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domingo, 23 de febrero de 2014

PRENSA. "George Orwell, la verdad a cualquier precio"

   En "blogs.elpais":

George Orwell, la verdad a cualquier precio

Por:  05 de septiembre de 2013

George-orwellGeorge Orwell
El británico John Sommerfield (1908-1991), perteneciente a las Brigadas Internacionales y que llegó a España al poco de estallar la Guerra Civil, publica Volunteer in Spain (Voluntario en España) como resultado de su experienciaEs uno de los primeros libros que narran las experiencias de los brigadistas ingleses en torno a la Guerra Civil Española. Se publica en julio de 1937 en una editorial, Lawrence & Wishart, cercana al Partido Comunista y al movimiento obrero. A esta publicación se refiere George Orwell (1903-1950) en su crítica sobre el libro en Time and Tide y que se publicó el 31 de julio de 1937, tachándola de “panfleto sentimental”, para añadir a continuación: "Es casi seguro que saldrán buenos libros de los miembros de la Brigada Internacional, pero tendremos que esperar a que la guerra termine”. Cierto es que, cuando escribió estas tempranas memorias de la Guerra Civil, Sommerfield era un comunista convencido, algo que ya para entonces Orwell no solo habría superado sino que estaba en abierta oposición.
En Mi guerra civil española se reúnen un conjunto de críticas a libros, cartas y artículos de prensa, escritos por George Orwell focalizados en el conflicto. Desde su propia experiencia, y con un acentuado juicio crítico de intelectual comprometido, nos adentramos en la Guerra Civil Española. Fue publicado en Londres en 1968 formando parte de los cuatro volúmenes en los que los editores Ian Angus y Sonia Orwell recogieron toda su obra.
Eric Arthur Blair, verdadero nombre de George Orwell, nació en Motihari, población de la India británica. Después de su paso por el tradicional Eton, ingresó en el cuerpo de la Policía Imperial de Birmania. Antiimperialista convencido, descubre su atracción por la literatura en su etapa de juventud, a ella se dedicará alternándola en un principio con otros trabajos. Con sus escritos difundirá sus experiencias y pensamiento político y social. Antes de su viaje a España en diciembre de 1936, ya ha publicado Sin blanca en París y LondresDías de Birmania y ha enviado el manuscrito de The road to Wigan Pier (El camino de Wigan Pier), que se publicaría el 8 de marzo de 1937 por Victor Gollancz y será seleccionado por Left Book Club Edition como libro del mes. En él habla ya de la importancia del bombardeo realizado sobre Madrid en 1936 por el ejército rebelde y avisa del avance de las fuerzas de Mussolini y su impacto en la política exterior británica. Este libro, por cierto, sería uno de los títulos que formaban parte de la Biblioteca que las Brigadas Internacionales tenían en el Centro de Convalecencia en Benicasim.
Valora en positivo la experiencia que narra el austriaco Franz Borkenau (1900-1957) en The Spanish cockpit (El reñidero español). Un libro sobre la Guerra Civil Española en el que según Orwell, el autor no pierde “la serenidad” y "quizá me precipite al afirmar que es el mejor libro escrito hasta ahora acerca de este tema”.
