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jueves, 17 de enero de 2013

PRENSA CULTURAL. CINE ESPAÑOL. "El terror en los años del miedo"



   En "El Día de Córdoba":

El terror en los años del miedo

La editorial T & B publica un estupendo ensayo firmado por Javier Pulido sobre el cine de terror producido en España entre los años 1967 y 1976.
JOSÉ ABAD / GRANADA | ACTUALIZADO 24.12.2012Hace unos meses se estrenó Lobos de Arga, una comedieta inocua en torno a la existencia de licántropos en tierras gallegas. Posiblemente, uno de los aspectos más interesantes de esta película de Juan Martínez Moreno sea lo que tiene de brindis a un período muy desatendido de nuestra historia cinematográfica, un yerro u olvido paliados en parte gracias al minucioso ensayo del madrileño Javier Pulido: La década de oro del cine de terror español (T&B Editores). Este trabajo propone una incursión en una década pródiga y prodigiosa estacionada entre los años 1967 y 1976, que coincide con la agonía del régimen franquista, en la cual en España se cultivó con profusión un género ignorado por nuestra industria hasta entonces. Hablamos de miedo. De películas de miedo en los años del miedo. ¿Y a qué se debió aquel repentino interés por estos relatos? 

Las raíces de aquel boom sangriento hay que buscarlas allende nuestras fronteras. A finales de los años 50, una pequeña compañía inglesa, Hammer Films, había obtenido pingües beneficios con el aggiornamento de mitos clásicos como el conde Drácula, el monstruo de Frankenstein o la Momia. El ejemplo cundió en Europa y en España finalmente se realizó la que pasa por ser nuestra primera película de terror, Gritos en la noche (1961) del entonces inclasificable (luego infumable) Jesús Franco, que continuó ahondando la brecha con El secreto del doctor Orloff (1963) y Miss Muerte (1965). "Otro de los coladeros para la entrada del terror en el cine español durante los 60 -recuerda Javier Pulido- fue la incipiente fórmula de coproducción con otros países". En efecto. Aquellas empresas, pensadas para compartir costes y ampliar mercados, apostaron por un cine eminentemente popular y, en este ámbito, las historias de miedo gozaban del favor del público. España facturó dos importantes éxitos de taquilla, que sancionaron positivamente la apuesta: La residencia (1969) de Narciso Ibáñez Serrador y La noche de Walpurgis (1970), protagonizada por Paul Naschy, alias de Jacinto Molina. 

Javier Pulido centra su estudio en un caso paradigmático, el de la productora barcelonesa Profilmes. Unas declaraciones de José Antonio Pérez Giner, uno de los socios fundadores, confirman que nadie pretendió llamarse a engaño: "La idea era fundar una 'Hammer a la española', especialmente dedicada al cine de terror y acción -reconoce Pérez Giner-. Durante este tiempo llegamos a producir cuatro películas anuales y tuvimos en exclusiva varios años a Paul Naschy. Algunas empresas españolas nos siguieron en el camino que habíamos iniciado". Tras unos inicios titubeantes y erráticos -sólo produjeron tres largometrajes y un corto documental entre 1967 y 1971-, Profilmes contactó a Naschy y le dio carta blanca -dentro de ciertos límites- para hacer lo que le viniera en gana, y tal que así se puso en pie El espanto surge de la tumba (1972), una barrabasada en torno a un brujo medieval que vuelve a la vida para volver a las andadas. La película fue un éxito en cines de barrio, aquellos entrañables puntos de encuentro en donde se metían familias enteras sin importar qué proyectaban (Doy fe de ello: en el cine Apolo, sito en el barrio granadino del Zaidín, uno vio de esta manera Pánico en el Transiberiano, La venganza de la momia y tantas otras). 

