y aniquilar a esos inversores extranjeros, a la vez que se protegía a los depositantes nacionales; y los resultados no fueron demasiado malos. De hecho, Islandia, con una tasa de desempleo bastante inferior a la de la mayor parte de Europa, ha capeado la crisis sorprendentemente bien.
Desdichadamente, la respuesta de Chipre a su crisis ha sido un absoluto desastre. Esto refleja, en parte, el hecho de que ya no tiene su propia divisa, lo que le hace depender de los responsables de tomar las decisiones en Bruselas y en Berlín, los cuales no han estado dispuestos a dejar que los bancos quiebren abiertamente.
Pero también refleja las pocas ganas del propio Chipre para aceptar el final de su negocio de blanqueo de dinero; sus líderes todavía están tratando de limitar las pérdidas para los depositantes extranjeros con la vana esperanza de que pueda reanudarse la normalidad, y estaban tan ansiosos por proteger a las grandes fortunas que han intentado limitar las pérdidas de los extranjeros expropiando a los pequeños depositantes nacionales. Al final, sin embargo, los chipriotas de a pie han manifestado su indignación, el plan ha sido rechazado y, a estas alturas, nadie sabe qué pasará.
Yo supongo que, al final, Chipre adoptará una solución parecida a la islandesa, pero a menos que acabe viéndose obligado a abandonar el euro en los próximos días —una posibilidad real— es posible que primero pierda mucho tiempo y dinero en medias tintas para evitar enfrentarse a la realidad al tiempo que incurre en deudas enormes con países más ricos. Ya veremos.
Pero detengámonos un minuto para pensar en el increíble hecho de que los refugios fiscales como Chipre, las islas Caimán y muchos más sigan funcionando más o menos igual que antes de la crisis financiera mundial. Todo el mundo ha visto el daño que los banqueros fuera de control pueden infligir, pero así y todo, gran parte del negocio financiero mundial sigue canalizándose a través de jurisdicciones que permiten a los banqueros esquivar hasta las normativas más suaves que hemos establecido. Todo el mundo se lamenta por los déficits presupuestarios, pero a pesar de ello, las sociedades anónimas y los ricos siguen utilizando libremente los paraísos fiscales para evitar pagar impuestos como la gente de a pie.
Así que no lloren por Chipre; lloren por todos nosotros, que vivimos en un mundo cuyos líderes parecen decididos a no aprender de los desastres.
Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de 2008
© New York Times Service 2013
Traducción de News Clips

miércoles, 27 de marzo de 2013

PRENSA. "Jaque mate a Chipre". Reportaje

Ciudadanos chipriotas hacían el viernes cola ante los cajeros para retirar efectivo. / DAVID SIMON (BLOOMBERG) ("El país")

   En "El País":

Jaque mate a Chipre

La Eurozona afronta el cuarto rescate financiero imponiendo un corralito, que amenaza la economía de la isla

 Nicosia 24 MAR 2013

¿Se imagina un país en el que el Partido Comunista, en el Gobierno hasta el mes pasado, se opusiera a que los más ricos pagaran parte de su fortuna para superar una crisis monumental? ¿O uno que estuviera a punto de quebrar pese a haber descubierto fabulosos yacimientos de gas que podrían equivaler a la producción nacional de cinco años? ¿Y uno en el que sus 800.000 habitantes hubieran logrado paralizar una decisión tomada por los líderes más poderosos de Europa? Pues ese lugar existe. Es un país contradictorio y extraño llamado Chipre.
“Aquí no estamos discutiendo sobre el sector financiero. Lo que está en juego es nuestra forma de vida. Si los inversores extranjeros se van, todo el sistema se viene abajo”. Quien habla es Evdokia Papadopoulou, una joven recién licenciada en Ciencias Políticas que el pasado martes se manifestaba frente al Parlamento. Estaba furiosa porque Europa hubiera forzado a Chipre a expropiar el 6,75% de las cuentas de los pequeños ahorradores como ella; pero también le enervaba la posibilidad de que los grandes oligarcas —en su mayoría rusos; muchos con negocios no del todo limpios— también tuvieran que poner el 10% de su dinero a cambio del rescate exterior. “¿Acaso somos el único país del mundo en el que se lava dinero?”, se preguntaba una profesora de primaria.
Como estas dos mujeres, la inmensa mayoría de los chipriotas —el 91%, según una encuesta publicada esta semana— se oponía a la quita en los ahorros pactada en la madrugada del sábado 16 de marzo por los Gobiernos de la zona euro, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los diputados del pequeño país hicieron caso a sus ciudadanos y dieron un sonoro corte de mangas a Europa al rechazar las condiciones que se presentaban como indisolublemente ligadas al préstamo de 10.000 millones. “No bail in, no bailout (si no hay quita, no hay rescate)”, llegó a decir un miembro de la delegación alemana en el Eurogrupo de la semana pasada, en el que los cuchillos volaron en todas las direcciones.