El sociólogo y periodista Franz Borkenau, antiguo comunista y agente del Komintern, viaja en dos ocasiones a España, en agosto de 1936 y enero de 1937. En ambos viajes permanece en el lado republicano, si bien intentó pisar suelo rebelde pero no lo consiguió. Relata pues en su libro, publicado también en 1937, su propia experiencia, la visión que tiene de la izquierda española, sus tendencias, sus antagonismos, sus logros y sus fracasos. Nos habla de la gran diferencia existente en el ambiente republicano que se encontró entre esas dos fechas. La supremacía anarquista y revolucionaria de los primeros meses de guerra se había transformado en enero de 1937 en un cambio de poder hacia los comunistas, y en una gran rivalidad entre ellos que asfixiaba el ambiente social: “Actualmente es imposible… discutir abiertamente ni siquiera los hechos básicos de la situación política. La lucha entre el principio revolucionario y el no revolucionario, encarnados respectivamente en los anarquistas y en los comunistas, es inevitable ya que el fuego y el agua no pueden mezclarse… Pero como a la prensa ni siquiera se le permite que hable de eso, nadie tiene idea clara de la situación y aparece el antagonismo político, no en lucha abierta para ganarse a la opinión pública, sino en intrigas por la espalda, asesinatos por pistoleros anarquistas, asesinatos legales por la policía comunista, alusiones en voz baja, rumores públicos”.
Donde
Grafitti escrito por troskistas y contestado por stalinistas
Borkenau fue encarcelado por troskista y liberado unos meses después. La atmósfera de persecución la expresa claramente Orwell, que coincide con Borkenau en el ambiente social que reinaba una vez que los anarquistas habían perdido el poder en favor de los comunistas: “Si eso es cierto en febrero, ¡cuánto más lo es ahora! Cuando yo salí de Barcelona el pasado junio, [1937] el ambiente allí, entre las incesantes detenciones, los periódicos censurados y las hordas de patrullas de policía armada, era una pesadilla”.
No hemos de olvidar que Orwell había servido en las milicias del POUM, partido suprimido por el Gobierno y cuyos miembros habían sido perseguidos.
Escribe el 31 de julio de 1937 en una carta dirigida a Rayner Heppenstall incluida en Mi guerra civil española: “Pero aunque nosotros nos libramos bastante bien, casi todos nuestros amigos y conocidos están en la cárcel y es probable que sigan allí indefinidamente, sin que se les acuse de nada más que de 'troskismo'. Cuando me marché ocurrían allí las cosas más terribles, detenciones en masa, heridos sacados a rastras de los hospitales y encerrados en la cárcel, gente hacinada en asquerosos tugurios donde apenas tenían sitio para tumbarse, presos apaleados y casi muertos de hambre, etcétera.. Pero es imposible que se publique algo de eso en la prensa inglesa, como no sea en las publicaciones del ILP, afiliado al POUM”. 
En este sentido nos señala los problemas que tuvo con  la publicación inglesa New Statesman, a la que había ofrecido nada más salir de España y desde Francia un artículo sobre la contienda española  que la revista aceptó en un primer momento, justo hasta que vio el contenido, en el que se hablaba sobre la supresión del POUM. Es entonces cuando se niegan a su publicación, si bien, le ofrecen abonarle el artículo como se había convenido.
NewstatesmanOrwell deja claro en sus escritos los problemas que tuvo por haber luchado en un batallón del POUM, aunque también señala que la adscripción a su llegada a España a este fue porque era lo más cercano al Partido Laborista Independiente (ILP). De haber sabido y podido elegir, él se hubiera integrado en las Brigadas Internacionales, aunque reconoce en una carta escrita a Stepen Spender, que él era anticomunista desde 1935.
