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miércoles, 9 de diciembre de 2015

CINE. Sobre "Blade Runner"

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"Blade Runner" (1982). Memorias de un replicante
En la ciencia-ficción que veíamos de niños –y que algunos nunca hemos renunciado a disfrutar– las amenazas provenían del espacio exterior, encarnadas en criaturas de apariencia más o menos pintoresca. En 1982, Ridley Scott nos demostró que el futuro no es tan amable como el que mostraban las viñetas de Flash Gordon o Buck Rogers. Al contrario: el porvenir que nos promete Scott es tan oscuro, confuso y moralmente ambiguo como una novela negra.
Blade Runner... "la película de ciencia ficción más notable, densa y visual desde 2001 –escribe Jonathan Rosenbaum–, una meditación obsesiva y erótica sobre la diferencia entre lo humano y lo no humano. Situada en un desastrado Los Ángeles, caracterizado por la lluvia y los restaurantes chinos, desplegando texturas dignas de Sternberg o Welles, trata de un ex policía especializado en localizar y matar androides. Los resultados son un triunfo del diseño de producción y es difícil determinar dónde acaba ésta y empieza la dirección".
Dotada de una inspiración poética infrecuente en el género, Blade Runner plantea una profunda reflexión sobre la condición humana. Mientras los replicantes –“más humanos que los humanos”, según su creador– desarrollan un periplo casi iniciático en busca de sus raíces, el espectador accede al mundo de los verdaderos hombres: una sombría colmena multirracial iluminada por inquietantes spinners, semejantes a libélulas en eterno vuelo, deslizándose frente a gigantescas pantallas publicitarias.
Por el largometraje de Scott discurren elementos de géneros diversos. Si la inspiración chandleriana del personaje protagonista remite al mejor cine noir, los desoladores planos de la ciudad de Los Ángeles crean una atmósfera que evoca aquella que Fritz Lang soñó en su Metrópolis. El expresionismo, como aquí se demuestra, nunca pasará de moda.
Una distopía literaria
Los Ángeles, noviembre de 2019. Ya sé que resulta fascinante imaginar ese escenario que en la película se abría con un horizonte industrial, reforzado por las pirámides de la Tyrell Corporation. Y no quisiera olvidarme de lo que representan esos primeros fotogramas –la gran sede de la ingeniería genética está rodeada de torres encendidas, barrios populosos y factorías petroquímicas–. Pero lo cierto es que, pese a la maravillosa escenografía, lo que nos cautiva de Blade Runner es su trasfondo filosófico, o mejor dicho, su reflexión sobre lo que suponen para nosotros la memoria y la certeza de la muerte.
Blade Runner opera sobre los ejes que sustentan eso que, con cierta ligereza, llamamos humanidad. Un concepto que, como anuncia el film, habrá que repensar en el futuro, con la evolución de robots e inteligencias artificiales.
¿Qué factores condujeron a que una superproducción de los ochenta mostrase esa profundidad filosófica y esa relevancia estética? Y lo que resulta más curioso: ¿cómo es posible que la crítica y el público de la época desdeñasen esta película que hoy es defendida como una obra maestra?
Hagamos balance. Todo empezó con un libro de 1968, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, escrito por un escritor genial, paranoico y propenso a las adicciones: Philip K. Dick.
En esa novela, Dick reflexiona sobre ciertos valores de la contracultura, aludiendo a un recurso clave: la idea de las personas que actúan como máquinas –o viceversa–, y que hacen del androide un poderoso símbolo de nuestro tiempo.
Tras leer documentos de la Gestapo, Dick comprendió que los nazis, en su perversidad, no merecían la condición de humanos. A partir de ahí, las metáforas acabaron poblando todo el texto, como un reflejo de la época. De hecho, la sombra de la guerra del Vietnam y la crisis de valores que ésta desencadenó acabaron filtrándose en la trama.
Imagen superior: Ridley Scott y Philip K. Dick
El proceso de adaptación
En 1969, el director Martín Scorsese y el guionista Jay Cocks se interesaron por la novela, pero su proyecto quedó en nada. En 1974, la firma Herb Jaffe Associates, lnc. compró los derechos de adaptación, pero el guión resultante, firmado por Robert Jaffe, fue descartado por el propio Dick.
