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miércoles, 24 de septiembre de 2014

PRENSA CULTURAL. Entrevista al biólogo Richard Dawkins

   En "Babelia":
LIBROS / ENTREVISTA

Richard Dawkins: “No eduquen a los niños en dioses ni hadas”

El biólogo y divulgador, azote de las religiones, se reafirma en sus memorias en el activismo escéptico. “Es perverso instruir en falsedades”, asegura. Él solo cree en Darwin


Richard Dawkins, en su domicilio de Oxford durante la entrevista. / CARMEN VALIÑO
Cuenta que de niño ya se daba cuenta de que Papá Noel era un señor disfrazado que se llamaba Sam. Al británico Richard Dawkins (Nairobi, 1941) no le basta haber llegado a la conclusión de que no hay Dios: quiere que todo el mundo lo entienda así. Sostiene alta la bandera del escepticismo este biólogo (zoólogo) de la Universidad de Oxford, estudioso de Charles Darwin, que saltó al primer plano cuando escribió en El gen egoísta (1976) que no somos más que vehículos de los genes, máquinas programadas para que ellos sean casi inmortales. “El cuerpo del animal no es más que un repositorio temporal”.
Desde entonces Dawkins es un exitoso divulgador científico y ensayista, habitual de los platós de televisión (ha producido documentales, al estilo de su admirado Carl Sagan). Lleva tiempo animando la polémica, también en las redes sociales, donde dispara y le disparan. Considera su misión combatir dogmas religiosos, supersticiones y seudociencias. En 2006 publicó El espejismo de Dios, un libro que aspira desde la primera página a conseguir que el lector pierda la mucha o poca fe que le quedara, un arrebatado e irónico texto que pretende desmontar uno a uno los argumentos del cristianismo y las demás creencias religiosas. En Evolución. El mayor espectáculo sobre la tierra, de 2009, Dawkins explica con lucidez a cualquier profano las pruebas abrumadoras de que ha sido la selección natural la que moldeó y sigue moldeando nuestra realidad. Da así la batalla contra el creacionismo, la idea de que el mundo se hizo en seis días y el hombre convivió con los dinosaurios, que trata de colarse en el sistema educativo de EE UU de la mano de sectores de la derecha como el Tea Party.
A sus 73 años, Dawkins ha encontrado el momento de mirar atrás y abordar sus memorias. Una curiosidad insaciable es el título de la primera parte de su autobiografía, editada por Tusquets. En ella explica cómo llegó a ser quien es desde que nació en Kenia de una familia británica de tradición técnica y científica y empleada del Imperio, lo que le llevó por varios países africanos antes de regresar a Inglaterra cuando tenía ocho años. Sabemos de su visión de la rígida escuela de los años cincuenta, del matonismo de otros y de su tartamudez, de su paso por las universidades de Oxford, clave en su carrera, y Berkeley, donde vivió la explosión hippy. Y conocemos los muchos nombres que cree importantes en su vida: los de sus ancestros y familiares, los de profesores y compañeros de clase, los autores que le influyeron. Y terminamos con la publicación de El gen egoísta. Habrá que esperar a la segunda parte de las memorias para entender su faceta de activista ateo, la que le llevó en el año 2009 a contratar publicidad en los autobuses de Londres con el lema: “Probablemente no hay Dios. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”.
Recibe en su domicilio, un caserón tradicional en Oxford con un amplio salón lleno de luz por los ventanales en los dos extremos, donde puede percibirse cierto aroma del colonialismo que marcó su infancia. Grandes tallas de madera de animales, máscaras, jarapas de estilo étnico sobre los sofás. Un piano, un lienzo en su atril. Libros, algún cráneo en la estantería. Dos perros pequeños y de pelo muy largo se alegran de la visita y saltan a menudo sobre los periodistas; al entrevistado parece relajarle acariciar a alguna de sus mascotas. De entrada se niega a posar para la fotógrafa, lo que tiene por costumbre, pero no la ignora y en más de una ocasión parece estar pendiente del objetivo de su cámara.

La tribu y sus dioses

Estamos a horas del referéndum que decidirá si Escocia se independiza, y desata un efecto dominó en Europa, o permanece en el Reino Unido. Pero Dawkins, apasionado en los temas de los que quiere hablar, sabe escaparse de aquellos que prefiere evitar.
—Vivimos tensiones nacionalistas en Escocia, en Cataluña, en Ucrania... ¿Observa un regreso a la tribu?
—Podemos decir que el nacionalismo en esos lugares es una forma de tribalismo. Uno se preguntaría por qué no van a algo más pequeño aún, como Cornualles o Gales. Las ciencias sociales son complicadas, la política lo es... Como biólogo no soy la persona adecuada para responder.