"¿Acaso somos el único país del mundo en el que se lava dinero?"
Fuentes que participaron en las negociaciones aseguran que el presidente del país, el conservador Nikos Anastasiadis, sabía que la negociación iba a ser muy dura, pero que no contaba con que le obligaran a expropiar depósitos. De vuelta a Nicosia, ni uno solo de los 56 parlamentarios votó a favor del acuerdo alcanzado en Bruselas, que el presidente había presentado como la única salida frente al caos. Había que elegir entre el diktat europeo o la bancarrota y la consiguiente salida del euro, dijo. Una vez encajado el golpe de que ni siquiera los 20 diputados de su partido le hicieran caso, Anastasiadis dijo comprender y respetar los motivos del no.
Este rechazo frontal no se explica solo por la comprensible renuencia de los ciudadanos a que les quiten de la noche a la mañana una parte de sus ahorros. En la sociedad chipriota se ha instalado el convencimiento de que las condiciones impuestas por la canciller Angela Merkel —que en las celebraciones del carnaval ortodoxo ha ocupado un puesto de honor como centro de todas las dianas— no servirían para sacar al país del hoyo, sino para hundirlo más.
“La quita va a espantar a todos los inversores internacionales. El PIB chipriota, que se apoya fundamentalmente en las finanzas, se hundirá. ¿Qué pasará cuando no cumplamos los objetivos de déficit que nos marca Bruselas? ¿Nos ofrecerán un segundo rescate a cambio de quitarnos más dinero del banco? ¿Y así hasta cuándo?”, se preguntaba esta semana el abogado Simos Angelides.
Pronto se notarán los efectos de lo ocurrido esta semana. Un empresario exportador contaba el pasado viernes, en un encuentro organizado por 'The Economist' al que acudió la élite económica del país, que piensa bajar inmediatamente un 30% los salarios a todos sus empleados. “El FMI pronosticaba para este año una caída del PIB del 3,5%. Ahora, no creo que el descenso se aleje mucho del 15%”, aseguraba la analista Fiona Mullen en el mismo acto, en el que un ponente proyectó una ilustración del mapa de Chipre hundido en el Mediterráneo y rodeado de tiburones acompañado de la frase “justo cuando parecía que estaba seguro”. El premio Nobel de Economía y gloria nacional, Chris Pissarides, algo más optimista, dijo que confía en que el sector financiero se recupere a medio plazo.

La sociedad cree que las condiciones de la UE no sacarán al país del hoyo
Muchos recuerdan estos días la gran tragedia nacional —la invasión turca que en 1974 obligó a desplazar a una cuarta parte de la población y cimentó el muro que aún hoy divide en dos el pais—. “La diferencia es que entonces el enemigo estaba claro y ahora no”, dice en la cafetería de la televisión pública el presentador Panicos Hadjipanayis.
El temor extendido en la pequeña isla del Mediterráneo es que haya empezado un proceso imparable de deterioro de sus condiciones de vida. Tienen, además, cerca el ejemplo de sus vecinos griegos, con los que comparten idioma. Los dos rescates europeos que ha tenido Grecia, recuerdan los chipriotas, no han hecho más que ahondar la recesión, que ya va por el quinto año, y disparar el paro hasta el 27%. “Todos tenemos amigos allí. Y vemos cómo ahora miran hasta el último céntimo”, comenta una joven profesora.
Grecia, además de como espejo en el que nadie quiere mirarse, sirve también como motivo de exculpación. Porque fue la quita de la deuda helena la que terminó de hundir un país que ya arrastraba grandes desequilibrios. El hipertrofiado sector financiero chipriota —que llegó a suponer el 800% del PIB— acumulaba hace dos años 4.700 millones de euros en títulos de deuda helena.