Al final, fue Hampton Fancher quien, con diez mil dólares ahorrados, decidió invertirlos en llevar a la pantalla ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? «En 1977 –le cuenta Fancher a Paul M. Sammon–, yo iba a salir de viaje cuando me encontré con mi amigo Brian Kelly, que había protagonizado una serie de televisión llamada FlipperBrian deseaba convertirse en productor y buscaba algo que comprar. Yo recordé lo mucho que me había gustado la novela de Dick y le dije que consiguiera una opción» (Cómo se hizo Blade Runner, Alberto Santos Editor, 2005).
Fancher redactó un guión preliminar y el productor Michael Deeley se ocupó de venderlo a los estudios. Sin embargo, la suerte no les acompañó. Brian Kelly, uno de los primeros promotores del proyecto, siguió ligado a éste, aunque, en buena medida, dejó la producción ejecutiva en manos de Deeley.
Las reescrituras del guión se sucedieron. Un segundo borrador, al que Fancher tituló Android, antecedió al siguiente, esta vez titulado Mechanismo. Entre los realizadores a los que Deeley ofreció aquel borrador figuran Adrian LyneMichael Apted,Bruce Beresford y Ridley Scott.
Todos ellos, incluido Scott, se desentendieron de los planes de Deeley y Fancher. Tan solo el director Robert Mulligan llegó a un acuerdo firme cuando CBS Films y la Universal se interesaron por el guión, retitulado Dangerous Days.
En 1979, Michael Deeley le envió nuevamente el guión a Ridley Scott, quien acabó cediendo a las peticiones del productor.
El 21 de febrero de 1980, Scott firmó su contrato, y el 9 de abril de ese mismo año, Filmways Pictures accedió a invertir 13 millones de dólares en Dangeorus Days.
Scott sugirió nuevos cambios en el guión, y eso fue agriando su relación con Fancher. En todo caso, no fue la única enmienda: un nuevo guionista, David Peoples, introdujo otras variaciones en el texto.
Cuando Filmways decidió abandonar el proyecto, Michael Deeley logró el respaldo de The Ladd Company, el productor de Hong Kong Run-Run Shaw y la productora televisiva Tandem Productions Inc.
Cuando por fin se puso en marcha la preproducción, Ridley Scott dedicó bastante tiempo a diseñar la estética de la película, cuyo título final, Blade Runner, también se debe a Fancher. El guionista lo tomó de un borrador de William S. Burroughs y de una novela de Alan E. NourseThe Bladerunner (1974).
"Hay momentos de una película –dice Scott– donde los elementos del fondo pueden ser tan importantes como el actor que está en primer término, sean esos elementos figuras o paisajes. Porque cada incidente, cada sonido, cada movimiento, cada color, cada decorado, cada actor o elemento de atrezo, forma parte de la orquestación que hace el director con la película. Y, para mí, esa orquestación es la representación. Y la representación lo es todo".
La imaginería y los efectos visuales
Entre las referencias visuales a las que el director recurrió durante esa etapa de diseño, destacan el film noir de los años cuarenta, la arquitectura de Frank Lloyd Wright y Sumner Hunt, y sobre todo, una conocida pintura de Edward Hopper,Nighthawks. Desde otro punto de vista, también es innegable el influjo de la revista de cómics Métal Hurlant.
"Hice una película que es un cómic –le dice Scott a Paul M. Sammon–, es algo que no se debe olvidar. Pero la gente no suele interpretar bien esa parte de la producción. Igual que subestima el enorme problema que implica adaptar un cómic a la pantalla. Es un proceso difícil porque los cómics funcionan en dos dimensiones. Aquí hay una línea, aquí otra, un dibujo impresionante y una composición dinámica, y tu cerebro proporciona el resto. Pero para duplicar esa experiencia en cine se requiere gran disciplina y preparación. Es uno de los motivos por los que no quiero ni tocar una película futurista mientras no disponga de un guión razonablemente elaborado. Porque todo nace de ahí, incluidos los aspectos visuales. Lo cual crea a su vez el entorno concreto de ese futuro".
Para alegría de ScottBlade Runner contó con Douglas TrumbullRichard Yuricich y David Dryer en el equipo de efectos especiales.
No fueron los únicos talentos que se sumaron al proyecto. En ese grupo humano se dio una portentosa conjunción de mentalidades creativas.