"El gran acierto de la productora en este sentido -explica Pulido- fue articular una consistente estrategia de ventas globales que compensase el desastroso estado de cuentas de los organismos encargados de subvencionar a la industria cinematográfica española. En otras palabras, bastaba con la trayectoria comercial en mercados foráneos para amortizar las películas". Estos mercados foráneos eran de lo más exótico. Profilmes vendió sus productos a Francia, Italia, Alemania o Grecia, pero también a Irán, Líbano, Irak o Jordania, e incluso a Sierra Leona, Jamaica o Tobago. En Japón, en concreto, el fervor despertado por los filmes nuestro licántropo oficial, Waldemar Daninsky, más allá de lo estrafalario de la anécdota, merecería ser estudiado en profundidad pues, como recuerda Pulido, las películas de miedo suelen ser óptimos barómetros de su tiempo. "Las películas de terror son nuestras pesadillas colectivas, asegura Robin Wood tirando del mismo hilo psicoanalítico; pesadillas compartidas entre los creadores de una película y su audiencia, al encontrarse inmersos ambos en una misma estructura social, económica y política". 

¿Y de qué miedos hablaban aquellas películas de miedo? Las posibilidades metafóricas del género fantástico -no sólo el de terror- permitían a sus artífices reflexionar de manera oblicua sobre la sociedad de entonces de un modo más agudo que otras obras con pretensiones realistas. El realizador gallego Amando de Ossorio, una figura hoy olvidada, dirigió una exitosa serie protagonizada por unos caballeros templarios redivivos que sembraban muerte y destrucción allá por donde pasaban: La noche del terror ciego (1971), El ataque de los muertos sin ojos (1972), El buque maldito (1973) y La noche de las gaviotas (1975). Javier pulido señala qué había detrás de esa turbamulta de criaturas sin alma y desalmadas: "los caballeros templarios que le dieron fama [a Ossorio] se convirtieron en el instrumento perfecto para disparar sus dardos. La doble naturaleza de estos sanguinarios espectros, a la vez guardianes de la fe y maestros de la espada, se lo puso fácil para convertirlos en una metáfora de las fuerzas represivas de la España de mediados de los 70: la Iglesia y el estamento militar". 

La figura emblemática de la época, el licántropo Waldemar Daninsky, también es susceptible de una jugosa lectura sociológica, como "liberación de los instintos reprimidos tras cuatro largas décadas de dictadura", escribe Pulido. Paul Naschy hablaba de la función catártica que cumplían aquellas historias sangrientas: "Cuando pegabas un hachazo a una cabeza, lo que estabas haciendo era en realidad romper un sistema que te había provocado una gran frustración inconsciente", confesó el cineasta. Y Javier Pulido lo sostiene: "En una sociedad tan controlada como la franquista, los cineasta proyectaban sus frustraciones en el celuloide a modo de mecanismo de liberación". Los resultados, demasiadas veces chapuceros, cuando no zarrapastrosos, no deslegitiman la tesis central de este trabajo, algo así como "Dime qué temes y te diré quién eres".

viernes, 21 de enero de 2011

PRENSA CULTURAL. CINE. "El Hollywood español", por Sonia García Ruiz (sobre el ciclo de cine que la Filmoteca de Andalucía dedica a Cifesa)

   En "El Día de Córdoba":
Una época clave en la historia de la cinematografía nacional

El Hollywood español

   La Filmoteca de Andalucía dedica un ciclo de cine a Cifesa, la empresa española de producción y distribución fundada en 1932 y que vivió su época dorada en los años 40

