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jueves, 5 de noviembre de 2015

PRENSA CULTURAL. "Marta Sanz gana el Premio Herralde con 'Farándula'"

   En "El País":

Marta Sanz gana el premio Herralde con ‘Farándula’

La novela es "borde con el diagnóstico social, con ese 'buenismo', con ese discurso que nos quiere hacer ver la crisis como una oportunidad", asegura la autora

 Barcelona 2 NOV 2015

  • Marta Sanz, ganadora del premio Herrralde. / SANTI BURGOS


    Ante el silencio clamoroso durante los últimos años en España de los intelectuales, el mundo del cine y del espectáculo se erigió en portavoz de la cultura y las clases desfavorecidas frente a las injusticias del sistema camufladas tras la crisis. Pero ¿hasta qué punto en muchos casos eran sinceras y no se acabaron convirtiendo en estrategias de promoción de los propios artistas? ¿Cuánto hubo o hay de impostura en todo ello? ¿Puede la cultura cambiar algo hoy? ¿Hasta qué punto las ingenuidades pueden ser perniciosas? Con la ironía no exenta de causticidad que caracteriza su obra literaria juega Marta Sanz con todo ello en Farándula, la obra con la que acaba de ganar en Barcelona el 33º premio Herralde de novela, dotado con 18.000 euros, que convoca la editorial Anagrama. También el mundo de la cultura y del arte, pero al servicio de un profesor universitario que revive en EEUU un pasado personal no muy feliz, está presente en El instante de peligro, segundo libro del escritor Miguel Ángel Hernández, que le ha valido para quedar finalista.
    La retranca y la ironía son un arma habitual en la obra de Sanz (Madrid, 1964), como ya ha demostrado en algunas de sus novelas más reconocidas, como Un buen detective no se casa jamás o La lección de anatomía. En el caso de Farándula, el vehículo es un elenco de personajes que va desde una actriz ya veterana que va a visitar a una vieja y olvidada gloria del sector a una joven e impulsiva estrella emergente, pasando por un actor ganador de la prestigiosa Copa Volpi del Festival de Cine de Venecia. Un ictus, las representaciones de Eva al desnudo y la adhesión de todos ellos o no a un manifiesto político harán de catalizador de una obra con la que Sanz, autora de la cuadra Anagrama desde que publicara su paródica con el género detectivesco Black, black, black (ahora ya lleva ahí cinco libros), logra su sexto galardón tras, entre otros, el del Ojo crítico 2001 (Los mejores tiempos) o el Tigre Juan, el Cálamo y el Estado Crítico (Daniela Astor y la caja negra).
    De esa última obra, precisamente, es deudora la novela premiada. “Siempre recojo hilos sueltos de otras novelas y de Daniela Astor…me quedó el interés por ese mundo del espectáculo que se mueve entre lo frívolo y lo político, por esa supuesta banalidad de estos tiempos que ya forma parte de nosotros, esa perturbadora diferencia entre lo visto y lo pintado”, define la doctora en Filología y también crítica literaria del suplemento Babelia de este diario. Tiene interés en que no se malinterpreta el juego que propone en Farándula: “Uso la deformación y la risa para manifestar la indignación”, dice de una novela que no duda en calificar de divertida pero también de “borde”, pero no con quien la aborde: “Hay otras obras mías en las que soy más dura con el lector si se entiende borde por novela exigente; no, aquí lo soy con el diagnóstico social, con ese buenismo, con ese discurso que nos quiere hacer ver la crisis como una oportunidad o que casi concluye que uno se muere de cáncer porque no ha sido suficientemente positivo… Hay ingenuidades que son perniciosas y liman el sentido crítico de esta época”.
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    El ámbito del espectáculo le funciona a Sanz como “la mejor metáfora de un mundo, de una sociedad que hoy brilla por fuera pero que está hueca por dentro"
    Farándula está estructurada a partir de las peripecias y retratos de un grupo de actores “muy reconocibles pero no identificables”, si bien sí cita a su admirada María Asquerino (“defiende que la voz de los actores ha de salir siempre desde abajo”) y a Angelina Jolie, George Clooney o Matt Damon… Ese mundo recoge “dos oxímoros: el amor incondicional y el odio gratuito, de linchar o disparar a un muñeco y que se confunde con la libertad de expresión en un contexto de esa falsa libertad tecnológica en la que creemos vivir, y la contradicción que es que son representantes de un glamur en un oficio que ha llegado a tener en España hasta un 90% de paro”. Un ambiente el del ámbito del espectáculo que para Sanz le funciona como “la mejor metáfora de un mundo, de una sociedad que brilla por fuera pero que está hueca por dentro”.
    En ese escenario, Sanz refleja y denuncia un mundo cambiante, una sociedad con un modelo de actitud y comportamiento muy discutible gracias en buena parte también a lo tecnológico, un proceso que define como “una quiebra analógica, que nos hace ser obsoletos antes de tiempo y que conlleva a repensar palabras como gente, caridad, público, popular, respeto y éxito no sabemos bien hacia dónde”, enumera, colocándose en la estela de un Rafael Chirbes. "Sí quizá los intelectuales hemos perdido prestigio social porque no deberíamos haber estado mudos tanto tiempo y sobre según qué pero también hemos sido un pim.-pam-pum de odio y de resentimiento de mucha gente que tampoco se entiende".