El nacionalismo es una forma de tribalismo. Uno se preguntaría por qué no van a algo más pequeño aún, como Cornualles o Gales
—Le pregunto como biólogo, ensayista y activista. Ha escrito que la religión está en el centro de muchos conflictos actuales, como el de Siria e Irak, Palestina o Ucrania; antes en Yugoslavia o Irlanda. ¿No lucharán por la tierra más que por su idea de Dios?
—No creo que los conflictos estén motivados única y directamente por la religión. Por ejemplo, en Irlanda del Norte es entre católicos y protestantes, pero no creo que las personas que ponían una bomba estuviesen pensando en el dogma de la transustanciación. Lo que hace la religión es poner una etiqueta: en Irlanda del Norte se identifican como católicos y protestantes a pesar de que hablan el mismo idioma y tienen el mismo color. Te identifica hasta el nombre: si te llamas Patrick seguramente eres católico, si William eres protestante. Eso se convierte en la tribu: hay dos tribus en Irlanda del Norte. Y ha sido así durante siglos.
—Cuenta en su libro que era una persona muy religiosa, anglicana, cuando tenía 13 años. ¿Qué pasó? ¿Fue Darwin?
—Desde que yo tenía unos nueve años me di cuenta de que existían distintas religiones: el budismo, el islam, el hinduismo, el politeísmo de los griegos, los vikingos… Cualquier niño pensaba que solo la suya era la que estaba en lo cierto. Yo estaba preparado para ser antirreligioso. No sé cómo me mantuve en el cristianismo, debió ser influencia de la escuela. Pero sí, fue Darwin y fue el darwinismo el que nos salvó de todo eso. Cuando tenía unos 15 años.
—Usted no es un agnóstico, sino un ateo militante. ¿Por qué es necesario movilizarse contra la religión?
—Eso depende de su definición. Agnóstico significa “no sé”. Una definición que yo apoyo dice que es quien no tiene creencias positivas en un dios. El ateo siente una creencia positiva de que no hay Dios. Yo no tengo esa creencia. Lo que tengo es una ausencia de cualquier razón para creer en Dios, como tampoco en las hadas. Como científico, me conmueve la belleza del mundo y del universo. Como educador, veo perverso que a los niños se les eduque en falsedades cuando la verdad es tan hermosa.
—¿Y el ateísmo no puede ser también dogmático o intolerante?
—Siempre hay que argumentar tu causa, no callar a la gente. Durante siglos, hemos aceptado que no puedes criticar la religión. Hacerlo parece intolerante pero no lo es.

Educando escépticos

En un pasaje de su libro, Dawkins se muestra contrario a la forma en que la mayoría de familias inculcan explicaciones mágicas a sus niños. “No puedo evitar preguntarme si una dieta de cuentos de hadas repletos de encantamientos y milagros, hombres invisibles incluidos, es dañina desde un punto de vista educativo”, escribe. “¿Por qué los adultos promueven la credulidad de los niños? ¿Es realmente un error tan descabellado plantearles a los niños que creen en Papá Noel un pequeño y simple juego de preguntas y respuestas que les haga pensar? ¿Cuántas chimeneas tendría que visitar en una noche? No se trata de decirles que Papá Noel no existe, sino de fomentar el intachable hábito del cuestionamiento escéptico”. Él asume que eso es impopular: “Siempre que planteo esta cuestión me echan a patadas de los sitios por querer interferir en la magia de la infancia”.
Su escepticismo no se dirige solo contra la religión: también contra la superstición y las seudociencias (astrología, videncia, tarot o ufología), a las que dedicó su ensayo Destejiendo el arco iris (1998). Es más prudente sobre la llamada medicina alternativa: si se prueba su eficacia deja de ser alternativa. Pero no es el caso de la homeopatía: “Es interesante: con el método de doble ciego [ni el paciente ni el investigador saben cuál es el fármaco y cuál el placebo] no hay diferencias. Ambos son placebo”.
En su libro, Dawkins critica el modelo educativo según el cual el profesor dicta la lección a los alumnos, que la memorizan, en vez de incentivar sus habilidades para instruirse e investigar por su cuenta. “De estudiante, una vez se me olvidó llevar bolígrafo y yo era entonces demasiado tímido para pedir uno a mi compañera sentada al lado. Así que simplemente me senté y escuché, y cuando llegué a casa me di cuenta de que es una forma mejor de aprender. El propósito del profesor no debe ser impartir información sino inspirar a las personas”.


