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jueves, 21 de mayo de 2015

PRENSA CULTURAL. Ida Vitale, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

   En "El País":

Ida Vitale: “No existe una comunidad literaria iberoamericana”

La escritora uruguaya obtiene el Premio Reina Sofía de Poesía.

Hace unas semanas fue galardona en México con el Alfonso Reyes.


La poeta uruguaya Ida Vitale. / BERNARDO PÉREZ


Una llamada despertó este martes a Ida Vitale a la 6 de la mañana, hora de Austin (Texas). Acababa de ganar el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más prestigioso de su género y dotado con 42.100 euros. La verdad es que “despertar” es mucho decir, porque la poeta uruguaya, de 91 años, acababa “casi” de irse a la cama. Lo contó horas después por teléfono a este periódico: “Trabajo de noche y, además, me cuesta horas dormirme. Estaba en el limbo”. Al principio pensó que era un despistado confundido con el premio Alfonso Reyes que le concedieron hacer unas semanas en México. También pensó que era un amigo bromista. “Sé que mi nombre rueda hace años entre los candidatos. Ya se había convertido en una travesura española”, dijo respecto al galardón, que convocan Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca.
Nacida en Montevideo en noviembre de 1923, Ida Vitale vive en Estados Unidos desde 1989. Allí se instaló como profesora de literatura tras pasar 12 años en México, un lugar que considera su país de adopción desde que recalara allí en 1974 huyendo de la dictadura en Uruguay. “No necesito más que una biblioteca y un aeropuerto para sentirme en casa”, afirma. El otoño pasado estuvo en Madrid para formar parte del jurado del premio Loewe. El próximo otoño volverá para recoger el Reina Sofía. “Si la vida lo permite”, matiza entre risas. “A mí no me pesa, pero a muchos les debe parecer la mía una edad límite”, dice sobre la reciente acumulación de galardones.

Libro a la vista

La luz de esta memoria, de 1949, fue el primer libro editado por Ida Vitale.
En 2002, la editorial Tusquets lanzó en España Reducción del infinito, que reunía el poemario homónimo y una antología de su obra anterior.
Mella y criba (Pre-Textos, 2010) es su último volumen publicado hasta el momento. Ahora tiene “en astilleros” otro nuevo “bastante grande”. Aún no tiene título: “Es lo que más me cuesta”, reconoce.
También prepara unas memorias sobre sus primeros años en el exilio mexicano, una antología para Visor y una recopilación de artículos.
Pese a las mudanzas que han marcado su vida, la poesía de Vitale se ha mantenido al margen de toda anécdota biográfica. Desde que se estrenó en 1949 con La luz de esta memoria, sus versos han buscado la esencia, rozando el hermetismo pero sin perderse en abstracciones retóricas. “Expectantes palabras, / fabulosas en sí, / promesas de sentidos posibles, / airosas, / aéreas, / airadas, / ariadnas. // Un breve error / las vuelve ornamentales. / Su indescriptible exactitud / nos borra”, dice uno de sus poemas. No es casual que el libro que la dio a conocer tardíamente en España se titule Reducción del infinito (2002). Más de una vez ha resumido en un verbo su método de trabajo: “Borrar”.
Libros como Cada uno en su noche (1960), Oidor andante (1972), Parvo reino (1984) o Procura de lo imposible (1998) la han consagrado como una de los grandes nombres de la literatura latinoamericana contemporánea, pero ella duda de la existencia de algo parecido a una comunidad literaria iberoamericana: “No existe. La información aumenta pero es más superficial, apariencia de información. Se lee menos. Además, los nacionalismos han hecho que volvamos a estar aislados. Las relaciones de los países dependen de los intereses económicos, no de la cultura. Los warholianos 15 minutos de fama de este premio terminan pronto”.
Feminismo uruguayo
Ella, con todo, es una mezcla de mundos. Siguiendo la línea que lleva del barroco español al modernismo americano pasando por el simbolismo francés, hace tiempo que su obra desbordó el marco de la Generación uruguaya del 45, la de autores tan distintos como Mario Benedetti e Idea Vilariño. Junto a la influencia de dos de sus compatriotas —María Eugenia Vaz Ferreira y Delmira Agustini—, Vitale no pierde ocasión de reconocer el magisterio de Juan Ramón Jiménez y José Bergamín. Al primero lo trató cuando pasó por Montevideo. Del segundo fue alumna devota.
Ida Vitale se suma a un palmarés en el que figuran autores como Antonio Gamoneda, Caballero Bonald, Juan Gelman, Nicanor Parra —todos ellos laureados luego con el Cervantes—, Ernesto Cardenal, Fina García Marruz, Nuno Júdice o María Victoria Atencia, galardonada el año pasado. La uruguaya es la quinta mujer en 23 años. “Debería ser más parejo”, apunta ella. “Las mujeres no han tenido tiempo para la grilla, como dicen en México, para la difusión de su obra. Ni voluntad. Yo me crié rodeada de tías que eran, diríamos hoy, intelectuales. Mi tía Ida, de la que heredé el nombre, era botánica. Mi marido dice que creo que en el Uruguay no había machismo porque en mi casa no lo había”.