Nadie se hace ahora responsable de la iniciativa sobre los depósitos
Visto en perspectiva, es paradójico recordar que los dos grandes momentos negros para Chipre en esta crisis nacen de la voluntad alemana por imponer algo, que a primera vista, sonaba razonable, pero que a la postre ha terminado por tener efectos catastróficos. La primera fue la epifanía que tuvo Merkel con el entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy, en Deauville: a partir de entonces, no serían solo los contribuyentes los que tendrían que cargar con los rescates. Los inversores deberían echar una mano.
El segundo responde a una filosofía muy parecida, pero en este caso afecta ya no a los inversores, sino a los ahorradores, tal y como decidió el Eurogrupo hace una semana. Es cierto que a los pocos días dio marcha y recomendó respetar la norma que asegura total tranquilidad a los europeos con menos de 100.000 euros en el banco. Pero el daño ya estaba hecho. Hará falta que pase mucho tiempo para que griegos, portugueses, italianos y españoles olviden las imágenes de las largas colas frente a los cajeros.
Es en este punto en el que se acumulan las críticas a la gestión del rescate chipriota, que ya es el cuarto en la Eurozona (el quinto si se cuenta el de la banca española). “La quita a los pequeños ahorradores fue un error mayúsculo. La culpa es de todos los participantes en el Eurogrupo: chipriotas, el resto de socios del euro, Comisión Europea, BCE y FMI. Todos dieron su visto bueno, da igual a iniciativa de quién”, dice Zsolt Darvas, de Bruegel, en referencia a la estrategia del “yo no he sido” que esta semana han seguido varios de los que participaron en el desaguisado. “Es la decisión más catastrófica desde el inicio de la crisis. Rompe el contrato social entre ciudadanos, instituciones y bancos”, añade Cinzia Alzadi, de CEPS.
Pero los problemas de Chipre no vienen solo de Atenas o del resto de Europa. El modelo económico que le permitió crecer a buen ritmo durante la pasada década —turismo, transporte marítimo y ladrillo, pero sobre todo una banca desproporcionada que ofrecía intereses muy altos, impuestos muy bajos y muy pocos remilgos a la hora de aceptar dinero de procedencia ilícita— ya había gripado antes de que empezaran los problemas en Grecia. Se añadían a los desequilibrios de una balanza de pagos comercial deficitaria, una competitividad decreciente, un fuerte aumento de la deuda privada y una sobreexposición de los bancos al sector inmobiliario y la deuda griega. El accidente de Vassilikos —la mayor central eléctrica del país, que acabó con la vida de 13 personas y costó al país el 10% del PIB— y la quita griega fueron la puntilla.