Richard Dawkins. / CARMEN VALIÑO

Quemándose en las redes

Dawkins es un pertinaz usuario de Twitter (@RichardDawkins), donde se esfuerza en ser provocador y en replicar o retuitear mensajes de otros usuarios. Ha pisado más de un charco. “Twitter es un sitio extraño porque hay mucha gente que grita. Si vas por la calle, un borracho o un tonto te pueden insultar. En Internet tienes un multiplicador de ese efecto. Hay que tener caparazón”. Él lo tiene, sin duda.
—¿Se ha arrepentido de algún tuit?
—Sí, porque son fácilmente malinterpretados. A veces veo que lo pude evitar.
Uno de sus mensajes desató una tormenta: “La violación en una cita está mal. La violación por un extraño es peor. Si usted piensa que esto es una aprobación de la violación en una cita, váyase a aprender cómo pensar”, escribió en 140 caracteres.
—En un país como el suyo, conmocionado por escándalos de abusos sexuales, esa frase parece una falta de sensibilidad hacia las víctimas.
—Creo que es estúpido negar que hay diferentes grados de crímenes sexuales. Hay gente que por motivos emocionales quiere que todos los crímenes sean considerados del mismo nivel. Es como si alguien te roba la cartera y piensas que es lo mismo que robar un banco a punta de pistola. Son delitos ambos, pero uno más grave que esto. ¿No le parece así?
—Me parece que cualquier violación tiene efectos graves a largo plazo.
—Yo también lo creo.
—Y me cuesta pensar en un grado moderado o leve de violación.
—No dejaré que se escape con esto. Está acompañado por muchos estúpidos en Twitter. Cuando uno dice que algo es peor que otra cosa, no lo está aprobando.
El tuitero Dawkins también ofendió a muchos cuando alguien le pidió consejo sobre qué hacer si el hijo que esperaba fuera a tener síndrome de Down. “Aborte e inténtelo otra vez. Sería inmoral traerlo al mundo si tiene elección”, respondió.
—¿De verdad cree una obligación moral el aborto en caso de síndrome de Down?
—Yo dije que personalmente me parecía inmoral tenerlo. No que fuera una regla universal, pero sí lo es para mí y para el 90% de mujeres que lo haría en esa circunstancia. ¿Sabe lo que les sucede? Mueren muy jóvenes, tienen terribles enfermedades, deficiencia mental. Creo que cuando el feto no está suficientemente desarrollado, y no tiene un sistema nervioso, es mejor abortar. Me han bombardeado en Twitter enviándome fotografías de niños con Down y diciéndome: quiere usted matar a mi hijo. Claro que no quiero matar a su hijo, sino detener la posibilidad de que vengan más niños como él al mundo cuando no son más que un renacuajo.

Ética de ciencia ficción

Cuando se le pregunta por dilemas éticos que podrán surgir en el futuro, Dawkins admite el juego aunque avisa de que entramos en el terreno de la ciencia ficción. La cacareada vida artificial en que trabaja el genetista Craig Venter le deja frío. “Creo que estoy en lo correcto cuando digo que solo está intentando crear nuevas versiones de una bacteria que ya existe. Como las bacterias se reproducen o clonan tan rápidamente, si las empleas para algo útil, como por ejemplo convertir un despojo cárnico en petróleo, estás haciendo un bien real”.
—¿Y le preocuparía la clonación de humanos?
—Un escenario como el de Un mundo feliz, de Huxley, con esas líneas de producción de miles de copias de seres humanos idénticos creados para ser jardineros o cualquier trabajo me horroriza, porque soy un producto del siglo XX y eso es muy lejano al mundo al que estoy acostumbrado, a mis valores. Si alguien me quisiera clonar a mí me interesaría mucho, tendría mucha curiosidad, pero no quisiera que mi clon fuera el primero porque iba a ser víctima de una horrible publicidad.
En un programa de televisión se propuso a Dawkins un experimento que no llegó a ser viable. Pretendían aislar su genoma y enterrarlo en el panteón de su familia, ante las cámaras, con el objetivo de que alguien lo recupere y resucite dentro de, pongamos, mil años. Era una excusa para debatir sobre la clonación, y le preguntaron a Dawkins si su clon del futuro sería él. “Por supuesto que no sería yo. Es como si preguntas a dos gemelos idénticos si son dos personas o si uno es persona y el otro zombi. Otra cosa que iban a pedirme es que escribiera consejos para mi clon, para que, ya que iba a tener los mismos genes, no cometa los mismos errores que yo”.