lunes, 7 de mayo de 2012

PRENSA CULTURAL. Ernesto Cardenal recibe el "Reina Sofía de Poesía"

Ernesto Cardenal

   En "El País":
Ernesto Cardenal: “Desde los profetas, la poesía es anuncio y denuncia”
   El poeta y ensayista Ernesto Cardenal recibe el Premio 'Reina Sofía de Poesía'.

Javier Rodríguez Marcos  4 MAY 2012

   Ernesto Cardenal tiene 87 años y ha sido casi todo lo que un ser humano puede ser en ese tiempo —monje y sacerdote, revolucionario y ministro, traductor y poeta—, pero hay una imagen que le persigue. La captó la televisión en marzo de 1983 en el aeropuerto de Managua. El Papa Juan Pablo II se acababa de bajar del avión, le había recibido una pancarta que rezaba: “Tenemos justicia, libertad y pan y luchamos por la paz”. En la ronda de saludo a las autoridades se encontró con Cardenal que —larga barba, boina negra, camisa blanca por fuera de los pantalones— se arrodilló ante él. De ese modo recibió la seca amonestación del Papa, al que no le hacía ninguna gracia ni su pertenencia al Gobierno sandinista ni su militancia en la Teología de la Liberación. Solo le faltó criticarlo como poeta.
   En medio de las revueltas aguas de la política y la religión los versos han sido siempre el refugio menos ruidoso de Ernesto Cardenal, que ayer recibió el 21ª Premio 'Reina Sofía de Poesía Iberoamericana', el más prestigioso del género, convocado por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca y dotado con 42.100 euros. Ingresa así en un palmarés del que ya forman parte autores como Nicanor Parra, Antonio Gamoneda, Juan Gelman, José Emilio Pacheco, José Hierro, Álvaro Mutis —todos también premios 'Cervantes'—, Claudio Rodríguez, Sophia de Mello Breyner, Francisco Brines, Blanca Varela o Fina García Marruz.
   Desde Managua, Ernesto Cardenal cuenta por teléfono que la noticia le llegó a las 5.30 de su madrugada. La sorpresa fue el premio, no la hora: llevaba, como de costumbre, dos horas y media levantado. Para Cardenal, poesía, fe y compromiso forman “un todo indivisible”. Nacido en Granada (Nicaragua), se ordenó sacerdote en 1965 después de haber participado en una primera, y fallida, intentona revolucionaria contra la dictadura de los Somoza, de pasar por el monasterio de Getsemaní, en Estados Unidos, y de estudiar teología en México.
   Fue en “la América del Norte” donde profundizó en Walt Whitman y en un poeta tan salmódico como él mismo: Ezra Pound, al que tradujo. “Mi interés al dar a conocerlo”, cuenta, “nace de que trae algo nuevo: el lenguaje del hombre de la calle, de la realidad, de la selva y de las ciudades, de la naturaleza y de la historia. Todo se puede cantar”. Un mensaje que, asegura, “se ha entendido poco en la poesía en español”.
   Tras el triunfo de la revolución sandinista, en julio de 1979, Ernesto Cardenal fue nombrado ministro de Cultura. Para entonces, ya era el autor de títulos fundamentales de la poesía latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX como Epigramas, Salmos u Oración por Marilyn Monroe y otros poemas. Y de un libro inclasificable como El Evangelio en Solentiname, fruto de los comentarios que hacían a los textos sagrados los campesinos —“de mayor profundidad que la de muchos teólogos”— de la isla del Lago de Nicaragua en la que el escritor había fundado una comunidad cristiana.
