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viernes, 9 de mayo de 2014

PRENSA CULTURAL. Entrevista a Edmundo Paz-Soldán, sobre su nueva novela

   En "elpais.com":

“La ciencia ficción será un nuevo realismo”

Iris, la última novela de Edmundo Paz-Soldán usa el género fantástico como alegoría de un presente violento


El escritor boliviano Edmundo Paz Soldán durante su visita promocional a Madrid. / CRISTÓBAL MANUEL
Ve el mismo Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, 1967) las similitudes entre  Iris (Alfaguara), su nueva novela y Dune, el clásico de la ciencia-ficción más lisérgica escrito por Frank Herbert en 1965. “Hay coincidencias, sí. Leí Dune hace unos dos años, por consejo de algunos amigos que veían puntos en común cuando leyeron partes de Iris.  que entonces ya estaba muy avanzado". dice el escritor en su visita promocional a Madrid.
El autor boliviano reside en Estados Unidos desde hace 20 años. Es profesor en la Universidad de Cornell, en el estado de Nueva York. “Es una visión idealizada de la universidad. Cuando se construyó se eligió Ithaca, porque es un lugar ‘centralmente aislado’, casi como un monasterio medieval, un lugar de refugio del conocimiento. Está bien situada, pero cualquier gran ciudad queda a un mínimo de cinco horas. Allí los inviernos son largos, pesados, fríos... pero es un gran lugar para leer y escribir”.
Dune, narraba las conspiraciones político / mesiánicas en un corrupto imperio espacial. Para ello creaba un complejo universo en el que poder, religión y comercio eran una misma cosa. Algo no muy distint de nuestra realidad diaria, que también recoge Iris. “Ambas se desarrollan en un planeta arrasado y comparten muchos temas comunes. Formalmente comparten sobre todo el uso de un lenguaje propio”, explica.