Insiste en este mismo tema y el ambiente de persecución y terror que se vive en la España republicana cuando escribe a Geoffrey Gorer (1905-1985): “Es un verdadero reino de terror, la imposición del fascismo bajo la excusa de resistencia al fascismo, verdaderos centenares de personas encerrados en la cárcel y mantenidas durante meses sin juicio, supresión de diarios, etc., etc. Lo más repugnante es la manera como la llamada prensa antifascista en Inglaterra lo ha encubierto”. Más adelante continúa: “…la razón por la cual tan pocas personas saben qué ha pasado en España se debe al control comunista de la prensa”. En este qué ha pasado en España, no solo se refiere al ambiente social y político de primacía del Partido Comunista, también a los conocidos como sucesos de mayo, que ocurrieron en Barcelona y de los cuáles fue testigo presencial.
Orwell, realiza una alta valoración de Red Spanish Noteboo (Cuaderno rojo español) escrito por Mary Low y Juan Brea. Resalta de esta publicación el magnífico cuadro costumbrista revolucionario en el que se palpa al ser humano “cuando se comporta como ser humano”, donde afloran los “sentimientos de liberación y de esperanza”. Algo que, según él, ni aún ganando Franco la guerra se podrá borrar de la memoria.
Pero lo que realmente desprecia Orwell, y sobre lo que va a escribir de continuo, es el papel de la prensa inglesa de izquierdas y el ocultamiento que realiza en relación a lo que estaba ocurriendo en España, el hecho de no querer informar sobre la realidad por miedo a que fuera en beneficio de Franco. A propósito de la negación de una revista a publicar una reseña escrita sobre el mencionado libro de de Frank Borkenau, The Spanish Cokpit, escribe: “Se negaron a publicarme esa reseña basándose en que iba contra la política editorial de la revista. Entretanto descubrí que era casi imposible difundir en la prensa inglesa un relato fiel de lo que sucedió en Cataluña en mayo-junio de 1937. Algunas personas me dijeron con mayor o menor sinceridad que no se debía decir la verdad de lo que ocurría en España ni del papel que allí desempeñaba el Partido Comunista pues con ello se crearía un prejuicio en la opinión pública contra el Gobierno español y se ayudaría así a Franco. No estoy conforme con eso pues sostengo la anticuada opinión de que a la larga de nada sirve decir mentiras”.
La historia, al igual que la verdad, casi siempre sale a nuestro encuentro. Es precisamente sobre la verdad y la propaganda y su influencia en la historia, sobre lo que el escritor reflexiona también en el conjunto de escritos de Mi guerra civil española: “Tengo pocas pruebas directas de las atrocidades en la guerra civil española. Sé que algunas fueron cometidas por los republicanos y muchas más (y aún continúan) por los fascistas. Pero lo que me impresionó entonces y sigue impresionándome desde entonces es que se les concede o no crédito según las convicciones políticas. Todos creen en las atrocidades del enemigo y no en las de su bando, sin preocuparse de las pruebas”, “La verdad se convierte en mentira si la expresa el enemigo”.IMG_8219
Galeria de retratos en la librería Shakespeare and Company en París / MARÍA JOSÉ TURRIÓN