El director realizó un perfecto storyboard en el que podían hallarse todo tipo de referencias postmodernas, desde motivos propios del cine negro hasta viñetas de Moebius pasando por conceptos futuristas y de alta tecnología industrial.
Syd Mead, que en los créditos figuró como Futurista Visual, usó su experiencia como diseñador industrial para crear máquinas y utensilios del siglo XXI. Aunque ya tenía experiencia cinematográfica por su trabajo como diseñador de Star Trek, la película Tron (1982), en Blade Runner Mead realizó los bocetos más complejos de su carrera. Diseñó cinco modelos de vehículos y también las calles de Los Ángeles, recreadas mediante intrincados decorados en los estudios Burbank.
Quizá la creación técnica más compleja de esta producción fuera, a pesar de su aparente sencillez, el polígrafo Voight-Kampf, dirigido mediante un cable por control remoto. En el polígrafo fue instalado un sensor óptico que se centraba para buscar el iris del sujeto analizado, y también se instaló un fuelle para simular su captación de las feromonas humanas.
Otro de los talentos que trabajó con Trumbull fue Lawrence Paull, el diseñador de producción. Paull dirigió la construcción de vehículos y decorados tras estudiar los bocetos de Mead, y aventuró diseños propios como una máquina de té o una pistola del futuro que acabó por ser utilizada como teléfono futurista.
Días peligrosos
El reparto de Blade Runner fue cuidadosamente elegido. Antes de convencer al actor Harrison Ford para que interpretara el papel protagonista, Scott quiso intentarlo con Dustin Hoffman. Sin embargo, al final tuvo que trasladar el estudio de producción desde Londres hasta Hollywood. La mudanza tiene un motivo: Los Ángeles era el lugar de trabajo que Ford había marcado como condición previa a la firma de su contrato.
Harrison Ford encarnó a Deckard y la replicante Rachael fue interpretada por Sean Young, mientras que Rutger Hauer se hizo con el papel del Nexus-6 Roy Batty. Compartían cabecera de cartel Edward James Olmos (Gaff), M. Emmet Walsh(Bryant), Daryl Hannah (Pris), William Sanderson (Sebastian), Brion James (León), Joe Turkel (Tyrell), Joanna Cassidy(Zhora) y James Hong (Chew).
Como es bien conocido, el trabajo con todos ellos se vio severamente condicionado por las circunstancias del rodaje. El presupuesto, cada vez más ajustado, enervaba a Scott, quien discutía con Harrison Ford de forma constante.
Esa falta de fondos justifica escenas tan descuidadas como la de la muerte de Zhora, en la que se distingue con claridad que es una especialista, y no Joanna Cassidy, quien perece atravesando un cristal.
Por suerte, la categoría del reparto también propició aportaciones inesperadas. Así, cuando filmaban la lucha final entre Deckard y Roy Batty, Rutger Hauer sugirió al realizador dos detalles: Batty debía morir en la posición del loto, con una paloma entre las manos, después de recitar unas líneas inolvidables, escritas por el propio actor: "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de guerra ardiendo más allá de Orión. He visto rayos-c resplandecer en la oscuridad, cerca de la puerta de Tanhauser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir".
En cualquier caso, quienes participaron en el rodaje reconocen que éste siguió un ritmo infernal. Los jefes de Tandem Productions, Bud Yorkin y Jerry Perenchio, complicaron el trabajo de Scott limitando cada vez más el aporte económico. Ello impuso un ritmo de filmación frenético, que enfrentó al realizador con buena parte de los técnicos.
Ajenos a la lucha interna del director, éstos le acusaban de autoritario e incluso distribuyeron camisetas con un lema en su contra.
Hasta el último momento, Scott luchó por mejorar el guión... Quizá por ello, nunca se sintió cómodo con la voz en off de Deckard, que nos narra la acción en el primer montaje del film. "Sólo cuando han pasado varios años y lo ves y lo oyes te dices: ¡Oh, Dios mío! ¡Es horrible! Porque a) la narración era superflua, y b) la narración, pese a estar influenciada por Raymond Chandler, no era lo bastante chandleriana" (Sammon, op.cit.).