Esta novela tiene que funcionar de una manera muy visceral, por ósmosis.
Frank Herbert desarrolló un glosario para su novela. Muchos términos estaban extraídos del imaginario fremen, idioma del pueblo del mismo nombre, e inspirado en el árabe. Dos años antes, en otra fábula distópica, La naranja mecánica, Anthony Burgess había inventado el nadsat,inspirado en el ruso.
Paz Soldán renuncia a la verosimilitud y al glosario final explicativo. “Usé un poco del spanglish, y del lenguaje de los emoticonos. Pero en general es un ejercicio estético, en el que hay hasta chino españolizado. Hay cosas del quechua que se usaba en las minas de Bolivia. También hay términos sacados del holandés, del afrikaneer o del alemán".
En ambas novelas las drogas y la religión se entremezclan. “Las drogas están muy conectadas con la busca de trascendencia y por lo tanto con la religión. Lo fácil es criminalizarlas. Pero no es tan sencillo. Hay drogas letales, cierto, pero también antidepresivos que hay que tomar con mucho cuidado y en EE UU es muy normal recetarlos para cualquier cosa. Y hay otro tipo que no son peligrosas e incluso pueden ser benéficas. Pero nos hemos perdido en discursos fundamentalistas cuando apenas hemos hurgado en el fondo. En la novela quería presentar un mundo en el que las drogas fueran parte de la cotidianidad".
También trata del odio y el recelo al extraño. Algo que cabría preguntarse si está sacado de su experiencia como inmigrante en Estados Unidos. “No solo en EE UU. Yo me fui con 19 años a Argentina. Y allí aprendí que era boliviano. En Bolivia tenía una posición cómoda, pero me costaba encontrar trabajo en Argentina y me di cuenta que era por discriminación. Ahí experimenté por primera vez que mi idea de la identidad universal no era correcta. En EE UU cuanto más tiempo paso, menos lo entiendo. Eso me ayuda a tener una mirada extrañada sobre las cosas. He vivido mucho tiempo sin procesar mi experiencia y solo en los últimos años me he empezado a implicar, sobre todo en la presencia de la violencia en la vida cotidiana".
La mayor diferencia es el prisma. Los protagonistas de Dune son las clases dirigentes y en Iris, los narradores, (cada una de las cinco partes de la novela tiene uno), son gentes que bajan al fango, que se ensucian las manos, que están con los que matan o con los que mueren. Iris da voz a la carne de cañón. “La referencia inicial fue un reportaje con la historia de unos soldados estadounidenses en Afganistán, que terminaron ante una corte marcial. Me pareció fascinante meterme en la cabeza de estos adolescentes. Unos eran psicópatas de nacimiento, otros lo fueron por la presión. Pronto me di cuenta que una versión realista era imposible”.
Esta necesidad fue lo que motivó que por primera vez en su ya dilatada carrera entrase en la literatura de género. “Sorprendentemente los editores reaccionaron bien. Era yo el que tenía más prejuicios. Presenté el proyecto como “una novela que dialoga con la ciencia ficción”. Cuando lo leyeron, contestaron: “esto no dialoga, esto es género puro y duro”. Incluso había hecho una versión más suavizada. Me pusieron una editora, pero fue muy elegante, no me dijo nada. Y eso me motivó a que la versión final fuera más osada”.
Es osada en muchos sentidos. Es una novela de género compleja que no lo da todo masticado y deja espacios vacíos conscientemente. “Lo que menos me gusta del género son las parrafadas didácticas. Y una de las intuiciones que me acompañaron fue que no era necesario que el lector lo entendiera todo. Esta novela tiene que funcionar de una manera muy visceral, por ósmosis. No es necesario que se entiendan del todo los movimientos geopolíticos. Aunque espero que a la larga no estén tan perdidos”.
En este renacer de la literatura de género que estamos viviendo, todo parece indicar que la ciencia ficción es la próxima novela negra. “Yo estoy seguro, la ciencia ficción va a ser un nuevo realismo. Hay interés en narrar el futuro cercano. Cuando piensas en el desarrollo tecnológico hay cosas que puedes narrar que suenan a ficción pero cada vez son más reales. Más allá del registro visionario me interesa como alegoría de la realidad. Es un género muy existencial. Para narrar la relación del individuo con el universo, la ciencia ficción es metafísica en origen y se pregunta sobre los por qué del cosmos. Es un género que mirando a las estrellas te sitúa sobre la Tierra”.

martes, 23 de abril de 2013

PRENSA CULTURAL. "Siete libros que no te conviene rechazar". Edmundo Paz Soldán

   En "blogs.elpais":