Sonia García Ruiz
Actualizado 16.01.2011

   La antorcha de los éxitos, el "Hollywood español" o un gigante con pies de barro son algunas de las metáforas con las que se conoce a la 'Compañía Industrial de Film Español S.A.' o Cifesa, una empresa española independiente de producción y distribución cinematográfica fundada en 1932 por la familia Trènor en Valencia y que fue poco después regentada por la familia Casanova. A lo largo de su historia, Cifesa, a la que la Filmoteca de Andalucía dedica un ciclo iniciado esta semana y que se desarrollará hasta abril, ha pasado por varios períodos: unos marcados políticamente -como es el caso de la II República, la Guerra Civil o el franquismo- y otros clasificables según el auge y decadencia que experimentó la compañía como productora y distribuidora y que permaneció en actividad hasta 1964; fecha en la que la empresa cerraría definitivamente.
   Con el propósito de hacer "cine de calidad" y además del gusto del público no ya español, sino sudamericano también, se produjeron en Cifesa películas a lo largo de dos décadas. Buena cuenta dan los filmes que oscilan temáticamente entre las historias de (des)amor interclasista que en su mayoría son adaptaciones cinematográficas de obras literarias y teatrales, comedias enraizadas en las costumbres populares de la época, pasando por las recreaciones históricas enmarcadas en una España en peligro de muerte que lucha por la salvación, según las palabras del historiador Félix Fanés, quien, en su estudio sobre Cifesa, además, define a la compañía como una metáfora del capitalismo español.
   Sin duda, a este éxito contribuyeron tanto cineastas, entre los que cabe citar a Florián Rey, Rafael Gil y Juan de Orduña; como estrellas de la talla de Imperio Argentina, Aurora Bautista, Amparo Rivelles, Miguel Ligero, Rafael Durán o Manuel Luna; todo un plantel de lujo que cosechó grandes triunfos tanto dentro como fuera de España, llegando incluso a crear su propio star system al modo de Hollywood. Tal es la envergadura de esta empresa cinematográfica que no ha pasado desapercibida a los estudiosos y que, si bien han desmitificado algunas de las falsas creencias sobre Cifesa, como es la vinculación de la compañía con el régimen franquista, en otras ocasiones han destacado, incluso aplaudido, la importancia artística de este cine dentro del panorama cinematográfico español.
   Han sido varios los estudios que han abordado la trayectoria comercial y artística de Cifesa. Desde los que por medio de etapas históricas van agrupando las distintas películas según la crítica que recibieron, pasando por aquellos estudios que se centran en una época determinada, hasta los que atienden más bien a una historiografía que parte del propio análisis histórico-textual de las películas.
   Dado que Cifesa estuvo fuertemente condicionada por el contexto histórico en el que se inscribe, a continuación se presentan de manera lineal los distintos períodos por los que transcurrió la compañía, atendiendo también a las principales películas que se produjeron en cada etapa y que en su mayoría forman parte del ciclo de películas seleccionadas por la Filmoteca de Andalucía para su proyección.

El comienzo
   Los inicios de Cifesa se remontan a la Segunda República, cuando fue fundada por la familia Trènor. Sería la familia Casanova quien, tras la adquisición de la empresa, empezó distribuyendo películas de la compañía cinematográfica hollywoodiense 'Columbia Pictures' para posteriormente producir sus propios filmes. Con la creación de un noticiario propio conocido como 'Noticiario Cifesa' se exaltaba la idea de la realización de un cine español y por lo tanto nacional que se alimentara de la historia, de la literatura y costumbres populares. En definitiva, un cine con sello propio pero que traspasara las fronteras geográficas gracias a la lengua española. Prueba de ello son las primeras películas que se produjeron con capital de Casanova. La hermana San Sulpicio (1934), dirigida por Florián Rey, fue el primer gran éxito de Cifesa y junto con Nobleza baturra (1935) y Morena Clara (1936) forman algunos de los títulos cinematográficos que se produjeron durante estos primeros años.

Guerra y posguerra
   Con el inminente estallido de la Guerra Civil, Cifesa tuvo que interrumpir un número importante de proyectos cinematográficos, entre ellos Santa Rogelia, La chica del gato o La casta Susana. Con el fin de afrontar el revés del conflicto, después de la guerra, además de la compañía cinematográfica con sede en Valencia, se constituyeron dos más: una en Sevilla, donde los insurrectos establecieron un cine nacional para la producción de reportajes que documentaban la expansión de las tropas franquistas en diversas ciudades españolas y que por tanto son filmes de propaganda; y la otra en Madrid, donde se distribuían las películas importadas desde Italia y se realizaba la mayor parte de la producción, además de estrenar aquellos filmes que no pudieron serlo durante los años de la contienda y que se caracterizan por retomar las temáticas de los trabajos de los primeros años en tanto al esquema argumental se refiere.
   Ya en la posguerra, Cifesa, a pesar del estado arruinado en el que habían quedado los estudios de rodaje y de la fuerte censura que se estableció, experimentó un impulso con la producción de Alma de Dios (1941), de Ignacio F. Iquino; Malvaloca (1942), de Luis Marquina, y Huella de luz (1942), de Rafael Gil, que entre otros títulos remiten a la situación precaria de los primeros años de la posguerra española con ciertos tintes cómicos, tomando para ello los modelos de otras cinematografías como la americana.
   Tal fue la fuerza productiva de la empresa que se creó una segunda sociedad conocida como 'Cifesa Producción', la cual aportó, sin duda, numerosos beneficios económicos. Prueba de ello es la consolidación de esta primera empresa cinematográfica que conoció el cine español en aquellos años.