Ese mismo montaje tiene un final feliz, realizado con tomas descartadas de El Resplandor, de Stanley Kubrick. Tandem Productions impuso este desenlace optimista, que nunca fue del agrado del director, cuyo máximo empeño era reflejar la paranoia del personaje principal.
A decir verdad, los críticos también mostraron su desagrado, no ya con la última escena, sino con el conjunto de Blade Runner.
Así, periodistas tan destacados como Pauline Kael contribuyeron al fracaso comercial de la cinta, rechazada sin contemplaciones por buena parte de la crítica y por un sector mayoritario del público.
¿Qué hizo que la opinión mayoritaria cambiase de rumbo? Es difícil saberlo. En todo caso, el paso del tiempo y la influencia estética de Blade Runner en otras películas erosionaron aquel muro de incomprensión, y poco a poco, la obra de Scott adquirió el estatus de clásico moderno.
Lo mismo sucedió con su espléndida banda sonora. La música de Vangelis, que en su momento no cautivó al público, está considerada hoy una obra maestra de la composición cinematográfica.
Visto con perspectiva, ese rechazo inicial es aún más censurable. Si hay una característica común en la mayoría de largometrajes de ciencia-ficción rodados durante los años ochenta, ésa es la consolidación de los efectos especiales como razón de ser del género. Pocos títulos de esa década manifiestan sus valores más allá de un buen uso de las maquetas o de los trucos de maquillaje. Los guiones, cada vez más inconsistentes, en raras ocasiones eluden el riesgo de convertirse en una mera disculpa para desarrollar un pueril artificio.
Dicen los que de esto saben que el culpable es –a su pesar– George Lucas. Una vez puesta de moda la space opera tras el estreno de La guerra de las galaxias, nadie quiso contradecir sus convenciones: intrigas de escaso alcance, héroes a la vieja usanza y villanos unidimensionales. Por eso mismo, a lo largo de los ochenta, fueron pocos los títulos que se cultivaron una fantaciencia alejada a su target comercial: adolescentes sin muchas exigencias.
Precisamente ése es el caso de Blade Runner, una producción poética y sugerente, esencial para entender la cinematografía de aquella década y precursora de todo un género: el cyberpunk. Por otro lado, y esta quizá sea su virtud más perdurable, hay pocas cintas de ciencia-ficción con un poso intelectual tan rico en sugerencias.
En palabras de Fernando Savater,"Blade Runner está presidida por el tema del tiempo. La Ciudad del futuro se muestra ya vieja, gastada, pasada (incluso pasada por agua, ciertamente). A los replicantes se les inventa la falsa memoria de un pasado que nunca existió (pero ¿ha existido alguna vez lo pasado?): esa memoria sirve para identificarles en la ilusión y denunciarles en la realidad. En la Ciudad siempre es de noche, hora de sombras y luces chillonas más allá del crepúsculo. El detective afronta su último caso, vuelve hacia la tarea pasada que abandonó y la reemprende por última vez. Los ojos de los replicantes los fabrica un anciano milenario que vive en estado de hibernación; sus cuerpos, un joven artesano violentamente envejecido por el síndrome de Matusalén. Los animales son cosa del pasado, aunque perfectamente reproducidos en autómatas del presente. Los replicantes vuelven a su origen en busca de su creador, obsesionados por el breve plazo de tiempo que éste les ha concedido. Quieren más tiempo, quieren todo el tiempo, quieren que el tiempo no pase por ellos. Al líder de los replicantes –espléndido Rutger Hauer– se le va acabando el plazo concedido antes de lograr concluir la misión que se ha encomendado a sí mismo (rescatarse del tiempo). Finalmente sólo el amor se revela como capaz de un presente que no necesita pasado y se desentiende del futuro, fragilidad sin excusa y por ello mismo invulnerable" (Blade Runner, Cuadernos Infimos 135, Tusquets, 1988).