    Es una novela borde con el diagnóstico social, con ese 'buenismo', con ese discurso que nos quiere hacer ver la crisis como una oportunidad… Hay ingenuidades que son perniciosas y liman el sentido crítico de esta época
    Cree también la escritora que Farándula no deja de “reflejar un instante de peligro”, utilizando el título de la obra finalista de Hernández (Murcia, 1977), conocedor también de Anagrama puesto que en ella publicó hace dos años su primera novela, Intento de escalada, asimismo galardonada (premio Ciudad de Alcalá). El profesor de Historia del Arte de la Universidad de Murcia utiliza su oficio y su notable carrera de ensayista para enmarcar el angustiante contexto vital del también profesor Martín Torres, que volverá a una universidad norteamericana donde impartió clases, un escenario que le abocará a un primer balance de urgencia de una vida aún joven pero que ya cuenta con demasiadas frustraciones en lo personal y lo profesional.
    “He descubierto que la narrativa me permite un conocimiento del mundo y del arte con el que puedo ir más allá que en todos mis ensayos”, admite el autor, que fija su segunda novela como reverso con la que debutó en el género hace dos años tras dos libros de relatos y que venía marcada por la decepción. “Ahora se trata de un reencantamiento con la vida: qué queda latente de las ruinas del pasado de uno; hay reflexiones sobre el arte de los años 60 y la fotografía, pero impera una carga emocional, es más una novela de amor, a pesar de lo mal cargado que está el concepto”, define Hernández. El título está entresacado de la tesis de la Historia de Walter Benjamin, que venía a decir que uno articula el pasado no cómo ha sido sino como uno lo recuerda en un instante de peligro, en un momento relámpago. “Hay un instante que todo el pasado se puede perder o ganar para siempre; y aquí el protagonista, a través de las imágenes de una película antigua que ha de estudiar, rescata una parte del pasado y lo salva para hacer más habitable el presente”.

    viernes, 22 de mayo de 2015

    PRENSA CULTURAL. Emilio Lledó, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades

       En "El País":

    Emilio Lledó: “Ojalá este domingo regrese la decencia”

    “Ahora más que nunca recomiendo la filosofía a cualquier joven”, dice el ganador del premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades


    Emilio Lledó, premio Princesa de Asturias de Humanidades. / BERNARO PÉREZ


    Al bajar del vehículo, el taxista ofrece como cambio de la carrera hasta casa de Emilio Lledó, en Madrid, un billete de cinco euros. No hubo más remedio que devolverlo. A rotulador, en uno de los reversos, todo el valor que pudiera tener, lo ensombrecía una esvástica pintorrajeada y una frase: “Muerte al Islam”. Qué pertinente shock para visitar al maestro el día en que le habían concedido el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades y allí mismo preguntarle: ¿A qué se debe tanta rabia?
    “A la ignorancia”, respondía, sin dudar, en uno de los butacones de su casa forrada por alrededor de 10.000 libros. “A la ignorancia que es sinónimo de violencia, no entiendo por qué tenemos que vivir rodeados de tanto odio”. Para combatirlo, sirva de ejemplo en qué se encontraba imbuido el sabio, sereno profesor y académico, cuando ayer por la mañana recibía una llamada de Oviedo, sobre las 10, comunicándole que había recibido el galardón. “Estaba trabajando en una conferencia que debo dar en la Casa del lector esta tarde —por ayer— sobre la felicidad”.
    No a modo de autoayuda, sino tras 40 años de gozosa relación con Epicuro. “Fue cuando escribí mi ensayo sobre su filosofía. Ahora, de regreso a él, he querido revisarlo a fondo. Yo he cambiado mucho, pero sin embargo su pensamiento sigue intacto: indaga sobre el saber como una forma de abordar la vida en contraposición a Platón, que concibe la filosofía como una manera de afrontar la muerte. Epicuro nos quiere transmitir la existencia como sinónimo de esperanza, de futuro, de verdad, como una aventura que nos aleja del miedo a la muerte si la hemos vivido con decencia”.
    Este último término se ha convertido hoy en una quimera para quien lleva toda la vida dotando de corazas éticas, de armas nutridas en la vitamina de la sana conciencia a sus discípulos, vengan de donde vengan. “Con que muestren curiosidad y pasión, me vale. Pocas veces he visto tanta como la que me demostraban los emigrantes andaluces que llegaban a Alemania en los años 50. Entonces yo estaba dando clases en Heidelberg y les enseñaba gramática del idioma en el que se tenían que desenvolver. No sabes cómo lo agradecían. Más cuando nadie les había instruido jamás en gramática española”.
    Lo hacía en las tabernas del centro, desinteresadamente, con esa conciencia de codo con codo que le ha guiado tantas veces en la vida, desde que naciera en Sevilla hace 87 años. “Eran gentes admirables; me merece todo el respeto aquella parte de la población que agarraba una maletucha y se largaba a un país ajeno al suyo a ver qué les deparaba la vida. Para que luego digan de mis paisanos del sur lo que a veces declaraba ese tal Pujol, acerca de su vagaría y los subsidios. Allí le quería haber visto yo”.