Lionel Trilling finaliza la introducción a la obra cumbre de Orwell en relación a la Guerra Civil Española, Homenaje a Cataluña, expresando unas palabras sobre él: “Su verdad personal se refiere a hechos que hoy forman parte de nuestro pasado, tal como consideramos el pasado en la actualidad. Pero todo eso nada importa. Porque su verdad personal envuelve una verdad general que hoy no podemos ignorar y que ha de ser importante en un largo futuro. Y lo que importa por encima de todo es nuestro sentimiento hacia el hombre que dice la verdad”.

miércoles, 9 de mayo de 2012

PRENSA. "El mensaje de Orwell", por Jordi Soler

Jordi Soler

   En "El País":
El mensaje de Orwell
   El optimismo de aquella gente martirizada por la guerra civil que describe el escritor inglés se basaba en la confianza en el futuro y en esa sensación de que el mundo iba a convertirse en un lugar mejor. A partir de ahí, hay que empezar a fundar el porvenir.

Jordi Soler 29 ABR 2012
 
   Hace 75 años, el escritor inglés George Orwell, llegó a España, con el proyecto de pelear en la Guerra Civil. En su viaje desde Inglaterra, hizo una escala en París, que aprovechó para completar un trámite en el consulado español y, sobre todo, para conversar con Henry Miller. Los escritores se tenían mutua admiración a pesar de que, o quizá justamente por esto, la obra de Miller estaba situada en las antípodas de la de Orwell.
   El secretario del escritor neoyorquino escribió un registro de aquel encuentro, que fue amistoso, entrañable e ideológicamente muy tirante. Cuando Orwell le explicó su proyecto de viajar a España para combatir el fascismo, y habló del deber moral que, desde su punto de vista, tenían los escritores frente a aquel formidable enemigo, Miller trató de hacerle ver que aquellas ideas eran propias de un boy-scout, y después le dijo textualmente: “Ir a España en este momento es el acto de un idiota”.
   Al final de aquella reunión, Miller hizo su contribución personal a la causa de la República Española: le regaló a Orwell su abrigo de pana.
   Con ese abrigo de pana llegó el escritor inglés a Barcelona, a principios de 1937. Se apuntó en el cuartel Lenin y se vistió con el uniforme que le adjudicaron y que él identificó inmediatamente como multiforme, porque las prendas no coincidían, ni entre ellas mismas, ni con las de ningún otro miliciano.
   “Como estábamos en España, todo se hacía sin ton ni son”, nos cuenta Orwell en el primer capítulo de ese libro raro, estruendoso, conmovedor y hermosísimo que es Homenaje a Cataluña. Un libro que es, en realidad, un homenaje a ese mundo lleno de ideales, de solidaridad y de respeto por el otro que, en esta época nuestra tan dineraria y feroz, cuesta trabajo concebir.
   Además del multiforme a Orwell le dieron un rifle antes de partir con su tropa rumbo al frente de Aragón. La verdad es que Orwell no pegó ni un solo tiro, al contrario, se llevó una bala fascista en la garganta que, años después, terminó matándolo. Pero, sobre todo, prestó un servicio impagable a la humanidad con la obra literaria que produjo su aventura en España, y que se suma a esas otras dos novelas suyas inolvidables que son Rebelión en la granja y la escalofriante 1984, por cuyas páginas siguen circulando esas ratas horribles, que venían de comerle el cinturón a los milicianos de Homenaje a Cataluña.
   De su llegada a Barcelona hay una fotografía, de Agustí Centelles, que lo dice todo: al final de un pelotón de republicanos bajitos, y rigurosamente multiformados, se yergue al fondo de la fila un tío alto, de abrigo de pana y bigotito, que saca a todos la cabeza y que es, por supuesto, George Orwell.
   ¿Qué hacía ese marciano inglés en la Guerra Civil?, ¿qué hacía ese escritor, educado en Eton, jugándose la vida en otro país para combatir el fascismo? ¿quién de nosotros, habitantes de este milenio metalizado y frívolo, se jugaría el pellejo por defender una manera de ver y de orientar la vida, una cosa tan etérea como una idea o un concepto?
   Lo cierto es que entonces, hace nada más 75 años, miles de extranjeros se apuntaron voluntariamente para venir a España a hacer la guerra, sin más, ni menos, estímulo que sus convicciones.