Siete libros que no te conviene rechazar

Por:EL PAÍS20/04/2013
POR EDMUNDO PAZ SOLDÁN
Con la abrumadora cantidad de libros que se publican, cada vez es más fácil que un buen título se pierda, un notable autor sea olvidado, la obra “menor” de un grande no sea tomada en cuenta. Con motivo del día del libro, van estas sugerencias:
Nabokov-pninVladimir Nabokov, Pnin (Anagrama). Una de las mejores contribuciones al subgénero de la “novela de campus”, aunque, como se trata de Nabokov, está claro que trasciende cualquier intento de clasificación. Una novela melancólica de ribetes cómicos, sobre las desventuras del profesor Timofey Pnin en Weindell College. Pnin, profesor de ruso que no sabe hablar inglés muy bien, quisiera encontrar la clave secreta de la armonía detrás del caos de la realidad, acaso porque lo marca la pérdida: de la Rusia que dejó atrás, del primer amor, de la esposa que lo abandona.
Francisco Tario, La noche (Atalanta). Pocos han escrito en español tan buenos relatos fantásticos como este autor mexicano. Se especializó en cuentos de fantasmas, pero en ese pequeño espacio logró complejas variaciones. La noche de Margaret Rose es un favorito de García Márquez, pero hay muchos más, entre ellos 'Un huerto frente al mar', 'La noche del féretro' y 'La noche de los cincuenta libros'. Esta antología reúne cuentos de dos libros: La noche (1943) y Una violeta de más (1968).
UnaedaddificilAnna Starobinets, Una edad difícil (Nevsky Prospects). Se ha dicho de ella que es la Stephen King rusa, pero eso no da cuenta cabal de la escritura de Starobinets, que se mueve con naturalidad entre el horror, el género fantástico e incluso la ciencia ficción. “La familia” es un cuento que puede calificarse como “fantasía intelectual”, mientras que “Una edad difícil” es puro terror inquietante.
Heinrich von Kleist, Relatos completos (Acantilado). Este escritor alemán está lejos de ser olvidado, pero es conocido sobre todo como dramaturgo y cuando se habla de los grandes narradores europeos del siglo XIX su nombre no es de los primeros que se menciona. Es hora de remediarlo: “Michael Koolhaas” y “La marquesa de O.” muestran su frenético estilo de frase larga, de claúsulas subordinadas, con una tensión que comienza en la primera línea y no decae hasta el final, y preocupaciones temáticas que anticipan líneas centrales de la literatura del siglo XX; no por nada a Kafka le gustaba leerlo en voz alta a sus amigos, y una vez incluso hizo una lectura pública de “Michael Koolhaas” en Praga.
Flannery-oconnorFlannery O’Connor, Novelas (Debolsillo). De esta escritora del Sur profundo de los Estados Unidos se leen hoy, y con razón, sus cuentos excepcionales, pero las novelas son también buenas puertas de entrada a su mundo de predicadores arrebatados y de búsqueda de la gracia en lugares inesperados. Puede que Sangre sabia no sea redonda, pero la historia de Hazel Motes es más memorable que la que cuentan muchas novelas “perfectas”.  
Richard Flanagan, El libro de los peces de William Gould (Mondadori). Un libro hermoso dentro de un libro, que narra la historia del falsificador William Gould, su paso por la cárcel en la isla de Sarah (Tasmania), allá por el siglo XIX, y su obsesión por pintar peces que le hacen entender de qué va la condición humana.
Lina Meruane, Fruta podrida (Fondo de Cultura Económica). Lina Meruane ganó el último premio Sor Juana con Sangre en el ojo; la novela anterior,Fruta podrida, es igual de buena. Con guiños al José Donoso de El lugar sin límites, esta historia de dos hermanas muestra la preocupación de la escritora chilena por el cuerpo enfermo en la sociedad contemporánea; su escritura se inscribe en un código realista con múltiples connotaciones simbólicas, aunque la historia avanza de manera natural hacia un territorio alejado del realismo.

martes, 12 de abril de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Crítica de la novela "Norte", de Edmundo Paz Soldán