Estaría muy interesado en una clonación, pero no sería bueno para mi clon ser el primero y tener esa horrible publicidad
—En su libro usted cuestiona el concepto de identidad personal, dado que las células que tenemos no son las que estaban al nacer. Entonces solo somos la memoria.
—Es una cuestión interesante para la filosofía. Imagine que usted pudiera hacer una réplica perfecta de su cuerpo, no un clon en sentido genético sino una copia de cada átomo. Esto no se puede hacer científicamente, pero sí filosóficamente. Probablemente la réplica tendría su cuerpo, todos sus recuerdos, los mismos pensamientos. ¿Cuál de los dos sería usted? Pero una vez que están ahí, se empezarían a separar, tendrían nuevas experiencias y entonces ¿cuál eres? Son cuestiones que no se pueden responder de una manera experimental pero que son filosóficamente fascinantes.
—Sostiene Stephen Hawking que la filosofía ha muerto, porque ahora es la ciencia la que da las respuestas.
—No creo que la filosofía haya muerto, sí que ha perdido terreno.
—Usted ha escrito que la Segunda Guerra Mundial no habría ocurrido si el padre de Hitler hubiera estornudado en un momento determinado. Y en otro capítulo apunta que en otro siglo usted habría sido un clérigo. ¿Somos azar hasta ese punto? ¿Es usted escéptico o ateo debido al azar?
—La realidad depende de detalles muy pequeños. Sabemos que todos los mamíferos vienen de un individuo que existía en la época de los dinosaurios. Si ese pequeño mamífero hubiera muerto antes de reproducirse, quizás también estarían aquí los mamíferos pero serían completamente distintos. Quizás ese mamífero sobrevivió por un estornudo del dinosaurio. Respecto al ejemplo de Hitler, cada uno de nosotros cobramos existencia porque uno entre muchos millones de espermatozoides fertilizó el óvulo. El movimiento más ligero mientras sus abuelos estaban copulando, que un perro ladrara y perdieran la concentración o se movieran, haría que el resultado hubiera sido otro. De ahí que diga que con un estornudo años antes no habría habido guerra. Y ninguno de nosotros existiría ahora si no hubiera existido Adolf Hitler.
Una curiosidad insaciable. Los años de formación de un científico en África y Oxford. Richard Dawkins. Traducción de Ambrosio García Leal. Tusquets. Barcelona, 2014. 311 páginas. 21 euros (en digital, 12,34 euros).

lunes, 20 de mayo de 2013

PRENSA CULTURAL. CIENCIA. Sobre la clonación. Reportaje

La clonación está prohibida por la ONU. / CORDON PRESS ("El país")

   En "El País":

El miedo a que nos copien

Cada paso que se da hacia la clonación de personas levanta oleadas de rechazo

La identidad genética no garantiza en absoluto la igualdad entre humanos

 Madrid 16 MAY 2013

Narciso se quería tanto que murió ahogado al intentar besar su reflejo. Pero este tipo de comportamiento era solo una anomalía —por eso fue tomado como personaje en la educativa mitología—. Porque, reconozcámoslo: por mucho que nos gustemos y aunque seamos los únicos que nos damos siempre la razón, la idea de vivir en un mundo con personas idénticas a nosotros no nos seduce a casi nadie. Sería como la redacción de un periódico o el vestuario de un equipo de galácticos: demasiados egos juntos. Llevado a un terreno más serio, la clonación humana, como dice —hablando a título individual, según recalca— Teresa López López, presidenta del Comité de Bioética Español (CBE), da “respeto”.
El trabajo publicado el miércoles en Cell por investigadores de la Universidad de Oregón es una buena ocasión para plantearse esos reparos. Porque los científicos han roto las barreras técnicas que nos permitían tener el debate desde un punto de vista teórico. Al llevar la división del óvulo mediante una técnica de transferencia nuclear (la que se usó para crear a la oveja Dolly o al toro Got) hasta la fase de blastocisto, Mitalipov y su equipo llegaron lo más lejos que se puede llegar en laboratorio. A partir de ahí, el ensayo para conseguir un humano —si es lo que se quiere— tendría que usar úteros femeninos.
Eso son palabras mayores desde un punto de vista bioético. La investigación sería muy difícil, con riesgo de producir abortos o niños con malformaciones por el camino. El rechazo es tal que los investigadores han huido por todos los medios de que se asocie su trabajo con esta idea. En sus declaraciones y en sus notas de prensa había un esfuerzo patente para que ese aspecto no oscureciera los hallazgos potencialmente prácticos de su trabajo. Por ética, pero también por economía: un boicoteo podría ser mortal para su trabajo.
“La clonación y la reproducción por medios no naturales están prohibidas por Naciones Unidas”, recuerda Carlos Alonso Bedate, miembro también del CBE. La ley de reproducción humana asistida española recoge expresamente esa prohibición, aunque se inventó el término acientífico de preembrión para permitir el ensayo hasta la fase en que se podían obtener células madre, el blastocisto, pero sin que se pueda implantar en un útero (el proceso que sigue la fecundación in vitro).
Pero las leyes nunca han sido barrera suficiente para algunos científicos. Siempre puede haber un millonario que quiera recuperar mediante clonación a un hijo o una esposa fallecida. Y seguro que encuentra un laboratorio más o menos clandestino dispuesto a facilitárselo.
“Rechazamos las intervenciones para crear una identidad. No tenemos derecho a fabricarlas”, insiste Alonso como idea previa. Y eso antes de advertir que “en todo caso, los genes, que es lo que se puede copiar, no lo son todo”. Incluso los gemelos idénticos dejan de serlo según crecen: acumulan experiencias diferentes y sus cerebros se desarrollan de manera divergente. “Aun así, venimos con el circuito cerebral preinstalado”, insiste Alonso, por lo que ese futuro individuo estaría artificialmente predispuesto a ciertos hechos o pensamientos. Además, hay otro aspecto que Alonso destaca y rechaza: “El dominio sobre otro individuo”.