"En Blade Runner –escribe Fernando Vizcarra–, la identidad de los protagonistas está atada a la idea de la muerte. Los replicantes quieren más vida, no por instinto, sino porque se han apropiado de lo que significa socialmente estar vivo. (...) La odisea de los replicantes no se agota en su reclamo de mayor tiempo, sino que revela la honda problemática de lo vivido y lo experimentado. La percepción de la fugacidad humana adquiere otros significados en el contexto radicalizado de la modernidad, cuyos mecanismos múltiples de desanclaje y recomposición de las temporalidades ha gestado un presente fantasmagórico, esquivo, inasible. (...) Concebidos como herramientas de trabajo, de guerra y de placer, los replicantes dejan de ser una extensión de los sentidos del hombre, recordando la metáfora de McLuhan (1980), para convertirse en hombres ávidos de sentido. Son androides (un término que Scott rechaza) construidos mediante ingeniería genética a imagen y semejanza de sus creadores. Han sido diseñados sin memoria, sin emociones y con una duración de cuatro años de vida. Están programados para realizar labores de exploración y colonización del espacio, que resultan peligrosas para los humanos. Funcionan también como unidades de combate y, en el caso de Pris, como objetos de placer. A partir de este planteamiento, la trama introduce algunas variables por demás sugerentes".
"Como consecuencia de lo vivido –añade Vizcarra–, los replicantes comienzan a desarrollar emociones y afectos. Es decir, amor, odio, celos, miedo, envidia, tristeza, etcétera. Pero, fundamentalmente, adquieren una conciencia de sí mismos que los trae de regreso a la Tierra en busca de una prolongación de sus tiempos de vida. Rachael, por su parte, es un prototipo avanzado que posee implantes de memoria para resolver, según Tyrell, el dislocamiento entre sus vastas emociones y su breve experiencia. Es aquí donde se borran las fronteras entre los humanos y sus máquinas. (...) De ahí que las fotografías sean objetos recurrentes en este filme. Son imágenes de familia, principalmente. Las colecciona Leon Kowalski (sus preciadas fotos, según la expresión de Roy Batty). También Rachael trae consigo una fotografía de infancia con su madre. Es evidencia de su pasado y, por lo tanto, de su humanidad. Aunque la verdad sea otra. Y el mismo Deckard, quien exhibe retratos familiares encima del piano (fotos color sepia, rostros fantasmales), parece guardar un vínculo emocional cada vez más ambiguo con su tradición. La fotografía representa aquello que permanece en ese mundo de evanescencias, vertiginoso. Funciona como un dispositivo de anclaje y de afirmación de las identidades. Pero también, connota la última trinchera de memoria propia, individual, independiente de la construcción que el sistema elabora en torno al pasado" ("Modernidades múltiples y perfiles identitarios en Blade Runner. Un ejercicio de análisis textual cinematográfico, en Culturales, Instituto de Investigaciones Culturales-Museo de la Universidad Autónoma de Baja California.
Sinopsis
"A principios del siglo XXI, la poderosa Tyrell Corporation creó, gracias a los avances de la ingeniería genética, un robot llamado Nexus 6, un ser virtualmente idéntico al hombre pero superior a él en fuerza y agilidad, al que se dio el nombre de Replicante. Estos robots trabajaban como esclavos en las colonias exteriores de la Tierra. Después de la sangrienta rebelión de un equipo de Nexus-6, los Replicantes fueron desterrados de la Tierra. Brigadas especiales de policía, los Blade Runners, tenían órdenes de matar a todos los que no hubieran acatado la condena. Pero a esto no se le llamaba ejecución, se le llamaba retiro".
La acción tiene lugar en Los Ángeles, en el mes de noviembre del año 2019. La Tyrell Corporation tiene la patente unos seres artificiales virtualmente idénticos al ser humano llamados replicantes.
Aunque su vida está limitada a cuatro años, los replicantes Nexus–6 son superiores en fortaleza y agilidad al hombre, por lo que son empleados como esclavos y combatientes en las colonias extraterrestres.
Los Nexus 6 tienen prohibido el acceso a la Tierra; las unidades encargadas de eliminarlos en caso de huida se llaman blade runner.
Un grupo de replicantes asalta una lanzadera espacial y consigue llegar a Los Ángeles.
Deckar (Harrison Ford), un blade runner retirado, será el encargado de acabar con ellos.
Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes © The Ladd Company, Shaw Brothers, Blade Runner Partnership, Warner Bros. Reservados todos los derechos.
BLADE RUNNER is a trademark owned by The Blade Runner Partnership. Blade Runner © 1982, 1991, 2007 The Blade Runner Partnership. © 2012 Warner Bros. Entertainment Inc. All rights reserved.