   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Fronteras mentales

LLUÍS SATORRAS 09/04/2011

   La elocuente fotografía de unos raíles de tren que se alejan hacia el infinito ha sido elegida por la editorial para ilustrar la última novela de Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967). Es la representación de un anhelo: más allá, arriba, arriba, hacia el Norte. Hasta llegar al inmenso país, Estados Unidos, que existe allí, una vez atravesada la línea divisoria. Una vez llegados, confundirse con sus habitantes, penetrarlos y, si es posible, aniquilarlos. Esta es la pesadilla recurrente que invade los sueños de los americanos que viven en California o Tejas, planteada en esta terrorífica historia. El peor futuro imaginable. Norte es la mejor novela de su autor y funciona como metáfora de la situación que acabo de describir. Paz Soldán, originario de uno de los países más pobres del continente, es, ahora, profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad de Cornell y ha hecho el mismo itinerario que sus personajes, el gran viaje, el itinerario liberador. Nuestro autor se hace cargo de un abanico amplio de tiempo, desde los años treinta del pasado siglo hasta el mismísimo 2009 y lo puebla de variados personajes distribuidos en tres narraciones que, al principio, son claramente independientes pero confluyen al final en un vértice de pasión y conciliación: sucesos irrevocables y elecciones infelices por un lado y trofeos que el azar (y el tesón) otorgan a veces a los seres humanos por otro lado. En los tres hombres protagonistas, hay locura, fiebre y actitudes compulsivas; en la mujer que narra la historia más contemporánea hay desorientación, culpabilidad y arrebatos de ira, pero redimido todo por su actitud reflexiva. Vidas contrapuestas de dos emigrantes en tiempos distintos, "dos personas en los extremos de la locura". Martín, cautivo toda su vida en un sanatorio mental, pinta acuarelas como única actividad; Jesús, violento y tortuoso, se mueve por los dos lados de la frontera y es un asesino en serie. Estremecen al lector los crímenes, sanguinarios y furiosos pero descritos en lenguaje distante y objetivo. El tercer hombre, Fabián, aunque "perseguido por las furias" y eso quizá le justifique, parece un ser fragmentario al que le falta un hervor, una parodia de la casta universitaria. El personaje de Michelle tiene una dimensión distinta. Como única voz que toma la palabra representa en parte al propio autor y sirve de orientación al lector. Nos trae a la memoria memorables palabras de Rulfo ("repegados al muro de las casas, casi arrastrados por el viento"), comenta los imponderables del trabajo artístico, pone orden y saca conclusiones. Conoce la experiencia del mal y sabe que todos estamos expuestos a su influencia y anota, avisada: "El mundo, un lugar con materiales altamente inflamables. Y yo me quemaba".

Norte
Edmundo Paz Soldán
Mondadori. Barcelona, 2011
288 páginas. 21,90 euros
Libro electrónico: 14,99 euros

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Entrevista a Edmundo Paz Soldán, autor de la novela "Norte"

Edmundo Paz Soldán. Foto de Bernardo Pérez ("El País")

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
'Me interesa ahondar en la herida'

BARBARA CELIS 09/04/2011

   El autor de Norte elige personajes extremos con una profunda carga simbólica para ilustrar "el miedo en el imaginario del americano medio" respecto a la inmigración latinoamericana.

   En el Sur se llenan las maletas de sueños y se emprende el difícil rumbo al Norte. Pero la realidad es que muchos de los que llegan a ese Norte imaginado e idealizado por la necesidad económica acaban perdidos en él. El escritor boliviano Edmundo Paz Soldán vive en Estados Unidos desde hace más de dos décadas, tiempo suficiente para observar cómo el destino de millones de inmigrantes latinoamericanos acaba siendo fagocitado por ese inmenso país en el que la realidad y los sueños difícilmente se dan la mano. Y Norte, su novena novela, explora a través de tres personajes muy diferentes ese estado de pérdida en el que el inmigrante puede llegar a encontrarse, aunque el escritor ha optado por personajes extremos inspirados en personas reales a los que ha dotado de cierta carga simbólica. Un asesino en serie, un artista que perdió la razón y una estudiante de Literatura que opta por abandonar la academia para abrazar su verdadera pasión, el cómic, son los tres pilares sobre los que se construye Norte, un libro que se desarrolla principalmente en la cabeza de los personajes y con el que Soldán se adentra por segunda vez en las entrañas de su país adoptivo, después de haberle dedicado siete novelas a su Bolivia natal (entre ellas las premiadas El delirio de Turing y Días de papel) y de haberse convertido con ellas en uno de los máximos representantes de lo que se denominó Generación McOndo.
   Este escritor, de 43 años, trabaja como profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell (Ithaca) pero visitó Nueva York recientemente donde con aire risueño y espontánea simpatía conversó con Babelia.