Implica “el dominio sobre otro individuo”, opina un filósofo
Teresa López abunda en esa idea: “No podemos utilizar a las personas ni convertirlas en un instrumento para hacer experimentos”, dice. “Eso sería el principio de la esclavitud, que no debería existir”. “La persona es un fin en sí misma, y su riqueza no puede crearse en un laboratorio”, recalca la presidenta del CBE.
Entre las opiniones más contrarias —aún— a la práctica está la de Natalia Moratalla, también miembro del CBE, que podría representar al grupo de bioéticos que, desde un rechazo total a la práctica, cargan de argumentos científicos sus críticas. Es, por ejemplo, el caso de Ana Sánchez García, investigadora del Instituto de Biología y Genética Molecular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, quien ha advertido de que “las células clonadas pueden producir tumores si no se controlan” y que la “investigación ha llegado un poco tarde”, porque ya hay otras técnicas que permiten obtener células madre con los mismos genes que las de un adulto: la reprogramación que da lugar a las células iPS.
En esta línea, Moratalla empieza por descalificar el trabajo. “Acabo de terminar de leerlo, y es muy pobre. Ellos no dicen que hayan clonado. Lo que han hecho ha sido mejorar una técnica de dudosa aplicación”, afirma. “Desde el punto de vista de la clonación terapéutica, no ofrece problemas, porque ahí no hay individuo. Solo llegan a algo del tipo del blastocisto. Cualquier óvulo que se active por el procedimiento que sea empieza a multiplicarse”. Y en esto, Moratalla va más lejos que los más conservadores, como su compañero del CBE César Nombela, quien critica incluso los fines terapéuticos de la técnica, ya que para obtener las células madre habría que destruir los embriones, algo que algunos equiparan al aborto.

“No me gustaría ser un trozo de otra persona”, dice una bioética
En esta fase, que es a la que han llegado los investigadores, Moratalla solo ve una pega: el uso de óvulos. “La clonación terapéutica, si saliera, es un disparate. Habría que partir de óvulos, montones de mujeres donándolos, lo que sería un abuso. Tendríamos que salir a protestar”. “Es verdad que hay mujeres que donan óvulos para reproducción asistida, pero es por negocio. Son las más pobres, y eso es una forma de violencia de género”, dice. En esta línea argumental de la incapacidad técnica, que es cierta todavía, Moratalla apunta a que “la criatura que naciera tendría una cantidad de defectos a la fuerza”, porque, dice -sin evitar la polémica-, "es lo que pasa con los niños concebidos por técnicas de reproducción asistida".
Pero la principal pega que pone la bioética es el impacto de la técnica en el futuro desarrollo del niño así obtenido. “A mí no me gustaría saber que soy un trozo de otra persona”, dice. “Para el desarrollo es muy importante saber las raíces y tener una referencia de un padre y una madre, sobre todo los dos primeros años de vida. Esto es fundamental para el desarrollo de su cerebro, porque si no se paraliza”, afirma. “Si la naturaleza ha puesto tantas barreras para que biológicamente tengamos que ser hijos de uno y una y tengamos raíces, es por algo”.
La miembro del Servicio de Genética de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid Carmen Ayuso, resume: “En bioética y en medicina, lo que importa es la relación entre los riesgos y los beneficios”, dice. Y los peligros de la técnica son, desde un punto de vista médica, claros. Si ya de por sí la reproducción natural es poco eficaz, en este caso todo apunta a que será aún menos. Además de los riesgos para el individuo, que heredaría mutaciones y otras alteraciones genéticas del progenitor, “a nivel individual se puede perder la identidad, y biológicamente, la biodiversidad, lo que es un riesgo”. La conclusión de Ayuso, por tanto, es que se trata de algo demasiado complicado y peligroso que “no tiene más utilidad que la de satisfacer el ego de alguien, porque ni como técnica reproductiva ni para medicina regenerativa haría falta”.