lunes, 30 de diciembre de 2013

PRENSA CULTURAL. "Profecías (1984, 2001, 2019)", por Rafael Argullol

   En "El País":

Profecías (1984, 2001, 2019)

El año señalado por George Orwell en su novela, el que titula la película de Stanley Kubrick y la fecha en la que transcurre 'Blade Runner' anticipaban realidades que solo se han cumplido en parte. No obstante, todas han dejado una huella indeleble


Harrison Ford, en un fotograma de Blade Runner (1982), de Ridley Scott. / FOTO: LADD COMPANY / WARNER BROS ("El país")
Recuerdo que cuando el calendario nos introdujo en 1984 algunos nos preguntamos qué se había cumplido y qué no de las visiones descritas por George Orwell en la novela que llevaba por título ese año. El balance era desigual. Por un lado parecía relajarse el clima de la guerra fría que había marcado, tres décadas antes, la escritura del texto. De hecho, poco después, caería el muro de Berlín y, oficialmente, se daría por terminada una etapa nacida en la Segunda Guerra Mundial. Como le sucedía a Un mundo feliz, de Aldous Huxley, 1984 estaba completamente moldeado por el terror al totalitarismo que se había despertado en muchos escritores tras descubrir la deriva sanguinaria del estalinismo. El mismo Orwell había experimentado en carne propia esta amarga revelación durante su estancia en España como combatiente republicano en la contienda civil. Al llegar el año 1984 el mundo parecía alejarse velozmente del fantasma comunista profetizado por Marx y convertido por Stalin en un carnicero.
Por otro lado, sin embargo, una vertiente fundamental de las advertencias de Orwell sí estaba plenamente en vigor. El poder operativo del Gran Hermano crecía sin cesar, en gran parte gracias al descomunal esfuerzo de vigilancia y tutela universales que significó la guerra fría. Los ejércitos y policías habían generado mecanismos de control sin precedentes. Con todo, en el año 1984, todavía no éramos capaces de imaginar la sofisticación que adquiriría el ojo orwelliano a principios del siglo XXI. Si entonces se nos hubiera sugerido que entrábamos en una existencia atravesada por miles de cámaras que espiarían todos nuestros pasos, habríamos considerado tal hecho como un totalitarismo peor que el expuesto por Orwell y Huxley. No intuíamos en absoluto que al llegar el año 2012 nuestras vidas estarían controladas con tanta minuciosidad como lo están, no sólo por imposición exterior —como preveía Orwell— sino por concesión propia, voluntariamente expuesta nuestra intimidad a través de artefactos y sistemas de comunicación apenas vislumbrados por la ficción. Resulta elocuente que ni Internet ni el teléfono móvil fueran realmente esbozados, como testigos del futuro, por los escritores-profetas. El siniestro programa televisivo Gran Hermano —de origen holandés, creo, y de perdurable éxito en multitud de países— no deja de ser un negro homenaje a la perspicacia de Orwell.
Cuando el calendario nos introdujo en el año 2001 algunos nos acordamos de la película de Stanley Kubrick basada en el relato de Arthur C. Clarke. También en este caso era fascinante calibrar por dónde habían ido los aciertos y los desaciertos. Lo más llamativo era el progresivo desinterés popular por la carrera espacial. 2001. Una odisea del espacio había sido rodada bajo el influjo de las grandes aventuras de los años sesenta. El vuelo de Yuri Gagarin no quedaba lejos y la llegada a la Luna del primer hombre era una imagen familiar. Como Ulises, en la obra de Homero, el héroe moderno se lanzaba a un periplo lleno de expectativas y peligros. Pero, al llegar la fecha que daba título a la célebre película, la pasión por el viaje espacial se había enfriado notablemente. La humanidad, más ensimismada, comprendía mejor la travesía del cuerpo humano que la del cosmos. La genética o la neurología han sustituido a la astrofísica en las preferencias de los espíritus inquietos, no demasiado numerosos y bastante acobardados ante la indiferencia general. En 2012 resulta difícil encontrar jóvenes que muestren un mínimo interés por los viajes espaciales.
Es probable, en cambio, que esos mismos jóvenes, si tienen la paciencia de adentrarse en la película de Kubrick, sientan mayor curiosidad por el destino del ordenador Hal, y casi encuentren natural que éste, sin conformarse con su frío mecanicismo, tenga emociones y sentimiento. Al fin y al cabo en 2012 ya habitamos un mundo en que muchos otorgan más realidad al ámbito virtual que a lo que Clarke y Kubrick, en su época, hubiesen considerado perteneciente a la esfera de lo real. Aquí sí hubo una fuerte intuición del porvenir, menor, no obstante, a la demostrada por Ray Bradbury en El hombre ilustrado, conjunto de cuentos en los que se escenifica, sobre todo en el denominado ‘La pradera’, una auténtica inversión, a través del poderío de las pantallas, entre realidad y virtualidad.