   PREGUNTA. En Norte hay tres personajes sobre los que se construyen tres historias que de alguna manera llegan a cruzarse. Sin embargo, el personaje de Jesús, el asesino en serie, es el que parece dominar el libro, o al menos es el que atrapa con mayor fuerza al lector...
   RESPUESTA. A veces unos personajes adquieren más protagonismo que otros. Al arrancar el libro esa no era la idea, pero a medida que avanzaba Jesús se acabó imponiendo. Al terminar mi anterior novela, Los vivos y los muertos, sentí que aún me quedaba mucho por explorar en el ámbito de la violencia. Y con Jesús, que está inspirado en un asesino en serie real, he regresado a ese primer amor que tuve de adolescente hacia las novelas policiacas. Entonces lo que me interesaba era la solución del caso y ahora en cambio lo que me atraía era ahondar en la mente del asesino.

   P. Un inmigrante que ataca a mujeres blancas que viven cerca de las vías del tren... no es políticamente muy correcto, ni es buena prensa para los inmigrantes...
   R. Quería que fuera un personaje que se defendiera por sí solo pero que también tuviera un valor simbólico. Jesús es la encarnación literal de ese miedo que está en el imaginario del americano medio, que piensa que el inmigrante ilegal va a entrar por la noche en su casa a violar a su mujer y a asesinar a su hija. Por eso me atraía esta figura, porque condensaba muchas de las cosas que no aparecen mucho en la discusión pública sobre la inmigración pero que existen. Recientemente el Tea Party y ese lado republicano tan recalcitrante ha sacado esas fobias y esas ansiedades a la luz. Quería narrar esa pesadilla, pero narrarla desde la cabeza del psicópata, y no reducirla a una caricatura. Además, como escritor me interesa ahondar en la herida, en el conflicto que puede plantear lo políticamente incorrecto. La novela se construye según sus personajes. Me interesa cómo son y si se defienden como personajes más allá de que sus acciones sean despreciables. Eso es lo interesante de la literatura.

   P. El otro protagonista es Martín Ramírez, un artista real que acabó sus días en un manicomio y que huía de la realidad a través de sus dibujos...
   R. Es una versión muy libre del personaje real, del que realmente tampoco se sabe mucho. Leí sobre él en un periódico en San Francisco y lo imaginé como otro inmigrante perdido en Estados Unidos, porque ese fue el germen de este libro, indagar en la vida de algunos de esos inmigrantes perdidos aquí. Al igual que Jesús, Martín Ramírez trataba de huir de una realidad abrumadora. Uno lo hacía a través del arte y la creación y el otro a través de la destrucción. Y por último está Michelle, estudiante de Literatura pero también dibujante de cómics, que funciona como el punto de unión de las otras historias.

   P. Es un escritor muy interesado en la política, incluso llegó a plantear dedicarse a ella antes de virar completamente hacia la literatura. Norte podría haber sido una novela mucho más política, pero tomó un rumbo centrado en la psique de los protagonistas, ¿por qué?
   R. No quería que la novela se convirtiera en un tratado sociológico. Uno de los personajes, el ranger, en un principio me sirvió para exponer mis ideas sobre la frontera. Pero cuando me di cuenta de ese sesgo decidí cortar esa voz, que era mucho más pronunciada en las primeras versiones del libro. No quería ser yo hablando a través del personaje. Por eso he preferido dejarlos en su perspectiva del día a día, donde no hay espacio para el análisis 'macro' de la situación.

   P. ¿Se ha planteado escribir una novela más política, más de denuncia de la situación del inmigrante en Estados Unidos?
   R. En la materia del deseo aparece el drama del que vive acá soñando con Latinoamérica y que al regresar allá no se encuentra a gusto. Aunque esa novela gira más en torno a la idea de inmigrante atrapado entre dos mundos. La que me estoy planteando ahora también está relacionada con psicópatas pero desde otra perspectiva. Es una novela de ciencia-ficción, pero en la que se habla de las guerras de Irak y Afganistán. Mis intereses están muy unidos a lo que ocurre a mi alrededor y en estos momentos sobre lo que me apetece reflexionar es sobre la guerra.