Las pegas van desde la necesidad de óvulos al futuro del niño obtenido
Jorge Cuadros, de la Asociación para el Estudio de la Biología Reproductiva (Asebir), remite a unas consideraciones del Comité de Ética de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM, por sus siglas en inglés), que se plantea qué pasaría si los problemas técnicos estuvieran solucionados.
Él establece tres grupos: los que se oponen por principio, los que lo verían útil solo en algunos casos, y los más permisivos. “Es difícil defender” la postura apriorística, dice Cuadros, “porque no está basada en criterios científicos, sino en normas morales que dependerán del Gobierno de turno o de la religión que se profese”. Sobre una posible indicación médica, “no habría gran diferencia entre la clonación reproductiva y otras técnicas de reproducción asistida, por lo que sería éticamente aceptable para pacientes infértiles”, dice. Pero “el problema con esta postura” es que ya “hay diferentes opciones para las parejas infértiles”.
Aun si no hubiera pega técnica alguna, Cuadros se plantea: “¿Cómo podría afectar a los niños el conocer que su origen ya no es único y original, como el del resto de individuos, sino que es una copia de alguno de sus progenitores? A priori no tendría que ser negativo”. Quizá el problema sería “que los padres tuvieran expectativas equivocadas respecto del niño, como que fuera idéntico al donante de la célula somática, física, intelectual o emocionalmente, mientras que para el niño sería un problema conocer, por ejemplo, las enfermedades que podría padecer su gemelo clónico”.
Esta última hipótesis es quizá la más interesante. ¿Si no hubiera problema técnico alguno y la tasa de éxitos fuera similar a la de otras técnicas de reproducción asistida, qué opinaríamos? Carlos Romeo, del CBE, es quien va más allá. “Cuando en los noventa montamos un grupo sobre este asunto, todos nos fuimos convenciendo de que no le veíamos pegas”. La duda está en si esa situación llegará. “De momento, no es rentable” en ningún sentido, con el inconveniente de que para llegar a perfeccionar la técnica habría que pasar inevitablemente por los ensayos en personas, con resultado incierto, añade.
Además, Romeo añade un último motivo para seguir en contra. “Es casi lo único en lo que los bioéticos coincidimos. La prohibición no molesta a nadie”.

viernes, 17 de mayo de 2013

PRENSA. CIENCIA. "Obtenidas mediante clonación células madre embrionarias de personas"

Extracción del núcleo de un óvulo. / OHSU (CELL) ("el país")
   En "El País":

Un grupo de científicos estadounidenses ha conseguido por primera vez células madre embrionarias con el mismo ADN (clonadas) de un adulto.El trabajo es el primer éxito en humanos de la técnica que dio origen, por ejemplo, a la oveja Dolly, pero los autores insisten en que no se trata de obtener personas clonadas, sino en llegar a la fase de blastocisto del embrión (alrededor de los cinco o seis días de desarrollo) para extraer las células madre. Teóricamente, estas podrían luego diferenciarse en tejidos que el paciente necesitara para un autotrasplante, que, como tendrían el mismo material genético que el receptor, podría usarse sin riesgo de rechazo. El ensayo, dirigido por Shoukhrat Mitalipov, de la prestigiosa OHSU (Oregon Health & Science University ), se publica en Cell.