Pissarides asemeja el modelo bancario chipriota al de Luxemburgo
El ministro de Finanzas alemán es de los que insisten en la idea de que los chipriotas se han buscado sus problemas. “Su modelo ha fracasado. El país es incapaz de financiarse y sus bancos son insolventes”, respondió Wolfgang Schäuble esta semana cuando le preguntaron si Alemania va a dejar caer por solo 5.800 millones a la economía más pequeña del euro.
Alemania, a diferencia del BCE y de la Comisión, considera que no hay riesgo de que los problemas de Chipre se contagien al resto de la unión monetaria. Una de las condiciones del Eurogrupo para el rescate es que Nicosia reduzca su sector bancario hasta acercarlo a la media europea. El Nobel Pissarides, en cambio, defiende que no hay nada intrínsecamente malo en el modelo de crecimiento chipriota. “Luxemburgo depende más que nosotros del sector financiero y no he oído a nadie decir que sea un problema. Cuando pregunto a inspectores de la troika por qué el modelo de crecimiento chipriota es insostenible no saben qué responder”, asegura el también profesor de la London School of Economics.
Chipre se enfrenta a un futuro endemoniado. Pase lo que pase con el rescate, la confianza en su banca ha recibido un golpe mortal. El BCE amenaza con cortar la liquidez a sus entidades si no llega ya a un acuerdo con la troika. La solución rusa parece descartada y no se vislumbra otra salida que restringir la movilidad de capitales —en otras palabras, alargar el corralito— y aplicar una quita a los grandes ahorradores. Es decir, matar a la gallina que tantos huevos de oro daba hace poco. Tan solo cinco años después de unirse al club del euro, el sueño de la prosperidad y modernidad que vendría de la mano de Europa parece roto. Dos de cada tres ciudadanos quiere volver a la libra chipriota. Y casi todos se arrepienten de haberla abandonado un día.

PRENSA. Chipre. "Guía para sobrevivir sin bancos"

Una nota manuscrita recordaba el límite de retirada de efectivo de 260 euros. / DAVID SIMON (BLOOMBERG) 
("El País")

   En "El País":

Guía para sobrevivir sin bancos

La primera semana de corralito obliga a los chipriotas a hacer cambios profundos en su vida diaria

 Nicosia 24 MAR 2013

Pagar todo lo posible con tarjeta. Reducir los gastos imprescindibles y eliminar los superfluos. Buscar cajeros que acaben de ser recargados y sacar todo el dinero posible. Son algunas de las lecciones que han aprendido a marchas forzadas los chipriotas en esta semana de corralito. Pero lo vivido hasta ahora en la isla no será nada comparado con lo que podría ocurrir si el Gobierno no llega a un acuerdo con Europa. “Antes tenía miedo a perder el 10% de mis ahorros, pero la situación ahora es peor. Si quiebra el banco Laiki (nacionalizado y al borde de la quiebra) puedo quedarme sin nada”, dice Natalia, ciudadana rusa que lleva en la isla 15 años.
La pesadilla comenzó el sábado 16, cuando los ahorradores se enteraron de que los líderes europeos habían decidido unas horas antes que los ciudadanos normales iban a contribuir con sus cuentas corrientes a sufragar parte del rescate. Las colas en los bancos —una imagen que el euro se juró que nunca mostraría— ya habían comenzado. A partir de entonces, el ambiente se ha ido enrareciendo día a día.
El lunes y el martes —antes de que el Parlamento rechazara de forma abrumadora el acuerdo— predominaba la indignación con Europa y la sensación de orgullo herido. Pero a finales de semana ya había muchos chipriotas que se preguntaban en voz baja si no se habrían equivocado al plantarse ante la troika y rechazar sus exigencias. Como los centenares de trabajadores de Laiki que se manifestaban el jueves a la puerta de la Cámara de Representantes. Hombres y mujeres de mediana edad que llevan varias décadas detrás de la ventanilla de la segunda entidad del país se veían rodeados por las vallas que había puesto la policía para proteger a los diputados.
Empleados como Andreas Milordos, que criticaba a los parlamentarios por no haber aceptado una quita inferior al 10% y estar ahora discutiendo si se iban a quedar con su pensión, para la que ha cotizado tantos años. Ante la presión alemana, Nicosia se preparaba el viernes para descartar esta opción y retomar la quita sobre los depósitos, pero en esta ocasión solo sobre aquellos de más de 100.000 euros.