    Libros y premios para un pensador

    Unos meses después de recibir los premios Nacional de las Letras, Antonio Sancha y Pedro Enríquez Ureña, el filósofo Emilio Lledó logró ayer el Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.
    Es autor de libros esenciales como Memoria del logos o Lenguaje e historia. Acaba de publicar Palabra y humanidad.
    Volviendo a la decencia… Para Emilio Lledó, aquellos emigrantes la encarnaban como nadie. Y se hace urgente recuperarla: “Ojalá este domingo regrese precisamente eso, la decencia. Debemos votar por ello, sería una bendición que nos ayudaría a cortar el paso al engaño, la falsedad, resultaría toda una venganza contra los prepotentes”.
    No comprende el pensador por qué se ha torcido y retorcido el verdadero eje de la política. “Para mí sigue resultando válido lo que Aristóteles resaltaba como gran característica de quien se dedique a ella considerándola servicio público. Una tarea para hombres decentes”, propugnaba el filósofo hace 24 siglos. “Sin embargo, ahora, está en gran parte en manos de lo contrario y, además, esa falta de virtud se exhibe con poder. Lo que debería ser la política se ha transformado en estupidez y chulería nauseabunda”.
    De una habitación a otra, en la penumbra de su casa, el eco del teléfono retumbaba sobre las paredes forradas de tratados y las mesas plagadas de ensayos o discos, entre los que sobresalían algunos del pianista Glenn Gould. En los escasos huecos que dejan los libros bien toqueteados o los nuevos —como el último que acaba de recibir suyo, Palabra y Humanidad, recién editado en Oviedo por KRK—, asomaban retratos de familia y dibujos de sus nietas.
    Palomas de la paz albertianas, esbozadas con la inocencia de quien desea arrancar una sonrisa al abuelo. “Cuando esto era una casa”, comenta un Lledó desbordado ayer de afectos, “en la mesa del comedor, se comía. Ahora sólo sirve para que ésta engulla los libros que no tengo donde meter”. Hace seis meses ya ganó el Premio Nacional de las Letras
    Manuales útiles para aprender lo que don Emilio considera una de las carreras más útiles y con más salidas del mundo: la filosofía. “Así lo creo. Ofrece herramientas y bagaje para pensar de manera amena lo que uno acabe opinando. La filosofía, como el río de Heráclito, fluye con cada momento y nos enseña a interpretar la sociedad en que vivimos. Yo la recomiendo ahora a cualquier joven más que nunca”.

    martes, 28 de abril de 2009

    CERTAMEN DE TEATRO. "ESTRANGIS". Entrega de premios al IES "Maimónides". FRANCÉS

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    Ayer, en la Diputación de Córdoba, se entregaron los premios del Certamen de teatro "Estrangis". Como ya sabemos, nuestro instituto ha sido galardonado con el segundo premio por la obra "Eric a disparu"; primer premio a Vicente Herrero Aguayo, de 4º ESO; y premio a la directora, la profesora Lina Peña. En el álbum, las fotos del acto, que estuvo presidido por don Rafael Ruiz Serrano, Jefe del Servicio de Ordenación Educativa de la Delegación de Educación de Córdoba.
    ¡Enhorabuena, otra vez, a todos!