   “Nunca he sido un disidente sino un poeta de la Teología de la Liberación, que es la teología de los pobres”, subraya Cardenal. “Evangelio en griego significa buena noticia y la buena noticia para los pobres es la justicia. Resultó que esa teología no era la del Vaticano. Nosotros creíamos en Jesús de Nazaret”.
   La conversación con el recién premiado es puro matiz. Ni disidente ni político: “No, no soy un político, soy un revolucionario. Acepté el cargo de ministro con gran sacrificio para repartir la cultura al pueblo. Nunca habría sido ministro de un gobierno burgués capitalista”.
   Eso sí, no oculta su decepción con el actual Gobierno de Daniel Ortega. En 1994 se desligó del Frente Sandinista por la deriva autoritaria de aquel. Lo mismo hicieron otros exdirigentes como los también escritores Sergio Ramírez y Gioconda Belli. Diez años más tarde tituló el tercer tomo de sus memorias (publicadas en España por Trotta, su editorial de cabecera) de forma rotunda: La revolución perdida. “Eso es lo que pasó, que se perdió”, cuenta el poeta. “La revolución no la esperábamos tan bella como fue, un sueño del que no queríamos despertar. El Gobierno actual es una pesadilla del que no podemos despertar. Nicaragua vive ahora una dictadura. El Gobierno actual no es ni de izquierdas ni revolucionario ni sandinista, es una dictadura familiar de Daniel Ortega, su mujer y sus hijos”.
   Acostumbrado a remar a contracorriente, Ernesto Cardenal no se calla: “Soy un perseguido en Nicaragua. Muchas cosas no las puedo decir. Ya me arriesgo mucho diciéndole a usted estas cosas”. ¿Y la poesía? ¿Puede cambiar algo? El autor de Canto cósmico dice que desde hace 20 años su inspiración es la ciencia pero no duda: “Claro, puede hacer mucho, cambiar la mentalidad de la Humanidad, que es lo que ha hecho siempre. El primer lenguaje fue la poesía. La prosa vino luego. La poesía mantiene vivos los ideales y anuncia un mundo mejor. Ya lo dijeron los profetas de la Biblia, tan cercanos a los poetas. La poesía es anuncio y denuncia. Anuncio de un mundo nuevo y denuncia de la injusticia”.

jueves, 7 de mayo de 2009

POESÍA. José Emilio Pacheco, premio "Reina Sofía de Poesía"

(Fotografía de José Emilio Pacheco: "El País")

Uno de los más prestigiosos galardones en lengua española, el premio Reina Sofía de Poesía, ha sido concedido al poeta mexicano José Emilio Pacheco. Aquí, la información.

También, una antología.

Y tres poemas:


ÉXODO

En lo alto del día
eres aquel que vuelve
a borrar de la arena la oquedad de su paso;
el miserable héroe que escapó del combate
y apoyado en su escudo mira arder la derrota;
el náufrago sin nombre que se aferra a otro cuerpo
para que el mar no arroje su cadáver a solas;
el perpetuo exiliado que en el desierto mira
crecer hondas ciudades que en el sol retroceden;
el que clavó sus armas en la piel de un dios muerto
el que escucha en el alba cantar un gallo y otro
porque las profecías se están cumpliendo: atónito
y sin embargo cierto de haber negado todo;
el que abre la mano
y recibe la noche.


MAR ETERNO

Digamos que no tiene comienzo el mar
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes


MEMORIA

No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.

A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.

Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.