El gobierno teme una fuga de depósitos cuando se vuelvan a abrir las oficinas bancarias
Chipre ha ido posponiendo la apertura de las oficinas bancarias ante el temor de una fuga de depósitos que el gobernador del banco central, Panicos Demetriades, estimó que los primeros días rondaría el 10% de los 70.000 millones de depósitos. Otros analistas temían una cantidad mucho mayor si no se imponía algún tipo de control de capitales. “Por supuesto que voy a sacar mi dinero en cuanto pueda. ¿Tú no saldrías de tu casa si ves que está ardiendo?”, comentaba un hombre en el centro de Nicosia. “No sé qué hacer. Si todos actuamos así el país no tiene salvación”, respondía un taxista. El plan B que el Parlamento debatía el viernes daría poderes al ministro de Finanzas para ejercer ese control. Pese a contradecir el principio europeo de libre circulación de capitales, esta medida parece la única que podría evitar una estampida bancaria.
Chipre ha pospuesto todas las decisiones difíciles, pero ya no le quedan muchas opciones y deberá cumplir su anuncio de que los bancos, tras una semana de parón, reinicien la actividad el próximo martes. Los síntomas de que algo raro pasa son evidentes. Gasolineras y otras tiendas solo aceptan efectivo. ¿Se puede pagar con tarjeta? “Hoy sí, pero mañana ya no”, respondía el jueves la dueña de un restaurante.
La incertidumbre se reflejaba ese mismo día en un Zara, prácticamente vacío pese a estar en una de las arterias comerciales de Nicosia. Algunos comerciantes se quejan de que, con los bancos cerrados, no pueden pagar a los proveedores, por lo que empiezan a escasear productos. Las radios y televisiones escupen continuamente las palabras “Merkel”, “Eurogrupo”, “Lagarde”, “troika” o “Schäuble” en informativos que se alargan durante horas. “Hoy hemos empezado a las 9.30 un programa que suele comenzar a las 12.00. No sé hasta qué hora estaremos”, comentaba en un descanso para un café Panicos Hadjipanayis, uno de los presentadores estrella de la televisión pública RIK.
Los cajeros del banco Laiki, que hasta el miércoles funcionaron sin sobresaltos, empezaron a llenarse de colas el jueves. La entidad anunció ese día que limitaba a 260 euros la retirada de efectivo. Algunos chipriotas comenzaron entonces un peregrinaje de cajero a cajero en busca de billetes. Tenían por delante un largo fin de semana con la banca electrónica también congelada. ¿Y a partir de entonces? Todas las dudas del mundo. “Solo sé que nuestras vidas van a cambiar. Siento como si estuviera ante un abismo”, comenta Ana mientras retira dinero. Unos metros más allá, la dueña de un negocio se lo toma con optimismo: “Bueno. A partir de ahora funcionaremos de otra forma. Habrá que compartir más, intercambiar las cosas… No sé”.

domingo, 23 de agosto de 2009

PRENSA (2). 23 agosto 2009


En suplementos de "El País":

1. No murió con las botas puestas. Reportaje de Jacinto Antón, dentro de la serie Cobardes de la historia. Perdió los nervios en Little Big Horn y no acudió en ayuda del general Custer.

2. La Isla Desencajada. Reportaje de Rafael Estefanía. A medio siglo de su independencia, Chipre sigue estando dividido entre lo turco y lo griego, y separado por un muro, el único en pie en Europa. El mismo desánimo que destilan hoy las calles de la capital, Nicosia, parece contagiar a los habitantes de ambos lados.

3. Entrenemos la Gratitud. Reportaje de psicología, firmado por Jenny Moix. Está comprobado que las personas más agradecidas son las más felices. Así que aparquemos la queja continua, propia de sociedades acomodadas, y repasemos lo bueno que tenemos alrededor.

4. Resucitadores de animales. Reportaje de Luis Miguel Ariza. La idea de revivir especies extinguidas que Steven Spielberg plasmó en ‘Parque Jurásico’ cada vez está más cerca. No con dinosaurios, pero sí con animales como el mamut y el tigre de Tasmania. Algunos expertos avanzan que en 20 años tendrán a punto la técnica.

5. Valientes bajo otra bandera. Reportaje de Jacinto Antón. Seis soldados veteranos de la Segunda Guerra Mundial que, a pesar de haber nacido en Alemania, lucharon en el ejército británico explican su experiencia en los campos de batalla. Una tarde de relatos sensacionales, a la par que terribles, en el hogar inglés de la historiadora Helen Fry, autora de un libro sobre dichas vivencias.