   Hoy George Orwell puede parecernos un marciano porque, ¿quién en su sano juicio va ir a pegar tiros a otro país, dejando en el suyo su pisito, su automóvil, su mutua médica, su plan de jubilación y su nicho pre-pagado en el cementerio? La respuesta es que, en el mejor de los casos, muy pocos. El mundo ha cambiado radicalmente, las ideologías se desvanecen, los ideales flaquean, ya no se sabe a qué parte de la derecha pertenece la izquierda y hoy la gente, para creer en algo, tiene que verlo en Google. A menos que se trate de dinero o propiedades, dos elementos del paisaje mental contemporáneo en los que todos seguimos teniendo una inquebrantable fe.
   Pero resulta que la crisis económica, que se ceba en España con insultante entusiasmo, nos va dejando sin pisito, sin automóvil, sin mutua y sin nicho en el cementerio, y todo sin haber ido a hacer la guerra, sin pegar un tiro, sin haber hecho absolutamente nada. Es más, nos ha dejado así después de habernos comportado como buenos ciudadanos, que pagan sus impuestos y se conducen con decencia.
   En lugar de enfocar esto como una tragedia, que sería lo natural, tendríamos que verlo como una invitación a reconvertirnos en otra cosa, en un marciano como Orwell, por ejemplo. Y para esto basta con cambiar el punto de vista, mirar más allá de los escombros, de los cascotes y las columnas de humo que va dejando esta crisis, y reconducir el desconcierto, la desazón y la cólera que esta produce, hacia un sitio diferente, más allá del desánimo general que lo paraliza todo. En lugar de estarnos mirando la punta de los zapatos, podríamos mirar hacia el horizonte y, una vez ahí, trazar una cartografía íntima para ver en qué punto, precisamente, nos encontramos.
   Quien logra trazar esta cartografía íntima ya ha observado, reflexionado, sacado conclusiones de su entorno y su circunstancia, como lo haría un solitario del calibre de George Orwell, no en la Guerra Civil que ya pasó, sino frente a esa turbulencia que han generado los chacales financieros, y la incapacidad de los Estados para contenerlos, ese poder oscuro contra el que el individuo común no puede defenderse, pero sí que puede mantener “una guerra sin batalla, una guerra de guerrillas”, para utilizar el concepto que proponía Gilles Deleuze.
   Esta guerra de guerrillas consiste en no bajar la guardia, no distraerse ni desanimarse, vigilar de cerca a nuestros gobernantes, mantener los ojos bien abiertos para ver pasar la siguiente oportunidad y, sobre todo, confiar en algo, creer en algo, como lo hizo hace 75 años George Orwell.
   Ese individuo solitario, ese marciano que hace su guerra de guerrillas, terminará armonizando con las miles de individualidades que están empeñadas en lo mismo. Se trata de metamorfosear la catatonía en un nuevo resplandor.
   En el primer capítulo de Homenaje a Cataluña, Orwell nos cuenta la impresión que le produce Barcelona. Eran los primeros meses de 1937 y sus habitantes estaban en pie de guerra, o escondiéndose de la guerra; en todo caso la ciudad había sido bombardeada, había tiros en la calle, columnas de humo negro salían de algunos edificios, la comida escaseaba y casi no había azúcar, ni carbón, ni gasolina. Barcelona era una ciudad oscura, empobrecida, destruida, y sin embargo Orwell veía más allá de lo que era evidente, caminaba por las calles entre escombros, humaredas y cascotes con la ilusión de estar viendo una ciudad obrera, donde la gente trabajadora se organizaba para construirse un futuro decente. Orwell, en lugar de perderse en las ruinas de aquella ciudad veía, más allá de la humareda y los escombros, el giro portentoso que estaba dando la historia de la humanidad. Y los barceloneses soportaban aquel desastre, escribe Orwell, porque “confiaban en la revolución y en el futuro, y se tenía la sensación de haber entrado en una era de libertad e igualdad”.
   Todo el optimismo de aquella gente martirizada por la guerra que describe el escritor inglés se basaba en la confianza en el futuro y en esa sensación de que el mundo iba a convertirse en un lugar mejor.
   Ahí está la fórmula, el mensaje cifrado que nos envía Orwell desde sus páginas: esa confianza y esa sensación. A partir de ahí, no tenemos más remedio, hay que empezar a fundar, día tras día, el porvenir.
 
   Jordi Soler es escritor. Sus últimos libros son Diles que son cadáveres y Dalí y la más inquietante de las chicas yeyé (ambos en Mondadori).

miércoles, 13 de mayo de 2009

PRENSA. 13 mayo 2009

En "El País":

1. La habitación 101. Artículo de Manuel Rodríguez Rivero sobre 1984, de Orwell.

2. A propósito de Bolonia. Enrique Gil Calvo, profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense, de Madrid, habla sobre el Plan Bolonia.

3. "Los humanos presionan la evolución". Entrevista a Andrew Hendry, biólo y experto en cambios medioambientales.