Fuentes: Oregon Health & Science University y elaboración propia. / HEBER LONGAS / EL PAÍS
La técnica utilizada es la de transferencia nuclear:: se toma un óvulo de una donante, se le extrae el núcleo y se le inserta una célula adulta —también se ha ensayado con otras fetales, más adaptables— del posible receptor. Luego, el óvulo se activa, y empieza a dividirse en los primeros pasos del desarrollo embrionario. Al llegar a la fase de blastocisto (una especie de pelota de células), se destruye y se obtienen las células madre. Esto sucede porque al cambiar el material genético el óvulo deja de tener una sola cadena de ADN para tener dos, lo normal en las células. Esta es la situación que se da en la naturaleza cuando hay una fecundación (el padre aporta una copia del material genético y la madre otra), salvo que estas células tendrían las dos copias de un mismo individuo: son, por eso, una clonación.
El método ya se había ensayado con éxito en distintos animales —ovejas, cabras, vacas, perros, gatos, ratones, cerdos y macacos—, pero nunca había funcionado en personas. Fue el fraude que anunció para apuntarse el éxito el coreano Hwang Woo-suk en 2004, por ejemplo. Por eso, Anna Veiga, directora del banco de líneas celulares del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB), valora especialmente que se ha conseguido mejorar la técnica para que funcione en humanos.
Pero esta mejoría, con todo su impacto, no oculta que se acerca, al menos un paso, a un tema tabú (en España, por ejemplo, está expresamente prohibido por la ley de reproducción humana asistida): la clonación humana. Visto hasta aquí, el artículo es muy importante, y tanto a Veiga como a Jorge Cuadros, miembro de la junta directiva de la Asociación para el Estudio de la Biología de la Reproducción (Asebir), les gustaría que el interés por el trabajo se quedara aquí. “Ya es bastante importante”, dice Cuadros. “Lo que nos interesa a los científicos serios es esta parte, su utilidad para la medicina regenerativa”. Pero ambos son conscientes, como también lo son los autores del artículo, de que se ha dado, al menos en teoría, un paso hacia la clonación humana. El propio Mitalipov lo alude —y lo intenta conjugar— en el resumen que ha hecho en una nota de prensa: “Nuestra investigación está directamente dirigida a conseguir células madre para usarlas en el futuro para combatir enfermedades. Aunque los avances en la técnica de transferencia nuclear conducen a menudo a la discusión pública sobre los aspectos éticos de la clonación humana, ese no es nuestro objetivo. Y tampoco creemos que nuestros hallazgos puedan ser utilizados por otros para avanzar en esa dirección”, ha dicho.
Cuadros, está en la misma línea de descartar ese siguiente paso, que un embrión así producido se implante en el útero de una mujer y llegue a desarrollarse. “Hay que pensar que la técnica que ha usado Mitalipov es la misma que había utilizado en primates no humanos en 2007, cuando consiguió, en un trabajo importantísimo, crear dos líneas celulares [cultivos de células madre que se perpetúan en laboratorio]”, explica. “Han pasado ni más ni menos que seis años hasta que lo ha conseguido repetir en humanos. Y, en ese tiempo, ha intentado clonar los macacos sin conseguirlo”, dice el biólogo. “Lo más que ha conseguido, aunque no lo ha publicado, es, tras implantar 67 embriones a 10 hembras, un embarazo, que acabó en aborto”, cuenta.
El especialista en reproducción cree, por tanto, que pensar en la clonación humana “sigue siendo una barbaridad y ciencia ficción”. “La transferencia nuclear es una técnica insegura e ineficaz. La hemos probado en animales, con tasas de éxito del 1%. Eso quiere decir que en el otro 99% ha habido abortos o crías que han muerto nada más nacer, y muchos de los pocos animales que se han conseguido tienen malformaciones o enfermedades graves. Que eso pase en animales nos da pena, pero en humanos sería inaceptable”, dice Cuadros. “En lo que va a ser útil es en la medicina regenerativa”, insiste.
Solo tras insistirle, el especialista admite que se ha dado “un paso” hacia la clonación reproductiva (usar la técnica para conseguir niños con el mismo ADN que un adulto concreto, y, por lo tanto, lo más parecidos, al menos físicamente, que se puede ser). “Pero es solo eso, un paso, y faltarían muchos por cubrir”.

Los expertos creen que es un paso, pero que falta mucho para crear humanos idénticos
El motivo está en que, hasta ahora, la técnica no es demasiado eficaz. “Que se haya llegado a la fase de blastocisto no implica que ese embrión vaya a seguir desarrollándose si se implanta en un útero de una mujer o que lo haga sin abortar o sin anomalías. Hay reparos éticos y técnicos para ello. Los primeros no han cambiado, y los segundos todavía pesan aún más”.
Yendo aún más allá, Cuadros no cree que “científicos serios” quieran nunca dar ese paso. “Cuando se clonó a la oveja Dolly, hace 15 años, yo enseñaba en la universidad que eso no era posible, que era demasiado complejo, y tuve que cambiar. Llevamos desde entonces hablando de clonar personas, pero hay una pregunta que me hice entonces y que nadie me ha contestado: ¿para qué hacerlo? Los científicos serios ni se lo plantean, porque es algo que no tiene ninguna utilidad. Si alguien quiere tener un hijo y no puede, hay otros métodos mucho más sencillos y con menos riesgos. Por eso lo importante de este trabajo, que ya he dicho que es un hito, es lo que ha conseguido”.
La complicación de usar la técnica de Dolly en personas ha sido hasta ahora insalvable, y por eso el estudio tiene el mérito de que la vence. Las mejoras abarcan casi todo el proceso, empezando por el proceso de estimulación para que la donante produzca más óvulos. “Cuestiona los protocolos actuales”, dice Veiga. En contra de lo que se pensaba, por ejemplo, el objetivo no es que haya muchos óvulos para utilizar, sino su calidad. En animales esta parte no se cuida tanto, ya que perder óvulos por el camino no es tan importante, pero los investigadores han llegado, en algunos casos, a tener éxitos del 50% (conseguir dos óvulos de una donante y que uno de ellos funcione y se desarrolle).
Pero la clave, según los autores, está en su capacidad para elegir el momento de insertar el nuevo material genético en el óvulo sin que este pierda su capacidad para dividirse. La división celular se denomina meiosis, y los investigadores han descubierto cuál de sus fases es la mejor y, sobre todo, cómo mantener la activación de los factores del citoplasma (el contenido interior de la célula) que están actuando en la división. Hay más mejoras, indica Veiga, como que la activación posterior se refuerza mediante electroporación (una pequeña descarga). Todo esto había sido ya probado en macacos rhesus.
El artículo —“impecable”, según Veiga— llega hasta el final del proceso: la obtención de cuatro líneas celulares diferenciadas, lo que demuestra que se consiguieron células madre. En este sentido, el de la medicina regenerativa, “el trabajo es un hito”, afirma Cuadros.
La investigadora catalana recalca que las células así obtenidas, al ser completamente equiparables a las embrionarias, evitan algunos de los problemas que se han visto en la otra fuente de células madre, las reprogramadas a partir de las adultas (las iPS, que en algunos trabajos han demostrado que mantenían algunas mutaciones adquiridas por las adultas que son su fuente, lo que podía ser peligroso). Por eso ella insiste en que el trabajo tendrá gran importancia a la hora de crear bancos para su uso futuro, similares a los que hay ahora de cordón umbilical. Porque, aunque los autores lo mencionen, la idea de hacer una medicina personalizada en la que cuando un paciente necesite tejido cardiaco o neuronas, por ejemplo, se le someta a todo el proceso para fabricar unas genéticamente idénticas a él, no le parece “contemplable”. “Aunque sea posible sería carísimo. Lo que se pueden tener son bancos con variedad de muestras que sean compatibles”, añade.
El logro es indudable, pero quizá quede oscurecido por la posibilidad de la clonación, mucho menos práctica pero más llamativa. Madrid 15 MAY 2013