Resulta elocuente que ni Internet ni el móvil fueran realmente esbozados, como testigos del futuro, por los escritores-profetas
Tras dejar atrás estas fechas simbólicas ya falta poco para alcanzar 2019, el año señalado en Blade Runner, con su metrópoli en el frágil equilibrio de lo sofisticado y lo apocalíptico. Cuando llegue ese año también se discutirá sobre lo que se cumple y no se cumple en la película de Ridley Scott y en la narración ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, que le sirve de base. Siete años antes, en 2012, ya podemos presagiar algunos resultados de la futura discusión. A la perspectiva espacial de Blade Runner le ocurrirá lo mismo que a2001. Una odisea del espacio. Es difícil que el público de 2019, por lo que ahora podemos comprobar, se conmueva con los recuerdos de los replicantes cuando rozaron Orión o cruzaron las puertas de Tanhäuser. Sólo algunos espectadores selectos —que serán considerados extravagantes— participarán de la delicia que es el monólogo final de Roy, del mismo modo que casi nadie, hoy, quiere entrar en la metáfora nietzscheana compuesta por Kubrick para el desenlace de su película.
Sin embargo, el Blade Runner interiorizado en una ciudad tenebrosa en la que el hombre experimenta sus límites biológicos y en la que el sentido de la libertad está dramáticamente sometido a la eficacia del espectáculo, ese decorado abstracto y barroco al mismo tiempo, ese mundo claustrofóbico sí puede despertar adhesión y complicidad en públicos amplios. Nuestro escenario no está en absoluto lejos de lo que puede ser el de 2019, incluso en su dimensión desesperanzada y apocalíptica, tras el abandono de las utopías.
1984, 2001, 2019: las profecías no se cumplen. Aunque en cierto sentido sí se cumplen, y marcan nuestros días.

martes, 3 de julio de 2012

PRENSA CULTURAL. 'Blade Runner', 30 años de búsqueda de humanidad", reportaje

   En "El País":

‘Blade Runner’, 30 años de búsqueda de humanidad

En 1982 Ridley Scott estableció las pautas de la nueva ciencia ficción

Tres décadas después, el cineasta prepara una nueva película ambientada en su clásico

 Madrid 28 JUN 2012

La identidad, el temor, los dioses (como creadores o padres), la rebelión contra estos, la humanidad y la tecnología al servicio del hombre son las ideas con las que Ridley Scott ha formado su universo de ciencia ficción con el que sorprendió hace décadas con dos hitos de la cinematografía: Alien (1979) y Blade runner (1982). Temas que continuará explorando en Prometheus (se estrena el 3 de agosto en España) y en una nueva película ambientada en el mundo de Blade runner. "Está ocurriendo. Está en proceso de evolución", aseguró Scott a EL PAÍS el pasado 31 de mayo. El 25 de junio se cumplieron 30 años del estreno en Estados Unidos de esta última. Han pasado tres décadas en las que esta película se ha afianzado como el pedestal de parte de la ciencia ficción posterior, tanto en la gran pantalla como en la literatura.

Ve el inicio de la película
En el cine actual no es fácil encontrar una película de estas características, que sorprenda, que aporte algo nuevo y que logre permanecer. Y con muchos detractores también, por supuesto, que acusan al cineasta británico de preocuparse más por lo visual que por el contenido. Scott logró todo esto hace 30 años con la adaptación de la novela de Philipp K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) y la clara influencia de la obra maestra de Fritz Lang Metrópolis (1927), las publicaciones de los artistas de la revista Metal Hurlant (en especial las visiones futuristas de Moebius), la sensación de vacuidad representada en el cuadro Nighthawks, de Hopper, y las películas de cine negro de Hollywood. Scott dijo cuando se estrenó la película en 1982 que era una historia "ambientada dentro de 40 años hecha con el estilo de hace cuarenta años".

La historia y el diseño de 'Metrópolis', de Fritz Lang, están muy presentes en 'Blade Runner'
Del trabajo de K. Dick, los guionistas y Scott tomaron la idea de un cazarrecompensas acabado, deprimido y frío —casi inhumano— que trabaja para la policía matando (retirar es el verbo usado en la película) androides ilegales que pretenden ser lo más humanos posibles. Algunos detalles permanecen entre libro y filme: el ambiente posapocalíptico de Los Ángeles (en la novela es San Francisco), la idea de que apenas quedan animales vivos y hay que crearlos artificialmente y, por supuesto, la confrontación entre lo que es humano y lo que no. Todo esto, aderezado con la sugerente música de Vangelis y la maestría de Scott y su equipo en el trabajo visual han hecho de Blade Runner una de las obras cumbre del género, pese a las numerosas críticas que recibió, y sigue recibiendo.
Su estreno en 1982 no fue afortunado. Tras la gran sorpresa de Alien, la nueva película de Scott levantó una expectación que se fue apagando al ser tildada de lenta y falta de acción. Con Harrison Ford como protagonista, parte del público esperaba un filme de aventuras al estilo de La guerra de las galaxias o Indiana Jones. También tuvo la mala suerte de estrenarse el mismo fin de semana que La cosa, de John Carpenter, y solo dos semanas después del gran bombazo de principios de los 80, E.T., el extraterrestre, de Steven Spielberg. Tampoco ayudó la imposición del estudio de incluir una voz en off, la del personaje de Harrison Ford, explicando la trama con un tono a lo Philip Marlowe que fue quitada a posteriori. Scott y Ford siempre han renegado de ese aspecto de la película y han defendido el último montaje de la misma en el que incluso se cambió el final feliz por uno más ambiguo.