La antorcha de los éxitos
   Con la aprobación del régimen franquista de unas medidas de protección para el cine que se realizaba en España frente al extranjero, Cifesa gozó de una excelente situación tanto productiva como económica. Esta identificación de la empresa con el régimen no es casual y es que la familia Casanova -cuyo máximo representante fue Vicente Casanova- estableció buenas relaciones con algunos mandatarios del régimen, entre ellos el almirante Carrero Blanco.
   En esta situación favorable fueron las producciones en serie las que enriquecieron el cine de Cifesa a través de la especialización en el trabajo de equipo al modo hollywoodiense, llegando incluso a crear una "política de directores" de la que se beneficiaron cineastas como Ignacio F. Iquino, Luis Marquina y Luis Lucia, además de aquellos que venían de otros ámbitos profesionales vinculados sin embargo al cinematográfico, como Rafael Gil y Juan de Orduña. Entre las películas de estos años de esplendor cabe mencionar El hombre que se quiso matar (1942), de Gil; Un enredo de familia (1943), de Iquino, y Ella, él y sus millones (1944), de Orduña; todas ellas caracterizadas por ser comedias que están fuertemente enraizadas en la tradición cultural española.

El declive
   Repentinamente, la producción anual de películas en los últimos años de la etapa anterior se redujo considerablemente. Asimismo, la distribución de filmes se vio también afectada. Las causas de dichos fenómenos se contradicen por parte de la propia empresa, la cual atribuía el descenso tanto en producción como en distribución a la facturación del material virgen al igual que a la importación de películas extranjeras. Además, Cifesa fue aparentemente incluida en las "listas negras" de la 'Motion Picture Association' como consecuencia de unas películas rodadas por la productora Hispano-Film-Produktion de la mano de Norberto Soliño -amigo éste de Vicente Casanova- en Berlín y distribuidas por la empresa española. Probablemente la autoría de estos trabajos de finales de los años treinta fue atribuida por error a Cifesa por los aliados al término de la II Guerra Mundial.
   Pero hay otro motivo, quizás con más peso, que hizo que la compañía cinematográfica experimentara este imprevisible revés. Y es que, además de la crisis generalizada tras la II Guerra Mundial, Cifesa sufrió un declive debido a una mala distribución del capital, haciendo que la euforia de la industria como maquinaria de relatos quedara afectada profundamente.

El relance
   Acabada la II Guerra Mundial, Cifesa vuelve a resurgir con el propósito de hacer otro tipo de cine, pero a esto hay que sumar la aparición de una empresa cinematográfica competidora, 'Suevia Films' de Cesáreo González, por lo que Casanova, a pesar de acortar su producción, apostó por proyectos de cierta envergadura en forma de superproducciones con el fin de llegar a un mayor número de espectadores.
   Este otro ciclo de películas compuesto por una temática de ambientación y recreación histórica que exaltaba las cualidades definitorias de un cine español y nacional había sido ya reivindicado por el falangismo. Entre las películas de este periodo histórico se encuentran Locura de amor (1948), La leona de Castilla (1951) y Alba de América (1951), de Juan de Orduña, aunque estas dos últimas no eran del todo del gusto del público, hecho que hacía presagiar desde la propia empresa el hundimiento de Cifesa como productora. A pesar de esto, hubo un último trabajo producido, Lola la Piconera (1951), de Luis Lucia, que se caracteriza más bien por ser un musical dentro de los filmes históricos.
   A partir de 1952 las pérdidas económicas que venía arrastrando la industria debido a una mala gestión del capital precipitaron a Cifesa a dejar la producción. Aun así, la compañía siguió como distribuidora unos años más pero, a pesar de intentar afrontar la situación, este gigante con pies de barro se estaba hundiendo poco a poco, apagando de esta manera la llama de la antorcha de los éxitos en 1964 y con ello todo un sueño cinematográfico español.