domingo, 5 de diciembre de 2010

PRENSA (2). 5 diciembre 2010

En suplementos de "El País":

1. 250.000 motivos para publicar. Reportaje de Joseba Elola, Álvaro de Cózar y Yolanda Monge. La salida a la luz de los cables del Departamento de Estado filtrados por Wikileaks muestra el mundo tal y como lo concibe Estados Unidos. La superpotencia trata de anular la capacidad de Julian Assange para seguir difundiendo documentos confidenciales.

2. "Los premios Nobel que se daban al principio eran muy malos". Entrevista a Kjell Espmark, académico sueco, autor de "El premio Nobel de Literatura. Cien años con la misión". Por Juan Cruz. 

3. ¿Vuelve el antisemitismo? Artículo de Bernard-Henri Lévy. La campaña que preconiza en Francia el boicot a Israel, la situación de la Embajada israelí en Noruega y el éxito de obras cargadas de tópicos antijudíos hacen pensar en una triste vuelta al pasado.

4. Libros en la basura. Por Elvira Lindo.

5. Una librería, por Navidad. Por Maruja Torres.

6. "Hay que volver a enseñar a leer y a escribir". Entrevista a Víctor García de la Concha. Por Javier Rodríguez Marcos. Misión cumplida. Tras 12 años como director de la Real Academia Española, deja el cargo con la satisfacción de haber fortalecido la unidad del español a ambos lados del Atlántico.

7. "Son 15 minutos. Dejas de respirar. Y fuera". Entrevista. Por Juan José Millás. Carlos Santos era un hombre de mundo. Amaba tanto la vida que quiso gobernar la suya hasta el final. Tenía un tumor incurable. Estaba condenado a morir sufriendo. Pero se rebeló. Acudió a la asociación 'Derecho a Morir Dignamente'. Ellos le acompañaron en su última voluntad. El pasado 10 de noviembre decidió tomarle la delantera a su enfermedad. Desayunó y dio un paseo antes de tomar un cóctel letal. Murió dormido en la habitación de un hotel. Antes quiso contarnos su historia. Pretendía que su caso sirviera para reabrir el debate de la eutanasia.

8. Corea del Norte: alerta roja. Reportaje de Georgina Higueras. Es el país más hermético de la Tierra. Un régimen impenetrable que afronta la sucesión de su Querido Líder. Ostenta el cuarto ejército más poderoso del mundo y constituye una amenaza para la estabilidad en Asia. Los recientes bombardeos a su vecino del Sur, el incidente más grave desde el fin de la guerra en 1953, han reavivado los tambores bélicos en la península coreana.

9. El arca de Noé clónica. Reportaje de Pablo Francescutti. Desde la famosa oveja ‘Dolly’, las especies clonadas se han multiplicado. Ya hay desde mascotas hasta toros de lidia. Pero ¿se han cumplido las enormes expectativas creadas? ¿Tenían razón las alarmas que saltaron?

10. El 'cuerpo' de Cristo y de Tommaso. Reportaje de Ricardo Menéndez Salmón. Miguel Ángel nos dejó algunos de los trabajos que mejor exaltan tanto la divinidad de Cristo como la belleza del cuerpo humano. En la cumbre de su obra conoció al joven Tommaso, su pasión e inspiración. El Museo Albertina de Viena expone la maestría de sus dibujos.

11. Ventajas de la zafiedad reinante. Por Javier Marías.

12. La palabra de Gumersindo. Almudena Grandes cuenta una historia relacionada con la memoria histórica.