El cineasta Frank Darabont explica cómo le descolocó la famosa voz en off de Harrison Ford, quitada en versiones posteriores
30 años después son decenas las películas que se han basado en Blade Runner, desde su ambiente opresivo —en el que siempre llueve, siempre es de noche y las calles están sobrepobladas— hasta la suciedad y abandono de la ciudad pasando por un mundo dominado por asiáticos e hispanos y donde la publicidad y los neones son parte intrínseca del paisaje urbanístico. La lista es larga, pero se pueden destacar MatrixEl quinto elemento (que contó también con las ideas de Moebius), Ghost in the shellRobocop o Batman begins.
Queda por ver por qué caminos quiere Scott volver al universo de Blade Runner. Desde hace años son numerosos los rumores en Internet y en la prensa especializada al respecto y todo apunta a que conoceremos cómo es la vida fuera de la Tierra, en las colonias humanas donde los replicantes (los androides) son usados como esclavos. Igual veremos cómo arden las naves más allá de Orión

Ciencia ficción y fantasía en 1982

Tras el éxito de La guerra de las galaxias (1977), Alien (1979), El imperio contraataca (1980) e Indiana Jones y el arca perdida (1981), los géneros de ciencia ficción y fantasía coparon las mentes e imaginaciones del público joven. 1982 fue un año que los seguidores de este tipo de películas adoran. Llegaron a las pantallas clásicos (cada uno a su forma) como E.T. , La cosa,TronPoltergeistConanCreepshowStar Trek IICristal oscuro y la propia Blade Runner. Un año redondo solo igualado en 1985 con Regreso al futuro,Los GooniesBrasilEnemigo míoCocoonLady HalcónMad MaxRe-AnimatorEl secreto de la pirámide y Exploradores. ¿Sería posible repetir años como estos?

jueves, 22 de abril de 2010

CINE SIGLO XX. "Blade Runner", de Ridley Scott (1982)

Blade Runner es una película de ciencia ficción estadounidense, dirigida por Ridley Scott, estrenada en 1982 y basada, lejanamente, en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep? 1968). Se ha convertido en un clásico de la ciencia ficción y precursora del género cyberpunk. Obtuvo dos nominaciones a los Óscar.
La película transcurre en una versión distópica de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU., durante el mes de noviembre de 2019.
La película describe un futuro en el que seres fabricados a través de la ingeniería genética, a los que se denomina replicantes, son empleados en trabajos peligrosos y como esclavos en las "colonias exteriores" de la Tierra. Estos replicantes, fabricados por Tyrell Corporation para ser "más humanos que los humanos" -especialmente los modelos Nexus-6- se asemejan físicamente a los humanos (aunque tienen una mayor agilidad y fuerza física) pero carecen de la misma respuesta emocional y de empatía. Los replicantes fueron declarados ilegales en el planeta Tierra tras un sangriento motín. Un cuerpo especial de la policía —los blade runners— se encarga de rastrear y matar (o "retirar" en términos de la propia película) a los replicantes fugitivos que se encuentran en la Tierra. Con un grupo de replicantes particularmente brutal y hábil suelto en Los Ángeles, un dubitativo Deckard es invocado desde su semirretiro para que use algo de "la vieja magia blade runner".
(Fuente: Wikipedia)

Ahora podemos ver la escena de la muerte del líder de los replicantes:

lunes, 16 de febrero de 2009

BIBLIOTECA. GUÍAS PARA VER U ANALIZAR CINE



La editorial Octaedro edita estas Guías para ver y analizar cine, muy completas y de gran ayuda para la enseñanza.

EN LA BIBLIOTECA ESTÁN LAS SIGUIENTES:

1. Excalibur, de John Boorman.
2. Centauros del desierto, de John Ford.
3. Blade Runner, de Ridley Scott.
4. Drácula de Bram Stoker, de Francis Ford Coppola.
5. Shrek, de Andrew Adamson y Vicky Jenson.
6. El Show de Truman, de Peter Weir.
7. En busca del arca perdida, de Steven Spielberg.
8. Pesadilla antes de Navidad, de Tim Burton.